Edipo anoftálmico

Algunos mitos griegos son historias sueltas con personajes puntuales, pero muchos otros son historias interconectadas con personajes recurrentes, a modo de ciclos. Como ejemplo está el enorme Ciclo Troyano, o el Ciclo de Hércules, o el Ciclo Tebano al que me referiré hoy. El Ciclo Tebano cuenta historias sobre la desgraciadita estirpe de los reyes de Tebas.

Las desgracias gordas se originan con el rey Layo, quien de visita en la corte del rey Pélope no se le ocurre mejor cosa que raptar al hijo de éste, Crisipo, y reventarle lo que viene siendo el esfínter. Tras semejante afrenta Crisipo se suicidó y su padre lanzó maldiciones sobre el violador.

Layo, Crisipo y Pélope

Layo raptando al joven Crisipo ante su padre Pélope. Crátera, hacia 320 a.C. Getty Museum, California.

Layo consultó al oráculo sobre el efecto de esta maldición y la respuesta fue que sería asesinado por su propio hijo. Como entonces no tenía hijos, Layo se abstuvo de trajinarse a su señora, Yocasta (según las versiones del mito también se llama Epicaste, Eurigania, Eurianasa, Astimedusa o Teutrante…), pero ésta logró con la ayuda del vino rendir a su bisexual esposo y preñarse.

El niño nació y Layo ordenó que le perforasen los tobillos para pasarle un cordel (así no se trata ni al peor jamón) para colgarlo en el monte y ser comido por los bichos. El sirviente encargado de ejecutar la orden no la cumplió, sino que entregó el niño a un pastor corintio. Así el niño terminó en Corinto, a 100 km de Tebas, adoptado por el rey Pólibo como hijo propio y recibiendo el nombre de Edipo por sus pies hinchados tras el maltrato de Layo (el nombre Edipo, Oι̉δίπoυς, incluye la misma raíz que οι̉δημα, edema).

Ya crecidito, Edipo comenzó a tener dudas de sus verdaderos orígenes y decidió consultar al oráculo de Delfos. La respuesta del cenizo oráculo fue que mataría a su padre y se cepillaría a su madre. La cara que habrá puesto el chico.

A la sazón continuaba la mala sombra en Tebas, ahora acosada por una Esfinge que se merendaba a un tebano cada día. El rey Layo también decidió consultar al oráculo y quiso el destino que Edipo y Layo se cruzaran en el camino de Delfos y tuviesen un accidente vial. Intercambio de insultos, Layo que le pasó la rueda del carro por el pie a Edipo, reactivando el trauma infantil, y Edipo que se cargó sin saberlo a su padre y a parte de su comitiva.

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Edipo y la Esfinge. Kylix ático, hacia 480 a.C. Museos Vaticanos

Como no quería volver a su casa tras el vaticinio, Edipo se pasó por Tebas, ignorante de haber matado a su rey, y tras toparse con la esfinge fue capaz de resolver los dos acertijos planteados y librar a Tebas de la bicha. La recompensa no pudo ser otra que nombrar a Edipo rey y desposar a la reina viuda Yocasta. La puta tragedia.

Edipo reinó y tuvo incestuosos hijos con su madre. Un nuevo castigo apareció y Tebas fue asolada por una peste (según este artículo fue brucelosis) y se vaticinó que la epidemia no desaparecería hasta que se castigara al asesino de Layo. Así se hicieron indagaciones, se ataron cabos, y entre la aparición de los antiguos criados y las ajamonadas pantorrillas de Edipo se llegó a la tremenda conclusión del nexo consanguíneo de la pareja real. Resultado: Yocasta se ahorcó y Edipo se vació los ojos. Terror, los vellos como escarpias, oye.

Edipo partió al destierro ciego y acompañado por su fiel hija Antígona, pero antes no dejó de maldecir a sus hijos varones, Eteocles y Polinices, por haberlo insultado. Edipo murió en la ciudad de Colono y Antígona volvió a Tebas a tiempo de ver cómo sus hermanos se masacraban mutuamente por el trono de la ciudad y ella misma terminaba enterrada viva. Allí se acaba el ciclo tebano por falta de personajes.

Del mito de Edipo se originan dos condiciones médicas, ambas psiquiátricas: el conocidísimo complejo de Edipo y el menos popular edipismo.

