¡Acontecimiento! Nace la Editorial Científica Kekulé

Hoy publico tres anuncios que me resultan de sumo agrado. El primero, más bien banal, es que la presente entrada es la número 100 de este blog y también su tercer aniversario de trayectoria, desde su aparición el 29 de abril de 2013 con un escueto post. No es importante pero al ego bloguero le gusta conmemorar este tipo de efemérides personales.

El segundo anuncio es el inicio de actividad de un nuevo sello editorial dedicado a la publicación científica en formato digital, y del cual soy uno de sus orgullosos fundadores. ¡Olé!

kekule_isologo_ident

Isologotipo de Kekulé Editorial, imitando una fórmula, elemento común a todas las ciencias duras.

La editorial científica Kekulé

Nos hemos confabulado mi colega oftalmóloga Estrella Fernández, la arquitecta/diseñadora Marga Montoya y este minúsculo médico ilustrador para montar tan novedosa empresa.

¿Por qué nos metemos a publicar libros científicos? En este país contamos con excelentes profesionales, gente de primer nivel que estudia, investiga y se parte el lomo trabajando y adquiriendo una considerable experiencia. Estos especialistas no suelen tener demasiadas oportunidades de publicar buenos libros a través de las grandes editoriales y deben conformarse con pequeñas monografías autoeditadas o morir en publicaciones de sociedades y congresos, no siempre con la mejor pulcritud editorial. La mayoría de estas obras no vuelven a ver una segunda edición…

En este nuevo sello queremos ofrecer a nuestro expertos locales una vía para difundir sus obras con un respaldo editorial adecuado, serio, cuidado y además abocado al inmenso potencial didáctico de las nuevas tecnologías soportadas en el formato de libro electrónico. La cantidad de contenidos enriquecidos que se pueden incluir en un moderno ebook y su fácil acceso en cualquier dispositivo lo convierten en el medio ideal para el aprendizaje científico.

La otra desventaja de los libros impresos o electrónicos de las grandes casas editoriales es su precio abultado, sin duda justificado pero que sobrepasa el dintel de gasto de muchas personas en formación. En la medida de lo posible intentaremos ajustar los precios de nuestras publicaciones, aprovechando el ahorro de gastos de un libro que no requiere impresión, distribución y venta física.

Hay más información disponible en nuestra web de presentación: kekulebooks.com.

August Kekulé, el auténtico “señor de los anillos”

¿Por qué se llama así la Editorial? A nuestros lectores científicos, en especial químicos, no hace falta darles mayores explicaciones. Pero como muchos asiduos de este blog son de formación médica (siempre me lamento de que Medicina sea un grado técnico superior hipertrófico más que una carrera científica) y muchos no habrá oído o no recordarán al profesor Kekulé, prefiero hacer una breve reseña sobre él.

heinrich_von_angeli_-_friedrich_august_kekulc3a9_von_stradonitz

Retrato de August Kekulé. Óleo de Heinrich von Angeli de 1890, Alte Nationalgalerie, Berlin (vía Wikimedia)

Friedrich August Kekulé von Stradonitz (Darmstadt, 1829 – Bonn, 1896) fue un importante químico alemán que tiene el honor de ser el padre fundador de la química orgánica. En su juventud parecía destinado a hacer carrera artística pues tenía gran dominio del dibujo y de hecho comenzó a estudiar Arquitectura, pero se cruzó en su camino Justus von Liebig, otro titán de la química del s.XIX, y arrastró a Kekulé a cambiar de carrera. Se movió por diversas universidades como estudiante y profesor: Giessen, Heidelberg, París, Chur, Londres, Gante y finalmente Bonn, donde hizo la etapa más larga de su trayectoria.

¿Qué importancia tienen los trabajos de Kekulé? Para mediados del s.XIX se conocía la fórmula empírica de numerosos compuestos, es decir, cuántos átomos de cada elemento había (p. ej. propano es C3H8 o glucosa C6H12O6) pero se desconocía si había algún orden en los átomos dentro de la molécula o ésta era un amasijo atómico sin estructura. Kekulé reunió la evidencia acumulada y sacó a relucir su vena arquitectónica: propuso un sistema de construcción molecular donde los átomos se unían unos con otros a través de enlaces y donde un átomo de cada elemento podía hacer un número específico de enlaces. He aquí los conceptos de valencia, enlace covalente y el esquema de átomos unidos por palitos que todos tenemos en la cabeza actualmente. Kekulé fue el principal abanderado de esta nueva teoría de la estructura química, pero a ella contribuyeron muchos, como Couper, Odling, Wurtz o Erlenmayer (sí, el del matraz).

Don August no se detuvo aquí, sino que en 1857 publicó que el carbono tenía una valencia de 4 y también la capacidad de unirse a otros átomos de carbono formando cadenas. Ello significó la fundación de la Química Orgánica como rama por derecho propio.

En 1865 descubrió el enigma del benceno, cuya fórmula empírica C6H6 indicaba la presencia de insaturaciones a pesar de lo cual el benceno era un compuesto muy estable. La solución certera de Kekulé fue disponer los carbonos en forma de anillo hexagonal con enlaces simples y dobles alternantes. Otro melón abierto, el de la química de los anillos aromáticos y posteriormente de los anillos heterocíclicos tan ubicuos en la química de la vida.

monitos

Versión cómica del anillo de benceno del prof. Kekulé publicada por sus alumnos, donde los carbonos son monos haciendo un rondo. Esta parodia guarda relación con el famoso “sueño de Kekulé”.

En 1890 don August fue agasajado por los 25 años de su descubrimiento sobre el benceno y allí el anciano profesor de barba bífida contó la famosa anécdota de los sueños que le inspiraron sus teorías: tras quedarse traspuesto soñó que los carbonos se cogían unos a otros en cadenas y giraban formando un círculo, como una serpiente que muerde su cola. En relación con esta revelación onírica hay una preciosa cita de Kekulé sobre la creatividad y la Ciencia, la cual podéis leer en la web de la Editorial Kekulé.

Queda claro que adoptamos el nombre de este científico como un homenaje, ya que sus aportes permitieron el progreso de la química orgánica y, por extensión, de la bioquímica, la biología molecular y la farmacología.

¿Qué hacemos en la Editorial Kekulé?

Volviendo al tema principal, nuestro objetivo es seleccionar originales de calidad (es decir, no incluiremos libros “por encargo” bajo nuestro sello editorial) y proporcionarles una maquetación digital cuidada, aderezada con contenidos enriquecidos como videos, animaciones, diapositivas, voz, cuestionarios o interactividad. La idea es que estas publicaciones puedan actualizarse y tener ediciones sucesivas. Así, si la cosa progresa, ser un autor publicado por Kekulé será para fardar de ello…

Nos interesan libros técnicos, libros para estudiantes universitarios y para formación postgradual. Nos interesan libros de actualidad, sobre avances en los que aún no hay demasiada literatura, pero también libros docentes, muy pedagógicos y bien escritos. También nos interesa, ¡cómo no!, la divulgación científica. Avisados estáis, potenciales autores.

Para más información sobre nuestra línea editorial y los servicios que ofrecemos podéis consultar el apartado correspondiente en la web: Información para los autores.

Tercer anuncio, primer libro

Lo siguiente tampoco es moco de pavo: el primer ebook que vamos a publicar es el manual “Cómo preparar presentaciones en Ciencia y Medicina”, escrito por mí mismo, ¡chúpate esa mandarina!

Conocido es que una de mis cruzadas es ayudar a mejorar el estilo y el contenido a la hora de hablar en público para optimizar la transmisión de conocimientos y, muy especialmente, para que el público no desee morir por culpa del conferenciante. Esto queda más que reflejado en numerosos artículos de este blog.

bannerpresentaciones

Tiempo tendré de comentar más sobre este manual, pero adelanto que es un producto de la experiencia personal, primero como asistente a congresos, después como orador y por último como asesor de colegas. Está eminentemente orientado hacia la actividad científica a diferencia de la ingente bibliografía dedicada al mundo empresarial y al business, pues no da igual exponer una tesis doctoral que un proyecto para mejorar las ventas de electrodomésticos.

En su momento anunciaremos cuando esté disponible. Paciencia.

NOTA: lo cierto es que cuatro años antes de la publicación de Kekulé sobre el benceno, que tanta fama y prestigio le otorgó, otro químico ya había resuelto el enigma por su cuenta. Johann Josef Loschmidt, austro-checo contemporáneo de Kekulé y también de espesa barba hendida, escribió un manual de química donde aparecía una estructura molecular para el benceno muy parecida a la de Kekulé. También calculó el número de partículas en un mol de una sustancia, constante mejor conocida como número de Avogadro.

