Cibercondría o hipocondría 2.0

Las nuevas tecnologías traen nuevas opciones, nuevas conductas y modas, nuevas palabras y hasta nuevas enfermedades. En un cibermundo donde todos somos cibernautas es obligado que existan ciberpatologías.

Se viene llamando cibercondría a la forma de hipocondría donde el afectado alimenta sus temores sanitarios a través de la información extraída de internet. Como cualquier otro hipocondríaco, el cibercondríaco sufre un estado ansioso derivado de malinterpretar síntomas (reales o no) con la persistente creencia de tener una dolencia grave que acabará consigo, por lo que busca información y consejo en la abundantísima oferta online en temas de salud. ¿Es realmente el cibercondríaco algo diferente a la hipocondría habitual y requiere de un apelativo nuevo?

Hipocondría e hipocondrios

El término ‘hipocondría’ es un vestigio médico arqueológico que proviene de la antigüedad clásica. Deriva de ‘hipocondrio’, literalmente “bajo el cartílago”. De las nueve regiones en que se divide la topografía abdominal, los hipocondrios corresponden a las dos esquinas superiores, derecha e izquierda, ubicadas justo bajo los cartílagos costales, de allí su nombre.

¿Y qué tiene que ver esto con los síntomas de la hipocondriasis? Pues proviene de la antiquísima teoría hipocrática de los cuatro humores (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra), a cada uno de los cuales se les atribuía un tipo de personalidad y estado anímico.

En el hipocondrio derecho está el hígado, productor de bilis, en griego χολή (choli) raíz que aparece en cólico, colédoco, colestasis o coluria, pero también en cólera y colérico, precisamente el tipo de carácter donde predomina la bilis amarilla según la teoría humoral.

En el hipocondrio izquierdo está el bazo, órgano que según aquella teoría producía la bilis negra, en griego μελαγχολία, literalmente ‘melancolía’, humor relacionado con estados anímicos tristes y depresivos.

Los clásicos se refirieron como hipocondríacos a aquellos pacientes con molestias abdominales que asociaban trastornos del estado de ánimo. A saber si en este grupo caía cualquier enfermedad ulceropéptica, colon irritable, enfermedad inflamatoria intestinal o dispepsias menores. Bien se sabe la relación del estrés con los trastornos gastrointestinales.

Hipocondría: la histeria de los hombres

Tras Galeno el término vuelve a aparecer en escritos de Alejandro de Tralles (s.VI d.C.) y en algún autor medieval. Se consideraba la hipocondría como un trastorno físico y no mental, lo mismo que la histeria, cuyo origen se atribuía al útero (υστεροσ, histeros). De hecho se tomó la hipocondría como la versión masculina de la histeria, y así lo enseñaba el gran Sydenham.

Portada de la traducción de J. Alsinet del libro de Pierre Pommé sobre hipocondría e histeria, publicado en 1794. (ver facsímil en )

Portada de la traducción de J. Alsinet del libro de Pierre Pommé sobre hipocondría e histeria, publicado en 1794 (ver facsímil en babel.hathitrust.org).

Por curiosidad podéis hojear el libro “Nuevo método para curar flatos, hypocondría, vapores y ataques hystéricos” de Pierre Pommé, traducido al español por José Alsinet en 1794, disponible aquí, con pintorescas teorías sobre el origen y cura de estos males.

Por esos mismos tiempos estaba el alemán Hahnemann maquinando su propia teoría salud-enfermedad a la que llamó homeopatía. Las hipótesis de entonces se basaban en el limitado conocimiento de la época y en principios filosóficos más que científicos. Lógicamente, ahora las suposiciones sobre “vapores y flatos” nos mueven a hilaridad por su falta de fundamento. Esa es la diferencia entre la Ciencia y las posturas pseudo-religiosas de los seguidores de Hahnemann.

A principios del s.XX ya tenía la psiquiatría una solidez propia que le permitió incluir la hipocondría como una condición mental de tipo neurótico. Actualmente la hipocondría se clasifica en el epígrafe 300.7 del DSM-IV, dentro de los trastornos somatomorfos, junto con la somatización, la conversión, el pánico y el trastorno corporal dismórfico (que tanto ha lucrado a los plásticos).

¿Es correcto hablar de “cibercondría”?

A diferencia del nefasto y sinsentido término “nomofobia” del que hablamos previamente y cuya incorrección denuncio abiertamente, con “cibercondría” tengo más dudas sobre si es adecuado o no.

