La Relatividad, el Tiempo y las presentaciones

Justo ahora celebramos un siglo de aquel noviembre de 1915 cuando Albert Einstein hizo pública su teoría de la relatividad general en Berlín. Diez años antes había soltado su rompedora teoría de la relatividad especial, donde planteaba la dilatación o contracción del tiempo en relación con la velocidad de desplazamiento y la posición del observador. En la relatividad general añadió el efecto de la gravedad y la deformación del espacio-tiempo. En definitiva, el tiempo no es un flujo constante, sino que su paso es variable de acuerdo con las condiciones de observación.

Las teorías de Einstein son una de las cúspides intelectuales de la genialidad humana. Es una de esas cosas que pocos entienden pero todos mencionamos para hecernos los interesantes. A los de a pie nos suena irreal eso de que el tiempo pueda ir más rápido o más lento pues la experiencia cotidiana nos indica lo contrario: los relojes deben ir todos al mismo paso.

Y sin embargo, cuando se trata de cuantificar subjetivamente el tiempo somos bastante desastre. “Llego en cinco minutos”, “en un segundo estoy contigo”, “la reforma del baño estará en una semana”… ¡Mentiras! Porque no llega en 5 sino en 30 minutos, te deja esperando un buen rato mientras manda unos whatsapps y el puto paleta te tiene sin baño dos meses.

Esta incapacidad universal para ajustar las actividades a períodos de tiempo determinados es una de las peores y más frecuentes rémoras cuando se planifican presentaciones y se organizan congresos científicos.

No cabe más de lo que puede caber

Hay que considerar el tiempo como un recipiente. Si te asignan 15 minutos para hacer una conferencia es imposible incluir más material que el que cabe en ese tiempo. ¿Quieres meter un litro de agua en una taza? A ver quién es el genio que puede hacerlo; pues lo mismo con las presentaciones. Pretender incluir más de lo que cabe lleva a dos perniciosas circunstancias: hablar atropelladamente rápido y desbordar el tiempo inmisericordemente.

jarratiempo

En la duración asignada para una presentación sólo cabe un contenido limitado. El orador debe ajustar el contenido para no sobrepasar el tiempo previsto, o mejor aún, para ocupar un 80-85% del mismo.

Respete a los demás ponentes

Cuando participamos en un simposio no somos los únicos invitados, uno no es la única estrella o vedette que subirá al escenario. Por tanto, acaparar más tiempo del asignado es una gravísima falta de respeto a los demás oradores, a los organizadores y a los asistentes.

¿Piensas que lo tuyo es más importante que los temas de los demás? ¿Consideras que ya que dedicas docenas de horas a preparar tu charla tienes el derecho de perorar hasta que quieras? ¿Dices que ya que te hacen tomar un avión y cerrar tu consulta –perdiendo dinero– nadie puede cortarte tu conferencia? ¿Te sientes agraviado si te hacen señas para finalizar? Pues en todos estos casos el problema es exclusivamente tuyo, mal orador, no de los demás.

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El tiempo se suma por aritmética simple

Supongamos un evento con tres conferencias de igual tiempo asignado A, B y C, cuya duración total es de 30 minutos. El ponente A tenía 10 minutos pero habla durante 15, bueno no pasa nada, solo fueron 5 minutitos… ¡mentira! El ponente A se ha tomado 50% más del tiempo asignado, ¡abusador! Ya tenemos (A+5) + B + C = 30. El ponente B habla en 12 minutos (y porque le llamaron la atención para que cortara), con lo que alargó un 20% más del tiempo esperado. Ahora (A+5) + (B+2) + C = 30. Los dos primeros ponentes han consumido 7 minutos de los 10 que teóricamente tiene el ponente C. ¿Debe el ponente C reducirse a dar su charla en sólo 3 minutos? ¿Hablar sus 10 minutos programados alargando el programa? ¿O ya que hay despiporre hablar lo que le venga en gana, de perdidos al río?

