Sátira política de actualidad… escrita hace 2400 años

“Para gobernar al pueblo no hacen falta hombres provistos de buena cultura y de buena educación. Se necesitan ignorantes que, además, sean unos granujas”

Aristófanes, siglo V a.C.

Solemos creer que la Civilización ha avanzado mucho a lo largo de los siglos. Sí, ha habido avances considerables, pero mayormente en la Tecnología, mucho más que en cuanto a Civilización. Y en cuanto al ser humano el progreso es más bien escasito. Biológicamente somos los mismos desde que apareció nuestra especie hace cosa de 200.000 años. Socialmente mantenemos las bases de conducta de los primates que somos, complicadas y disfrazadas por lo que hemos llamado cultura, y a las adaptaciones de los sistemas jerárquicos tribales a niveles supratribales lo terminamos llamando política.

Una cosa que me apasiona de la lectura de las obras literarias de la Antigüedad es que se pueden encontrar básicamente las mismas pulsiones, los mismos conflictos y las mismas ambiciones que sentimos actualmente. No hemos cambiado casi nada. Es cierto que el empaque resulta difícil, el lenguaje extraño y la distancia con el contexto hace que el lector se extravíe cuando intenta abordar la lectura de un clásico griego.

Aristófanes, santo patrón de los humoristas

El ejemplo de hoy se refiere a la sátira política a través del humorista más antiguo del que se conservan obras enteras, el célebre Aristófanes. El ser humano trae de serie un humor básico para reírse de tontadas como resbalones o contusiones testiculares, y otro nivel de humor más elevado para hacer y disfrutar la sátira social y la burla de personajes señalados. La Comedia ateniense sumaba ambos niveles, pues contenía situaciones y expresiones francamente barriobajeras y procaces, chistes de cacapedoculopís y obscenos pollones de trapo, junto a una trama que satirizaba la sociedad de Atenas y, frecuentemente, a sus ilustres dirigentes.

El gran Aristófanes nació en Atenas hacia el 444? a.C. y allí falleció en 385? a.C. Pocos datos hay de su biografía. Se inició pronto en la dramaturgia, pues sus dos o tres primeras obras las presentó antes de los 20 años y bajo la ficticia autoría de un amigo de mayor edad. Se sabe que escribió algo más de 40 comedias pero hoy solamente podemos disfrutar de 11 de ellas.

Gran parte de su vida coincidió con la devastadora Guerra del Peloponeso (431-404 a.C.) que enfrentó a multitud de ciudades griegas entre sí agrupadas en el bando de Atenas o en el de Esparta. Tan largo y costoso conflicto tuvo una honda influencia en Aristófanes, ferviente pacifista, pues en muchas de sus obras aboga por el “no a la guerra” y ridiculiza a los políticos demagogos y belicistas.

El demagogo Cleón y el satírico Aristófanes

Portada de Los Caballeros, edición de obras de Aristófanes por Philipp Nicodemus Frischlin, 1586. Fondos digitales de la Universidad de Sevilla

Portada de Los Caballeros, edición de obras de Aristófanes por Philipp Nicodemus Frischlin, 1586. Fondos digitales de la Universidad de Sevilla

El político que llevó los mandobles más directos en la comedia aristofánica fue Cleón, el hombre fuerte de Atenas entre 429 y 422 a.C. El demagogo Cleón fue un personaje que fácilmente podría colocarse en el Congreso de los Diputados de hoy, bajo el color que se quiera: orador exaltado, insultador de sus contrarios, chanchullero, populista, manipulaba la Justicia para deshacerse de sus enemigos, inventaba impuestos arbitrarios, atacaba a la aristocracia ateniense y prometía un futuro mejor para el pueblo. Estuvo metido en más de un oscuro asunto con el dinero público. Partidario acérrimo de la guerra contra Esparta y de la política imperialista y opresora de Atenas hacia otras ciudades griegas. A lo mejor no era tan malo el hombre, pero como lo conocemos por Aristófanes y por el historiador Tucídides, que tampoco apreciaba a Cleón, pues esa imagen es la que tenemos.