Comencemos por la raíz “ciber-“, tan abusada en el ámbito tecnológico. El origen de ‘cibernética’ es el griego κυβερνητική, que significa ‘pilotar una nave’; la raíz kyber- pasó al latín como guber- de donde viene ‘gobierno’ y ‘gobernar’. En los años 50 se aplicó ‘cibernética’ a la naciente rama tecnológica que buscaba aplicar los mecanismos de control y mando propios de los organismos vivos a los sistemas mecánicos o eléctricos, incluyendo así a la robótica y a la inteligencia artificial. Actualmente le añadimos ciber- como prefijo a cualquier situación en la que haya un ordenador por medio, así sea a una cafetería.

Como era de esperar lo de “cibercondría” no es un neologismo proveniente de la ciencia, sino del periodismo. Aparentemente lo acuñó la periodista Ann Carrns en el artículo “On the internet, diseases are rampant, playing to worries of hypochondriacs” de 1999 en el Wall Street Journal.

Si nos ceñimos a la pura etimología, la cibercondría hace pensar en cosas tan bizarras como un cartílago computadorizado o algún tipo de servomecanismo basado en el cartílago… En la web de Fundéu se da por bueno el palabro “cibercondría” y aconsejan escribirlo sin comillas ni cursiva; también sugieren los términos “ciberhipocondría” e “hipocondría digital”. La verdad serían preferibles estas dos últimas opciones, mucho mejor construidas que no la forma más contraída.

La información hace al hipocondríaco

Una discusión aún no cerrada entre psiquiatras es si la ciberhipocondría debe diferenciarse de la hipocondriasis común o es simplemente la forma adaptada a los nuevos tiempos. La principal duda radica en la relación causal internet-trastorno, es decir, ¿es la oferta desmedida de contenidos en la red lo que induce la aprehensión sanitaria, o es la persona aprehensiva la que da cancha a su trastorno a través de internet?

Todo parece indicar que la hipocondría digital no es más que la adaptación del trastorno a las herramientas del entorno. De la misma manera que antes un enemigo te enviaba una nota anónima amenazante y ahora saca un perfil falso en twitter para ponerte a caer de un burro y lo llaman cyberbullying; o en el pasado se iba a salones de mala nota o se traficaba con postales picantonas, después se pasó a las revistas guarretas y a las tan demodé líneas calientes, para terminar ahora con toda la oferta erótica concentrada en internet, y lo llaman cibersexo.

La persona hipocondríaca siempre ha necesitado preguntar por los síntomas que le preocupan, siempre ha necesitado buscar consuelo en quien la escuche y tranquilice (transitoriamente, eso sí). Y siempre se ha dejado influir por los comentarios e informaciones relacionadas con la salud, sean habladurías de vecinas, admoniciones sacerdotales, reportajes en medios de comunicación, etc. El hipocondríaco consultaba en la biblioteca municipal o en el Manual Merck para el hogar, aunque no se llamaba bibliocondría; o se aficionaba a los programas de la tele sobre salud, en especial a aquellos con testimonios y llamadas de gente preguntando por sus achaques, y no se llamaba telecondría. Por ello dudo que, a pesar de la magnitud del fenómeno digital, deba diferenciarse la cibercondría como una entidad propia.

evolución de la hipocondría

Cómo influye la disponibilidad de información en el desarrollo de la hipocondría. La persona afectada desata sus fantasmas por los datos que recibe, sean comentarios de conocidos, noticias, opiniones de expertos o contenidos web. (Pinchar para ver a tamaño completo.)

El hipocondríaco digital sufre el mismo problema del conspiranoico moderno (una especie de hipocondríaco social), pues no logra diferenciar las fuentes serias y confiables de la morralla sin fundamento que prolifera por la red. Se traga todo, pero después es dificilísimo moverlo de sus opiniones por más sólidos que sean los argumentos expuestos. Es un ejemplo claro de la condición tan humana de la necesidad de creer más que necesidad de saber.

Hay una creciente bibliografía psiquiátrica sobre el tema, incluyendo escalas de gravedad de la cibercondría y todo. El tratamiento de la ciberhipocondría parece similar a la de otras formas de trastorno somatomorfo: ansiolíticos para reducir la angustia generada por la perturbación y mucha psicoterapia.

NOTA MUSICAL: el compositor barroco checo Jan Dismas Zelenka (1679-1745) compuso una obra llamada Hipocondrie à 7 Concertanti, publicada en 1723, con un curioso formato instrumental; desconozco el origen del apelativo que lleva esta obra. Aquí la podéis escuchar con la Freiburger Barockorchester. En 1902 estrenó su Segunda Sinfonía el compositor danés Carl Nielsen (1865-1931, este año se celebra su 150 aniversario de nacimiento). Esta sinfonía lleva por título “Los Cuatro Temperamentos”, pues dedica cada uno de sus cuatro movimientos a los clásicos temperamentos (colérico, flemático, melancólico y sanguíneo) derivados de la teoría de los cuatro humores. Aquí se puede escuchar con Neeme Järvi y la Sinfónica de Gotemburgo.

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