¡Basta ya de tonterías! Es la anticivilización (parte I)

“No puedo sufrir el dolor de un diente y que la lengua no vaya a él”
Giraut de Bornelh
Trobador occitano, s.XII

Estoy harto y lleno de ira, estoy hasta lo que vienen siendo los mismísimos cojonazos. Tengo la albugínea inflamada, el dartos hecho virutas y el cremáster deshilachado. Me asombra, me indigna, me marea que en estas Españas de tan larga historia tenga semejante auge un movimiento de mediocres como el de Podemos y demás despojos satélites.

Muy mal se han estado haciendo las cosas en estas décadas y muy desorientado debe estar un buen cacho de la sociedad para que ese proceso de limitados intelectuales apunte tan alto. Y no se trata de hacer propaganda de miedo y de que “viene el lobo”, porque el lobo ya es conocido, ha demostrado su poca lucidez al frente de importantes ayuntamientos, ha hecho las performances más infames y payasas en esos 111 días de esperpento de la pasajera legislatura sin gobierno.

Pero no hacía falta que mostraran su peligro y ausencia de inteligencia, pues quien se presente esgrimiendo las ideas rancias, caducas, malolientes y demostradamente deletéreas que defiende esta sarta de limitados ya da suficiente evidencia de la amenaza que representan para la gente normal, que no milita, que quiere trabajar y vivir en paz.

Advertencia: en lo que aquí digo no vale la falacia de que quien abomina algo es porque apoya la opción opuesta (como si por ser anti-Barça uno automáticamente es un merengón impenitente, o viceversa), pues puede no estarse de acuerdo con ninguna de las opciones disponibles. El mundillo político me parece demasiado cochino.

El reconocimiento de patrones

Una de las características neuropsíquicas más destacables del ser humano es su capacidad para reconocer patrones; es una habilidad que ha ayudado a la supervivencia de la especie al facilitar la toma de decisiones basadas en experiencia previa, a adelantarse a una contingencia y evitar males o a seleccionar aliados dentro del grupo. La Historia está llena de patrones que se repiten, procesos que cambian de protagonistas y atuendos pero que en el fondo siguen los mismos pasos y tienen similares consecuencias. Pero la falta de conocimiento y de perspectiva histórica en la gente le restringe para reconocer un patrón conocido que se repite ante sus narices.

En Medicina decimos que no se puede diagnosticar lo que no se conoce. Igualmente, el desconocimiento de la Historia no deja ver que esa banda de facinerosos que venden nueva política y progreso se respalda en un nefasto corpus ideológico centrado en destruir, violentar, execrar y que ha sido responsable de mucha infelicidad y desgracia. La anticivilización.

Populismo, totalitarismo y tiranía

El primer patrón histórico es el de los movimientos populares conducidos por demagogos que invariablemente acaban en desastre y/o tiranía. Veamos a brochazos muy gordos unos pocos ejemplos.

Una primera aproximación la vemos en el fin de la República romana, cuando tras décadas de enfrentamiento, los optimates (representantes de la élite adinerada) son barridos por los populares (adinerados, pero “defensores” del pueblo), los sucesores de César iniciaron las dinastías imperiales absolutistas donde nadie rechistaba y la gente tenía “pan y circo”.

La madre de todas las revoluciones, la Revolución francesa, auténtico movimiento proletario que puso patas arriba el sistema y demostró lo que ocurre cuando el poder político se rige por rencor y revancha: escabechina y régimen del Terror. La revolución se comió a sí misma y acabó en Napoleón, emperador responsable de 13 años de guerra paneuropea.

La Revolución bolchevique de 1917 es la inspiración de todos los movimientos de izquierda hasta la actualidad. La “dictadura del proletariado” inevitablemente pasó a ser dictadura a secas con purgas permanentes contra cualquiera que osara levantar el cogote. También unos cuantos millones de víctimas. Otros tantos movimientos populares acabaron en régimen totalitario en China, Camboya, Corea, Vietnam o en ese forúnculo enquistado en América que es Cuba.

No todos los populismos son de izquierda, pues el más catastrófico surgió del populismo nacional-socialista alemán. Estos perfeccionaron las herramientas de influencia de masas y control de medios que les permitió hacer sus enormes hijoputadas con aplauso colectivo.

populismo-totalitatrismo-tiranía

Proceso inevitable por el que un movimiento populista capitaneado por un demagogo pasa a un totalitarismo que excluye y persigue a los que no pertenecen al grupo, y finalmente se dedica a gobernar sólo para la cúpula de poder.

