Médicos en la Luna

Los accidentes geográficos de los planetas y satélites del sistema solar reciben nombres identificativos bendecidos por las Unión Astronómica Internacional (IAU). Al igual que en el callejero de las ciudades se suele honrar la memoria de personalidades señaladas, también en los bautizos topográficos espaciales se aprovecha para reconocer a científicos de toda índole, desde la antigüedad clásica hasta el siglo XX.

El rasgo más llamativo de la superficie lunar son sus más de 5.000 cráteres, de los cuales poco más de 1.600 han recibido un nombre propio (aquí se puede consultar el listado de la IAU). En su mayoría son, obviamente, astrónomos, seguidos por matemáticos, físicos y personajes relacionados con la carrera espacial, también muchos químicos, unos buenos puñados de geólogos, geógrafos, ingenieros, naturalistas y otras diversas ramas científicas.

caras_de_la_luna

Cara visible y cara oculta de la Luna. Foto vía www.urania.be.

En cuanto a medicina, fisiología y biología hay poco más de medio centenar, más un par de decenas de personajes que estudiaron medicina pero brillaron en otros aspectos del saber. Vamos a repasar brevemente el listado de personajes históricos relacionados con nuestro oficio y honrados con un cráter en propiedad.

A

Acosta, Cristóbal (1515-1594), médico portugués que ejerció en España y en las colonias portuguesas de la India. Destacó en botánica y farmacología, área en la que publicó su Tractado de las drogas y medicinas de las Indias orientales (1578).

Avery, Oswald (1877-1955), médico canadiense pionero de la biología molecular; descubrió el papel de los ácidos nucleicos en la herencia genética. Es famoso el experimento de Avery, McLeod y McCarty con colonias de neumococos rugosas y lisas y cómo unas se podían transformar en otras por efecto de la transferencia genética.

Averroes (1126-1198), sabio cordobés que tocó filosofía, matemáticas y medicina, entre otros menesteres.

Avicena (980-1037), predecesor del anterior, fue médico y filósofo persa. Escribió su Canon o Libro de las leyes médicas en cinco volúmenes, obra central de la medicina medieval.

Avogadro, Amedeo (1776-1856), conde italiano dedicado a química y física. No tuvo relación con la medicina, pero lo incluyo aquí porque el número de Avogadro es la demostración más básica de que la homeopatía es una engañifa sin sentido.

B

Banting, Frederick (1891-1941), médico canadiense descubridor de la insulina, junto con Charles Best, además de aislarla e iniciar la terapéutica de la diabetes. Recibió el Nobel en 1923. Además del cráter también tiene un asteroide epónimo.

Benedict, Francis (1870-1957), fisiólogo y nutricionista norteamericano, quien trabajó en calorimetría metabólica y en los conceptos de metabolismo basal y tasa metabólica.

Bilharz, Theodor (1825-1862), médico y parasitólogo alemán descubridor del trematodo Schistosoma, razón por la que la esquistosomiasis también se llama bilharzia (ver post).

Bronk, Detlev (1897-1975), médico e ingeniero americano pionero de la biofísica. Trabajó en teoría de la educación científica y dirigió el Instituto Rockefeller, la National Academy of Sciences y la Universidad Johns Hopkins.

Bunsen, Robert (1811–1899) químico alemán famoso en medicina por el mechero Bunsen, cacharro imprescindible en todo laboratorio microbiológico. También hay un asteroide Bunsen.

C

440px-cajal-restored

Santiago Ramón y Cajal. Foto vía wikipedia.

Cajal, Santiago Ramón y (1852-1934), grande entre los grandes, sobre este médico maño, papá de las neuronas, de la teoría neuronal y de la neurobiología moderna, siempre será poco lo que se diga en su honor. Nobel en 1906 (el otro Nobel médico español, Severo Ochoa, de momento no tiene cráter). Además de cráter tiene asteroide, el Ramonycajal, así, todo junto.

Carrel, Alexis (1873-1944), médico francés precursor de la cirugía vascular y de trasplantes, Nobel en 1912. Aquí un post sobre stents vasculares donde aparece.

Caventou, Joseph (1795–1877), químico y farmacéutico francés que aisló la clorofila, la quinina, la cafeína, la estricnina y la ipecacuana, entre otros alcaloides.

Cori, Gerty (1896-1957), bioquímica checo-estadounidense, Nobel en 1947, investigadora del metabolismo de los carbohidratos y conocida por el ciclo de Cori (ciclo glucógeno-glucosa-lactato).

Crile, George Washington (1864-1943), cirujano americano archifamoso por las pinzas hemostáticas que llevan su nombre. También hizo contribuciones en las técnicas anestésicas, la fisiología circulatoria y diversas técnicas quirúrgicas.

D

Dale, Henry (1875-1968), médico y fisiólogo inglés, Nobel en 1936 por sus estudios sobre transmisión neuronal.

Dalton, John (1766-1844), químico inglés a quien debemos la descripción del daltonismo, que él mismo sufría. Es más conocido por su contribución a la teoría atómica.

Doppler, Christian (1803-1853), físico austríaco inmortalizado por describir la deformación relativa de las ondas por el desplazamiento de su fuente emisora, o efecto Doppler, empleado cotidianamente en la ecografía doppler. Aquí un post dedicado a él.

E

Ehrlich, Paul (1854-1915), médico alemán dedicado a la microbiología y a la entonces naciente inmunología, Nobel en 1908. Desarrolló el concepto de especificidad de la respuesta inmunitaria y abrió camino en la terapéutica antiinfecciosa.

Eijkman, Christiaan (1858-1930), médico y fisiólogo holandés, Nobel en 1929 por el descubrimiento de la tiamina y su relación con el beriberi. Tiene asteroide epónimo.

Einthoven, Willem (1860-1927), este médico holandés fue ni más ni menos el inventor del electrocardiógrafo, casi nada. Nobel en 1924.

Eppinger, Hans (1879-1946), médico austríaco a quien se le retiró el nombre de este cráter y otros honores terrenales por haber hecho experimentos en el campo de concentración de Dachau.

F

Fernelius (1497-1558), Jean Fernel, médico francés reformador de la antigua medicina galénica. Fue quien introdujo el término fisiología para referirse al estudio de las funciones de los seres vivos. Sin embargo, el auténtico padre de la moderna fisiología, Albrecht von Haller, no ha sido agasajado con ningún cráter ni otro reconocimiento celeste.

Fibiger, Johannes (1867-1928), patólogo danés discípulo de Koch y von Behring. Realizó estudios sobre el origen del cáncer y su relación con agentes externos y condiciones inflamatorias (aunque varias de sus teorías se han desestimado posteriormente). Nobel en 1926.

Finsen, Niels (1860-1904), otro médico danés, Nobel en 1903 por sus estudios sobre la luz ultravioleta, tanto en su acción germicida como en el tratamiento de afecciones dermatológicas. El asteroide Eros tiene un accidente topográfico llamado Dorsum Finsen en su honor.

Fleming, Alexander (1881-1955), no hace falta decir mucho sobre este famosísimo médico microbiólogo escocés, descubridor de la penicilina y de la lisozima. Nobel en 1945.

Florey, Howard (1898-1968), farmacólogo australiano quien compartió el Nobel con Fleming por la fabricación y aplicación clínica de la penicilina. Tiene un asteroide.

Fracastorius (1476-1553), Girolamo Fracastoro, médico veronés quien describió la sífilis en verso (literalmente) y teorizó sobre los mecanismos de transmisión de enfermedades contagiosas. También hizo pinitos en astronomía.

Freud, Sigmund (1856-1939), psiquiatra austríaco que no necesita presentación debido a la revolución que significó su sistema de estudio de la psiquis, aunque la mayor parte de su teoría —al menos en lo que a terapéutica se refiere— ya ha sido ampliamente superada.

G

Galeno, Claudio (129-216), médico grecorromano, segundo padre de la medicina, tras Hipócrates. Hizo numerosas contribuciones a la medicina, pero a la vez sentó un corpus de anatomía, fisiología y patología mayormente equivocado (por las lógicas limitaciones de su época) que lastró el avance científico durante la edad media debido al dogmatismo de sus seguidores.

Gemma Frisius, Regnier (1508-1555), este holandés pertenece al grupo de los que comenzaron estudiando medicina y terminó pasando a matemáticas, astronomía y cartografía, donde hizo todas sus contribuciones reseñables. Sin embargo, ejerció de médico y profesor de medicina.

Gilbert, William (1544-1603), médico inglés quien poco dio a la medicina, pero sí muchísimo y muy relevante a la electricidad y al magnetismo, incluyendo la introducción del término ‘electricidad’, la invención del electroscopio, estudios sobre electrostática, conductividad, termodinámica y descubrir el campo magnético terrestre.

Goclenio, Rodolfo (1572-1621), médico, astrónomo y filósofo alemán. Promocionó la magnetoterapia y varias curas milagrosas con ungüentos esotéricos de poco recorrido.

Golgi, Camillo (1843-1926), uno de los grandes de la historia médica, compañero de Cajal en desenredar la histología del sistema nervioso y con quien compartió el Nobel de 1906. Descubrió el aparato de Golgi, las células de Golgi cerebelosas y el órgano tendinoso de Golgi.

gullstrand

Allvar Gullstrand, oftalmólogo sueco, Nobel en 1911. Vía www.uu.se.

Gullstrand, Allvar (1862-1930), a este oftalmólogo sueco, ganador del Nobel en 1911, no le prodigamos suficiente reconocimiento dentro de nuestro gremio oftalmológico, a pesar de haber inventado la lámpara de hendidura, haber perfeccionado el oftalmoscopio, haber estudiado al detalle la refracción ocular y la acomodación, e introducir numerosos procedimientos quirúrgicos.

H

Haldane, John Burdon (1892-1964), biólogo inglés que trabajó sobre teoría de la evolución, genética poblacional y las primeras ideas actuales sobre el origen de la vida.

Harvey, William (1578-1657), médico inglés que describió correctamente el mecanismo de la circulación sanguínea. A Miguel Servet, sin embargo, no le han otorgado titularidad de cráter alguno.

Helmholtz, Hermann von (1821-1894), médico alemán que hizo tantas contribuciones a la medicina como a la física. Tiene el inmenso honor de haber inventado el oftalmoscopio y haber hecho el primer fondo de ojo. Además de un cráter lunar tiene otro en Marte.

Hipócrates (460-370 a.C.), sobra decir que es el primer referente todos los médicos y que su escuela de Cos sistematizó los conocimientos de su época como base para el desarrollo científico posterior.

Houssay, Bernardo (1887-1971), médico, farmacéutico y fisiólogo argentino, compartió el Nobel de 1947 con la antes mencionada G. Cori. Estudió las hormonas hipofisarias, suprarrenales y pancreáticas. También cuenta con un asteroide.

