Rescatemos el verbo peer

Quiero invocar una reivindicación flatológica. Disponemos en nuestro rico idioma de un verbo inmerecidamente olvidado, ignorado por muchos, un verbo víctima del circunloquio, merecedor de un uso digno en virtud de la relevancia del acto que representa. Es el verbo peer, y así lo define el diccionario de la Real Academia

peer: (del lat. pedĕre) intr. Arrojar o expeler la ventosidad del vientre por el ano. U. t. c. prnl.

¿Quién demonios usa este verbo en su vida cotidiana, aunque la acción sea más cotidiana que comer o toser o estornudar? Nadie habla de peerse, sino de tirarse un pedo. ¿Por qué este circunloquio? ¿Tan raro nos resulta utilizarlo en una oración? Y eso que no es difícil de conjugar, se conjuga exactamente como el verbo leer, ahí queda ese dato. Podéis ver la tabla de conjugación aquí. Reconozco la dificultad de comprender expresiones como “él se peyó”, “ellos pean” o “si yo peyese”.

El colmo es que el socorrido traductor de Google no reconoce peer en español, sino que lo toma por su homógrafo inglés peer (par, pareja, igual, colega) por lo que si queremos saber como se pee en otros idiomas hay que recurrir al habitual circunloquio tirarse un pedo: péter (fr), scoreggiare (it), peidar (pt), to fart (in), furzen (al), να κλανιά (gr), 放屁 (fangpí, ch), пердеть (perdet, ru). En japonés también recurren a una expresión compuesta: おならする (onara suru, hacer un pedo). Lo mejor, en hindi se dice गोज़, goza (no cuesta imaginarse a un hindú cascándose un cuesco y otro respondiendo “¡Goza!”). Además este traductor acepta pederse, término erróneo no aceptado por la RAE.

Infografía sobre el origen y la composición del flato, original de Ilustración Médica (pulsar la imagen para verla en tamaño original).

Infografía sobre el origen y la composición del flato, original de Ilustración Médica (pulsar la imagen para verla en tamaño completo).

Más allá de las connotaciones humorísticas de baja estofa asociadas al pedo, hay que reconocer su verdadero significado en la fisiología humana. La presencia de gas en el tracto digestivo es consecuencia del propio mecanismo de la digestión que nos mantiene vivos. El gas intestinal proviene de cuatro fuentes principales (1, 2):

  • Aire deglutido: cada vez que tragamos, así sea saliva, pasa un poco de aire al esófago. Aparte de las bebidas ricas en CO2 muchos vegetales y frutas tienen microbolsas de aire en sus tejidos; por ello una berenjena o una pera flotan en el agua. Al digerirlos liberan el aire en el lumen intestinal. (El aire dentro del tejido vegetal puede sustituirse culinariamente por una líquido saborizado mediante la técnica de impregnación al vacío popularizada por elBulli.)
  • Gas generado durante la digestión: básicamente se trata de CO2 producto de la neutralización del HCl estomacal con radicales bicarbonato, o de la digestión de ácidos grasos provenientes de triglicéridos.
  • Difusión de gas desde la sangre: la presión parcial de O2 y N2 es mayor en la sangre que en el contenido intestinal, por lo que difunden desde la circulación hacia el lumen. Al contrario, la presión de CO2 es mayor dentro de la tripa y desde allí difunde hacia la sangre.
  • Fermentación bacteriana: esta es de las fuentes más importantes de gas intestinal y la más odorífera. Aquellos compuestos de la dieta que no podemos digerir llegan al colon donde la flora bacteriana microbiota sí puede sacarles provecho. Fibra dietética, celulosa, hemicelulosas, inulina, quitina, cualquier polisacárido con enlaces β(1-4) resulta pasto de las bacterias colónicas y como resultado de su metabolismo se libera CO2, H2, CH4 y el pestífero HS (no el champú anticaspa, sino ácido sulfhídrico). Casi toda la carga maloliente proviene de la degradación de moléculas con grupos sulfhidrilo.

En este artículo publicado por el grupo del Dr. Azpiroz de mi querido Hospital Valle de Hebrón, determinaron que la composición de la flora microbiota influye en la producción de flato y específicamente la actividad de Bacteroides fragilis y de la poco estudiada Bilophila wadsworthia se correlacionaba con la cantidad de gas y los síntomas de flatulencia.

La presencia de H2 en el aire espirado en la respiración es proporcional a la cantidad producida en el intestino mediante fermentación (no hay fuentes metabólicas endógenas de H2 en el humano) y ello sirve como prueba clínica, por ejemplo, en la intolerancia a la lactosa: el nivel de H2 respiratorio aumenta significativamente tras la ingestión de lactosa en aquellas personas incapaces de digerirla.

