¿Qué culpa tendrá Bolívar?

Pues no, señores, Simón Bolívar no era «bolivariano». Escuchar a periodistas y analistas políticos hablar con lógico menosprecio del «gobierno bolivariano» o del «régimen bolivariano» aumenta más, si cabe, la infinita náusea que me genera todo lo relacionado con la dictadura de Venezuela. Otro logro más de su ignominia, el régimen ha logrado colocar «bolivariano» como sinónimo de «bananero» en su más peyorativo sentido, cuando el sinónimo real de ello es chavismo o castrismo.

El legado político y filosófico de Bolívar siempre ha sido materia de manipulaciones, idealizaciones, tergiversaciones y amoldamientos forzosos a otras ideologías que le son completamente ajenas, como el vil comunismo caribeño del que los ignorantes quieren hacerlo precursor.

Bolívar y la religión de Estado

El culto a Bolívar es común en América Latina, pero en ningún sitio con la intensidad y fervor que en Venezuela, donde literalmente es una religión de Estado. Durante generaciones se nos ha criado en la admiración y respeto más profundos por el padre de la Patria, se nos ha hecho aprender su vida, su obra y sus frases célebres —ni se diga de los que estábamos en primaria en 1983, cuando se celebró el bicentenario de su nacimiento—. Nadie allí osaría jamás ser crítico con su figura y menos aún deshonrar su memoria, so pena de ser castigado como maldito hereje.

¿Por qué se ha creado semejante adoración? Aunque Bolívar murió apartado forzosamente de la vida pública, abandonado y renegado por sus más próximos colaboradores, poco más de una década después se comenzó a reparar su memoria y a crearse el culto. El primero en aprovecharse de esto fue José Antonio Páez (1790-1873), precisamente uno de los que hicieron el vacío a Bolívar para echarlo de la vida pública (sus razones tenía). En su segundo período como presidente de Venezuela se encargó de traer desde Santa Marta, Colombia, los restos mortales del Libertador con los máximos honores y depositarlos en la Catedral de Caracas en 1842. Recuperó la memoria de Bolívar como elemento de identificación patriótica y de unificación bajo su único mando.

La historia de Venezuela durante los últimos dos siglos, como la de muchos otros lugares, está marcada por una sucesión de caudillos y gobiernos personalistas; a todos ellos les iba de maravilla tener un referente divino al que asimilarse como líderes. Era el Amón-Ra de todos los faraonzuelos del terruño.

El siguiente paso hacia la divinización bolivariana se dio durante los tres mandatos de Antonio Guzmán Blanco (1829-1899) en el último tercio del s.XIX. Guzmán Blanco fue un modernizador del Estado que intentó europeizar las instituciones venezolanas, en especial las educativas y artísticas. Durante la época guzmancista se promovió la exaltación del Libertador, la apología de su obra a través de la literatura y las artes, se instauró el bolívar como moneda oficial y se construyó el solemne Panteón Nacional para acoger los cadáveres de los próceres de la independencia. Allí reposaron en paz los restos de Bolívar hasta 2010, cuando fueron profanados por las infectas zarpas de mico-mandante Chávez.

Total, durante siglo y medio se fue poblando el país de estatuas y retratos del Libertador, las plazas de los pueblos pasaron a llamarse «Plaza Bolívar», los literatos hicieron un relato romanticista decimonónico de su figura, deformando su realidad humana y añadiendo adornos al mito.

Para los seres depravados como Chávez no hay nada sagrado, ni siquiera su propio dios bolivariano. El comandante se emperró en que Bolívar no murió de enfermedad sino víctima de una conspiración masónica internacional imperialista meeeeesmaaaa, de modo que ordenó la profanación de la tumba para un estudio antropológico forense. Tras revolver los huesos se tardó dos años en sacar un «informe provisional» y hasta la fecha no he visto el definitivo. Cuando uno lee ese informe —aparte de lo mal tipografiado que está— parece serio hasta el apartado «Epicrisis», donde quizás los forenses fueron suplantados en el dictado por un médico integralista cubano consultando el manual Merck de los años 70. Acaba con unas conclusiones endebles no basadas en las descripciones previas. Inconclusiones, mejor, pues no encontraron signos de tuberculosis (causa histórica de su muerte, como de la mitad de las celebrities del s.XIX) pero tampoco nada determinante.

bolivar_retratos

A la izquierda y en el centro dos retratos de Simón Bolívar pintados por José Gil de Castro hacia 1825, con el Libertador delante y con su visto bueno. A la derecha la irreconocible faz fabricada por Philippe Froesch a partir del esqueleto profanado por orden de Chávez.