Lo que pasó es que Loschmidt publicó sus estudios en una monografía casera de escaso recorrido mientras los otros publicaron en mejores sitios. Así lo que debieron ser sus méritos pasaron a ser epónimos de otros.

He ahí la importancia de publicar en serio, con el respaldo de un sello editorial como dios manda, leñe.

Anuncios

La romántica historia del Schistosoma

 

Schistosoma mansoni

Schistosoma mansoni en microscopía electrónica de barrido, mostrando al macho con sus ventosas oral y ventral, y en la parte inferior vemos a la fina hembra asomando del canal ginecóforo donde vive protegida. Vía phenomena.nationalgeographic.com.

Los textos de parasitología están llenos de personajes cinematográficos. Criaturas extrañas como de un universo de ciencia ficción: nematelmintos, platelmintos, flagelados, amebas, protozoos varios, huevos eclosionando, larvas reptantes, ácaros, insectos vectores, etc. Cada uno con sus armas secretas y sus sofisticados sistemas de contraespionaje frente al sistema inmunitario del hospedador, que les permiten medrar dentro del ser parasitado a cambio de causarle enfermedad, desde persistentes cagarrias hasta condiciones deformantes o mortales.

Pero dentro de este violento panorama también hallamos una historia diferente, un caso de auténtico amor eterno en las parejas de esquistosomas. Estos pequeños gusanos de 1 cm de longitud que habitan dentro de más de 200 millones de personas son una auténtica curiosidad biológica por su ciclo de vida, su morfología y el modo en que interaccionan con el hospedador.

Varias especies son capaces de infectar al ser humano, pero de aquí en adelante me referiré sólo al Schistosoma mansoni, con quien estoy más familiarizado por mi origen caribeño.

La cópula perpetua del Schistosoma

Los esquistosomas son de la clase de los tremátodos (o trematodos, sin acento, como sale en el DRAE), un tipo de gusanos planos. El S. mansoni vive en las venas del sistema porta hepático, desde las vénulas del intestino, pasando por las venas mesentéricas hasta los sinusoides venosos del hígado (aquí un impresionante vídeo de cómo pululan en las venas). Usa sus dos ventosas para adherirse a la pared de los vasos y no ser arrastrado por la corriente circulatoria mientras se alimenta, esencialmente tragando eritrocitos. En estas venas vive y en ellas se echa pareja y comienza a fabricar huevos.

pareja de esquistosoma

Esquistosomas aparejados. El gordo macho recibe en su interior a la fina hembra, insertada a modo de salchicha de hotdog. En esta cópula monógama permanecen la mayor parte de sus vidas. Vía dailyparasite.tumblr.com.

A diferencia de otros tremátodos que son hermafroditas, los esquistosomas tienen sexos separados y, además, un notabilísimo dimorfismo sexual. El macho es grueso y corpulento, mientras la hembra es grácil y estilizada. El cuerpo del macho tiene una hendidura a lo largo del vientre, llamada canal ginecóforo, donde se aloja la hembra. Un macho y una hembra forman una pareja estable y monógama. Permanecen así abrazados, la hembra abrigada por el macho en permanente copulación durante la mayor parte de su vida. Son bichitos bastante longevos que viven un promedio de 10 años, pero pueden alcanzar los 40 años de vida.

Para hacer más bonito el cuento, el macho no solo protege con su robusto cuerpo a su elegante señora, sino que se toma el extenuante trabajo se remontar a contracorriente las venas mesentéricas hasta llegar a los vasos más próximos a la mucosa intestinal, para que su hembra descargue los huevos. Todo un caballero.

Este follador profesional tiene de 4 a 8 testículos, a veces más y falta que le hacen. La hembra tiene un solo ovario y un oviducto, pero es capaz de generar una cantidad ingente de huevos. Otra curiosidad de los esquistosomas es que carecen de ano (cosa muy conveniente cuando se está copulando todo el día), de modo que regurgitan los desechos de su alimentación. La hembra traga 10 veces más sangre que el macho a pesar de que solo pesa un tercio de éste, además de tomar nutrientes directamente del macho. Así, la hembra requiere del macho tanto para complementar su alimentación como para lograr su maduración sexual.

ciclo de vida de Schistosoma mansoni

Así es el ciclo de vida de Schistosoma mansoni en las cálidas aguas de ríos y lagunas del trópico. (Clic para ver en tamaño completo.) Imagen original de Ilustración Médica.

Una biografía compleja

Sí, su ciclo de vida es complicado porque los esquistosomas tienen reproducción mixta sexual y asexual con varios estadios evolutivos y dos hospedadores: un huésped intermediario en los caracoles de agua dulce (específicos para cada especie de esquistosoma) y un huésped definitivo en mamíferos que en el caso de S. mansoni es eminentemente el ser humano. Recordemos que se entiende por huésped definitivo aquel donde los parásitos adultos fornican y se reproducen.

Habíamos dejado a la pareja poniendo sus huevos en la mucosa intestinal, con la intención de que los huevos caigan en la luz del intestino y sean expulsados con las cacas. Con suerte estas cacas alcanzarán un río u otra fuente de agua dulce donde el huevo se abre y deja salir una larva ciliada llamada miracidio que nada hasta encontrar un caracol al que infectar (en el caso del S. mansoni el caracol es del género Biomphalaria). Dentro de este hospedador intermediario el miracidio se convierte en esporoquiste, el cual se multiplica asexualmente de manera numerosa.

Siempre pensamos en la enfermedad humana, pero el pobre caracol también ve carcomida su salud por efecto del esquistosoma. Los esporoquistes abandonan el caracol convertidos en otro tipo de larva, cabezona y con cola bifurcada, llamada cercaria. Es la cercaria quien penetra en el ser humano a través de la piel del incauto bañista que disfruta de la charca, con lo buena que está el agua y el calorcito que hace. Ya dentro del huésped humano la cercaria muta a esquistosómulo y finalmente crece hasta gusano adulto.

Bilharzia

La esquistosomiasis también se conoce como bilharzia o bilharziosis, en honor al alemán Theodor M. Bilharz (1825-1862), pionero de la parasitología quien descubrió estos gusanos cuando trabajaba en Egipto. El nombre de Schistosoma, que significa “cuerpo hendido”, fue introducido por Weinland en 1858 y el apellido es tributo a Patrick Manson (1844-1922), insigne tropicalista escocés.

La enfermedad tiene una forma aguda conocida como fiebre de Katayama, más frecuente cuando la primera infección ocurre en un adulto, pero la forma más frecuente de la esquistosomiasis es una lenta evolución crónica con formación progresiva de granulomas por los huevos y formas inmaduras del parásito.

En el caso de S. mansoni estos granulomas afectan al hígado y al sistema de la porta conduciendo a la potencialmente mortal hipertensión portal. También causa trastornos intestinales, anemia y en ocasiones neumonitis o hipertensión pulmonar.

Bilharz y Manson

Theodor Bilharz (izquierda) y Patrick Manson (derecha), impulsores de la parasitología en el siglo XIX.

Un gusano evasor

Este epíteto es aplicable a cualquier defraudador de Hacienda de los que no dejan de aparecer en las noticias, pero aquí me referiré a las artimañas de las que se vale el esquistosoma para eludir el ataque del sistema inmunológico y vivir tan pancho en el hospedador.

Como dijimos antes, los granulomas se forman alrededor de los huevos y parásitos jóvenes, y es que los gusanos adultos logran vivir en relativa paz con el hospedador, casi en relación de comensalismo. Es como aquellos vecinos decentes que serían entrañables si no fuera porque tienen hijos vándalos y alborotadores que joden el barrio.

Los huevos retenidos en los tejidos, las cercarias y los esquistosómulos carecen de los sofisticados mecanismos para esconderse del sistema inmunitario y por ello generan la reacción que conduce a la enfermedad.

En cambio los Schistosomas adultos se esconden de la vigilancia inmune de una forma ingeniosa: se rebozan con proteínas del propio huésped, de manera que quedan disfrazados de componentes humanos y evitan ataques. También descaman antígenos para que los anticuerpos y los linfocitos vayan a por ellos en vez de atacar al parásito, así los misiles del sistema inmune persiguen las falsas dianas en vez del blanco principal. Por otra parte segregan enzimas que neutralizan los radicales libres generados por leucocitos y proteasas que inactivan a anticuerpos, factores del complemento y otras moléculas que puedan dañar su integridad. Una vez fallecido, el cuerpo inerme del parásito puede generar granulomas.

