Médicos en la Luna

Los accidentes geográficos de los planetas y satélites del sistema solar reciben nombres identificativos bendecidos por las Unión Astronómica Internacional (IAU). Al igual que en el callejero de las ciudades se suele honrar la memoria de personalidades señaladas, también en los bautizos topográficos espaciales se aprovecha para reconocer a científicos de toda índole, desde la antigüedad clásica hasta el siglo XX.

El rasgo más llamativo de la superficie lunar son sus más de 5.000 cráteres, de los cuales poco más de 1.600 han recibido un nombre propio (aquí se puede consultar el listado de la IAU). En su mayoría son, obviamente, astrónomos, seguidos por matemáticos, físicos y personajes relacionados con la carrera espacial, también muchos químicos, unos buenos puñados de geólogos, geógrafos, ingenieros, naturalistas y otras diversas ramas científicas.

caras_de_la_luna

Cara visible y cara oculta de la Luna. Foto vía www.urania.be.

En cuanto a medicina, fisiología y biología hay poco más de medio centenar, más un par de decenas de personajes que estudiaron medicina pero brillaron en otros aspectos del saber. Vamos a repasar brevemente el listado de personajes históricos relacionados con nuestro oficio y honrados con un cráter en propiedad.

A

Acosta, Cristóbal (1515-1594), médico portugués que ejerció en España y en las colonias portuguesas de la India. Destacó en botánica y farmacología, área en la que publicó su Tractado de las drogas y medicinas de las Indias orientales (1578).

Avery, Oswald (1877-1955), médico canadiense pionero de la biología molecular; descubrió el papel de los ácidos nucleicos en la herencia genética. Es famoso el experimento de Avery, McLeod y McCarty con colonias de neumococos rugosas y lisas y cómo unas se podían transformar en otras por efecto de la transferencia genética.

Averroes (1126-1198), sabio cordobés que tocó filosofía, matemáticas y medicina, entre otros menesteres.

Avicena (980-1037), predecesor del anterior, fue médico y filósofo persa. Escribió su Canon o Libro de las leyes médicas en cinco volúmenes, obra central de la medicina medieval.

Avogadro, Amedeo (1776-1856), conde italiano dedicado a química y física. No tuvo relación con la medicina, pero lo incluyo aquí porque el número de Avogadro es la demostración más básica de que la homeopatía es una engañifa sin sentido.

B

Banting, Frederick (1891-1941), médico canadiense descubridor de la insulina, junto con Charles Best, además de aislarla e iniciar la terapéutica de la diabetes. Recibió el Nobel en 1923. Además del cráter también tiene un asteroide epónimo.

Benedict, Francis (1870-1957), fisiólogo y nutricionista norteamericano, quien trabajó en calorimetría metabólica y en los conceptos de metabolismo basal y tasa metabólica.

Bilharz, Theodor (1825-1862), médico y parasitólogo alemán descubridor del trematodo Schistosoma, razón por la que la esquistosomiasis también se llama bilharzia (ver post).

Bronk, Detlev (1897-1975), médico e ingeniero americano pionero de la biofísica. Trabajó en teoría de la educación científica y dirigió el Instituto Rockefeller, la National Academy of Sciences y la Universidad Johns Hopkins.

Bunsen, Robert (1811–1899) químico alemán famoso en medicina por el mechero Bunsen, cacharro imprescindible en todo laboratorio microbiológico. También hay un asteroide Bunsen.

C

440px-cajal-restored

Santiago Ramón y Cajal. Foto vía wikipedia.

Cajal, Santiago Ramón y (1852-1934), grande entre los grandes, sobre este médico maño, papá de las neuronas, de la teoría neuronal y de la neurobiología moderna, siempre será poco lo que se diga en su honor. Nobel en 1906 (el otro Nobel médico español, Severo Ochoa, de momento no tiene cráter). Además de cráter tiene asteroide, el Ramonycajal, así, todo junto.

Carrel, Alexis (1873-1944), médico francés precursor de la cirugía vascular y de trasplantes, Nobel en 1912. Aquí un post sobre stents vasculares donde aparece.

Caventou, Joseph (1795–1877), químico y farmacéutico francés que aisló la clorofila, la quinina, la cafeína, la estricnina y la ipecacuana, entre otros alcaloides.

Cori, Gerty (1896-1957), bioquímica checo-estadounidense, Nobel en 1947, investigadora del metabolismo de los carbohidratos y conocida por el ciclo de Cori (ciclo glucógeno-glucosa-lactato).

Crile, George Washington (1864-1943), cirujano americano archifamoso por las pinzas hemostáticas que llevan su nombre. También hizo contribuciones en las técnicas anestésicas, la fisiología circulatoria y diversas técnicas quirúrgicas.

D

Dale, Henry (1875-1968), médico y fisiólogo inglés, Nobel en 1936 por sus estudios sobre transmisión neuronal.

Dalton, John (1766-1844), químico inglés a quien debemos la descripción del daltonismo, que él mismo sufría. Es más conocido por su contribución a la teoría atómica.

Doppler, Christian (1803-1853), físico austríaco inmortalizado por describir la deformación relativa de las ondas por el desplazamiento de su fuente emisora, o efecto Doppler, empleado cotidianamente en la ecografía doppler. Aquí un post dedicado a él.

E

Ehrlich, Paul (1854-1915), médico alemán dedicado a la microbiología y a la entonces naciente inmunología, Nobel en 1908. Desarrolló el concepto de especificidad de la respuesta inmunitaria y abrió camino en la terapéutica antiinfecciosa.

Eijkman, Christiaan (1858-1930), médico y fisiólogo holandés, Nobel en 1929 por el descubrimiento de la tiamina y su relación con el beriberi. Tiene asteroide epónimo.

Einthoven, Willem (1860-1927), este médico holandés fue ni más ni menos el inventor del electrocardiógrafo, casi nada. Nobel en 1924.

Eppinger, Hans (1879-1946), médico austríaco a quien se le retiró el nombre de este cráter y otros honores terrenales por haber hecho experimentos en el campo de concentración de Dachau.

F

Fernelius (1497-1558), Jean Fernel, médico francés reformador de la antigua medicina galénica. Fue quien introdujo el término fisiología para referirse al estudio de las funciones de los seres vivos. Sin embargo, el auténtico padre de la moderna fisiología, Albrecht von Haller, no ha sido agasajado con ningún cráter ni otro reconocimiento celeste.

Fibiger, Johannes (1867-1928), patólogo danés discípulo de Koch y von Behring. Realizó estudios sobre el origen del cáncer y su relación con agentes externos y condiciones inflamatorias (aunque varias de sus teorías se han desestimado posteriormente). Nobel en 1926.

Finsen, Niels (1860-1904), otro médico danés, Nobel en 1903 por sus estudios sobre la luz ultravioleta, tanto en su acción germicida como en el tratamiento de afecciones dermatológicas. El asteroide Eros tiene un accidente topográfico llamado Dorsum Finsen en su honor.

Fleming, Alexander (1881-1955), no hace falta decir mucho sobre este famosísimo médico microbiólogo escocés, descubridor de la penicilina y de la lisozima. Nobel en 1945.

Florey, Howard (1898-1968), farmacólogo australiano quien compartió el Nobel con Fleming por la fabricación y aplicación clínica de la penicilina. Tiene un asteroide.

Fracastorius (1476-1553), Girolamo Fracastoro, médico veronés quien describió la sífilis en verso (literalmente) y teorizó sobre los mecanismos de transmisión de enfermedades contagiosas. También hizo pinitos en astronomía.

Freud, Sigmund (1856-1939), psiquiatra austríaco que no necesita presentación debido a la revolución que significó su sistema de estudio de la psiquis, aunque la mayor parte de su teoría —al menos en lo que a terapéutica se refiere— ya ha sido ampliamente superada.

G

Galeno, Claudio (129-216), médico grecorromano, segundo padre de la medicina, tras Hipócrates. Hizo numerosas contribuciones a la medicina, pero a la vez sentó un corpus de anatomía, fisiología y patología mayormente equivocado (por las lógicas limitaciones de su época) que lastró el avance científico durante la edad media debido al dogmatismo de sus seguidores.

Gemma Frisius, Regnier (1508-1555), este holandés pertenece al grupo de los que comenzaron estudiando medicina y terminó pasando a matemáticas, astronomía y cartografía, donde hizo todas sus contribuciones reseñables. Sin embargo, ejerció de médico y profesor de medicina.

Gilbert, William (1544-1603), médico inglés quien poco dio a la medicina, pero sí muchísimo y muy relevante a la electricidad y al magnetismo, incluyendo la introducción del término ‘electricidad’, la invención del electroscopio, estudios sobre electrostática, conductividad, termodinámica y descubrir el campo magnético terrestre.

Goclenio, Rodolfo (1572-1621), médico, astrónomo y filósofo alemán. Promocionó la magnetoterapia y varias curas milagrosas con ungüentos esotéricos de poco recorrido.

Golgi, Camillo (1843-1926), uno de los grandes de la historia médica, compañero de Cajal en desenredar la histología del sistema nervioso y con quien compartió el Nobel de 1906. Descubrió el aparato de Golgi, las células de Golgi cerebelosas y el órgano tendinoso de Golgi.

gullstrand

Allvar Gullstrand, oftalmólogo sueco, Nobel en 1911. Vía www.uu.se.

Gullstrand, Allvar (1862-1930), a este oftalmólogo sueco, ganador del Nobel en 1911, no le prodigamos suficiente reconocimiento dentro de nuestro gremio oftalmológico, a pesar de haber inventado la lámpara de hendidura, haber perfeccionado el oftalmoscopio, haber estudiado al detalle la refracción ocular y la acomodación, e introducir numerosos procedimientos quirúrgicos.

H

Haldane, John Burdon (1892-1964), biólogo inglés que trabajó sobre teoría de la evolución, genética poblacional y las primeras ideas actuales sobre el origen de la vida.

Harvey, William (1578-1657), médico inglés que describió correctamente el mecanismo de la circulación sanguínea. A Miguel Servet, sin embargo, no le han otorgado titularidad de cráter alguno.

Helmholtz, Hermann von (1821-1894), médico alemán que hizo tantas contribuciones a la medicina como a la física. Tiene el inmenso honor de haber inventado el oftalmoscopio y haber hecho el primer fondo de ojo. Además de un cráter lunar tiene otro en Marte.

Hipócrates (460-370 a.C.), sobra decir que es el primer referente todos los médicos y que su escuela de Cos sistematizó los conocimientos de su época como base para el desarrollo científico posterior.

Houssay, Bernardo (1887-1971), médico, farmacéutico y fisiólogo argentino, compartió el Nobel de 1947 con la antes mencionada G. Cori. Estudió las hormonas hipofisarias, suprarrenales y pancreáticas. También cuenta con un asteroide.

J

Jenner, Edward (1749-1823), médico inglés creador de la vacunación, con todo lo ello ha representado para la Humanidad (a pesar de la corriente de catetos antivacunas que en mala hora existen). No podía faltar un asteroide con su nombre.

K

Karrer, Paul (1889-1971), bioquímico ruso-suizo que investigó sobre carotenoides, flavinas y tocoferoles, es decir, fue un importante vitaminólogo. Nobel en 1937.

Kekulé, August (1829-1896), es el padre de la química orgánica y, por tanto, abuelo de la bioquímica. Lo incluyo aquí, también, por prestar su nombre a la Editorial Científica Kekulé, con la que colaboro estrechamente. Cráter y asteroide merecidos.

Koch, Robert (1843-1910), médico microbiólogo alemán, descubridor del bacilo de la tuberculosis y, junto con Pasteur, impulsor de la teoría microbiana y de los modernos conceptos de transmisión de enfermedades infectocontagiosas. Nobel en 1905. Y un asteroide, por supuesto.

Kocher, Emil Theodor (1841-1917), famoso cirujano suizo, creador de diverso material quirúrgico, entre el que destacan sus pinzas hemostáticas (más robustas que la de Crile y con dientes). Sus estudios sobre función y patología tiroidea le valieron el Nobel en 1909. Also asteroid.

banner_presentaciones

L

Landsteiner, Karl (1868-1943), médico austríaco cuyo descubrimiento de los grupos sanguíneos le valió el olimpo y el Nobel de 1930.

