Epónimos: Heinrich Müller (el bueno, no el de la Gestapo)

Sirva esta entrada como homenaje al anatomista y fisiólogo Heinrich Müller (1820-1864) en los 150 años de su deceso. Este hombre de ciencia se dedicó a la anatomía comparada y estuvo especializado, casi exclusivamente, en el aparato visual. No hay mucho de donde rascar en su corta biografía; la búsqueda de información resulta interferida por los numerosos Heinrich Müller que han existido, de los cuales el más famoso es el nazi, oficial de las SS y jefe de la Gestapo. Recordemos, pues, al Müller bueno y sus contribuciones a la eponimia oftalmológica.

Heinrich Müller, retrato y fotos de células de Müller

Heinrich Müller y sus células retinianas. Imagen extraída del libro monográfico de A. Reichenbach.

Datos biográficos

Heinrich Müller nació el 17 de diciembre de 1820 en Castell, un pueblo del sur de Baviera. Allí pasó sus primeros 18 años, hasta que se matriculó en la vecina Universidad de Múnich. Durante los siete años siguientes hizo sus buenos erasmus en otras universidades: Heidelberg, Friburgo, Viena y Wurzburgo. Entre sus profesores destacan ni más ni menos que Carl von Rokitansky (el padre de la anatomía patológica, ahí es nada), Jakob Henle (el del asa, ilustrísimo histólogo) y Friedrich Arnold (el del nervio auricular).

En 1847 entró a trabajar en la Universidad de Wurzburgo y allí permaneció hasta su temprana muerte. En 1849 tuvo la intención de ocupar la jefatura de Anatomía Patológica, pero la Facultad optó por darle el puesto a un chaval arribado por motivos políticos desde Berlín: Rudolf Virchow (como para presentarse a un concurso a lado de éste). El puteado Müller se tuvo que dedicar a impartir Anatomía Topográfica y Anatomía Comparada.

A partir de 1851 se centró en estudiar el ojo. Probablemente ya se había interesado por la microanatomía ocular en sus tiempos con Henle, pero a partir de 1854 pasó temporadas en Berlín con von Gräfe y mantuvo contacto con Arlt y Bowman. Estudió ojos humanos y de otros mamíferos, anfibios, reptiles y aves. Realizó numerosas investigaciones sobre la organización de la retina, incluyendo la descripción de las ahora llamadas células de Müller y del pigmento retiniano (“Zur Histologie der Netzhaut”. Zeitschrift für Wissenschaftliche Zoologie, 1851, 3: 234-237). También describió el receso supraquiasmático del tercer ventrículo (trígono de Müller) y los tres músculos oculares que llevan su nombre y que trataremos en breve.

Sus trabajos oftalmológicos fueron recopilados y editados por Otto Becker en 1872, bajo el título de “Heinrich Müller’s Gesammelte und Hinterlassene Schriften zur Anatomie und Physiologie des Auges”, disponible en pdf para los curiosos en este link. El primer capítulo es una biografía de Müller.

En otros campos, estudió la regeneración de la cola de la lagartija, la osteogénesis y su relación con el raquitismo, y quizás su hallazgo más relevante, el descubrimiento de la actividad eléctrica del corazón. Müller y su colega, el suizo Rudolph Albert von Kölliker (1817-1905) publicaron en 1856 un trabajo describiendo cómo con cada latido del corazón de la rana ocurría una oscilación de corriente eléctrica (“Nachweis der negativen Schwankung des Muskelstroms am naturlich sich contrahirenden Muskel”. Verhandlungen der Physikalisch-medizinische Gesellschaft, Würzburg, 1856, 6: 528-533). Téngase en cuenta que a mediados del s.XIX la electricidad era una ciencia emergente, y la bioelectricidad era más curiosidad que ciencia.