J

Jenner, Edward (1749-1823), médico inglés creador de la vacunación, con todo lo ello ha representado para la Humanidad (a pesar de la corriente de catetos antivacunas que en mala hora existen). No podía faltar un asteroide con su nombre.

K

Karrer, Paul (1889-1971), bioquímico ruso-suizo que investigó sobre carotenoides, flavinas y tocoferoles, es decir, fue un importante vitaminólogo. Nobel en 1937.

Kekulé, August (1829-1896), es el padre de la química orgánica y, por tanto, abuelo de la bioquímica. Lo incluyo aquí, también, por prestar su nombre a la Editorial Científica Kekulé, con la que colaboro estrechamente. Cráter y asteroide merecidos.

Koch, Robert (1843-1910), médico microbiólogo alemán, descubridor del bacilo de la tuberculosis y, junto con Pasteur, impulsor de la teoría microbiana y de los modernos conceptos de transmisión de enfermedades infectocontagiosas. Nobel en 1905. Y un asteroide, por supuesto.

Kocher, Emil Theodor (1841-1917), famoso cirujano suizo, creador de diverso material quirúrgico, entre el que destacan sus pinzas hemostáticas (más robustas que la de Crile y con dientes). Sus estudios sobre función y patología tiroidea le valieron el Nobel en 1909. Also asteroid.

banner_presentaciones

L

Landsteiner, Karl (1868-1943), médico austríaco cuyo descubrimiento de los grupos sanguíneos le valió el olimpo y el Nobel de 1930.

Leeuwenhoek, Anton van (1632-1723), inventar el microscopio y descubrir un mundo invisible no es para que te den un cráter lunar y un asteroide, como es el caso, sino un sistema planetario entero o una galaxia.

Liceti, Fortunio (1577-1657), médico y filósofo italiano, amigo de Galileo, con quien dio pasitos en astronomía pero defendiendo el geocentrismo.

Lilio (1510-1576), Luigi Giglio, al igual que el anterior fue filósofo, astrónomo y médico italiano. Participó en el borrador de lo acabaría siendo nuestro actual calendario gragoriano.

Lovelace, William (1907-1965), médico americano impulsor de la medicina aeroespacial.

M

Mechnikov, Ilia (1845-1916), microbiólogo e inmunólogo ruso adicto al yogur, quien estudió la inmunidad innata y la fagocitosis. Compartió el Nobel con Paul Ehrlich.

Mendel, Gregor (1822-1884), cura austríaco que describió las leyes de la herencia y, por ello, se le considera padre de la genética. Además de cráter lunar, se le ha dado su nombre a otro en Marte y a un asteroide.

Milchius (1501-1559), Jacob Milich, este alemán forma parte del grupo de médicos renacentistas que hacían de todo: matemático, filósofo y astrónomo, en este caso.

O

Olbers, Heinrich (1758-1840), otro médico alemán dedicado a la astronomía, donde hizo numerosos descubrimientos relacionados con asteroides y cometas. Por ello, además del cráter hay un par de asteroides y un cometa que comparten su eponimia.

P

Paracelso (1493-1541), alquimista, médico y esotérico suizo, que contribuyó al desarrollo de la toxicología, pero cuya afición a los horóscopos y al misticismo lastra su contribución científica.

Parrot, Friedrich (1792-1841), médico y botánico alemán, quien contribuyó con la taxonomía vegetal.

Pasteur, Louis (1822-1895), este portento francés no era médico sino químico, pero contribuyó a las ciencias de la salud como nadie a través de sus aportes en microbiología, inmunología, inmunoterapia y farmacología. Además de la Luna, tiene su nombre en un asteroide y un cráter marciano.

Punkinje, Jan Evangelista (1787-1869), polifacético médico checo, quien da nombre a las fibras de Purkinje cardíacas, a las células de Purkinje del cerebelo, las imágenes y la desviación de Purkinje (fenómenos de fisiología ocular), a un cráter lunar y un asteroide. Investigó la toxicología de múltiples compuestos con un peligroso método kamikaze.

R

Röntgen, Wilhelm (1845-1923), físico alemán descubridor de los rayos X, ganador del Nobel de física de 1901 y santo patrón de los radiólogos. También asteroide.

S

Sasceride, Gellio (1562-1612), médico danés dedicado a la astronomía, discípulo de Tycho Brahe y que casi fue su yerno.

Sherrington, Charles (1857-1952), neurólogo y fisiólogo inglés, laureado con el Nobel de 1932 por sus investigaciones sobre el sistema nervioso, en especial por la función de las áreas de la corteza cerebral.

Sömmerring, Samuel von (1755-1830), médico anatomista polaco-alemán con varios epónimos en la lista anatómica (poco prodigados). Detalló la organización de los pares de nervios craneales y describió, ni más ni menos, la mácula lútea retiniana. Dio palos en paleontología y astronomía, diseño un tipo de telescopio y un telégrafo.

Spallanzani, Lazzaro (1729-1799), biólogo, matemático y cura italiano, famoso por sus experimentos para desmentir la generación espontánea. También estudió la fecundación, la fisiología respiratoria y el sonar de los murciélagos.

Stenon, Nicolás (1638-1686), pues sí, es el del conducto de Stenon de la glándula parótida, pero este anatomista, médico, geólogo y cura danés también descubrió los óvulos en los ovarios, las venas vorticosas del ojo, estudió fósiles y, a pesar de ser hijo de un pastor protestante, se convirtió al catolicismo y terminó obispo. Además del cráter lunar y otro marciano, fue beatificado por la iglesia en 1988.

T

Toscanelli, Paolo dal Pozzo (1397-1482), estudió medicina en Padua, pero se dedicó a las matemáticas, astronomía y cartografía. Fue el responsable del mapa erróneo con una ruta hacia las Indias que cayó en manos de Colon y lo condujo a sus viajes. Asteroide a su nombre.

Theiler, Max (1899-1972), virólogo sudafricano galardonado con el Nobel en 1951 por crear la vacuna contra la fiebre amarilla.

Tiselius, Arne (1902-1971), bioquímico sueco que investigó la composición química del plasma sanguíneo y desarrolló sucedáneos sintéticos. Nobel de química en 1948.

Tyndall, John (1820-1893), físico irlandés famoso por el efecto Tyndall o dispersión de la luz por partículas en suspensión. Estudió coloides, radiación térmica (que dio pie al concepto del efecto invernadero y al capnógrafo), desarrolló una técnica de esterilización microbiológica (tindalización) y de control ambiental microbiano por eliminación de partículas aéreas en suspensión; además fue el padre de la fibra óptica. Por ello tiene cráter lunar, otro marciano y un asteroide.

V

rudolf-virchow-9519219-1-402

Rudolf Virchow. Foto de biography.com.

Virchow, Rudolf (1821-1902), este médico alemán es el papichulo de la patología moderna. A él se debe la comprensión actual de los procesos patológicos, exprimió al máximo la autopsia clínica y la histopatología para conocer los procesos nosológicos y dejó numerosas observaciones anatómicas y clínicas. Su asteroide, también.

Vesalius, Andreas (1514-1564), médico bruselense a las órdenes de Carlos V, padre indiscutible de la anatomía moderna. Su obra es un hito de los gordos para quienes nos dedicamos a la ilustración anatómica.

von Behring, Emil (1854-1917), médico bacteriólogo alemán, discípulo de Koch. Desarrolló antisueros para tratar la difteria y el tétanos, hasta ese momento enfermedades de alta mortalidad. Inauguró la lista de los premios Nobel de medicina en 1901. Asteroide.

von Békésy, Georg (1899-1972), químico y biofísico húngaro; fue un estudioso de la fisiología auditiva y desentrañó cómo funciona la cóclea, lo que le valió el Nobel en 1961.

Young, Thomas (1773-1829), médico, físico y políglota inglés que intervino junto con Champollion en el descifrado de los jeroglíficos. Hizo diversos aportes a la física de la resistencia de materiales, a la teoría ondulatoria de la luz y la fisiología ocular, donde estudió la refracción del ojo (acuñó el término astigmatismo) y aventuró una teoría de la visión cromática.


Esta es la lista de honrados con un cráter lunar hasta la fecha. Se echan en falta algunos personajes, como suele ocurrir en estos casos, por ejemplo Claude Bernard, Osler, los ya mencionados Servet, Haller y Ochoa, o muchos de los anatomistas clásicos de las escuelas de Bolonia y Padua.

Como curiosidad, hay un buen puñado de cráteres lunares a los que se tienen propuestos nombres de autores literarios, pero ninguno está aprobado por la IAU. Si queremos ver accidentes topográficos con nombres de literatos, músicos, compositores, pintores o escultores hay que irse a Mercurio, donde sus 400 cráteres se han reservado como olimpo artístico.

Anuncios

Nuevo libro: Presentaciones impecables

Acabo de publicar mi segundo libro dedicado a la elaboración de presentaciones científicas. El nuevo volumen se titula Presentaciones impecables para el mundo médico y en esta ocasión está en formato impreso, atendiendo a las solicitudes de libro en papel que tuvimos con mi anterior manual en formato electrónico (Cómo preparar presentaciones en Ciencia y Medicina), aunque en la Editorial Kekulé se apuesta fuertemente por los ebooks.

presentaciones impecables

Portada de «Presentaciones impecables para el mundo médico»

Este nuevo libro no se trata de una versión impresa del anterior libro electrónico, sino que es una obra escrita de novocon una orientación diferente y nuevo material visual. Si bien ambos textos tratan el mismo tema, hay dos diferencias mayores con respecto a mi anterior manual: primero, me he centrado en los profesionales de la Medicina, en las peculiaridades de nuestras presentacionesy del mundillo de los congresos médicos, con ejemplos y anécdotas propios de la profesión; segundo, el discurso es mucho más pragmático y conciso, sin llegar a recetario, y lleva al lector punto por punto en las fases de creación y diseño de una conferencia.

Consta de quince capítulos abundantemente ilustrados. Los ocho primeros están dedicados a lo más difícil e importante: la estructura de la presentación, cómo seleccionar y organizar la información, cómo sacar a flote las ideas brillantes, cómo dominar el ruido comunicacional y evitar las desgraciadas listas de ítems atestadas de palabrerío; también aborda los patrones de discurso y la manera de hacer borradores útiles que faciliten el trabajo. Los siguientes cinco capítulos se centran en el diseño de diapositivas, principios de composición gráfica, uso de color y tipografía, manejo de texto, imagen y video. Los últimos dos capítulos tratan la puesta en escena, el ensayo, el uso de voz y de comunicación no verbal y, por último, las recomendaciones para el día de la actuación.

