Las cervicales de Osiris

Cuando se revisan imágenes clínicas radiológicas o por resonancia no es raro encontrarse figuras que recuerden cosas o personajes. Estas pareidolias han servido para dar nombre a signos radiológicos, pero también han hecho ver a pacientes y profesionales cristos, santos y demonios escondidos entre las manchas de una tomografía. El otro día explorando una resonancia encontré una imagen de reminiscencias egipcíacas:

columna dyed

Resonancia magnética craneocervical coronal en secuencia FLAIR. Se observa la columna cervical flanqueada por las arterias vertebrales.

El corte coronal de las vértebras cervicales perfectamente alineadas y coronadas por la apófisis odontoides del axis reproduce la figura del pilar dyed, famoso y omnipresente signo osiríaco del Antiguo Egipto. La pareidolia en este caso es muy lógica, pues realmente el pilar dyed es la representación de una columna vertebral, concretamente la del dios Osiris, signo de estabilidad y resurrección. No es el único símbolo egipcio relacionado con vértebras, como veremos más adelante, pues la columna vertebral tenía una especial relevancia en los ritos funerarios y la religión egipcia.

dyed columna

Semejanza entre el aspecto de la columna cervical en resonancia magnética (en dos casos propios) y el pilar dyed egipcio. Se muestran varias presentaciones: un amuleto de fayenza, otro amuleto con un dyed osiriforme coronado, un fresco en la tumba de Nefertary y un bajorrelieve. El dyed es un símbolo omnipresente en la iconografía egipcia.

El mito de Isis y Osiris

Como suele ocurrir en las historias mitológicas, hay diferentes versiones y fuentes que relatan el mito de Osiris. Quizás la más popular —pero no la más auténtica— sea la de Plutarco, adaptada al gusto griego hasta en el nombre de los dioses, pues Osiris e Isis son los nombres helenizados de los egipcios Usir y Ast.

Ambos dioses forman parte de la enéada de la teogonía heliopolitana. Nut y Geb, dioses del cielo y la tierra, engendraron cuatro hijos: Osiris, Isis, Seth y Neftis, casados entre sí los dos primeros y los dos últimos. Osiris era bueno y constructivo mientras Seth era malvado, destructor y envidioso (a la manera de Abel y Caín).

Pasheryenpakhem

Osiris preside el juicio al fallecido, quien es traído por Anubis. En el tribunal están: Horus, dios-halcón, portando el cetro uas en una mano y el anj en la otra; Neftis, tocada con una cesta; Isis, tocada con un trono en la cabeza y portando, igual que Neftis, los símbolos anj, dyed y uas encadenados; y en el centro Osiris, con su típica tez verde y la corona atef. Figura de la estela de Pasheryenpakhem, del período ptolemaico, Rijksmuseum van Oudheden, Leiden. Vía Wikimedia.

Osiris fungió como rey civilizador de los egipcios, les enseñó la agricultura, la ley, la religión y, más importante aún, la sacra ciencia de fabricar cerveza y vino. La creciente tirria de Seth hacia su hermano lo condujo a orquestar un golpe de Estado: bajo engaño logró que Osiris entrara en un cajón, lo encerró allí y lo lanzó al Nilo para que se ahogara. El ataúd fue llevado por las aguas hasta la costa de Biblos, donde quedó varado y a su alrededor fue creciendo un árbol que terminó por incorporar el cadáver a su tronco.

Isis se puso a buscar el cuerpo de su marido y recorrió mundo acompañada de su hermana Neftis y del dios médico Tot. Las prolongadas pesquisas la llevaron a localizar la momia de Osiris dentro de aquel tronco de árbol que había pasado a ser un preciado pilar del palacio del rey fenicio. Logró recuperar su cuerpo y traerlo a Egipto para intentar resucitarlo con su hechicería, pero Seth se coscó de la maniobra y, tras robar el cuerpo de Osiris, lo descuartizó y lanzó los cachos por distintas partes.

Nuevamente, la amantísima Isis fue buscando los trozos del despiece para intentar recomponer un marido-frankenstein. Logró localizar todos los pedazos menos el solemne pene, que había sido engullido por un pez oxirrinco del Nilo (dicen que por este motivo los egipcios no eran muy dados a comer pescado). En fin, para completar el puzle osiríaco Isis fabricó la primera prótesis peneana descrita, según unos moldeada con arcilla, según otros era un pito de oro, faltaría más.

Para infundir de nuevo la vida a su marido, Isis ejecutó la revivificante maniobra de la felación o, según versiones más finas, convertida en halcón aleteó sobre el pito para soplarle el hálito vital —en cualquier caso, se trató de un blowjob. El divino mamerto logró revivir a Osiris el tiempo suficiente para que Isis se preñara, después el dios quedó en estado zombi y pasó a ser el amo del inframundo (la Duat) a donde van los fallecidos. Isis parió a Horus y éste se tomó la venganza sobre su maligno tío Seth.

Osiris itifálico de Dendera

Osiris, todo excitaíco él, recibe el espíritu vital de Isis, quien bajo la forma de un milano o halcón se posa sobre el dildo osiríaco para concebir a Horus. Dibujo del libro Osiris and the Egyptian resurrection de Wallis Budge (1911) que reproduce un relieve del templo de Dendera.

semataui seth horus

Seth, con su rara cabeza como de oso hormiguero, y Horus, con cabeza de halcón, en la escena de sema-tauy: anudan el papiro y el loto (símbolos del Alto y Bajo Egipto) alrededor del símbolo sema, parecido al nefer pero que representa la tráquea y los pulmones. Es un signo de reconciliación entre estos dioses enemigos y de unión de las dos tierras bajo la autoridad del faraón. En el cartucho se lee Jeperkara, nombre de trono de Senusert I, dinastía XII. Obsérvese a ambos lados del cartucho la secuencia anj, dyed y uas. Relieve en un lateral del trono de la estatua de Senusert I en el Museo del Cairo.

El pilar Dyed y sus socios anatómicos

El dyedR11 ) tiene forma de columna rematada por tres o cuatro piezas apiladas y con aletas laterales, a veces sin remate y otras coronada con un pequeño saliente o bien con la corona atef propia de Osiris. Es un símbolo antiquísimo, predinástico, quizás un tótem relacionado con la fertilidad del campo. Antes de ser atributo de Osiris fue un elemento asociado con otros dioses como Ptah o Sokar.

La interpretación más aceptada es que representa una columna vertebral, aunque se han propuesto otros orígenes, como un tronco de árbol (quizás relacionado con el del mito). Los dos poderes asociados a dyed son la estabilidad, cosa propia de un pilar anatómico o arquitectónico, y la vuelta a la vida, en virtud de las propiedades mágicas atribuidas a los huesos. Lo más probable es que la forma de dyed sea una estilización de la columna lumbosacra del vacuno, y la verdad es que el aspecto de las últimas lumbares y el sacro bóvidos es muuuuuuuuy parecido al dyed, más que las vértebras cervicales de mi resonancia.

dyed-uas-anj

Los inseparables símbolos anj, dyed y uas. A la derecha en una placa del Museo de Alejandría. En el centro aparecen unificados en un amuleto del Museo Británico. A la derecha componen el típico cetro del dios Ptah, como se aprecia en este relieve del templo de Seti I en Abydos.

El pilar dyed tiene dos acompañantes casi inseparables: la «cruz» anj y el cetro uas. El más famoso símbolo egipcio es, sin duda, el anj ( ) o ankh, en transliteración inglesa, también llamado «cruz ansada», aunque no tiene nada de cruz ni relación con el salvífico símbolo de la cruz cristiana. Anj es sinónimo de vida, aparece en las fuentes de vida como los rayos solares y los dioses, quienes colocan el anj delante de las narices de los mortales para insuflarles vida eterna. ¿Exactamente qué objeto representa anj? De nuevo hay discusión al respecto, pero la teoría predominante es que es que se trata de una correa de sandalia; la segunda teoría me parece más acorde con su apariencia y significado, y es que anj es una vértebra dorsal bovina vista desde arriba, con su larga apófisis espinosa, sus apófisis transversas y el cuerpo vertebral, pero con el conducto medular muy agrandado.

