De cuando hubo una epidemia de ceguera y la ideología importó más que la salud (Parte 1)

El ser humano tiene una facilidad impresionante para adherirse a causas con gran vehemencia por el solo hecho de haber sido persuadido de que dicha causa es el único camino válido. El apego doctrinal, sea religioso, político o simplemente territorial, es tan fuerte como para morir y matar en defensa de la ideología, pero también como para dejar que los semejantes inocentes sufran perjuicios como efecto colateral, sin mayor remordimiento, pues vale más una idea que miles de personas y más peso tiene el orgullo de los líderes que la vida de los liderados. Casi cualquier guerra de las habidas es ejemplo de ello: en la Primera Guerra Mundial, ¿qué carajo le importaba el Archiduque de Austria a la mayoría de los combatientes arrastrados al horror del campo? Allí prevaleció el orgullo nacional de los gobiernos involucrados.

Por otra parte, la salud pública ha sido frecuentemente utilizada como instrumento de propaganda para defender o criticar a un Estado a través del bienestar de su población. El grado de manipulación de esta propaganda suele ser directamente proporcional al extremismo y/o totalitarismo de los gobernantes pues, independientemente de la ideología, el maquillaje de números es una herramienta básica.

En este artículo en dos partes quiero recordar un ejemplo real de cómo la salud de una población paga los platos de un gobierno ineficiente (cuya mayor preocupación es la defensa ideológica) y de los serios conflictos con otros Estados interesados en vencer dicha ideología aún a costa de los habitantes sometidos a la misma. Y también es un ejemplo de cómo puede manipularse la información sanitaria para servir a los intereses gubernamentales. Esta historia ocurrió hace 20 años en Cuba; a la sazón era yo estudiante de Medicina en Caracas y recibía información de mis profesores, alguno directamente involucrado. Pero no hablaré de lo que oí en esa época, sino en lo que hay publicado en revistas médicas.

Un brote epidémico de ceguera a gran escala

Una epidemia de ceguera es algo realmente inaudito que hace recordar aquella inquietante novela de Saramago. Exceptuando alguna puntual intoxicación de corto alcance por metanol, y de tres o cuatro episodios históricos conocidos, no es nada normal un brote súbito de pérdida visual en la población.

Pero eso fue lo que comenzó a ocurrir en Cuba a finales de 1991. En el extremo oeste de la isla, una zona dedicada a cultivo tabaquero, aparecieron casos de pérdida visual bilateral que fueron etiquetados de neuritis óptica, uno tras otro, tras otro, tras otro, de modo que saltó la alarma epidemiológica. Adelanto que en el período 1991-1993 se registraron más de 50.800 casos de la enfermedad.[1]

incidencia por regiones de la neuropatía cubana

Incidencia de la neuropatía epidémica cubana según provincias. Fuente: Morbidity and Mortality Weekly Report (MMWR) del CDC.

incidencia de la neuropatía óptica cubana

Incidencia por semana de casos de neuropatía epidémica cubana. Se distingue la forma de neuropatía óptica de la de neuropatía periférica. Fuente Rev Cubana Med Gen Integr 1997.

En poco tiempo se reportaron casos en casi todas las provincias de la isla. Un comité de expertos nacionales intentó identificar la causa, bajo la sospecha oficial de que podía tratarse de un ataque por agentes químicos o biológicos perpetrado por Mister Danger, Bush padre.[2]

“El caso tipo”

El cuadro clínico era el siguiente: pérdida visual bilateral simétrica subaguda secundaria a una neuropatía óptica de predominio axonal con afectación del haz máculo-papilar (palidez papilar temporal, escotomas cecocentrales y discromatopsia); la mitad de los casos presentaron polineuropatía periférica sensitiva y síndrome medular de cordones posteriores. El rango de edad era de 15 a 65 años, más en varones y especialmente en fumadores y consumidores de alcohol de destilación casera. Todos referían pérdida de peso en las semanas previas a la aparición del cuadro neurológico. [3, 4, 5]

Retinografía de un caso de neuropatía óptica epidémica cubana, mostrando la palidez temporal del disco óptico y la falta de fibras ópticas del haz mácula-papilar, más apreciable en la fotografía aneritra (derecha). Fuente Seminars in Ophthalmology, 25(4), 112–122, 2010

Retinografía de un caso de neuropatía óptica epidémica cubana, mostrando la palidez temporal del disco óptico y la falta de fibras ópticas del haz máculo-papilar, más apreciable en la fotografía aneritra (derecha). Fuente: Santiesteban R., Seminars in Ophthalmology, 2010;25:112.

