La paradoja alemana

El mundo germano ha dado muchísimos de los mayores genios que la Humanidad ha visto, tanto en ciencia, filosofía, música o literatura. Baste mencionar a Gauss, Planck y Einstein como epítomes de la grandeza del pensamiento científico; añádase a Leibniz, Humboldt, Heisenberg, von Helmholtz, Koch, Krebs… y si seguimos nombrando no acabaremos nunca.

Sus aportes en ciencia y tecnología han sido cuantiosos y tenemos a los alemanes por gente muy racional, organizada y eficiente. Sin embargo, me escuece en los bajos el paradójico hecho de que también sean las tierras germanófonas el origen de algunas de las teorías pseudocientíficas más disparatadas pero a la vez muy difundidas por el mundo: iridología, frenología, sales de Schüssler, mesmerismo, psicoanálisis, biorresonancia, arianismo, limpieza hepática o Nueva Medicina Alemana, por poner ejemplos. Por supuesto que hay numerosas engañifas de origen anglosajón (ya solo con el repertorio de la new age…), indio o del extremo oriente, y que cada país tiene su acervo de curanderos e iluminados.

Quiero incidir en dos de estos megatimos germanos, la homeopatía y la biodinámica, para señalar cómo su estructura y desarrollo, similar a las filosofías religiosas, ha permitido un próspero proselitismo en estas disciplinas a pesar de su carencia de base.

Hahnemann el infinitesimal

Hahnemann

Samuel Hahnemann (1755-1843), padre creador de la paranoia homeopática. Vía general-anaesthesia.com. Un poco Joaquín Luqui, ¿no? ¡Gua, gua, guaaaaa…!

La homeopatía fue creación de un solo hombre, Samuel Hahnemann (1755-1843). En su época aún no se había separado la ciencia de la filosofía, los autores no solían demostrar sus teorías mediante experimentación pues, como buenos filósofos, consideraban el pensamiento superior a la evidencia y literalmente cada maestrillo tenía su librillo, cada profesor tenía opiniones individuales sobre los procesos naturales y sobre cómo tratar las enfermedades. La mayoría de estas teorías médicas nos resultan un disparate actualmente.

En este contexto Hahnemann carburó su propia teoría. Comenzó a trabajar con la quinina, cuya administración a una persona sana producía, según Samuelín, síntomas similares a la malaria (no sé cuántos gin tonics harán falta para pillar una cuartana) y esa era la razón de su actividad antipalúdica. Esta observación, de por sí errónea, fue la iluminación que indujo a la creación de su sistema para “curar lo similar con lo similar”, como si en esto sirviera multiplicar negativos para obtener positivos.

Se puso el bueno de Hahnemann a intoxicarse él mismo con múltiples sustancias, al uso romántico de los médicos kamikaze (aquí lo comentamos: 1 y 2). Posteriormente siguió ensayando en sus alumnos hasta tener un corpus de los efectos que estos principios producían. El problema es que sus estudios no seguían el método científico moderno, no había control ni doble ciego, los sesgos eran abundantes y en realidad se buscaba amoldar los resultados a la teoría.

El siguiente paso del tío Sam fue intentar reducir los efectos indeseables del remedio diluyendo el principio activo. Pero se le fue la mano con el invento. Se sacó un sistema de diluciones centesimales (CH) que reducía exponencialmente la concentración en cada paso hasta que ciertamente no quedaba nada del principio activo, pero con unos meneítos mágicos se lograba que el poder sanador no solo permaneciera sino que aumentaba inversamente a la dilución… ¡cucú, cucú, cucú! 😵

webcomichomeopatico

La homeopatía retratada. Vía pseudociencias.com.

En 1810 vio la luz EL LIBRO, el Organon der rationellen Heilkunde (“Órganon del arte de curar racionalmente”). La doctrina fue atacada por el stablishment y Hahnemann tuvo que pirarse primero de Leipzig y después de Viena. Sin embargo fue creando apóstoles y conversos. La homeopatía tenía una gran ventaja en su momento: era inocua a diferencia de muchos procedimientos y tratamientos prescritos por la primitiva medicina estándar, que a veces causaban más daño que beneficio. La homeopatía es inocua porque no contiene nada.

Su creador fue inflexible ante las disensiones de sus alumnos y la modificación del dogma. Así que los homeópatas actualmente siguen elucubrando sobre las bases estipuladas en 1810. En ese año Napoleón dominaba media Europa y se casaba con María Luisa de Austria, dominaba España con el servil aplauso de Fernando VII y se establecían las Cortes de Cádiz. En ese año se iniciaba el movimiento de independencia en las colonias americanas españolas. Mire usted si ha pasado tiempo. ¿Desea usted ser tratado mediante un vestigio arqueológico de la medicina occidental?