Cada minuto que se prolongue una charla se paga más adelante. Los retrasos se van sumando. El resultado es que se quita tiempo a otras partes del evento o al sacrosanto café y que al final nunca los congresos acaban a su hora.

Calcule un 80% del tiempo asignado

Para evitar ser de los pelmazos que no respetan el tiempo se recomienda planificar la presentación para que ocupe no más del 80-85% del tiempo. Así, una conferencia de 30 minutos debería hacerse en 25, una de 15 minutos ajustarse a 12 y una de 10 en 8 minutos. Esos minutos extra son un colchón por si hay interrupciones, fallos técnicos o retraso de otros ponentes menos considerados.

El ensayo reiterado de la charla es otra herramienta imprescindible para controlar el tiempo de exposición.

Versión 2

Las excelentísimas doctoras Marta Calatayud y Estrella Fernández, poniendo cara de circunstancia mientras un ponente se columpiaba durante el pasado Simposio Oculosurf. Por cierto, un simposio bastante ajustado al tiempo, excepto un par de sobresaltos.

Recomendaciones para los organizadores de eventos

Parece mentira, pero salimos satisfechos de un simposio si éste apenas se ha alargado media hora de lo programado. Es raro que un evento vaya a su hora precisa y en cambio es común que la cosa se prolongue una hora o más, a pesar del público hastiado que va abandonando la sala.

Me permito aportar algunas observaciones para quienes se animen a organizar eventos científicos:

  • Evitar la proliferación de microcharlas: un error frecuente cuando se organiza un evento es querer abarcar todos los temas e invitar a todo el mundo, con lo que se obtiene un programa muy largo y plagado de minipresentaciones de 5 o 10 minutos. Mientras más ponentes haya y más cortas sean las conferencias es más factible que se descontrole el tiempo del evento. Planee un programa realizable, no un menú degustación de ElBulli.
  • El colchón del tiempo de discusión: un truco para amortiguar los desequilibrios temporales es contar con suficiente tiempo para preguntas y discusión al final de los bloques de conferencias. Los contenidos de la discusión son muy elásticos y pueden adaptarse a lo que quede de tiempo tras retrasos, incidencias y ponentes pelmazos sin sacrificar las siguientes partes del evento.
  • Advertir claramente a los ponentes: es imprescindible que el organizador especifique claramente y con antelación la duración de la conferencia asignada al ponente, así como recordarle que se será implacable con el control temporal. En serio.
  • No tener miedo de cortar: a los encargados de las mesas les suele resultar incomodísimo llamar la atención a un ponente que se desborda de tiempo. Se le deja seguir a ver si con suerte no se alarga mucho. Pues no, el ponente sabe de antemano cuánto tiempo tiene y si se prolonga es su culpa, así que no debe haber clemencia con el infractor. Ponerle un cronómetro visible para que siga su propio tiempo, darle preaviso cuando falte 5, 2 o un minuto, y finalmente conminarlo a que finalice su perorata. Encender las luces, apagar el micrófono o el proyector, abrir una trampilla en el suelo o usar un rayo desintegrador, lo que haga falta.
  • La figura del “regidor”: en el mundo de la televisión y el teatro existe la figura del regidor, encargado de dar entrada y salida a los personajes y bloques de contenido, controlar los tiempos, pausas, etc. El regidor basa su actuación en una escaleta, suerte de guion o cronograma donde se especifica el tiempo de inicio y finalización de cada segmento. En los simposios debería existir esta figura y ser el encargado de cuidar el preciso cumplimiento temporal y coordinar la secuencia fluida de conferencias. Sobre regidores y escaletas haré un post en el futuro.

