Colegas y colegos

Ya está en marcha la campaña electoral de 2015 para las Cortes. Nos vamos a hartar de oír oratoria vacua y tontismos de todo calibre, en especial la recurrente moda de duplicar sustantivos, adjetivos y pronombres en masculino y femenino (“trabajadores y trabajadoras”, “ciudadanos y ciudadanas”…), para ser políticamente correctísimo y gramaticalmente papanatas. Así es, lectores y lectoras míos y mías, escasos son los políticos y activistas que no se han apuntado a tan malsonante vicio oratorio repetidamente denunciado por lingüistas y profesionales de la escritura, de la RAE para abajo. Exhorto a mis colegas de ciencias y medicina a repudiar semejante pendejada.

Muy recomendable la lectura del amenísimo libro Las 101 cagadas del español, editado por María Irazusta Lara, donde hay un par de entradas sobre este tema. También se han publicado numerosos artículos en la prensa, como éste de Ricardo de Querol o éste otro de Ignacio Bosque, ambos en El País, o el inmejorable de Javier Marías en Letras Libres. La Real Academia lo ha dejado muy claro en su web y en el Diccionario panhispánico de dudas. Lo mismo Fundéu y el Instituto Cervantes.

Género no es sexo

Mal se comienza en la lucha por la igualdad entre machos y hembras cuando metemos por medio la palabra género, ya que género es un término ampliamente polisémico, con al menos 15 acepciones en el diccionario de la RAE, y en lo tocante a masculino y femenino género es una categoría lingüística y no sexual.

Es decir, las palabras no tienen sexo per se, un camión no tiene testículos aunque es de género masculino ni una ventana tiene clítoris aun siendo de género femenino. El problema viene al hablar de seres animados que sí tienen sexo, y en especial al hablar de personas en plural, pues el plural genérico o neutro coincide en nuestro idioma con el plural masculino.

Al decir “los enfermos” se incluyen a todas las personas enfermas, tanto mujeres como hombres. Es el único modo correcto de decirlo, todas las demás fórmulas no son sino bobadas y subterfugios sin fundamento, ni hablar de “enfermos y enfermas”, ni “enfermos/as”, ni “enferm@s”, ni “enfermxs”, ni “los y las pacientes” o descalabros similares.

El plural genérico coincidente con el masculino es algo común en las lenguas romances y no representa en modo alguno un menosprecio hacia la hembra de la especie; si en origen fue un uso machista hace ya muchos siglos que eso ha quedado atrás para permanecer como una forma de economía del idioma y que todos entendemos. En inglés no pasa esto pues sus artículos y adjetivos carecen de género y hasta que no aparece un pronombre por la frase uno puede no saber si se refiere a él, a ella o a algo inanimado. Repito, género no es sexo, para que se entienda:

Género:
  • Género masculino: el, los (y sus concordancias con el sustantivo, pronombre o adjetivo que les sigue).
  • Género femenino: la, las (y sus concordancias con el sustantivo, pronombre o adjetivo que les sigue).
  • Género neutro: lo
Sexo:
  • Sexo masculino: picha
  • Sexo femenino: chichi
  • Otras variantes sexuales: hermafrodita, asexuado

La coincidencia del género neutro con el masculino también ocurre en singular: “lo bueno y lo malo”, “el bueno y el malo”, “la buena y la mala”. Aquí “bueno” y “malo” indican tanto el masculino como el indeterminado, pero estos casos no son los que escaman a los crispados y a las crispadas de la igualdad.

Si se reclama igualdad de géneros, un vendedor de telas podría responder “pero si todos mis géneros son igualmente buenos”. La infame violencia entre hombres y mujeres no debería llamarse violencia de género (discusión ésta que se tuvo en su momento), pues no es la violencia de una categoría gramatical contra otra, sino entre personas. Hasta se habla de “transgénero” en vez de transexual, no sea que alguien se imagine a una loca travestida.

Recordemos, por otra parte, que género es una de las principales categorías taxonómicas. ¿Debe considerarse machista que el género de nuestra especie sea Homo –literalmente “hombre”–? Tal vez lo políticamente correcto sea hablar de Homo/Mulier sapiens para no pecar de discriminación contra la mujer. ¡Absurdo!

Palabras tan suculentas para los “buenrollistas” como Humanidad, humano, humanitario, humanizar, etc., provienen todas de ‘hombre’ en última instancia. ¿Habrá que buscar cómo feminizar todos estos términos?

Arroba es la cuarta parte de un quintal

Esta fue en su origen la unidad de medida representada con el símbolo “@”. Tanto la arroba como el quintal están en desuso como pesos y el símbolo de la primera se rescató en programación informática.

A algún iluminado, a saber quién, se le ocurrió que “@” tenía un ambiguo perfil entre la a y la o y que, por tanto, sería buena solución para evitar el intolerante plural genérico masculino. Pero escribir cosas como “l@s cirujan@s” es un disparate porque ¿cómo se lee eso? La @ es un glifo sin fonema asociado y por tanto no cabe como letra dentro de una palabra. El lenguaje escrito está supeditado al lenguaje oral: no se debe escribir lo que no se puede pronunciar.

generos

Idiotas e idiotos al poder

El mantra de duplicar los géneros ha arraigado entre políticos, administración pública, oenegés y agentes sociales como las hifas en las uñas de los pies. Diría que la cosa comenzó desde sectores considerados progresistas, sensibilizados con la igualdad y la justicia social, cosa que está muy bien aunque no da salvoconducto para distorsionar el idioma.