El problema no es que Hahnemann inventase su teoría, era lo que hacían los profesores de su tiempo. El problema es que 200 años después existan médicos titulados salidos de la Universidad que sigan con fe ciega un paradigma sin fundamento racional y sin demostración de eficacia en estudios controlados.

Rudolf Steiner y la agrobujería

steiner_rudolf

Rudolf Steiner (1861-1825), iluminado polifacético, paridor de la antroposofía y la biodinámica, entre otras historias. Curioso que no le hayan hecho un biopic protagonizado por Jeremy Irons.

La agricultura biodinámica es la iluminada idea de una sola persona, Rudolf Steiner (1861-1925). Este filósofo esotérico austríaco, que tuvo un encuentro personal con Jesucristo, tocó muchos palos: ocultismo, “ciencia espiritual”, teosofía y antroposofía, medicina antroposófica y curación eurítmica, artes, arquitectura, banca y sociología. De él provienen las escuelas Waldorf, la Banca Triodos, la multinacional homeopática-antroposófica Weleda y la agricultura biodinámica con su sello de calidad Demeter.

La gente de la Fundación Rudolf Steiner es bastante agresiva con sus críticos, así que si repentinamente veis clausurado este blog o soy pasto de tribunales no sería el primer caso.

Steiner tuvo su epifanía a través de la obra del gran literato Goethe, en quien Rudolf veía elementos divinos que trascendían la simple dramaturgia. Mezcló esto con religiones dhármicas indias y la sapiencia chamánica local, creando una ideología espiritual que podía aplicar a cualquier aspecto del quehacer humano. Por ello acudían a él desde diversos sectores en busca de la sapiencia del rabí.

Eso ocurrió en 1924 cuando algunos agricultores pidieron su opinión sobre la degradación del suelo por los cultivos intensivos y los fertilizantes artificiales (vemos que no son preocupaciones modernas). Steiner, que no habría tenido más contacto con el campo que haber meado detrás de un seto y que su padre fuera guardabosques una temporada, se saco una serie de 8 conferencias donde sentó el dogma de la biodinámica. El contenido se recogió en EL LIBRO “Curso de Agricultura”, editado por la Editorial Rudolf Steiner.

Decía que la parcela de cultivo es como un organismo vivo individual, que pueden usarse las fuerzas cósmicas para transmitir la energía del universo a los vegetales a través de un calendario de cultivo astrológico, que se puede capturar el poder de los astros en un cristal de cuarzo y tras meter el cuarzo dentro de un cuerno de vaca y enterrarlo unos meses se debía utilizar el polvo obtenido en dilución cuasi-homeopática para regar la tierra. Que Venus ayuda a eliminar los ratones de campo si se usan cenizas de piel de ratón obtenidas cuando Venus está en el signo de Escorpio. Que una planta es como un ser humano invertido, donde la cabeza es la raíz, del tronco emergen las extremidades en forma de ramas y las flores y frutos son manos y pies. Se me acaba de prolapsar el recto de reírme.

Se vende la biodinámica como una vuelta a las prácticas ancestrales, como un retorno al equilibrio entre el hombre y la naturaleza. Sí, se vende, porque la pegatina Demeter la otorga una empresa privada. Por lo demás estos cultivos antroposóficos respetan las bases de cualquier agricultura ecológica, que quizás es lo único real en toda esta paparrucha. Nada tienen que ver los hechizos y ensalmos de la biodinámica steineriana con la sostenibilidad y la vida sana.

La gilipollez moderna ha permitido que la biodinámica se publicite en gastronomía y enología como lo más cool y que tal majadería sea un reclamo para atraer a una clientela desinformada y con pasta, que cree que por ser biodinámico un producto es más sano y de mejor calidad. Más de una vez he tenido conversaciones así con un maître: “–Le recomiendo este excelente vino biodinámico”, “–No gracias, no me interesa la biodinámica”, “–¿No le interesa lo ecológico?”, “–Lo ecológico ni me va ni me viene, pero lo que no consumo es brujería”, y el maître se larga con cara perpleja.

No digo que los productos obtenidos con este sistema sean de mala calidad o dañinos, pues los astros no aportan nada malo ni bueno a los mismos, pero me niego a pagar por ese “valor añadido”. Sería bueno aplicar a los restaurantes y bodegas que venden biodinámica el mismo trato que hacia las farmacias que venden homeopatía: señalarlos como falsarios y vendedores de patrañas.