No solo pasa en congresos

Podría ser que quienes peor calculemos el tiempo (aparte de los albañiles y contratistas de obra) seamos los médicos. Los retrasos y las demoras son hecho cotidiano en las consultas médicas y los quirófanos. La presión asistencial obliga a que se programen más pacientes de lo que la aritmética permite incluir en el horario. Si necesito 15 minutos por paciente (ya que para eso soy ultraespecialista y veo cosas complejas) y tengo 5 horas de consulta, ¿cuánto es el máximo de pacientes que caben? ¡Sí, 20 personas a lo sumo! Entonces ¿por qué acabo con un listado de 32 pacientes? Eso no les cabe en la cabezota a los encargados de programación. En el hospital donde hice el MIR los listados fácilmente pasaban de 60 y podía haber varias personas citadas a la misma hora. ¡Genios de la gestión sanitaria!

En los quirófanos de las clínicas se da un fenómeno similar, según el cual se subestiman los tiempos quirúrgicos y el cirujano programa más de lo que cabe, con lo que invade el horario del siguiente cirujano (que suelo ser yo, joder) haciendo que comience media hora o una hora más tarde y se le vaya a la porra todo el horario del día al pobre inocente.

Aunque el tiempo pueda dilatarse y contraerse según la teoría relativista eso no ocurre cuando estamos a una aceleración gravitatoria constante e igual para todos y unas velocidades muy pero que muy inferiores a la de la luz. Así que en un simposio, una conferencia, una consulta o un quirófano solo cabe lo que cabe, poner más es desbordar y joder al que viene detrás.

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Ortografía retiniana

«A ti, querido Vulgo, que de todo lo malo te enamoras, va dedicado este librito.»

Este es el íncipit del libro Cizaña del lenguaje del escritor granaíno Francisco José Orellana, obra de 1889 donde denuncia «disparates, extranjerismos, barbarismos y demás corruptelas, pedanterías, y desatinos en la lengua castellana». Se ve que la degradación del idioma no es una preocupación nueva.

El cáncer del maltrato al español por parte de los científicos que escriben en nuestra lengua parece incontenible. El elemento de mayor peso en esta corrupción quizá sea el abuso de anglicismos y calcos lingüísticos tanto ortográficos como gramaticales.

Amigos científicos, médicos y técnicos: si escribimos en castellano hay que cumplir las reglas oficiales de nuestro idioma, si escribimos en inglés se deben respetar sus normas, y así sea cual sea la lengua que empleemos. Los spanglishismos suelen revelar un nivel deplorable en el escritor científico.

Hoy tengo el gusto de cargar tintas contra los colegas especialistas en retinología. En virtud de mi espurio oficio de asesor comunicativo / diseñador gráfico, tengo oportunidad de revisar la redacción de artículos, tesis y presentaciones científicas en los que descubro frecuentes vicios idiomáticos. En el caso de los brothers retinólogos los errores más comunes incluyen precisamente la palabra central de su oficio: retina. He aquí los problemas que aparecen cuando se le añaden sufijos y prefijos.

Los usos del sufijo «–al» en buen castellano

«Retinal», «coroidal», palabros que en boca o pluma de colegas me cuartean las retinas y los tímpanos. Son evidentes calcos ortográficos del inglés, donde se emplea los adjetivos retinal y choroidal (p. ej. retinal detachment, choroidal vessels). ¿Es correcta la terminación –al en estos casos?

Veamos lo que dice la Real Academia en su diccionario:

-al.

(Del lat. -ālis).
1. suf. En adjetivos, indica generalmente relación o pertenencia. Ferrovial, cultural.
2. suf. En sustantivos, indica el lugar en que abunda el primitivo. Arrozal, peñascal.

El uso más frecuente es para indicar una ubicación, un lugar donde abunda el elemento indicado, como en terrenos (lodazal, arenal, robledal) o plantaciones (maizal, patatal, naranjal). También, de modo más figurado, a un sitio o circunstancia donde tercia algo en cantidad («hay que pagar un dineral»).

En cuanto a su uso en los adjetivos, como bien define el DRAE, es indicativo de pertenencia a una instancia, por ejemplo administrativa (estatal, municipal, catastral), un período de tiempo (semanal, quincenal, anual) o una miscelánea de actividades o circunstancias (nominal, ordinal, fenomenal, sexual, ganancial y muchísimas otras).