El primer roce entre Cleón y el dramaturgo ocurrió a raíz de la obra Los Babilonios (hoy perdida), donde Aristófanes criticaba la opresión de Atenas sobre sus socios griegos, cosa que le sentó como el culo a Cleón, en especial porque había representantes de estos aliados sentados a su lado en el teatro. El resultado fue una denuncia de Cleón hacia el autor que acabó desestimada por el jurado. Téngase en cuenta que era una denuncia del Jefe del Gobierno contra un chaval de quizás 18 años.

Al año siguiente, en 425 a.C., Aristófanes prosiguió su crítica antibelicista en Los Acarnienses, pero se guardó lo mejor para la siguiente temporada cuando estrenó Los Caballeros, obra para el mayor escarnio de Cleón y de la que hablaré a continuación. En 422 presentó Las Avispas, también centrada en el demagogo; ese fue el año de la muerte de Cleón, tras lo cual Aristófanes dedicó sus diatribas a otros famosos paisanos suyos, como Sócrates o Eurípides.

“Los Caballeros”, la viva imagen del político

Esta obra se estrenó en 424 a.C., muy joven era aún su autor, con una excelente acogida por el público. Con frecuencia el nombre de las obras provenía del tipo de personajes que encarnaba el coro: avispas, ranas, aves, mujeres, ciudadanos de un determinado lugar, etc. Los Caballeros (Ἱππεῖς, Hippeis) recibe su nombre del coro formado por caballeros de la nobleza ateniense que conspiran para expulsar al demagogo de la ciudad (obvia referencia a Cleón).

Se trata de una alegoría donde un señor llamado Demos adquiere un criado trepa, llamado el Paflagonio, que se hace con el control de los asuntos de la casa y humilla a los demás siervos. Dos de estos siervos se confabulan con los caballeros de Atenas (también víctimas de la iniquidad del trepa) para lograr que el amo sustituya al detestado Paflagonio poniendo en su lugar a un personaje de la más vil extracción social: un vendedor ambulante de salchichas (un Ἀλλαντοπώλης, como comenté en el post del botulismo), truhan e ignorante.

A excepción de este Morcillero los demás personajes tienen correlato político: los dos siervos son Nicias y Demóstenes, generales atenienses contemporáneos, el Paflagonio no es otro que el mismísimo Cleón, y el amo Demos, como su nombre indica, es la personificación del Pueblo soberano y democrático.

El objetivo de la obra es poner a Cleón a la altura de la hez, señalando sus vicios y su corrupción, hasta el punto de que vale más ser gobernados por un inculto salchichero. Aristófanes critica el propio sistema político que permite que semejantes personajes lleguen a ostentar el gobierno.

A continuación quiero mostrar algunas citas extraídas de Los Caballeros para evidenciar cuán actuales resultan en estos tiempos de enorme desafección política, de hastío hacia la clase dirigente y de críticas al propio sistema. Expresiones parecidas a las de esta obra pueden escucharse cotidianamente por la calle. Los fragmentos están extraídos de varias traducciones diferentes.

Aristófanes reparte estopa para todos, comenzando por el propio Pueblo encarnado en el personaje Demos, de quien dice ser “un amo selvático, devorador de habas, irascible, pesado y algo sordo”. Más adelante el propio Demos dice:

“Dm: …me hago el loco porque me conviene. A mí me gusta estar bebiendo todo el día, alimentar a un granuja que me gobierne y cuando ya está bien repleto, le reviento. (…) Yo los observo cuando roban, y finjo no ver nada; después les obligo a vomitar todo cuanto me han robado, echando por su garganta, a guisa de anzuelo, una acusación pública.”

Incluso llega a referirse a Atenas como “la ciudad de los papanatas” (o bien “bobalicones”, “boquiabiertos” o “soplapollas”, según se traduzca Κεχηναίων). Vamos, responsabiliza al pueblo de ser inconstante, tontuno y de dejarse cortejar e incluso sodomizar por el politicastro de turno. Nada más cierto.

Los vicios de Cleón son reflejados en los del Morcillero, quien le gana en todos: ladrón, parásito, pervertido sexual, mentiroso. El Coro arremete contra Cleón:

“Coro: ¡lnfame, bribón, charlatán; todo el país está lleno de tu audacia, lo mismo que toda la asamblea, las oficinas de recaudación, los procesos, los tribunales! ¡Removedor de fango, tú has enturbiado la limpieza de toda la ciudad y ensordecido a Atenas con tus estentóreos clamores: tú desde lo alto del poder acechas las rentas públicas, como desde un peñasco acecha el pescador los atunes!(…) Pero ha aparecido, ¡cuánto me alegro!, otro hombre más bribón que tú, que te arrojará del puesto, y, a lo que parece, te vencerá en audacia, intrigas y maquinaciones. (Al Morcillero) Tú que te has criado aquí, de donde salen los hombres que valen algo, demuéstranos cuán inútil es una educación honrada”

El curriculum del Morcillero es así:

“Siervo 1: …¿Pertenecerás acaso a una clase honrada?

