En noviembre de 2017 la cuenta de Twitter de la Real Academia de la lengua (@RAEinforma) recibió la consulta del usuario @fedesiete preguntando por la grafía correcta de la palabra mamagüevo. La RAE respondió con seriedad y concreción, como suele hacerlo, que según el Diccionario de americanismos se acepta tanto mamagüevo como mamahuevo.

Lo peculiar del caso es que el término consultado es una de las palabras más malsonantes de la jerga regional venezolana, insulto hosco y duro donde los haya. Por ello, la serena respuesta de la RAE generó una buena cascada de tuits en las siguientes semanas; muchos compatriotas no se creían que semejante dicterio estuviese registrado por la Academia.

Dado que las academias de la lengua sancionan el uso de los términos y que este término es extraordinariamente usado en el habla cotidiana de mi país, es lógica su inclusión en el nomenclátor. Sin embargo, la definición del Diccionario de americanismos no refleja adecuadamente la dimensión del término:

mamagüevo: sust/adj. RD, Ve. Persona estúpida, idiota. vulg; desp. (mamahuevo).

La RAE certifica su uso en República Dominicana y Venezuela, pero limita su significado a la acepción más blanda. Lo cierto es que mamagüevo es un sinónimo directo en su construcción y significado del españolísimo término chupapollas (el cual, por cierto, no está recogido en el diccionario general de la RAE ni en el panhispánico de dudas, por lo que no sabemos cuáles grafías son más adecuadas: chupa polla, chupa pollas, chupapolla o chupapollas).

De modo que un mamagüevo es una persona que ejerce la felación, que se mama un güevo. Adviértase que güevo es sinónimo de pene en Venezuela y otros países hispanoamericanos, y así lo recoge el mismo Diccionario de americanismos. Pero una acepción más extendida de güevo es como variante de huevo o como sinónimo de testículo, cosa que resulta bastante obvia.

La asimilación del órgano copulativo con güevo demuestra lo viva que está la lengua y las interesantes transformaciones que en ella acontecen. En el caso que nos ocupa ocurre una doble metonimia, ¡casi nada! En la primera metonimia el todo toma el nombre de la parte: los huevos o testículos ceden su nombre al conjunto de los genitales externos masculinos. Una segunda metonimia traslada el nombre del todo, los genitales externos, a una parte, el pene. El tercer elemento es el refuerzo consonántico del diptongo ‘hue’ que pasa a ‘güe’, fenómeno frecuente en habla castellana (güeso, güeco, güele —de oler—) y habitualmente relacionado con lenguaje vulgar o de zonas rurales. Lo bonito es que estas transformaciones las hace la gente con su habla diaria, sin analizar los mecanismos ni categorizarlos.

Tenemos, pues, al güevo venezolano definido como genitales viriles y más concretamente el pene. De este término nacen otras palabras del habla coloquial, como la mencionada mamagüevo y dos expresiones contradictorias entre sí: ‘güevo pelao’ y ‘agüevoneado’. Ser un güevo pelao es ser una persona hábil y con talento, un experto en un arte u oficio; quizás de origen metafórico en relación con el pene erecto despejado de prepucio, presto para actuar. Por el contrario, ser un agüevoneado es ser un gilipollas, un bobo, lerdo, lento de mente o, volviendo a la raíz léxica, un güevón (también aceptado como huevón, güebón o, patognomónico chileno, güeón). La RAE recoge el verbo pronominal ahuevonearse y la lectura de su tabla de conjugación es una delicia literaria.

Volviendo a los mamagüevos, ¿por qué se toma como una grave ofensa decir que una persona es dada a la felación? Aquí se asigna a la persona felante un papel de sujeto pasivo, sometido, arrodillado ante un superior, que ejerce un acto vil reservado a homosexuales, mujeres y gente indigna. Puede parecer un insulto machista heteropatriarcal, pero lo parece porque lo es.

Otra duda lingüística sobre este término es si varía según el género, es decir, si se apostrofa con el mismo a una mujer ¿debe decirse mamagüeva o se mantiene sin modificar, como pasa con ‘idiota’ o ‘imbécil’?

La gravedad de mamagüevo como insulto venezolano radica en que se asigna a una persona despreciable en grado superlativo, sea por sus acciones mezquinas, por arrastrarse por el suelo miserablemente, por actuar a traición o de modo alevoso contra otros; en fin, es un insulto polisémico aplicable a casi cualquier aspecto altamente negativo del insultado. Su acepción como ‘tonto’ es, como comentamos antes, la más blandita de todas y de ella deriva mamagüevada para indicar una acción o idea rebosante de estupidez.

Para familiarizarse con el uso coloquial de mamagüevo basta poner la palabra en el buscador de Twitter y solazarse con la riqueza de sus aplicaciones. Lamentablemente, muchos usuarios no respetan las grafías correctas del término y lo escriben sin diéresis en la ‘u’, lo que altera completamente su pronunciación, o usan ‘b’ en vez de ‘v’. Exhorto a mis compatriotas a guardar la corrección ortográfica de una palabra que es patrimonio nacional.

maduromamaguevo

Grafiti de protesta en calle de Caracas. A pesar del error ortográfico no pierde poder comunicativo. Via Tuiter.

