La transexualidad mítica de Tiresias

Transexual, ciego y adivino. No se trata de un brujo de la tele de los que atienden llamadas y echan las cartas, sino de Tiresias, uno de los más famosos videntes de la mitología griega. Es un personaje habitual en los relatos del Ciclo Tebano pero aparece en otros episodios mitológicos, incluida la Odisea de Homero.

Zeus y Hera

Zeus y Hera, cuando no están discutiendo…
Grabado de Agostino Carracci (1557-1602)

Bien sabemos que los mitos antiguos usaban con frecuencia la metamorfosis  de algún personaje en otro ser o materia como parte de la acción dramática (herramienta típica de seducción de Zeus transmutado en cisne, toro, lluvia, niebla…),  como castigo divino (Licaón transformado en lobo, Eco transformada en eco), como consuelo o salvación ante una adversidad (Narciso o Jacinto en flor, Dafne en laurel) y como excusa para elevar personajes a constelaciones (Tauro, Piscis, Aries, Osa Mayor…). En Tiresias ocurre una de las más originales transformaciones físicas, mutando de hombre a mujer en distintas fases de su vida.

Tiresias transexual

Paseaba el joven Tiresias por el monte cuando se topó con dos serpientes copulando; arrastrado por el mismo atavismo que lleva hoy a cualquier muchacho a enchufar con la manguera a unos perros que se aparean, Tiresias cogió un palo y le arreó a los reptiles matando a la hembra y, como represalia por su impío proceder, quedó inmediatamente transformado en mujer, quizás por castigo de Hera. Nótese que ser mujer sea considerado un castigo por los griegos.

La Tiresias hembra llegó a ser una afamada prostituta y hasta parió hijos, por ejemplo la pitonisa Manto (nombre relacionado con el sufijo -mancia para las actividades adivinatorias). Tras siete años femeninos ocurrió que Tiresias se topó con otro acoplamiento de culebras y en esta ocasión se cargó al macho, con lo que recuperó de nuevo su masculinidad. Otra versión dice que en el segundo avistamiento no atacó a las serpientes y en premio volvió a ser hombre.

En una versión menos popular, Tiresias nació hembra y fue cortejada por el salido Apolo sin resultado. En castigo la transformó en hombre para que sintiera lo que era estar permanentemente bajo el dominio del apetito venéreo y no lograr desahogo.

Tiresias ciego

En una de las reiteradas ocasiones en que Hera recriminaba al putero Zeus sus infidelidades, el dios le espetó que no se quejara, que las mujeres disfrutaban más con el sexo que los hombres y que él como varón lo compensaba con mayor número de encuentros. La discusión prosiguió y al final decidieron citar a Tiresias, que había tenido oportunidad de vivir las dos caras de la moneda.

Interpelado sobre quién disfrutaba más del folgar, Tiresias sentenció algo así como “de diez partes en que se divida el placer, nueve son para la mujer y una sola para el hombre”. Hera estalló de furia e indignación por (a) haber perdido la discusión, (b) quedar puesta en evidencia la mal vista lascivia femenina y (c) ver la sonrisita sarcástica de Zeus tras el dictamen de Tiresias. Así la histérica diosa le arrebató la vista al inocente Tiresias.

Como curiosidad, Zeus también amó en forma de mujer, pero a otra mujer, Calisto, dama del cortejo de la diosa Artemisa. Zeus adquirió la forma de la propia Artemisa para beneficiarse a Calisto y de la unión nació Arcas, héroe epónimo de Arcadia.

Otra versión de la ceguera de Tiresias dice que fue un castigo de la casta Atenea al ser sorprendida durante su baño por el voyeur Tiresias.

Tiresias adivino

En todas las versiones del mito el poder profético de Tiresias es compensación de su ceguera. Zeus recompensó a Tiresias por su ayuda en la discusión con Hera otorgándole el don de la videncia, ya que no podía restituirle la vista. O bien la propia Atenea, arrepentida por desprenderle las retinas le agudizó el oído para que entendiera el profético canto de los pájaros. El propio nombre de Tiresias parece significar “el que se deleita con los signos”, en alusión a su capacidad de interpretar señales y predecir el futuro.

El ciego y vidente Tiresias vivió en Tebas una larguísima vida de siete generaciones. Emitió vaticinios relacionados con la muerte de Layo, la esfinge, el incesto de Edipo y el destino de la ciudad en el ataque de los siete contra Tebas. Predijo el mal fario a Penteo y a Narciso, también reveló a Anfitrión la auténtica paternidad de su no-hijo Heracles y desde ultratumba vaticinó a Odiseo las dificultades para volver a Ítaca. Se cuenta que Tiresias murió por beber agua demasiado fría de una fuente.

tiresias

Arriba: Tiresias mutando en mujer mientras agrede a las sierpes. Abajo: el juicio de Tiresias ante Zeus y Hera. Grabados de Johann Ulrich Kraus para la edición de las Metamorfosis de Ovidio: “Die Verwandlungen des Ovidii in Zweyhundert und sechs und zwanzig Kupffern”, Augsburg, 1690-1700. Imágenes extraídas de la web de la Bayerische Staatsbibliothek.