Morc: No, por los dioses; pertenezco a la canalla.

Siervo 1: Entonces, oh mortal afortunado, estás ricamente dotado para la política.

Morc: Pero, buen amigo, yo no he recibido la menor instrucción; sólo sé leer, y eso mal.

Siervo 1: Precisamente lo único que te perjudica es saber leer, aunque sea mal. Para gobernar al pueblo no hacen falta hombres provistos de buena cultura y de buena educación. Se necesitan ignorantes que, además, sean unos granujas.

(…)

Morc: …lo que no veo es cómo podré yo ser capaz de gobernar al pueblo.

Siervo 1: Muy fácilmente. Haz lo mismo que ahora: embrolla y revuelve los negocios como acostumbras con las tripas, hazte agradable al pueblo. (…) Tus cualidades son las únicas para ser un demagogo a pedir de boca: voz terrible, naturaleza perversa, impudencia de plazuela; en fin, cuanto se necesita para actuar en política.”

Más adelante:

“Morc: También yo cometía mis fraudes cuando chico. Engañaba a los cocineros (…) y mientras tanto yo les atrapaba las mejores tajadas. (…) La mayor parte de las veces no me veían; pero si alguno lo notaba, escondía la carne entre las nalgas y juraba por todos los dioses que nada tenía. Por lo cual un orador que me vio no pudo impedirse de exclamar, riendo: “Apostaría cualquier cosa a que ese muchacho nos llegará a gobernar”.

Siervo 1: Y acertó en su pronóstico. Se fundaba en que mientras escondías el hurto entre las nalgas lo agravabas con un perjurio.”

Y más adelante aún, en la última disputa con Cleón:

“Cl: …¿a qué escuela acudiste de niño?

Mor: Me educaron a palos en las cocinas.

Cl: … ¿Qué aprendiste del maestro?

Morc: A robar, y a negar el robo mirando a los ojos.

Cl: (…) Y de adulto, ¿a qué te has dedicado?

Morc: Vendo embutidos, y a veces me dejo follar.”

Tal es la catadura de un candidato según Aristófanes. Durante la obra Cleón y el Morcillero mantienen varias parodias de debate electoral, cuyo nivel es éste:

“Morc: Chillaré tres veces más que tú.

Cl: Mis alaridos ahogarán los tuyos.

Morc: Y los míos a los tuyos.”

Nada que envidiar a sus Señorías. Otro fragmento del debate:

“Cl: ¡Miserable! A ti el Pueblo no te cree, y yo me burlo de él cuando quiero.

Morc: ¡Qué seguro estás de dominar al Pueblo!

Cl: Es que sé con qué cebo se le coge.

Morc: Y obras con él como las nodrizas, pues a pretexto de masticar antes la comida, te tragas tres veces más de lo que le das.

Cl: ¡Por Zeus; con mi destreza, al pueblo lo puedo dilatar o estrechar a mi gusto!

Morc: Pues vaya cosa, eso mi ano también sabe hacerlo

(…)

Morc: Haces lo que los pescadores de anguilas: si el lago está tranquilo, no cogen nada, pero cuando revuelven el cieno de arriba abajo hallan buena pesca. Tú también pescas cuando revuelves la ciudad.

Son discusiones que echan por las noticias cada día. En un surrealista momento de la disputa ambos contendientes se van al Congreso a arengar a sus Señorías. El Morcillero vuelve victorioso y cuenta cómo, cuando Cleón estaba pronunciando su discurso, él comenzó a comentar lo baratos que estaban los boquerones en el mercado y al punto los diputados abandonaron corriendo la sesión para ir a comprar boquerones de oferta; el Morcillero les obsequió cilantro y puerros para adobar los boquerones y se jacta de que “así, con dos duros de cilantro tengo comprados a todos los diputados”. Inigualable acidez la de Aristófanes.