Leeuwenhoek, Anton van (1632-1723), inventar el microscopio y descubrir un mundo invisible no es para que te den un cráter lunar y un asteroide, como es el caso, sino un sistema planetario entero o una galaxia.

Liceti, Fortunio (1577-1657), médico y filósofo italiano, amigo de Galileo, con quien dio pasitos en astronomía pero defendiendo el geocentrismo.

Lilio (1510-1576), Luigi Giglio, al igual que el anterior fue filósofo, astrónomo y médico italiano. Participó en el borrador de lo acabaría siendo nuestro actual calendario gragoriano.

Lovelace, William (1907-1965), médico americano impulsor de la medicina aeroespacial.

M

Mechnikov, Ilia (1845-1916), microbiólogo e inmunólogo ruso adicto al yogur, quien estudió la inmunidad innata y la fagocitosis. Compartió el Nobel con Paul Ehrlich.

Mendel, Gregor (1822-1884), cura austríaco que describió las leyes de la herencia y, por ello, se le considera padre de la genética. Además de cráter lunar, se le ha dado su nombre a otro en Marte y a un asteroide.

Milchius (1501-1559), Jacob Milich, este alemán forma parte del grupo de médicos renacentistas que hacían de todo: matemático, filósofo y astrónomo, en este caso.

O

Olbers, Heinrich (1758-1840), otro médico alemán dedicado a la astronomía, donde hizo numerosos descubrimientos relacionados con asteroides y cometas. Por ello, además del cráter hay un par de asteroides y un cometa que comparten su eponimia.

P

Paracelso (1493-1541), alquimista, médico y esotérico suizo, que contribuyó al desarrollo de la toxicología, pero cuya afición a los horóscopos y al misticismo lastra su contribución científica.

Parrot, Friedrich (1792-1841), médico y botánico alemán, quien contribuyó con la taxonomía vegetal.

Pasteur, Louis (1822-1895), este portento francés no era médico sino químico, pero contribuyó a las ciencias de la salud como nadie a través de sus aportes en microbiología, inmunología, inmunoterapia y farmacología. Además de la Luna, tiene su nombre en un asteroide y un cráter marciano.

Punkinje, Jan Evangelista (1787-1869), polifacético médico checo, quien da nombre a las fibras de Purkinje cardíacas, a las células de Purkinje del cerebelo, las imágenes y la desviación de Purkinje (fenómenos de fisiología ocular), a un cráter lunar y un asteroide. Investigó la toxicología de múltiples compuestos con un peligroso método kamikaze.

R

Röntgen, Wilhelm (1845-1923), físico alemán descubridor de los rayos X, ganador del Nobel de física de 1901 y santo patrón de los radiólogos. También asteroide.

S

Sasceride, Gellio (1562-1612), médico danés dedicado a la astronomía, discípulo de Tycho Brahe y que casi fue su yerno.

Sherrington, Charles (1857-1952), neurólogo y fisiólogo inglés, laureado con el Nobel de 1932 por sus investigaciones sobre el sistema nervioso, en especial por la función de las áreas de la corteza cerebral.

Sömmerring, Samuel von (1755-1830), médico anatomista polaco-alemán con varios epónimos en la lista anatómica (poco prodigados). Detalló la organización de los pares de nervios craneales y describió, ni más ni menos, la mácula lútea retiniana. Dio palos en paleontología y astronomía, diseño un tipo de telescopio y un telégrafo.

Spallanzani, Lazzaro (1729-1799), biólogo, matemático y cura italiano, famoso por sus experimentos para desmentir la generación espontánea. También estudió la fecundación, la fisiología respiratoria y el sonar de los murciélagos.

Stenon, Nicolás (1638-1686), pues sí, es el del conducto de Stenon de la glándula parótida, pero este anatomista, médico, geólogo y cura danés también descubrió los óvulos en los ovarios, las venas vorticosas del ojo, estudió fósiles y, a pesar de ser hijo de un pastor protestante, se convirtió al catolicismo y terminó obispo. Además del cráter lunar y otro marciano, fue beatificado por la iglesia en 1988.

T

Toscanelli, Paolo dal Pozzo (1397-1482), estudió medicina en Padua, pero se dedicó a las matemáticas, astronomía y cartografía. Fue el responsable del mapa erróneo con una ruta hacia las Indias que cayó en manos de Colon y lo condujo a sus viajes. Asteroide a su nombre.

Theiler, Max (1899-1972), virólogo sudafricano galardonado con el Nobel en 1951 por crear la vacuna contra la fiebre amarilla.

Tiselius, Arne (1902-1971), bioquímico sueco que investigó la composición química del plasma sanguíneo y desarrolló sucedáneos sintéticos. Nobel de química en 1948.

Tyndall, John (1820-1893), físico irlandés famoso por el efecto Tyndall o dispersión de la luz por partículas en suspensión. Estudió coloides, radiación térmica (que dio pie al concepto del efecto invernadero y al capnógrafo), desarrolló una técnica de esterilización microbiológica (tindalización) y de control ambiental microbiano por eliminación de partículas aéreas en suspensión; además fue el padre de la fibra óptica. Por ello tiene cráter lunar, otro marciano y un asteroide.

V

rudolf-virchow-9519219-1-402

Rudolf Virchow. Foto de biography.com.

Virchow, Rudolf (1821-1902), este médico alemán es el papichulo de la patología moderna. A él se debe la comprensión actual de los procesos patológicos, exprimió al máximo la autopsia clínica y la histopatología para conocer los procesos nosológicos y dejó numerosas observaciones anatómicas y clínicas. Su asteroide, también.

Vesalius, Andreas (1514-1564), médico bruselense a las órdenes de Carlos V, padre indiscutible de la anatomía moderna. Su obra es un hito de los gordos para quienes nos dedicamos a la ilustración anatómica.

von Behring, Emil (1854-1917), médico bacteriólogo alemán, discípulo de Koch. Desarrolló antisueros para tratar la difteria y el tétanos, hasta ese momento enfermedades de alta mortalidad. Inauguró la lista de los premios Nobel de medicina en 1901. Asteroide.

von Békésy, Georg (1899-1972), químico y biofísico húngaro; fue un estudioso de la fisiología auditiva y desentrañó cómo funciona la cóclea, lo que le valió el Nobel en 1961.

Young, Thomas (1773-1829), médico, físico y políglota inglés que intervino junto con Champollion en el descifrado de los jeroglíficos. Hizo diversos aportes a la física de la resistencia de materiales, a la teoría ondulatoria de la luz y la fisiología ocular, donde estudió la refracción del ojo (acuñó el término astigmatismo) y aventuró una teoría de la visión cromática.


Esta es la lista de honrados con un cráter lunar hasta la fecha. Se echan en falta algunos personajes, como suele ocurrir en estos casos, por ejemplo Claude Bernard, Osler, los ya mencionados Servet, Haller y Ochoa, o muchos de los anatomistas clásicos de las escuelas de Bolonia y Padua.

Como curiosidad, hay un buen puñado de cráteres lunares a los que se tienen propuestos nombres de autores literarios, pero ninguno está aprobado por la IAU. Si queremos ver accidentes topográficos con nombres de literatos, músicos, compositores, pintores o escultores hay que irse a Mercurio, donde sus 400 cráteres se han reservado como olimpo artístico.

Anuncios

¿Cómo llega una ilustración a un libro?

Llevo dos meses alejado del blog debido a una novedad editorial de la que hablaré próximamente [en este post] y, antes, por los cursos del postgrado de ilustración científica de la UPV/EHU; esta fue una bonita experiencia que, por fortuna, parece que tendrá éxito y continuidad.

Durante la preparación de mis clases estuve repasando la evolución histórica de la ilustración en los libros de medicina. ¿Qué sería de la enseñanza médica sin imágenes en los textos? ¿Cómo explicar anatomía, histología o cirugía sin dibujos y fotografías? ¿Cómo entender bioquímica, fisiología o fisiopatología sin esquemas, diagramas e infografías? ¿Cómo aprender clínica médica sin fotografías de casos o sin estudios imagenológicos?

A todo esto ha contribuido la incorporación de figuras en las páginas de los libros impresos. Nos resulta natural que los textos contengan ilustraciones, tan natural como imprimir cualquier chorrada en la impresora de casa, pero no siempre ha sido tan fácil reproducir imágenes.

Vamos a revisar las distintas técnicas que se han usado para la reproducción iconográfica en artes gráficas y editoriales. Obviamente las imágenes son importantes para cualquier ámbito del conocimiento, pero aquí comentaré específicamente textos anatómicos, donde es fácil demostrar la evolución de las técnicas.

Las cuatro edades de la reproducción gráfica

Se me ocurre dividir las técnicas reprográficas editoriales en cuatro períodos: 1) la ilustración manual, previa al siglo XV; 2) las técnicas de grabado, siglos XV a XIX; 3) impresión fotomecánica, durante el siglo XX; 4) tecnología digital actual, directo del ordenador a la imprenta.

Manuscritos antiguos y medievales

Los egipcios inventaron el libro ilustrado, pintando en papiro escenas que acompañaban a sus textos sagrados, como El libro de los muertos. Durante el Reino Nuevo este libro en concreto se llegó a reproducir en serie, dejando espacios para apuntar el nombre del finado para el que se compraba el papiro. Los papiros médicos conocidos, como el de Edwin Smith, Ebers o Kahun, están escritos principalmente en hierático y carecen de iconografía.

Tampoco se prodigaron en figuras los pergaminos grecorromanos. Las primeras ilustraciones médicas formales que nos ha llegado corresponden a los códices medievales árabes, chinos y europeos. Lo mismo que el texto se copiaba a mano, las ilustraciones se reproducían manualmente, ejemplar a ejemplar, cosa que restringía las posibilidades de difusión de los libros.


Ilustraciones médicas medievales, más ornamentales que otra cosa. A la izquierda, un médico extrae una espina de la mano del paciente, figura del s.XIV de una obra de Teodorico Borgognoni. A la derecha, paciente orinando, ilustración de una edición del s.XII de una obra de Sexto Plácido. Imágenes de la Colección Mackinney.

Las ilustraciones de estos siglos carecían de exactitud y muchas veces eran ornamentales o simplemente demostrativas, como cuando representaban un procedimiento quirúrgico o, mejor dicho, la escena de un procedimiento quirúrgico.

Reproducción masiva: la imprenta y el grabado

Los principios que llevaron a la eclosión del texto impreso e ilustrado como auténtica industria en la Europa del s.XV provinieron del extremo Oriente, donde se fabricaba papel a la manera actual y donde se empleaban de forma artesanal las técnicas de grabado en madera para estampar palabras y figuras. Sin embargo, hay que recordar que muchísimo antes, en Mesopotamia, ya se usaba impresión por grabado sobre arcilla mediante sellos y cilindros tallados.

Las primeras noticias sobre el grabado en Europa datan del s.XIII. La evolución de las técnicas de grabado en madera y metal se debieron al concurso de orfebres, plateros, talladores y artesanos varios, los mismos que también propiciaron la imprenta. De manera que tanto la impresión de textos mediante tipos móviles como la estampación de figuras a través de grabados progresaron de la mano en los mismos ambientes.

Como dije antes, el grabado fue el príncipe del libro ilustrado durante más de cuatro siglos, un período glorioso para el arte gráfico, hasta la aparición de la fotografía y el fotograbado a finales del s.XIX. Veamos las diferentes técnicas de grabado según la cronología aproximada de su uso en la industria editorial (aunque hay superposición y coexistencia de las mismas a lo largo de estos siglos).

Xilografía

Como dijimos, el grabado en madera o xilografía emplea los principios traídos de China durante el medievo y se difundió a principios de 1400. El sustrato es una plancha de madera sobre la que se traza un dibujo y a continuación se tallan los espacios entre las líneas para que queden más profundos. Estas líneas, ahora en relieve, se pueden entintar y presionar sobre papel para obtener una reproducción especular. Las planchas de madera tallada podían montarse junto con sectores de tipos móviles para obtener páginas con texto e imagen.