Con este nuevo libro continúo mi declarada lucha contra las diapomierdersy las malas conferencias que atiborran los eventos científicos y son importante causa de desperdicio de horas potencialmente útiles en los asistentes y los conferenciantes. Todos los médicos tenemos que hacer conferencias con menor o mayor frecuencia, es un trabajo inevitable que se añade a la saturada carga laboral de los facultativos y, por ello, tener formación al respecto ayuda a cumplir con más eficiencia, más rápido y con mejor resultado. Ya que hay que presentar más vale hacerlo bien.

Si odias a tus colegas sigue haciendo presentaciones insoportables para fastidiarlos; si, por el contrario, quieres hacer algo para el bien común, tómate en serio las comunicaciones científicas y presenta como un experto.

En estos dos libros intento echar una mano a los interesados.

Más información en el blog de la Editorial Kekulé.

 

Epónimos: no son personas (2)

La inmensa mayoría de los nombres propios de enfermedades y síndromes corresponden a los apellidos de sus primeros descriptores, pero otras veces la denominación proviene del nombre de un paciente prínceps, de un territorio geográfico o, incluso, de personajes literarios. Ya comenté en un post de 2013 cuatro circunstancias donde los apelativos no eran apellidos de médicos o científicos: Ann Arbor (ciudad de Michigan), Chiba (ciudad de Japón), moyamoya (‘humo’ en japonés) y birdshot (‘perdigón’ o ‘perdigonada’ en inglés).

Hoy añado a la lista otras cuatro patologías con nombres guiris que no son apellidos de personas: la archifamosa enfermedad de Lyme, el también famosillo síndrome de savant y los menos conocidos mittelschmerz twiddler. Como vemos, de estos casos solamente Lyme merece mayúscula inicial.

El dolor entre reglas o mittelschmerz

Si lo leemos con mayúscula, Mittelschmerz suena a nombre alemán; y alemán es, pero no nombre, sino un término compuesto de mittel (medio, centro, mitad) y schmerz (dolor). Se refiere a un dolor pélvico que puede aparecer en mujeres a la mitad del ciclo menstrual y que se relaciona con la rotura del folículo ovárico que libera el óvulo.

Lo común es que el folículo pete silenciosamente hacia el día 14 del ciclo sin dar ningún tipo de aviso o señal de que está ocurriendo. En algunas mujeres, en cambio, la rotura folicular se acompaña de molestias o dolor pélvico debido a irritación peritoneal por sangrado ovárico u otras circunstancias relacionadas con la ovulación. El síntoma suele ser cíclico en las pacientes afectadas. Si tal dolor de mitad del ciclo fuera la norma serviría como indicador de los días fértiles y sería utilísimo para la planificación familiar, pero lo dicho, la mayoría de los ovarios escupen óvulos sin hacer ruido y sin respetar demasiado el cronograma del día 14.

folículo ovárico

Vista laparoscópica de un ovario con un jugoso folículo en el momento de la expulsión del líquido folicular que contiene el óvulo. Imagen publicada por Lousse y Donnez en Fertility and Sterility, 2008:90;833.

Debe diferenciarse el mittelschmerz de otras causas más relevantes de dolor pélvico, como apendicitis, embarazo ectópico, endometriosis o enfermedad inflamatoria pélvica. La ecografía suele ser útil para confirmar la sospecha clínica y evitar laparoscopias.

La primera descripción de este cuadro fue de William Priestley en el BMJ de octubre de 1872, bajo el nombre de «dismenorrea intermenstrual». La apelación de mittelschmerz data de 1881 y se debe al ginecólogo alemán Hermann Fehling (hijo del famoso químico Hermann von Fehling, el del reactivo de Fehling para detección de azúcares reductores).

La ortotipografía alemana suele escribir estos términos conceptuales con mayúscula (usan mayúsculas generosamente los germanos); los anglosajones son bastante laxos en poner mittelschmerz con mayúscula o minúscula y no acostumbran a usar cursiva; en castellano debemos escribirlo en minúsculas y en cursiva, y evitar construcciones como «síndrome de Mittelschmerz» que se confunden con un epónimo inexistente.

Lyme, en el condado de New London, el pueblo de las garrapatas

La enfermedad de Lyme es bastante conocida, más por aparecer en los medios por algún famosillo o famosilla del showbiz que la ha sufrido que por conocimiento real de su naturaleza. No cuesta imaginarse que Lyme sea un apellido, pero el nombre de la enfermedad proviene del pueblo de Lyme, pequeña localidad del estado de Connecticut, a medio camino entre Boston y Nueva York.

Lyme, Connecticut

Ubicación del pueblo de Lyme, condado de Nuevo Londres, estado de Connecticut.

Desde 1972 se estudiaron brotes de artritis febril en dicha localidad y otros pueblos cercanos, que en principio parecían casos de artritis reumatoide juvenil, pero posteriormente se vio su relación con picaduras de garrapata y sus frecuentes manifestaciones cutáneas, cardíacas y neurológicas. En 1982 Willy Burgdorfer aisló una nueva espiroqueta en garrapatas involucradas en la enfermedad; este microbio pasó a llamarse Borrelia burgdorferi en su honor (el género se llamaba así en honor de Amédée Borrel, investigador del Instituto Pasteur) y se confirmó como el agente causal de la enfermedad de Lyme.

Burgdorfer

Willy Burgdorfer (1925-2014), entomólogo médico. Vía irp.nih.gov.

Obviamente, el Lyme no es una enfermedad recientemente «inventada» ni desconocida antes de su caracterización en los años 70 y 80; muchas de sus manifestaciones ya se habían descrito mucho antes pero sin considerarlas una nueva entidad y sin conocer su causa. Además, la espiroquetosis de Lyme, como su prima lejana la sífilis, es parte de las grandes simuladoras, enfermedades con múltiples formas de manifestarse, que se confunden con cualquier cosa y que aparecen en la lista de diagnóstico diferencial de casi cualquier síndrome.

El reservorio de la enfermedad de Lyme está en animales silvestres —pájaros y mamíferos pequeños o grandes— de zonas boscosas del hemisferio norte, especialmente en Norteamérica y centro de Europa. En España la mayor incidencia está en el norte: Navarra, La Rioja, Euskadi, Castilla y León y zonas vecinas de monte y montaña.

El vector son las garrapatas del género Ixodes (aunque hay otras), que chupan las espiroquetas del animal infectado y la transmiten a otro en su siguiente picadura. La infección en humanos ocurre más durante el verano, debido al propio ciclo biológico del Ixodes y la mayor actividad campestre de los domingueros durante los meses de estío.

Ixodes ricinus

Estadios vitales del Ixodes ricinus: larvas de 6 patas (A), ninfas de 8 patas (B), macho adulto (C), hembra adulta (D) y su tamaño duplicado tras ingerir sangre. Tomado de Chrdel et al. Hum Vacc Immunother, agosto 2016.

La enfermedad de Lyme suele aparecer como un cuadro febril inespecífico, con artralgias y/o erupción cutánea. La manifestación más típica en esta fase es el eritema migrans, lesión rojiza en forma de diana que crece progresivamente. En algunos casos la Borrelia produce artritis, carditis y diversas manifestaciones neurológicas. La enfermedad puede cronificarse o dejar un síndrome post-Lyme.

Por lástima, no es fácil hacer un diagnóstico de certeza de la enfermedad de Lyme. Clínicamente se tiende a subdiagnosticar, mientras las pruebas de laboratorio tienen a sobrediagnosticarla por falta de especificidad. El tratamiento se basa en cefalosporinas, tetraciclinas o macrólidos.

The idiot savant, el tonto-listo

Una de las circunstancias más asombrosas de la neurología es la de aquellos individuos claramente discapacitados, dependientes, con bajo CI, dificultades de lenguaje, aprendizaje y socialización, pero que tienen una única capacidad mental extraordinariamente desarrollada, miles de veces superior a una persona normal. Esto es lo que actualmente se llama síndrome del savant, rarísima condición asociada con el espectro autista.

Los talentos prodigiosos de los savants suelen estar relacionados con una memoria hiperdesarrollada, pero se trata de una memoria mecánica, de datos, diríase de disco duro; no de una memoria operativa que ayude a procesar ideas o crear asociaciones. Esta supermemoria sirve de apoyo para expresar la capacidad especial de cada savant: unos son capaces de cálculos aritméticos complicadísimos y veloces, otros calculan o recuerdan fechas, otros identifican números primos enormes, otros son músicos excepcionales, otros recuerdan literalmente numerosos textos como si los hubieran escaneado, y otros pueden dibujar de memoria escenas complejas como si la tuvieran fotografiada en la cabeza.

La mayoría de los casos muestran sus habilidades desde edades muy tempranas y las desarrollan espontáneamente, sin necesidad de estudio ni entrenamiento. Pero fuera de ese talento prodigioso tienen grandes limitaciones para su vida diaria, para aprender otras actividades y para ser autónomos. La proporción varón-mujer es de 6:1. La mitad de los casos se acompañan de alguna forma de autismo y en la otra mitad hay otros tipos de déficits neurológicos. No hay causa conocida, no hay una única estructura cerebral alterada y tales casos siguen siendo un enigma tremendo.

Se han reportado historias de este síndrome desde el s.XVIII, pero la caracterización y el bautismo del cuadro se deben al británico John Langdon Down (1828-1896), quien se dedicó al estudio de los déficits intelectuales y retardos mentales. De hecho, de él recibe su nombre el síndrome de Down.

Dr. Down

John Langdon Down.

En 1887 presentó en una conferencia diez pacientes a los que llamó «idiots savants», es decir, «idiotas sabios». Con el tiempo se le eliminó el idiot y actualmente se suele emplear síndrome del savant o del sabio. En castellano debe escribirse savant en minúscula y cursiva, al ser un extranjerismo crudo, y no «síndrome de Savant», como si fuera un nombre propio.

Sin embargo, el término original del Dr. Down era mucho más descriptivo del cuadro, pues reunía la discapacidad mental del paciente y su habilidad extraordinaria. La aplicación de idiota en estos casos no es peyorativo, pues médicamente a quien padece una idiocia le corresponde la categoría de idiota. Una reconocida publicación de Down es Observations on an ethnic classification of idiots (1866).

Pero la utilización extramédica del término ha hecho que dejemos de usar ‘idiota’ como calificación diagnóstica, lo mismo que ha pasado con ‘mongólico’, ‘imbécil’ o simplemente ‘retrasado mental’, todos antiguamente usados en la práctica clínica, pero que se han vuelto ofensivos por su uso popular como insultos.

bannerpresentaciones

The Pacemaker-Twiddler’s Syndrome…

…A New Complication of Implantable Transvenous Pacemakers. Así tituló su artículo del Canad Med Ass Jde agosto de 1968 el entonces residente de cirugía cardiovascular Colin Bayliss (fallecido en 2010). El término inglés twiddle puede traducirse como girar, torcer, retorcer, enroscar o ensortijar. Se entenderá mejor a través de la expresión twiddling thumbs, extraordinariamente demostrada en este imprescindible video, que muestra una hábil maniobra que seguramente nunca hayáis hecho ninguno de vosotros en vuestra vida de mortales.