Los ejemplos más recientes son los populismos de la más baja estofa que han proliferado en América Latina, iniciados por un psicótico Chávez en Venezuela y replicados en otros países de la zona. Han seguido a la perfección el manual:

  • Dentro de una crisis institucional y económica surge un gran demagogo que administra el descontento, pero sobre todo los intensos resentimientos y deseos de revancha de los sectores populares.
  • El demagogo y sus adláteres tienen un pasado turbio. Han participado en situaciones francamente antidemocráticas, sea intentonas golpistas, manifestaciones violentas, etc., que después se venden como parte de la épica revolucionaria. Han hecho alarde de su desprecio por la democracia y el respeto a los demás.
  • El demagogo aglutina una sarta de partiditos minoritarios y movimientos sociales (“mareas y confluencias” se podría decir) que lo ayudan a alcanzar poder político mediante cauces constitucionales. Esa miscelánea de partidos será después devorada por el gran partido del demagogo.
  • Una vez en posición de mando dinamitan las instituciones desde dentro. Niegan cualquier posibilidad de consenso con los representantes del “antiguo Estado”. La democracia es la que ellos dicen y la que les conviene.
  • Los demagogos institucionalizados se apoyan en mamporreros vecinales, sindicales o estudiantiles constituidos en “círculos” para hacer trabajo sucio: reventar plenos, reventar actos de gente que opina diferente, reventar cabezas si hace falta. Posteriormente esos “círculos” resultarán útiles en labores de delación y mando directo a pie de calle. Actualmente existe la versión de hostigamiento por redes sociales.
  • Cualquier revés del “proceso” se justifica por los enemigos internos y externos que en realidad atacan al Pueblo encarnado en el demagogo. Cualquier acción de dudosa corrección o legalidad de un miembro del “proceso” tiene explicación y amparo.
  • Cuando inevitablemente sobreviene la ruina y la protesta general, el “proceso” evade cualquier mecanismo legal que pueda usarse en su contra y actúa con total prevaricación para aferrarse al poder o morir matando. Ya se sabe que ninguno de estos Reichs ha durado mil años.

Podéis marcar en esta lista las cosas que han ido haciendo los pedos con barbita de Podemos; seguro serán muchos los checks.

La psicopatía del líder

En psiquiatría se ha discutido mucho sobre los perfiles de personalidad de los líderes políticos a lo largo de la Historia. Hay de todo, desde arribistas sibilinos hasta esquizofrénicos de camisa de fuerza. Pero un perfil repetido con demasiada frecuencia es el del trastorno antisocial.

Mira por donde el alfeñique cifótico de Iglesias muestra numerosos rasgos de los trastornos de personalidad del Grupo B según el DSM-5, es decir, personalidad antisocial, histriónica y narcisista. Obviamente esto no es un diagnóstico, pues ni soy psiquiatra ni espero jamás tener una entrevista con semejante espécimen. Veamos algunos rasgos escogidos de estos tipos de personalidades según los manuales psiquiátricos:

Rasgos antisociales:

  • Dificultad de adaptarse a las normas establecidas, el antisocial se crea su propio código de valores y ello lo lleva a “cabalgar contradicciones” frecuentemente, bordeando la línea de la legalidad cuando no saltándola abiertamente.
  • Irrespeto por los derechos de los demás y falta de remordimiento ante el daño que pueda hacer a otros, pues ello encuentra justificación en su código personal de conducta y en los beneficios que obtiene.
  • Deshonestidad, mentir repetidamente, esconderse bajo alias, estafar a otros por beneficio o placer.
  • Irritabilidad, agresividad, irresponsabilidad. En el perfil antisocial es frecuente el abuso de sustancias y se encuentra en un elevado porcentaje de población carcelaria.

Rasgos histriónicos:

  • Necesita ser el centro de atención. La relación con otros está marcada por comportamiento seductor o provocador.
  • Expresión emocional superficial y cambiante.
  • Usa su aspecto físico para llamar la atención y desmarcarse del resto.
  • Forma de hablar subjetiva y carente de matices.
  • Autodramatización y teatralidad exagerada.

Rasgos narcisistas:

  • Grandioso sentido de autoimportancia, fantasías de éxito ilimitado.
  • Cree que es especial, exige admiración, es pretencioso y espera cumplimiento rápido de sus expectativas.
  • Interpersonalmente explotador, usa a los demás para su beneficio.
  • Carece de empatía y de identificación sincera hacia los demás.
  • Con frecuencia es envidioso o se cree víctima de envidias.
  • Actitudes arrogantes o soberbias.