Aunque Tiresias es un transexual su historia no se ajusta a las consideraciones actuales sobre la transexualidad, definida como trastorno de la identidad sexual o disparidad entre el sexo cerebral de la persona y el sexo anatómico y genómico. No se debe confundir con travestismo ni con opciones de orientación sexual, de hecho existen transexuales heterosexuales y homosexuales. El recién actualizado DSM-5 ha retirado el trastorno de la identidad sexual y lo ha sustituido por disforia de género, indicando que la transexualidad en sí no es una enfermedad sino que lo patológico es la alteración psicológica que causa la no correspondencia anatómico-mental. En estos temas los cambios de criterio son frecuentes y pueden estar sesgados por lobbies más allá de la investigación científica independiente.

De lo que sí habla realmente el mito de Tiresias es de las diferencias de conducta sexual entre hombres y mujeres en cuanto a apetencia y placer. Sobre el deseo sexual hay un histórico consenso en que éste es más patente en el varón (“desde que amanece apetece”). Lo expuesto por Zeus y Apolo es reflejo de lo que culturalmente vivimos: en nuestra sociedad es el varón el que lleva la iniciativa, el que alardea de número de parejas, el que no dice que no si se presenta ocasión, el consumidor habitual de pornografía, etc. Mientras la mujer es la abordada, la que no debe hacer alarde para no ser apostrofada con las cuatro letras, la del “hoy me duele la cabeza” y tal.

La ciencia detrás de este comportamiento apunta a la testosterona como responsable del deseo sexual (1). El mecanismo de la libido es complejo, en él participa el sistema límbico, el hipotálamo, la hipófisis y las gónadas, a través de múltiples hormonas y neurotransmisores. El nivel alto y persistente de testosterona del varón mantiene una “alerta sexual” también alta y persistente, mientras el nivel oscilante de andrógenos en la mujer a lo largo del ciclo menstrual determina fluctuaciones en su libido (2). El descenso de andrógenos en la andropausia merma la apetencia sexual del varón, mientras la terapia con andrógenos en mujeres tiende a aumentar la libido (3).

Lo del placer sexual es más difícil de cuantificar. La pregunta hecha a Tiresias de quién disfruta más, el hombre o la mujer, no está formalmente contestada. La influencia de factores individuales, culturales, sociales, morales y religiosos también es significativa. No he encontrado estudios comparativos al respecto, pero sí que hay muchísima más literatura acerca de los mecanismos sexuales femeninos (recomendable la revisión de Meston et al. en Annu Rev Sex Res. 2004;15:173). Intentando defender la tesis de Tiresias se pueden hacer las siguientes observaciones:

  • La hembra humana puede disfrutar de orgasmos tanto clitorídeos como vaginales, incluso por estimulación extragenital. Esto matemáticamente aumenta las posibilidades de disfrute. Amén del placer de poder fingir los orgasmos.
  • La capacidad de orgasmos múltiples y repetidos es más frecuente en la mujer debido a un período refractario postorgásmico más corto. El varón debe tomar un largo reposo antes de volver a la boga.
  • La duración del orgasmo femenino es mayor, aunque existen varios patrones. En general la sensación en la hembra es más prolongada, incluso puede alcanzar el status orgasmus superior al minuto, cochina envidia.
  • El mapa de zonas erógenas femeninas es extenso, con amplia distribución anatómica de áreas estimulables, mientras que en el hombre es francamente falocéntrico.
  • La excitación femenina va acompañada de una serie de cambios notorios: congestión mamaria, erección pezonil (telotismo), eritema pectoral, midriasis, hiperventilación y emisión de ruidillos de variable decibelaje, espasmos carpopedales y miotonía. El varón tiende a ser más discretito, el pobre, más allá de sus cuerpos cavernosos.
  • La inmensa mayoría de los juguetitos y complementos de venta en sex-shops están destinados al público femenino. El tupper-sex también es reino de señoras.

La contraparte de esto es que el trastorno por deseo sexual hipoactivo (HSDD) en mujeres es frecuente, hasta del 10% (4), así como la frecuencia de anorgasmia y otras disfunciones sexuales. Es lo que pasa con los aparatos complicados, que tienen más puntos de fallo.

Culturetas: los mitos de Tiresias aparecen en las Metamorfosis de Ovidio y en las Fábulas de Higinio. Tiresias es personaje de las tragedias “Las bacantes” y “Las fenicias” de Eurípides, y de “Edipo Rey” y “Antígona” de Sófocles, así como de la Odisea. Posteriormente apareció junto con Manto en La Divina Comedia de Dante.

Recomiendo la ópera “Las Tetas de Tiresias” (“Les Mamelles de Tirésias”) de Francis Poulenc (1947) basada en la paranoia surrealista escrita por Apollinaire en 1917. Aquí el mito sirve de soporte a un argumento feminista, donde Teresa decide prescindir de sus mamas y por tanto de su femineidad y convertirse en el varón Tiresias, mientras su marido adquiere los atributos femeninos y comienza a parir cientos de hijos. He aquí el fragmento de la renuncia de las tetas (“Non Monsieur mon mari… Envolez-vous oiseaux de ma faiblesse”) con Elena Rossi y otro con María Bayo (en el Liceo), y aquí una versión completa de la ópera en un interesante montaje de la Opera de Lyon, precedida por piezas de Shostakovich y Milhaud (la ópera en sí comienza en el minuto 35). 

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