Pues eso es lo que le pasa al cable del marcapasos, que se retuerce, se enrosca, la punta del electrodo se sale de su sitio y el marcapasos funciona mal, con las posibles e incluso fatales consecuencias. Sea por problemas de fijación del generador o del cable, toqueteo transcutáneo del generador, por movimientos peculiares de los brazos del paciente (se ha descrito incluso tras fisioterapia) o por defectos del propio cacharro, el resultado es que le ocurre como a los cables espirales de los viejos teléfonos, que se enroscaban sobre sí mismos y no había manera de estirarlos. Esta complicación también se ha descrito en otros electroestimuladores, como los de médula espinal.

marcapasos enroscado

Torsión del cable de un marcapasos (pacemaker twiddler’s syndrome). Se muestra la imagen radiológica y el apecto operatorio del cable enroscado. Tomado de Arias et al. Rev Esp Cardiol 2012;65:671.

La cosa es que el pacemaker-twiddler’s syndrome se usa mal traducido en español como «síndrome de Twiddler», de nuevo imitando un epónimo inexistente y haciendo gala de desprecio a las normas del lenguaje. Para complicarlo más, el enroscamiento de los electrodos puede darse en otras configuraciones con su respectivo nombre descriptivo: ratchet (trinquete) o reel (bobina, carrete). En este artículo de Arias et al. en la Rev Esp Cardiol de julio de 2012 se explica la terminología y se propone el término «macrodislocación de electrodos», más global y adecuado.

O simplemente se podría llamar «torsión del cable» (incluso sin síndrome, que se lo tenemos que poner a cualquier cosa). Entre lo mal que hablamos y redactamos los médicos, y la de anglopaletadas que nos tragamos por desidia lingüística vamos a acabar a nivel de los brokers y entrepeneurs del bussines, con sus tradings, start-ups, networkings, coworkings, headhuntings y demás mamarrachadings, madre mía.

«Ceterum censeo Podemus esse delenda»

¿Cómo llega una ilustración a un libro?

Llevo dos meses alejado del blog debido a una novedad editorial de la que hablaré próximamente [en este post] y, antes, por los cursos del postgrado de ilustración científica de la UPV/EHU; esta fue una bonita experiencia que, por fortuna, parece que tendrá éxito y continuidad.

Durante la preparación de mis clases estuve repasando la evolución histórica de la ilustración en los libros de medicina. ¿Qué sería de la enseñanza médica sin imágenes en los textos? ¿Cómo explicar anatomía, histología o cirugía sin dibujos y fotografías? ¿Cómo entender bioquímica, fisiología o fisiopatología sin esquemas, diagramas e infografías? ¿Cómo aprender clínica médica sin fotografías de casos o sin estudios imagenológicos?

A todo esto ha contribuido la incorporación de figuras en las páginas de los libros impresos. Nos resulta natural que los textos contengan ilustraciones, tan natural como imprimir cualquier chorrada en la impresora de casa, pero no siempre ha sido tan fácil reproducir imágenes.

Vamos a revisar las distintas técnicas que se han usado para la reproducción iconográfica en artes gráficas y editoriales. Obviamente las imágenes son importantes para cualquier ámbito del conocimiento, pero aquí comentaré específicamente textos anatómicos, donde es fácil demostrar la evolución de las técnicas.

Las cuatro edades de la reproducción gráfica

Se me ocurre dividir las técnicas reprográficas editoriales en cuatro períodos: 1) la ilustración manual, previa al siglo XV; 2) las técnicas de grabado, siglos XV a XIX; 3) impresión fotomecánica, durante el siglo XX; 4) tecnología digital actual, directo del ordenador a la imprenta.

Manuscritos antiguos y medievales

Los egipcios inventaron el libro ilustrado, pintando en papiro escenas que acompañaban a sus textos sagrados, como El libro de los muertos. Durante el Reino Nuevo este libro en concreto se llegó a reproducir en serie, dejando espacios para apuntar el nombre del finado para el que se compraba el papiro. Los papiros médicos conocidos, como el de Edwin Smith, Ebers o Kahun, están escritos principalmente en hierático y carecen de iconografía.

Tampoco se prodigaron en figuras los pergaminos grecorromanos. Las primeras ilustraciones médicas formales que nos ha llegado corresponden a los códices medievales árabes, chinos y europeos. Lo mismo que el texto se copiaba a mano, las ilustraciones se reproducían manualmente, ejemplar a ejemplar, cosa que restringía las posibilidades de difusión de los libros.


Ilustraciones médicas medievales, más ornamentales que otra cosa. A la izquierda, un médico extrae una espina de la mano del paciente, figura del s.XIV de una obra de Teodorico Borgognoni. A la derecha, paciente orinando, ilustración de una edición del s.XII de una obra de Sexto Plácido. Imágenes de la Colección Mackinney.

Las ilustraciones de estos siglos carecían de exactitud y muchas veces eran ornamentales o simplemente demostrativas, como cuando representaban un procedimiento quirúrgico o, mejor dicho, la escena de un procedimiento quirúrgico.

Reproducción masiva: la imprenta y el grabado

Los principios que llevaron a la eclosión del texto impreso e ilustrado como auténtica industria en la Europa del s.XV provinieron del extremo Oriente, donde se fabricaba papel a la manera actual y donde se empleaban de forma artesanal las técnicas de grabado en madera para estampar palabras y figuras. Sin embargo, hay que recordar que muchísimo antes, en Mesopotamia, ya se usaba impresión por grabado sobre arcilla mediante sellos y cilindros tallados.

Las primeras noticias sobre el grabado en Europa datan del s.XIII. La evolución de las técnicas de grabado en madera y metal se debieron al concurso de orfebres, plateros, talladores y artesanos varios, los mismos que también propiciaron la imprenta. De manera que tanto la impresión de textos mediante tipos móviles como la estampación de figuras a través de grabados progresaron de la mano en los mismos ambientes.

Como dije antes, el grabado fue el príncipe del libro ilustrado durante más de cuatro siglos, un período glorioso para el arte gráfico, hasta la aparición de la fotografía y el fotograbado a finales del s.XIX. Veamos las diferentes técnicas de grabado según la cronología aproximada de su uso en la industria editorial (aunque hay superposición y coexistencia de las mismas a lo largo de estos siglos).

Xilografía

Como dijimos, el grabado en madera o xilografía emplea los principios traídos de China durante el medievo y se difundió a principios de 1400. El sustrato es una plancha de madera sobre la que se traza un dibujo y a continuación se tallan los espacios entre las líneas para que queden más profundos. Estas líneas, ahora en relieve, se pueden entintar y presionar sobre papel para obtener una reproducción especular. Las planchas de madera tallada podían montarse junto con sectores de tipos móviles para obtener páginas con texto e imagen.

El primer libro ilustrado de medicina es el Fasciculus medicinae (1491) de Johannes de Ketham, cincuenta páginas en latín con diez planchas grabadas mediante xilografía. El estilo relativamente sencillo de estas ilustraciones también se aprecia en la obra de Berengario da Carpi, Isagogae breves et exactissimae in anatomiam humani corporis (1523), una de las primeras anatomías ilustradas. Las figuras son bastante naive y carecen de detalle anatómico.


Xilografías de los siglos XV y XVI. A la izquierda, escena de disección en el Fasciculus medicinae de Ketham. A la derecha músculos de la pared abdominal en la obra de Berengario da Carpi.

La talla de madera es laboriosa, delicada, no permite todos los detalles y florituras que desearía un artista y tampoco da margen de corrección de fallos. Por ello podría pensarse que la técnica no dejaba más elaboración que la observada en Berengario, pero no, un par de décadas después apareció la enorme obra fundacional de la anatomía moderna, De humani corporis fabrica (1543) de Andrés Vesalio, ilustrado profusamente por Jan Stephen van Calcar. La belleza de esta obra induce en todo amante de la anatomía y el arte a que el ojete se le haga pepsicola. La calidad de las ilustraciones es impresionante y el asombro se multiplica al reconocer que son xilografías.


Espectaculares xilografías de la obra de Vesalio, De humani corporis fabrica. El frontispicio es una auténtica obra de arte, igual que las planchas anatómicas internas.

Calcografía

Se refiere al grabado sobre plancha de cobre, desarrollado a mediados del s.XV. En realidad, la calcografía reúne varias técnicas ejecutadas sobre metal, algunas las veremos más adelante; aquí nos referiremos al grabado con buril (talla dulce) o con punta seca. El artista dibuja con estos instrumentos punzantes sobre la plancha de cobre, excavando surcos en negativo; la plancha se entinta y se limpia la tinta de la superficie, excepto la retenida en los surcos, que se transfiere al papel al pasar por la prensa (tórculo) del grabador. El grabado en cobre fue muy utilizado por artistas del Renacimiento, comenzando por el gran Durero, pues permitía muchísimo más detalle que la pesada talla en madera.

Pronto se utilizó en la industria editorial y en los tratados médicos, entre los que destacan la Tabulae anatomicae (1552) de Bartolomeo Eustachio, con grabados de Giulio de Musi, o la Historia de la composición del cuerpo humano (1556) publicada en castellano por Juan Valverde de Amusco con grabados de Gaspar Becerra, algunos basados en la obra de Vesalio.


Grabados en plancha de cobre. A la izquierda una figura de las Tabulae de Eustachio; el color se aplicaba a mano mediante plantillas sobre el papel impreso. A la derecha, curiosa ilustración de vísceras abdominales con coraza romana, de la obra de Valverde de Amusco.

En el siguiente siglo Giulio Casseri publicó póstumamente sus Tabulae anatomicae (1627) con bellos dibujos de Odoardo Fialetti grabados por Francesco Valesio, posteriormente reutilizados por Adriaan van den Spiegel (sucesor de Casseri en Padua) en sus propios tratados. El grabado en cobre fue empleado en las publicaciones de los grandes anatomistas de los siglos XVII y XVIII, como Malpighi, Valsalva, Morgagni, Scarpa, Hunter o Haller.


Más grabados calcográficos. Mujer embarazada de De formato foetu liber singularis (1626) de Spiegel/Casseri. A la derecha, precioso grabado de Anatomia uteri humani gravidi (1774) de William Hunter.

Aguafuerte

Es una variante del grabado sobre metal en la que no se talla directamente la plancha, sino que el artista dibuja sobre una capa de barniz que la cubre. Con un estilete a modo de lápiz traza sobre el barniz y lo elimina, dejando la superficie metálica expuesta. A continuación la plancha se baña en una solución de ácido nítrico u otra mezcla corrosiva que carcome el metal en los trazos, donde no hay protección del barniz. Queda así la plancha lista para entintar e imprimir igual que con el grabado a la punta seca.

