Epónimos: éstos no son personas

A veces los nombre propios que bautizan enfermedades, técnicas, instrumental, sistemas de clasificación o cacharros varios, no responden al nombre de la o las personas implicadas en el desarrollo o descubrimiento de lo así nominado, aunque tendemos a creer que cualquier nombre exótico con inicial en mayúscula corresponde al apellido de alguien.

Como ejemplo tenemos los epónimos originados en lugares geográficos: escala de Glasgow, catéter Saratoga, fiebre de Malta… Aquí es fácil reconocer la referencia territorial. Otros rincones del mundo pueden confundir a más de un distraído.

Ann Arbor

No es el nombre de una hematóloga dedicada a los linfomas, sino el de una ciudad del estado de Michigan (USA) donde en 1971 se reunió un comité internacional de expertos sobre enfermedad de Hodgkin para consensuar los estadios de este tipo de neoplasia. Así nació la clasificación de Ann Arbor de los linfomas de acuerdo con las regiones linfáticas afectadas y a la presencia de síntomas asociados.

Chiba

Si se pregunta a un grupo de estudiante de Medicina por la aguja de Chiba igual alguno que haya estudiado responde que es una fina y larga aguja empleada para biopsia hepática percutánea y colangiografía transhepática, pero es menos probable que alguno indique el origen del apelativo Chiba (y si se pregunta en mi universidad la mayoría confundirá este nombre con una conocida marca de whisky).

El nombre proviene de la cuidad japonesa de Chiba, capital de la prefectura del mismo nombre ubicada al este de Tokio. El Dr. Kunio Okuda (1921-2003), hepatólogo-gastroenterólogo del Hospital Universitario de Chiba, desarrolló este modelo de aguja durante la década de 1970.

También hay nombres que no son personas ni topónimos, sino palabras en otros idiomas que describen alguna característica de una enfermedad, por tanto no entrarían en la categoría de epónimos. Aquí dos ejemplos:

Moyamoya

Continuando con japonesadas, la enfermedad de moyamoya es un trastorno raro de los vasos cerebrales, caracterizado por oclusión de ramas arteriales y formación de vasos colaterales que en la angiografía presentan un aspecto similar a las volutas de una bocanada de humo que sale de las sucias fauces de un fumador. Precisamente moyamoya (もやもや) proviene del término japonés para humo o bruma. Esta condición fue descrita por Takeuchi y Shimizu a finales de los años 50 del siglo pasado.

Birdshot

Se usa este nombre en una variedad de uveítis posterior asociada a HLA-A29. El tema es que en nuestro medio se habla de “enfermedad de Birdshot” como quien dice enfermedad de Chagas o enfermedad de Parkinson. Birdshot en inglés se refiere al cartucho de perdigones usado en caza menor de pluma (pareciera que leo “Jara y Sedal”). Debe traducirse birdshot chorioretinopathy como coriorretinopatía en perdigonada. En el fondo de ojo de estos pacientes se observan múltiples manchas redondeadas blanco-amarillentas subretinianas que, poniendo imaginación, se asemejan a un acribillamiento por perdigones. Este trastorno fue descrito por Ryan y Maumenee (Birdshot retinochoroidopathy. Am J Ophthalmol 1980; 89: 31) aunque previamente Franceschetti y Babel habían publicado un caso de “coriorretinopatía en gotas de cera” (La chorioretinite en taches de bougie, manifestation de la maladie de Besnier-Boeck. Ophthalmologica 1949; 118: 701). Así que tan incorrecto sería decir enfermedad de Bougie como enfermedad de Birdshot.

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