Recordemos también que –al es el sufijo usado en química para indicar grupos aldehído, incluido el derivado aldehídico de la vitamina A, el retinal. Este retinal es un sustantivo y puede confundir en búsquedas bibliográficas con el adjetivo homógrafo.

Aplicando los criterios de la RAE sería correcto retinal como adjetivo relacionado con la retina. Pero en castellano tenemos otros sufijos indicativos de pertenencia o relación, como –ano, –eo, -ario o –ico en palabra esdrújula (p. ej. sifilítico), que pueden ajustarse mejor a nuestro usos. Así, resulta mucho más natural y adecuado decir retiniano que no retinal: mejor «isquemia retiniana» que «isquemia retinal». Igual con la coroides, es preferible hablar de coroideo que no de coroidal: «metástasis coroideas», no «metástasis coroidales».

En general es preferible no usar el sufijo –al mientras haya otro disponible que resulte más natural. Por ejemplo es más adecuado decir vírico que viral, u orbitario que orbital, aunque todas estas acepciones estén reconocidas. Tiroideo y no tiroidal; esteroideo y no esteroidal. Sin embargo, siempre hablaremos de abdominal, cerebral, epitelial o, para seguir en el ojo, escleral o corneal (pues corneano suena a rayos y córneo se emplea en otro sentido en dermatología y anatomía patológica).

Errores lingüísticos retinológicos: usar sufijos en -al y omitir la doble erre intervocálica al añadir prefijos. ¡No cometa estos atropellos!

Errores lingüísticos retinológicos: usar sufijos en -al y omitir la doble erre intervocálica al añadir prefijos. ¡No cometa estos atropellos!

La erre intervocálica se escribe «rr»

Es un principio muy elemental, pero habrá que recordarlo. Una palabra que empiece por «r» debe escribirse con doble «r» cuando se le antepone un prefijo que acabe en vocal, así mantiene su fuerte sonido de «erre» y no se convierte en suave «ere». Por ejemplo: infrarrojo, prerrománico, prerrenal.

Esto no se hace en lengua inglesa, por lo que pueden escribir intraretinal, preretinal o chorioretinal tranquilamente. En cambio, en español es obligatorio escribir intrarretiniano, prerretiniano, epirretiniano, coriorretiniano o vitreorretiniano. Se excluyen, claro está, subretiniano o panretiniano por tener consonante antes de la «r». La otra opción es usar guion, vítreo-retiniano, en cuyo caso vítreo conserva su tilde.

No es raro ver a insignes eruditos de la retina caer en semejantes errores, impregnados como suelen estar por la literatura anglosajona en la que viven imbuidos. Luego va el senior y describe «múltiples hemorragias preretinales» y después logra dormir en paz. Precisamente lo básico de esta regla ortográfica hace que presenciar tales faltas sea como un pisotón escrotal (¿escrótico, escrotario, escrotiano?).

Sé que estas gambas no se meterán en el venidero simposio de barcelonaretinameeting.com, organizado por mis curruños J.Crespí, J. Díaz y J.I. Vela, del Hospital Sant Pau, pues son ponentes de primera línea y han seleccionado un egregio grupo de especialistas de indudable calidad. El evento será el 6 de noviembre de 2015, recordadlo, aunque si no estáis inscritos aún, me da que lo tendréis complicado por aforo al límite.

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Barcelona Retina Meeting, próximo simposio en el Hospital Sant Pau

logo barcelona retina meeting

Captura de la web del Barcelona Retina Meeting 2015. El diseño es original de Ilustración Médica y está inspirado en el estilo art nouveau del Recinto Modernista del Hospital Sant Pau. Los elementos de la “vidriera” son los principales tipos de células retinianas.

La sección de Retina del Hospital Sant Pau de Barcelona organiza un evento de actualización en patología retiniana, programado para el próximo 6 de noviembre de 2015. El Barcelona Retina Meeting 2015 se realizará en el Recinto Modernista del antiguo hospital, joya arquitectónica proyectada por Domènech i Montaner a principios del s.XX y cuya sola visita ya justifica acercarse al Hospital Sant Pau.