Sinceramente, si existiera la reencarnación no me molestaría volver a la vida en forma de Schistosoma, es un bicho que siempre me ha dado sana envidia. Recorre mundo en su juventud, pululando en el agua y haciendo Erasmus en un molusco, ya maduro vive en un eterno abrazo con su pareja adorada, literalmente nadando en la comida que toman sin esfuerzo, a salvo de los peligros del mundo exterior y de la policía local que no los tocan. Parece una existencia feliz y pacífica; como diría Spock, una larga y próspera vida.

Existen otros bichujos que ejercen la cópula perpetua como modus vivendi, como los nemátodos de la familia Syngamidae que incluye al Syngamus trachea o al Mammomonogamus laryngeus, ambos parásitos de la vía respiratoria de aves y mamíferos. Aquí la hembra es grande y el macho es un pequeño accesorio pegado a ella. El nombre de los singámidos viene de los términos συν (junto) y γάμος (pareja, matrimonio), destacando la unión conyugal de estos seres. Lo del fornicante Syngamus recuerda la acepción caribeña de ‘singar’ con la que se indica la acción coital. ‘Singar’ puede relacionarse con singar/singlar, navegar remando (de etimología noreuropea), o quizás sea derivación de chingar, vocablo de origen caló.

Un señor llamado Stent

Aneurisma de aorta torácica descendente tratado mediante un estent intravascular. Imagen de Akin I., Kische S. et al. vía PubMed Central.

A casi todo el mundo le suena stent por los tubitos que se ponen en las arterias coronarias y otros vasos en trance de obstrucción para restituir la circulación, aunque las aplicaciones de estas prótesis son variadísimas en diferentes campos de la Medicina. Menos popular es el origen de la palabra stent, pues no es un simple anglicismo sino que se trata de un epónimo derivado de Charles T. Stent.

El término proviene, pues, de un nombre propio que se transformó en un nombre común. Un destino compartido también, entre otros, por Girolamo Cardano o François Barrême, con sus apellidos inmortalizados en el artefacto del cardán y el listado de cálculo del baremo, respectivamente.

La historia del desarrollo de los stent va desde las selvas tropicales del sudeste asiático, pasando por la silla del dentista, los cables eléctricos submarinos y los cirujanos de la Primera Guerra Mundial, hasta llegar a la moderna radiología intervencionista.

banner_presentaciones

Llenando la boca de látex

La cosa empieza con la gutapercha, un tipo de látex extraído de árboles del género Palaquium, oriundos de Malasia. Este plástico es el isómero trans del 1,4-poliisopreno (el caucho es su isómero cis y proviene de otro tipo de árbol). Durante el s.XIX la gutapercha se popularizó como material industrial polifacético para fabricación de objetos, aislamiento eléctrico o impermeabilización, tal como se usan ahora los plásticos sintéticos. (Ver aquí algunos posts del profesor Yanko.)

Un dentista llamado Edwin Thomas Truman (1818–1905) inventó un sistema optimizado de preparación de la gutapercha para emplearla en su oficio, por ejemplo en rellenos dentales o piezas protésicas. Truman patentó su procedimiento en 1848 (ver aquí) y tan bien funcionó que años después se usó para recubrir los cables submarinos trasatlánticos de transmisión telegráfica. Actualmente la gutapercha sigue siendo un material empleado en endodoncia.

La pasta de Charles Stent

Charles Thomas Stent (1807-1885), dentista inglés inventor de la pasta de moldeado para impresiones dentales posteriormente usada en otros campos quirúrgicos. Imagen vía Circ Cardiovasc Interv, 2011.

En la época de Truman también se intentó usar la gutapercha para hacer moldes de impresiones dentales, pero no funcionaba demasiado bien pues el material sufría retracción al enfriarse y solidificarse, de modo que la huella dental no quedaba fiel. El otro modo de hacer impresiones dentales era con yeso, cosa bastante engorrosa de usar dentro del hocico.

Aquí aparece Charles Thomas Stent (1807-1885), un dentista inglés que al igual que Truman llegó a ser odontólogo de la Casa Real británica. En la década de 1850 trabajó en una nueva pasta para impresiones dentales a partir de gutapercha mezclada con sebo (estearina, para ser finos), talco como agente de carga y unas gotitas  de colorante rojo. Este flamante material de Stent resultó un éxito odontológico y el señor Stent creó una compañía para producir y comercializar el producto. También fabricó un brazo articulado para aplicar su pasta de moldeado. Falleció a los 78 años de carcinoma hepático y su empresa siguió en manos de sus hijos.

Actualmente las impresiones dentales se obtienen usando pasta de alginato o de polisiloxanos (silicona, para los profanos), pero el invento de Stent fue muy relevante en su campo.

marca stent

Sello de la marca de material moldeable dental fundada por Charles Stent y sus hijos. Muestra las siluetas de las clásicas cucharas para impresiones dentales.Imagen vía Circ Cardiovasc Interv, 2011.

Del material de Stent al material de stent

J.F. Esser

Johannes Fredericus Samuel Esser (1877-1946), cirujano plástico además de campeón de ajedrez y millonario empresario y marchante de arte, un partidazo. Fuente: Eur J Plast Surg, 2009.

Esto pasó durante la animalada de la Primera Guerra Mundial. Un cirujano plástico natural de Leiden, Jan Fredericus Esser (1877-1946) que durante la guerra ejerció en Moldavia y Viena, se curtió con más de 700 intervenciones en caras destrozadas por el combate y publicó su experiencia en el Annals of Surgery de marzo de 1917 (Studies in plastic surgery of the face, ver aquí el original con su galería de horrores). Es lo bueno de la ciencia, un médico holandés que trabajaba en el lado austro-húngaro publicó su aportación en un revista anglosajona, sin importar bandos.

Esser empleó la pasta dental de Stent como molde para sujetar injertos cutáneos tipo Thiersch en sus procedimientos reconstructivos, especialmente en aquellos orales, mandibulares y de párpados. Es un excelente principio quirúrgico cuando se usan injertos de piel o mucosas: fijarlo lo mejor posible al contorno de la zona receptora para evitar su contracción, combado o formación de espacios muertos. Esto se sigue haciendo mediante empaquetamiento sujeto con suturas, puntos transfixiantes, conformadores o dispositivos de presión negativa.

Esser

Figura de la publicación de Esser de 1917 en Annal of Surgery, mostrado el uso del material de Stent en la reconstrucción del mentón. Vía PubMed Central.

El material de Stent esterilizado y moldeado permitía a Esser mantener estirados los injertos en esas zonas de anatomía compleja. En su artículo se refiere al material como “mould of dentical mass (Stent’s)” y de allí en adelante siempre lo escribe como stent con minúscula. Hay que recordar que esta pasta era un producto comercial vendido bajo la marca “Stent”, así que más que un epónimo tergiversado, el stent con minúscula corresponde a ese frecuente fenómeno donde una maca registrada pasa a ser nombre común como sucede con támpax, clínex, cocacola, jacuzzi, maicena, chupachups, pladur, aspirina o bótox.

A partir de entonces se vinculó el concepto de “molde quirúrgico” con la palabra stent y tal concepto fue difundiéndose en diversas especialidades quirúrgicas para referirse tanto a piezas externas para sujetar injertos como a piezas internas para mantener abiertos agujeros y conductos, independientemente del producto empleado, fuera un material termoplástico, polietileno, goma o teflón. Así en los años 50 y 60 se publicaron stents para vía biliar (1, 2) y en los 70 para vía urinaria (3) y aparato reproductivo. Actualmente no hay casi sistema de conductos en la anatomía donde no se haya probado algún tipo de stent.

(Aprovecho para comentar que los stent de conducto lacrimonasal colocados mediante radiología son una puta basura. Me siento obligado a decirlo como cirujano de vía lacrimal que ha tenido que explantar un ingente número de ellos y lidiar con el estado en que quedan estas vías tras llevarlos. Ya está, ya lo he dicho.)

Stents vasculares, las reinas de la fiesta

Alexis Carrel

Dr. Alexis Carrel (1873–1944), portada de la revista Time de septiembre de 1935.