El cetro uas ( S40 ) es otro atributo reservado a dioses y reyes cuyo significado es poder y fuerza. Su curvada punta tiene forma de un animal extraño, quizás cánido, quizás la propia cabeza del dios Seth, la fuerza bruta de la naturaleza. Su extremo inferior se distingue por acabar en una horquilla. Muchos cetros uas están decorados con los detalles de la cabeza animal, incluyendo ojitos, pero las versiones más primitivas solo tenían la forma antes descrita. Se ha postulado que originalmente la forma de la cabecita del cetro es, en realidad, la cabecita del mismísimo glande del largo pene del toro. La curvatura del cuello podría asimilarse a la flexura sigmoidea del pene bovino y la bifurcación final del cetro con la raíz peneana y su conexión con los deferentes. Por otra parte, recuérdese que hay vértebras cuya apófisis espinosa está bifurcada —como las cervicales humanas—.

Pero ¿qué demonios tienen que ver las vértebras con la vida eterna, la resurrección o el vergajo de toro? La relación se explica por una metafisiología mágica reproductiva en la que, según los egipcios, el semen se originaba en los huesos. ¡WTF!

vertebra-egipto

Significado místico de las vértebras en la religión egipcia. A partir del toro como fuerza de la naturaleza se estableció la columna como eje vital, sus grandes vértebras torácicas como símbolo de vida, la rabadilla como estabilidad y su conexión anatómica con el falo como fuente de poder. Los egipcios creían que el semen se orginaba en la médula ósea, fluía hasta la médula espinal y de allí bajaba al pene. Clicar para ver en grande.

La teoría del esperma óseo

Vaya cosa más surrealista, ¿cómo va a generarse la semilla vital en los huesos? Sin embargo, el mito judaico de la creación de Eva incluye la expansión celular a partir de material óseo costal. Tal idea fue popular en diversas culturas antiguas e incluso Aristóteles discutió sobre ella.

Es un ejemplo de cómo las observaciones empíricas sin experimentación y análisis conducen a conclusiones y paradigmas erróneos que, si además se barnizan de dogma religioso, pueden perdurar milenios sin moverse.

Los egipcios observaron en los despieces de vacuno que el poderoso falo del toro está embridado por dos gruesos tractos que lo unen con la columna vertebral: se trata del músculo retractor del pene, útil para que el toro y otros mamíferos mejor dotados que los humanos no se vayan pisando el cipote. Este músculo mantiene el falo curvado dentro de pelvis (flexura sigmoidea) y solamente durante la erección éste se extiende en todo su esplendor. Los retractores se insertan en la unión sacrocoxígea de la columna y ello dio pie a que los sabios egipcios consideraran que eran conductos a través de los que el semen formado en los huesos y en el canal medular bajaba hasta el órgano copulativo.

Los huesos son lo único que persiste tras la muerte, quedaban inmutables en la tierra tras sepultar el cadáver, por tanto podían ser una semilla que mantuviera el germen vital. La médula ósea, ese tejido fibroadiposo de sabrosa gelatinosidad que fue uno de los primeros manjares homínidos según indica la paleontología, podía ser asiento de vitalidad y quizás allí pudiera fabricarse el semen. Todo el semen se acumularía en esa pastufa que rellena el conducto medular de la columna, alias médula espinal, y de allí pasaría al pene a través de los tractos antes comentados. Vemos que los antiguos se enredaban entre médula ósea y médula espinal igual que Celia Villalobos en la época de las vacas locas.

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En resumen, el toro es una fuerza de la naturaleza, atributo de faraones que portan su cola atada al cinto, sus vértebras torácicas son símbolo de vida (anj), su columna lumbosacra es signo de estabilidad y vitalidad (dyed) y su conexión con el falo (uas) permite ejercer el poder de transmitir la vida.

Este absurdo fisiológico perduró. Alcmeón de Crotona afirmaba que el semen se produce en el cerebro, otros que en la médula espinal… Curioso cómo ajustar esta fisiología al organismo femenino.

Otros símbolos vertebrales

Más allá del papel mágico-religioso de las vértebras para recomponer un cadáver y darle vida eterna o para engendrar nueva vida, los egipcios conocían el efecto de las lesiones vertebrales, tal como aparece en los papiros de Edwin Smith y de Kahun (dedicados respectivamente a ciencia médico-quirúrgica y veterinaria).

Hay diversos signos jeroglíficos relacionados con vértebras y costillas, aparte de dyed y anj, algunos son ristras vertebrales con churros de médula espinal saliendo por sus extremos o vértebras en proyección lateral (como el S24 de Gardiner). Se usaban para denominar dichas partes anatómicas y también para referirse a ‘espalda’, ‘atrás’, ‘nudo’ o ‘anudar’ o ‘matanza’.

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Algunos jeroglíficos relacionados con vértebras y costillas. Cuadro extraído de Wikipedia. La primera columna indica el código de la lista de Gardiner. La segunda muestra los signos y la tercera su transliteración.

Volviendo a nuestros tiempos, el anj sigue anclado a los huesos. Tenemos un transportador transmembrana de fostatos que participa en el depósito de mineral óseo. El gen que codifica este transportador se expresa en hueso y articulaciones y recibe el nombre de «homólogo de la anquilosis progresiva», en inglés «progressive ankylosis homolog», abreviado como gen ANKH. Cojonudo, ¿no?

Bibliografía

«Ceterum censeo Podemus esse delenda»

 

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Coño, no es vagina

Este título también sería correcto sin la coma. Muchísimas son las cosas del mundo que tienen un nombre oficial científico y uno o más nombres coloquiales. Lo bueno de la apelación académica es su universalidad y concreción, mientras que los nombres vulgares varían de un sitio a otro y de una época a otra, además de padecer una frecuente polisemia.

Las partes del cuerpo son un ejemplo claro de esto. La nomenclatura anatómica es precisa y sin ambages. Lo que comúnmente llamamos brazo en anatomía es miembro superior, pues brazo es únicamente la porción entre el hombro y el codo, y antebrazo del codo a la muñeca. Otro tanto con pierna, que es la parte del miembro inferior de rodilla a tobillo, mientras por arriba está el muslo.

Pero hoy quiero referirme a otras zonas del cuerpo donde el vulgarismo cotidiano se explaya a gusto: zonas erótico-genitales con enorme gama nominativa a pie de calle y diversos niveles, desde tiernos apelativos infantiles hasta la más ofensiva cochinada moral.

A veces surge un problema cuando alguien quiere evitar el nombre vulgar de una de estas zonas y emplea lo que considera su sinónimo culto, pero falla en la precisión del término; este error tan típico en periodistas y tertulianos es especialmente notorio en atributos femeninos: vagina, senos, pezones. En cambio, el badajo masculino se llama oficialmente pene y no hay confusión al respecto.

De los nombres del parrús

Como dije antes, cuando alguien quiere ir de fino para referirse a los genitales femeninos suele hablar de vagina. Así lo vimos extensamente con la noticia de aquella señora a la que supuestamente le echaron pegamento en la “vagina”.

¡Pues mal! Se están refiriendo a vulva y no a vagina. La vagina es un órgano completamente interno, el conducto que va de la vulva al útero; en cambio la vulva es la zona expuesta del aparato genitourinario, formada por labios mayores y menores, clítoris, introito, meato urinario y aderezada por el monte venus. Lo lógico es que el pegamento del caso anterior fuese aplicado en la vulva y no dentro de la vagina, donde, por cierto, quizás no hubiese causado ningún problema pues la humedad del medio no permite que se adhiera el común de los pegamentos.

La palabra vagina llega directamente del latín vagina, que designaba al estuche de la espada u otra funda donde se metiera algo, y de donde proviene vaina o envainar. Resulta obvio el sentido figurado de la vagina femenina como sitio donde meter “el sable”.

Por su parte, vulva es un término latino derivado de volva y éste de la raíz indoeuropea volv/velu, de donde provienen: vuelta, volver, envolver, envoltorio, voluble, velo, revolver y otras con significado subyacente de rodear, ir y venir. En principio se usó vulva como sinónimo de útero, pues envolvía al feto, en contraposición con cunnus, referente a los genitales externos y del que deriva una de las interjecciones más usadas de nuestra lengua.

vulva-vagina

A partir de tiempos de Celso se llamó os vulvae o agujero del útero a la apertura externa genital, y posteriormente permaneció como vulva el conjunto de estructuras que envuelven la entrada a la vagina. Como curiosidad, la vulva de cerda era un manjar de la casquería romana, como se aprecia en los libros segundo y séptimo de la obra de Apicius. Se supone que en este contexto se refiere al útero de la cerda y no a su potorro. Actualmente no es un órgano porcino de uso alimentario, a no ser que Oscar Mayer dé cuenta del mismo dentro de sus productos.