Con leer estos datos, a cualquier neurooftalmólogo le viene a la cabeza una neuropatía de tipo tóxico-nutricional, es decir, causada por desnutrición o déficit vitamínico sumado a ingestión de neurotóxicos como alcohol y tabaco. A tal conclusión llegaron los expertos nacionales tras su estudio, pues no había evidencia de brote infeccioso, intoxicación por pesticidas agrícolas ni dato alguno que sugiriera el uso de agentes rociados por el enemigo del norte. ¿Se trataba, pues, de una epidemia nutricional?

La economía cubana en los años 90

Durante el período 1989-1991 se desmanteló el bloque soviético y el régimen cubano perdió su principal soporte económico. USA aprovechó el alejamiento de la teta rusa para apretar las tuercas de su embargo económico con miras a acabar con los Castro. Hubo racionamiento estricto de la distribución de alimentos, con un aporte calórico limítrofe, hipoproteico y desbalanceado.[2, 6] Únicamente tenían un régimen especial con leche y suplementos vitamínicos los niños, los ancianos y las embarazadas, que fueron los únicos grupos donde no hubo casos de neuropatía óptica epidémica. Tampoco se dieron casos entre miembros del gobierno ni entre extranjeros.

En esos años parecía que la extrema presión gringa iba a acabar con Castro, pero no, aguantó la situación hasta que en la siguiente década logró parasitar a otro país subvencionador, mi Venezuela, gracias a la suicida revolución de Chávez.

“¡Eso es un virus! ¡Encuéntrenlo, mariconsones!”

No serían estas las palabras textuales, pero sí la reacción que tuvo el Comandante cuando recibió el informe del Ministerio de Salud que alertaba del problema nutricional causante de la ceguera. Iracundo manifestó que “en el tercer mundo la gente se muere hambre, pero no se queda ciega”, y como el líder nunca se equivoca, había que identificar un virus por cojones. Se disolvió la comisión, se destituyó la cúpula ministerial y los médicos militares tomaron el control de la epidemia.

En tiempo récord se detectó no un virus sino dos: el Coxsackie A9 (que puede causar meningitis) y el virus Inoue-Melnick (IMV) que mira tú por dónde se había relacionado con una neuropatía mielo-óptica subaguda en Japón en los años 60. Lo curioso es que ambos virus se detectaron en casi el 100% de las muestras de LCR del pequeño número de casos analizados. Y también era extraño que el resto de los parámetros del LCR fueran normales, sin pleocitosis ni ningún otro hallazgo esperable en un proceso viral encefálico.[7]

Pero ello bastó para que Cuba declarara ante la ONU que sufría una epidemia cruel que estaba sacudiendo a su pueblo. El resultado fue una espantada de los turistas, cuya escasez agravó más aún la economía insular.

La llegada de la ayuda internacional

Los médicos militares comenzaron protocolos de tratamiento variopintos: extracto de timo o de placenta, ozono, cámara hiperbárica, magnetoterapia, corticoides, interferones… incluso homeopatía con tabaco ultradiluido. También se probó con alimentación y suplementos vitamínicos, y estos casos eran los que mejoraban. Así que discretamente se comenzó a distribuir píldoras de complejo B entre la población.

En mayo de 1993 llegó a Cuba un amplio grupo internacional de expertos para valorar la epidemia, muchos del CDC y de los INH de Estados Unidos, pero había representación de otros países, incluido mi apreciado Maestro de neurooftalmología Rafael Muci Mendoza [5, 7]. Las conclusiones sobre el origen de epidemia neuropática fueron las siguientes [1, 3]:

  • Los afectados padecían un déficit nutricional, especialmente de vitaminas del complejo B, carotenoides y de algunos aminoácidos como metionina y cisteína.
  • El tabaquismo era un factor importante, pues incrementaba por 30 el riesgo de padecer la enfermedad. También influía la ingestión de alcohol casero.
  • El excesivo de consumo de yuca y casabe afectaba negativamente a través de su aporte de cianoglucósidos (dejémoslo en “cianuro”) con efecto tóxico.
  • Se restaba relevancia a los virus detectados por la incongruencia con el resto de datos. Tampoco había evidencia clara de un efecto de plaguicidas agrícolas u otros agentes químicos.