Sin duda el área donde más ha influido la tecnología de las endoprótesis es en la angiología a través de la radiología intervencionista. Actualmente existen múltiples modelos de stents auto-expansibles para implantar mediante catéter en arterias con obstrucción ateromatosa, trombos, disecciones o dilataciones aneurismáticas.

Antes de que se planteara el concepto quirúrgico de stent la idea ya había sido ensayada en 1912 por Alexis Carrel (1873–1944), Nobel de Medicina y prócer de la cirugía vascular y de trasplantes, quien usó tubos de vidrio parafinado dentro de anastomosis aórticas experimentales.

Charles Dotter

El radiólogo Charles Dotter en un artículo de la revista Life de agosto de 1964 sobre su éxito en la angioplastia. Sus inquietantes gestos quizás se relacionan con su apodo de Crazy Charly.

Quien dio el mayor impulso al stent vascular en su concepto actual fue el radiólogo Charles Dotter (1920-1985), alias Crazy Charly, padre del cateterismo cardíaco y de la angioplastia con balón (de la que el año pasado se cumplió su 50 aniversario). En 1983 publicó el uso de una endoprótesis vascular espiral para mantener permeable la luz del vaso (4). En 1996 R.L. Feldman usó un modelo de stent coronario para aplicarlo en neurorradiología, tanto en circulación carotídea como vertebrobasilar (5,6).

Mejor ‘estent’ que ‘stent’

Esta palabra ha traído cola entre los lingüistas de habla inglesa, pues según otras teorías la etimología de stent no nace del apellido del citado dentista sino que provendría de un término escocés medieval que significa ‘estirar’ o ‘extender’ (aplicado por ejemplo a las redes de pesca), derivado del latín ‘extentus’ o quizás relacionado con ‘stint’, palabra inglesa para ‘restringir’.

Aunque a lo largo de este artículo he usado el anglicismo stent con su correspondiente cursiva, la Real Academia ha incorporado la palabra al diccionario con su grafía española: estent y su plural estents. De modo que éste debería ser el uso correcto cuando escribamos en nuestra lengua. También deberían evitarse expresiones como ‘stenting’ o ‘stented’ si no estamos hablando en inglés.

Lecturas recomendadas:

  • Roguin A. Stent: The man and word behind the coronary metal prosthesis. Circ Cardiovasc Interv. 2011;4:206.

  • Ambekar S1, Nanda A. Charles Stent and the mystery behind the word “stent”. J Neurosurg. 2013;119:774.

  • Mulliken JB, Goldwyn RM. Impressions of Charles Stent. Plast Reconstr Surg. 1978;62:173.

  • Ring ME. How a dentist’s name became a synonym for a life-saving device: the story of Dr. Charles Stent. J Hist Dent. 2001 Jul;49(2):77.

  • Iqbal J, Gunn J, Serruys PW. Coronary stents: historical development, current status and future directions. British Medical Bulletin, marzo 2013.

  • Hilbert J, Hoenig JF. The plastic surgeon Johannes Fredericus Samuel Esser (1877 to 1946), M.D., D.M.D. and his unknown period during 1917 and 1925 in Berlin, Germany. Eur J Plast Surg. 2009:32;127.

 

Nombres tontunos en Medicina: Madame Butterfly

Si usted escucha que se practicará una cirugía de Madame Butterfly ¿qué le viene a la cabeza? Quizás sea por mi afición operística, pero para mí la única asociación quirúrgica posible con Madama Butterfly sería una laparotomía exprés para eviscerarse según el suicida ritual japonés del seppuku.

Pero no es el caso. Resulta que tal intervención no incluye desparramamiento de intestinos, sino que es una técnica oculoplástica para corregir el descenso de los párpados inferiores. Con el nombre de procedimiento “Madame Butterfly” apareció publicado en 1985 en la recién nacida revista Ophthalmic Plastic and Reconstructive Surgery (alias OPRS, hoy la más relevante de la especialidad). Sus autores fueron Norman Shorr y Martin Fallor, del Instituto Jules Stein de California: “Madame Butterfly” procedure: combined cheek and lateral canthal suspension procedure for post-blepharoplasty, “round eye,” and lower eyelid retraction. Ophthal Plast Reconstr Surg. 1985;1(4):229-35.

En el artículo se explica la técnica quirúrgica para corregir la retracción palpebral inferior que ocurre como complicación de la cirugía de “bolsas” de los párpados, sin tener que optar por un antiestético injerto de piel. Incluye unas explicativas ilustraciones a lápiz bastante buenas (cuyo autor, como es costumbre, ni en los agradecimientos aparece). La técnica está bastante extendida y la practicamos con relativa frecuencia. Por suerte el apelativo dado por Shorr no se ha difundido tanto.

Así se sube el párpado de abajo

Como ya mencionamos, el procedimiento se planteó para elevar el párpado inferior caído tras blefaroplastia, cosa que da un feo aspecto de ojo redondo (“ojo pescao”) además de causar desprotección de la parte inferior de la córnea. Pero además es aplicable a otras condiciones con retracción palpebral inferior sin déficit de piel, como tras fracturas orbitarias, traumatismos faciales, cicatrización conjuntival o en casos de ojos saltones asociados a hipoplasia maxilar.

El primer paso es disecar el canto lateral y el fondo de saco conjuntival inferior, a través del cual se puede despegar cualquier cicatriz en la zona y liberar los tejidos de la mejilla para fijarlos en una posición más alta mediante suturas ancladas al periostio del reborde orbitario. Esta maniobra descarga el peso que la mejilla ejerce sobre el párpado inferior.

A continuación se tensa el tendón cantal lateral re-anclándolo al reborde orbitario lateral. Suele ser necesario añadir un injerto espaciador bajo el tarso inferior, para asegurar que éste mantenga la altura adecuada y no vuelva a descender ni adherirse a otros tejidos. El espaciador se extrae de paladar duro o del tarso superior, pero también se ha empleado dermis acelular, cartílago autólogo, cornete inferior, esclera de donante o pericardio bovino liofilizado. Conviene dejar suturas de tracción que estiren el párpado hacia arriba durante unos cuantos días.

midface lifting

Cirugía para la retracción del párpado inferior (vista de cirujano). A: incisión en fórnix y disección hasta reborde orbitario, se despega el tejido malar del plano óseo y se eleva fijándolo al reborde. B: se coloca un injerto espaciador bajo el tarso inferior y se tensa el canto lateral. Imagen original de www.ilustracionmedica.es (clic para tamaño completo).

El procedimiento original de Shorr era bastante conservador en su disección malar y no incluía injerto espaciador. Posteriormente se ha ido mejorando la técnica y actualmente se tiende a ser generoso en la elevación malar (midface lifting) y casi siempre se incluye espaciador. El resultado suele ser muy satisfactorio en la mayoría de los casos.

Shorr_Madame_Butterfly

Imagen original del artículo de Shorr (OPRS 1985) mostrando un paciente con descenso de párpados inferiores (A), el resultado postoperatorio inmediato tras elevación malar y cantopexia (B) con aspecto satánico de máscara kabuki, y el satisfactorio resultado final (C).

¿Por qué Madame Butterfly?

Sí, la técnica es cojonuda, pero el nombre es bastante besugoide. Los autores originales argumentan lo siguiente:

The net result of this procedure should be to impart a slightly greather tan normal mongoloid slant to the eyelids, hence the title, “Madame Butterfly” procedure.

O sea, que los ojos quedan achinados y por eso es Madame Butterfly. ¿Por qué no procedimiento Yoko Ono, Bruce Lee o Jackie Chan? O bien Genghis Khan. O bien máscara Kabuki. O bien Señor Miyagi. O bien Turandot, que también es ópera de Puccini y de tema oriental. No sé.

Esta operación no es la única que achina los ojos, pues con una común cantopexia o tira tarsal lateral para arreglar un ectropión o un párpado laxo ya se tiene el resultado mongoloide (transitorio siempre, con las semanas va volviendo al aspecto “occidental”).

Quiero incidir aquí en el rigor a la hora de bautizar un procedimiento, técnica, síndrome o condición. Hablar de elevación mediofacial más injerto espaciador es suficientemente descriptivo para cualquier cirujano del área. Resulta innecesario y endeble el sobrenombre aplicado en este caso.

Una cosa es usar apelativos coloquiales en la práctica diaria, dentro del departamento, y otra es publicarlos así en una revista científica. En donde estudié llamábamos “maniobra de la mortadela” a lo que pasaba en diabéticos con macroangiopatía, donde empezabas amputando un dedito del pie y con el tiempo ibas subiendo hasta acabar en supracondílea. Pero sería una animalada pretender publicar en serio este nombre.