En resumen, lo de llamar vagina a la vulva es una cursilería y una ridiculez de gente que pretende ser fina pero que, coño, se equivoca de término.

Mama y teta

El nombre anatómico y médico de las tetas es mamas o glándulas mamarias. Lo de senos o pechos son apelativos un tanto lechuguinos para ir de finos, pero no ajustados anatómicamente.

Tanto mama como teta parecen provenir de la duplicación de sendas voces infantiles de las raíces indoeuropeas ma y te. Teta tiene equivalentes de similar escritura en muchos idiomas, tanto de origen latino, germánico o eslavo. No sé dónde leí que teta venía de la letra griega theta (Θ) por su forma redondeada con una cosita en el centro, pero eso creo que es un cuento sin fundamento.

Por su parte mama viene del latín mamma, literalmente teta, de origen común con mamá y madre. Otros términos relacionados: mamar, amamantar, mamón, mamandurria, mamífero, mamella, mamelón, mamelonado, mamilar.

Lo de llamar senos a las mamas es de uso general y está aceptado en el Diccionario de la Academia. Sin embargo, en origen seno, del latín sinus, se refería a algo con concavidad, como el pliegue de la toga a nivel pectoral donde el romano podía portar cosas. El concepto de seno lleva a algo curvo con concavidad, algo con capacidad de alojar. En anatomía se refiere a dilataciones cavitarias, como los senos paranasales, los senos venosos intracraneales y otros cuantos.

Si bien la curvatura mamaria podría justificar el término senos en el sentido de sinuoso, lo más probable es que en este caso el seno se refiera al valle pre-esternal que separa las mamas. Por cierto, ese surco intermamario o canalillo es un espacio artefactual que solamente existe en virtud de las prendas de vestir que lo inducen, pues en ausencia de ropa las mamas se separan y marcan el surco submamario, inevitablemente.

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De pezones y telotismo

Otra confusión frecuentísima en el habla general ocurre entre pezón y areola. No es raro enterarse de que a alguna famosilla un escote traidor “le ha asomado parte del pezón”, pero en realidad lo que asomó fue el borde de la areola, esa piel diferenciada que rodea el pezón.

Pezón es estrictamente la estructura proyectada que contiene la salida de los conductos galactóforos y que sirve para la succión del niño. Tanto la areola como el pezón tienen células musculares que colaboran en la salida de la leche.

La palabra pezón deriva del latín pecciolus, a su vez diminutivo de pes, pie (voces relacionadas: pedículo, pedicelo, pedúnculo). En botánica se usa peciolo para referirse al tallo corto que une las frutas o las hojas a la rama. Esa forma de pequeño tallo o pie se aplicó, por similitud, al punto prominente de las mamas. Por su parte, areola o aréola es diminutivo de área, y visto así suena de lo más inespecífico; más preciso es hablar de areola mamaria.

La voz griega para pezón es θηλή (thelé) y está en el origen del término epitelio, introducido por el holandés Frederik Ruysch (1638-1731) para referirse al aspecto microscópico mamelonado de las capas celulares que recubren numerosos tejidos, como piel y mucosas. La etimología de epitelio es equívoca, pero ha permanecido como un fundamento de la histología. Véase este artículo de Francisco Cortés en el Diccionario Médico de la Universidad de Salamanca.

La raíz pezonil aparece en otros términos médicos, como politelia (presencia de pezones o mamas supernumerarios —más exactamente, polimastia—) y telotismo. Este último se define como la contracción de las células mioepiteliales de la areola y el pezón que inducen la erección del mismo, por efecto del estímulo táctil, erótico o del frío. En la entrada del otoño es frecuente apreciar por la calle telotismo en aquellas muchachas que aún no han adecuado su indumentaria al cambio de estación.

“Ceterum censeo Podemus esse delenda”

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poleas - retináculos

Jacques Tenon y su famosa cápsula

Tuve el gusto de dar una conferencia en el Curso “Estrabismo del adulto y el niño con baja visión” (21-22 de octubre de 2016), invitado por Ana Wert y Josep Visa, estrabólogos del IMO de Barcelona. Como siempre, me ceden los temas oscuros de los que los ponentes normales huyen; en esta ocasión mi presentación trató sobre el complejo cápsula de Tenon-poleas musculares, componente del sistema de suspensión del globo ocular dentro de la órbita y de gran importancia para la mecánica del movimiento de los ojos.

En términos simples, la cápsula de Tenon es un saco o funda donde va metido el ojo. A su vez este saco tiene fijaciones con los músculos oculares y las paredes orbitarias para mantener el ojo en su sitio y estabilizar las rotaciones del globo.

Tenon se debería pronunciar Tenón

La descripción de esta importante estructura fue hecha en la transición entre los siglos XVIII y XIX por el cirujano y anatomista francés Jacques René Tenon, del que este año se cumplió el bicentenario de su fallecimiento. Nació en Sépeaux (cerca de Auxerre) en 1724 y falleció en París en 1816, a la nada desdeñable edad de 92 años.

Jacques Tenon

Curioso, pero el único retrato disponible de Jacques Tenon parece ser este pequeño esbozo realizado por Jean-Noël Halle cuando el cirujano era un vejete de 90 años, renuente a abandonar su peluca dieciochesca.

Considerando su origen gabacho, lo correcto sería pronunciar su apellido con la tónica en la última sílaba –tenón–, aunque tanto en español como en inglés acostumbramos a cargar el acento en la primera. Ya hemos comentado esta pronunciación peculiar en otros epónimos franceses, como Descemet o Fresnel.

J.R. Tenon provenía de familia con tradición médica y estudió en París a la sombra del franco-danés Jacques Winslow (sí, el del hiato), quien fue el director de su tesis doctoral: De cataracta, theses ex anatomia et chirurgia (1757). A partir de ese año ocupó la cátedra de Patología del Colegio de Cirujanos y también fue miembro de la Académie des Sciences.

En 1803 comunicó sus estudios sobre la fascia bulbar que ahora lleva su nombre y el año de su muerte publicó Mémoires et observations sur l’anatomie, la pathologie et la chirurgie, dedicado en gran parte a las enfermedades oculares.

Otro campo de interés de Tenon fue la estructura y desarrollo de los dientes, aunque su investigación fue principalmente en equinos.

Libro de Tenon

Ilustraciones originales de la obra de Tenon “Mémoires et observations sur l’anatomie, la pathologie et la chirurgie”. Vía kuenzigbooks y gallica.bnf.fr.

El tercer campo donde destacó Tenon fue en salud pública y gestión hospitalaria. Organizó sistemas de vacunación antivariólica, trabajó en la inspección, reconstrucción y reforma del aparato hospitalario (Mémoires sur les hôpitaux de Paris) y fue presidente del Comité de Seguridad Pública en los inicios de la Revolución.

Fue diputado de la Asamblea en 1791, pero al año siguiente prefirió retirarse a las afueras de la capital, lejos de donde afilaban la guillotina. No volvió a París hasta el año antes de su muerte, debido a la invasión del ejército ruso al final de las guerras napoleónicas.

En París está el Hospital Tenon, abierto desde 1878 y bautizado en honor de don Jacques. Allí nació Édith Piaf.

¿Cómo es la cápsula de Tenon?

Como dijimos, la cápsula de Tenon es el forro del globo ocular. Lo cubre por completo excepto en la córnea y en la entrada del nervio óptico. Los seis músculos oculares perforan la cápsula para insertarse en el globo y dentro de este saco el ojo realiza sus movimientos rotatorios. Recuerda a una membrana serosa como la pleura o el pericardio, pero no lo es, pues sólo tiene una capa y no está recubierta de mesotelio. Por delante la cápsula está cubierta por la conjuntiva y por detrás del saco tenoniano está la grasa orbitaria.

capsula de Tenon

Se muestra la cápsula de Tenon en azul, abrigando al globo ocular, y sus expansiones en forma de vainas musculares, poleas y ligamentos orbitarios. Imagen original de Ilustración Médica.