Se aprovechó la profanación para hacer un retrato real de cómo era Bolívar a partir de su calavera, a pesar de que hay abundante iconografía pintada con él delante. El resultado, ahora imagen oficial chavista del Libertador, apenas se parece en las patillas a los retratos hechos en vida; es una burda manipulación racial, distorsionando sus rasgos para hacerlos más mestizos y menos caucásicos, y eso es tan inadmisible como si lo hubieran puesto rubio élfico o con una narizota arábiga. Dicen las malas lenguas que el motivo final de la exhumación fue obtener material para los ritos santeros a los que tan aficionado era el Gorila. Se non é vero…

El remate a esta afrenta fue la construcción de un nuevo mausoleo para el cuerpo de Bolívar, un edificio nuevo construido justo detrás del Panteón Nacional, una mole mussoliniana fea como un tumor del culo y que parece una puta pista de skate. Su construcción se saltó todos los reglamentos de Patrimonio y ha alterado terriblemente el entorno, pero sirvió para que se forraran unos cuantos adláteres del Gorila.

panteon-nacional-atropello

Abominación arquitectónico-urbanística del Panteón Nacional perpetrada por Chávez. A la izquierda está el aspecto antiguo del Panteón con las hermosas cumbres del Ávila al fondo. En el centro, el daño al paisaje y al conjunto histórico de esa mole desproporcionada destinada a mausoleo del Libertador. A la derecha se ve la proporción de la mole, como un enorme teratoma en la rabadilla del antiguo Panteón. Impresiona la forma de pista de scate.

El tema es que Bolívar murió sin dejar hijos y sin fundar un partido, cosa que, si bien evitó que se estableciera una dinastía o un régimen partido único, ha hecho que el culto a su persona sea un comodín del que puedan tirar conservadores, liberales, dictadores militares de derecha y de izquierda, partidos democráticos, movimientos populistas, cantantes folclóricos, salseros o reguetoneros.

¿Por qué Simón no era bolivariano? En primer lugar porque lo que actualmente se entiende como bolivarianismo no es sino el nombre artístico del vil chavismo o castro-chavismo, variante caribeña de la paranoia comunista. Pero veamos unos puntos de su biografía que alejan a Bolívar de ser «bolivariano».

Don Simón, el oligarca

La primera condición que aleja a Bolívar de la mitología castrochavista es su condición de aristócrata, oligarca, terrateniente poseedor de explotaciones agrícolas y mineras, es decir, todo aquello que odian aquellas bestias resentidas. En la Venezuela del siglo XXI Bolívar habría sido expropiado de sus minas, las cuales se habrían dado en explotación a un general inútil que no habría sacado ni barro; le habrían invadido sus tierras en nombre de la revolución, para plantar cuatro chabolos y dejar el campo abandonado e improductivo; le habrían racaneado el cambio de divisas para comprar insumos y repuestos para el ingenio de San Mateo, obligado a vender a precios fijos pero, eso sí, subir sueldos de sus empleados para ajustarlos a la inflación. ¡Por mucho menos que eso se rebeló Bolívar contra el Imperio Español!

La familia Bolívar se asentó en Venezuela, procedente de Vizcaya, a finales del s.XVI y sus descendientes eran de la clase social de los blancos criollos, oligarquía que controlaba la economía y la administración local, solo por debajo de los españoles que ostentaban el primer nivel gubernamental.

Siempre ha habido clases

En la Venezuela colonial había un estricto escalafón social-racial, encabezado por los blancos peninsulares, seguido por los blancos criollos, los canarios (blancos de segunda), los pardos (mestizos de blancos con otras razas) y, finalmente, el resto de mestizos mil-leches, indígenas y negros. Las luchas entre las primeras tres clases eran constantes y los arbitrios de la Corona no solían contentar a nadie. Esta pugna de la oligarquía criolla está en el centro del movimiento de emancipación.

Bolívar no era ajeno a este orden social, si bien proclamaba la libertad y la igualdad, ello no incluía una eliminación de las barreras de clase. El posible ascenso de los pardos en cargos militares o políticos era abominado por los generales blancos criollos, incluido el Libertador, quien ya había catado lo ocurrido en Haití tras la rebelión de los afrodescendientes. La pardocracia era la pesadilla de los caudillos americanos, ¡qué susto se llevarían nuestros próceres si vieran la macacocracia salvaje que se ha nucleado en torno al bisnieto de Maisanta!

De la ilustración al romanticismo heroico

Como muchos jóvenes bien instruidos de su época, Bolívar asumió el ideario heredado tras varias décadas de liberalismo ilustrado. En la Ilustración se propugnó la razón, el conocimiento y la igualdad entre individuos como bases de una sociedad justa y feliz; según ello ninguna persona era mejor por descender de la nobleza y nadie debería unir su promoción y futuro a simples razones de cuna sino a sus méritos propios. Muy distinto de la lucha de clases que un siglo después venderían los nuevos teóricos, donde la obligatoria igualdad debía ser entre grupos y el individuo era menos que secundario.

Tras las revoluciones de Norteamérica y Francia la racionalidad ilustrada se quiso aplicar a la realidad a través de la irracionalidad del romanticismo heroico de principios del s.XIX. Pero a la caída del Antiguo Régimen siguió el terrible ascenso de Napoleón como emperador y el desengaño que aquello causó en esos jóvenes impetuosos y revolucionarios, como Beethoven o el propio Bolívar (que se encontraba en Francia en 1804, cuando ocurrió el evento). Así es como inevitablemente las revoluciones arrastradas por el populacho acaban en una tiranía general.