Os será fácil reconocer muchos de estos rasgos en gente a la que le gusta mandar, sean líderes históricos o actuales. Sin ir más lejos, Donald Trump o Putin –¿alguien imagina un mundo encabezado por estos dos?–, el dueño de corea del Norte, Berlusconi o Chávez. Pero no solo corresponde a grandes estrategas de la política, sino que tales rasgos están en jefes de empresa, encargados de una sección, dirigentes vecinales y hasta en el mierdecilla de la coleta.

Este espécimen concreto transmite un claro aplanamiento afectivo y una inquietante ausencia de humor que no invitan a pensar nada bueno. Siempre me ha llamado la atención al ver documentales de la Alemania nazi cómo es casi imposible ver una grabación previa a su acceso a la Cancillería donde se vea a Hitler sonriendo; posteriormente si hay momentos donde mostraba su cretina sonrisa, como cuando acariciaba su pastor alemán. Algo así se aprecia en Pablete, pues desde que en mala hora saltó a los medios nacionales y fundó partido mantuvo el ceño fruncido, el rictus serio, como si cargara el sufrimiento de la Humanidad sobre sus mesiánicas espaldas. Hasta que no pisó la alfombra del Congreso no vimos todo el esplendor de su macabra sonrisa de dentadura yonquioide, y sus “bromas” basadas en lanzar ofensas y perolas de estiércol dialéctico.

La gente escucha lo que quiere oír

Para que se cumpla la ecuación según la cual el personaje con el segundo patrón descrito (el demagogo antisocial y narcisista) establece el evento histórico definido por el primer patrón (el movimiento popular que acaba en tiranía), hace falta un tercer elemento: la masa de población obediente. Este es un patrón persistente, estudiado por la sociología y la psicología de masas.

No hay líder sin un grupo humano que le siga y cumpla sus órdenes. Ningún movimiento histórico, sea nacional, militar, político, religioso, incluso deportivo, puede concebirse sin una masa humana que lo apoye, sin individuos que limiten su pensamiento crítico personal en pro del pensamiento del grupo, el cual está determinado por los cabecillas y, en última instancia, por el líder.

Para que surja el seguimiento popular el demagogo cumple una premisa elemental: decirle a la gente lo que quiere oír. Que en USA hay un buen segmento de la sociedad que no quiere inmigración, no quiere un Estado inmiscuido en asuntos privados y desean tener armas, pues va Trump y les rebuzna lo que quieren. Que en España hay un estrato acostumbrado a un Estado sobreprotector, al subsidio, a mejor todos pobres que no algunos ricos, pues va Iglesias y esgrime sus bobadas a quien pueda interesar. Es la idiosincrasia del país y su historia reciente lo que determina el auge de un populismo derechista (Austria, Francia, Holanda) o de izquierda (España, Italia, Grecia).

Dentro de la masa seguidora hay de todo: los que se acogen por sentir protección, lo que se resignan por miedo a la exclusión, los que apoyan el movimiento más por contrariar al grupo opuesto que no por convicción y, por supuesto, están los ciegos acólitos, fanáticos y activistas, en quienes descansa buena parte del éxito del movimiento. En este último grupo están los ideólogos, los que dan discursos y azuzan a la masa, y también están sus ejecutores, habitualmente impensantes violentos (como claros ejemplos están los sindicaleros Bódalo del SAT o Garganté de la CUP). Habría que destacar las hordas que actúan en las redes sociales, mamporreros digitales de fe ciega en su causa.

Hay aún un cuarto patrón que se repite periódicamente: la escalada de movimientos extremistas de distinto signo que pugnan entre ellos a ver quien la hace más gorda y así hasta que la cosa toma una dimensión colosal y sobreviene un cataclismo que jode a todo el mundo. Pandillas violentas anti-fascistas y neofascistas, movimientos okupas, antisistemas de todo tipo, yihadistas, nacionalistas radicales diversos, hooligans deportivos (¿alguien recuerda una Eurocopa más violenta que ésta de Francia?). La anticivilización vence cuando la sensatez escasea.

En la segunda parte abordaré los dos aspectos que más me revientan del miserable demagogo y su mediocre legión podemita: el uso que hizo y hace de mi finada patria, Venezuela, y el insultante velo de intelectualidad de origen universitario con que se presentan los cabecillas de tal banda de facinerosos.

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