La Tenon (por favor, escribirla con mayúscula inicial) también se llama fascia bulbi o aponeurosis órbito-ocular. Esta última denominación indica las conexiones de la cápsula con otras estructuras oculares, tal como describió su descubridor:

cirugía estrabismo

Vista quirúrgica del espacio tenoniano durante una cirugía de estrabismo. El gancho sujeta la inserción del músculo en la esclera. Se observa la Tenon justo debajo de la conjuntiva y las expansiones que emergan de la vaina muscular.

  • Las vainas de los músculos oculares se fijan en la Tenon y emiten expansiones en el espacio intratenoniano: los pliegues falciformes de Guérin y las membranas intermusculares.
  • También hay expansiones intermusculares entre las vainas por detrás del globo y que forman los septos del cono muscular, aunque no constituyen un compartimiento cerrado.
  • Del complejo Tenon-vainas salen ligamentos que se insertan en las paredes orbitarias. Los retináculos medial y lateral se insertan en el reborde orbitario junto con los tendones cantales y estabilizan horizontalmente el globo. Los ligamentos veticales son más complejos: el superior incluye el complejo oblicuo superior-recto superior-elevador del párpado-ligamento de Whitnall; el inferior involucra a la fascia capsulopalpebral (recto inferior-oblicuo inferior-retractores del párpado) y al ligamento de Lockwood. De la función de estos ligamentos hablaremos en el siguiente apartado.

La cápsula y el espacio de Tenon son sitios de abundante tráfico quirúrgico en Oftalmología. Son numerosos los procedimientos en los que se abre este espacio: en cirugías de glaucoma –“trabe” o implantes valvulares–, en extirpación de pterigion, conjuntivoplastias, reconstrucciones de superficie ocular, cerclajes para desprendimiento de retina, colocación de placas de braquiterapia, fenestración de vaina del nervio óptico, enucleaciones, evisceraciones y, por supuesto, en casi todas las operaciones de estrabismo. Por ello casi todas las subespecialidades oftalmólogicas se cruzan con Tenon en algún momento.

Maltratar la Tenon durante estas intervenciones puede acarrear serios problemas cicatrizales que limiten la motilidad ocular. Por ello el cirujano oftálmico debe conocer su anatomía y tratarla con sumo cariño, sin rasgarla y sin que se hernie grasa orbitaria.

Joseph Demer, el señor de las poleas

oftalmotropo

Oftalmotropo de Knapp expuesto en el interesantísimo Museo de Historia de la Medicina de Berlín.

La cinemática básica de los ojos ya se entendía muy bien a mediados del s.XIX y se diseñaron simuladores mecánicos basados en pesas y poleas, llamados oftalmotropos. Estos modelos explicaban lo grueso de la motilidad ocular, pero no tomaban en cuenta varios elementos: primero, la complejidad inervacional del aparato motor ocular; segundo, el componente viscoelástico de la grasa orbitaria donde los músculos se mueven y baila el globo; tercero, la presencia de poleas musculares que determinan los vectores de tracción muscular.

La importancia funcional de las poleas musculares ha sido establecida por las investigaciones del oftalmólogo Joseph Demer, del Jules Stein Institute de California. Desde mediados de los años 90 Demer ha publicado kilos de papers demostrando mediante radiología, histología y modelos de bioingeniería la presencia y función de las poleas musculares.

Aunque tendemos a creer que Demer descubrió las poleas, en realidad el sustrato anatómico ya era conocido a partir de Tenon, Schwalbe, Budge, Sappey o Müller y esto puede comprobarse consultando textos del ottocento, como el Traité élémentaire d’anatomie de l’homme de Charles Debierre (1890), donde se describe todo el aparato ligamentoso del ojo de modo muy cercano a como se entiende hoy, aunque sin usar el término ‘polea’.

Debierre

Ilustraciones del Tratado elemental de Anatomía de Debierre (1890) donde se representa la aponeurosis órbito-ocular: Tenon + vainas + ligamentos orbitarios. Esta es la base anatómica de las poleas.

Las poleas no son otra cosa que parte de esos ligamentos de la aponeurosis órbito-ocular que van de las vainas musculares a las paredes óseas orbitarias. El mérito de Demer ha sido conceptualizar estos ligamentos como piezas funcionales y darle relevancia en patología y cirugía del estrabismo.

¿Qué son las poleas musculares del ojo?

El mejor modo de entenderlo es recordar la tróclea del oblicuo superior, ese punto donde el músculo cambia de dirección para dirigirse al ojo y que determina el vector desde el que el músculo actúa sobre el mismo. Eso es una polea muscular. En el cuerpo hay otros ejemplos, como la inflexión del músculo digástrico sobre el hioides o las vainas tendinosas de los dedos que permiten su flexión y extensión.

Los cuatro músculos rectos del ojo tienen unas poleas menos evidentes. Son anillos fibrosos anclados a las vainas musculares a la altura del tercio posterior del globo, a cosa de 5mm por detrás de la entrada muscular en la Tenon. Estos anillos fijan un punto de inflexión en la trayectoria de los músculos y actúan como su inserción funcional (la inserción anatómica está en el vértice de la órbita).

Estos anillos están estabilizados por tractos de tejido colágeno, elástico y fibras musculares lisas que se expanden hacia la periferia y adelante hasta alcanzar las paredes orbitarias. Las poleas de los rectos horizontales forman parte de los retináculos medial y lateral, mientras las de los rectos verticales se integran, respectivamente, en el complejo recto superior-elevador-Whitnall y fascia capsulopalpebral-Lockwood.

Por delante de la polea el vientre muscular tiene mayor movilidad y acompaña al globo en sus rotaciones, mientras que por detrás de las poleas los vientres de los rectos están relativamente fijos dentro de la órbita.

Una puntualización repipi de las que me caracterizan: en realidad estas poleas no son poleas sino correderas. Una polea es una rueda que gira en un eje y permite el deslizamiento de una cuerda o correa, mientras que una corredera es un anillo o canal por donde se desliza otra pieza, pero que no tiene movimiento giratorio. Traducimos del inglés pulley, pero quizás deberíamos hablar de correderas musculares del ojo. Ya se usa el término en anatomía, por ejemplo, en la corredera bicipital del húmero, por donde se desliza el tendón de la porción larga del bíceps.

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Relevancia de las poleas/correderas oculares

Una localización anómala de las poleas distorsiona los vectores de tracción muscular, como ocurre en los síndromes alfabéticos (estrabismos en ‘A’ y en ‘V’, donde los ojos se acercan o separan según miran arriba o abajo) o en las craneosinostosis.

Se ha relacionado la laxitud de la polea del recto lateral en algunos casos de miopía magna con el deslizamiento de este músculo por debajo del globo, lo que da al recto lateral actividad depresora sobre el ojo.

En la cirugía del hilo o Fadenoperation se fija un músculo recto por detrás del ecuador del globo, más o menos a la altura de su polea, y ello limita la acción del músculo fijado. Clásicamente se atribuía su efecto a la alteración del arco de contacto del músculo, pero actualmente se considera que consiste más en dificultar el paso del tendón por la polea o distorsionar el vector de tracción a partir de la misma.

En casos de traumatismo orbitario o cirugías oculares, la rotura del aparato Tenon-poleas es frecuente causa de síndromes adherenciales que alteran la posición y movimiento del globo, y que son de los peores dolores de cabeza a la hora de intentar corregirlos.

“Ceterum censeo Podemus esse delenda”

BIBLIO RECOMENDADA

  • Roth, H.Mühlendyck, Ph.De Gottrau. La fonction de la capsule de Tenon revisitée. J Fr Ophtalmol. 2002;25:968. DOI: JFO-11-2002-25-9-0181-5512-101019-ART17.

  • Demer JL1. Mechanics of the orbita. Dev Ophthalmol. 2007;40:132. PMCID: PMC2268111.

  • Demer JL1. Evidence supporting extraocular muscle pulleys: refuting the platygean view of extraocular muscle mechanics. J Pediatr Ophthalmol Strabismus. 2006;43:296. PMCID: PMC1858665.

Conferencia de Anatomía orbitaria de Ilustración Médica (2014)

Este viernes 7 de noviembre de 2014 se celebró el Curso Internacional de Actualización en Patología Orbitaria, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, organizado por los doctores Estrella Fernández, Ania Leszczynska y Santiago Ortiz, del Servicio de Oftalmología del Hospital Clínico de Barcelona. Participó un buen puñado de especialistas nacionales en cirugía orbitaria y áreas relacionadas, y como invitados extranjeros se contó con los doctores Baldeschi (Bruselas), Saeed (Amsterdam) y Verity (Londres).