El primer libro ilustrado de medicina es el Fasciculus medicinae (1491) de Johannes de Ketham, cincuenta páginas en latín con diez planchas grabadas mediante xilografía. El estilo relativamente sencillo de estas ilustraciones también se aprecia en la obra de Berengario da Carpi, Isagogae breves et exactissimae in anatomiam humani corporis (1523), una de las primeras anatomías ilustradas. Las figuras son bastante naive y carecen de detalle anatómico.


Xilografías de los siglos XV y XVI. A la izquierda, escena de disección en el Fasciculus medicinae de Ketham. A la derecha músculos de la pared abdominal en la obra de Berengario da Carpi.

La talla de madera es laboriosa, delicada, no permite todos los detalles y florituras que desearía un artista y tampoco da margen de corrección de fallos. Por ello podría pensarse que la técnica no dejaba más elaboración que la observada en Berengario, pero no, un par de décadas después apareció la enorme obra fundacional de la anatomía moderna, De humani corporis fabrica (1543) de Andrés Vesalio, ilustrado profusamente por Jan Stephen van Calcar. La belleza de esta obra induce en todo amante de la anatomía y el arte a que el ojete se le haga pepsicola. La calidad de las ilustraciones es impresionante y el asombro se multiplica al reconocer que son xilografías.


Espectaculares xilografías de la obra de Vesalio, De humani corporis fabrica. El frontispicio es una auténtica obra de arte, igual que las planchas anatómicas internas.

Calcografía

Se refiere al grabado sobre plancha de cobre, desarrollado a mediados del s.XV. En realidad, la calcografía reúne varias técnicas ejecutadas sobre metal, algunas las veremos más adelante; aquí nos referiremos al grabado con buril (talla dulce) o con punta seca. El artista dibuja con estos instrumentos punzantes sobre la plancha de cobre, excavando surcos en negativo; la plancha se entinta y se limpia la tinta de la superficie, excepto la retenida en los surcos, que se transfiere al papel al pasar por la prensa (tórculo) del grabador. El grabado en cobre fue muy utilizado por artistas del Renacimiento, comenzando por el gran Durero, pues permitía muchísimo más detalle que la pesada talla en madera.

Pronto se utilizó en la industria editorial y en los tratados médicos, entre los que destacan la Tabulae anatomicae (1552) de Bartolomeo Eustachio, con grabados de Giulio de Musi, o la Historia de la composición del cuerpo humano (1556) publicada en castellano por Juan Valverde de Amusco con grabados de Gaspar Becerra, algunos basados en la obra de Vesalio.


Grabados en plancha de cobre. A la izquierda una figura de las Tabulae de Eustachio; el color se aplicaba a mano mediante plantillas sobre el papel impreso. A la derecha, curiosa ilustración de vísceras abdominales con coraza romana, de la obra de Valverde de Amusco.

En el siguiente siglo Giulio Casseri publicó póstumamente sus Tabulae anatomicae (1627) con bellos dibujos de Odoardo Fialetti grabados por Francesco Valesio, posteriormente reutilizados por Adriaan van den Spiegel (sucesor de Casseri en Padua) en sus propios tratados. El grabado en cobre fue empleado en las publicaciones de los grandes anatomistas de los siglos XVII y XVIII, como Malpighi, Valsalva, Morgagni, Scarpa, Hunter o Haller.


Más grabados calcográficos. Mujer embarazada de De formato foetu liber singularis (1626) de Spiegel/Casseri. A la derecha, precioso grabado de Anatomia uteri humani gravidi (1774) de William Hunter.

Aguafuerte

Es una variante del grabado sobre metal en la que no se talla directamente la plancha, sino que el artista dibuja sobre una capa de barniz que la cubre. Con un estilete a modo de lápiz traza sobre el barniz y lo elimina, dejando la superficie metálica expuesta. A continuación la plancha se baña en una solución de ácido nítrico u otra mezcla corrosiva que carcome el metal en los trazos, donde no hay protección del barniz. Queda así la plancha lista para entintar e imprimir igual que con el grabado a la punta seca.

Las técnicas de tratar metal con ácido ya eran ampliamente empleadas en orfebrería y armería desde finales de la Edad Media, pero la popularización del aguafuerte en el arte y en la impresión ocurrió a lo largo del s.XVII. Rembrandt fue un extraordinario aguafortista y después Goya emplearía esta técnica en sus insuperables series de grabados.


Aguafuertes sobre planchas de cobre. Izquierda: figura de las Tabulae sceleti de Albinus. Centro: útero y feto en la obra de Bidloo. Derecha: grotesco grabado de Ruysch.

El aguafuerte coexistió con el grabado directo en cobre en la ilustración de los tratados de esos siglos. Cabe destacar Tabulae sceleti e musculorum corporis humani (1749) de Bernhard Siegfried Weiss (Albinus), ilustrado por Jan Wandelaar, las ilustraciones de Gerard de Lairesse para el Ontleding des menschelyken lichaams (1685) de Govard Bidloo, o las inquietantes construcciones cadavéricas fetales de las obras de Frederik Ruysch.

Mezzotinta o «a la manera negra»

Una tercera variante del grabado en cobre fue introducida por Ludwig von Siegen en 1643. En la técnica de media tinta la plancha de cobre se rasca por completo para dejarla rugosa, de modo que se impregne de tinta; el artista alisa mediante una punta metálica las zonas que desea que queden blancas y según el grado de granulosidad que deje se obtendrán gamas de grises y texturas.


Oscuros grabados con técnica de mezzotinta, de la famosa obra de Gautier d’Agoty.

Los grabados a la manera negra tienden a ser oscuros y tenebristas, cosa observable en el principal libro anatómico ilustrado mediante esta técnica, Myologie complete en couleur et grandeur naturelle (1746), del pintor Gautier d’Agoty. Las ilustraciones de este libro están impresas en color, otra prestación de la media tinta, pues se podían grabar placas para diferentes tonos.

Litografía

Un avance importantísimo en las artes gráficas fue la invención de la litografía por Aloys Senefelder en 1796. Es una técnica totalmente diferente de las conocidas hasta ese momento, pues se cambia el soporte de cobre por planchas de piedra caliza pulida, sobre las que el artista dibuja mediante un lápiz graso. Los trazos quedan fijados a la piedra mediante un baño de ácido y goma arábiga. Para imprimir se entinta la plancha con un pigmento oleoso que solo impregna las zonas donde están fijados los trazos y no en la piedra desnuda.

La litografía abarató considerablemente los costes de imprenta y permitió un altísimo detalle de las imágenes, de modo que reinó en los talleres de impresión (que comenzaron a llamarse talleres de litografía) durante todo el s.XIX. Por tanto, fue el sistema de impresión de los clásicos de la anatomía moderna con los que incluso hoy se sigue estudiando.


Planchas litográficas de la Anatomía de Cloquet.

El primer tratado anatómico impreso mediante litografía fue el de Jules Cloquet (sí, el del canal de Cloquet del ojo), Anatomie de l’homme ou description et figures lithographiées de toutes les parties de corps humain (1821-1831), en cinco volúmenes, ilustrado por Hancelin y Feillet.

Cuando acabó la publicación de esta obra comenzó la de otro monumento, el de Jean Marc Bourgery, Traité complet de l’anatomie de l’homme (1831-1854), en ocho tomos y con una de las mejores colecciones de ilustraciones, elaboradas por Nicolas Henri Jacob.

Muchas figuras de este tratado están a color, pero no se imprimieron en color, sino que el modus operandide la época era colorearlas a mano mediante acuarela, ¡casi nada! La plancha se imprimía en negro, en un papel más grueso que el del texto, y después unos artesanos especializados pintaban mediante plantillas de estarcido las áreas para cada tono. Observando la complejidad de los dibujos del Bourgery hay que quitarse el sombrero ante estos artesanos coloreadores.


Litografías de N.H. Jacob para el enorme tratado de Bourgery. Los grabados se imprimían en negro y después se coloreaban a mano con acuarela.

Entre los avances posteriores de la litografía están: 1) nuevos soportes en lugar de piedra, como láminas de estaño, zinc, aluminio o plástico; 2) papel autocopiable para transferir el dibujo a la plancha sin tener que dibujar directamente sobre ella; 3) la impresión litográfica en color, de la que hablaré en el siguiente punto.

Lo del papel autográfico tuvo muchísima utilidad para los ilustradores médicos y anatómicos, pues por primera vez podían dibujar sus grabados sin invertir la imagen, como se había tenido que hacer con todas las demás técnicas de grabado; antes, si se quería dibujar una mano derecha había que trazar una mano izquierda en la plancha, especular respecto al resultado final impreso. Si ya es jodido dibujar un corazón detallado, imagina tener que hacerlo invertido. Con el papel autográfico el artista dibujaba a sus anchas, entregaba el folio al grabador y éste lo transfería invertido al soporte litográfico.

Cromolitografía

Como acabamos de decir, las ilustraciones a color de los libros solían ser pintadas a mano. Incluso el tratado de Vesalio tenía ediciones con grabados coloreados y adornos polícromos en sus páginas. En la década de 1830 el impresor Mulhouse estandarizó un sistema de cromolitografía, donde se preparaban tantas planchas como tintas de color requiriera el grabado y se imprimían sucesivamente en el mismo papel. Es un principio que ya se había usado esporádicamente en la mezzotinta y otras técnicas, y que ya era habitual en la xilografía artesanal japonesa, el ukiyo-e.

El sistema de tintas diferentes en planchas consecutivas es básicamente el que se sigue empleando en la impresión offset actual.


Litografías a color del famoso tratado de Anatomía humana de J.L. Testut.

Los tratados de mediados y finales del s.XIX ya se hacían con verdadera impresión a color. Aquí hay que destacar las reimpresiones de la famosa Gray’s Anatomy (1858) ilustrada por el médico Henry Vandyke Carter, el atlas original de Johannes Sobotta de 1904, y sobre todo la —a mi juicio— obra cumbre de las ciencias morfológicas, el Traité d´anatomie humaine (1889) de Testut y Latarjet, con el concurso del dibujante G. Devy y el grabador Boulenaz.

Impresión fotomecánica

La siguiente revolución de las artes gráficas ocurrió cuando la técnica litográfica se cruzó con la naciente fotografía, a finales del s.XIX. Ahora texto e imagen se transferían a una placa cubierta con emulsión fotográfica de plata, el fotolito. La información del fotolito se transfiere a su vez a finas planchas de zinc o aluminio recubiertas con barniz fotosensible. Las zonas tratadas de las planchas retendrán la tinta que será impresa en el papel.

Estas planchas son flexibles y se ajustan a cilindros, así se monta un circuito rápido de impresión con varios cilindros de caucho: unos que entintan con el color deseado, otro con la plancha (cilindro de ilustración), otro que recoge la capa de tinta con la información (cilindro offset o portamantilla) y la transfiere al papel de bobina o de gran formato que corre continuamente por el sistema. La impresión offset sigue siendo la más empleada actualmente en la industria editorial para grandes tiradas.

Ahora los artistas podían emplear la técnica de ilustración que quisieran, lápiz, tinta china, acuarela, témpera, etc., pues mediante la fotomecánica sus obran llegarían fielmente a las páginas de los libros. Además, ya era posible reproducir fotografías.

El tratado de anatomía de Rouvière (1921), ilustrado por Arnould Moreaux fue impreso mediante fotomecánica, igual que las inacabables ilustraciones de Frank Netter y prácticamente todos los libros que hemos usado en nuestra carrera.

La era digital

Es donde estamos ahora, obviamente. Los principios de impresión offset con cuatricromía CMYK siguen siendo los mismos, pero se ha eliminado el fotolito como paso intermedio y la plancha se genera directamente con la información procedente del ordenador.

Por otra parte, la ilustración digital realizada directamente en ordenador es la que usamos mayoritariamente los ilustradores científicos en la actualidad. Permite trazados perfectos, reutilizar partes de un dibujo en otro, corregir múltiples veces las obras, obtener diferentes acabados (imitando incluso técnicas pictóricas) y generar archivos de salida que van directamente al computador de preimpresión.

Vemos, pues, cómo ha cambiado la cosa desde las diez planchas de madera del Fasciculus medicinae, pasando por las más de 1000 litografías del Testut-Latarjet, hasta el inagotable fondo de ilustraciones digitalizadas que disfrutamos actualmente.

