Sobre calcos médicos, again

Existen en Twitter numerosas cuentas sobre idioma y ortografía; recientemente me topé con las de @PatiOrtografico, @ElCorrectorDeTV y la tronchante @Cosmopaletation, ávidos rastreadores de meteduras de pata lingüísticas en las redes sociales, especialmente desde los medios de comunicación. Abruma ver la cantidad de erratas que los profesionales de la información cometen en su oficio y la de burradas que los usuarios comunes perpetran sin pudor. El twitter de Cosmopaleto está especializado en la denuncia de los calcos absurdos y anglicismos sin sentido que contaminan profundamente el idioma de uso diario. Con bastante mala baba, Cosmopaleto imita el estilo tan habitual en revistas como Cosmopolitan, plagadas de patadas al correcto castellano, y utiliza con ironía el término obsoleters para referirse a los que aún hablamos y escribimos a la antigua usanza.

En Medicina abundan los cosmopaletismos, préstamos y calcos innecesarios del inglés, usados irreflexivamente en detrimento de las palabras que ya tenemos en nuestro idioma para decir lo mismo. El origen obvio de esta mala praxis lingüística está en la constante lectura de textos especializados en inglés, cosa necesaria para que los médicos estemos al día en nuestro oficio. Los préstamos entre idiomas están justificados cuando no hay traducción posible o cuando el término extranjero define muchísimo mejor el concepto que cualquier combinación en la propia lengua. Por lo demás son una tontería.

Es un error la pretensión de justificar los anglicismos bajo el argumento de que «así es como aparece en la literatura especializada». Calcos absurdos hay en Medicina para aburrir; en este blog ya lo hemos discutido antes (1, 2, 3, 4) y hoy tocan unos cuantos ejemplos más.

Tidal

En quirófano no es raro escuchar a los anestesistas hablando de ajustar el «volumen tidal», cosa que instintivamente me hace levantar la cara del campo operatorio como si fuera un suricato. En inglés tide es ‘marea’ y tidal es ‘relativo a las mareas’. Este volumen «de marea» o tidal volume no es más que aquello que en nuestros bien traducidos libros de fisiología se denomina «volumen corriente», es decir, ese medio litro de aire que entra y sale de los pulmones con cada inspiración y espiración normal.

pantalla ventilador anestesia

Pantalla de un equipo de anestesia general. El parámetro Vt, aquí ajustado a 600 ml, indica el volumen corriente respiratorio. Vía www.ijaweb.org.

El ajuste del volumen corriente es importantísimo durante la anestesia general, pues el respirador se encarga de insuflar aire en los pulmones en un volumen y a una presión precisos para mantener la correcta oxigenación sanguínea.

Todos los estudiantes de medicina aprenden lo de volumen corriente cuando estudian fisiología respiratoria. Es el término apropiado e inequívoco en español, por ello no hay justificación posible para que anestesistas, neumólogos y espirometristas percudan su elocuencia con lo de tidal. Leñe.

anestesia_tidal

Para demostrar que el calco existe: pantalla de equipo de anestesia en uno de los quirófanos que frecuento, con la interfaz en castellano, se supone.

Tiltar

Bien sabéis, lectores avezados en la lengua inglesa, que tilt significa inclinación o inclinar, según se use como sustantivo o como verbo. Sinceramente, ¿hay alguna razón humana, divina, judicial o filosófica para inventarse el palabro tiltar, cuando existe ‘inclinar’ y toda su sinonimia?

He tenido oportunidad de oír tal aberración, no pocas veces, saliendo de las fauces de oftalmólogos: «La lente intraocular ha quedado tiltada». Y yo aprieto la mano en el bolsillo para que no salga expelida rumbo al bofetón.

El tilting aparece en la literatura médica en inglés sobre todo para referirse al desequilibrio de uno o más componentes que deben estar alineados, como en los elementos ópticos del ojo, estructuras osteoarticulares o dentales. En neurooftalmología se oye el término en el «tilted optic disc», disco oblicuo o inclinado, que describe la apariencia sesgada de la papila óptica en ojos de altos miopes debido al peculiar ángulo de inserción del nervio en el globo; también está la «ocular tilt reaction» o respuesta de inclinación ocular, mecanismo que conecta la información del oído interno con los músculos oculares para ajustar la posición de los globos ante movimientos de inclinación de la cabeza; este reflejo se asocia con una anomalía también harto conocida por su anglicismo: skew deviation o desviación oblicua.