La comunidad científica abogó para que USA aflojara el bloqueo sobre Cuba [8, 9], incluyendo a los propios médicos gringos que participaron en la misión a Cuba, aunque poco caso se hizo a sus ruegos. Más peso parecía tener la presión de los exilados cubanos en USA. La administración de suplementos nutricionales mejoró la visión en la mayoría de los casos y logró controlar la epidemia.

Esta historia muestra a una población atrapada entre dos fuerzas contrarias, una externa dispuesta a deponer un sistema político que considera inadecuado y otra interna que emplea todos los recursos en el mantenimiento de dicho sistema. ¿Hay un bando de buenos y otro de malos? ¡A cagar! Es la misma basura de siempre repetida a lo largo del tiempo. Esta gente fue llevada a un extremo independientemente de si simpatizaban con el régimen, con el imperio o con la madre que parió a los Panchos.

Me arriesgo a hacer un paralelismo con el asedio de la ciudad de Alesia por Julio César en el 52 a.C. Para poder prolongar su resistencia dentro de la ciudad, el caudillo Vercingetórix echó fuera de Alesia a la población civil no combatiente (mujeres, niños, tullidos, viejos) quienes quedaron atrapados en tierra de nadie entre las murallas de la ciudad y la empalizada de los romanos, que se negaron a socorrerlos. Así estos miles de personas fueron cayendo de hambre y sed a la vista de los de adentro, que “luchaban por su libertad” y de los de afuera, que venían a “pacificar y civilizar”.

He querido refrescar la memoria sobre la Neuropatía Epidémica Cubana a raíz de un florilegio emitido por el que quizás sea el peor demagogo que han cagado las Españas y que no nombro no sea que me interponga un pleito judicial (ver adenda al final). El lumbreras dijo en estos días algo como que hay niños desnutridos en Latinoamérica, pero ninguno es cubano. Quizás tenga razón, pues como vimos antes los niños se vieron protegidos de padecer esta neuropatía carencial, pero se me atraganta que alguien tenga suficiente volumen escrotal para juntar Cuba y Nutrición como buen ejemplo de administración sanitaria.

En el próximo post se comentarán algunas incongruencias al respecto y se mostrarán otros casos de neuropatías ópticas de etiología geopolítica.

LECTURAS ABSOLUTAMENTE RECOMENDABLES:

Podéis leer dos testimonios de primerísima mano de médicos que vivieron este proceso desde dentro, además son de acceso libre:

  • Coutin-Churchman P. The “Cuban Epidemic Neuropathy” of the 1990s: A glimpse from inside a totalitarian disease. Surg Neurol Int 2014;5:84. [Artículo muy reciente, escrito por un neurofisiólogo cubano integrante del comité local de estudio de la epidemia, y ahora afincado en la UCLA. Relata con claridad y mordacidad el papel de las autoridades durante la epidemia.]
  • Muci-Mendoza R. Neuropatía óptica cubana. Parte I: Relato de una vívida experiencia personal. Gac Méd Caracas 2001;109:270-275. Parte II: Aspectos neuro-oftalmológicos, neurológicos, nutricionales e históricos. Gac Méd Caracas 2002;110(2):188. [Escrito por mi profesor, quien participó en la comisión internacional. La primera parte es una suerte de diario que relata a lo que se enfrentaron los “invitados” extranjeros. La segunda es una revisión clínica de la entidad.]

Otros artículos de interés (algunos de acceso libre):

[*] Adenda julio 2016: ahora sí nombro abiertamente al infame demagogo que por pudor soslayé hace 2 años cuando publiqué el post, aunque obviamente me refería al narciso sociópata de Pablo Iglesias Turrión de sus cojones. Abundantes muestras ha dado del peligro que representa, de su grado de mezquina demagogia y de que por más que juntes a mil putas, entre todas no paren a un maldito de ese calibre.

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2 comentarios en “De cuando hubo una epidemia de ceguera y la ideología importó más que la salud (Parte 1)

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