En fin, son las licencias que se permiten los autores anglosajones, más si proceden de centros prestigiosos: poder publicar a placer aun metiendo morcillas. Luego los demás repetimos sus máximas con escaso atisbo crítico (ya lo comenté en el post del síndrome del centurión). Los revisores implacables son para otros.

El Dr. Norman Shorr sigue promocionando su técnica con el nombre de Butterfly (he aquí un artículo de 2005 y una entrevista en Ophthalmology Times). Por suerte el apelativo operístico no se prodiga mucho más allá de los allegados al Jules Stein Eye Institute, aunque a veces uno se topa con algún iluminado.

Chocho-San

madama butterfly ricordi

Cartel de Madama Butterfly para la Editorial Ricordi, de 1904, diseñado por Leopoldo Metlicovitz.

La ópera Madama Butterfly fue compuesta por Giacomo Puccini (fumador adicto, muerto por un tormentoso cáncer laríngeo) y se estrenó en la Scala de Milán en 1904. Su argumento se basa en hechos que pudieron pasar en Japón a finales del s.XIX tras su apertura al comercio internacional durante la restauración Meiji, cuando comenzaron a llegar marineros de todas partes a sus puertos.

La ópera está musicalmente muy ambientada en aire japonés e incluye varias citas del himno nacional norteamericano y otros topicazos yanquis. Es una buena pieza para iniciarse en la ópera, pues tiene una trama lineal, la música es preciosa y solo dura poco más de dos horas. Aquí os vinculo dos versiones en vídeo (voces justitas), una del Sferisterio de Macerata de 2010, de ambientación tradicional, y otra del Teatro Regio di Torino de 2014, modernizada con cafiches de Hong-Kong y todo.

La historia es que Pinkerton, un marino yanqui, se compra una adolescente japonesa “como esposa”, para los meses que iba a estar allí. La chica en cuestión se toma en serio el asunto marital y cuando el marino se pira la muy boba se queda esperando años, hasta verse abandonada y en la ruina. El nombre de la japonesita es Chocho (en japonés chō 蝶 es mariposa), cosa que se presta a cachondeo en nuestro idioma (oye, propongo que la operación se llame Chocho surgery: “hoy operaré un Chocho…”).

Total que el americano cabrón vuelve con su esposa gringa sólo para llevarse al niño nacido de la cohabitación. Tragedión en toda regla que lleva a la pobre Chocho a un harakiri espantoso. Por cierto, el suicidio femenino japonés no se llama harakiri ni seppuku, sino jigai, y la herida se infligía a nivel del paquete vascular yugulocarotídeo y no en el abdomen, como en el caso masculino y como suele representarse en esta ópera.

Ya lo del suicidio por honor no se lleva. En la antigüedad un romano de pro caído en deshonra optaba por arrojarse sobre su espada. Luego Séneca popularizó lo de cortarse las venas en una bañera con agua caliente. El seppuku japonés de los samuráis se prohibió en 1873, pero muchos lo practicaron durante la Segunda Guerra Mundial.

¿Os imagináis a algunos de nuestros políticos caídos en la más profunda deshonra, asumiendo sus actos y empuñando un arma blanca para librarnos de su nefando peso?

Epónimos: Heinrich Müller (el bueno, no el de la Gestapo)

Sirva esta entrada como homenaje al anatomista y fisiólogo Heinrich Müller (1820-1864) en los 150 años de su deceso. Este hombre de ciencia se dedicó a la anatomía comparada y estuvo especializado, casi exclusivamente, en el aparato visual. No hay mucho de donde rascar en su corta biografía; la búsqueda de información resulta interferida por los numerosos Heinrich Müller que han existido, de los cuales el más famoso es el nazi, oficial de las SS y jefe de la Gestapo. Recordemos, pues, al Müller bueno y sus contribuciones a la eponimia oftalmológica.

Heinrich Müller, retrato y fotos de células de Müller

Heinrich Müller y sus células retinianas. Imagen extraída del libro monográfico de A. Reichenbach.

Datos biográficos

Heinrich Müller nació el 17 de diciembre de 1820 en Castell, un pueblo del sur de Baviera. Allí pasó sus primeros 18 años, hasta que se matriculó en la vecina Universidad de Múnich. Durante los siete años siguientes hizo sus buenos erasmus en otras universidades: Heidelberg, Friburgo, Viena y Wurzburgo. Entre sus profesores destacan ni más ni menos que Carl von Rokitansky (el padre de la anatomía patológica, ahí es nada), Jakob Henle (el del asa, ilustrísimo histólogo) y Friedrich Arnold (el del nervio auricular).

En 1847 entró a trabajar en la Universidad de Wurzburgo y allí permaneció hasta su temprana muerte. En 1849 tuvo la intención de ocupar la jefatura de Anatomía Patológica, pero la Facultad optó por darle el puesto a un chaval arribado por motivos políticos desde Berlín: Rudolf Virchow (como para presentarse a un concurso a lado de éste). El puteado Müller se tuvo que dedicar a impartir Anatomía Topográfica y Anatomía Comparada.

A partir de 1851 se centró en estudiar el ojo. Probablemente ya se había interesado por la microanatomía ocular en sus tiempos con Henle, pero a partir de 1854 pasó temporadas en Berlín con von Gräfe y mantuvo contacto con Arlt y Bowman. Estudió ojos humanos y de otros mamíferos, anfibios, reptiles y aves. Realizó numerosas investigaciones sobre la organización de la retina, incluyendo la descripción de las ahora llamadas células de Müller y del pigmento retiniano (“Zur Histologie der Netzhaut”. Zeitschrift für Wissenschaftliche Zoologie, 1851, 3: 234-237). También describió el receso supraquiasmático del tercer ventrículo (trígono de Müller) y los tres músculos oculares que llevan su nombre y que trataremos en breve.

Sus trabajos oftalmológicos fueron recopilados y editados por Otto Becker en 1872, bajo el título de “Heinrich Müller’s Gesammelte und Hinterlassene Schriften zur Anatomie und Physiologie des Auges”, disponible en pdf para los curiosos en este link. El primer capítulo es una biografía de Müller.

En otros campos, estudió la regeneración de la cola de la lagartija, la osteogénesis y su relación con el raquitismo, y quizás su hallazgo más relevante, el descubrimiento de la actividad eléctrica del corazón. Müller y su colega, el suizo Rudolph Albert von Kölliker (1817-1905) publicaron en 1856 un trabajo describiendo cómo con cada latido del corazón de la rana ocurría una oscilación de corriente eléctrica (“Nachweis der negativen Schwankung des Muskelstroms am naturlich sich contrahirenden Muskel”. Verhandlungen der Physikalisch-medizinische Gesellschaft, Würzburg, 1856, 6: 528-533). Téngase en cuenta que a mediados del s.XIX la electricidad era una ciencia emergente, y la bioelectricidad era más curiosidad que ciencia.

En un miserable pitorreo del destino, Müller sufrió a sus 43 años un zóster oftálmico, que terminó en coma y fallecimiento el 10 de mayo de 1864.

ilustración de la retina, original de H. Müller

Ilustración de las capas de la retina de ave y algunos de sus tipos celulares, en el volumen recopilatorio de los trabajos oftalmológicos de Müller de 1872 (ver el libro)

La retina de Müller

Gran parte de su obra está dedicada a la organización de la retina de los vertebrados y en sus ilustraciones aparece con detalle la estructura por capas de la retina, la arquitectura foveal y la descripción de múltiples variedades celulares. La retina es una porción del cerebro que se asoma directamente al exterior y, como parte del sistema nervioso central, está formada por un buen número de tipos diferentes de neuronas y por células gliales.

La glía o neuroglía se refiere a las células del sistema nervioso que no son neuronas y, por tanto, no tienen capacidad de transmisión sináptica. El término fue acuñado por Virchow, el rival de Müller, a partir de γλία (pegamento), raíz griega emparentada con el latín gluten/glutinis y origen de palabras como ‘aglutinar’, ‘glutinoso’, ‘gluten’ o el inglés ‘glue’. Es decir, las células de la glía sujetan la estructura del tejido nervioso.

células de Müller de la retina, inmunofluorescencia

Tinción por inmunofluorescencia de la retina, mostrando las células de Müller en rojo. En la parte inferior destacan en verde los segmentos externos de los bastones. Foto original, como no, de Reichenbach, vía neurophilosophy.wordpress.com

Müller describió un tipo de célula retiniana no neuronal de aspecto llamativo: eran células en forma de columna, cuya altura ocupaba casi todo el espesor de la retina, desde la membrana limitante interna hasta la limitante externa. Estas células de Müller son la glía por excelencia de la retina.