«Ceterum censeo Podemus esse delenda»

Mamagüevo

En noviembre de 2017 la cuenta de Twitter de la Real Academia de la lengua (@RAEinforma) recibió la consulta del usuario @fedesiete preguntando por la grafía correcta de la palabra mamagüevo. La RAE respondió con seriedad y concreción, como suele hacerlo, que según el Diccionario de americanismos se acepta tanto mamagüevo como mamahuevo.

Lo peculiar del caso es que el término consultado es una de las palabras más malsonantes de la jerga regional venezolana, insulto hosco y duro donde los haya. Por ello, la serena respuesta de la RAE generó una buena cascada de tuits en las siguientes semanas; muchos compatriotas no se creían que semejante dicterio estuviese registrado por la Academia.

Dado que las academias de la lengua sancionan el uso de los términos y que este término es extraordinariamente usado en el habla cotidiana de mi país, es lógica su inclusión en el nomenclátor. Sin embargo, la definición del Diccionario de americanismos no refleja adecuadamente la dimensión del término:

mamagüevo: sust/adj. RD, Ve. Persona estúpida, idiota. vulg; desp. (mamahuevo).

La RAE certifica su uso en República Dominicana y Venezuela, pero limita su significado a la acepción más blanda. Lo cierto es que mamagüevo es un sinónimo directo en su construcción y significado del españolísimo término chupapollas (el cual, por cierto, no está recogido en el diccionario general de la RAE ni en el panhispánico de dudas, por lo que no sabemos cuáles grafías son más adecuadas: chupa polla, chupa pollas, chupapolla o chupapollas).

De modo que un mamagüevo es una persona que ejerce la felación, que se mama un güevo. Adviértase que güevo es sinónimo de pene en Venezuela y otros países hispanoamericanos, y así lo recoge el mismo Diccionario de americanismos. Pero una acepción más extendida de güevo es como variante de huevo o como sinónimo de testículo, cosa que resulta bastante obvia.

La asimilación del órgano copulativo con güevo demuestra lo viva que está la lengua y las interesantes transformaciones que en ella acontecen. En el caso que nos ocupa ocurre una doble metonimia, ¡casi nada! En la primera metonimia el todo toma el nombre de la parte: los huevos o testículos ceden su nombre al conjunto de los genitales externos masculinos. Una segunda metonimia traslada el nombre del todo, los genitales externos, a una parte, el pene. El tercer elemento es el refuerzo consonántico del diptongo ‘hue’ que pasa a ‘güe’, fenómeno frecuente en habla castellana (güeso, güeco, güele —de oler—) y habitualmente relacionado con lenguaje vulgar o de zonas rurales. Lo bonito es que estas transformaciones las hace la gente con su habla diaria, sin analizar los mecanismos ni categorizarlos.

Tenemos, pues, al güevo venezolano definido como genitales viriles y más concretamente el pene. De este término nacen otras palabras del habla coloquial, como la mencionada mamagüevo y dos expresiones contradictorias entre sí: ‘güevo pelao’ y ‘agüevoneado’. Ser un güevo pelao es ser una persona hábil y con talento, un experto en un arte u oficio; quizás de origen metafórico en relación con el pene erecto despejado de prepucio, presto para actuar. Por el contrario, ser un agüevoneado es ser un gilipollas, un bobo, lerdo, lento de mente o, volviendo a la raíz léxica, un güevón (también aceptado como huevón, güebón o, patognomónico chileno, güeón). La RAE recoge el verbo pronominal ahuevonearse y la lectura de su tabla de conjugación es una delicia literaria.

Volviendo a los mamagüevos, ¿por qué se toma como una grave ofensa decir que una persona es dada a la felación? Aquí se asigna a la persona felante un papel de sujeto pasivo, sometido, arrodillado ante un superior, que ejerce un acto vil reservado a homosexuales, mujeres y gente indigna. Puede parecer un insulto machista heteropatriarcal, pero lo parece porque lo es.

Otra duda lingüística sobre este término es si varía según el género, es decir, si se apostrofa con el mismo a una mujer ¿debe decirse mamagüeva o se mantiene sin modificar, como pasa con ‘idiota’ o ‘imbécil’?

La gravedad de mamagüevo como insulto venezolano radica en que se asigna a una persona despreciable en grado superlativo, sea por sus acciones mezquinas, por arrastrarse por el suelo miserablemente, por actuar a traición o de modo alevoso contra otros; en fin, es un insulto polisémico aplicable a casi cualquier aspecto altamente negativo del insultado. Su acepción como ‘tonto’ es, como comentamos antes, la más blandita de todas y de ella deriva mamagüevada para indicar una acción o idea rebosante de estupidez.

Para familiarizarse con el uso coloquial de mamagüevo basta poner la palabra en el buscador de Twitter y solazarse con la riqueza de sus aplicaciones. Lamentablemente, muchos usuarios no respetan las grafías correctas del término y lo escriben sin diéresis en la ‘u’, lo que altera completamente su pronunciación, o usan ‘b’ en vez de ‘v’. Exhorto a mis compatriotas a guardar la corrección ortográfica de una palabra que es patrimonio nacional.

maduromamaguevo

Grafiti de protesta en calle de Caracas. A pesar del error ortográfico no pierde poder comunicativo. Via Tuiter.

Al conocer los significados de mamagüevo es fácil comprender por qué se está aplicando como insulto de primera línea contra el asno despreciable de Narcolás Maduro y la plana mayor del régimen chavista. Más que insulto resulta un epíteto pertinente, tipificador y enfático, considerando el nivel de miseria y malevolencia alcanzado por estos narcoterroristas, enemigos de todo lo bueno y noble.

La verdad es que la mayoría de los mandatarios de Estado son susceptibles de adjetivarse como mamagüevos, y en general cualquier jefe de lo que sea, pues bien se sabe la antipatía y resquemores que inspiran las figuras de autoridad, aunque en origen sea una invectiva destinada a entes sumisos o inferiores. En lo personal, no sé si hay otra palabra que me cruce la mente con mayor frecuencia, aunque no la pronuncie, desde el conductor de bus o metro que me cierra la puerta en la cara y arranca, la recepcionista malencarada o el funcionario que obliga a llenar planillas indescifrables, hasta el pico paroxístico cuando veo las noticias y el catálogo de mamagüevérrimos insuperables que desfila por allí. Quizás solo cuando hacía guardias de cirugía en Caracas me venía más a la mente la palabra de hoy.

mamaguevotrends

Frecuencia de búsquedas de «mamagüevo» entre 2004 y 2018, según Google Trends. Arriba se observa una estabilidad de uso en territorio venezolano, mientras abajo se aprecia un aumento progresivo en el ámbito mundial. No me atrevo a hacer interpretación de estos datos ni relacionarlo con la creciente diáspora de venezolanos resabiados.

Notas antiguas sobre la felación

Desde Isis hasta la Lewinsky, la felación ha estado en la trastienda de la historia humana. En otro post comentamos el mito de la resurrección de Osiris mediante un certero mamerto ejecutado por Isis. En el sexto folio del precioso papiro de Ani (1300 a.C.) hay una pequeña viñeta donde se aprecia a una plañidera simulando una felación isíaca a un ataúd sujeto por Anubis. No es la única referencia papirográfica: en el segundo folio del papiro de Henuttawy (hacia el 1000 a.C.) aparecen representados Nut y Geb (dioses del cielo y de la tierra, y padres de Isis y Osiris) con la peculiaridad de que Geb está enroscado en un automamerto y, también curioso, la diosa Nut cuenta con un luengo cipote que le llega a la fosa supraesternal. Ya hablaremos otro día de los dioses itifálicos.

papirofelatio

A la izquierda: plañidera felante en el papiro de Ani. Derecha: autofelación de Geb en el papiro de Henuttawy. Ambos papiros están en el Museo Británico.

En la antigua Grecia el arte felatorio se relacionaba con la isla de Lesbos, la cual consideramos origen del lesbianismo por los poemas de Safo (y actualmente es imagen de la tragedia de los refugiados sirios). En aquellos lejanos tiempos las mujeres de Lesbos tenían fama de hábiles felatrices.

El origen de mamagüevo o chupapollas como fuerte insulto proviene, ¡cómo no!, de Roma. La impresión general del mundo romano sobre el sexo oral era de acto denigrante y antihigiénico: os impurum. Allí se distinguía fellator/fellatrix, quien ejecutaba el chupeteo, e irrumator, el agasajado con la succión o bien quien empotraba por la fuerza su ciruelo en ajenas fauces (lo que en inglés se llama facefuck y que no tiene equivalente en castellano, ni falta que hace).

romafellatio

Izquierda: ‘kylix’ ática, Museo de Bellas Artes, Boston. Centro: lámpara de aceite romana, Salzburgo. Derecha: ‘sprintiae’, ficha para pagar los servicios sexuales profesionales.

Una matrona respetable y de su casa jamás accedería al os impurum, cosa relegada a efebos de callejón y lobas togadas. Si la fellatio ya era alta obscenidad, el cunnilingus era la cochinada al cuadrado, ningún hombre honorable se rebajaría a tan humillante acto. El emperador Augusto dictó leyes puritanas de buenas costumbres que castigaban las prácticas sicalípticas (ya se encargarían sus sucesores de abrir la veda a la depravación). De hecho, el poeta Ovidio fue desterrado por Augusto a causa de sus escritos subidos de tono o, más probable, por follisquear con la imperial hija Julia.

Pero como siempre ha ocurrido, ocurre y ocurrirá, en Roma se practicaban guarreridas orales, aunque se negara o se obviara. Y se practicaban mucho, según atestiguan las persistentes referencias en los poemas obscenos de Marcial, Juvenal o Catulo (con su inmortal «Pedicabo ego vos et irrumabo», verso que abre y cierra su carmen 16: «Os encularé y me la mamaréis»).

Así que, romanos todos, utilicemos con holgura y defendamos de la tirana corrección política el libre uso de chupapollas y mamagüevo, herencia latina irrenunciable, pues en el mundo hay más mamagüevos que ventanas y nuestro deber es señalarlos.

Dedico este post al Dr. Manuel Paz, viejo amigo y condiscípulo.

 

«Ceterum censeo Podemus esse delenda»

La importancia de llamarse…

En el recién finalizado año 2017 se cumplieron 250 años del fallecimiento del compositor alemán Georg Philipp Telemann (1681-1767), aunque no fue un aniversario celebrado significativamente. Cierto que cada año hay un montón de efemérides para recordar y que siempre se festejan más los números redondos que aquellos con medios siglos. Pero ello me sirve para reflexionar sobre el olvido relativo o absoluto de buenos creadores artísticos en favor de las afamadas superestrellas de sus respectivos tiempos.

telemann, bach, handel

Retratos de los tres pelucones alemanes del barroco. Tomado de un post de PartitULE, Universidad de León, sobre el 250º aniversario telemanniaco.

En el caso de Telemann esas estrellas que lo opacan son, ni más ni menos, su compadre J.S. Bach y su paisano Händel. Ya es mala suerte ser el músico más prolífico de todos los tiempos, haber escrito música de una calidad excepcional y haber contribuido en los movimientos orquestales europeos del s.XVIII, pero tener que coincidir con ese par de titanes inmortales.

Pues eso, que Telemann está reconocido como el compositor que más obras hizo, más que Bach, más que Händel, muchas más que Haydn, Mozart o incluso Lady Gaga. No hay un catálogo definitivo de sus obras y muchas se han extraviado, pero lo que queda es simplemente vastísimo y resta un montón por grabar en disco.

Chacona del cuarteto parisino No. 6 de Telemann, por el conjunto barroco Nevermind.

Sin embargo, ese sentido de fama y admiración actual hacia los grandes compositores no siempre es equivalente a la fama que disfrutaron en sus respectivos tiempos. Telemann tuvo en vida mayor reconocimiento en Europa central que Händel (quien se fue a buscar las castañas a Londres) y mucho más que Bach, humilde músico de iglesia. Telemann no provenía de familia de músicos, como Bach, sino que estudió derecho en Leipzig y la música fue su hobby hasta que mandó las leyes al carajo y se dedicó a componer y dirigir a tiempo completo. Trabó estrecha amistad con J.S. Bach y fue el padrino y profesor de su hijo más famoso, Carl Philipp Emanuel Bach.

