La Relatividad, el Tiempo y las presentaciones

Justo ahora celebramos un siglo de aquel noviembre de 1915 cuando Albert Einstein hizo pública su teoría de la relatividad general en Berlín. Diez años antes había soltado su rompedora teoría de la relatividad especial, donde planteaba la dilatación o contracción del tiempo en relación con la velocidad de desplazamiento y la posición del observador. En la relatividad general añadió el efecto de la gravedad y la deformación del espacio-tiempo. En definitiva, el tiempo no es un flujo constante, sino que su paso es variable de acuerdo con las condiciones de observación.

Las teorías de Einstein son una de las cúspides intelectuales de la genialidad humana. Es una de esas cosas que pocos entienden pero todos mencionamos para hecernos los interesantes. A los de a pie nos suena irreal eso de que el tiempo pueda ir más rápido o más lento pues la experiencia cotidiana nos indica lo contrario: los relojes deben ir todos al mismo paso.

Y sin embargo, cuando se trata de cuantificar subjetivamente el tiempo somos bastante desastre. “Llego en cinco minutos”, “en un segundo estoy contigo”, “la reforma del baño estará en una semana”… ¡Mentiras! Porque no llega en 5 sino en 30 minutos, te deja esperando un buen rato mientras manda unos whatsapps y el puto paleta te tiene sin baño dos meses.

Esta incapacidad universal para ajustar las actividades a períodos de tiempo determinados es una de las peores y más frecuentes rémoras cuando se planifican presentaciones y se organizan congresos científicos.

No cabe más de lo que puede caber

Hay que considerar el tiempo como un recipiente. Si te asignan 15 minutos para hacer una conferencia es imposible incluir más material que el que cabe en ese tiempo. ¿Quieres meter un litro de agua en una taza? A ver quién es el genio que puede hacerlo; pues lo mismo con las presentaciones. Pretender incluir más de lo que cabe lleva a dos perniciosas circunstancias: hablar atropelladamente rápido y desbordar el tiempo inmisericordemente.

jarratiempo

En la duración asignada para una presentación sólo cabe un contenido limitado. El orador debe ajustar el contenido para no sobrepasar el tiempo previsto, o mejor aún, para ocupar un 80-85% del mismo.

Respete a los demás ponentes

Cuando participamos en un simposio no somos los únicos invitados, uno no es la única estrella o vedette que subirá al escenario. Por tanto, acaparar más tiempo del asignado es una gravísima falta de respeto a los demás oradores, a los organizadores y a los asistentes.

¿Piensas que lo tuyo es más importante que los temas de los demás? ¿Consideras que ya que dedicas docenas de horas a preparar tu charla tienes el derecho de perorar hasta que quieras? ¿Dices que ya que te hacen tomar un avión y cerrar tu consulta –perdiendo dinero– nadie puede cortarte tu conferencia? ¿Te sientes agraviado si te hacen señas para finalizar? Pues en todos estos casos el problema es exclusivamente tuyo, mal orador, no de los demás.

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El tiempo se suma por aritmética simple

Supongamos un evento con tres conferencias de igual tiempo asignado A, B y C, cuya duración total es de 30 minutos. El ponente A tenía 10 minutos pero habla durante 15, bueno no pasa nada, solo fueron 5 minutitos… ¡mentira! El ponente A se ha tomado 50% más del tiempo asignado, ¡abusador! Ya tenemos (A+5) + B + C = 30. El ponente B habla en 12 minutos (y porque le llamaron la atención para que cortara), con lo que alargó un 20% más del tiempo esperado. Ahora (A+5) + (B+2) + C = 30. Los dos primeros ponentes han consumido 7 minutos de los 10 que teóricamente tiene el ponente C. ¿Debe el ponente C reducirse a dar su charla en sólo 3 minutos? ¿Hablar sus 10 minutos programados alargando el programa? ¿O ya que hay despiporre hablar lo que le venga en gana, de perdidos al río?

Cada minuto que se prolongue una charla se paga más adelante. Los retrasos se van sumando. El resultado es que se quita tiempo a otras partes del evento o al sacrosanto café y que al final nunca los congresos acaban a su hora.

Calcule un 80% del tiempo asignado

Para evitar ser de los pelmazos que no respetan el tiempo se recomienda planificar la presentación para que ocupe no más del 80-85% del tiempo. Así, una conferencia de 30 minutos debería hacerse en 25, una de 15 minutos ajustarse a 12 y una de 10 en 8 minutos. Esos minutos extra son un colchón por si hay interrupciones, fallos técnicos o retraso de otros ponentes menos considerados.