Las técnicas de tratar metal con ácido ya eran ampliamente empleadas en orfebrería y armería desde finales de la Edad Media, pero la popularización del aguafuerte en el arte y en la impresión ocurrió a lo largo del s.XVII. Rembrandt fue un extraordinario aguafortista y después Goya emplearía esta técnica en sus insuperables series de grabados.


Aguafuertes sobre planchas de cobre. Izquierda: figura de las Tabulae sceleti de Albinus. Centro: útero y feto en la obra de Bidloo. Derecha: grotesco grabado de Ruysch.

El aguafuerte coexistió con el grabado directo en cobre en la ilustración de los tratados de esos siglos. Cabe destacar Tabulae sceleti e musculorum corporis humani (1749) de Bernhard Siegfried Weiss (Albinus), ilustrado por Jan Wandelaar, las ilustraciones de Gerard de Lairesse para el Ontleding des menschelyken lichaams (1685) de Govard Bidloo, o las inquietantes construcciones cadavéricas fetales de las obras de Frederik Ruysch.

Mezzotinta o «a la manera negra»

Una tercera variante del grabado en cobre fue introducida por Ludwig von Siegen en 1643. En la técnica de media tinta la plancha de cobre se rasca por completo para dejarla rugosa, de modo que se impregne de tinta; el artista alisa mediante una punta metálica las zonas que desea que queden blancas y según el grado de granulosidad que deje se obtendrán gamas de grises y texturas.


Oscuros grabados con técnica de mezzotinta, de la famosa obra de Gautier d’Agoty.

Los grabados a la manera negra tienden a ser oscuros y tenebristas, cosa observable en el principal libro anatómico ilustrado mediante esta técnica, Myologie complete en couleur et grandeur naturelle (1746), del pintor Gautier d’Agoty. Las ilustraciones de este libro están impresas en color, otra prestación de la media tinta, pues se podían grabar placas para diferentes tonos.

Litografía

Un avance importantísimo en las artes gráficas fue la invención de la litografía por Aloys Senefelder en 1796. Es una técnica totalmente diferente de las conocidas hasta ese momento, pues se cambia el soporte de cobre por planchas de piedra caliza pulida, sobre las que el artista dibuja mediante un lápiz graso. Los trazos quedan fijados a la piedra mediante un baño de ácido y goma arábiga. Para imprimir se entinta la plancha con un pigmento oleoso que solo impregna las zonas donde están fijados los trazos y no en la piedra desnuda.

La litografía abarató considerablemente los costes de imprenta y permitió un altísimo detalle de las imágenes, de modo que reinó en los talleres de impresión (que comenzaron a llamarse talleres de litografía) durante todo el s.XIX. Por tanto, fue el sistema de impresión de los clásicos de la anatomía moderna con los que incluso hoy se sigue estudiando.


Planchas litográficas de la Anatomía de Cloquet.

El primer tratado anatómico impreso mediante litografía fue el de Jules Cloquet (sí, el del canal de Cloquet del ojo), Anatomie de l’homme ou description et figures lithographiées de toutes les parties de corps humain (1821-1831), en cinco volúmenes, ilustrado por Hancelin y Feillet.

Cuando acabó la publicación de esta obra comenzó la de otro monumento, el de Jean Marc Bourgery, Traité complet de l’anatomie de l’homme (1831-1854), en ocho tomos y con una de las mejores colecciones de ilustraciones, elaboradas por Nicolas Henri Jacob.

Muchas figuras de este tratado están a color, pero no se imprimieron en color, sino que el modus operandide la época era colorearlas a mano mediante acuarela, ¡casi nada! La plancha se imprimía en negro, en un papel más grueso que el del texto, y después unos artesanos especializados pintaban mediante plantillas de estarcido las áreas para cada tono. Observando la complejidad de los dibujos del Bourgery hay que quitarse el sombrero ante estos artesanos coloreadores.


Litografías de N.H. Jacob para el enorme tratado de Bourgery. Los grabados se imprimían en negro y después se coloreaban a mano con acuarela.

Entre los avances posteriores de la litografía están: 1) nuevos soportes en lugar de piedra, como láminas de estaño, zinc, aluminio o plástico; 2) papel autocopiable para transferir el dibujo a la plancha sin tener que dibujar directamente sobre ella; 3) la impresión litográfica en color, de la que hablaré en el siguiente punto.

Lo del papel autográfico tuvo muchísima utilidad para los ilustradores médicos y anatómicos, pues por primera vez podían dibujar sus grabados sin invertir la imagen, como se había tenido que hacer con todas las demás técnicas de grabado; antes, si se quería dibujar una mano derecha había que trazar una mano izquierda en la plancha, especular respecto al resultado final impreso. Si ya es jodido dibujar un corazón detallado, imagina tener que hacerlo invertido. Con el papel autográfico el artista dibujaba a sus anchas, entregaba el folio al grabador y éste lo transfería invertido al soporte litográfico.

Cromolitografía

Como acabamos de decir, las ilustraciones a color de los libros solían ser pintadas a mano. Incluso el tratado de Vesalio tenía ediciones con grabados coloreados y adornos polícromos en sus páginas. En la década de 1830 el impresor Mulhouse estandarizó un sistema de cromolitografía, donde se preparaban tantas planchas como tintas de color requiriera el grabado y se imprimían sucesivamente en el mismo papel. Es un principio que ya se había usado esporádicamente en la mezzotinta y otras técnicas, y que ya era habitual en la xilografía artesanal japonesa, el ukiyo-e.

El sistema de tintas diferentes en planchas consecutivas es básicamente el que se sigue empleando en la impresión offset actual.


Litografías a color del famoso tratado de Anatomía humana de J.L. Testut.

Los tratados de mediados y finales del s.XIX ya se hacían con verdadera impresión a color. Aquí hay que destacar las reimpresiones de la famosa Gray’s Anatomy (1858) ilustrada por el médico Henry Vandyke Carter, el atlas original de Johannes Sobotta de 1904, y sobre todo la —a mi juicio— obra cumbre de las ciencias morfológicas, el Traité d´anatomie humaine (1889) de Testut y Latarjet, con el concurso del dibujante G. Devy y el grabador Boulenaz.

Impresión fotomecánica

La siguiente revolución de las artes gráficas ocurrió cuando la técnica litográfica se cruzó con la naciente fotografía, a finales del s.XIX. Ahora texto e imagen se transferían a una placa cubierta con emulsión fotográfica de plata, el fotolito. La información del fotolito se transfiere a su vez a finas planchas de zinc o aluminio recubiertas con barniz fotosensible. Las zonas tratadas de las planchas retendrán la tinta que será impresa en el papel.

Estas planchas son flexibles y se ajustan a cilindros, así se monta un circuito rápido de impresión con varios cilindros de caucho: unos que entintan con el color deseado, otro con la plancha (cilindro de ilustración), otro que recoge la capa de tinta con la información (cilindro offset o portamantilla) y la transfiere al papel de bobina o de gran formato que corre continuamente por el sistema. La impresión offset sigue siendo la más empleada actualmente en la industria editorial para grandes tiradas.

Ahora los artistas podían emplear la técnica de ilustración que quisieran, lápiz, tinta china, acuarela, témpera, etc., pues mediante la fotomecánica sus obran llegarían fielmente a las páginas de los libros. Además, ya era posible reproducir fotografías.

El tratado de anatomía de Rouvière (1921), ilustrado por Arnould Moreaux fue impreso mediante fotomecánica, igual que las inacabables ilustraciones de Frank Netter y prácticamente todos los libros que hemos usado en nuestra carrera.

La era digital

Es donde estamos ahora, obviamente. Los principios de impresión offset con cuatricromía CMYK siguen siendo los mismos, pero se ha eliminado el fotolito como paso intermedio y la plancha se genera directamente con la información procedente del ordenador.

Por otra parte, la ilustración digital realizada directamente en ordenador es la que usamos mayoritariamente los ilustradores científicos en la actualidad. Permite trazados perfectos, reutilizar partes de un dibujo en otro, corregir múltiples veces las obras, obtener diferentes acabados (imitando incluso técnicas pictóricas) y generar archivos de salida que van directamente al computador de preimpresión.

Vemos, pues, cómo ha cambiado la cosa desde las diez planchas de madera del Fasciculus medicinae, pasando por las más de 1000 litografías del Testut-Latarjet, hasta el inagotable fondo de ilustraciones digitalizadas que disfrutamos actualmente.

«Ceterum censeo Podemus esse delenda»

Protocolo diarreico para redactar noticias científicas

Reconozco que da un gustirriquín del recopetín criticar el trabajo de los periodistas. Quede claro que no es una animadversión a la profesión, tan necesaria y delicada, ni al colectivo que la ejerce; pero cuando se habla o escribe para el público se corre el peligro de meter la pata y en aquellos que viven de la comunicación esto es un verdadero riesgo laboral. Esas faltas ortográficas o gramaticales, esos deslices históricos o esas malas interpretaciones de los hechos tienen repercusión cuando aparecen en medios de gran difusión.

No me empantanaré aquí con los periodistas generales ni con los políticos, con sus inseparables sesgos ideológicos y partidistas, ni con la omnisciencia polifacética del tertuliano al uso, que opina de todo y sentencia sobre todo. Me centraré en esas noticias del ámbito científico redactadas por gente no especializada en periodismo científico y que de vez en cuando aparecen en los medios para llenarnos simultáneamente de risa y espanto.

Las semejanzas entre el periodista y el científico

A pesar de lo alejados que están estos dos mundos, ambas profesiones tienen una acción central común: investigar. Ya sea para investigar el origen de un brote de gripe porcina o dónde han desviado los fondos públicos los cerdos de turno, tanto un investigador científico como un periodista siguen principios similares.

Lo primero es tener suficiente conocimiento del tema investigado y, en caso de carencias en algún aspecto, solicitar colaboración/asesoramiento de alguien entendido. Segundo, recurrir a fuentes serias y contrastadas, tanto bibliográficas como de autoridades en la materia. Tercero, usar una metodología de investigación consistente, con el mínimo de sesgos y la máxima verificabilidad. Cuarto, tener sentido común para interpretar los datos, valorarlos en su contexto y guardando coherencia con el marco de conocimiento; un hallazgo extraordinario requiere pruebas extraordinarias y sólidas, y aquí es donde quizás más divergen las actitudes de científicos y periodistas, pues mientras el común de los primeros actúa con temerosa mesura ante un resultado fuera de lo normal, los segundos buscan el efecto del tubazo periodístico a toda costa.

Seriedad, rigor y neutralidad, virtudes necesarias en ambos oficios.