Nada en las ideas del Libertador remite ni remotamente al socialismo o al comunismo, a menos que se quiera amoldar por fuerza. Tanto así que el mismísimo profeta Karl Marx dedicó un artículo de absoluto vituperio a la figura de Bolívar, tildándolo de gañán, cobarde, inútil y creído, para empezar. «No, pobrecito, es que Marx no estaba bien informado», dicen quienes intentan reconciliar estos extremos, pero la verdad es que esto hace más insólito aún que se haya establecido el marxismo en una tierra donde Bolívar es religión de Estado.

Panamericanismo

Una de las ideas centrales bolivarianas era la unión de los pueblos hispanoamericanos en virtud de su origen común y sus semejanzas culturales. En este sentido Bolívar participó del esfuerzo militar en la mitad norte de Sudamérica, aunque en lo político apenas se concretó en la Gran Colombia, país que duró lo que duró él.

Otra cosa en la que los actuales «bolivarianos» se cagan en el ideario de Bolivar: el nombre de Colombia es un tributo a Cristóbal Colón. Bolívar obviamente no renegaba de la herencia europea y tenía claro que las tierras Americanas son lo que son por la influencia de la colonización. Actualmente las cabezas huecas del socialismo sigloveintiúnico abominan de Colón, del 12 de octubre, del descubimiento y la conquista. Esto pasa a ambos lados del charco. Gentuza con la perpectiva histórica de una cucaracha.

Tal ideal panamericano ha sido apropiado por el bastardo chavismo para apoyar movimientos afines en Latinoamérica —y más allá— y hacer piña contra el imperialismo gringo y demás proclamas manidas. La otra cosa que encanta a los castrochavistas es que Bolívar se erigiera repetidamente en dictador de los territorios liberados y se solazara en elaborar constituciones una tras otra.

Palabras del Libertador a los actuales tiranos de Venezuela

En la abundante documentación dejada por Bolívar hay infinidad de frases grandilocuentes propias de su tiempo y circunstancia. Estas citas se nos han enseñado desde niños como si de versículos evangélicos se tratase. Va bien recordar algunas frases que retratan perfectamente el despropósito de esa banda de crimen organizado que manda por la fuerza en Venezuela:

«No temáis a los tiranos, porque ellos son débiles, injustos y cobardes.»

«Un pueblo es esclavo cuando el gobierno, por su esencia o por sus vicios, huella y usurpa los derechos del ciudadano.»

«Siempre es grande, siempre es noble conspirar contra la tiranía, contra la usurpación y contra una guerra desoladora e inicua.»

«El hombre de honor no tiene más patria que aquella en que se protegen los derechos de los ciudadanos y se respeta el carácter sagrado de la humanidad.»

«Todos los pueblos del mundo que han lidiado por la libertad han exterminado al fin a sus tiranos.»

«Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos.»

«¡Compadezcámonos mutuamente del pueblo que obedece y del hombre que manda solo!»”

«Infeliz del Magistrado que, autor de las calamidades o de los crímenes de su patria, se ve forzado a defenderse ante un tribunal del pueblo de las acusaciones que sus ciudadanos dirigen en su contra.»

«La corrupción de los pueblos nace la indulgencia de los Tribunales y de la impunidad de los delitos.»

«Los empleos públicos pertenecen al Estado; no son patrimonio de particulares. Ninguno que no tenga probidad, aptitudes y merecimientos es digno de ellos.»

«Maldito el soldado que dispare contra su pueblo.»

Los narcotraficantes de la banda de Maduro, Cabello y El Aissami han arrasado cualquier vestigio de civilización, orden y felicidad en Venezuela. La situación es realmente insostenible y, lamentablemente, mientras los militares degenerados sigan protegiendo al cártel, seguirán muriendo opositores, seguirá el atropello sistemático a la gente y mi país cada vez se hundirá más en la violencia.

Y si mañana acabara esta pesadilla y el cártel chavista desapareciera bajo tierra, aun así no veo modo de que Venezuela salga del hoyo. Tal es el grado de deterioro institucional, de infiltración de adeptos chavistas, de grupos violentos que amedrentan a la gente… y para ser sincero, dudo que ese conglomerado de partidos opositores, unidos únicamente por la aversión al siniestro adversario, logre ponerse de acuerdo en las líneas vitales para sacar a flote lo que quede de la república. Negro, muy negro todo.

En cualquier caso, sería más que recomendable ir dejando de aplicar el epíteto de bolivariano a esta salvajada, que don Simón no tiene la culpa. Ojalá sirva esto también para desmitificar a Simón Bolívar. Es mejor conocer a los personajes de la Historia con todas sus caras, sus miserias y sus miedos, además de sus actos célebres. Quien crea dioses crea fanáticos, y los fanáticos solamente traen desgracias.

«Ceterum censeo Podemus esse delenda»
(más que nunca, ¡por favor!)

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s