Mozart es hoy una estrella indiscutible, pero en su época estuvo a la sombra —en cuanto a popularidad y éxito comercial— de Sallieri, Paisiello o el propio Haydn. ¿Cuántas personas con una cultura media conocen a Giovanni Paisiello, Domenico Cimarosa, Johann Albrechtsberger, Carl Ditters von Dittersdorf o Marianne von Martinez? ¿Cuántos conciertos y grabaciones se hacen con música de Antonio Sallieri, Martín y Soler, Ignace Pleyel, Carl Stamitz o Christian Cannabich —no tiene que ver con Melendi, a pesar del apellido—? Todos ellos fueron contemporáneos de Mozart.

Se interpreta relativamente poco a Telemann, Corelli o Scarlatti, pero menos aún a Ignaz Biber, Kapsberger, Buxtehude, Caldara, Porpora, Barbara Strozzi y, en fin, el listado de artistas de la generación de Bach y Händel es larguísimo. Por suerte el movimiento de recuperación de la música antigua no pierde aliento.

bannerpresentaciones

¿A qué se debe que algunos hayan logrado una fama para la posteridad y otros hayan caído en relativo olvido, independientemente de su popularidad en vida? No hay un único factor que lo explique:

  • Cantidad de obras: sin duda un repertorio amplio debería favorecer el reconocimiento del autor, pero muchos de los nombrados anteriormente tienen catálogos tan extensos como poco interpretados. En el extremo contrario están los compositores famosos por una única obra, como Ponchielli (La Gioconda), Umberto Giordano (Andrea Chénier) o Carl Orff (Carmina Burana); siempre están en programa, pero el resto de sus trabajos son rarezas.
  • Éxito comercial: Händel sacó buenos beneficios de su compañía de ópera, mientras Bach siempre fue un recatado músico de capilla al servicio de algún noble; Muzio Clementi triunfó como empresario, compositor y concertista al tiempo que Mozart moría arruinado y seriamente endeudado.
  • «Padrinos»: Sallieri estuvo mucho mejor posicionado en la corte austríaca que Mozart o Haydn; de hecho, todos los músicos anteriores a Beethoven estaban obligados a ponerse al cobijo de un noble adinerado.
  • Redescubrimiento: algunos autores olvidados tuvieron la suerte de ser recuperados décadas o siglos después por otros músicos que apreciaban adecuadamente su trabajo. El ejemplo más claro es el rescate que hizo Mendelssohn de las obras de J.S. Bach casi un siglo después de morir éste. El pianista Horowitz intentó recuperar en el s.XX las obras de Clementi, pero sin tanto éxito.
  • Ámbito geográfico: ciertamente los británicos y alemanes son más dados a proteger su patrimonio musical que en otros países. En estas Españas hay un buen puñado de interesantes compositores de los siglos XVII y XVIII que no los tocan ni con un palo pringado en caca.
  • Calidad de las obras: al final aquí debe estar la principal explicación, pues la valoración subjetiva de las composiciones de Bach o Mozart supera holgadamente a la media de sus respectivos contemporáneos. Pero ¿realmente Telemann componía peor que Bach o Händel? Afirmar eso sería mucho decir. Cada uno tenía su estilo personal y géneros en los que destacaba más: Händel en ópera y oratorio, Bach en cantatas religiosas y música de teclado, y Telemann en conjuntos de cámara, conciertos para solista y suites orquestales.

Siguiendo con el tema de la calidad musical, ¿saldrían los autores famosos favorecidos en una cata auditiva a ciegas respecto a sus colegas menos conocidos? Algo de esto intentó Mikhail Simkin, profesor de ingeniería eléctrica de la UCLA, interesado en estudiar la fama desde la vertiente científica y los modelos estocásticos (¡bien!, siempre quise usar esta palabra en una redacción). Colgó una pequeña encuesta en internet con diez fragmentos de obras de Mozart y Sallieri, para que el oyente decidiera quién era el autor de cada pieza. El resultado de 11.000 test fue una tasa de aciertos de 60%, casi igual a la que se obtendría lanzando una moneda a cara o cruz; concluye Simkin que no es posible diferenciar por calidad intrínseca las obras de Mozart y Sallieri, pues suenan muy similares. La encuesta aún es accesible en este link, por si a alguno le interesa hacerlo.

Este estudio no es más que un divertimento publicado domésticamente en los archivos de la Universidad de Cornell (ver aquí) y su metodología es más que discutible. Sin embargo refleja cómo el nombre del autor puede sesgar la apreciación de una obra. Esto pasa también el literatura y artes plásticas. Como dice el refrán, cría fama y échate a dormir.

En lo personal me inclino a atribuir a la música de Mozart o Bach un algo que no tienen otros, un alma que toca muy profundo. Ello no quita que haya decenas de buenos compositores que merezcan ser redescubiertos e interpretados en los circuitos de conciertos y ópera, en vez de ciertas castañas del siglo XX que no le gustan al público ni a los músicos que por obligación las tocan.

Uno de los pocos homenajes a Telemann del año 2017 fue una interesante serie de episodios en el programa Grandes ciclos de Radio Nacional (escucharlos aquí). De lo que sí se salvó Telemann fue de caer víctima del maligno oftalmólogo Taylor, como les ocurrió a Händel y Bach según relatamos en este post.
Este 2018 se cumplen 250 años de la muerte de José de Nebra (1702-1768, compositor maño del barroco, pero no creo que esto será muy reseñado en los medios.

 

«Ceterum censeo Podemus esse delenda»

La amusia de Ravel

Nunca deja de sorprender que haya músicos sordos y que a pesar de esta limitación sean capaces de componer obras magníficas. Los afectados se han quejado amargamente de esta suerte (desde el divino Beethoven a los menos divinos Smetana o Fauré), pues ¿puede haber algo peor para un músico que no poder oír? Pues resulta que sí lo hay: que la música desaparezca de su cerebro.

La lesión de las áreas neurológicas que procesan la información musical hace que el afectado pierda la capacidad de apreciar melodías, leer o tocar música. La jodienda en cuestión se llama amusia.

Quizás el caso más famoso de amusia sea la triste enfermedad que acabó con el genial Maurice Ravel. El 28 de diciembre de este 2017 se cumplen justo 80 años del fallecimiento del compositor, sin duda uno de los más famosos, interpretados y grabados del siglo XX. Antes de seguir leyendo háganme el favor de ir a Youtube o Spotify y ponerse música de monsieur Maurice como banda sonora.

Ravel, el dandi canijo

ravel_maurice

El compositor francés Maurice Ravel (1875-1937).

Nació en Ciboure, pueblo colindante con San Juan de Luz, a cuatro pasos de la frontera guipuzcoana, el 7 de marzo de 1875, el mismo año que Antonio Machado y el psicoanalista Jung, y apenas cuatro días después del estreno de la Carmen de Bizet.

Su madre era de ascendencia vasca y dejó en Maurice un trasfondo del folclore musical euskaldún. Sin embargo, Ravel no se crio en Iparralde pues el mismo año de su nacimiento la familia se trasladó a París.

Se formó e inició su carrera en ese París de la Belle Époque de finales del siglo XIX y principios del XX que era un hervidero artístico e intelectual como pocos se han visto. Allí estaban Debussy, Satie, Fauré o Hahn, allí acudieron Manuel de Falla y Stravisnky, Matisse, Braque y Picasso, allí Diaguilev contrataba y hacía colaborar a todos estos artistas en sus famosos Ballets Rusos; todo el que quería ser alguien en las artes buscaba su sitio en aquel París. Y Ravel logró su sitio en ese mundillo, donde, como en cualquier mundillo, todos se conocían y eran amigos y enemigos intermitentes, donde todos comadreaban y criticaban de frente y por la espalda a los colegas.

Ravel era el dandi impecable, perezoso y amable, aunque a la hora de componer era extraordinariamente minucioso y perfeccionista; ello, sumado a su afición a coleccionar juguetes de cuerda y cachivaches mecánicos, hizo que el ácido Stravisnky lo apodara «el relojero suizo».

La efervescencia artística del momento se detuvo cuando la Belle Époque se fue a tomar viento con la Primera Guerra Mundial. Curiosamente, aquel dandi de buena familia se empeñó en alistarse en las filas francesas pero fue rechazado por canijo, baja estatura y bajo peso. Al final logró participar como conductor de vehículos y fue a parar a Verdún. Mientras estaba en el frente fue notificado del fallecimiento de su madre, con quien estaba muy unido.

El horror de la guerra y la pérdida materna condicionaron un cambio de actitud vital en Ravel, que se hizo mucho más introvertido, taciturno, menos interesado por la vida social. También se reflejó en su música, como es lógico. El resto de su carrera como compositor y pianista fue bastante exitoso.

Si hay una palabra que define la música de Ravel es elegancia. Es una música limpia, luminosa, delicada, lo que un cursi llamaría deliciosa; hasta las disonancias las hacía elegantes. Ravel logró un sonido propio más allá de seguir el impresionismo debussyano; exploró otros horizontes, como el jazz, el blues, la música del lejano oriente, el folclore hebreo, griego, escocés y español.

Su objeto principal fue el piano, pero destacó infinitamente como maestro de la orquestación, tanto así que adaptó para orquesta muchas de sus piezas para piano y orquestó obras de otros autores —bastaría lo que hizo con Cuadros de una exposición de Mussorgsky para ganarse todo el respeto.

Don Maurice hizo frecuentes giras internacionales y recibió honores. Pero su cerebro dejó de colaborar en sus últimos años de vida.

bannerpresentaciones

Historia clínica raveliana

Quede claro, de entrada, que no hay un diagnóstico definitivo de la enfermedad de Ravel. Aunque hay numerosos artículos que discuten el caso, es imposible tener certeza debido a las limitaciones de la época y a que su cerebro no fue preservado en un frasco para estudios posteriores.

Como antecedentes: fumador habitual; juventud de fiesta, trasnocho y enolismo; operado de «peritonitis» durante su servicio en el ejército; padre afectado de demencia.

El 9 de octubre de 1932 iba Ravel en un taxi por París cuando otro coche se les empotró en un cruce. Nuestro músico sufrió un traumatismo craneofacial, contusión torácica y le saltaron unos dientes. Sin embargo, no requirió mayor atención de urgencias; el mismo Ravel le quitó hierro al incidente en una carta dirigida a Falla. Casualidad o no, a partir del trauma Ravel manifestó cambios anímicos, insomnio, retraimiento y, peor aún, dificultades motrices, de memoria y lenguaje.

En realidad los síntomas neurológicos habían comenzado, de forma leve, en 1927: olvidos de alguna palabra, alguna dificultad expresiva, saltarse una parte al ejecutar una pieza, cambios de humor… Pero podía hacer una vida normal y productiva. A partir del accidente el deterioro neurológico se aceleró y, de hecho, Ravel ya no pudo componer más.

Dos manifestaciones dominaron el cuadro: dificultad para ejecutar actos motores voluntarios (apraxia) y dificultad para el procesamiento del lenguaje (afasia). Explicaré brevemente estos fenómenos, en consideración con el público general o los traumatólogos que puedan leer este artículo.

La apraxia es la incapacidad para realizar tareas motrices sin tener parálisis muscular o alteración de la coordinación. El paciente puede hacer esas tareas de modo automático o inconsciente, pero al pedirle que lo haga se queda parado o lo hace erróneamente. En la apraxia ideomotora la persona entiende lo que se le solicita y sabe cómo hacerlo, hasta puede describir los pasos para hacerlo, pero no lo puede hacer; suele deberse a lesiones frontales del hemisferio dominante. Hay otros tipos de apraxia que afectan a territorios musculares concretos, como la boca o los ojos.

La afasia es un variado conjunto de trastornos del lenguaje donde se daña la comprensión, la emisión o ambos. La famosa afasia de Broca o afasia motora limita la expresión oral y escrita, pero el paciente entiende perfectamente lo que oye o lee, incluyendo sus propios errores al hablar. En la afasia de Wernicke o afasia de comprensión, por el contrario, el afectado puede hablar y escribir, pero no tiene buena comprensión de lo que lee u oye, su habla es profusa y está llena de palabras fuera de lugar, cambiadas o inventadas. Hay afasias globales, subcorticales o transcorticales, según donde esté la lesión, y afectan de modos diferentes las capacidades de hablar, escribir, leer, oír, nominar, numerar o repetir.