Tienen múltiples funciones: sostén estructural de las demás células retinianas (vertebrando auténticas unidades junto con sus células “protegidas”), soporte metabólico a las neuronas, procesamiento de retinoides, eliminación de desechos, barrido de exceso de neurotransmisores, neuroprotección y, la función más curiosa que se les adjudica, actúan como “fibras ópticas” colimando los haces luminosos y transmitiéndolos hasta la capa de los fotorreceptores (ver un artículo).

La retina cuenta con otros dos tipos de glía: los astrocitos (ubicados en la capa de los axones de las células ganglionares) y la microglía (son macrófagos residentes en el sistema nervioso).

Para saber más, pero que mucho más, sobre estas células recomiendo consultar las numerosas publicaciones de Andreas Reichenbach, un obsesivo de las células de Müller, en especial su libro monográfico Müller Cells in the Healthy and Diseased Retina.

El otro gran descubrimiento retiniano de Müller fue el pigmento de los fotorreceptores. En 1851 apuntó que en la capa de bastones de la rana se percibía un color rojizo. No se supo más del tema hasta que Franz Christian Boller observó en 1876 que ese pigmento cambiaba de rojo a amarillo según su exposición a la luz. Ésta era la “púrpura visual”, la importante rodopsina.

El músculo ciliar de Müller

Apuntamos antes que este autor describió tres estructuras musculares en el territorio ocular: los músculos ciliar, tarsal y orbitario, todos formados por células musculares lisas con inervación autonómica.

ángulo iridocorneal, músculo ciliar de Müller

Área del ángulo iridocorneal del ojo. Se muestra la sección de las fibras circulares y radiales del músculo ciliar. Imagen original de www.ilustracionmedica.es.

El músculo ciliar está incluido dentro del cuerpo ciliar y es el responsable principal del mecanismo de acomodación para el enfoque de imágenes a diferentes distancias. Para enfocar de cerca el músculo ciliar se contrae y la zónula del cristalino (fibras que mantienen esta lente centrada en su posición) se relaja, esto aumenta la curvatura del cristalino y lo adapta a un punto focal próximo. La pérdida de poder acomodativo es la inevitable presbicia que a todos nos toca a partir de los 40.

El músculo ciliar tiene dos tipos de fibras, unas radiales que se insertan en el espolón escleral, y otras circunferenciales más próximas a la zónula del cristalino. Éstas últimas son las conocidas como músculo de Müller o de Müller-Rouget (por Charles Marie Rouget, 1824-1904).

El músculo tarsal de Müller

músculo taras de Müller

Disección de músculo tarsal superior de Müller. Extraído del artículo de Esperidião et al. Anat Sci Int (2010) 85:1–7

De los músculos de Müller éste es el de más relevancia en la práctica clínica, en especial en cirugía oculoplástica. De hecho, quienes nos dedicamos a ello simplemente hablamos “del Müller”, a secas.

Se trata de una lámina de fibras musculares lisas ubicadas por detrás del músculo elevador del párpado superior y que contribuye de forma tónica a un par de milímetros de la apertura palpebral. Su sobreactivación por el sistema simpático induce la retracción de los párpados típica de la cara de susto. Hay un músculo similar en el párpado inferior, pero mucho menos desarrollado. Müller describió tanto el superior como el inferior, aunque el epónimo se lo lleve el de arriba.

En casos de retracción constante del párpado superior, como en personas con hipertiroidismo, se puede practicar una müllerectomía, es decir, resecar este músculo para corregir el problema. Por el contrario, en algunos casos de ptosis (párpado descendido) se realiza una conjuntivomüllerectomía o técnica de Putterman, para elevar el párpado superior (ver artículo).

El músculo orbitario de Müller

Es el más desconocido de los tres, y de significado funcional más que dudoso. Se trata de un filete muscular que cierra la hendidura orbitaria inferior, separando la órbita de la fosa infratemporal. Guarda estrecha relación con los nervios infraorbitario y cigomático. Se considera un vestigio “arqueológico” en el humano, pero está muy desarrollado en otros mamíferos (perros y gatos, por ejemplo), donde este músculo cierra las paredes orbitarias inferior y lateral. En otros vertebrados se trata de un músculo estriado bien desarrollado.

músculo orbitario de Müller, nervio infraorbitario

Músculo orbitario de Müller, tapizando la hendidura esfenomaxilar que separa la órbita de la fosa pterigopalatina. Se observa su inserción en el extremo del seno cavernoso y la relación de este músculo con el nervio infraorbitario, que pasa por su cara inferior, y con el nervio cigomático que lo atraviesa.Imagen original de www.ilustracionmedica.es.

En cirugía orbitaria oftalmológica el músculo orbitario de Müller no tiene demasiada relevancia práctica, pero sí resulta una referencia muy útil cuando se aborda la base del cráneo por vía endoscópica a través del seno maxilar (ver artículo).

Éste es, pues, el legado de Heinrich Müller. Habitualmente los retinólogos y los oculoplásticos estamos en los extremos opuestos del espectro oftalmológico y con frecuencia vemos a los del otro bando como “gente peculiar”. La verdad es que muchos oftalmólogos no caemos en la cuenta de que las células retinianas y el socorrido músculo palpebral se relacionan con el mismo Müller.

En cuanto al nazi Heinrich Müller (1900-1945?), conocido coloquialmente como Gestapo Müller, sí que hay abundantísima información disponible en la red. Entró en las SS en 1934 y se encargó de la Gestapo desde 1939. Allí participó en la persecución de judíos y comunistas, de hecho se considera parte activa en la “solución final”. Su último acto de servicio documentado fue a finales de abril de 1945 y consistió en cepillarse, tras juicio sumario, al desertor cuñado de Eva Braun, H. Fegelein. Allí se perdió su pista y se supone que murió de forma violenta en mayo del 45. Sin embargo siguió y ha seguido siendo buscado por el Mossad y la CIA, para placer de los aficionados a las conspiraciones históricas, pues abundan las teorías sobre su paradero. La última de éstas data de 2013 y cuenta que el cuerpo de Gestapo Müller fue depositado provisionalmente en el cementerio judío de Berlín (el mismo que las SS habían destruido en 1943), pero allí se quedó hasta hoy.

Palimpsestos

Palimpsesto es una de esas palabras cuyo significado varía según la profesión del que la emplee, sea filólogo, arquitecto, geólogo o neurólogo.

Su origen está en la escasez y el precio de los soportes de escritura en la Antigüedad, pues a diferencia de ahora, que usamos papel hasta para la higiene anal, el papiro y el pergamino no estaban al alcance de todos. Eso obligaba a reciclar documentos viejos para aprovechar el soporte: el texto se borraba y el pergamino podía reescribirse. A ese documento reciclado se le llamó palimpsesto.

El nombre proviene del griego παλίμψηστος, compuesto por πάλιν (de nuevo, otra vez, prefijo usado también en palíndromo, palilalia, palinopsia, palinodia, palingenesia, etc.) y la declinación del verbo ψάω (frotar, raspar). Esta etimología es indicativa del modus operandi: se tomaba el pergamino usado y se raspaba o lavaba la tinta del texto viejo lo suficiente para poder escribir de nuevo.

El palimpsesto fue una práctica común en Grecia y sobre todo en Roma. Su frecuencia aumentó en el período tardo-romano y durante la Edad Media, hasta que la fabricación masiva de papel y la introducción de la imprenta hizo innecesaria la destrucción de manuscritos antiguos para su reciclaje.

Palimpsesto del Codex Nitriensis, copiado por el monje Simeón en el s.IX. El texto visible en horizontal (‘scriptio superior’) es una copia en siríaco de un tratado de Severo de Antioquía, mientras en vertical y más borroso se ve la ‘scriptio inferior’, que en este volumen corresponde a copias del s.V d.C de la Ilíada, de los Elementos de Euclides y del Evangelio de Lucas. (Vía British Library)

Una cosa interesante de los palimpsestos es que, como el texto borrado dejaba señales, igual que cuando ahora borramos un texto a lápiz, era posible descifrar lo que había escrito antes. Así, podía leerse un libro escondido dentro de otro. El estudio de algunos palimpsestos ha permitido descubrir auténticas joyas, libros desconocidos o que se creían perdidos. Un ejemplo famoso es el Palimpsesto de Arquímedes, que hizo furor entre los paleógrafos durante la pasada década: un manuscrito del s.XII apuntado sobre folios originales del s.X que contienen versiones únicas de obras de Arquímedes, además de Hipérides, Aristóteles y Galeno. En este vínculo podéis ver una breve e interesante conferencia TED sobre este famoso palimpsesto, a cargo de uno de sus restauradores.