Estudio de caso: «la fritanga crecepelo»

Aprovecharé una noticia-mojón publicada en La Vanguardia el pasado 7 de febrero de 2018, increíblemente titulada «Las patatas de McDonald’s podrían ser la solución a la calvicie». ¡A chuparse esa mandarina!

Comentemos primero el hecho real según la documentación científica publicada. El trabajo original es del grupo de Fukuda, Kageyama et al., de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Yokohama y se publicó este mismo mes en la revista Biomaterials (Kageyama T, Yoshimura C, Myasnikova D, Kataoka K, Nittami T, Fukuda J: Spontaneous hair follicle germ (HFG) formation in vitro, enabling the large-scale production of HFGs for regenerative medicine. Biomaterials 2018; 154: 291, doi: 10.1016/j.biomaterials.2017.10.056).

El objetivo es buscar técnicas para generar «pelo de cultivo» con el fin de repoblar las brillantes calotas de quienes padecemos alopecia androgénica sin recurrir a extirpación de folículos de las zonas supervivientes nucales ni a indignas cortinillas anasagastioides.

kageyama_biomaterials_2018

Figura del trabajo original de Kageyama et al. reseñado en Science Daily y en La Vanguardia. La novedad de la placa de cultivo es estar hecha de silicona permeable al oxígeno, lo que favorece el crecimiento de las células cultivadas. La imagen microscópica muestra los dobles agregados de células epidérmicas y mesenquimales, respectivamente, que forman los folículos primitivos. Cuando éstos se injertan en la piel del ratón crecen así de majos.

El método descrito por estos japoneses consiste en cultivar un cóctel de células epidérmicas y mesenquimales dentro de micropozos de cultivo moldeados en silicona permeable al oxígeno. Dentro de los pozos las células adoptan una conformación de primordio folicular que, una vez injertados en el lomo de ratones pelados, generó unos buenos pelangarracacos firmemente afincados al tegumento. Como se trata de un grupo de bioingenieros y la revista es de biomateriales, el objetivo del artículo fue describir la utilidad del molde de silicona gas-permeable para generar cultivos masivos de primordios foliculares; no era un estudio clínico dermatológico para curar la calvicie ni nada similar. Y vemos que no hay mención a patatas fritas ni a cadenas de chatarra-food.

Ahora lo que regurgitó La Vanguardia:

La noticia de este periódico aparece sin firma de autor y se basa en otra reseña publicada en el portal de noticias científicas Science Daily. Para este momento el artículo original está en proceso de impresión en Biomaterials y el reportaje recoge la nota de prensa de la Universidad de Yokohama. Puede verse que el post de Science Daily es correcto, fiel a lo presentado y referencia el artículo original del journal. En cambio, la aberrantísima cagarruta de La Vanguardia destaca por una creatividad desbocada y rayana en la paranoia.

cagarro informativo

¡Sorprendente! Sin duda escogieron bien el sobretítulo en La Vanguardia. Captura de pantalla de la noticia de marras, aderezada con un risueño calvorotas feliz por comer patatas con la vana esperanza de poblar la coronilla.

«Científicos japoneses han encontrado una relación directa entre las patatas fritas de la popular cadena de comida rápida McDonald’s y el crecimiento del cabello.»

¡Mentira! ¿De dónde carajo se sacan esa relación directa?

«Un equipo de investigación de la Universidad de Yokohama ha analizado la composición de las patatas y ha encontrado esta sorprendente novedad contra la calvicie.»

¿En qué momento el grupo de Fukuda tocó una patata frita? Ninguna patata sufrió durante este estudio y no se menciona nada relativo a la alimentación.

«El secreto está en el dimetilpolisiloxano que la empresa utiliza en la fritura de sus patatas. Esta sustancia, agregada a otros componentes, serviría para producir en masa “gérmenes de folículo piloso” que se podrían injertar posteriormente en el cuero cabelludo.»

¡Acabáramos! Resulta que el cacao mental del redactor proviene del tipo de silicona empleado en el estudio: la dimeticona o polidimetilsiloxano (PDMS), polímero con innumerables aplicaciones, desde lubricantes industriales, fluidos hidráulicos de coches, adhesivos, sistemas de cromatografía gas-líquido, fabricación de componentes electrónicos, hasta masillas de juguete tipo blandiblú.

El PDMS aparece bajo el alias de E-900 como aditivo alimentario en los aceites de fritura, donde actúa como antiespumante para evitar peligrosos desbordamientos del aceite hirviente durante la cocción y optimizar la utilización del mismo. Entiéndase que los del madonals no fríen en PDMS, sino en grasa con una mínima cantidad de E-900 (aditivo presente en aceites domésticos «especial frituras») del que quedan apenas trazas en el producto servido a los clientes.

En Medicina hace mucho que se usa la dimeticona, por ejemplo como absorbente de gases intestinales en esos preparados para mejorar las digestiones pesadas y las flatulencias. Aparece en cremas lubricantes para la piel, en acondicionadores y champús. También ha concurrido en las prótesis mamarias de silicona.

¿Qué circuito mental lleva al redactor a hilar desde unas placas de cultivo de PDMS al aceite de freír y concluir el nefasto silogismo en que las papafritas del madonals pueden curar la calvicie? No sé si hay algo de publirreportaje encubierto o es solo burralidad del autor. Los investigadores también usaron resina epoxy en la fabricación de los pozos de cultivo, y como el epoxy se usa en recubrimiento de latas para conservas ácidas, el burdégano redactor pudo decir que hay que frotarse tomates enlatados para la calvicie; o, volviendo al PDMS, que chuparse una teta con silicona cura la calvicie. La leche.

Dudo de que la traducción más correcta al español de hair follicle germ sea «gérmenes de folículo piloso»; quizás sea más apropiado ‘folículos pilosos germinales’ o ‘primordios foliculares’. Que me corrijan los amigos dermatólogos. Lo de ‘germen’ en nuestro idioma siempre suena a microorganismo patógeno.

«Las pruebas han dado muy buenos resultados en ratones y todos los estudios apuntan a que será un método exitoso también en humanos. Así que ya sabes, las patatas de McDonald’s ya no sirven solo para disfrutar de ellas un segundo y acumularlas en tus caderas y estomago todo el año, también podrían ser la solución a la calvicie.»

¿«Todos los estudios»? Gañán, pero si estás refiriéndote a una única publicación. Lo más preocupante es que la lectura de este cagarro da a entender que es la propia silicona la que regenera el pelo y que su ingestión a través de patatas fritas podría lograr tal efecto. Una gravísima irresponsabilidad para un medio de comunicación.

¡No se puede jugar así con las esperanzas de los millones de alopécicos que sufrimos nuestras cabezas a la intemperie!

bannerpresentaciones


 

Octálogo diarreográfico para noticias científicas

Lo mejor es dejar que los reportajes de ciencias los hagan periodistas especializados en ciencia, con conocimiento de base y comprensión del método científico. Pero si eres un empleado de un portal de noticias de baja estofa, de un medio sensacionalista, o si eres famélico becario de cualquier tipo de mass media y te solicitan redactar una noticia científica de relleno, puedes olvidarte de los principios de rigor y seriedad y aplicar el siguiente protocolo de ocho puntos.

  1. Un redactor de nivel superior te encarga la reseña porque queda espacio en la sección de ciencia y tecnología o en la de salud y sociedad. Seguramente no te oriente sobre el tema sino te deje escoger algo que parezca interesante.
  2. Busca el asunto a reseñar. Lo más sencillo es ir a las secciones respectivas de medios internacionales, preferiblemente anglosajones, o portales de noticias tecnológicas. Únicamente dedica atención a universidades y hospitales nacionales si ellos te hacen llegar una nota de prensa o convocan para un anuncio. Sobre todo no rebusques en las principales revistas científicas de referencia, es fácil perderse en esa jerga.
  3. Las noticias más jugosas suelen relacionarse con problemas de salud comunes, molestos pero poco graves, con temas de nutrición y dietética o tocantes a conspiranoias colectivas (ondas electromagnéticas, quimiofobia, transgénicos, gluten, vacunas, etc.).
  4. Fusila el texto y las figuras de la noticia original. Mejor si traduces chapuceramente algún término técnico, como double blinded trial por ‘proceso doblemente blindado’, o the consumption of carbohydrates is actually the main cause of hypercholesterolemia por ‘la consumición de carbohidratos actualmente es la causa del colesterol’.
  5. No hace falta colocar las referencias de los artículos originales ni vínculos a las páginas fuente.
  6. Si lo anterior te parece demasiado insustancial, está la opción de adaptar creativamente la noticia. Tira de un cabo y busca una conexión peregrina e infundada (como en el caso comentado en este post). Crea una asociación directa y categórica donde los estudios sugieren tímidos y tortuosos vínculos aún por confirmar. Traslada a la salud humana los resultados obtenidos con animalillos o cultivos, como si ya fueran realidades verificadas o tratamientos disponibles.
  7. Todo resalta más con títulos sensacionalistas que lleven al asombrado lector a hacer clic en la noticia. Si pones una foto graciosa en la cebecera mejora aún más y diluye la línea que separa tu medio de El Mundo Today.
  8. Con suerte el cagarro que has redactado superará la supervisión de tus jefes y será publicado. Si llegan al medio quejas de profesionales de salud y ciencias recalcando la inexactitud de la reseña, los errores y erratas evidentes, el deber de la publicación es ignorarlos absolutamente; jamás se ha de corregir la noticia, no se debe anexar fe de erratas y menos aún eliminar un inservible reportaje que desinforma y tergiversa.

Afortunadamente existen muy buenos periodistas científicos en España y los grandes periódicos intentan cuidar sus secciones de ciencia y tecnología. Por eso ni La Vanguardia ni ninguna otra publicación de primera línea debería dejarse colar truñacos de tan colosal talla.

«Ceterum censeo Podemus esse delenda»

La analidad de los «gráficos de tarta»

Si hay un misterio mayor que la construcción de las pirámides, la existencia de la Atlántida, el primer segundo del Big Bang o la naturaleza de la materia oscura, ese misterio es por qué a la gente le gusta tanto usar gráficos de tarta. Bien podrían investigar sobre ello Iker Jiménez, Giorgio Tsoukalos, el gordo mierda de Mundo desconocido y demás troleros conspiranoicos.

Quizás es porque nos gustan las cosas redondas, o porque nos recuerdan los pasteles de cumpleaños de nuestra infancia, o se trate de una fijación a la freudiana fase anal, pero jamás comprenderé el atávico abuso del gráfico de sectores, cuando es el tipo de gráfico más inútil e inadecuado para interpretar datos. Primera regla: casi siempre puede sustituirse un gráfico de sectores por otro tipo de gráfico que presente mejor la información.