Freud se basó en la versión del mito presentada en el Edipo Rey de Sófocles para dar nombre a esa conducta observada en niños durante la fase fálica del desarrollo psicosexual (entre los 3 y 5 años). Según el iluminado Freud los niños varones de esta edad desarrollan un apego libidinoso hacia su madre, ven al padre como rival y desean eliminarlo para disfrutar en exclusiva del objeto materno. Como colateral también desarrollan la angustia de castración, al temer que el padre les mutile el falo como castigo.

Las hembras hacen lo propio pero al revés: fijar su pulsión sexual hacia el padre, abominar de la madre y desarrollar la envidia del falo. Hay quien llama a la versión femenina complejo de Electra, en referencia a un mito del ciclo Troyano del que igual trato otro día (os jodéis). Por suerte estas pulsiones primitivas y salvajes se disuelven en la nada cuando el niño pasa a la fase de latencia, pero según Freud la cosa deja más o menos huella. El problema no es sólo del niño, sino que los padres pueden intervenir negativamente. Psicoanalíticamente Yocasta sería la representación del narcisismo materno.

La mala resolución de un complejo de Edipo está, según el psicoanálisis, en el meollo de muchas manifestaciones neuróticas. Influiría en la selección de la pareja y la estabilidad de las relaciones o la actitud hacia los propios hijos. Refiere Freud en Tótem y Tabú (1913) que una fijación extrema hacia la madre puede anular al referente paterno y transferir los atributos maternos al niño, lo que sería origen de afeminamiento y homosexualidad en los varones.

En cuanto al edipismo, no se trata de Edipo con priapismo ni tiene nada que ver con el complejo incestuoso, sino con la parte en que Edipo se vacía las órbitas. Cuando se puso el nombre de edipismo, hace décadas, se pensaba que podía haber un trasfondo psicoanalítico en estos casos, pero hoy se sabe que casi siempre es un episodio psicótico lo que lleva a alguien a arrancarse un ojo (1).

Esquizofrenia no controlada, consumo de alucinógenos, cuadros ilusorios paranoides y otros episodios psicóticos, retraso mental profundo y a veces trastornos neurodegenerativos son las causas más relacionadas con el edipismo. La lesión puede consistir en mutilación ocular por heridas penetrantes (que fue lo que hizo Edipo con el pincho del prendedor de su extinta madresposa) o bien en auto-enucleación de uno o ambos globos. Sí, cogerse el ojo con los deditos y tirar de él, o palanquear con una cuchara o similar… ¡La fuerza que hay que ejercer para arrancarlo y lo que debe doler!

autoenucleacion

Auto-enucleación. Más imágenes en Radiopaedia.

No hay que insistir en que estos casos son tanto una emergencia psiquiátrica como oftalmológica, e incluso neuroquirúrgica. Las heridas penetrantes orbitarias pueden alcanzar al encéfalo (2). Cuando se arranca el globo ocular el nervio óptico puede romperse desde su inserción en el globo (avulsión del nervio) o en su unión con el quiasma. Esto último puede causar hemianopsia temporal en el ojo sano (3) o acompañarse de lesión de los vasos del polígono de Willis, con hemorragia subaracnoidea o ictus cerebral (4).

Por ello, ante una auto-enucleación debe solicitarse TC craneal de urgencia. El desastre orbitario requiere reconstrucción quirúrgica, habitualmente con implante protésico. Si el edipismo fue unilateral es conveniente, cuando el paciente esté recuperado del episodio agudo oftalmo-psiquiátrico, tener un campo visual del ojo sano para valorar el compromiso del quiasma.

No sé qué tan frecuente sea el edipismo, pero hay bastantes casos publicados. Supongo que ante lo espectacular de estos pacientes todos quieren publicar sus experiencias al respecto.

Las referencias numeradas son vínculos a PubMed, para los interesados.

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3 comentarios en “Edipo anoftálmico

  1. Interesantísimo episodio muy ilustrativo, he aprendido un montón y ahora me pregunto qué sentirá hacia mi mi hija, siendo yo su único progenitor… tu que piensas????

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    • Gracias, maja.
      Pues tu hija supongo que nada. El psicoanálisis actualmente está en el grupo de las paraciencias, y aunque tenga su reputación no hay que darle más relevancia. A veces para tener según qué padres mejor monoparental.

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