En un miserable pitorreo del destino, Müller sufrió a sus 43 años un zóster oftálmico, que terminó en coma y fallecimiento el 10 de mayo de 1864.

ilustración de la retina, original de H. Müller

Ilustración de las capas de la retina de ave y algunos de sus tipos celulares, en el volumen recopilatorio de los trabajos oftalmológicos de Müller de 1872 (ver el libro)

La retina de Müller

Gran parte de su obra está dedicada a la organización de la retina de los vertebrados y en sus ilustraciones aparece con detalle la estructura por capas de la retina, la arquitectura foveal y la descripción de múltiples variedades celulares. La retina es una porción del cerebro que se asoma directamente al exterior y, como parte del sistema nervioso central, está formada por un buen número de tipos diferentes de neuronas y por células gliales.

La glía o neuroglía se refiere a las células del sistema nervioso que no son neuronas y, por tanto, no tienen capacidad de transmisión sináptica. El término fue acuñado por Virchow, el rival de Müller, a partir de γλία (pegamento), raíz griega emparentada con el latín gluten/glutinis y origen de palabras como ‘aglutinar’, ‘glutinoso’, ‘gluten’ o el inglés ‘glue’. Es decir, las células de la glía sujetan la estructura del tejido nervioso.

células de Müller de la retina, inmunofluorescencia

Tinción por inmunofluorescencia de la retina, mostrando las células de Müller en rojo. En la parte inferior destacan en verde los segmentos externos de los bastones. Foto original, como no, de Reichenbach, vía neurophilosophy.wordpress.com

Müller describió un tipo de célula retiniana no neuronal de aspecto llamativo: eran células en forma de columna, cuya altura ocupaba casi todo el espesor de la retina, desde la membrana limitante interna hasta la limitante externa. Estas células de Müller son la glía por excelencia de la retina.

Tienen múltiples funciones: sostén estructural de las demás células retinianas (vertebrando auténticas unidades junto con sus células “protegidas”), soporte metabólico a las neuronas, procesamiento de retinoides, eliminación de desechos, barrido de exceso de neurotransmisores, neuroprotección y, la función más curiosa que se les adjudica, actúan como “fibras ópticas” colimando los haces luminosos y transmitiéndolos hasta la capa de los fotorreceptores (ver un artículo).

La retina cuenta con otros dos tipos de glía: los astrocitos (ubicados en la capa de los axones de las células ganglionares) y la microglía (son macrófagos residentes en el sistema nervioso).

Para saber más, pero que mucho más, sobre estas células recomiendo consultar las numerosas publicaciones de Andreas Reichenbach, un obsesivo de las células de Müller, en especial su libro monográfico Müller Cells in the Healthy and Diseased Retina.

El otro gran descubrimiento retiniano de Müller fue el pigmento de los fotorreceptores. En 1851 apuntó que en la capa de bastones de la rana se percibía un color rojizo. No se supo más del tema hasta que Franz Christian Boller observó en 1876 que ese pigmento cambiaba de rojo a amarillo según su exposición a la luz. Ésta era la “púrpura visual”, la importante rodopsina.

El músculo ciliar de Müller

Apuntamos antes que este autor describió tres estructuras musculares en el territorio ocular: los músculos ciliar, tarsal y orbitario, todos formados por células musculares lisas con inervación autonómica.

ángulo iridocorneal, músculo ciliar de Müller

Área del ángulo iridocorneal del ojo. Se muestra la sección de las fibras circulares y radiales del músculo ciliar. Imagen original de www.ilustracionmedica.es.

El músculo ciliar está incluido dentro del cuerpo ciliar y es el responsable principal del mecanismo de acomodación para el enfoque de imágenes a diferentes distancias. Para enfocar de cerca el músculo ciliar se contrae y la zónula del cristalino (fibras que mantienen esta lente centrada en su posición) se relaja, esto aumenta la curvatura del cristalino y lo adapta a un punto focal próximo. La pérdida de poder acomodativo es la inevitable presbicia que a todos nos toca a partir de los 40.