El simposio está organizado por una peñita cojonuda integrada por los doctores Jaume Crespí, Jesús Díaz Cascajosa y José Ignacio Vela, retinólogos de dicho centro, y por el jefe de Servicio Dr. José Buil.

La filosofía del evento se basa en enfatizar aspectos realmente prácticos para el oficio diario, las perlas que siempre va bien aprender, la traslación a la práctica diaria de los grandes ensayos multicéntricos. También se hará discusión interactiva de casos con los asistentes. El programa está dividido en cuatro bloques:

  • Retina médica: edema macular diabético, DMAE, oclusión de vena central, coroidopatía serosa central y distrofias relacionadas con el gen ABCA4.
  • Herramientas de diagnóstico: imagen de coroides, imagen de campo amplio, OCT intraoperatoria, y novedades en tumores intraoculares y tracción vitreorretiniana.
  • Cirugía retiniana: cirugía 27G, tinciones intraoperatorias y técnicas para cirugía de retinopatía diabética, foveosquisis, agujero macular y desprendimiento retiniano pediátrico.
  • Debates: en este segmento se enfrentan ponentes por pares para defender su punto de vista respecto al uso o no de cerclaje en el desprendimiento de retina, el pelado de la limitante interna o la indicación de vitrectomía en miodesopsias.

El evento finalizará con una conferencia sobre proliferación vitreorretiniana a cargo del Dr. Borja Corcóstegui. Hay ponentes invitados de Madrid, Zaragoza, Córdoba, Lérida y, por supuesto, de Barcelona. Los detalles sobre el contenido y los conferenciantes se pueden consultar en la web.

La matrícula es gratuita, gracias a la colaboración de las empresas patrocinantes, especialmente Angelini, Alcon y Bayer. Para inscribirse basta llenar un formulario elemental en la web del evento o bien hablarlo con los delegados de los sponsor. La matrícula lleva tiempo abierta y van escaseando las plazas, así que quien esté interesado vaya ahora mismo a apuntarse, que después será tarde.

Conjunto histórico del Hospital Sant Pau. (Foto del flickr de Pep Torres)

vidriera modernista

Vidrieras modernistas del Hospital Sant Pau. (Foto del flickr de Oriol Gascón)

Ilustración Médica colabora con el diseño gráfico y web del evento, al igual que con simposio Oculosurf antes reseñado en este blog, y con el Curso de Cirugía Oculoplástica del Hospital 12 de Octubre.

Para el logo del Barcelona Retina Meeting me basé en las vidrieras estilos art nouveau tan características de este precioso complejo modernista. Los elementos de este vitral retiniano son las células principales de la retina: fotorreceptores, células bipolares y ganglionares. A muchos colegas les ha resultado un diseño novedoso e interesante, cosa que agradezco oir.

Podéis estar al día sobre el meeting a través desus cuenteas de Twitter, Facebook y Linkedin. Y lo dicho, inscribiros de una vez, que siempre dejáis todo para última hora y después solo queda el gemir y el crujir de dientes.

Oculosurf 2015: Simposio conjunto de Superficie Ocular y Oculoplastia

El 2 de octubre de 2015 se realizará en Barcelona un simposio oftalmológico bastante novedoso pues, a diferencia de los habituales eventos segregados por subespecialidad, en esta ocasión se dedicará a la zona fronteriza entre la cirugía oculoplástica y la córnea/superficie ocular.

El simposio oculosurf.com está coordinado por dos extraordinarias especialistas: la Dra. Estrella Fernández, cirujana orbitaria del Hospital Clínic de Barcelona, y la Dra. Marta Calatayud, corneóloga del Hospital Vall d’Hebron.

La inscripción al simposio está patrocinada por el laboratorio Angelini, así que basta contactar con algún represente para matricularse. También se puede realizar la inscripción directamente a través del formulario en la web del evento. La reunión será en el Auditorio Axa, adyacente al conocido centro comercial L’Illa-Diagonal, en Barcelona.