¿Os habéis detenido a pensar en el número de flatulencias peídas a diario y el volumen de gas que atraviesa el ano a lo largo de la jornada? Si la respuesta es negativa es que carecéis de la mínima curiosidad científica. Aunque hay variabilidad entre estudios, para ponerlo en números redondos el volumen de flato diario está entre 500 y 2.500 ml al día (me pasa por la cabeza que de líquido cefalorraquídeo apenas tenemos 100-150 ml) y esto se expele fraccionado entre 10 y 25 pedillos diarios.

Intelectuales interesados por estos temas los ha habido desde antiguo. En pleno Siglo de las Luces tenemos al parisino Pierre-Thomas-Nicolas Hurtaut (1719-1791), profesor de latín, aficionado ensayista e historiador, y parodiante de los tratadistas médicos. Publicó en 1751 su obra más famosa, L’art de péter, breve sátira flatológica escrita con la retórica de los eruditos de su época, citando a Cicerón, Horacio o el emperador Claudio, e intercalando máximas latinas como: “mingere cum bombis res est gratissima lumbis” (“mear con pedos es gratísimo a las nalgas). Después pasa a conceptuar el pedo, su diferencia con el eructo, su composición, su clasificación, etc.

Portada de la edición de “El arte de peer” de 1776, con un precioso y alusivo grabado.

Otro libro de Hurtaut es “Essais de médecine sur le flux menstruel et la curation des maladies de la tête” (“Ensayo médico sobre el flujo menstrual y la curación de las enfermedades de la cabeza”), disponible aquí en facsímil. Mi ignorancia del francés no me permite leerlo, pero me dejó boquiabierto que el libro estuviese dedicado ni más ni menos que al mismísimo Herr Professor Albrecht von Haller, el gigante intelectual de su siglo. Mira si era cachondo este Hurtaut.

Libro de Hurtaut sobre el flujo menstrual: portada y dedicatoria a Haller.

Libro de Hurtaut sobre el flujo menstrual: portada y dedicatoria a Haller.

En castellano tenemos una exquisita edición de “L’art de péter” publicada en 2009 por la editorial Pepitas de Calabaza (la recibí de obsequio de mis queridas amigas, las doctoras Martín). En su cubierta aparece con el título “El arte de tirarse pedos”, otro ejemplo de evitación de nuestro querido verbo, aunque la portada interior se ajusta al título real: “El arte de peer. Ensayo teórico-físico y metódico”. Aparte de la agradable maquetación del texto, la edición está prolíficamente ilustrada con muy buen gusto por el artista gráfico riojano José María Lema. Una joya.

páginas de la edición de "El arte de peer" de editorial Pepitas de Calabaza, 2009.

Páginas de la edición de “El arte de peer” de editorial Pepitas de Calabaza, 2009.

Antes que Hurtaut ya se había preocupado por el tema el irlandés Jonathan Swift, famoso autor de Los viajes de Gulliver. En 1722 publicó “The benefit of Farting”, sátira escatológica disponible en español por la editorial Sextopiso.

Joseph Pujol, “Le Pétomane”

Más recientemente tenemos no a un teórico, sino a un práctico del arte de peer: Joseph Pujol i Mauri  (1857-1945), un marsellés proveniente de Mataró más conocido por su nombre artístico: Le Pétomane (el pedómano). Fue un panadero reconvertido en artista del Molin Rouge de París, donde ganó fama por su número consistente en peerse a voluntad, controlando la magnitud, tonalidad y ritmo de las flatulencias, llegando a entonar canciones y apagar velas a distancia. Su secreto era una habilidad para introducir aire en el recto mediante presión abdominal negativa sumada a un esfínter bastante complaciente. Cuando murió, La Sorbona intentó sin éxito hacerse con su cuerpo para estudiarlo. Su historia ha inspirado varias películas y un musical. Sin duda, un catalán universal.

Os exhorto a llamar a las cosas por su nombre y conjugar sin miedo el verbo peer.

“Et crepitus multos, nequiens erupere perdis,
Et salvat pleno quando dat ore virum:
Ergo si servat fugiens, iugulatque retentus,
Omnibus hunc medicis quis neget esse parem?”

(“Y el pedo a muchos, por no salir les pierde,
mientras los salva cuando se propina:
así, si salva escapando y mata cuando se queda,
¿quién puede negar que se parece a los médicos?”)

Lapidarios versos anónimos de la portada del libro de Hurtaut, derivados del epigrama “Al pedo” de Nicarco (poeta griego, siglo I d.C.), citado por Rodolfo Goclenio (3) en “Physiologia crepitus ventris, et risus” (1607). El original va dirigido a los reyes en vez de a los médicos.