¿Pseudociencia o pseudorreligión?

¿Por qué triunfan disciplinas como la homeopatía y la biodinámica? ¿Por qué sus adeptos las defienden con ciego denuedo? Veo bastantes similitudes estructurales entres estas pseudociencias y las creencias religiosas, pongamos como ejemplo cualquiera de los grandes cultos monoteístas. Es más, para completar el paralelismo me permito añadir otra pseudociencia de origen alemán que también ha tenido difusión y arraigo: el marxismo. Veamos los puntos de coincidencia:

  • El profeta y su epifanía: existe una figura fundadora a quien se debe el inicio del movimiento, sea Jesús, Mahoma, Marx, Steiner o Hahnemann. El profeta tiene capacidades que lo hacen resaltar. Experimenta una epifanía, una revelación que le hace ver lo que nadie ve y adquirir un conocimiento que sólo el profeta es capaz de absorber. El profeta es venerado por sus seguidores y su memoria merece sacro respeto. La Ciencia, en cambio, es un trabajo aditivo y colaborativo.
  • El dogma: tras la epifanía el profeta estructura las enseñanzas que legará a sus discípulos. Los principios que constituyen el dogma no deben ser alterados posteriormente y el intento de hacerlo suele terminar en disidencia y nacimiento de una nueva rama que se aparta de la fe original. No importa cuán antiguos sean los preceptos y lo que haya cambiado la sociedad, cosa que tratándose de filosofía puede ser tragable pero no cuando se pretende ser una disciplina científica. Los paradigmas en Ciencia cambian, ya no hay validez en los cuatro humores, ni en las miasmas, ni en el loable pus, ni en los pneumas, ni en el flogisto.
  • EL LIBRO: elemento clave por cuanto en él se consigna el dogma y es la fuente principal de sabiduría, sea la Torá, el Corán, los Evangelios, el Órganon o el Manifiesto Comunista. La literatura posterior básicamente se dedica a la exégesis de El Libro.
  • Persecución: el profeta y sus discípulos sufren persecución y exilio. La nueva doctrina representa una amenaza para el poder establecido y por ello maniobra en su contra: Jesús expulsado de Nazaret y finalmente condenado en Jerusalén, Mahoma obligado a migrar de La Meca a Medina, Steiner amenazado por los nazis (quienes al parecer incendiaron su Goetheanum en Suiza), Hahnemann defenestrado de las universidades, Marx expulsado de Alemania, Bélgica y Francia… Los seguidores, activistas, mártires, sufren prisión o violencia, pero al final…
  • Arribo al poder: el proselitismo logra reunir una masa humana crítica para hacerse importante, el culto se extiende por el mundo y al final se establece en forma de grupos de poder, sea político (reinos cristianos, califatos, países comunistas) o económico (multinacional y banca vaticanas, ricas multinacionales de productos homeopáticos, bancos antroposóficos). Lo más grave es que estos grupos de presión meten el hocico en la educación, incluyendo las Universidades.
  • Segregación del adversario: es bonito eso de darle un nombre a los que no son como uno, sea infiel, gentil, pagano, alópata, capitalista, contrarrevolucionario… o marcar a los propios con un sello para diferenciarse de los demás. Son maniobras que ayudan a hacer piña.
  • Ausencia de demostración del beneficio ofrecido: el bien de la vida eterna celestial no ha sido demostrado para el cristianismo ni el islam. La utilidad terapéutica de la homeopatía o de la medicina antroposófica jamás se ha demostrado superior al placebo, por más que gruñan y argumenten los iniciados, ni hay evidencia de que el método biodinámico sea mejor para el suelo o la calidad del producto que cualquier otro sistema de cultivo orgánico/ecológico que no lleve el sello Demeter. En el caso del marxismo la cosa es peor, porque lo que demuestra la historia es su inviabilidad como sistema político-económico, visto el resultado de tiranía y ruina en los países que han estado bajo la ideología de Marx y Lenin.

La orientación pseudorreligiosa de estas pseudociencias las hacen suficientemente fuertes para que actualmente haya un preocupante número de médicos, farmaceutas y facultades entregados a la homeopatía, un número creciente de agricultores y restauradores abrazando la biodinámica como filosofía de trabajo, y que no decrezcan los afectos al comunismo a pesar de décadas de desengaño.

Es lo que tienen los alemanes, que hacen las cosas muy bien hechas y con solidez, tanto en lo bueno como en lo malo.

Ya sabéis que por aquí no colarán comentarios de los acólitos de las supersticiones aquí mencionadas. No guardo ninguna equidistancia en estos temas.

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