Como el peor ejemplo de hasta dónde ha llegado la tontería tenemos a esa bestia inverecunda y maloliente llamada Nicolás Maduro. Este animal ha asumido tanto el protocolo de duplicación de géneros que con frecuencia suelta rebuznos como “millones y millonas”, “liceos y liceas”, “alertas y alertos”, “libros y libras” (y hasta se lo toma a broma, el cretino). Pero qué se puede pedir, partiendo de que la Constitución Nacional chavista está plagada de florilegios como estos:

Artículo 33. Son venezolanos y venezolanas por naturalización:
1. Los extranjeros o extranjeras que obtengan carta de naturaleza…
2. Los extranjeros o extranjeras que contraigan matrimonio con venezolanas o venezolanos desde que declaren su voluntad de serlo…

Artículo 35. Los venezolanos y venezolanas por nacimiento no podrán ser privados o privadas de su nacionalidad…

Artículo 39. Los venezolanos y venezolanas que no estén sujetos o sujetas a inhabilitación política ni a interdicción civil…

Artículo 41. Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad, podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Procurador o Procuradora General de la República, Contralor o Contralora General de la República, Fiscal General de la República, Defensor o Defensora del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la Nación, finanzas, energía y minas, educación; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de los Estados y Municipios fronterizos y aquellos contemplados en la ley orgánica de la Fuerza Armada Nacional.
Para ejercer los cargos de diputados o diputadas a la Asamblea Nacional, Ministros o Ministras, Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de Estados y Municipios no fronterizos, los venezolanos y venezolanas por naturalización deben tener domicilio con residencia…

Habrá a quien esto le parezca lo correcto, pero no lo es en cuanto a gramática ni retórica, y además es signo de inoperancia de pensamiento. Es llenar con palabras y más palabras vacías que no aportan nada al mensaje.

El desdoblamiento de géneros es una de las herramienta para que los discursos políticos puedan contener más palabras sin decir nada adicional, para parecer que se dice más cuando no se dice nada. Recuerda al estilo de los charlatanes que se dirigían rimbombantemente a la gente: “Señoras y señores, damas y caballeros, amigos y amigas…”

Se me tapa una arteriola de la sustancia blanca cada vez que escucho una declaración política aderezada con mamarrachadas de esta guisa.

Da la impresión de que en los círculos gerenciales públicos hay que usar más palabras de las necesarias y complicar los nombres de las cosas para que parezcan más de lo que son, para hacer como que se hace más de lo que se hace. Por ejemplo, en el sector hospitalario catalán donde trabajo ya casi no hay hospitales, hospitales a secas, ahora abundan especies como: Ciudad Sanitaria, Consorcio Hospitalario, Corporación Sanitaria, Consorcio Sanitario Integral, Centro de Atención, Parque de Salud… a los que hay que añadir el topónimo, el epónimo y la categoría universitaria, si procede. El resultado es un larguísimo nombre institucional que sólo aparece en impresos y bocas de gerentes, porque el personal y los usuarios siguen llamándolo “el hospital de tal sitio” y ya. Mientras, las listas de espera no bajan a pesar del espectacular artilugio nominativo.

Lenguaje machista

Por supuesto que existe lenguaje sexista, lo mismo que lenguaje racista y expresiones ofensivas de toda índole. Es sin duda necesario cuidarse de proferir frases que sean o puedan interpretarse de modo peyorativo, aunque lo de que “puedan interpretarse” reside en buena medida en quien recibe el mensaje y el problema puede estar allí más que en las palabras. Tal es el caso de plural genérico en nuestra lengua, pues si a alguien le parece excluyente y ofensivo el problema es suyo, no del idioma.

Resulta desazonador ver cómo han aparecido muchas guías para lenguaje no sexista en organismos públicos, sindicatos, institutos y universidades, donde se mezclan recomendaciones razonables con otras sin sentido y opuestas a la economía y elegancia de nuestra lengua.

Lamentablemente usar el desdoblamiento de géneros no sirve para que haya menos maridos zurradores ni para que los sueldos y oportunidades laborales sean equivalentes para mujeres y hombres. Si fuera así de fácil…

Como decía Javier Marías en su artículo antes citado, no hay que fiarse de quienes empleen estas cantinelas en su discurso, porque “son unos cantamañanas y unos farsantes, unos cobistas, unos embaucadores y unos falsos (o, en el mejor de los casos, unos melindrosos y unos acomplejados)”, demagogos disfrazados de corrección política.

A quienes os guste la irreverencia de la serie South Park, en esta temporada 19 están explotando al máximo el sinsentido de lo políticamente correcto, reduciendo a situaciones extremas y absurdas la hipersensibilidad, hipertolerancia e hipercorrección que abunda en el mundo occidental.

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10 comentarios en “Colegas y colegos

    • Qué directo es Pérez Reverte. Muchos han denunciado que esas guías de lenguaje no machista se han elaborado sin contar con los lingüistas de las propias universidades.
      Cuando la ideología y el sectarismo se ponen por encima del sentido común, la biología y el pragmatismo el resultado siempre es penoso.
      Me acercaré también por el bar de Lola a desayunar con carajillo junto a Chuck.

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  1. Tu sapienza debería llegar no sólo a los políticos y políticas del mundo sino también a algunos colegios profesionales como el de “ópticos optometristas y ópticas optometristas de Cataluña”

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