Sobre testículos, hábitos, prisas y patadas al lenguaje en la jerga científica

El extraño título de esta entrada, bastante absurdo, es reflejo del absurdo que supone el uso frecuente de ciertas expresiones dentro de la jerga científica: concretamente me refiero a los palabros testar, customizar y randomizar, cuyos orígenes se relacionan con los términos mencionados en el título.

Si bien los neologismos y los préstamos lingüísticos son elementos enriquecedores y dinamizadores del idioma, es deseable que los nuevos términos cumplan unas condiciones mínimas para ser aceptables, como que no haya palabras equivalentes en el idioma propio, o que la nueva expresión sea mucho más descriptiva o elocuente que cualquiera de sus similares nativos.

En la jerga técnica y científica abundan los anglicismos, como es lógico y hasta necesario, pero también los calcos gramaticales y semánticos del inglés, casi siempre desafortunados, como los ejemplos comentados a continuación.

Está testado, lo juro por mis huevos

El verbo testar existe en castellano y significa hacer testamento o declarar como testigo. En la moderna jerigonza científica se usa ‘testar’ para indicar que algo se ha probado en un ensayo de laboratorio o clínico: “El efecto de la inhibición de los canales de calcio fue testado en cultivos de células PC12…”

Se trata de un calco semántico del inglés to test, que sí significa probar u obtener prueba. La palabra ‘test’ está aceptada en el DRAE únicamente para referirse a las evaluaciones donde se selecciona una respuesta entre varias posibilidades, no como sinónimo de probar.

La etimología de test es diferente del origen del correcto verbo testar y sus términos relacionados: testamento, testigo o testificar. El inglés test deriva del latín testum, vasija o vaso de barro (tiesto), también aplicado a concha u otras partes duras, de donde terminó por aplicarse a la cabeza y de allí proviene testa, testuz o testarudo.

Durante la Edad Media se derivó de testum la acción de analizar la pureza de los metales preciosos, pues se usaban recipientes cerámicos para hacer los estudios. Así tenemos test (in), tester (fr), testar (pt) o testare (it), para referirse al ensayo de una sustancia. Aún estando en los idiomas vecinos, el término no arraigó en castellano, en el cual se emplea ensayar (nota: véase la adenda más abajo). También esta palabra se relaciona con el análisis de los metales, pues ensayo deriva del latín exagium, acto de pesar o estudiar algo, específicamente aplicado a metales. Del primitivo testum de barro para hacer exagium provienen los actuales test-tube o tubos de ensayo.

Testar no es sinónimo de probar

Mejor que ‘testar’ o ‘testear’, es ‘probar’ o ‘ensayar’. En español testar significa hacer testamento y se origina de la misma raíz que testigo y testículo. El inglés ‘test’ deriva de los recipientes cerámicos donde se analizaba el metal, que en latín se llamaba ‘testum’.

Por otra parte, el origen de testar y testificar, así como su relación con el testículo resulta más confusa. El nombre latino del sacro órgano huevil era testis y así se sigue nombrando en la Nómina Anatómica Internacional, mientras que testículo sería el diminutivo de testis. El término latino para testigo es teste/testi, según declinación.

Abunda por internet, incluso en algún libro serio, la anécdota de que los antiguos romanos prestaban juramento como testigos apretándose los huevos con la mano, y de allí vendría el origen común de testículo y testigo. A primera vista parece un hecho plausible (a pesar de lo dificultoso de asir la huevada a través de la toga), pero me extraña no haber leído nunca nada sobre este tipo de juramento en las fuentes originales, cosa corroborada por otros frikis del mundo antiguo. Y mira que en la literatura romana hay juramentos a cascoporro, la mayoría sobre dioses (que para eso tenían un panteón enorme), o con el gesto de arrojar una piedra, o las mujeres que juraban por su cabellera. Pero de jurar por el paquete nada.

Testis parece provenir de ‘tristris’, de la raíz indoeuropea ‘tri’, en referencia a la tercera persona que intervenía en algo, es decir, al testigo del hecho. Resulta curioso que el nombre de un órgano par provenga de la raíz para ‘tres’. Una máxima jurídica dice “Testis unus, testis nullus”, es decir, “un solo testigo no es testigo”, en el sentido de que no basta la acusación de una sola persona mientras no se apoye en un tercero. Que los testimonios tuvieran que venir a pares, como las colganderas gónadas, no se sabe si influyó en el nombre testicular. Reputados lingüistas dicen que los testículos “atestiguan la virilidad” y de allí el nombre. Otra posibilidad, más que probable, es que el término gonadal y el jurídico fuesen independientes pero homófonos, y ello se prestara a juegos de palabras, como puede comprobarse en la literatura romana.

En cualquier caso, volviendo al argot científico, la corrección obliga a emplear ensayar o probar en vez de testar, para no tocar los testes a quienes apreciamos el lenguaje pulido.

Adenda diciembre 2015: en la edición del Tricentenario del Diccionario de la RAE se ha incluido la palabra “testar”, definida como “someter algo o a alguien a un control o prueba”. Así que toda la disertación anterior se queda en bragas. Dado el origen latino de la palabra (aunque en el DRAE se especifica su procedencia del inglés) y que es un vocablo ampliamente utilizado, resulta adecuada su inclusión. Aunque yo seguiré siendo más de “ensayar”.

Expresiones customizadas

Lo de customizar es una auténtica aberración sin sentido ni justificación, a pesar de lo cual su uso es extenso no sólo en ambientes técnicos, sino en moda, diseño y otras áreas. El palabro es un desagradable calco del inglés custom, término para hábito, cosa acostumbrada o hecha al uso, pero también para algo hecho a la medida de una persona.