La idea es abordar diversas patologías que afectan al complejo sistema de la superficie ocular, es decir, todo ese área del ojo expuesto al exterior y encargado de proteger la córnea para preservar la calidad visual y que involucra a párpados, conjuntiva, película lacrimal, glándulas de Meibomio y los mil factores tanto mecánicos como bioquímicos que allí participan.

Enfermedades en esta zona las hay para escoger: conjuntivitis cicatrizales (como penfigoide ocular, síndrome de Stevens-Johnson, tracoma, etc.), quemaduras y otros traumatismos, queratopatía por exposición y neurotrófica, tumores en sitios sensibles como fórnices y carúncula, o el importante mundo del meibum y las alteraciones de la secreción lacrimal. Será interesante comparar las distintas aproximaciones que hacen los especialistas tanto de segmento anterior como de oculoplastia para afrontar estos casos, especialmente en relación con la cirugía reconstructiva y la medicina regenerativa de la superficie.

El programa está en elaboración, pero otra buena idea de este simposio es que en la web se incluye un formulario de sugerencias para que los interesados propongan sus inquietudes y dudas, de modo que los ponentes orienten sus charlas más adecuadamente. Así que ya sabéis, se agradecen todos los comentarios al respecto para hacer un simposio de auténtica utilidad para los asistentes.

flyer simposio oculosurf

Volante de invitación al Simposio de Oculoplastia y Superficie Ocular de Barcelona, oculosurf.com (pulsar para ver a mayor tamaño).

Por mi parte, Ilustración Médica se encarga del diseño de imagen y de la web del evento. Opté por un estilo vintage, utilizando figuras de antiguos tratados oftalmológicos de siglo XIX o principios del XX, como los de Haab, Dalrymple, Terrien, Metz y Sichel, montando segmentos de sus ilustraciones en forma de collages. También participo en el diseño de imagen de otra reunión oftalmológica en Barcelona, el Barcelona Retina Meeting del Hospital Sant Pau, pero de eso ya hablaré otro día.

En fin, os animo a visitar la web oculosurf.com y seguir el evento en su Twitter o Facebook o Linkedin. Y sobre todo a matricularse, que las plazas son escasas. No me seáis muermos.

Los móviles y la relajación de los modales

El famoso director Daniel Barenboim fue noticia el pasado 17 de enero por dirigirse al público asistente a su concierto en el Auditorio Nacional de Madrid y reprenderlo por usar sus móviles para sacar fotos con flash dentro de la sala, cosa que obviamente molesta y desconcentra a los músicos y a los demás oyentes (aquí la reseña en El País). Cuando la Civilización Occidental parecía haber superado la necesidad de los carteles de “No escupa en el suelo” han aparecido los móviles como sustituto para los malos modales.

¿Cuántas veces hemos sido testigos de móviles molestos en auditorios, teatros y salas de cine? Parece mentira que antes de las funciones se tenga que recordar a la peña que no dé por saco y desconecten sus aparatos, no tiren fotos y se callen la boca, y que la advertencia deba recordarse al volver de los intermedios –en contraste, me quedé helado en la Deutsche Oper de Berlín, cuando al llegar la hora de inicio la gente guardó silencio automáticamente, se oscureció la sala y comenzó la función, sin megafonía avisando de móviles ni nada–. Pero, en fin, el gen de escupir en el suelo lo tenemos arraigado por estos lares.

La maldición de los catetos con smartphone también cunde en el ambiente de los eventos científicos. Mi generación vivió la expansión universal de la telefonía móvil celular durante la década de 1990. En aquella época, si sonaba un teléfono celular en una reunión o en un aula era motivo para pedir disculpas avergonzado por haber dado la nota. Quién diría…

Razones por las que los móviles son como un forúnculo perianal en los eventos científicos

alumnos con móviles

Así apetece dar una conferencia, con el público pasando del orador. Vía www.pcccourier.com

Vale, confieso que yo también echo mano a veces del móvil cuando asisto a conferencias. Todos lo hacemos, es más, se constituye casi en un derecho para evadirse de una presentación aburrida y apestosa.