No hay que ahondar demasiado en que decir tiltar o tiltado es una abominación criminal y un cosmopaletismo de primera categoría.

Flop, flop, floppy

floppy eyelid

Síndrome de laxitud palpebral. Es notoria la elasticidad del párpado, que se evierte fácilmente y muestra una conjuntiva alterada.

Aquí me acuso de haber pecado, pues en mi especialidad, cirugía oculoplástica, existe una entidad relativamente frecuente que en las publicaciones inglesas se llama «floppy eyelid syndrome». Y allí nos vemos los iniciados hablando del floppy y operando casos de floppy. Este «síndrome de laxitud palpebral» o de «párpado laxo» se distingue de la laxitud propia de los párpados seniles porque aparece en personas de menos edad, más en hombres, obesos, roncadores o con apnea obstructiva del sueño. Los afectados tienen párpados como de chicle, que se estiran extraordinariamente y ocasionan alteraciones en la superficie ocular. Una de estas alteraciones es la pérdida de células caliciformes de la conjuntiva.

En inglés las caliciformes se llaman goblet cells, literalmente «células copa». Alguna vez he presenciado con terror a un experto hablando de «células de Goblet», como si aquello fuera un epónimo. Así que ni floppy, ni goblet, ni leches.

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Córneas burbujeantes

Cuesta mucho que las nuevas técnicas adapten los nombres de las publicaciones en inglés a los idiomas locales. En el caso de los trasplantes corneales, actualmente existen diversas técnicas para trasplantar capas concretas de la córnea en vez de la clásica queratoplastia penetrante. Los nombres de estos procedimientos son largos y se conocen más por sus siglas inglesas: DALK, DMEK o DSAEK, por ejemplo. Hay que reconocer que estas siglas en castellano (QLAP, QEMD, QEDMD) resultarían poco reconocibles por los oftalmólogos.

Una maniobra común en estas intervenciones es inyectar aire en la cámara anterior o en el propio estroma corneal; de ahí vienen términos como big bubble, bubbling o rebubbling. Los especialistas de esto incluyen en su jerga cositas como “bublear” y “rebublear”. Ciertamente, la traducción literal sería ‘burbujear’, pero esa palabra tiene la connotación de hacer burbujas múltiples y continuas, diferente de la inyección de una única burbuja de aire. Quizás bastaría con decir inyección y reinyección de aire, en vez de blubblinbluses.

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Queratoplastia lamelar endotelial tipo DMEK. La inyección de aire ayuda a extender el injerto y, posteriormente, a adherirlo a la superficie posterior de la córnea.

Otra moderna intervención corneal es el cross-linking para el tratamiento de queratocono y otras formas de ectasia. Consiste en crear enlaces laterales entre residuos de lisina del colágeno mediante la aplicación de riboflavina y luz ultravioleta, lo que aumenta la rigidez y la resistencia del estroma corneal. Lo de cross-linking es fácilmente traducible como ‘entrecruzamiento’ o como ‘reticulación’, por lo que no habría necesidad del anglicismo y menos hablar de crosslinkear una córnea.

Vaya injuria

Un calco por demás infame es usar ‘injuria’ como traducción directa de injury, cuando se quiere decir ‘lesión’ o ‘daño’. Así se leen lindezas como «efecto de la injuria hipóxica». El término ‘injuria’ se usa en el sentido de agravio o ultraje, incluso de calumnia, si bien en la tercera acepción del DRAE indica que es «daño o incomodidad que causa algo», aunque eso dista del concepto de lesión orgánica propio de los procesos fisiopatológicos.

La importancia de los expertos

Las figuras de autoridad en los distintos campos científicos no solo tienen el deber de investigar y difundir los avances en sus áreas, sino que tienen la obligación de comunicarlos bien. Ello requiere un uso correcto del lenguaje.