El músculo ciliar tiene dos tipos de fibras, unas radiales que se insertan en el espolón escleral, y otras circunferenciales más próximas a la zónula del cristalino. Éstas últimas son las conocidas como músculo de Müller o de Müller-Rouget (por Charles Marie Rouget, 1824-1904).

El músculo tarsal de Müller

músculo taras de Müller

Disección de músculo tarsal superior de Müller. Extraído del artículo de Esperidião et al. Anat Sci Int (2010) 85:1–7

De los músculos de Müller éste es el de más relevancia en la práctica clínica, en especial en cirugía oculoplástica. De hecho, quienes nos dedicamos a ello simplemente hablamos “del Müller”, a secas.

Se trata de una lámina de fibras musculares lisas ubicadas por detrás del músculo elevador del párpado superior y que contribuye de forma tónica a un par de milímetros de la apertura palpebral. Su sobreactivación por el sistema simpático induce la retracción de los párpados típica de la cara de susto. Hay un músculo similar en el párpado inferior, pero mucho menos desarrollado. Müller describió tanto el superior como el inferior, aunque el epónimo se lo lleve el de arriba.

En casos de retracción constante del párpado superior, como en personas con hipertiroidismo, se puede practicar una müllerectomía, es decir, resecar este músculo para corregir el problema. Por el contrario, en algunos casos de ptosis (párpado descendido) se realiza una conjuntivomüllerectomía o técnica de Putterman, para elevar el párpado superior (ver artículo).

El músculo orbitario de Müller

Es el más desconocido de los tres, y de significado funcional más que dudoso. Se trata de un filete muscular que cierra la hendidura orbitaria inferior, separando la órbita de la fosa infratemporal. Guarda estrecha relación con los nervios infraorbitario y cigomático. Se considera un vestigio “arqueológico” en el humano, pero está muy desarrollado en otros mamíferos (perros y gatos, por ejemplo), donde este músculo cierra las paredes orbitarias inferior y lateral. En otros vertebrados se trata de un músculo estriado bien desarrollado.

músculo orbitario de Müller, nervio infraorbitario

Músculo orbitario de Müller, tapizando la hendidura esfenomaxilar que separa la órbita de la fosa pterigopalatina. Se observa su inserción en el extremo del seno cavernoso y la relación de este músculo con el nervio infraorbitario, que pasa por su cara inferior, y con el nervio cigomático que lo atraviesa.Imagen original de www.ilustracionmedica.es.

En cirugía orbitaria oftalmológica el músculo orbitario de Müller no tiene demasiada relevancia práctica, pero sí resulta una referencia muy útil cuando se aborda la base del cráneo por vía endoscópica a través del seno maxilar (ver artículo).

Éste es, pues, el legado de Heinrich Müller. Habitualmente los retinólogos y los oculoplásticos estamos en los extremos opuestos del espectro oftalmológico y con frecuencia vemos a los del otro bando como “gente peculiar”. La verdad es que muchos oftalmólogos no caemos en la cuenta de que las células retinianas y el socorrido músculo palpebral se relacionan con el mismo Müller.

En cuanto al nazi Heinrich Müller (1900-1945?), conocido coloquialmente como Gestapo Müller, sí que hay abundantísima información disponible en la red. Entró en las SS en 1934 y se encargó de la Gestapo desde 1939. Allí participó en la persecución de judíos y comunistas, de hecho se considera parte activa en la “solución final”. Su último acto de servicio documentado fue a finales de abril de 1945 y consistió en cepillarse, tras juicio sumario, al desertor cuñado de Eva Braun, H. Fegelein. Allí se perdió su pista y se supone que murió de forma violenta en mayo del 45. Sin embargo siguió y ha seguido siendo buscado por el Mossad y la CIA, para placer de los aficionados a las conspiraciones históricas, pues abundan las teorías sobre su paradero. La última de éstas data de 2013 y cuenta que el cuerpo de Gestapo Müller fue depositado provisionalmente en el cementerio judío de Berlín (el mismo que las SS habían destruido en 1943), pero allí se quedó hasta hoy.

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