El ensayo reiterado de la charla es otra herramienta imprescindible para controlar el tiempo de exposición.

Versión 2

Las excelentísimas doctoras Marta Calatayud y Estrella Fernández, poniendo cara de circunstancia mientras un ponente se columpiaba durante el pasado Simposio Oculosurf. Por cierto, un simposio bastante ajustado al tiempo, excepto un par de sobresaltos.

Recomendaciones para los organizadores de eventos

Parece mentira, pero salimos satisfechos de un simposio si éste apenas se ha alargado media hora de lo programado. Es raro que un evento vaya a su hora precisa y en cambio es común que la cosa se prolongue una hora o más, a pesar del público hastiado que va abandonando la sala.

Me permito aportar algunas observaciones para quienes se animen a organizar eventos científicos:

  • Evitar la proliferación de microcharlas: un error frecuente cuando se organiza un evento es querer abarcar todos los temas e invitar a todo el mundo, con lo que se obtiene un programa muy largo y plagado de minipresentaciones de 5 o 10 minutos. Mientras más ponentes haya y más cortas sean las conferencias es más factible que se descontrole el tiempo del evento. Planee un programa realizable, no un menú degustación de ElBulli.
  • El colchón del tiempo de discusión: un truco para amortiguar los desequilibrios temporales es contar con suficiente tiempo para preguntas y discusión al final de los bloques de conferencias. Los contenidos de la discusión son muy elásticos y pueden adaptarse a lo que quede de tiempo tras retrasos, incidencias y ponentes pelmazos sin sacrificar las siguientes partes del evento.
  • Advertir claramente a los ponentes: es imprescindible que el organizador especifique claramente y con antelación la duración de la conferencia asignada al ponente, así como recordarle que se será implacable con el control temporal. En serio.
  • No tener miedo de cortar: a los encargados de las mesas les suele resultar incomodísimo llamar la atención a un ponente que se desborda de tiempo. Se le deja seguir a ver si con suerte no se alarga mucho. Pues no, el ponente sabe de antemano cuánto tiempo tiene y si se prolonga es su culpa, así que no debe haber clemencia con el infractor. Ponerle un cronómetro visible para que siga su propio tiempo, darle preaviso cuando falte 5, 2 o un minuto, y finalmente conminarlo a que finalice su perorata. Encender las luces, apagar el micrófono o el proyector, abrir una trampilla en el suelo o usar un rayo desintegrador, lo que haga falta.
  • La figura del “regidor”: en el mundo de la televisión y el teatro existe la figura del regidor, encargado de dar entrada y salida a los personajes y bloques de contenido, controlar los tiempos, pausas, etc. El regidor basa su actuación en una escaleta, suerte de guion o cronograma donde se especifica el tiempo de inicio y finalización de cada segmento. En los simposios debería existir esta figura y ser el encargado de cuidar el preciso cumplimiento temporal y coordinar la secuencia fluida de conferencias. Sobre regidores y escaletas haré un post en el futuro.

No solo pasa en congresos

Podría ser que quienes peor calculemos el tiempo (aparte de los albañiles y contratistas de obra) seamos los médicos. Los retrasos y las demoras son hecho cotidiano en las consultas médicas y los quirófanos. La presión asistencial obliga a que se programen más pacientes de lo que la aritmética permite incluir en el horario. Si necesito 15 minutos por paciente (ya que para eso soy ultraespecialista y veo cosas complejas) y tengo 5 horas de consulta, ¿cuánto es el máximo de pacientes que caben? ¡Sí, 20 personas a lo sumo! Entonces ¿por qué acabo con un listado de 32 pacientes? Eso no les cabe en la cabezota a los encargados de programación. En el hospital donde hice el MIR los listados fácilmente pasaban de 60 y podía haber varias personas citadas a la misma hora. ¡Genios de la gestión sanitaria!

En los quirófanos de las clínicas se da un fenómeno similar, según el cual se subestiman los tiempos quirúrgicos y el cirujano programa más de lo que cabe, con lo que invade el horario del siguiente cirujano (que suelo ser yo, joder) haciendo que comience media hora o una hora más tarde y se le vaya a la porra todo el horario del día al pobre inocente.

Aunque el tiempo pueda dilatarse y contraerse según la teoría relativista eso no ocurre cuando estamos a una aceleración gravitatoria constante e igual para todos y unas velocidades muy pero que muy inferiores a la de la luz. Así que en un simposio, una conferencia, una consulta o un quirófano solo cabe lo que cabe, poner más es desbordar y joder al que viene detrás.

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Un comentario en “La Relatividad, el Tiempo y las presentaciones

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