Cuando una de estas figuras habla en un congreso nacional e introduce las últimas novedades del mundillo tiene la opción de ajustar los nuevos conceptos a nuestro idioma (aunque, por supuesto, haga referencia a los términos publicados en inglés) o bien hacer el cosmopaleto y entregarse a spanglishismos poco elegantes.

Recuerdo un caso espantoso en el que un señalado experto conferenciaba sobre la proliferación vitreorretiniana (PVR, en inglés VRP) y, aparte de mezclar diapositivas en español e inglés indiscriminadamente, pronunciaba PVR como «pi-vi-ar». ¿Eso qué cojones es?

Recomendación: Fernando A. Navarro (@navarrotradmed), traductor especializado en lenguaje médico y coordinador del blog Laboratorio del lenguaje en Diario Médico, es autor del Libro rojo: diccionario de dudas y dificultades de traducción del inglés médico, disponible bajo suscripción en la web de cosnautas.com. Es una utilísima fuente referencial para intérpretes y traductores de textos médicos y, también, para médicos que quieran aclarar sus incertidumbres lingüísticas.

“Ceterum censeo Podemus esse delenda”

Físicos haciendo Medicina: John Tyndall

retrato de John Tyndall

John Tyndall (1820-1893)

Me resulta inevitable, al observar el desarrollo de las Ciencias Médicas, tener la impresión de que casi todo se debe a la labor de químicos, físicos, bioquímicos, ingenieros o cualquier otra rama de las ciencias, menos a los propios médicos, quienes nos limitamos a ser el último eslabón para la aplicación pragmática de la tecnología.

El ejemplo de hoy es John Tyndall, físico irlandés conocido por el efecto Tyndall, quien realizó varias aportaciones a la Medicina, algunas de uso cotidiano en cualquier quirófano actual.

Tyndall nació en 1820 y se formó en la Universidad de Marburgo, en Alemania. Regresó al Reino Unido en 1853 para trabajar en la Royal Institution a las órdenes del mismísimo Michael Faraday, a quien sucedió al frente de dicho centro. Falleció en 1893. Tuvo variados y dispares campos de investigación, comenzando por el magnetismo y la termodinámica, y acabando por el alpinismo y la filosofía agnóstica.

En busca del aire puro

Destacó Tyndall en el estudio de la radiación térmica. Quería indagar sobre la capacidad de absorción de calor por parte de sustancias gaseosas, para lo que necesitaba que las muestras de aire y otros gases estudiados estuvieran perfectamente limpios de partículas en suspensión que pudieran sesgar los resultados. Observó que podía detectar impurezas flotantes proyectando un rayo de luz a través del espacio ocupado por el gas, pues el trayecto del rayo era visible en presencia de partículas suspendidas, mientras que en gases limpios el espacio era ópticamente vacío.

Ello se debe a que la luz se dispersa al chocar contra las impurezas suspendidas. Eso es, en fin, el archiconocido efecto Tyndall que nos enseñan en el colegio y que produce esos chorros de luz que se filtran a través de una habitación con polvo, o entre las copas de los árboles de un bosque.

efecto Tyndall

Glorioso efecto de los rayos de luz filtrándose entre el ramaje, dibujados por el efecto Tyndall.

Pero Tyndall fue más allá y demostró que este efecto también ocurría en los líquidos. El agua pura o con algún soluto disuelto en forma de solución verdadera no dispersa la luz proyectada a su través; en cambio, si hay partículas suspendidas en el líquido sí se dibuja el trayecto luminoso.

efecto Tyndall en soluciones y coloides

El tubo de la izquierda contiene un líquido ópticamente vacío, por lo que no se ve el trayecto luminoso. El tubo de la derecha contiene un líquido coloidal que dispersa la luz y dibuja la trayectoria del láser.

Es decir, el efecto Tyndall es inherente a los sistemas coloidales (sean aerosoles, emulsiones, geles, espumas, etc.). Es una cosa muy fácil de reproducir en casa, basta con tomar un vaso de agua y disolver un poco de fécula o de leche, o si no un vaso con caldo, y después pasar la luz de una linterna o mejor de un puntero láser para ver el efecto.