El concepto de borrado-olvidado y reescrito-recreado, se aplica en determinados trastornos de la memoria, que es el significado de palimpsesto para psiquiatras y neurólogos. El palimpsesto mental está muy relacionado con el alcoholismo: se refiere a las lagunas mentales (blackout en inglés) sufridas por intoxicación etílica.

Hay quien pilla una cogorza tal que pierde el habla, la taxia y la consciencia, y termina llevado a rastras, meado y vomitado, por sus amigos para que duerma la mona. Pero hay otros que, habiendo bebido, apenas se muestran achispados y pueden mantener una conversación o realizar actividades motrices (caminar, bailar, coitar, conducir y hasta agredir), aunque después son incapaces de recordar lo que pasó durante el período de efecto etílico. Es este tipo de amnesia lacunar sin pérdida de consciencia lo que se denomina palimpsesto. Más de uno de los que leéis esto sabéis por propia experiencia de qué se trata…

Los palimpsestos alcohólicos pueden ser completos, con ausencia total de recuerdos, o parciales, con recuerdos borrosos, extraños o reelaborados (como aquél que cree haber sido el alma de la fiesta cuando en realidad se portó como un patético plasta). Una característica del palimpsesto es que ocurre durante episodios de consumo “moderado” de etanol, pero ingerido rápidamente o con estómago vacío. Cualquiera puede sufrir una laguna por beber, pero los palimpsestos repetidos son una señal del camino rumbo al alcoholismo crónico y sus consecuencias. (Aquí podéis acceder a una revisión de acceso libre de Lee H. et al. en Int J Environ Res Public Health 2009;6:2783.)

El etanol afecta a múltiples áreas cerebrales, y una de la más sensibles es el hipocampo, donde residen los circuitos de la memoria. Primero se afecta la memoria episódica, aquella que registra dónde hemos estado, cuándo y haciendo qué, y que se traduce en lagunas mentales. Si el alcoholismo progresa, el daño mnemónico también se amplía hasta llegar a ese triste estado de amnesia anterógrada típica del síndrome de Korsakov.

Sergei Korsakov (1854-1900), neuropsiquiatra ruso.

Este cuadro fue descrito por Sergei Korsakov (o Korsakoff) en 1889, a quien por trabajar en Moscú no le faltaban pacientes para sus observaciones. A veces se llama psicosis de Korsakov, pero no se trata de un cuadro psicótico. Aparece en fases avanzadas del alcoholismo, donde la excesiva afición al frasco se acompaña de malnutrición y déficit de vitamina B1. El paciente con Korsakov presenta alteraciones de la personalidad, deterioro de la memoria a corto plazo, amnesia anterógrada (es decir, se afecta el recuerdo a partir del momento crítico de daño cerebral), aunque puede haber amnesia retrógrada, y también ocurre el curioso fenómeno de la confabulación.

Las confabulaciones son recuerdos inventados, que el paciente usa para rellenar sus fallos de memoria. Por lo general son inconscientes y la persona está segura de que ese falso recuerdo es real. Esto evoca al palimpsesto original, donde la hoja se borra (amnesia) y se reescribe con otra historia (confabulación).

Suele ocurrir que los síntomas del Korsakov aparecen cuando el paciente se está recuperando de otro desastre neurológico caracterizado por ataxia, nistagmo, oftalmoplejía y obnubilación, conocido como síndrome de Wernicke. La asociación secuencial de ambos cuadros hace que se agrupen como síndrome de Wernicke-Korsakov. El tratamiento pasa por la corrección del alcoholismo y de la mala nutrición, pero suelen persistir los trastornos de memoria y personalidad.

Pasando a otros campos, en geología, arqueología y arquitectura se emplea ‘palimpsesto’ para referirse a la presencia de vestigios de otras épocas en un determinado lugar, sea una formación geológica dentro de otra, o de estratos arqueológicos mezclados que dificultan la datación.

Me pregunto si el concepto de palimpsesto podría aplicarse a la Historia, pues la manipulación de los hechos o su interpretación distorsionada es una forma de borrar el pasado y sustituirlo por otra perspectiva más conveniente para determinados fines actuales. Los ejemplos abundan, algunos muy cercanos, donde se ha creado una versión “oficial” de la Historia destinada a engrandecer un supuesto pasado gloriosísimo, elevar los propios orígenes, fabricar leyendas patrióticas y justificar reivindicaciones, querellas y victimismos.

Freud gustaba de aplicar a las sociedades las categorías psicopatológicas propias del individuo. Así hablaba de inconsciente colectivo, neurosis colectiva, histeria de masas o narcisismo colectivo. Quizás estos palimpsestos históricos en los que siglos enteros son burdamente raspados de la memoria colectiva, la cual es sobreimpresa con una versión absolutamente narcisista y confabulatoria, representen una especie de colosal síndrome de Korsakov colectivo, provocado por una intoxicación crónica conducida por políticos y pseudointelectuales a través del sentimiento de pertenencia al grupo.

Es posible reunir a un considerable número de gente en amor mutuo, siempre que haya otra gente dejada fuera para recibir las manifestaciones de su agresividad.”

Sigmund Freud, “La civilización y sus descontentos”

Físicos haciendo Medicina: John Tyndall

retrato de John Tyndall

John Tyndall (1820-1893)

Me resulta inevitable, al observar el desarrollo de las Ciencias Médicas, tener la impresión de que casi todo se debe a la labor de químicos, físicos, bioquímicos, ingenieros o cualquier otra rama de las ciencias, menos a los propios médicos, quienes nos limitamos a ser el último eslabón para la aplicación pragmática de la tecnología.

El ejemplo de hoy es John Tyndall, físico irlandés conocido por el efecto Tyndall, quien realizó varias aportaciones a la Medicina, algunas de uso cotidiano en cualquier quirófano actual.

Tyndall nació en 1820 y se formó en la Universidad de Marburgo, en Alemania. Regresó al Reino Unido en 1853 para trabajar en la Royal Institution a las órdenes del mismísimo Michael Faraday, a quien sucedió al frente de dicho centro. Falleció en 1893. Tuvo variados y dispares campos de investigación, comenzando por el magnetismo y la termodinámica, y acabando por el alpinismo y la filosofía agnóstica.

En busca del aire puro

Destacó Tyndall en el estudio de la radiación térmica. Quería indagar sobre la capacidad de absorción de calor por parte de sustancias gaseosas, para lo que necesitaba que las muestras de aire y otros gases estudiados estuvieran perfectamente limpios de partículas en suspensión que pudieran sesgar los resultados. Observó que podía detectar impurezas flotantes proyectando un rayo de luz a través del espacio ocupado por el gas, pues el trayecto del rayo era visible en presencia de partículas suspendidas, mientras que en gases limpios el espacio era ópticamente vacío.

Ello se debe a que la luz se dispersa al chocar contra las impurezas suspendidas. Eso es, en fin, el archiconocido efecto Tyndall que nos enseñan en el colegio y que produce esos chorros de luz que se filtran a través de una habitación con polvo, o entre las copas de los árboles de un bosque.

tyndallbosque

Glorioso efecto de los rayos de luz filtrándose entre el ramaje, dibujados por el efecto Tyndall.

Pero Tyndall fue más allá y demostró que este efecto también ocurría en los líquidos. El agua pura o con algún soluto disuelto en forma de solución verdadera no dispersa la luz proyectada a su través; en cambio, si hay partículas suspendidas en el líquido sí se dibuja el trayecto luminoso.

efecto Tyndall en soluciones y coloides

El tubo de la izquierda contiene un líquido ópticamente vacío, por lo que no se ve el trayecto luminoso. El tubo de la derecha contiene un líquido coloidal que dispersa la luz y dibuja la trayectoria del láser.