Otro tema muy diferente es carecer de la mínima urbanidad para poner el aparato en silencio. Los politonos con canciones de moda, los sonidos estridentes, las chicharras de aviso de mensaje entrante… todo ello es un incordio para los asistentes que intentan prestar atención y para la concentración del orador. Un grado más allá están los que dejan sonar el cacharro como si no fuera de ellos o tardan interminable rato en encontrarlo en el fondo del bolso. Un plus para quienes atienden la llamada sin salir del recinto: oiga usted, aunque intente hablar metiendo la cabeza hacia el pecho y poniendo la mano delante de la boca, ¡eso no insonoriza! Molestará usted a sus prójimos.

El non plus ultra es cuando a quien le suena el móvil es al propio conferenciante. Tener que detener la charla para apagar su teléfono está entre lo más patético que le puede pasar a un orador. Así que tenga la precaución de ponerlo en silencio, modo avión o apagado antes de subir al escenario.

La otra gran vertiente molesta de los smartphones se relaciona con sus cámaras fotográficas, como bien incidía Barenboim en su reprimenda. Lo de sacar fotos a las diapositivas proyectadas es una actitud incívica por dos motivos: primero, vulnera los derechos de autor de quien da la conferencia, así que sacar foto tras foto de cada diapo o filmar la presentación sin el beneplácito del autor es un atropello –hombre, se acepta sacar alguna foto aislada de una transparencia muy interesante–; segundo, la tontería de usar el flash de la cámara no tiene nombre, es sumamente molesto soportar constantes flashes a lo largo de una sesión de charlas. Los flashes pueden distraer al ponente y son un tormento para los oyentes decentes que quieren disfrutar de la presentación.

fotos con flash

Venciendo mi aversión a los gif animados, en este irritante gif se experimenta lo que logran los desconsiderados que sacan fotos durante las presentaciones en los congresos científicos. ¡No haga esto, por favor!

El uso de smartphones y tabletas para meterse en las redes sociales debe hacerse con discreción y mesura. A un orador que ha pasado días y días preparando una conferencia no puede menos que desalentarle ver a parte del público con el móvil pegado a los ojos y despreciando su trabajo. Así que wasapee y tuitee poco y con disimulo mientras esté de oyente.

Algunas normas de cortesía en el uso de teléfonos móviles

Parece que ya nadie se molesta en enseñar buenas maneras, ni en el hogar ni la escuela. Cierto que muchas normas de urbanidad clásica han quedado arcaicas, cursis o pueden ser interpretadas como machistas (antes se decía “caballerosidad”). Sin embargo el grueso de las reglas de buenos modales se basa en conductas lógicas de civismo y convivencia.

El uso y abuso de los teléfonos móviles desata en muchos individuos comportamientos absolutamente desconsiderados hacia las personas de carne y hueso que están presentes. Por ejemplo, ¿debe alguien detener lo que esté haciendo instantáneamente cada vez que recibe una notificación en su móvil? ¿Es correcto que te dejen con la palabra en la boca o que te mantengan esperando mientras chatean?

Lo del móvil en las consultas médicas es digno de anuria (o sea, mear y no echar gota). Situación 1: suena el móvil del paciente en plena visita, por lo regular con un politono escandaloso y a todo volumen porque el paciente sordea, pero el paciente aún oyéndolo no lo apaga, al minuto lo vuelven a llamar y así toda la visita. Situación 2: suena el móvil del paciente y éste corta la visita y atiende la llamada, así tengas tu enguantado dedo reconociendo alguna de sus cavidades, y mantiene una conversación completa incluyendo si la Mary ya puso a calentar las lentejas. Situación 3: el paciente está hablando justo cuando lo instas a entrar al consultorio y en vez de cortar la llamada hace como que entra pero se queda en la puerta continuando su charla, a pesar de ver la sala de espera a reventar de usuarios. Situación 4: entra un niño o mozalbete de acompañante y se entretiene jugando con su móvil o miniconsola, eso sí, manteniendo todos los sonidos y musiquilla que incluya el juego. ¿Qué debe hacer uno? ¿Se puede hacer una consulta mientras se interrumpe con ruidos y llamadas? ¿Es un irrespeto hacia el profesional o seré yo muy sensible? ¡Ojalá tuviera uno tiempo para perder en una jornada de consultas!