En Medicina hay una rama donde el efecto Tyndall ha pasado a ser un signo clínico que se apunta en las historias: la oftalmología. El humor acuoso que llena la cámara anterior del ojo es un líquido perfectamente transparente. Cuando se explora un ojo en la lámpara de hendidura, la luz proyectada se refleja en la córnea y después en el iris y el cristalino, pero el espacio entre la córnea y el iris es ópticamente vacío por estar lleno de límpido humor acuoso.

efecto Tyndall en la cámara anterior

Efecto Tyndall en la cámara anterior de un ojo con uveítis. Se observa el trayecto del haz de luz desde la córnea (área más brillante a la izquierda) hasta el iris, debido al aumento de proteínas del humor acuoso por la inflamación. (Vía keeler-symphony.com)

En caso inflamación del segmento anterior ocular (iridociclitis o ciertas queratitis), el aumento de la permeabilidad vascular hace que el humor acuoso se ensucie con proteínas plasmáticas, y estas proteínas en suspensión sí presentan efecto Tyndall demostrable con la lámpara de hendidura. La turbidez del acuoso suele llamarse flare. El proceso inflamatorio también suele acompañarse de migración de leucocitos, que quedan nadando en el humor acuoso y pueden verse como puntos flotantes en la cámara anterior. El efecto Tyndall sirve tanto como elemento diagnóstico, como para valorar la respuesta al tratamiento de las uveítis anteriores e infecciones corneales.

John Tyndall también creó un nefelómetro (de νεφέλη, nube) para medir la turbidez de los coloides. Hay nefelómetros oftalmológicos, aunque no tienen un uso habitual.

El efecto Tyndall y esos ojos verdes

Otra observación de este científico fue que al pasar luz blanca por un sistema coloidal, la luz dispersada corresponde principalmente a longitudes de onda corta (azul, violeta) y la longitud de onda larga (rojo) pasaba de largo a través del coloide. Por ello, si iluminamos una suspensión de fécula, por ejemplo, ésta tiene un color gris azulado por la dispersión de la luz azul.

efecto Tyndall sobre el color

Efecto Tyndall sobre el color: un fragmento de vidrio opalescente dispersa la luz de longitud de onda corta y por ello adquiere un color azulado, mientras la luz que atraviesa el vidrio corresponde a longitudes de onda larga y por ello se ve de color rojizo. (Vía Wikipedia)

Este efecto explica ni más ni menos que el color azul del cielo y los tonos rosas de la aurora y el ocaso. La masa atmosférica separa el color azul de la luz solar y de allí el tono celeste. Cuando vemos el sol en el horizonte sí que se aprecia el segmento rojo del espectro (ver aquí un diagrama).

Volviendo al ojo, este fenómeno derivado del efecto Tyndall también explica la variedad de colores de ojos. El iris sólo tiene un pigmento, la melanina, que es negra como el odio. Entonces, ¿cómo puede haber iris marrones, verdes, azules o grises, si no hay pigmentos de esos colores? Como sabe cualquier cirujano ocular, el iris es una mierdecilla de tejido muy fino y cuya cara anterior es laxa y esponjosa. La luz que choca con la cara anterior del iris es en parte absorbida por la melanina que contiene y en parte dispersada/reflejada por las fibras del iris. Mientras más melanina haya, más luz se absorberá y más oscuro será el color de los ojos; a menor densidad de melanina se hace más apreciable el efecto Tyndall sobre el color, y los tonos grises y azules de la luz dispersada resultan más evidentes. Ahí queda eso.

efecto Tyndall tras inyección de hialurónico

Parece un cardenal tras el pinchazo del filler en la arruga, pero ese color azulado se debe a la dispersión de la luz por el coloide de relleno según el efecto Tyndall. (Vía Medscape)

Aún hay otra implicación médica de este fenómeno. Una complicación del tratamiento cosmético con relleno para las arrugas (fillers) es la aparición de una mancha azulada con pinta de moratón en el sitio de la infiltración, pero que dura muchas semanas, a diferencia de un hematoma por punción. Esta mancha se debe al efecto óptico de la luz dispersada por el volumen del ácido hialurónico (un coloide) inyectado justo bajo la piel. Pasa más en zonas de piel muy fina, como los párpados, o por infiltración muy superficial o de mucho volumen. También el Tyndall da ese tono terrible a las ojeras, por la acumulación de fluido intersticial bajo la fina piel del párpado.