Fui invitado por la Dra. Fernández, sin duda más por amistad que por méritos, a participar como ponente haciendo un repaso de la anatomía orbitaria. Aproveché la ocasión para proyectar mis trabajos de ilustración anatómica, ya que todas las imágenes de la presentación eran originales (cosa poco frecuente en nuestro mundillo, la verdad).

Intenté orientar la charla como una iniciación a la cirugía orbitaria, haciendo énfasis en aquellas estructuras que debían cuidarse, los nervios y vasos susceptibles de daño durante la manipulación y los territorios seguros para maniobrar. Resulta que la órbita ocular es un sitio bastante incómodo para trabajar, pues es un espacio con un campo operatorio estrecho, cerrado por hueso en todos sus frentes menos por donde está precisamente el ojo, y está ocupado por la maraña de cables de conexión que requiere el globo ocular (arterias, venas, nervios, músculos, ligamentos), que para más inri están en su mayoría sepultados dentro de la abundante grasa que ocupa el espacio orbitario. Y para aumentar el riesgo, la órbita está justo bajo el cerebro y se comunica directamente con la cavidad craneal.

Lo cierto es que la anatomía orbitaria que uno ve durante la cirugía en nada se parece a los dibujos habituales (incluidos los míos) ni a las preparaciones anatómicas en cuerpos fijados en formol. Os muestro unas poquitas ilustraciones de las que hice para mi presentación, tuneadas, eso sí, porque en diapositivas no se puede poner esta cantidad de rótulos, y además algunas eran parte de animaciones por capas.

anatomía orbitaria, vista sagital

Vista lateral de la anatomía orbitaria, excluida la grasa que ocupa la órbita. Se muestran las principales estructuras intraconales. Imagen original de www.ilustracionmedica.es (todos los derechos reservados).

anatomía orbitaria, esquema de los territorios neurvasculares

Relaciones y territorios vasculares y nerviosos orbitarios, diferenciando las partes superior e inferior de la órbita. Imagen original de www.ilustracionmedica.es (todos los derechos reservados).

anatomía orbitaria, vértice de la órbita

Elementos neurovasculares que entran a la órbita a través de las aberturas de su vértice. Imagen original de www.ilustracionmedica.es (todos los derechos reservados).

anatomía orbitaria, vista oblicua

Vista oblicua de la anatomía orbitaria, excluida la grasa. Se muestra la relación del globo con el cono muscular. Imagen original de www.ilustracionmedica.es (todos los derechos reservados).

Una reflexión sobre las ciencias básicas en los congresos médicos

En Medicina solemos referirnos a ciencias básicas (bioquímica, histología, anatomía, fisiología, etc.) para segregarlas de las ciencias clínicas y quirúrgicas, de aplicación directa en el oficio diario. Superados los dos primeros años de carrera, la mayoría de los estudiantes de Medicina pasan página y sepultan las ciencias básicas en el último cajón de la memoria, atraídos por la actividad hospitalaria. Tal tendencia a relegar las básicas persiste ad æternum en la formación continuada. Las conferencias dedicadas a estos asuntos son escasas y con frecuencia un auténtico coñazo.

Mira tú por donde, son estos temas los que a mí más me apetece presentar cuando puedo escoger tema de conferencia. Me pongo calentorro hablando de vías neurológicas, asuntos de biología molecular y, ni se diga, de repasos anatómicos (no, si es que pa bichos raros…). Esta categoría de ‘temas aburridos’ son el mejor reto para hacer presentaciones atractivas.

¿Tienen cabida los repasos básicos en un “curso de actualización”? Habría que diferenciar los cursos de actualización de aquellos titulados “Avances en..” o “Novedades en…” (por cierto, eso de “ultimas novedades en…” es redundantísimo, ¿no?), pues en éstos sí se trata lo más reciente que lo está petando en la especialidad. En un curso de actualización sería un error olvidar la base, pues tanta actualización es para alguien no súper especializado asentar sus conocimientos sobre las fascias tenonianas o la IL-6 y su receptor soluble, como enterarse de la última técnica quirúrgica o el último anticuerpo monoclonal del mercado.

Es algo que veo con los residentes, cuando les haces preguntas del tipo ‘qué nervio inerva este músculo’ o ‘cómo es la histología de la conjuntiva’ o ‘cuál es el neurotransmisor de los fotorreceptores retinianos’. Se producen incómodos silencios. La base es la base, por eso se llama base.

“El struuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuut”
(leer con voz chanante)

Vuelvo a mi recurrente batalla contra los calcos lingüísticos injustificados. No faltaron en este curso los inefables randomizados y customizados, como no faltan en casi ningún evento médico, y cuyo uso insisto en denunciar (ver esta pasada entrada, que por cierto ruló bastante dentro del colectivo de traductores e intérpretes, mil gracias).

riostras

Ejemplo elemental de lo que es un puntal o riostra en arquitectura. Se trata de elementos de refuerzo para resistir peso o compresión de la estructura. Los puntales óseos anatómicos tienen una función similar.

Pero el anglicismo gratuito más popular en cirugía orbitaria es ‘strut’. Basta poner esta palabra en un traductor para saber que su equivalente español es puntal, pilar o riostra. Lo de riostra se usa en arquitectura para referirse a elementos de refuerzo de una estructura, y es en ese sentido en que también se emplea en anatomía para designar zonas más gruesas de un hueso que sirven de refuerzo.

En la órbita existe un relevante puntal o pilar de refuerzo en el hueso maxilar, en el ángulo medial del suelo orbitario, donde se articula el maxilar con el etmoides. Este pilar inferomedial ayuda a soportar el peso del contenido de la órbita sobre el espacio aéreo del seno maxilar. Cuando se hacen osteotomías de paredes medial e inferior, como en las descompresiones orbitarias, se recomienda mantener este pilar inferomedial indemne para evitar un desplazamiento excesivo hacia abajo del ojo y aparición de estrabismo postoperatorio (consultar este artículo de Goldberg).

Es este pilar inferomedial el que se ha venido a llamar coloquialmente “el strut” en el ambiente orbitario hispanohablante (hasta donde he podido comprobar), siguiendo la tendencia de calcos lingüísticos irreflexivos que asola la profesión. No es por ser Petete, pero tal uso es criticable por varios motivos:

Primero, ya comentamos la disponibilidad de varios términos en nuestro idioma para traducir ‘strut’: sea puntal, sea pilar, sea arbotante o sea riostra. Las dos primeras opciones son las más habituales en jerga anatómica. Por tanto se trata de un calco innecesario.

Segundo, el famoso strut de los oculoplásticos, el inferomedial, no es el único pilar de refuerzo en la órbita, pues existen otros dos en el vértice, ubicados en el esfenoides. Está el por todos conocido pilar óptico (optic strut), que es el arco de hueso más o menos vertical que cierra lateralmente el agujero óptico, separándolo de la hendidura orbitaria superior. Y también está el pilar maxilar (maxillary strut, término confuso pues no se relaciona con el hueso maxilar, sino con el nervio maxilar, V2) que es un puente óseo horizontal del ala mayor del esfenoides que separa la hendidura orbitaria superior del agujero redondo, por donde pasa el nervio maxilar. En este pilar maxilar se insertan fibras del músculo orbitario de Müller y duramadre del seno cavernoso. Es un elemento de referencia en abordajes endoscópicos de base de cráneo (ver aquí un artículo interesante).

pilares óseos orbitarios

Pilares óseos orbitarios. A: vista del ápex mostrando el pilar inferomedial (PIM), el pilar óptico (PO) y el pilar maxilar del esfenoides (PM). B: se observan las celdas etmoidales (CE) y el seno maxilar (SM) mediante transiluminación, entre ambos se observa una sombra ósea correspondiente al pilar inferomedial. C: detalle del pilar maxilar del esfenoides, que separa la hendidura orbitaria superior (HOS) del agujero redondo (AR) por donde pasa el nervio maxilar. Imagen original de www.ilustracionmedica.es (todos los derechos reservados).

Tercero, no sólo en la órbita hay pilares de refuerzo, sino que abundan en muchos otros huesos, incluso en partes cartilaginosas como la nariz. Así que hay struts para dar y tomar.