Ravel sufría una apraxia motriz progresiva que no le permitía, por ejemplo, tocar el piano aun sabiendo las teclas y el orden en que debía tocarlas, o hacer tareas como encender su vicio tabáquico o nadar. Su neurólogo tratante, Alajouanine, indicó que presentaba afasia de Wernicke, pero lo que describe y lo que se extrae del relato de testigos es que se trataba de una afasia expresiva, donde Ravel tenía dificultad para encontrar las palabras adecuadas, sufría para escribir pocas palabras o notas musicales y su fluencia se fue reduciendo hasta terminar emitiendo monosílabos.

También la amusia de Ravel era de tipo expresivo, pues podía reconocer notas, melodías e intervalos, reconocía fallos de afinación o tempo, pero no podía cantar, tocar o escribir música. Por ello, a partir de 1933 apenas pudo dejar algún breve bosquejo, pero ninguna composición. Tenía proyectada una ópera sobre Juana de Arco y se quejaba con toda la debida amargura de tener la música en la cabeza pero no poder sacarla de allí.

En varios artículos se lee que los problemas neurológicos pudieron influir en algunas de sus últimas obras, especialmente en la más popular, el Bolero (1928). Es una obra melódicamente muy simple, armónicamente elemental y rítmicamente monótona, cosa que da pie a que algún neurólogo lo considere manifestación de perseveración y estereotipia propias de lesión cerebral. Pero el Bolero es esencialmente un tremendo ejercicio de orquestación, una pieza de «música sin música», como la definía su autor, un hipnótico crescendo de un cuarto de hora donde Ravel mostró toda su maestría a la hora de sumar instrumentos. Basta escuchar la riqueza de obras posteriores, como los dos conciertos para piano (en sol mayor y para la mano izquierda) y las tres canciones de Don Quijote a Dulcinea para dudar de tal hipótesis. Si una obra como el Bolero de Ravel es producto de un daño cerebral ¿qué queda para los reguetoneros y cancionistas del verano? Han de ser una legión de muertos vivientes pangangrenados.

¿Cuál es su diagnóstico, doctor?

La neurología antes de las imágenes por resonancia magnética era una cosa llena de incertidumbres. Así que ante la falta de neuroimágenes, estudio anatomopatológico o genético es imposible saber el diagnóstico, pero tanto sus médicos como los posteriores comentaristas han apuntado diversas opciones.

¿Alguna relación con el accidente del taxi? ¿Hematoma subdural? ¿Consecuencia de latigazo cervical? ¿Enfermedad vascular en un paciente fumador? ¿Variedad de demencia? El diagnóstico más apuntado ha sido la enfermedad de Pick (no confundir con la de Niemann-Pick), una taupatía (no confundir con la puta engañifa de la tautopatía) o enfermedad degenerativa por depósitos de proteína tau en forma de ovillos o cuerpos de Pick, por lo que se requiere estudio histopatológico para su confirmación, cosa que no hubo en el caso de Ravel. Actualmente se considera que la enfermedad de Pick es una variante de la degeneración frontotemporal, entidad que incluye a la demencia frontotemporal, a la afasia primaria progresiva y la demencia semántica.

clovis_vincent

Dr. Clovis Vincent (1879-1947), neurólogo y neurocirujano de la Pitié-Salpêtrière de París.

Otros médicos tratantes de Ravel fueron Clovis Vincent y Thierry de Martel, los pioneros de la neurocirugía francesa. El Dr. Vincent —discípulo de Harvey Cushing— contempló la etiología tumoral debido al rápido empeoramiento ocurrido en otoño de 1937. Ubicó la posible lesión en área silviana derecha y optó por algo que ahora nos da escalofríos: la craneotomía exploratoria.

Ravel fue intervenido el 19 de diciembre de 1937 mediante craneotomía frontal derecha, apertura de duramadre, exploración de estructuras y punción ventricular, sin ningún hallazgo patológico reseñable. Tras salir de la operación Ravel pronunció pocas palabras y entró en un estado comatoso del que no se recuperó y falleció el 28 de diciembre a los 62 años.

El cerebro musical

Antes se simplificaba diciendo que las capacidades musicales estaban en la región temporoinsular derecha, mientras el lenguaje pertenecía al hemisferio izquierdo (siguiendo el mito del «hemisferio cretivo» vs. el «hemisferio racional»), pero hoy se sabe que en el procesamiento musical participan múltiples áreas corticales según sea el aspecto musical que se analice. Se separa la identificación de tonos, intervalos y melodías (sistema melódico), de la métrica, ritmo y tempo (sistema temporal). El sistema melódico se ubica principalmente en el giro temporal superior derecho y secundariamente en áreas frontales, mientras el sistema temporal requiere amplia participación bilateral temporal y frontal.

Las amusias son muy variables en su presentación pues, como buen idioma que es la música, puede afectar a su emisión (tocar, cantar, escribir notas) o a su recepción (oír, leer partituras); además existen amusias selectivas para cada aspecto musical.

Puede que el paciente no reconozca melodías previamente conocidas (amnesia musical), o que solamente las reconozca cuando lee la partituta pero no cuando la oye (como en este caso). Puede que pierda la capacidad de diferenciar un tono de otro (amusia perceptiva o sordera de tono) y todas las notas le parezcan igual. Puede que sea incapaz de tararear o silbar una melodía aunque la sepa y la reconozca al oírla (amusia motora), o que no pueda tocar un instrumento que dominaba (apraxia musical). O que ya no pueda leer o escribir notación (alexia musical y agrafia musical, respectivamente).

También existe una amusia congénita que parece afectar hasta a un 5 % de la población y que hace que los afectados no distingan notas, desafinen terriblemente al cantar o, en algún caso, que los sonidos musicales armónicos le resulten totalmente cacofónicos (aquí un caso relatado por el neurólogo Oliver Sacks).

Recomendaciones:

En 2012, por la conmemoración de los 75 años de su fallecimiento, el programa Grandes ciclos de Radio Nacional de España hizo una interesantísima, completísima y recomendabilísima serie de 16 programas dedicados a Ravel: aquí el podcast.

Hay un curioso peli-documental franco-canadiense llamado Ravel’s Brain, del año 2001, donde el barítono Richard Cowan hace de Dr. Clovis Vincent y canta el caso clínico sobre música del propio Ravel.

Referencias:

  • Alexoudi A, Sakas D, Gatzonis S. The “Ravel issue” and possible implications. Dementia. 2016:9-12. doi:10.1177/1471301216642066.
  • Alossa N, Castelli L. Amusia and musical functioning. Eur Neurol. 2009;61(5):269-277. doi:10.1159/000206851.
  • Cardoso F. The movement disorder of Maurice Ravel. Mov Disord. 2004;19(7):755-757. doi:10.1002/mds.20087.
  • Clark CN, Golden HL, Warren JD. Acquired Amusia. Vol 129. 1st ed. Elsevier B.V.; 2015. doi:10.1016/B978-0-444-62630-1.00034-2.
  • García-Casares N, Berthier Torres ML, Froudist Walsh S, González-Santos P. Modelo de cognición musical y amusia. Neurologia. 2013;28(3):179-186. doi:10.1016/j.nrl.2011.04.010.
  • Gasenzer ER, Kanat A, Neugebauer E. Neurosurgery and Music; Effect of Wolfgang Amadeus Mozart. World Neurosurg. 2017;102:313-319. doi:10.1016/j.wneu.2017.02.081.
  • Gasenzer ER, Kanat A, Neugebauer E. The Unforgettable Neurosurgical Operations of Musicians in the Last Century. World Neurosurg. 2017;101:444-450. doi:10.1016/j.wneu.2016.11.144.
  • Henson RA. Maurice Ravel’s illness: a tragedy of lost creativity. Br Med J (Clin Res Ed). 1988;296(6636):1585-1588. doi:10.1136/bmj.296.6636.1585.
  • Kanat A, Kayaci S, Yazar U, Yilmaz A. What makes Maurice Ravel’s deadly craniotomy interesting? Concerns of one of the most famous craniotomies in history. Acta Neurochir (Wien). 2010;152(4):737-741. doi:10.1007/s00701-009-0507-y.
  • Seeley WW, Matthews BR, Crawford RK, et al. Unravelling Boléro: Progressive aphasia, transmodal creativity and the right posterior neocortex. Brain. 2008;131(1):39-49. doi:10.1093/brain/awm270.

«Ceterum censeo Podemus esse delenda»

¿Qué culpa tendrá Bolívar?

Pues no, señores, Simón Bolívar no era «bolivariano». Escuchar a periodistas y analistas políticos hablar con lógico menosprecio del «gobierno bolivariano» o del «régimen bolivariano» aumenta más, si cabe, la infinita náusea que me genera todo lo relacionado con la dictadura de Venezuela. Otro logro más de su ignominia, el régimen ha logrado colocar «bolivariano» como sinónimo de «bananero» en su más peyorativo sentido, cuando el sinónimo real de ello es chavismo o castrismo.

El legado político y filosófico de Bolívar siempre ha sido materia de manipulaciones, idealizaciones, tergiversaciones y amoldamientos forzosos a otras ideologías que le son completamente ajenas, como el vil comunismo caribeño del que los ignorantes quieren hacerlo precursor.

Bolívar y la religión de Estado

El culto a Bolívar es común en América Latina, pero en ningún sitio con la intensidad y fervor que en Venezuela, donde literalmente es una religión de Estado. Durante generaciones se nos ha criado en la admiración y respeto más profundos por el padre de la Patria, se nos ha hecho aprender su vida, su obra y sus frases célebres —ni se diga de los que estábamos en primaria en 1983, cuando se celebró el bicentenario de su nacimiento—. Nadie allí osaría jamás ser crítico con su figura y menos aún deshonrar su memoria, so pena de ser castigado como maldito hereje.

¿Por qué se ha creado semejante adoración? Aunque Bolívar murió apartado forzosamente de la vida pública, abandonado y renegado por sus más próximos colaboradores, poco más de una década después se comenzó a reparar su memoria y a crearse el culto. El primero en aprovecharse de esto fue José Antonio Páez (1790-1873), precisamente uno de los que hicieron el vacío a Bolívar para echarlo de la vida pública (sus razones tenía). En su segundo período como presidente de Venezuela se encargó de traer desde Santa Marta, Colombia, los restos mortales del Libertador con los máximos honores y depositarlos en la Catedral de Caracas en 1842. Recuperó la memoria de Bolívar como elemento de identificación patriótica y de unificación bajo su único mando.

La historia de Venezuela durante los últimos dos siglos, como la de muchos otros lugares, está marcada por una sucesión de caudillos y gobiernos personalistas; a todos ellos les iba de maravilla tener un referente divino al que asimilarse como líderes. Era el Amón-Ra de todos los faraonzuelos del terruño.

El siguiente paso hacia la divinización bolivariana se dio durante los tres mandatos de Antonio Guzmán Blanco (1829-1899) en el último tercio del s.XIX. Guzmán Blanco fue un modernizador del Estado que intentó europeizar las instituciones venezolanas, en especial las educativas y artísticas. Durante la época guzmancista se promovió la exaltación del Libertador, la apología de su obra a través de la literatura y las artes, se instauró el bolívar como moneda oficial y se construyó el solemne Panteón Nacional para acoger los cadáveres de los próceres de la independencia. Allí reposaron en paz los restos de Bolívar hasta 2010, cuando fueron profanados por las infectas zarpas de mico-mandante Chávez.

Total, durante siglo y medio se fue poblando el país de estatuas y retratos del Libertador, las plazas de los pueblos pasaron a llamarse «Plaza Bolívar», los literatos hicieron un relato romanticista decimonónico de su figura, deformando su realidad humana y añadiendo adornos al mito.