Del cambio climático al capnógrafo

¿Y qué pasó con el experimento de la radiación térmica sobre los gases donde Tyndall describió su efecto epónimo? Efectivamente descubrió que distintos gases tenían capacidad de absorción de calor radiante muy diferente. Concretamente observó que el CO2 tenía gran capacidad de captar calor.

Bien sabéis la implicación del CO2 en el efecto invernadero y el cambio climático. Tyndall fue uno de los pioneros en el estudio de tan peliagudo fenómeno.

Mira por donde, el comportamiento térmico del dióxido de carbono tiene una aplicación dentro del quirófano y la UCI: permite medir la cantidad de CO2 en la vía aérea de un paciente y detectar la indeseable hipercapnia. En los respiradores usados en anestesia hay un cacharro llamado capnógrafo que determina la concentración de CO2 a través de la fluctuación de la transmitancia de una luz infrarroja por efecto del aire que pasa a través del sistema, proveniente de los pulmones del paciente. Otro logro médico del trabajo de Tyndall.

Gérmenes y esterilización

Aún dio para más el experimento de la caja de gases de Tyndall. Tantas derivaciones de una misma observación revela cómo una mente genial es capaz de vislumbrar el alcance de un hecho individual cuando se mira desde otras perspectivas y ámbitos.

En 1864 Pasteur hizo aquella histórica demo con sus matraces con cuello de cisne llenos de caldo incorrupto, que significó un letal varapalo a la teoría de la generación espontánea que hasta entonces había predominado (aunque mi madre sigue creyendo firmemente que al azúcar le nacen las hormigas). Pasteur postuló que los microorganismos que crecían en el caldo de cultivo llegaban a éste a través de partículas aéreas en suspensión.

Tyndall, quien mantenía correspondencia con Pasteur, supuso que su cámara de aire limpio de partículas también mantendría libre de gérmenes muestras de caldo esterilizado. Y la cosa funcionó bastante bien, apoyando así la naciente teoría microbiana. Pero no siempre funcionaba el experimento y el sagaz Tyndall pensó que quizás se debía a las esporas bacterianas que resistían al calor.

caja estanca de Tyndall

La caja estanca de Tyndall, para eliminar partículas en suspensión. Sus paredes estaban barnizadas con glicerina, que atrapaba las motas de polvo. Los serpentines ‘a’ y ‘b’ permitían la entrada de aire, pero las partículas en suspensión se quedaban atrapadas. El pitorro largo del centro era una pipeta para rellenar de caldo esterilizado los tubos de la parte inferior. Las dos ventanas laterales permitían controlar la limpieza del aire mediante el efecto Tyndall. Ilustración de su trabajo original “The optical deportment of the atmosphere in relation to the phenomena of putrefaction and infection” de 1876.

Ideó entonces un modo de matar tanto a las bacterias como a sus esporas: la esterilización fraccionada, también llamada tindalización. Consiste en aplicar al menos tres ciclos de esterilización por calor, separados día por medio, de modo que las esporas que eclosionan tras el primer ciclo mueran en el segundo, y las supervivientes en el tercero. Actualmente hay maneras más efectivas de acabar con las esporas y la tindalización ya no es un procedimiento habitual pero, junto con la pasteurización, fue una herramienta importante para la seguridad alimentaria.

La caja estanca de Tyndall dio pie a otras técnicas de control del aire como la campana de flujo laminar o las habitaciones con presión positiva y filtros de aire, tan comunes en ámbitos hospitalarios y de laboratorio. Una curiosidad, en Marburgo el amigo Tyndall fue alumno del fisicoquímico Robert Bunsen, inventor del famoso mechero que acabó como menaje indispensable en los laboratorios de microbiología.

Así pues, a partir de una caja y un rayo de luz se llega al color del cielo, de los ojos y las ojeras, al efecto invernadero, al capnógrafo clínico, a los coloides, a las inflamaciones intraoculares y a la esterilización microbiológica.