Y cuarto, la excusa de que “es como se usa en la literatura” es un argumento demasiado endeble. Es como se usa en la literatura anglosajona. Entonces podríamos decir lung o brain porque así es como aparece en la literatura médica internacional. En un texto o una presentación realizados en castellano lo correcto, sin duda, es hablar de ‘puntal’ o ‘pilar’, y si parece oportuno colocar su equivalente inglés entre paréntesis y en cursiva la primera vez que se nombra, para evitar confusión a despistados.

Invito, pues, a mis queridísimos colegas oculoplásticos, y a otras especialidades donde se roen huesos (neurocirugía, traumatología, ORL, maxilofacial, plástica, etc.) a evitar este calco malsonante e innecesario.

Y de nuevo gracias a la Dra. Fernández por permitirme participar en su sarao.

Epónimos: Heinrich Müller (el bueno, no el de la Gestapo)

Sirva esta entrada como homenaje al anatomista y fisiólogo Heinrich Müller (1820-1864) en los 150 años de su deceso. Este hombre de ciencia se dedicó a la anatomía comparada y estuvo especializado, casi exclusivamente, en el aparato visual. No hay mucho de donde rascar en su corta biografía; la búsqueda de información resulta interferida por los numerosos Heinrich Müller que han existido, de los cuales el más famoso es el nazi, oficial de las SS y jefe de la Gestapo. Recordemos, pues, al Müller bueno y sus contribuciones a la eponimia oftalmológica.

Heinrich Müller, retrato y fotos de células de Müller

Heinrich Müller y sus células retinianas. Imagen extraída del libro monográfico de A. Reichenbach.

Datos biográficos

Heinrich Müller nació el 17 de diciembre de 1820 en Castell, un pueblo del sur de Baviera. Allí pasó sus primeros 18 años, hasta que se matriculó en la vecina Universidad de Múnich. Durante los siete años siguientes hizo sus buenos erasmus en otras universidades: Heidelberg, Friburgo, Viena y Wurzburgo. Entre sus profesores destacan ni más ni menos que Carl von Rokitansky (el padre de la anatomía patológica, ahí es nada), Jakob Henle (el del asa, ilustrísimo histólogo) y Friedrich Arnold (el del nervio auricular).

En 1847 entró a trabajar en la Universidad de Wurzburgo y allí permaneció hasta su temprana muerte. En 1849 tuvo la intención de ocupar la jefatura de Anatomía Patológica, pero la Facultad optó por darle el puesto a un chaval arribado por motivos políticos desde Berlín: Rudolf Virchow (como para presentarse a un concurso a lado de éste). El puteado Müller se tuvo que dedicar a impartir Anatomía Topográfica y Anatomía Comparada.

A partir de 1851 se centró en estudiar el ojo. Probablemente ya se había interesado por la microanatomía ocular en sus tiempos con Henle, pero a partir de 1854 pasó temporadas en Berlín con von Gräfe y mantuvo contacto con Arlt y Bowman. Estudió ojos humanos y de otros mamíferos, anfibios, reptiles y aves. Realizó numerosas investigaciones sobre la organización de la retina, incluyendo la descripción de las ahora llamadas células de Müller y del pigmento retiniano (“Zur Histologie der Netzhaut”. Zeitschrift für Wissenschaftliche Zoologie, 1851, 3: 234-237). También describió el receso supraquiasmático del tercer ventrículo (trígono de Müller) y los tres músculos oculares que llevan su nombre y que trataremos en breve.

Sus trabajos oftalmológicos fueron recopilados y editados por Otto Becker en 1872, bajo el título de “Heinrich Müller’s Gesammelte und Hinterlassene Schriften zur Anatomie und Physiologie des Auges”, disponible en pdf para los curiosos en este link. El primer capítulo es una biografía de Müller.

En otros campos, estudió la regeneración de la cola de la lagartija, la osteogénesis y su relación con el raquitismo, y quizás su hallazgo más relevante, el descubrimiento de la actividad eléctrica del corazón. Müller y su colega, el suizo Rudolph Albert von Kölliker (1817-1905) publicaron en 1856 un trabajo describiendo cómo con cada latido del corazón de la rana ocurría una oscilación de corriente eléctrica (“Nachweis der negativen Schwankung des Muskelstroms am naturlich sich contrahirenden Muskel”. Verhandlungen der Physikalisch-medizinische Gesellschaft, Würzburg, 1856, 6: 528-533). Téngase en cuenta que a mediados del s.XIX la electricidad era una ciencia emergente, y la bioelectricidad era más curiosidad que ciencia.

En un miserable pitorreo del destino, Müller sufrió a sus 43 años un zóster oftálmico, que terminó en coma y fallecimiento el 10 de mayo de 1864.

ilustración de la retina, original de H. Müller

Ilustración de las capas de la retina de ave y algunos de sus tipos celulares, en el volumen recopilatorio de los trabajos oftalmológicos de Müller de 1872 (ver el libro)

La retina de Müller

Gran parte de su obra está dedicada a la organización de la retina de los vertebrados y en sus ilustraciones aparece con detalle la estructura por capas de la retina, la arquitectura foveal y la descripción de múltiples variedades celulares. La retina es una porción del cerebro que se asoma directamente al exterior y, como parte del sistema nervioso central, está formada por un buen número de tipos diferentes de neuronas y por células gliales.

La glía o neuroglía se refiere a las células del sistema nervioso que no son neuronas y, por tanto, no tienen capacidad de transmisión sináptica. El término fue acuñado por Virchow, el rival de Müller, a partir de γλία (pegamento), raíz griega emparentada con el latín gluten/glutinis y origen de palabras como ‘aglutinar’, ‘glutinoso’, ‘gluten’ o el inglés ‘glue’. Es decir, las células de la glía sujetan la estructura del tejido nervioso.

células de Müller de la retina, inmunofluorescencia

Tinción por inmunofluorescencia de la retina, mostrando las células de Müller en rojo. En la parte inferior destacan en verde los segmentos externos de los bastones. Foto original, como no, de Reichenbach, vía neurophilosophy.wordpress.com

Müller describió un tipo de célula retiniana no neuronal de aspecto llamativo: eran células en forma de columna, cuya altura ocupaba casi todo el espesor de la retina, desde la membrana limitante interna hasta la limitante externa. Estas células de Müller son la glía por excelencia de la retina.

Tienen múltiples funciones: sostén estructural de las demás células retinianas (vertebrando auténticas unidades junto con sus células “protegidas”), soporte metabólico a las neuronas, procesamiento de retinoides, eliminación de desechos, barrido de exceso de neurotransmisores, neuroprotección y, la función más curiosa que se les adjudica, actúan como “fibras ópticas” colimando los haces luminosos y transmitiéndolos hasta la capa de los fotorreceptores (ver un artículo).

La retina cuenta con otros dos tipos de glía: los astrocitos (ubicados en la capa de los axones de las células ganglionares) y la microglía (son macrófagos residentes en el sistema nervioso).

Para saber más, pero que mucho más, sobre estas células recomiendo consultar las numerosas publicaciones de Andreas Reichenbach, un obsesivo de las células de Müller, en especial su libro monográfico Müller Cells in the Healthy and Diseased Retina.

El otro gran descubrimiento retiniano de Müller fue el pigmento de los fotorreceptores. En 1851 apuntó que en la capa de bastones de la rana se percibía un color rojizo. No se supo más del tema hasta que Franz Christian Boller observó en 1876 que ese pigmento cambiaba de rojo a amarillo según su exposición a la luz. Ésta era la “púrpura visual”, la importante rodopsina.

El músculo ciliar de Müller

Apuntamos antes que este autor describió tres estructuras musculares en el territorio ocular: los músculos ciliar, tarsal y orbitario, todos formados por células musculares lisas con inervación autonómica.

ángulo iridocorneal, músculo ciliar de Müller

Área del ángulo iridocorneal del ojo. Se muestra la sección de las fibras circulares y radiales del músculo ciliar. Imagen original de www.ilustracionmedica.es.

El músculo ciliar está incluido dentro del cuerpo ciliar y es el responsable principal del mecanismo de acomodación para el enfoque de imágenes a diferentes distancias. Para enfocar de cerca el músculo ciliar se contrae y la zónula del cristalino (fibras que mantienen esta lente centrada en su posición) se relaja, esto aumenta la curvatura del cristalino y lo adapta a un punto focal próximo. La pérdida de poder acomodativo es la inevitable presbicia que a todos nos toca a partir de los 40.

