Ilustraciones médicas: Arnould Moreaux, el ilustrador del “Rouvière”

Pero qué difícil es encontrar información sobre los responsables del trabajo gráfico de los libros científicos, más aún cuando se trata de tratados antiguos. Me gustaría dedicar algunos posts a los buenos ilustradores de los grandes libros médicos clásicos y modernos, pero me va a costar las dos albugíneas, por lo que veo.

Comenzaré por el que para muchos fue (y es aún) el primer libro abierto en la carrera: el Tratado de Anatomía Humana de Henri Rouvière, editado por vez primera en París en 1921. Ya comentaremos otro día la figura y obra de Rouvière, hoy toca su dibujante.

Sobre el artista Arnould Moreaux no tengo ni una foto, ni datos de nacimiento o muerte, ni nada de su biografía. Comenzamos bien. Sabemos que era profesor de Bellas Artes en París y estuvo activo a finales del s.XIX y la primera mitad del s.XX. Se entera uno de su existencia al leer el prefacio escrito por el propio Rouvière donde dice:

“Todas las figuras han sido dibujadas por M. Moreaux con un esmero y un espíritu concienzudo que son sólo comparables con su gran talento. Aprovecho para expresarle aquí mi más sincero agradecimiento.”

Por cierto, la “M.” antes del apellido es de Monsieur y no sé por qué el traductor lo dejó equívocamente como si fuera una inicial. La búsqueda en internet sobre Moreaux remite constantemente a un libro llamado Anatomía artística del hombre (ver en Google Books), bastante exitoso entre los estudiantes de Bellas Artes. Casualmente tenía ese libro hace tiempo y jamás había caído en cuenta de que se tratase del mismo ilustrador del Rouvière, ¡una sorpresa! La firma de los dibujos en ambos libros confirma que son del mismo artista.

Portada de "Anatomía artística del hombre" de A. Moreaux. Desde la izquierda: edición grancesa de 1967, edición francesa de 1997 y edición en español de 198

Portada de “Anatomía artística del hombre” de A. Moreaux. Desde la izquierda: edición francesa de 1964, edición francesa de 1997 y edición en español de 2005.

Este libro, Anatomie artistique de l’homme: précis d’anatomie osseuse et musculaire, fue publicado por la editorial médica Maloine en París en 1947, y ha tenido múltiples reediciones. En castellano lo editó Norma-Capitel en los años 80, conservando una portada feúcha de las ediciones francesas de los 60. Moreaux expone en sus 400 páginas una anatomía práctica para el artista, con énfasis en tres apartados: osteología, artrología y miología. Resalta la forma que en superficie transmiten estas estructuras, el rango de movimiento de las articulaciones, las acciones de los músculos y la expresión facial. Intercala citas gráficas de escultura grecorromana y de Miguelángel, Leonardo o Durero, entre otros.

"Anatomía artística del hombre" de A. Moreaux. Página de ejemplo. Editorial Norma.

“Anatomía artística del hombre” de A. Moreaux. Página de ejemplo. Editorial Norma, Madrid.

Otros dos capítulos menos extensos se dedican a los vasos sanguíneos y a la distribución del tejido adiposo. No hay, como es lógico, ningún interés por la anatomía visceral o del sistema nervioso. Hacia el final del libro hay un capítulo sobre las proporciones del cuerpo humano, escrito por el Dr. Francis Heckel, un forofo de la vida sana, el ejercicio y la nutrición de principios del s.XX. Termina con unas tablas-patrón para dibujo del cuerpo humano y, una cosa alucinante, un capítulo titulado “Historiadores, médicos y juristas podrán en lo sucesivo describir cómo fue realmente el suplicio y muerte de Jesús”, basado en un artículo aparecido en el periódico L’Yonne Republicaine acerca de la crucifixión de Cristo. Curioso.

Y curioso también que no haga mención en este popular libro sobre su participación en tamaña obra como el Rouvière. Yo es que me lo pondría hasta en el epitafio.

Qué decir de las ilustraciones anatómicas del Rouvière. Sin duda son de excelente calidad, concisas y didácticas. Sin embargo no puedo ponerlas, como casi ningún otro dibujo anatómico, a la altura de los grabados del Testut-Latarjet, mi gold standard particular. Moreaux ilustra mediante pintura, especialmente acuarela. A diferencia del Testut, donde los dibujos se han convertido en grabados para pasarlos a imprenta, en el Rouvière las pinturas están reproducidas tal cual. Entre la suavidad de la acuarela y las limitaciones de la técnica reprográfica de la época, las ilustraciones del Rouvière adolecen de cierta falta de nitidez, cierta debilidad del trazo. Suele dejar en grisalla las estructuras no resaltadas; por ejemplo en los capítulos de miología los músculos aparecen coloreados en rojo-naranja, pero cuando habla de los vasos de esa misma región, los músculos aparecen en gris y los vasos en color.

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Dos ejemplos de ilustraciones de Moreaux para el tratado de Rouvière. “Anatomía Humana”, Rouvière-Delmas, 11ª edic., Masson, 2005. (Pulsar para agrandar)

Esta tendencia a focalizar la información también se aprecia en la rotulación de las ilustraciones, que destacan sólo aquello de lo que se trata el dibujo, a diferencia de los extensos pies de imagen del Testut, numerando todas las estructuras visibles. En el Rouvière hay otras ilustraciones, de tipo lineal o esquemático y aspecto más moderno, que supongo añadidas por dibujantes diferentes en ediciones posteriores de la obra.

Algunos libros ilustrados por A. Moreaux

Moreaux ilustró otras obras anatómicas (“32 planches de morphologie des dents”, “Planches anatomiques de l’homme”, “Treize coupes horizontales du thorax” de Hovelacque y Monod, “Cours élémentaire de dessin d’anatomie du squelette”) y diversos libros de literatura general como las obras teatrales “Le Dédale” y “L’énigme” de Paul Hervieu (1857-1915) o “Paris!” de Schirmacher.

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Ilustraciones para “La journée d’un Parisien au XXIéme siècle”, de Octave Béliard, 1910 (www.bdfi.net).

También colaboró en un relato futurístico de Octave Béliard, “La journée d’un Parisien au XXI éme siécle” de 1910. Ambientada en 2010, imagina un futuro con viajes cotidianos a una Luna domesticada con atmósfera y vegetación, transporte aéreo urbano, proyecciones de entretenimiento en el cielo… Lo mejor es que según este relato, los avances tecnológicos nos permitirían tener las tardes libres en nuestra época. ¡Eso sí es ciencia ficción!

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