Para los seres depravados como Chávez no hay nada sagrado, ni siquiera su propio dios bolivariano. El comandante se emperró en que Bolívar no murió de enfermedad sino víctima de una conspiración masónica internacional imperialista meeeeesmaaaa, de modo que ordenó la profanación de la tumba para un estudio antropológico forense. Tras revolver los huesos se tardó dos años en sacar un «informe provisional» y hasta la fecha no he visto el definitivo. Cuando uno lee ese informe —aparte de lo mal tipografiado que está— parece serio hasta el apartado «Epicrisis», donde quizás los forenses fueron suplantados en el dictado por un médico integralista cubano consultando el manual Merck de los años 70. Acaba con unas conclusiones endebles no basadas en las descripciones previas. Inconclusiones, mejor, pues no encontraron signos de tuberculosis (causa histórica de su muerte, como de la mitad de las celebrities del s.XIX) pero tampoco nada determinante.

bolivar_retratos

A la izquierda y en el centro dos retratos de Simón Bolívar pintados por José Gil de Castro hacia 1825, con el Libertador delante y con su visto bueno. A la derecha la irreconocible faz fabricada por Philippe Froesch a partir del esqueleto profanado por orden de Chávez.

Se aprovechó la profanación para hacer un retrato real de cómo era Bolívar a partir de su calavera, a pesar de que hay abundante iconografía pintada con él delante. El resultado, ahora imagen oficial chavista del Libertador, apenas se parece en las patillas a los retratos hechos en vida; es una burda manipulación racial, distorsionando sus rasgos para hacerlos más mestizos y menos caucásicos, y eso es tan inadmisible como si lo hubieran puesto rubio élfico o con una narizota arábiga. Dicen las malas lenguas que el motivo final de la exhumación fue obtener material para los ritos santeros a los que tan aficionado era el Gorila. Se non é vero…

El remate a esta afrenta fue la construcción de un nuevo mausoleo para el cuerpo de Bolívar, un edificio nuevo construido justo detrás del Panteón Nacional, una mole mussoliniana fea como un tumor del culo y que parece una puta pista de skate. Su construcción se saltó todos los reglamentos de Patrimonio y ha alterado terriblemente el entorno, pero sirvió para que se forraran unos cuantos adláteres del Gorila.

panteon-nacional-atropello

Abominación arquitectónico-urbanística del Panteón Nacional perpetrada por Chávez. A la izquierda está el aspecto antiguo del Panteón con las hermosas cumbres del Ávila al fondo. En el centro, el daño al paisaje y al conjunto histórico de esa mole desproporcionada destinada a mausoleo del Libertador. A la derecha se ve la proporción de la mole, como un enorme teratoma en la rabadilla del antiguo Panteón. Impresiona la forma de pista de scate.

El tema es que Bolívar murió sin dejar hijos y sin fundar un partido, cosa que, si bien evitó que se estableciera una dinastía o un régimen partido único, ha hecho que el culto a su persona sea un comodín del que puedan tirar conservadores, liberales, dictadores militares de derecha y de izquierda, partidos democráticos, movimientos populistas, cantantes folclóricos, salseros o reguetoneros.

¿Por qué Simón no era bolivariano? En primer lugar porque lo que actualmente se entiende como bolivarianismo no es sino el nombre artístico del vil chavismo o castro-chavismo, variante caribeña de la paranoia comunista. Pero veamos unos puntos de su biografía que alejan a Bolívar de ser «bolivariano».

Don Simón, el oligarca

La primera condición que aleja a Bolívar de la mitología castrochavista es su condición de aristócrata, oligarca, terrateniente poseedor de explotaciones agrícolas y mineras, es decir, todo aquello que odian aquellas bestias resentidas. En la Venezuela del siglo XXI Bolívar habría sido expropiado de sus minas, las cuales se habrían dado en explotación a un general inútil que no habría sacado ni barro; le habrían invadido sus tierras en nombre de la revolución, para plantar cuatro chabolos y dejar el campo abandonado e improductivo; le habrían racaneado el cambio de divisas para comprar insumos y repuestos para el ingenio de San Mateo, obligado a vender a precios fijos pero, eso sí, subir sueldos de sus empleados para ajustarlos a la inflación. ¡Por mucho menos que eso se rebeló Bolívar contra el Imperio Español!

La familia Bolívar se asentó en Venezuela, procedente de Vizcaya, a finales del s.XVI y sus descendientes eran de la clase social de los blancos criollos, oligarquía que controlaba la economía y la administración local, solo por debajo de los españoles que ostentaban el primer nivel gubernamental.

Siempre ha habido clases

En la Venezuela colonial había un estricto escalafón social-racial, encabezado por los blancos peninsulares, seguido por los blancos criollos, los canarios (blancos de segunda), los pardos (mestizos de blancos con otras razas) y, finalmente, el resto de mestizos mil-leches, indígenas y negros. Las luchas entre las primeras tres clases eran constantes y los arbitrios de la Corona no solían contentar a nadie. Esta pugna de la oligarquía criolla está en el centro del movimiento de emancipación.

Bolívar no era ajeno a este orden social, si bien proclamaba la libertad y la igualdad, ello no incluía una eliminación de las barreras de clase. El posible ascenso de los pardos en cargos militares o políticos era abominado por los generales blancos criollos, incluido el Libertador, quien ya había catado lo ocurrido en Haití tras la rebelión de los afrodescendientes. La pardocracia era la pesadilla de los caudillos americanos, ¡qué susto se llevarían nuestros próceres si vieran la macacocracia salvaje que se ha nucleado en torno al bisnieto de Maisanta!

De la ilustración al romanticismo heroico

Como muchos jóvenes bien instruidos de su época, Bolívar asumió el ideario heredado tras varias décadas de liberalismo ilustrado. En la Ilustración se propugnó la razón, el conocimiento y la igualdad entre individuos como bases de una sociedad justa y feliz; según ello ninguna persona era mejor por descender de la nobleza y nadie debería unir su promoción y futuro a simples razones de cuna sino a sus méritos propios. Muy distinto de la lucha de clases que un siglo después venderían los nuevos teóricos, donde la obligatoria igualdad debía ser entre grupos y el individuo era menos que secundario.

Tras las revoluciones de Norteamérica y Francia la racionalidad ilustrada se quiso aplicar a la realidad a través de la irracionalidad del romanticismo heroico de principios del s.XIX. Pero a la caída del Antiguo Régimen siguió el terrible ascenso de Napoleón como emperador y el desengaño que aquello causó en esos jóvenes impetuosos y revolucionarios, como Beethoven o el propio Bolívar (que se encontraba en Francia en 1804, cuando ocurrió el evento). Así es como inevitablemente las revoluciones arrastradas por el populacho acaban en una tiranía general.

Nada en las ideas del Libertador remite ni remotamente al socialismo o al comunismo, a menos que se quiera amoldar por fuerza. Tanto así que el mismísimo profeta Karl Marx dedicó un artículo de absoluto vituperio a la figura de Bolívar, tildándolo de gañán, cobarde, inútil y creído, para empezar. «No, pobrecito, es que Marx no estaba bien informado», dicen quienes intentan reconciliar estos extremos, pero la verdad es que esto hace más insólito aún que se haya establecido el marxismo en una tierra donde Bolívar es religión de Estado.

Panamericanismo

Una de las ideas centrales bolivarianas era la unión de los pueblos hispanoamericanos en virtud de su origen común y sus semejanzas culturales. En este sentido Bolívar participó del esfuerzo militar en la mitad norte de Sudamérica, aunque en lo político apenas se concretó en la Gran Colombia, país que duró lo que duró él.

Otra cosa en la que los actuales «bolivarianos» se cagan en el ideario de Bolivar: el nombre de Colombia es un tributo a Cristóbal Colón. Bolívar obviamente no renegaba de la herencia europea y tenía claro que las tierras Americanas son lo que son por la influencia de la colonización. Actualmente las cabezas huecas del socialismo sigloveintiúnico abominan de Colón, del 12 de octubre, del descubimiento y la conquista. Esto pasa a ambos lados del charco. Gentuza con la perpectiva histórica de una cucaracha.

Tal ideal panamericano ha sido apropiado por el bastardo chavismo para apoyar movimientos afines en Latinoamérica —y más allá— y hacer piña contra el imperialismo gringo y demás proclamas manidas. La otra cosa que encanta a los castrochavistas es que Bolívar se erigiera repetidamente en dictador de los territorios liberados y se solazara en elaborar constituciones una tras otra.

Palabras del Libertador a los actuales tiranos de Venezuela

En la abundante documentación dejada por Bolívar hay infinidad de frases grandilocuentes propias de su tiempo y circunstancia. Estas citas se nos han enseñado desde niños como si de versículos evangélicos se tratase. Va bien recordar algunas frases que retratan perfectamente el despropósito de esa banda de crimen organizado que manda por la fuerza en Venezuela:

«No temáis a los tiranos, porque ellos son débiles, injustos y cobardes.»

«Un pueblo es esclavo cuando el gobierno, por su esencia o por sus vicios, huella y usurpa los derechos del ciudadano.»

«Siempre es grande, siempre es noble conspirar contra la tiranía, contra la usurpación y contra una guerra desoladora e inicua.»

«El hombre de honor no tiene más patria que aquella en que se protegen los derechos de los ciudadanos y se respeta el carácter sagrado de la humanidad.»

«Todos los pueblos del mundo que han lidiado por la libertad han exterminado al fin a sus tiranos.»

«Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos.»

«¡Compadezcámonos mutuamente del pueblo que obedece y del hombre que manda solo!»”

«Infeliz del Magistrado que, autor de las calamidades o de los crímenes de su patria, se ve forzado a defenderse ante un tribunal del pueblo de las acusaciones que sus ciudadanos dirigen en su contra.»

«La corrupción de los pueblos nace la indulgencia de los Tribunales y de la impunidad de los delitos.»

«Los empleos públicos pertenecen al Estado; no son patrimonio de particulares. Ninguno que no tenga probidad, aptitudes y merecimientos es digno de ellos.»

«Maldito el soldado que dispare contra su pueblo.»

Los narcotraficantes de la banda de Maduro, Cabello y El Aissami han arrasado cualquier vestigio de civilización, orden y felicidad en Venezuela. La situación es realmente insostenible y, lamentablemente, mientras los militares degenerados sigan protegiendo al cártel, seguirán muriendo opositores, seguirá el atropello sistemático a la gente y mi país cada vez se hundirá más en la violencia.

Y si mañana acabara esta pesadilla y el cártel chavista desapareciera bajo tierra, aun así no veo modo de que Venezuela salga del hoyo. Tal es el grado de deterioro institucional, de infiltración de adeptos chavistas, de grupos violentos que amedrentan a la gente… y para ser sincero, dudo que ese conglomerado de partidos opositores, unidos únicamente por la aversión al siniestro adversario, logre ponerse de acuerdo en las líneas vitales para sacar a flote lo que quede de la república. Negro, muy negro todo.

En cualquier caso, sería más que recomendable ir dejando de aplicar el epíteto de bolivariano a esta salvajada, que don Simón no tiene la culpa. Ojalá sirva esto también para desmitificar a Simón Bolívar. Es mejor conocer a los personajes de la Historia con todas sus caras, sus miserias y sus miedos, además de sus actos célebres. Quien crea dioses crea fanáticos, y los fanáticos solamente traen desgracias.

«Ceterum censeo Podemus esse delenda»
(más que nunca, ¡por favor!)

 

Las cervicales de Osiris

Cuando se revisan imágenes clínicas radiológicas o por resonancia no es raro encontrarse figuras que recuerden cosas o personajes. Estas pareidolias han servido para dar nombre a signos radiológicos, pero también han hecho ver a pacientes y profesionales cristos, santos y demonios escondidos entre las manchas de una tomografía. El otro día explorando una resonancia encontré una imagen de reminiscencias egipcíacas:

columna dyed

Resonancia magnética craneocervical coronal en secuencia FLAIR. Se observa la columna cervical flanqueada por las arterias vertebrales.

El corte coronal de las vértebras cervicales perfectamente alineadas y coronadas por la apófisis odontoides del axis reproduce la figura del pilar dyed, famoso y omnipresente signo osiríaco del Antiguo Egipto. La pareidolia en este caso es muy lógica, pues realmente el pilar dyed es la representación de una columna vertebral, concretamente la del dios Osiris, signo de estabilidad y resurrección. No es el único símbolo egipcio relacionado con vértebras, como veremos más adelante, pues la columna vertebral tenía una especial relevancia en los ritos funerarios y la religión egipcia.

dyed columna

Semejanza entre el aspecto de la columna cervical en resonancia magnética (en dos casos propios) y el pilar dyed egipcio. Se muestran varias presentaciones: un amuleto de fayenza, otro amuleto con un dyed osiriforme coronado, un fresco en la tumba de Nefertary y un bajorrelieve. El dyed es un símbolo omnipresente en la iconografía egipcia.