El músculo ciliar tiene dos tipos de fibras, unas radiales que se insertan en el espolón escleral, y otras circunferenciales más próximas a la zónula del cristalino. Éstas últimas son las conocidas como músculo de Müller o de Müller-Rouget (por Charles Marie Rouget, 1824-1904).

El músculo tarsal de Müller

músculo taras de Müller

Disección de músculo tarsal superior de Müller. Extraído del artículo de Esperidião et al. Anat Sci Int (2010) 85:1–7

De los músculos de Müller éste es el de más relevancia en la práctica clínica, en especial en cirugía oculoplástica. De hecho, quienes nos dedicamos a ello simplemente hablamos “del Müller”, a secas.

Se trata de una lámina de fibras musculares lisas ubicadas por detrás del músculo elevador del párpado superior y que contribuye de forma tónica a un par de milímetros de la apertura palpebral. Su sobreactivación por el sistema simpático induce la retracción de los párpados típica de la cara de susto. Hay un músculo similar en el párpado inferior, pero mucho menos desarrollado. Müller describió tanto el superior como el inferior, aunque el epónimo se lo lleve el de arriba.

En casos de retracción constante del párpado superior, como en personas con hipertiroidismo, se puede practicar una müllerectomía, es decir, resecar este músculo para corregir el problema. Por el contrario, en algunos casos de ptosis (párpado descendido) se realiza una conjuntivomüllerectomía o técnica de Putterman, para elevar el párpado superior (ver artículo).

El músculo orbitario de Müller

Es el más desconocido de los tres, y de significado funcional más que dudoso. Se trata de un filete muscular que cierra la hendidura orbitaria inferior, separando la órbita de la fosa infratemporal. Guarda estrecha relación con los nervios infraorbitario y cigomático. Se considera un vestigio “arqueológico” en el humano, pero está muy desarrollado en otros mamíferos (perros y gatos, por ejemplo), donde este músculo cierra las paredes orbitarias inferior y lateral. En otros vertebrados se trata de un músculo estriado bien desarrollado.

músculo orbitario de Müller, nervio infraorbitario

Músculo orbitario de Müller, tapizando la hendidura esfenomaxilar que separa la órbita de la fosa pterigopalatina. Se observa su inserción en el extremo del seno cavernoso y la relación de este músculo con el nervio infraorbitario, que pasa por su cara inferior, y con el nervio cigomático que lo atraviesa.Imagen original de www.ilustracionmedica.es.

En cirugía orbitaria oftalmológica el músculo orbitario de Müller no tiene demasiada relevancia práctica, pero sí resulta una referencia muy útil cuando se aborda la base del cráneo por vía endoscópica a través del seno maxilar (ver artículo).

Éste es, pues, el legado de Heinrich Müller. Habitualmente los retinólogos y los oculoplásticos estamos en los extremos opuestos del espectro oftalmológico y con frecuencia vemos a los del otro bando como “gente peculiar”. La verdad es que muchos oftalmólogos no caemos en la cuenta de que las células retinianas y el socorrido músculo palpebral se relacionan con el mismo Müller.

En cuanto al nazi Heinrich Müller (1900-1945?), conocido coloquialmente como Gestapo Müller, sí que hay abundantísima información disponible en la red. Entró en las SS en 1934 y se encargó de la Gestapo desde 1939. Allí participó en la persecución de judíos y comunistas, de hecho se considera parte activa en la “solución final”. Su último acto de servicio documentado fue a finales de abril de 1945 y consistió en cepillarse, tras juicio sumario, al desertor cuñado de Eva Braun, H. Fegelein. Allí se perdió su pista y se supone que murió de forma violenta en mayo del 45. Sin embargo siguió y ha seguido siendo buscado por el Mossad y la CIA, para placer de los aficionados a las conspiraciones históricas, pues abundan las teorías sobre su paradero. La última de éstas data de 2013 y cuenta que el cuerpo de Gestapo Müller fue depositado provisionalmente en el cementerio judío de Berlín (el mismo que las SS habían destruido en 1943), pero allí se quedó hasta hoy.

Porfolio de Ilustración Médica: Miniatlas de cáncer de mama

Portada del Ministlas de cáncer de mama avanzado, que tuve el placer de ilustrar.

Portada del Miniatlas de cáncer de mama avanzado, que tuve el placer de ilustrar.

Hace poco recibí mi ejemplar impreso del miniatlas de cáncer de mama que he ilustrado. El libro está escrito por el Dr. Pedro Pérez Segura, oncólogo del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, y es un proyecto elaborado para Teva Pharma y editado por Línea de Comunicación. Se trata de un libro de bolsillo de 85 páginas, que empareja páginas de texto con infografías. Está dividido en cuatro secciones: Anatomía y fisiología de la mama, Bases biológicas y moleculares del cáncer, Cáncer de mama y su diagnóstico, y Tratamiento del cáncer de mama.

Estuve trabajando en las 30 ilustraciones del atlas durante noviembre y diciembre de 2013, amén de los numerosos reajustes durante los meses siguientes. La calidad de las imágenes impresas quedó excelente, cosa que siempre satisface al ilustrador. Os dejo un par de ejemplos de las ilustraciones hechas. Como ésta con la anatomía de la región pectoral:

Anatomía de la región pectoral. Vasos y nervios de la mama.

Irrigación, inervación y niveles linfáticos de la región mamaria. Miniatlas de Cáncer de Mama. Ver serie de ilustraciones en mi página de Behance.

O ésta sobre el mecanismo de angiogénesis.

Atlas de cáncer de mama. Ilustración de Manuel Romera, ilustracionmedica.es

Angiogénesis tumoral. Miniatlas de Cáncer de Mama. Ver serie de ilustraciones en mi página de Behance.

En mi portafolio de Behance colgué una selección del proyecto de este atlas, podéis pulsar este link para ver las ilustraciones. Behance es una red social para diseñadores gráficos e ilustradores comandada por la omnipotente Adobe.

Ya veis lo bien que quedan las ilustraciones científicas realizadas a medida para una publicación. Es un elemento de calidad indiscutible cuando se editan libros o se envían artículos a revistas. Para quedar como un buen profesional hay que contar con ilustraciones profesionales; así que menos garabatos hechos con PowerPoint o chapucillas hechas en casa o por un primo/cuñado/sobrino que trabaja en un centro de fotocopias. Se debe tener en cuenta el servicio de los ilustradores científicos, que para eso estamos. Hay una cita que me encanta, de Mary Hellen Briscoe, autora de libros sobre preparación de gráficos e imágenes, que indica la relevancia de tener un buen material gráfico en las publicaciones y presentaciones científicas:

Una buena ilustración puede ayudar a los científicos a ser oídos cuando hablen y leídos cuando escriban.”

Y es verdad.

Nota lingüística: igual a alguien le suena raro “porfolio”, como está en el título de esta entrada, o piense que es un anglicismo mal traducido. Tanto porfolio como portafolio aparecen en el diccionario de la Real Academia. Ambos derivan del francés portefeuille, “porta hojas”. Portafolio se usa más para indicar la carpeta o cartera donde se guardan los documentos, mientras porfolio indica un conjunto de imágenes o dibujos que forman parte de un volumen.

Jeroglíficos cardiovasculares

Bien me podría referir a la incomprensible caligrafía de la que los facultativos hacemos alarde en la documentación clínica y las recetas, tópico que por cierto está en progresiva extinción merced a las historias informatizadas. Pero no, se trata de auténticos jeroglíficos egipcios relacionados con el aparato cardiovascular.

La compleja escritura sagrada faraónica se basaba en signos inspirados en objetos de la realidad, algunos fácilmente reconocibles y otros tan estilizados que los egiptólogos aún no se ponen de acuerdo sobre su significado. Estos signos podían representar directamente el objeto delineado, bien un concepto asociado, bien un signo fonético o bien un determinante gramatical. Muy compleja la cosa y asombrosa, considerando que fue la primera escritura desarrollada.

