“¿Dónde ta la mosca?”

Había mencionado en el post sobre el fondo de las diapositivas que era conveniente evitar las moscas como elemento de una presentación. En jerga audiovisual se llama mosca a un pequeño elemento persistente en la pantalla, sea un logotipo, nombre, frase corta, etc. Es una práctica habitual en los canales de televisión, que suelen tener constantemente su logo en una esquina de la pantalla. En este caso la mosca tiene una función identificativa para que el despanchurrao que está en casa haciendo zapping sepa en qué canal está ubicado.

Esta función identificativa la usaríamos, por ejemplo, cuando hacemos un vídeo y colocamos nuestro nombre o institución en una esquina. Esto es útil sobre todo cuando el vídeo será colgado en internet, pues la gente es asidua a reutilizar material de la web sin citar fuentes. Lo mismo puede aplicarse a presentaciones colgadas en plataformas tipo SlideShare o AuthorStream, pues corren el mismo riesgo de fusilamiento sin respeto de los créditos de autoría (por ello suelo capar este tipo de contenidos con una “marca de agua”, aunque preferiría no tener que hacerlo).

Otra función atribuida a las moscas es acentuar, como forma de propaganda, la presencia y la pregnancia de la marca, es decir, la exposición prolongada al logo de una marca, empresa o institución crearía una familiaridad con dicha marca, un apego o fijación inconsciente, una asociación rápida al verlo. Algunos enterados del neuromarketing recomiendan este tipo de acciones como parte de la difusión de la imagen corporativa: colocar el logo en todo sitio posible, en cada rincón por donde pueda pasar un posible cliente, emplear los colores corporativos como un estándar, etc.

Esto puede tener fundamento cuando se trata de marketing empresarial y comercialización de productos para consumidores masivos. No creo que estos recursos tengan tanto poder de propaganda cuando se trata de comunicar información entre iguales y en ambientes acotados, como es el caso de las presentaciones y comunicaciones científicas.

bannerpresentaciones

No termino de ver claro que en una reunión de especialistas médicos un colega bombardee a los demás con propaganda corporativa de su clínica, mostrando constantemente su logo, fotos de sus instalaciones sin venir a cuento, vendiéndose así a otros colegas que trabajan en sus propias clínicas. ¿Qué pretende, que me vaya a visitar con él, que le remita pacientes, demostrar que es el más cool & nice? Sinceramente, me convencerá de que es adecuado para derivarle pacientes si demuestra dominio magistral en su área a través de su presentación, no porque la llene de propaganda.

Por tanto, la imagen corporativa tiene un papel limitado en el ambiente científico y académico. A veces los gerentes de clínicas o jefes de departamento insisten más de lo debido en que se utilice una plantilla estándar, encorsetando las presentaciones a un esquema de colores y fondos predeterminados, y por supuesto, con el evidente logo corporativo en visible lugar y en cada diapo.

¿Qué pensaríamos si al ir al cine viésemos durante toda la película el nombre del director o el logo de la productora en un rincón de la proyección? Seguro nos resultaría raro y desagradable, amén de un elemento de distracción innecesario. O lo absurdo que sería que en cada página de un libro apareciera el logotipo de la editorial.

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En la diapositiva superior es correcta la presencia del logotipo institucional por ser la primera diapositiva. Por el contrario, en las diapos del contenido, el logo y el nombre del autor dejados como “moscas” (figura inferior) son un elemento de estorbo y distracción. La diapositiva quedaría mucho más limpia y equilibrada eliminándolos.

En una presentación con diapositivas el uso de una mosca como elemento identificativo no tiene mayor sentido porque: (A) Si es una presentación interna —sesión hospitalaria o de departamento, por ejemplo— ya sabemos cuál es la institución y seguro el ponente será conocido de sobra. (B) Si somos los invitados únicos a dar una presentación ya habremos sido anunciados indicando nuestro nombre, cargo y procedencia. (C) Si presentamos dentro de la secuencia de un curso, simposio o congreso existe una cosa llamada programa que suelen tener impreso los asistentes.

Por tanto bastará con colocar tales datos de filiación del ponente en la primera y última diapositiva. Otro detalle en cuanto al uso de logotipos institucionales: con frecuencia los médicos andamos pluriempleados y al hacer una presentación nos da por poner los logos de todos los centros de trabajo. Un par de logos pasan, pero tres, cuatro o más termina pareciendo el mono de un piloto de carreras.

A la gente se le va la pinza poniendo logotipos juntos. Maravilla de armonía y placer visual…

Si pensamos en que plantar una mosca en las diapos sirve como herramienta de marketing tampoco estaremos acertados. Los asistentes nos recordarán si hacemos una presentación cojonuda, memorable, si les hemos aportado conocimientos útiles, datos prácticos y un relato digno de haber sido escuchado. No nos recordarán a nosotros ni a nuestro centro por colocar esa puta mosca ensuciando las diapos ni por hacernos autobombo.

ruido

Ejemplo de ruido visual en una diapositiva. La “mosca” sobra por completo y la “marca de agua” del fondo entorpece la lectura del texto.

La mosca no suele ser más que otro elemento de ruido de los que deben evitarse para hacer comunicaciones efectivas. Ahora bien, todo lo dicho es matizable. Los colores corporativos o las platillas predeterminadas de empresa pueden ser guapos y, si están hechos con criterio, hará bien el ponente en utilizarlas. Si el logotipo se coloca muy discretamente como parte compositiva del fondo, sin estorbar ni distraer la atención y sin restar espacio útil al contenido de las diapositivas, pues tampoco veo pecado en incluirlo. Pero en general la mosca suele ser una mosca cojonera y nada más.

Muchos de los lectores de este espacio, gente de gran cultura y mundo —como mi amigo Nacho, excelente retinólogo, que hoy cumple años— habrán reconocido en el título de este post aquella canción que decía “¿Dónde está la mosca, aquí o aquí? Dónde ta la moscaaaaaaa…”, cuya performance significó uno de los momentos más anonadantes y espeluznantes de la televisión española (se puede ver el vídeo, cuya mosca revela que se transmitió por TVE1). El fenómeno que interpretaba esta canción se llamaba Fernando Gramaje Ortega, alias Musiquito. Lamento informaros que hace nada, el pasado 3 de enero de 2014 nos dejó Musiquito (para más detalles este link). Descanse en paz.

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3 comentarios en ““¿Dónde ta la mosca?”

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