Se atribuye la introducción de este tipo de gráfico a William Playfair, estadístico escocés pionero de la interpretación gráfica de datos, a principios del s.XIX. La idea de este tipo de representación es comparar la proporción de los componentes de un todo; así, se podría graficar el porcentaje de agua, grasa, proteína y hueso en un determinado mamífero, pero no se podrían comparar, por ejemplo, el porcentaje de grasa en la carne de diferentes especies.

El gran inconveniente: la comparación de áreas

Para construir un gráfico de tarta se distribuyen los 360º de una circunferencia en proporción con la frecuencia relativa de cada serie. Por ejemplo, si la serie A representa un 30 % (fi = 0,3) su quesito será 360º × 0,3 = 108º. Luego se toma el transportador y se traza el sector correspondiente… bueno, ya todo lo hace el Excel.

gráficos de tarta 1

Como nuestra apreciación de áreas es equívoca, en este gráfico de sectores solo podemos asegurar que el área del linezolid es más pequeña y la del imipenem más grande, pero los demás sectores son dudosos. En cambio, los mismos datos en un gráfico de barras no dejan lugar a engaños.

La cosa es que nuestra percepción para comparar áreas no es ni de lejos tan buena como cuando se compran longitudes. Ello queda demostrado por el hábito periodístico de expresar la extensión de una superficie en «campos de fútbol», o los pifostios que puede generar una inexacta división en porciones de una pizza o bizcocho.

Allí está el problema: calculamos mal las áreas y nuestra percepción para comparar dos o más áreas puede ser engañosa. Eso no pasa con un buen gráfico de barras, donde nadie dudará en detectar cuál columna es más alta. Incluso una tabla puede ser más explícita que un gráfico sectorial en ciertos casos.

comparacion tartas

Comparar varios gráficos de tarta es bastante incómodo. En este caso es mucho más demostrativo un gráfico de columnas apiladas.

bannerpresentaciones

Ni pocas ni muchas series

Otra limitación de los gráficos de tarta es que son inútiles para pocas series e imprácticos para muchas. El típico gráfico mónguer para comparar la distribución por sexos de una muestra es absolutamente prescindible. Para decir que había un 35 % de varones no hace falta un gráfico, basta ponerlo en texto y ya. Así que si hay solamente dos o tres series no tiene mucho sentido usar gráficos circulares —y quizás de ningún otro tipo—.

gráficos de tarta 2

El gráfico de la izquierda es prescindible pues, cuando hay dos categorías únicas excluyentes, el % que no sea de una serie automáticamente corresponde a la otra, y ello basta expresarlo en una línea de texto. La tarta de la derecha es inútil, pues si se ha distribuido una muestra equitativamente según una característica basta con indicarlo en el texto: «la población fue distribuida al 25 % para los siguientes grupos étnicos…»

En el otro extremo, cuantas más series se quieran meter en un gráfico de tarta más pequeños serán los quesitos y más arduo será compararlos. La profusión de series da al gráfico un aspecto perfectamente anal, un círculo plagado de rayos que simula un ojete.

gráfico de tarta 3

Un gráfico de sectores con muchas series es confuso e inútil. Aquí se muestra un gráfico tipo «ano», plagado de radios que delimitan pequeños sectores difíciles de comparar; apenas se ve que alanina y glicina son los residuos más frecuentes y poco más. En cambio, el gráfico de la derecha sí muestra claramente la información.

Efectos 3D para empeorar lo que ya es malo

En un post pasado comenté que prácticamente ningún gráfico gana nada por adornarlo con efectos tridimensionales, los cuales añaden ruido visual y llegan a estorbar en la interpretación de los datos. Esto es especialmente terrible en los gráficos de sectores, pues la perspectiva inducida reduce el tamaño aparente de los sectores más alejados respecto a los de adelante, añadiendo un factor de confusión adicional. Mientras más sesgado esté el pastel mayor será la deformación.

graficos tarta 4

Si los «pie chart» ya son chungos, sesgarlos mediante 3D los convierte en infames. En el de la izquierda ¿qué sector es mayor, el azul o el amarillo? Parecen iguales y también similares al verde, pero en realidad hay una diferencia considerable entre el amarillo y el azul si el gráfico se ve de frente. La leyenda colocada al pie obliga al observador a emparejar por colores mirando arriba y abajo, mientras que los rótulos incluidos dentro del sector facilitan la interpretación.

Rótulos y leyendas

Cuando se usa un gráfico de sectores lo ideal es que el título de cada serie esté señalado dentro de cada quesito o adyacente al mismo, en vez de colocar una leyenda aparte con el código de colores, pues ello también entorpece la lectura del gráfico, especialmente si hay muchas series y los colores se prestan a confusión.

Conviene que dentro del rótulo de cada sector se incluya la frecuencia absoluta o porcentual de su respectiva serie.

Entonces, ¿nunca jamás se deben usar?

Casi, casi, casi. Repito: prácticamente siempre habrá mejores opciones gráficas para presentar unos datos. Puntualmente podría ser pasable recurrir a una tarta, por ejemplo dentro de una infografía compleja donde se quiera reducir texto.

Hay variantes del gráfico de sectores, como las tartas divididas, tartas dentro de tartas, sectores multinivel o con segmentos de sector anidados. La mayoría de estas variantes no se usan en ciencias y en realidad son versiones más complicadas de entender.

pie chart

¿Hasta qué punto puede complicarse un gráfico de sectores para hacerlo más repelente? En este ejemplo, extraído de la web de IBM, se ha fabricado un intrincado gráfico de anillos concéntricos y divididos por sectores, con sesgo 3D, leyenda absurdamente repetitiva y rótulos con porcentajes que se montan en el sector adyacente, para rematar la confusión. Madre mía.

Quizás la única variante de la que se puede sacar provecho sea el gráfico anular o de rosquilla, donde se elimina el área central de un gráfico de tarta y ello convierte la comparación de áreas de círculo en comparación de longitud de segmentos de una corona circular. Siempre nos será más fácil comparar longitudes, aunque éstas sean curvadas.

grafico de anillo

Los gráficos de anillo o rosquilla son una alternativa a la clásica tarta que facilita la interpretación al convertir áreas en longitudes de segmentos de una corona de círculo. Aquí aparecen dos ejemplos de gráficos mostrados más arriba.

Estos gráficos de rosquilla son una opción aceptable mientras no se abuse de series y no se adulteren con cutres efectos tridimensionales.

graficoanal

«Ceterum censeo Podemus esse delenda»

La amusia de Ravel

Nunca deja de sorprender que haya músicos sordos y que a pesar de esta limitación sean capaces de componer obras magníficas. Los afectados se han quejado amargamente de esta suerte (desde el divino Beethoven a los menos divinos Smetana o Fauré), pues ¿puede haber algo peor para un músico que no poder oír? Pues resulta que sí lo hay: que la música desaparezca de su cerebro.

La lesión de las áreas neurológicas que procesan la información musical hace que el afectado pierda la capacidad de apreciar melodías, leer o tocar música. La jodienda en cuestión se llama amusia.

Quizás el caso más famoso de amusia sea la triste enfermedad que acabó con el genial Maurice Ravel. El 28 de diciembre de este 2017 se cumplen justo 80 años del fallecimiento del compositor, sin duda uno de los más famosos, interpretados y grabados del siglo XX. Antes de seguir leyendo háganme el favor de ir a Youtube o Spotify y ponerse música de monsieur Maurice como banda sonora.

Ravel, el dandi canijo

ravel_maurice

El compositor francés Maurice Ravel (1875-1937).

Nació en Ciboure, pueblo colindante con San Juan de Luz, a cuatro pasos de la frontera guipuzcoana, el 7 de marzo de 1875, el mismo año que Antonio Machado y el psicoanalista Jung, y apenas cuatro días después del estreno de la Carmen de Bizet.

Su madre era de ascendencia vasca y dejó en Maurice un trasfondo del folclore musical euskaldún. Sin embargo, Ravel no se crio en Iparralde pues el mismo año de su nacimiento la familia se trasladó a París.

Se formó e inició su carrera en ese París de la Belle Époque de finales del siglo XIX y principios del XX que era un hervidero artístico e intelectual como pocos se han visto. Allí estaban Debussy, Satie, Fauré o Hahn, allí acudieron Manuel de Falla y Stravisnky, Matisse, Braque y Picasso, allí Diaguilev contrataba y hacía colaborar a todos estos artistas en sus famosos Ballets Rusos; todo el que quería ser alguien en las artes buscaba su sitio en aquel París. Y Ravel logró su sitio en ese mundillo, donde, como en cualquier mundillo, todos se conocían y eran amigos y enemigos intermitentes, donde todos comadreaban y criticaban de frente y por la espalda a los colegas.

Ravel era el dandi impecable, perezoso y amable, aunque a la hora de componer era extraordinariamente minucioso y perfeccionista; ello, sumado a su afición a coleccionar juguetes de cuerda y cachivaches mecánicos, hizo que el ácido Stravisnky lo apodara «el relojero suizo».

La efervescencia artística del momento se detuvo cuando la Belle Époque se fue a tomar viento con la Primera Guerra Mundial. Curiosamente, aquel dandi de buena familia se empeñó en alistarse en las filas francesas pero fue rechazado por canijo, baja estatura y bajo peso. Al final logró participar como conductor de vehículos y fue a parar a Verdún. Mientras estaba en el frente fue notificado del fallecimiento de su madre, con quien estaba muy unido.

El horror de la guerra y la pérdida materna condicionaron un cambio de actitud vital en Ravel, que se hizo mucho más introvertido, taciturno, menos interesado por la vida social. También se reflejó en su música, como es lógico. El resto de su carrera como compositor y pianista fue bastante exitoso.

Si hay una palabra que define la música de Ravel es elegancia. Es una música limpia, luminosa, delicada, lo que un cursi llamaría deliciosa; hasta las disonancias las hacía elegantes. Ravel logró un sonido propio más allá de seguir el impresionismo debussyano; exploró otros horizontes, como el jazz, el blues, la música del lejano oriente, el folclore hebreo, griego, escocés y español.

Su objeto principal fue el piano, pero destacó infinitamente como maestro de la orquestación, tanto así que adaptó para orquesta muchas de sus piezas para piano y orquestó obras de otros autores —bastaría lo que hizo con Cuadros de una exposición de Mussorgsky para ganarse todo el respeto.

Don Maurice hizo frecuentes giras internacionales y recibió honores. Pero su cerebro dejó de colaborar en sus últimos años de vida.

bannerpresentaciones

Historia clínica raveliana

Quede claro, de entrada, que no hay un diagnóstico definitivo de la enfermedad de Ravel. Aunque hay numerosos artículos que discuten el caso, es imposible tener certeza debido a las limitaciones de la época y a que su cerebro no fue preservado en un frasco para estudios posteriores.

Como antecedentes: fumador habitual; juventud de fiesta, trasnocho y enolismo; operado de «peritonitis» durante su servicio en el ejército; padre afectado de demencia.