Un grupo numeroso de jeroglíficos se inspiran en partes del cuerpo humano y de animales. Del ser humano se representaban básicamente estructuras externas: manos, brazos, piernas, cabeza, orejas, boca, dientes o el ojo en múltiples formas. De los animales también se podían simbolizar partes exteriores, como patas, pieles, cuernos, etc., pero también algunas estructuras internas como vértebras, costillas o alguna tripa inespecífica. Curiosamente no se prodigaron con los órganos internos como fuente de jeroglíficos, con la notoria excepción del corazón, que aparece en dos de ellos.

El corazón en la cultura egipcia

El corazón era considerado por los antiguos egipcios la sede del pensamiento y del alma. No había órgano más valioso. Se le adjudicaban capacidades que ahora asignamos al cerebro: raciocinio, inteligencia, valor, poder creador y pensamiento espiritual. El cerebro, en cambio, no recibía la menor consideración, de modo que durante los ritos de momificación era vilmente sacado a gancho por las narices y tirado a la basura.

Los pulmones, el hígado, el estómago y los intestinos eran extraídos y conservados aparte en sus respectivos vasos canopos. Solamente el corazón y los riñones eran dejados in situ. Se resguardaba el corazón del cadáver con amuletos protectores, en virtud del papel crucial que el órgano debería desempeñar durante el juicio del difunto en el más allá.

pesado del corazón, libro de los muertos

Ceremonia del pesado del corazón, ilustrada en el Papiro de Ani, Museo Británico.

En otro post comentamos cómo se desarrollaba el juicio de Osiris, momento cumbre en el paso a la vida eterna y en torno al cual giraba todo el ritual funerario. En pocas palabras, el juicio consistía en que los dioses colocaban el corazón del difunto en una balanza comparándolo con una pluma, símbolo de la verdad y la justicia (la Maat). El corazón debía ser tan liviano como la pluma para que el fallecido fuese aceptado en el mundo de Osiris. Si era más pesado lo devoraba un bestiajo infernal (Ammit) y el alma del muerto desaparecía. Así de importante era el corazón.

Nefer: bondad y belleza

cartucho de Neferkara

Cartucho real de Neferkara. El símbolo central, con forma de pala o instrumento de cuerda es el jeroglífico “nefer”. Representa el corazón colgando de la tráquea o de un cacho de aorta torácica.

El primer jeroglífico es el trilítero nfr hiero_F35_nefer ), habitualmente pronunciado nefer (sépase que en lengua egipcia no se anotaban las vocales, como en otras lenguas del tronco afroasiático, por ejemplo el árabe o el hebreo, así que se desconoce la pronunciación real del egipcio). El jeroglífico para nefer es ciertamente curioso: consta de una figura piriforme de la que sale un asta vertical larga, en cuya parte superior presenta uno o dos trazos horizontales en forma de cruz.

Aunque no todos los estudiosos se ponen de acuerdo, se asume que la figura piriforme representa el corazón, mientras que el trazo vertical correspondería a la aorta, según unos, o a la tráquea o el esófago, según otros. En cualquier caso, el jeroglífico nefer es una representación del mediastino, pero no de un humano sino de animal, quizás ovino. Se ha dicho también que el símbolo representa un instrumento musical de cuerda tipo laúd, cosa que si bien puede parecer en el símbolo escrito, no se sostiene cuando se examinan amuletos con forma de nefer en 3D.

Nefer significa bonito, bello, bueno o bondadoso; siempre se asocia a cualidades agradables y positivas. No se sabe cómo derivó la asociación de estos conceptos con un mediastino animal, pero considerando la importancia dada al corazón, no parece descabellado que éste se incluya en el jeroglífico que representa tan nobles términos.

La expresión nefer nos suena muy a Egipto Antiguo, pues forma parte del nombre de muchos personajes famosos, como Nefertiti (la reina de Ajenatón), Neferjeperura (el propio Ajenatón, d.XVIII), Neferneferuatón (corregente con Ajenatón, quizás Smenkare), Nefertari (la reina de Ramsés II, d.XIX), Neferkara (nombre de varios faraones, incluyendo el gran Pepy II, d.VI), Seneferu (o Snofru, faraón de la d.IV), Nefermaat (chaty del anterior), Neferhotep (nombre de tres faraones), Neferites (dos monarcas de d.XXIX), Sennefer (noble tebano famoso por su tumba), Hunefer (escriba famoso por su papiro) y así un montón.

algunos ejemplos de cartuchos reales donde aparece el jeroglífico "nefer".

Algunos ejemplos de cartuchos reales donde aparece el jeroglífico “nefer”.

moneda egipcia

Moneda de Nectanebo II (s.IV a.C), mostrando los jeroglíficos nefer (bueno) y nub (oro). En el tubo vertical de nefer se observan estriaciones, ¿anillos traqueales?, y cuatro salientes superiores, ¿cartílagos laríngeos?

Otro sitio donde aparece el nefer es en la moneda egipcia. Resulta curioso que la sociedad egipcia se desarrollara a lo largo de varios milenios sin necesidad de acuñar moneda. No se negociaba con dinero sino en especie, sobre todo con medidas de cereal.

No fue sino hasta la dinastía XXX, la última, cuando en tiempos de Nectanebo II (359-343 a.C.) se acuñó moneda autóctona egipcia. Esta moneda de oro no estaba destinada a los propios egipcios sino a la abundantísima colonia griega que se había ido asentando en Egipto. En el anverso de la moneda de Nectanebo II se aprecian dos jeroglíficos: uno es nefer y el otro es nub, correspondiente a “oro” y representado por un collar con cuentas. Es decir, la inscripción de la moneda, nubnefer, significa “buen oro” u “oro fino”.

Ib, el corazón en sentido real y figurado 

El jeroglífico que dibuja el corazón ( hiero_F34_ib ) estiliza su figura dándole una forma que recuerda una vasija con tapa y asas. La “tapa” podría remitirse a la emergencia de los grandes vasos, mientras las “asas” serían las orejuelas auriculares. Ello se aprecia mejor en los amuletos cordiformes que se colocaba a las momias en los aledaños cardiacos.

Amuletos funerarios en forma de corazón ("ib").

Amuletos funerarios en forma de corazón (“ib”). Se colocaban en el precordio o dentro de la cavidad torácica de la momia. Met Museum.

Dependiendo de los signos acompañantes, este jeroglífico se lee como ib o como haty. Se usaba haty para referirse al corazón como víscera física y cárnica. En cambio ib era el corazón en su elevado sentido figurado como sede del alma y el pensamiento. En tal sentido el jeroglífico cardíaco corresponde a la sílaba “ib” de algunos nombres faraónicos: Adyib, Ibiau, Nedyemibra, Sehetepibra, Peribsen o Sejemib (no es por nada, pero casi parecen nombres de anticuerpos monoclonales).

Ejemplos de cartuchos reales donde aparece el jeroglífico "ib" del corazón.

Ejemplos de cartuchos reales donde aparece el jeroglífico “ib” del corazón.

Al corazón se le dedican numerosos hechizos en los textos funerarios, con el fin de protegerlo y de suplicarle al mismo órgano que no hablara en contra de su dueño, que no delatara las debilidades del difunto para que pudiese pasar el examen de admisión a la vida eterna.

A veces me da la impresión de que retornamos a un sistema de escritura pseudo-jeroglífica a causa del uso reiterativo e intensivo de los emoticonos en las redes sociales. Se usan emoticonos tanto para señalar objetos, estados mentales, circunstancias metafóricas y como modulador de lo escrito en el mensaje de texto, vamos, más o menos los usos dados a los jeroglíficos.

Os cuento, incluso, que el socorrido emoticono del cagajón con ojos del Whatsapp tiene su ancestro en un jeroglífico: hiero_F52_caca, el codificado como F52 en la lista de Gardiner, correspondiente al fonema hs. Es un zurullo de caca (sin ojos) y se usaba para decir caca, precisamente.

jeroglífico para caca

Escena de ganadería en la decoración de la mastaba del sacerdote Fetekti, dinastía V. La flecha señala el jeroglífico zurullesco que designa excremento. (Modificado de Wikipedia)

Bibliografía recomendada:

  • Elisa Castel Ronda: Egipto, signos y símbolos de lo sagrado. Aldebarán, 1999.
  • Alan Henderson Gardiner: Gramática egipcia, una introducción al estudio de los jeroglíficos. Publicaciones Lepsius, 1995.
  • Mark Collier y Bill Manley: Introducción a los jeroglíficos egipcios. Alianza Editorial, 2007.