El mito de Isis y Osiris

Como suele ocurrir en las historias mitológicas, hay diferentes versiones y fuentes que relatan el mito de Osiris. Quizás la más popular —pero no la más auténtica— sea la de Plutarco, adaptada al gusto griego hasta en el nombre de los dioses, pues Osiris e Isis son los nombres helenizados de los egipcios Usir y Ast.

Ambos dioses forman parte de la enéada de la teogonía heliopolitana. Nut y Geb, dioses del cielo y la tierra, engendraron cuatro hijos: Osiris, Isis, Seth y Neftis, casados entre sí los dos primeros y los dos últimos. Osiris era bueno y constructivo mientras Seth era malvado, destructor y envidioso (a la manera de Abel y Caín).

Pasheryenpakhem

Osiris preside el juicio al fallecido, quien es traído por Anubis. En el tribunal están: Horus, dios-halcón, portando el cetro uas en una mano y el anj en la otra; Neftis, tocada con una cesta; Isis, tocada con un trono en la cabeza y portando, igual que Neftis, los símbolos anj, dyed y uas encadenados; y en el centro Osiris, con su típica tez verde y la corona atef. Figura de la estela de Pasheryenpakhem, del período ptolemaico, Rijksmuseum van Oudheden, Leiden. Vía Wikimedia.

Osiris fungió como rey civilizador de los egipcios, les enseñó la agricultura, la ley, la religión y, más importante aún, la sacra ciencia de fabricar cerveza y vino. La creciente tirria de Seth hacia su hermano lo condujo a orquestar un golpe de Estado: bajo engaño logró que Osiris entrara en un cajón, lo encerró allí y lo lanzó al Nilo para que se ahogara. El ataúd fue llevado por las aguas hasta la costa de Biblos, donde quedó varado y a su alrededor fue creciendo un árbol que terminó por incorporar el cadáver a su tronco.

Isis se puso a buscar el cuerpo de su marido y recorrió mundo acompañada de su hermana Neftis y del dios médico Tot. Las prolongadas pesquisas la llevaron a localizar la momia de Osiris dentro de aquel tronco de árbol que había pasado a ser un preciado pilar del palacio del rey fenicio. Logró recuperar su cuerpo y traerlo a Egipto para intentar resucitarlo con su hechicería, pero Seth se coscó de la maniobra y, tras robar el cuerpo de Osiris, lo descuartizó y lanzó los cachos por distintas partes.

Nuevamente, la amantísima Isis fue buscando los trozos del despiece para intentar recomponer un marido-frankenstein. Logró localizar todos los pedazos menos el solemne pene, que había sido engullido por un pez oxirrinco del Nilo (dicen que por este motivo los egipcios no eran muy dados a comer pescado). En fin, para completar el puzle osiríaco Isis fabricó la primera prótesis peneana descrita, según unos moldeada con arcilla, según otros era un pito de oro, faltaría más.

Para infundir de nuevo la vida a su marido, Isis ejecutó la revivificante maniobra de la felación o, según versiones más finas, convertida en halcón aleteó sobre el pito para soplarle el hálito vital —en cualquier caso, se trató de un blowjob. El divino mamerto logró revivir a Osiris el tiempo suficiente para que Isis se preñara, después el dios quedó en estado zombi y pasó a ser el amo del inframundo (la Duat) a donde van los fallecidos. Isis parió a Horus y éste se tomó la venganza sobre su maligno tío Seth.

Osiris itifálico de Dendera

Osiris, todo excitaíco él, recibe el espíritu vital de Isis, quien bajo la forma de un milano o halcón se posa sobre el dildo osiríaco para concebir a Horus. Dibujo del libro Osiris and the Egyptian resurrection de Wallis Budge (1911) que reproduce un relieve del templo de Dendera.

semataui seth horus

Seth, con su rara cabeza como de oso hormiguero, y Horus, con cabeza de halcón, en la escena de sema-tauy: anudan el papiro y el loto (símbolos del Alto y Bajo Egipto) alrededor del símbolo sema, parecido al nefer pero que representa la tráquea y los pulmones. Es un signo de reconciliación entre estos dioses enemigos y de unión de las dos tierras bajo la autoridad del faraón. En el cartucho se lee Jeperkara, nombre de trono de Senusert I, dinastía XII. Obsérvese a ambos lados del cartucho la secuencia anj, dyed y uas. Relieve en un lateral del trono de la estatua de Senusert I en el Museo del Cairo.

El pilar Dyed y sus socios anatómicos

El dyedR11 ) tiene forma de columna rematada por tres o cuatro piezas apiladas y con aletas laterales, a veces sin remate y otras coronada con un pequeño saliente o bien con la corona atef propia de Osiris. Es un símbolo antiquísimo, predinástico, quizás un tótem relacionado con la fertilidad del campo. Antes de ser atributo de Osiris fue un elemento asociado con otros dioses como Ptah o Sokar.

La interpretación más aceptada es que representa una columna vertebral, aunque se han propuesto otros orígenes, como un tronco de árbol (quizás relacionado con el del mito). Los dos poderes asociados a dyed son la estabilidad, cosa propia de un pilar anatómico o arquitectónico, y la vuelta a la vida, en virtud de las propiedades mágicas atribuidas a los huesos. Lo más probable es que la forma de dyed sea una estilización de la columna lumbosacra del vacuno, y la verdad es que el aspecto de las últimas lumbares y el sacro bóvidos es muuuuuuuuy parecido al dyed, más que las vértebras cervicales de mi resonancia.

dyed-uas-anj

Los inseparables símbolos anj, dyed y uas. A la derecha en una placa del Museo de Alejandría. En el centro aparecen unificados en un amuleto del Museo Británico. A la derecha componen el típico cetro del dios Ptah, como se aprecia en este relieve del templo de Seti I en Abydos.

El pilar dyed tiene dos acompañantes casi inseparables: la «cruz» anj y el cetro uas. El más famoso símbolo egipcio es, sin duda, el anj ( ) o ankh, en transliteración inglesa, también llamado «cruz ansada», aunque no tiene nada de cruz ni relación con el salvífico símbolo de la cruz cristiana. Anj es sinónimo de vida, aparece en las fuentes de vida como los rayos solares y los dioses, quienes colocan el anj delante de las narices de los mortales para insuflarles vida eterna. ¿Exactamente qué objeto representa anj? De nuevo hay discusión al respecto, pero la teoría predominante es que es que se trata de una correa de sandalia; la segunda teoría me parece más acorde con su apariencia y significado, y es que anj es una vértebra dorsal bovina vista desde arriba, con su larga apófisis espinosa, sus apófisis transversas y el cuerpo vertebral, pero con el conducto medular muy agrandado.

El cetro uas ( S40 ) es otro atributo reservado a dioses y reyes cuyo significado es poder y fuerza. Su curvada punta tiene forma de un animal extraño, quizás cánido, quizás la propia cabeza del dios Seth, la fuerza bruta de la naturaleza. Su extremo inferior se distingue por acabar en una horquilla. Muchos cetros uas están decorados con los detalles de la cabeza animal, incluyendo ojitos, pero las versiones más primitivas solo tenían la forma antes descrita. Se ha postulado que originalmente la forma de la cabecita del cetro es, en realidad, la cabecita del mismísimo glande del largo pene del toro. La curvatura del cuello podría asimilarse a la flexura sigmoidea del pene bovino y la bifurcación final del cetro con la raíz peneana y su conexión con los deferentes. Por otra parte, recuérdese que hay vértebras cuya apófisis espinosa está bifurcada —como las cervicales humanas—.

Pero ¿qué demonios tienen que ver las vértebras con la vida eterna, la resurrección o el vergajo de toro? La relación se explica por una metafisiología mágica reproductiva en la que, según los egipcios, el semen se originaba en los huesos. ¡WTF!

vertebra-egipto

Significado místico de las vértebras en la religión egipcia. A partir del toro como fuerza de la naturaleza se estableció la columna como eje vital, sus grandes vértebras torácicas como símbolo de vida, la rabadilla como estabilidad y su conexión anatómica con el falo como fuente de poder. Los egipcios creían que el semen se orginaba en la médula ósea, fluía hasta la médula espinal y de allí bajaba al pene. Clicar para ver en grande.

La teoría del esperma óseo

Vaya cosa más surrealista, ¿cómo va a generarse la semilla vital en los huesos? Sin embargo, el mito judaico de la creación de Eva incluye la expansión celular a partir de material óseo costal. Tal idea fue popular en diversas culturas antiguas e incluso Aristóteles discutió sobre ella.

Es un ejemplo de cómo las observaciones empíricas sin experimentación y análisis conducen a conclusiones y paradigmas erróneos que, si además se barnizan de dogma religioso, pueden perdurar milenios sin moverse.

Los egipcios observaron en los despieces de vacuno que el poderoso falo del toro está embridado por dos gruesos tractos que lo unen con la columna vertebral: se trata del músculo retractor del pene, útil para que el toro y otros mamíferos mejor dotados que los humanos no se vayan pisando el cipote. Este músculo mantiene el falo curvado dentro de pelvis (flexura sigmoidea) y solamente durante la erección éste se extiende en todo su esplendor. Los retractores se insertan en la unión sacrocoxígea de la columna y ello dio pie a que los sabios egipcios consideraran que eran conductos a través de los que el semen formado en los huesos y en el canal medular bajaba hasta el órgano copulativo.

Los huesos son lo único que persiste tras la muerte, quedaban inmutables en la tierra tras sepultar el cadáver, por tanto podían ser una semilla que mantuviera el germen vital. La médula ósea, ese tejido fibroadiposo de sabrosa gelatinosidad que fue uno de los primeros manjares homínidos según indica la paleontología, podía ser asiento de vitalidad y quizás allí pudiera fabricarse el semen. Todo el semen se acumularía en esa pastufa que rellena el conducto medular de la columna, alias médula espinal, y de allí pasaría al pene a través de los tractos antes comentados. Vemos que los antiguos se enredaban entre médula ósea y médula espinal igual que Celia Villalobos en la época de las vacas locas.

bannerpresentaciones
En resumen, el toro es una fuerza de la naturaleza, atributo de faraones que portan su cola atada al cinto, sus vértebras torácicas son símbolo de vida (anj), su columna lumbosacra es signo de estabilidad y vitalidad (dyed) y su conexión con el falo (uas) permite ejercer el poder de transmitir la vida.

Este absurdo fisiológico perduró. Alcmeón de Crotona afirmaba que el semen se produce en el cerebro, otros que en la médula espinal… Curioso cómo ajustar esta fisiología al organismo femenino.

Otros símbolos vertebrales

Más allá del papel mágico-religioso de las vértebras para recomponer un cadáver y darle vida eterna o para engendrar nueva vida, los egipcios conocían el efecto de las lesiones vertebrales, tal como aparece en los papiros de Edwin Smith y de Kahun (dedicados respectivamente a ciencia médico-quirúrgica y veterinaria).

Hay diversos signos jeroglíficos relacionados con vértebras y costillas, aparte de dyed y anj, algunos son ristras vertebrales con churros de médula espinal saliendo por sus extremos o vértebras en proyección lateral (como el S24 de Gardiner). Se usaban para denominar dichas partes anatómicas y también para referirse a ‘espalda’, ‘atrás’, ‘nudo’ o ‘anudar’ o ‘matanza’.

jeroglificos-vertebrales

Algunos jeroglíficos relacionados con vértebras y costillas. Cuadro extraído de Wikipedia. La primera columna indica el código de la lista de Gardiner. La segunda muestra los signos y la tercera su transliteración.

Volviendo a nuestros tiempos, el anj sigue anclado a los huesos. Tenemos un transportador transmembrana de fostatos que participa en el depósito de mineral óseo. El gen que codifica este transportador se expresa en hueso y articulaciones y recibe el nombre de «homólogo de la anquilosis progresiva», en inglés «progressive ankylosis homolog», abreviado como gen ANKH. Cojonudo, ¿no?

Bibliografía

«Ceterum censeo Podemus esse delenda»