No diga 'customizar' sino 'personalizar'.

No diga ‘customizar’ sino ‘personalizar’. El inglés ‘custom’ se origina del término latino para ‘costumbre’, posteriormente derivado a algo hecho a medida.

La etimología de custom es la misma que la de costumbre en español, costume en italiano o coutume en francés: todas derivan del latín consuetudo/consuetudinis, con significado de práctica habitual, uso tradicional de algo. De este mismo origen proviene costume en inglés y francés, es decir, el hábito o traje de una persona. Cuando este traje se hace a medida entonces el costume es customized, de donde hemos pillado el mal uso lingüístico.

La palabreja no existe en nuestro idioma ni como verbo ni como sustantivo, y esperemos que la Real Academia no la incluya en el futuro, pues para eso contamos con ‘personalizar’ y ‘personalizado’, que son las expresiones correctas para referirnos a algo hecho a medida.

“Random jacta est”

El inglés random significa al azar, aleatorio. En este sentido se aplica a la distribución no sistemática o aleatoria de las muestras o individuos dentro del diseño de un estudio científico. De allí se han adoptado, infaustamente, términos como randomizar o randomizado para designar los estudios con muestreo aleatorio.

Esta palabra inglesa no tiene origen latino, como las anteriores, sino viene del sajón rinnan, que significa correr, ir con prisa, y de la cual también se origina run. Así que random era hacer algo con prisa, sin meditación, al tuntún y, por extensión, al azar.

En nuestra adorada lengua contamos con ‘azar’ y ‘aleatorio’, ambas palabras relacionadas con los dados. El nombre del dado en latín era alea, de modo que cuando Julio César soltó aquello de “alea jacta est”, literalmente dijo “los dados están lanzados” o “eché los dados”, aunque se traduzca como “la suerte está echada”.

Por su parte ‘azar’ proviene del vocablo árabe para dado, y más específicamente para la cara desfavorable del dado con la que se perdía la jugada; de modo que ‘azar’ estrictamente se referiría a la suerte adversa (de allí lo de ‘azaroso’).

No diga 'randomizado' sino 'aleatorio'

No diga “estudio randomizado”, sino “estudio con muestreo aleatorio”. ‘Random’ es un término inglés que deriva de una cosa hecha con prisa. ‘Aleatorio’ proviene de ‘alea’, nombre del dado en latín. ‘Zahr’ era la palabra árabe para flor (de donde deriva ‘azahar’) y también se usaba para designar la cara del dado con la marca que hacía perder la jugada, de allí ‘azar’ y ‘azaroso’.

De modo que no hay ninguna necesidad de usar random, randomizar o randomizado, teniendo no uno sino dos términos propios: azar y aleatorio (y más sinónimos, como fortuito y casual, no muy aplicables en este caso). Lo malo es que nuestro DRAE no incluye el verbo aleatorizar, cosa que sería deseable para poder hablar con propiedad de estudios aleatorizados, en vez de estudios aleatorios (que suena como si salieran de chiripa) o azarosos (aunque muchos así lo sean).

Que seamos de ciencias y no de letras no sirve de excusa para patear el idioma. La elocuencia suele ser signo de preparación, inteligencia y distinción. Se puede ser científico y elegante a la vez.

Adenda diciembre 2015: en la edición del Tricentenario del Diccionario de la RAE se incluye, ¡hosanna!, el término aleatorizar, definido como “someter algo o a alguien a un proceso aleatorio”. Así que lo de ‘randomizado’ sigue siendo para patada en el perineo.

 

Anuncios

9 comentarios en “Sobre testículos, hábitos, prisas y patadas al lenguaje en la jerga científica

  1. Muy interesante y divertido el artículo. 🙂

    Aunque por mi parte también tengo una corrección sobre tu texto: en español se dice ‘diferente de’, no ‘diferente a’. Lo último es un anglicismo. 😉

    Me gusta

  2. Hola.

    Soy programador informático y, en mi campo, también se utilizan esas expresiones, entre otras muchas.

    De más está decir que me provocan malestar físico (no exagero) cada vez que las oigo, como si tuviese algo putrefacto en el estómago, a punto de reventar.

    Parece que, quien las usa, desea demostrar algo (¿que sabe inglés? ¿que no sabe castellano?…) pero lo cierto es que, para el que lo escucha (o, al menos para mi), es patético que se pretenda «ampliar» el idioma, introduciendo extranjerismos, cuando no se sabe utilizar correctamente.

    El peor efecto se produce cuando el personaje que utiliza esos términos (que, según su oído, pronuncia correctamente «en inglés») tiene serios problemas para expresarse y, sobretodo, pronunciar bien el castellano.

    Me gusta

  3. ¡Muy buen blog y gran artículo!
    Aprovechando el tema… ¿Qué hay del gran falso sinónimo “severo” ? Las enfermedades no son severas sino graves, severo es una cuestión de carácter como lo serían los profesores de los colegios antiguamente. Pero probablemente es el falso sinónimo más extendido en la literatura médica. La RAE especifica claramente que no debe confundirse con el ingles “severe”.
    Da para que hagas un artículo únicamente del tema o almenos una ampliación de éste.
    Un saludo

    Me gusta

    • Pues tienes toda la razón. ‘Severo’ es un calco del inglés ‘severe’. En dicho idioma sí tiene significado de enfermedad grave o crítica, pero en castellano ‘severo’ no tiene tal acepción.
      Este anglicismo está sumamente arraigado en la profesión (me declaro culpable de usarlo, aún a sabiendas de su incorrección). Me lo apunto para futuro post.
      Muchas gracias.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s