Cazadores de Microbios

Recientemente ocurrió el sentido fallecimiento de Oliver Sacks, un enorme divulgador científico y eminente neurólogo. En sus libros se logra entender con claridad, incluso los médicos, esos trastornos neurológicos tan atravesados como agnosias, apraxias o afasias. Todos quienes estamos interesados en divulgar ciencia contamos a Sacks entre las figuras de referencia.

Quiero recordar aquí a otro divulgador médico, Paul de Kruif, un pionero de la divulgación en su moderna concepción. Este verano volví a leer, creo que por tercera vez, su obra más conocida: Cazadores de Microbios.

En este libro De Kruif relata el nacimiento de la microbiología, el descubrimiento de los microorganismos, su implicación en la enfermedad, el contagio y los primeros intentos terapéuticos. Conocí esta obra gracias a uno de mis profesores de microbiología de la Facultad, Oswaldo Carmona, un pedagogo de primer orden que nos recomendaba vivamente su lectura como vía de contagio del gusanillo de la bacteriología.

Sobre el autor

Paul de Kruif

Paul de Kruif (1890-1971), microbiólogo y divulgador científico estadounidense. (Vía fineartamerica.com)

Paul de Kruif nació en 1890 en una familia de origen holandés, como atestigua su apellido. También se aprecian relaciones neerlandesas en sus lugares de nacimiento y muerte, Zealand y Holland respectivamente, ambos en Michigan, y en la Universidad de Michigan obtuvo el doctorado en bacteriología.

Trabajó allí con G. Novy en la descripción de la vía alterna del complemento [1] y posteriormente en el Instituto Rockefeller a las órdenes de Flexner en el estudio de la virulencia de las cepas lisas y rugosas de Streptococcus. Abandonó la investigación en 1922 por desavenencias con sus jefes a raíz de su libro Our Medicine Men, sobre la ética de la investigación y el ejercicio médico. A partir de entonces se dedicó a escribir libros y alguna puntual colaboración con la administración sanitaria.

Después colaboró con el futuro Nobel de literatura Sinclair Lewis en la novela Doctor Arrowsmith, ficción donde un médico lucha por curar la peste contra la oposición del establishment médico y la malvada industria farmacéutica (vemos que no son temas nuevos en estos días). El libro llegó al cine de la mano de John Ford en 1931.[2]

En 1926 publicó su obra más famosa, Microbe Hunters, por la que es más conocido. Otras obras del autor: Hunger Fighters (1928), Men Against Death (1932), Why Keep Them Alive (1937), Seven Iron Men (1937), The Fight for Life (1938), The Male Hormone (1945), Health is Wealth (1940), Life Among the Doctors (1949), Kaiser Wakes the Doctors (1940), A Man Against Insanity (1957) y The Sweeping Wind (1962). Fue articulista habitual del Reader’s Digest y otras revistas generales. Murió en 1971.

Microbe hunters

Como dijimos, este libro fue publicado en 1926 y desde entonces ha tenido numerosísimas ediciones y traducciones. Está escrito en un estilo propio de su tiempo, con una retórica entre heroica e inocentona, con frecuentes expresiones apologéticas dirigidas a los protagonistas de sus relatos. Abunda en un estilo semi-novelesco que tanto se ha usado posteriormente en divulgación y ficción histórica.

En sus doce capítulos abarca desde Leeuwenhoek hasta Paul Ehrlich, pasando por Pasteur, Koch y otros investigadores destacados.

cazadores de microbios

Diferentes portadas de las innumerables ediciones de Cazadores de Microbios.

Comienza relatando el descubrimiento de un mundo invisible gracias a la invención del microscopio por Leeuwenhoek en el s.XVII y el rebatimiento de la generación espontánea por Spallanzani; sigue con las aventuras de Pasteur con las levaduras del vino y la vacuna de la rabia, la osadía de Koch al afirmar que gérmenes específicos causan enfermedades específicas, el nacimiento de la teoría microbiana con el carbunco y la tuberculosis como paradigmas, y el desarrollo de la técnica microbiológica desde los cultivos en humor acuoso bovino y orina (primeros medios líquidos de cultivo) o la loncha de patata cocida (primer medio sólido).

Prosigue con la siguiente generación, Behring y Roux, discípulos de Koch y Pasteur respectivmente, y su lucha contra la difteria. Describe el terrible panorama de muerte infantil en la Europa de finales del s.XIX, con hospitales repletos durante las epidemias y más del 60% de mortalidad. Loeffler, Behring y Roux lograron primero detectar la toxina diftérica y después crear un antisuero para neutralizarla, primer logro terapéutico contra esta enfermedad antes de la obtención de la vacuna antidiftérica, esa que algunos imbéciles modernos desprecian.

Pasa después a relatar el nacimiento de la inmunología con Metchnikov y su descubrimiento de la fagocitosis, y cómo se convirtió en adicto al yogur, entre otras cosas.

Theobald Smith y el descubrimiento de la babesiosis en las vacas tejanas. David Bruce con la fiebre de Malta y la tripanosomiasis africana. Las pugnas entre Grassi y Ross por arrogarse el honor de desentrañar el papel del mosquito vector en la transmisión del paludismo; por cierto este capítulo no fue incluido en la primera edición del libro en Reino Unido por presión del propio Ross, quien recibió algunas dosis de estopa por parte de De Kruif.

La penúltima historia es la de Walter Reed y su grupo de investigación de la fiebre amarilla en Cuba, que una vez comentamos en un post sobre médicos kamikaze. Y termina la obra con Paul Ehrlich y el primer tratamiento antimicrobiano de uso clínico, el Salvarsan para tratar la sífilis.

Cazadores de Microbios es un libro fácil de encontrar, incluso por internet es sencillo obtenerlo en pdf o epub en fuentes abiertas. La traducción al español más viejuna castellaniza los nombre de pila de muchos protagonistas, de modo que Koch se llama Roberto, Roux y Behring se llaman Emilio o Ehrlich es Pablo.

Otro rasgo propio de la época en que fue escrito el libro es la superioridad de la civilización occidental, de la raza blanca europea o americana. En el capítulo de Bruce y la enfermedad del sueño se usan expresiones que hoy serían reprobables sobre los negros y los salvajes africanos, los “caritativos blancos” o los “negros inteligentes” que ayudaron en la investigación.

“Tales fueron las órdenes de Apolo [primer ministro de Uganda], y aunque parezca increíble para nosotros, hombres de raza blanca y observantes de las leyes, todos los negros obedecieron a su amo y señor.”

Otro tanto con los voluntarios de Reed para la fiebre amarilla, pues mientras los soldados americanos eran heroicos y disciplinados, los voluntarios españoles lo hacían solo por el dinero.

Una cosa curiosa es que De Kruif no realizara nuevas versiones de su obra más famosa, considerando que vivió hasta 1971, pues pudo haber incluido actualizaciones interesantes o hitos tan trascendentes como la obtención de la penicilina. También se echa en falta una edición comentada donde se aclaren conceptos relatados por el autor según la visión de la microbiología actual.

En cualquier caso Cazadores de Microbios sigue siendo un volumen imprescindible de la divulgación científica y más aún para quienes trabajamos en ciencias de la salud.

Anuncios

4 comentarios en “Cazadores de Microbios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s