El 9 de octubre de 1932 iba Ravel en un taxi por París cuando otro coche se les empotró en un cruce. Nuestro músico sufrió un traumatismo craneofacial, contusión torácica y le saltaron unos dientes. Sin embargo, no requirió mayor atención de urgencias; el mismo Ravel le quitó hierro al incidente en una carta dirigida a Falla. Casualidad o no, a partir del trauma Ravel manifestó cambios anímicos, insomnio, retraimiento y, peor aún, dificultades motrices, de memoria y lenguaje.

En realidad los síntomas neurológicos habían comenzado, de forma leve, en 1927: olvidos de alguna palabra, alguna dificultad expresiva, saltarse una parte al ejecutar una pieza, cambios de humor… Pero podía hacer una vida normal y productiva. A partir del accidente el deterioro neurológico se aceleró y, de hecho, Ravel ya no pudo componer más.

Dos manifestaciones dominaron el cuadro: dificultad para ejecutar actos motores voluntarios (apraxia) y dificultad para el procesamiento del lenguaje (afasia). Explicaré brevemente estos fenómenos, en consideración con el público general o los traumatólogos que puedan leer este artículo.

La apraxia es la incapacidad para realizar tareas motrices sin tener parálisis muscular o alteración de la coordinación. El paciente puede hacer esas tareas de modo automático o inconsciente, pero al pedirle que lo haga se queda parado o lo hace erróneamente. En la apraxia ideomotora la persona entiende lo que se le solicita y sabe cómo hacerlo, hasta puede describir los pasos para hacerlo, pero no lo puede hacer; suele deberse a lesiones frontales del hemisferio dominante. Hay otros tipos de apraxia que afectan a territorios musculares concretos, como la boca o los ojos.

La afasia es un variado conjunto de trastornos del lenguaje donde se daña la comprensión, la emisión o ambos. La famosa afasia de Broca o afasia motora limita la expresión oral y escrita, pero el paciente entiende perfectamente lo que oye o lee, incluyendo sus propios errores al hablar. En la afasia de Wernicke o afasia de comprensión, por el contrario, el afectado puede hablar y escribir, pero no tiene buena comprensión de lo que lee u oye, su habla es profusa y está llena de palabras fuera de lugar, cambiadas o inventadas. Hay afasias globales, subcorticales o transcorticales, según donde esté la lesión, y afectan de modos diferentes las capacidades de hablar, escribir, leer, oír, nominar, numerar o repetir.

Ravel sufría una apraxia motriz progresiva que no le permitía, por ejemplo, tocar el piano aun sabiendo las teclas y el orden en que debía tocarlas, o hacer tareas como encender su vicio tabáquico o nadar. Su neurólogo tratante, Alajouanine, indicó que presentaba afasia de Wernicke, pero lo que describe y lo que se extrae del relato de testigos es que se trataba de una afasia expresiva, donde Ravel tenía dificultad para encontrar las palabras adecuadas, sufría para escribir pocas palabras o notas musicales y su fluencia se fue reduciendo hasta terminar emitiendo monosílabos.

También la amusia de Ravel era de tipo expresivo, pues podía reconocer notas, melodías e intervalos, reconocía fallos de afinación o tempo, pero no podía cantar, tocar o escribir música. Por ello, a partir de 1933 apenas pudo dejar algún breve bosquejo, pero ninguna composición. Tenía proyectada una ópera sobre Juana de Arco y se quejaba con toda la debida amargura de tener la música en la cabeza pero no poder sacarla de allí.

En varios artículos se lee que los problemas neurológicos pudieron influir en algunas de sus últimas obras, especialmente en la más popular, el Bolero (1928). Es una obra melódicamente muy simple, armónicamente elemental y rítmicamente monótona, cosa que da pie a que algún neurólogo lo considere manifestación de perseveración y estereotipia propias de lesión cerebral. Pero el Bolero es esencialmente un tremendo ejercicio de orquestación, una pieza de «música sin música», como la definía su autor, un hipnótico crescendo de un cuarto de hora donde Ravel mostró toda su maestría a la hora de sumar instrumentos. Basta escuchar la riqueza de obras posteriores, como los dos conciertos para piano (en sol mayor y para la mano izquierda) y las tres canciones de Don Quijote a Dulcinea para dudar de tal hipótesis. Si una obra como el Bolero de Ravel es producto de un daño cerebral ¿qué queda para los reguetoneros y cancionistas del verano? Han de ser una legión de muertos vivientes pangangrenados.

¿Cuál es su diagnóstico, doctor?

La neurología antes de las imágenes por resonancia magnética era una cosa llena de incertidumbres. Así que ante la falta de neuroimágenes, estudio anatomopatológico o genético es imposible saber el diagnóstico, pero tanto sus médicos como los posteriores comentaristas han apuntado diversas opciones.

¿Alguna relación con el accidente del taxi? ¿Hematoma subdural? ¿Consecuencia de latigazo cervical? ¿Enfermedad vascular en un paciente fumador? ¿Variedad de demencia? El diagnóstico más apuntado ha sido la enfermedad de Pick (no confundir con la de Niemann-Pick), una taupatía (no confundir con la puta engañifa de la tautopatía) o enfermedad degenerativa por depósitos de proteína tau en forma de ovillos o cuerpos de Pick, por lo que se requiere estudio histopatológico para su confirmación, cosa que no hubo en el caso de Ravel. Actualmente se considera que la enfermedad de Pick es una variante de la degeneración frontotemporal, entidad que incluye a la demencia frontotemporal, a la afasia primaria progresiva y la demencia semántica.

clovis_vincent

Dr. Clovis Vincent (1879-1947), neurólogo y neurocirujano de la Pitié-Salpêtrière de París.

Otros médicos tratantes de Ravel fueron Clovis Vincent y Thierry de Martel, los pioneros de la neurocirugía francesa. El Dr. Vincent —discípulo de Harvey Cushing— contempló la etiología tumoral debido al rápido empeoramiento ocurrido en otoño de 1937. Ubicó la posible lesión en área silviana derecha y optó por algo que ahora nos da escalofríos: la craneotomía exploratoria.

Ravel fue intervenido el 19 de diciembre de 1937 mediante craneotomía frontal derecha, apertura de duramadre, exploración de estructuras y punción ventricular, sin ningún hallazgo patológico reseñable. Tras salir de la operación Ravel pronunció pocas palabras y entró en un estado comatoso del que no se recuperó y falleció el 28 de diciembre a los 62 años.

El cerebro musical

Antes se simplificaba diciendo que las capacidades musicales estaban en la región temporoinsular derecha, mientras el lenguaje pertenecía al hemisferio izquierdo (siguiendo el mito del «hemisferio cretivo» vs. el «hemisferio racional»), pero hoy se sabe que en el procesamiento musical participan múltiples áreas corticales según sea el aspecto musical que se analice. Se separa la identificación de tonos, intervalos y melodías (sistema melódico), de la métrica, ritmo y tempo (sistema temporal). El sistema melódico se ubica principalmente en el giro temporal superior derecho y secundariamente en áreas frontales, mientras el sistema temporal requiere amplia participación bilateral temporal y frontal.

Las amusias son muy variables en su presentación pues, como buen idioma que es la música, puede afectar a su emisión (tocar, cantar, escribir notas) o a su recepción (oír, leer partituras); además existen amusias selectivas para cada aspecto musical.

Puede que el paciente no reconozca melodías previamente conocidas (amnesia musical), o que solamente las reconozca cuando lee la partituta pero no cuando la oye (como en este caso). Puede que pierda la capacidad de diferenciar un tono de otro (amusia perceptiva o sordera de tono) y todas las notas le parezcan igual. Puede que sea incapaz de tararear o silbar una melodía aunque la sepa y la reconozca al oírla (amusia motora), o que no pueda tocar un instrumento que dominaba (apraxia musical). O que ya no pueda leer o escribir notación (alexia musical y agrafia musical, respectivamente).

También existe una amusia congénita que parece afectar hasta a un 5 % de la población y que hace que los afectados no distingan notas, desafinen terriblemente al cantar o, en algún caso, que los sonidos musicales armónicos le resulten totalmente cacofónicos (aquí un caso relatado por el neurólogo Oliver Sacks).

Recomendaciones:

En 2012, por la conmemoración de los 75 años de su fallecimiento, el programa Grandes ciclos de Radio Nacional de España hizo una interesantísima, completísima y recomendabilísima serie de 16 programas dedicados a Ravel: aquí el podcast.

Hay un curioso peli-documental franco-canadiense llamado Ravel’s Brain, del año 2001, donde el barítono Richard Cowan hace de Dr. Clovis Vincent y canta el caso clínico sobre música del propio Ravel.

Referencias:

  • Alexoudi A, Sakas D, Gatzonis S. The “Ravel issue” and possible implications. Dementia. 2016:9-12. doi:10.1177/1471301216642066.
  • Alossa N, Castelli L. Amusia and musical functioning. Eur Neurol. 2009;61(5):269-277. doi:10.1159/000206851.
  • Cardoso F. The movement disorder of Maurice Ravel. Mov Disord. 2004;19(7):755-757. doi:10.1002/mds.20087.
  • Clark CN, Golden HL, Warren JD. Acquired Amusia. Vol 129. 1st ed. Elsevier B.V.; 2015. doi:10.1016/B978-0-444-62630-1.00034-2.
  • García-Casares N, Berthier Torres ML, Froudist Walsh S, González-Santos P. Modelo de cognición musical y amusia. Neurologia. 2013;28(3):179-186. doi:10.1016/j.nrl.2011.04.010.
  • Gasenzer ER, Kanat A, Neugebauer E. Neurosurgery and Music; Effect of Wolfgang Amadeus Mozart. World Neurosurg. 2017;102:313-319. doi:10.1016/j.wneu.2017.02.081.
  • Gasenzer ER, Kanat A, Neugebauer E. The Unforgettable Neurosurgical Operations of Musicians in the Last Century. World Neurosurg. 2017;101:444-450. doi:10.1016/j.wneu.2016.11.144.
  • Henson RA. Maurice Ravel’s illness: a tragedy of lost creativity. Br Med J (Clin Res Ed). 1988;296(6636):1585-1588. doi:10.1136/bmj.296.6636.1585.
  • Kanat A, Kayaci S, Yazar U, Yilmaz A. What makes Maurice Ravel’s deadly craniotomy interesting? Concerns of one of the most famous craniotomies in history. Acta Neurochir (Wien). 2010;152(4):737-741. doi:10.1007/s00701-009-0507-y.
  • Seeley WW, Matthews BR, Crawford RK, et al. Unravelling Boléro: Progressive aphasia, transmodal creativity and the right posterior neocortex. Brain. 2008;131(1):39-49. doi:10.1093/brain/awm270.

«Ceterum censeo Podemus esse delenda»