Es decir, el efecto Tyndall es inherente a los sistemas coloidales (sean aerosoles, emulsiones, geles, espumas, etc.). Es una cosa muy fácil de reproducir en casa, basta con tomar un vaso de agua y disolver un poco de fécula o de leche, o si no un vaso con caldo, y después pasar la luz de una linterna o mejor de un puntero láser para ver el efecto.

En Medicina hay una rama donde el efecto Tyndall ha pasado a ser un signo clínico que se apunta en las historias: la oftalmología. El humor acuoso que llena la cámara anterior del ojo es un líquido perfectamente transparente. Cuando se explora un ojo en la lámpara de hendidura, la luz proyectada se refleja en la córnea y después en el iris y el cristalino, pero el espacio entre la córnea y el iris es ópticamente vacío por estar lleno de límpido humor acuoso.

efecto Tyndall en la cámara anterior

Efecto Tyndall en la cámara anterior de un ojo con uveítis. Se observa el trayecto del haz de luz desde la córnea (área más brillante a la izquierda) hasta el iris, debido al aumento de proteínas del humor acuoso por la inflamación. (Vía keeler-symphony.com)

En caso inflamación del segmento anterior ocular (iridociclitis o ciertas queratitis), el aumento de la permeabilidad vascular hace que el humor acuoso se ensucie con proteínas plasmáticas, y estas proteínas en suspensión sí presentan efecto Tyndall demostrable con la lámpara de hendidura. La turbidez del acuoso suele llamarse flare. El proceso inflamatorio también suele acompañarse de migración de leucocitos, que quedan nadando en el humor acuoso y pueden verse como puntos flotantes en la cámara anterior. El efecto Tyndall sirve tanto como elemento diagnóstico, como para valorar la respuesta al tratamiento de las uveítis anteriores e infecciones corneales.

John Tyndall también creó un nefelómetro (de νεφέλη, nube) para medir la turbidez de los coloides. Hay nefelómetros oftalmológicos, aunque no tienen un uso habitual.

El efecto Tyndall y esos ojos verdes

Otra observación de este científico fue que al pasar luz blanca por un sistema coloidal, la luz dispersada corresponde principalmente a longitudes de onda corta (azul, violeta) y la longitud de onda larga (rojo) pasaba de largo a través del coloide. Por ello, si iluminamos una suspensión de fécula, por ejemplo, ésta tiene un color gris azulado por la dispersión de la luz azul.

efecto Tyndall sobre el color

Efecto Tyndall sobre el color: un fragmento de vidrio opalescente dispersa la luz de longitud de onda corta y por ello adquiere un color azulado, mientras la luz que atraviesa el vidrio corresponde a longitudes de onda larga y por ello se ve de color rojizo. (Vía Wikipedia)

Este efecto explica ni más ni menos que el color azul del cielo y los tonos rosas de la aurora y el ocaso. La masa atmosférica separa el color azul de la luz solar y de allí el tono celeste. Cuando vemos el sol en el horizonte sí que se aprecia el segmento rojo del espectro (ver aquí un diagrama).

Volviendo al ojo, este fenómeno derivado del efecto Tyndall también explica la variedad de colores de ojos. El iris sólo tiene un pigmento, la melanina, que es negra como el odio. Entonces, ¿cómo puede haber iris marrones, verdes, azules o grises, si no hay pigmentos de esos colores? Como sabe cualquier cirujano ocular, el iris es una mierdecilla de tejido muy fino y cuya cara anterior es laxa y esponjosa. La luz que choca con la cara anterior del iris es en parte absorbida por la melanina que contiene y en parte dispersada/reflejada por las fibras del iris. Mientras más melanina haya, más luz se absorberá y más oscuro será el color de los ojos; a menor densidad de melanina se hace más apreciable el efecto Tyndall sobre el color, y los tonos grises y azules de la luz dispersada resultan más evidentes. Ahí queda eso.

efecto Tyndall tras inyección de hialurónico

Parece un cardenal tras el pinchazo del filler en la arruga, pero ese color azulado se debe a la dispersión de la luz por el coloide de relleno según el efecto Tyndall. (Vía Medscape)

Aún hay otra implicación médica de este fenómeno. Una complicación del tratamiento cosmético con relleno para las arrugas (fillers) es la aparición de una mancha azulada con pinta de moratón en el sitio de la infiltración, pero que dura muchas semanas, a diferencia de un hematoma por punción. Esta mancha se debe al efecto óptico de la luz dispersada por el volumen del ácido hialurónico (un coloide) inyectado justo bajo la piel. Pasa más en zonas de piel muy fina, como los párpados, o por infiltración muy superficial o de mucho volumen. También el Tyndall da ese tono terrible a las ojeras, por la acumulación de fluido intersticial bajo la fina piel del párpado.

Del cambio climático al capnógrafo

¿Y qué pasó con el experimento de la radiación térmica sobre los gases donde Tyndall describió su efecto epónimo? Efectivamente descubrió que distintos gases tenían capacidad de absorción de calor radiante muy diferente. Concretamente observó que el CO2 tenía gran capacidad de captar calor.

Bien sabéis la implicación del CO2 en el efecto invernadero y el cambio climático. Tyndall fue uno de los pioneros en el estudio de tan peliagudo fenómeno.

Mira por donde, el comportamiento térmico del dióxido de carbono tiene una aplicación dentro del quirófano y la UCI: permite medir la cantidad de CO2 en la vía aérea de un paciente y detectar la indeseable hipercapnia. En los respiradores usados en anestesia hay un cacharro llamado capnógrafo que determina la concentración de CO2 a través de la fluctuación de la transmitancia de una luz infrarroja por efecto del aire que pasa a través del sistema, proveniente de los pulmones del paciente. Otro logro médico del trabajo de Tyndall.

Gérmenes y esterilización

Aún dio para más el experimento de la caja de gases de Tyndall. Tantas derivaciones de una misma observación revela cómo una mente genial es capaz de vislumbrar el alcance de un hecho individual cuando se mira desde otras perspectivas y ámbitos.

En 1864 Pasteur hizo aquella histórica demo con sus matraces con cuello de cisne llenos de caldo incorrupto, que significó un letal varapalo a la teoría de la generación espontánea que hasta entonces había predominado (aunque mi madre sigue creyendo firmemente que al azúcar le nacen las hormigas). Pasteur postuló que los microorganismos que crecían en el caldo de cultivo llegaban a éste a través de partículas aéreas en suspensión.

Tyndall, quien mantenía correspondencia con Pasteur, supuso que su cámara de aire limpio de partículas también mantendría libre de gérmenes muestras de caldo esterilizado. Y la cosa funcionó bastante bien, apoyando así la naciente teoría microbiana. Pero no siempre funcionaba el experimento y el sagaz Tyndall pensó que quizás se debía a las esporas bacterianas que resistían al calor.

caja estanca de Tyndall

La caja estanca de Tyndall, para eliminar partículas en suspensión. Sus paredes estaban barnizadas con glicerina, que atrapaba las motas de polvo. Los serpentines ‘a’ y ‘b’ permitían la entrada de aire, pero las partículas en suspensión se quedaban atrapadas. El pitorro largo del centro era una pipeta para rellenar de caldo esterilizado los tubos de la parte inferior. Las dos ventanas laterales permitían controlar la limpieza del aire mediante el efecto Tyndall. Ilustración de su trabajo original “The optical deportment of the atmosphere in relation to the phenomena of putrefaction and infection” de 1876.

Ideó entonces un modo de matar tanto a las bacterias como a sus esporas: la esterilización fraccionada, también llamada tindalización. Consiste en aplicar al menos tres ciclos de esterilización por calor, separados día por medio, de modo que las esporas que eclosionan tras el primer ciclo mueran en el segundo, y las supervivientes en el tercero. Actualmente hay maneras más efectivas de acabar con las esporas y la tindalización ya no es un procedimiento habitual pero, junto con la pasteurización, fue una herramienta importante para la seguridad alimentaria.

La caja estanca de Tyndall dio pie a otras técnicas de control del aire como la campana de flujo laminar o las habitaciones con presión positiva y filtros de aire, tan comunes en ámbitos hospitalarios y de laboratorio. Una curiosidad, en Marburgo el amigo Tyndall fue alumno del fisicoquímico Robert Bunsen, inventor del famoso mechero que acabó como menaje indispensable en los laboratorios de microbiología.

Así pues, a partir de una caja y un rayo de luz se llega al color del cielo, de los ojos y las ojeras, al efecto invernadero, al capnógrafo clínico, a los coloides, a las inflamaciones intraoculares y a la esterilización microbiológica.