Al conocer los significados de mamagüevo es fácil comprender por qué se está aplicando como insulto de primera línea contra el asno despreciable de Narcolás Maduro y la plana mayor del régimen chavista. Más que insulto resulta un epíteto pertinente, tipificador y enfático, considerando el nivel de miseria y malevolencia alcanzado por estos narcoterroristas, enemigos de todo lo bueno y noble.

La verdad es que la mayoría de los mandatarios de Estado son susceptibles de adjetivarse como mamagüevos, y en general cualquier jefe de lo que sea, pues bien se sabe la antipatía y resquemores que inspiran las figuras de autoridad, aunque en origen sea una invectiva destinada a entes sumisos o inferiores. En lo personal, no sé si hay otra palabra que me cruce la mente con mayor frecuencia, aunque no la pronuncie, desde el conductor de bus o metro que me cierra la puerta en la cara y arranca, la recepcionista malencarada o el funcionario que obliga a llenar planillas indescifrables, hasta el pico paroxístico cuando veo las noticias y el catálogo de mamagüevérrimos insuperables que desfila por allí. Quizás solo cuando hacía guardias de cirugía en Caracas me venía más a la mente la palabra de hoy.

mamaguevotrends

Frecuencia de búsquedas de «mamagüevo» entre 2004 y 2018, según Google Trends. Arriba se observa una estabilidad de uso en territorio venezolano, mientras abajo se aprecia un aumento progresivo en el ámbito mundial. No me atrevo a hacer interpretación de estos datos ni relacionarlo con la creciente diáspora de venezolanos resabiados.

Notas antiguas sobre la felación

Desde Isis hasta la Lewinsky, la felación ha estado en la trastienda de la historia humana. En otro post comentamos el mito de la resurrección de Osiris mediante un certero mamerto ejecutado por Isis. En el sexto folio del precioso papiro de Ani (1300 a.C.) hay una pequeña viñeta donde se aprecia a una plañidera simulando una felación isíaca a un ataúd sujeto por Anubis. No es la única referencia papirográfica: en el segundo folio del papiro de Henuttawy (hacia el 1000 a.C.) aparecen representados Nut y Geb (dioses del cielo y de la tierra, y padres de Isis y Osiris) con la peculiaridad de que Geb está enroscado en un automamerto y, también curioso, la diosa Nut cuenta con un luengo cipote que le llega a la fosa supraesternal. Ya hablaremos otro día de los dioses itifálicos.

papirofelatio

A la izquierda: plañidera felante en el papiro de Ani. Derecha: autofelación de Geb en el papiro de Henuttawy. Ambos papiros están en el Museo Británico.

En la antigua Grecia el arte felatorio se relacionaba con la isla de Lesbos, la cual consideramos origen del lesbianismo por los poemas de Safo (y actualmente es imagen de la tragedia de los refugiados sirios). En aquellos lejanos tiempos las mujeres de Lesbos tenían fama de hábiles felatrices.

El origen de mamagüevo o chupapollas como fuerte insulto proviene, ¡cómo no!, de Roma. La impresión general del mundo romano sobre el sexo oral era de acto denigrante y antihigiénico: os impurum. Allí se distinguía fellator/fellatrix, quien ejecutaba el chupeteo, e irrumator, el agasajado con la succión o bien quien empotraba por la fuerza su ciruelo en ajenas fauces (lo que en inglés se llama facefuck y que no tiene equivalente en castellano, ni falta que hace).

romafellatio

Izquierda: ‘kylix’ ática, Museo de Bellas Artes, Boston. Centro: lámpara de aceite romana, Salzburgo. Derecha: ‘sprintiae’, ficha para pagar los servicios sexuales profesionales.

Una matrona respetable y de su casa jamás accedería al os impurum, cosa relegada a efebos de callejón y lobas togadas. Si la fellatio ya era alta obscenidad, el cunnilingus era la cochinada al cuadrado, ningún hombre honorable se rebajaría a tan humillante acto. El emperador Augusto dictó leyes puritanas de buenas costumbres que castigaban las prácticas sicalípticas (ya se encargarían sus sucesores de abrir la veda a la depravación). De hecho, el poeta Ovidio fue desterrado por Augusto a causa de sus escritos subidos de tono o, más probable, por follisquear con la imperial hija Julia.

Pero como siempre ha ocurrido, ocurre y ocurrirá, en Roma se practicaban guarreridas orales, aunque se negara o se obviara. Y se practicaban mucho, según atestiguan las persistentes referencias en los poemas obscenos de Marcial, Juvenal o Catulo (con su inmortal «Pedicabo ego vos et irrumabo», verso que abre y cierra su carmen 16: «Os encularé y me la mamaréis»).

Así que, romanos todos, utilicemos con holgura y defendamos de la tirana corrección política el libre uso de chupapollas y mamagüevo, herencia latina irrenunciable, pues en el mundo hay más mamagüevos que ventanas y nuestro deber es señalarlos.

Dedico este post al Dr. Manuel Paz, viejo amigo y condiscípulo.

 

«Ceterum censeo Podemus esse delenda»

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