Cuando aparece Demos en escena los contendientes se alternan ofreciendo obsequios y promesas cada vez más desvariadas. Al final Demos opta por el Morcillero y destituye a Cleón. La obra podría acabar aquí, pero el autor la prolonga con un acto de rejuvenecimiento de Demos a través de una cataplasma hecha por el Morcillero, quien abandona su postura tunante y vira a la de salvador de la democracia. Así el Morcillero dicta a su rejuvenecido amo una serie de directrices políticas sobre buenas prácticas administrativas, educativas, pacifistas (solicitando la tregua con Esparta) y lo hace jurar no volver a creer en promesas de demagogos.

La obra finaliza con el castigo impuesto a Cleón por sus fechorías, cosa que muchos firmaríamos para aplicarle a más de uno:

“Dm: ¿Qué castigo vas a imponer a ese Paflagonio por su mala conducta?

Morc: Uno pequeño. No le impondré más que el de que ejerza mi antiguo oficio: vender chorizos en las puertas y picar carnes de perros y burros. Cuando se embriague, que riña con las prostitutas; y no beba más agua que la de las bañeras.

Dm: Muy bien pensado; solo merece eso, pasarse el tiempo peleándose con las putas y los mozos de los baños. En recompensa te convido a venir al Gobierno para que ocupes el puesto de ese bribón. (…) Que se lo lleven a donde ha de ejercer su oficio, para que sirva de espectáculo a los extranjeros a quienes tanto maltrataba.”

¿Aristófanes progre y hippie?

Considerando los mensajes de sus obras uno estaría tentado a equiparar a Aristófanes con la actual progresía de las artes escénicas: el “no a la guerra” presente en multitud de sus obras, los derechos de los extranjeros (aunque en la época se consideraba extranjero al griego que vivía en la ciudad de al lado), el “haz el amor y no la guerra” y el derecho a huelga (ambos temas tratados en la obra Lisístrata, donde las esposas de los soldados hacen huelga de piernas cerradas hasta que sus hombres abandonen la guerra), o la permanente crítica al sistema político.

letrero dentro de un taxi en Barcelona

letrero que encontré dentro de un taxi en Barcelona

Sin embargo, resulta que Aristófanes era un auténtico reaccionario, conservador y religioso. Su crítica al sistema democrático y a los políticos demagogos provenía de su adhesión a la oligarquía nobiliaria. Incluso decía preferir un sistema monárquico a una democracia fallida que permitía a políticos sin escrúpulos saquear el dinero público y demás guarrigoñadas. Más que una desafección política global, Aristófanes miraba con nostalgia la entereza de los gobernantes de las generaciones precedentes, de ese glorioso pueblo que se enfrentó y derrotó al Imperio Persa asegurando su libertad.

Tendemos a clasificar las posturas ideológicas en compartimientos cerrados, en packs estándar: la derecha y la izquierda; la derecha tiene que ser plutócrata, católica y centralista; la izquierda pacifista, proabortista, anticlerical; un buen catalán tiene que ser del barça, nacionalista y ver TV3; un ecologista tiene que ser quimiofóbico, vegano y usar alpargatas. Podemos juzgar la ideología de alguien simplemente viendo qué periódico está leyendo.

Las cosas no son así, aunque siempre haya estereotipos, los compartimientos no son cerrados y nadie está obligado a comprar el pack completo aunque así quieran venderlo. Inclinarse sobre un tema basándose sólo en ser de izquierdas o de derechas sin un análisis intrínseco del problema simplemente refleja sectarismo y ausencia de inteligencia.

Estudiar un poco la Historia deja claro cómo siempre se han ido mezclando las posturas ideológicas, como este comediógrafo reaccionario que parece un hippie, y que las etiquetas de este tipo son totalmente absurdas.

Notas:

En este link se puede leer un pdf con el texto completo de Los Caballeros, aunque no está muy cuidado el escaneado y la traducción de algunas expresiones está suavizada. En este vídeo hay un fragmentito de la obra en una puesta en escena en el teatro griego de Epidauro, para quien tenga curiosidad de cómo suena en versión original. Hay otros fragmentos de la misma función en youtube, en algunos hay música, canto y coreografía, recuperando el espíritu original de la escena griega, más cercano al musical que al simple teatro recitado.

Bibliografía:

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