Advertencia: Salvador Dalí finalizó su “Diario de un genio” con un apéndice recopilatorio de textos por él apreciados como el Elogio de la mosca de Luciano de Samosata o Gracias y desgracias del ojo del culo de Quevedo. También incluye un texto que cita como proveniente de un libro francés del siglo XIX sin nombre de autor, titulado “El arte de tirarse pedos o Manual del artillero socarrón, por el conde de la Trompeta…” (ver aquí.) Resulta que este texto no es otro que L’art de péter de Hurtaut, sin referencia a su genuino autor. Muchos de quienes en internet citan fragmentos de este apéndice daliniano lo hacen como si fuera obra original de Dalí. Es de justicia que se difunda su verdadera autoría.

ADENDA

El magnífico profesor de química Yanko en su  “Blog del Búho” habla en su entrada del 18/01/2014, Fosfina y misterios, sobre una teoría de pedos autodeflagrantes y combustión espontánea. En dicho post remite a otro de su autoría de junio de 2007, Un adiós escatológico, donde hace una excelente síntesis de la química del pedo. Yo, indigno, no había leído aquella antigua entrada, pues para 2007 aún no me contaba entre los fans del Búho. Recomiendo la lectura de dicho artículo que forma buena pareja con el que aquí he escrito; incluso tratamos temas comunes, como la historia del Pétomane.

Anuncios

10 comentarios en “Rescatemos el verbo peer

  1. Flat,

    Muy interesante. Lo cierto es que la satisfacción de este tipo de necesidades fisiológicas provocan una sensación de bienestar difícilmente descriptible (aunque no es necesario, todo el mundo lo entiende). Así que ¡olé! a los hindúes por el término escogido.

    Me parece muy curioso que la población microbiana intestinal (por cierto, como te oigan los microbiólogos diciendo flora te pueden colgar del palo más alto) determine en gran manera la intensidad de las flatulencias; ¿significará eso que las personas especialmente sensibles a los gases tienen una población digamos inadecuada?

    En el caso de los intolerantes a la lactosa, lo que ocurre es que la falta de lactasa en el intestino delgado permite a ese azúcar llegar al intestino, donde los microorganismos intestinales dan buena cuenta de ella provocando una formación intensa de gas (amén de otros efectos derivados de su carácter osmóticamente activo).

    Saludos desde el norte

    Me gusta

    • Hola, profesor Orges, gracias por tu comentario y espero que no sea dura la aclimatación a tierras escandinavas.
      Cierto que ese primitivo placer de peer quizás nos retrotrae a la segunda fase freudiana del desarrollo, pero en cualquier caso mejor que sea un placer privado, en consideración a terceros.
      Lo de flora bacteriana es una costumbre antigua de cuando era estudiante, lo he cambiado por microbiota, que les va más a los microbiólogos. Dejemos el uso de “flora” para la Danone y las margarinas tuneadas.
      Algunas evidencias hay de que el ecosistema de la microbiota intestinal y la composición de la dieta determinan la cantidad y cualidad del flato, así como las molestias ocasionadas. Por ejemplo, parece que a mayor producción de HS más irritación intestinal se produce.
      Por cierto, en el minidiccionario no había incluido peer en danés: at prutte (por si te resulta útil).
      Un abrazo.

      Me gusta

  2. Excelente blog y post. Solo una pequeña observación de la ilustración: el queso, salvo los frescos, no contiene lactosa; en su elaboración intervienen bacterias que se encargan de ella y es lo que convierte a este alimento en una “conserva natural de leche” (sin lactosa, claro)

    Me gusta

    • Gracias.
      Ciertamente cualquier producto lácteo tienen menos lactosa que la leche, incluso el queso fresco tiene menos lactosa de la que hay en el volumen de leche con la que se elabora, pues parte se va en el suero, otra cosa es la cantidad total de lactosa que queda concentrada en el queso escurrido. El yogur también tiene menos lactosa debido a la fermentación, pero sigue teniendo bastante; los quesos curados tienen progresivamente menos lactosa según el tiempo de maduración, de modo que un queso curado normalito aún tendrá cierta cantidad de lactosa mientras uno añejado largamente solo tendrá trazas. La mantequilla tiene muy poquita lactosa y menos si está fermentada, y sin embargo muchos intolerantes le huyen y optan por la margarina.
      El queso de la figura es un concepto gráfico de lácteo, imagina que es un emmental industrial del supermercado, de los que sientan en el water a cualquier intolerante.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s