Nomofobia: una cagarruta etimológica

Quienes escriben en medios de comunicación anglosajones suelen ser bastante aficionados a crear neologismos por contracción de palabras, como “phablet”, “brunch”, “Brangelina” y demás ridiculeces. Sin embargo lo de arrejuntar palabras para crear nuevos conceptos puede ser un buen sistema y numerosas palabras que tenemos por cotidianas tuvieron tal origen, por ejemplo informática (origen francés, información + automática) o transistor (origen inglés, transfer + resistor).

Una de estas invenciones es la “nomofobia”, pretendido término para describir una patología psicológica derivada de la mala adaptación mental a las nuevas tecnologías de la comunicación. En la utilísima y recomendable web de Fundéu (Fundación del Español Urgente), dan por bien construido este término, como puede leerse en su entrada al respecto.

Sin aspirar a corregir a los lingüistas de Fundéu, indigno soy de intentarlo, sí quiero revisar la etimología de semejante palabro y opinar sobre lo inconveniente de su uso en Medicina.

adicción a redes sociales

La dependencia o adicción a las tecnologías de comunicación global es una circunstancia psicológica emergente, que requiere una seria investigación psiquiátrica, pero también una terminología adecuada. (Imagen vía bryankaye.files.wordpress.com)

Nomofobia no significa “miedo a estar sin móvil”

Por todo internet se lee que la nomofobia es ese frecuente estado de ansiedad que a muchos nos asalta cuando nos vemos impedidos para usar el teléfono móvil, sea por olvidarlo en casa o quedarnos sin señal, batería o saldo. Es indudable que tal estado de aprehensión existe, lo mismo que la dependencia de los móviles, y quien más quien menos consulta con cierta obsesión su teléfono para ver cuántos wasapes le han entrado o se siente desnudo cuando viaja al exterior y restringe el uso de datos. Ya hemos hablado aquí de cuánto mandan los móviles en la vida real.

Pero ¿por qué se ha llamado nomofobia a esta condición? Resulta que viene del inglés nomophobia, contracción de no mobile phone” + phobia. ¡Chúpate esa mandarina! Pretender construir así el nombre de una supuesta condición clínica es una gilipollez de nivel cósmico.

Al parecer tan malsonante palabro se acuñó en 2008 como resultado de un “estudio” elaborado por la UK Post Office, reseñado en su momento por la prensa mundial (3, 4) pero cuyo original me ha sido imposible encontrar por la red. Se elaboró mediante encuesta online a unos 2100 voluntarios británicos, a quienes se interrogó sobre las situaciones de ansiedad relacionadas con el uso del móvil. El resultado fue que el 53% de los encuestados sentían estrés cuando no podían usar sus teléfonos. De allí aparecieron titulares como “13 millones de británicos sufren nomofobia (5)”, “el mal del siglo XXI” y demás amarillismos.

El portavoz del supuesto estudio era Stewart Fox-Mills, encargado de marketing y media manager de la UK Post Office, un perfil de profesional hábil en inventar este tipo de conceptos pegadizos a la par de incorrectos.

Nomofobia significa miedo a la ley

Si partimos de la buena práctica de bautizar las fobias con su equivalente en griego, resulta que nomo (en griego νόμος) significa literalmente “ley” y por tanto nomofobia sería el temor a la ley. Sin duda debe haber muchos con aversión a las leyes, considerando la cantidad de gente que se pasa las leyes y los reglamentos por el área ano-genital. De modo que usar el término como miedo a la falta de móvil es una auténtica cagarruta etimológica sin paliativos.

nomofobia es una cagarruta

Por su etimología “nomofobia” significa “miedo a la ley”. Aceptar este neologismo como “fobia a estar sin móvil” atenta contra las reglas de nomenclatura científica. Bien podría llamarse “asindesiofobia” o “asindesmofobia”, considerando que la angustia radica en quedasre desconectado. (imagen original de Ilustración Medica)

La raíz nomo la encontramos, por ejemplo, en “nomograma” (gráfico que permite comparar una magnitud con los valores normales o “reglamentarios”), en “astronomía” o en “gastronomía”.

Inciso: a los aficionados al Egipto faraónico les sonará el término Nomo, pues era el nombre de las jurisdicciones o distritos en que se dividía el territorio egipcio. El nombre original era hesp y nomo es su interpretación en griego. Había 20 nomos en el Bajo Egipto y 22 en el Alto Egipto, aunque los números fluctúan según épocas y fuentes. Cada nomo estaba bajo el mando de un nomarca designado por el Faraón a modo de gobernador. Durante los inestables períodos intermedios era frecuente que algunos nomarcas se convirtieran en reyezuelos y lucharan entre ellos.

La angustia de separación del móvil es real

Insisto, no pongo en duda la veracidad del trastorno sino critico el ridículo bautizo que ha sufrido. Se comprende que el apelativo erróneo surgiera del mundo del marketing y los social media, ajenos a las ciencias psiquiátricas, pero no se justifica su difusión y menos su inclusión en la jerga médica.

En el momento que escribo esta entrada solamente hay tres artículos en PubMed que incluyen nomophobia, todos en revistas de psicología. Dos son de un grupo de Río de Janeiro (éste de acceso libre), donde usan como referencias del término fuentes tan “científicas” como la Wikipedia y el tabloide Daily Mail. El tercero es de la Universidad de Génova y su preocupante título es “A proposal for including nomophobia in the new DSM-V” (acceso libre).

Además hay otro trabajo en Review of Progress, revista no indexada, y se le dedica un capítulo entero en la Encyclopedia of Mobile Phone Behavior (Zheng Yan, editor, Universidad de Albany). En ninguno de estos artículos se hace opinión crítica del neologismo.

Sin duda las consecuencias psíquicas de las tecnologías de la comunicación entrarán antes o después en el chuletario DSM, pero espero que bajo una terminología correcta. Otros han propuesto “cellphobia”, con lo que seguimos ante un neologismo de etimología indebida; o bien emplean apelativos como “angustia de separación del móvil”, “dependencia del móvil” o “adicción al móvil”, mucho más apropiados.

Quienes sufren el trastorno no limitan su afición al teléfono celular, sino es extensible al ordenador, la tableta o cualquier modo de acceder a la comunidad global virtual, que al final es lo que engancha: el acceso a las redes sociales, servicios de chat o vil navegación por la web. El miedo más que a no tener móvil es a estar desconectado del mundo virtual. Si quisiéramos crear un neologismo podríamos emplear el griego para ‘conexión’ (σύνδεση) o ‘enlace’ (σύνδεσμος, aunque sindesmo- se asocia con ligamento anatómico) y hablar de asindesiofobia, aposindesiofobia, asindesmofobia o, incluso, asinaptofobia.

En el próximo post abordaremos la cibercondría, otro de estos nuevos trastornos tecno-patológicos con nombres rimbombantes y de equívoca construcción.

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Un comentario en “Nomofobia: una cagarruta etimológica

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