San Juan Artificiero

Noche de San Juan, madrugada del 24 de junio. Supuestamente se celebra el nacimiento de San Juan Bautista (no de San Juan evangelista ni otro de los muchos juanes santos). La crónica de la gestación y nacimiento de Juan el Bautista sólo aparece en el Evangelio de Lucas y se menciona en alguno de los apócrifos, como el Evangelio Armenio de la Infancia de Jesús y el Protoevangelio de Santiago.

Según Lucas, capítulo 1, Zacarías era un sacerdote levita entrado en años y esposo de Isabel, también de edad y ambos sin hijos. Un buen día el arcángel Gabriel abordó a Zacarías mientras hacía sus labores y le comunicó que su mujer estaría preñada. Ante el dubitativo “¡comooorrrl!” proferido por Zacarías, el arcángel malhumorado le quitó el habla. Tenemos, pues, un episodio alucinatorio con alalia (no parece afasia expresiva pues no tenía agrafia, como veremos luego), sugestiva de una apraxia del habla secundaria a ictus subcortical izquierdo.

Total que Isabel gestó y parió su niño, y Zacarías continuó mudo hasta el día de la circuncisión del crío, cuando recuperó milagrosamente el habla tras escribir que el niño se llamaría Juan (vemos que no tenía agrafia). Lo primero que hizo con su re-estrenada voz fue entonar un himno profético. De la infancia de Juan el Bautista no hay más datos, excepto que su padre Zacarías fue ajusticiado por Herodes el Grande durante la masacre de los inocentes, por esconder al pequeño Juan.

La festividad de San Juan Bautista se ha fijado el 24 de junio pues el mismo Evangelio (Lucas 1, 26) especifica que la Anunciación a María ocurrió 6 meses después de lo antes relatado sobre el anuncio a Zacarías. Así, fijando la Natividad el 25 de diciembre, a Juan le tocaba nacer el 24 de junio (aunque el Evangelio Armenio indica que fue el 5 de junio).

La realidad es que al igual que Navidad, San Juan es una celebración astrológica. Se relaciona con el solsticio de verano y desde antiguo se celebraba en diversas civilizaciones. Lo de las hogueras y pasar la noche en vela nos viene de los romanos, que el 23 celebraban el matrimonio de Júpiter y Juno, y el 24 una de las festividades del dios Jano. Aunque en algunas webs se lee que el origen de las hogueras está en una que encendió en propio Zacarías para anunciar el nacimiento de Juan, de eso no hay nada en las fuentes antiguas.

San Juan Artificiero, pertrechado y equipado con gafas protectoras (basado en uno de los bautistas de Tiziano)

San Juan Artificiero, pertrechado y equipado con gafas protectoras (basado en uno de los bautistas de Tiziano)

Y de las hogueras a los fuegos artificiales, que es donde quería llegar. Desconozco el origen de su asociación con San Juan, pero el libre uso de elementos explosivos por población civil no puede sino calificarse de costumbre bárbara. San Juan o Fallas en España, los días nacionales de USA, Israel o Singapur, Fiesta de Primavera en China, fin del Ramadán en Malasia, Chaharshanbe Suri en Irán, Año Nuevo en gran parte del mundo… las fiestas con fuegos artificiales están lamentablemente extendidas.

No me gustan las explosiones. No les veo la gracia. Sólo puedo verles el peligro. Igual es deformación profesional, pero este tipo de fiestas de petardos resultan especialmente espeluznantes para oftalmólogos, traumatólogos y plásticos. En oftalmología San Juan es la peor guardia del año, la de no parar, la de ver destrozo tras destrozo.

Recuerdo mi guardia de la Verbena, hace 10 años ya: más parecíamos controladores aéreos coordinando la fila de camillas en cola para entrar a quirófano. Dramas familiares, el niño de 5 años con el ojo estallado, el padre agusanado de remordimiento, la madre aullando. Recuerdo la chica de 12 años a quien le estuvimos extrayendo cartón de cohete hasta el vértice orbitario, ojo desaparecido, claro. Y así overnight.

Muchas lesiones oculares por fuegos artificiales son abrasiones o cuerpos extraños superficiales que no revisten gravedad, pero es alto el porcentaje de sangrado intraocular de fácil complicación, quemaduras y desgarros de párpados, laceraciones corneales, desgarros y desprendimientos de retina, neuropatía óptica traumática y, lo peor, estallidos del globo ocular de pronóstico ominoso.

Revisando la literatura médica, muchos artículos coinciden en que la mayoría de los lesionados son niños y adolescentes, varones, y que casi la mitad eran mirones que no estaban manipulando el artefacto que los hirió (Br J Ophthalmol 2010;94:1586). Las manos y la cara comparten un reñido podio con lo ojos en cuanto a regiones más dañadas por fuegos artificiales (Pediatrics 118;2006:296, Fireworks annual report).

La prevención en este caso es clara: limitación del uso de los explosivos por la población general. ¿Qué se puede esperar de niños y adultos medio ebrios manipulando armas de fuego? Me parece que aquí el control oficial se limita a la distribución y venta, pero no hay un control efectivo sobre el usuario final. Ni los organismos oficiales ni los medios hacen suficiente campaña de sensibilización al respecto, como hacen con la seguridad vial. En un curioso artículo se mostraba cómo en Belfast se había multiplicado por tres la morbilidad ocular por detonaciones tras la suspensión de la ley de control de fuegos artificiales en 1996 (Int Ophthalmol 2004;25:167).

Este año me parece haber oído menos explosiones durante la noche de San Juan. Preguntando a colegas parece que hubo menos fandango en sus guardias. En algún periódico decían que se había vendido menos pólvora este año. Lástima que sea debido a la crisis económica y no a la conciencia de la gente. Juan el Bautista no murió por explosivo, sino decapitado.

Recomendaciones culturetas: en relación con Juan el Bautista no puedo dejar de recomendar la célebre e inquietante ópera Salomé, de Strauss, basada en la retorcida obra de Oscar Wilde. También la novela Rey Jesús, publicada en 1946 por Robert Graves, donde integra buena parte de relatos de los evangelios apócrifos y canónicos con sus propios puntos de vista argumentales bastante interesantes, incluyendo una propuesta sobre la relación entre Judas y Jesús que coincide con lo que recientemente se descubrió en el Evangelio apócrifo de Judas, desconocido cuando Graves escribió la novela. Interesante pero no apta para aficionados a la lectura fácil. 

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