Por alguna razón la gente tiende a hablar por el móvil con un tono de voz mucho más alto del necesario, como si la lejanía del interlocutor requiriese gritar para ser escuchado. Así que ese desconocido que habla en voz altísima a tu lado en un trasporte público, sala de espera o cualquier recinto cerrado, es un incordio, un desespero, en especial si la llamada es interminable y superflua; en serio, ¡a nadie le interesa escuchar tu conversación, no obligues a tener que hacerlo!

Llega a ocurrir que las 3 o 4 personas que te rodean en el bus mantengan cada una su propia conversación simultáneamente para tormento de quien quiere viajar en paz. ¡Bien por los vagones sin ruido del AVE!

O el cateto que sigue hablando cuando sube al ascensor, así vaya petado de gente, y te va gritando en tu oreja, más aún cuando pierde la señal y comienza con “me oyes, me oyes, me oyes”, porque el cateto desconoce lo que es una jaula de Faraday y que no podrá comunicar hasta que salga del ascensor.

A más de uno nos apetecería seguir el protocolo de Stewie Griffin con los maleducados de móvil + ascensor.

O usar constantemente el móvil mientras se está sentado a la mesa con otros comensales, aún más hiriente si solo son dos los comensales. Es un gesto feo colocar el móvil en la mesa durante la comida (solo superado por el guarro gesto de plantar la cajetilla de tabaco y el mechero). Si en realidad esperamos una comunicación importante debe tenerse el detalle de pedir permiso a los compañeros de mesa para tener el teléfono a mano y atender la llamada. Aunque en la sobremesa todos acaben con sus teléfonos intercambiando fotos chorras.

De igual manera, no debería cortarse a un interlocutor de presencia física para atender al móvil, a menos que sea realmente trascendental y siempre ofreciendo disculpas por la interrupción. El mundo virtual no tendría que interferir con el desarrollo de la vida real.

Sobre todo no grite, retírese a donde no incordie y no obligue a nadie a soportar sus conversaciones personales. Y por favor tampoco escupa en el suelo. Son reglas sencillas y sensatas que no tendrían que señalarse constantemente.

Aunque al final todos cedemos al encanto de estos cacharros.

Uno de los principales textos clásicos sobre buenos modales es el “Manual de Urbanidad y buenas maneras” de Manuel Carreño, más conocido como “el manual de Carreño”, escrito a mediados del s.XIX por este diplomático venezolano (quién lo diría al escuchar las burdas arengas del oligofrénico Nicolás Maduro). A pesar de seguir siendo una referencia en normas de etiqueta, el manual de Carreño está obsoleto en muchos aspectos. Hay textos modernos bien adaptados, como el libro “Saber ser, saber estar” de Montse Solé, muy recomendable aún con su repipi título.

Conferencia de Anatomía orbitaria de Ilustración Médica (2014)

Este viernes 7 de noviembre de 2014 se celebró el Curso Internacional de Actualización en Patología Orbitaria, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona, organizado por los doctores Estrella Fernández, Ania Leszczynska y Santiago Ortiz, del Servicio de Oftalmología del Hospital Clínico de Barcelona. Participó un buen puñado de especialistas nacionales en cirugía orbitaria y áreas relacionadas, y como invitados extranjeros se contó con los doctores Baldeschi (Bruselas), Saeed (Amsterdam) y Verity (Londres).

Fui invitado por la Dra. Fernández, sin duda más por amistad que por méritos, a participar como ponente haciendo un repaso de la anatomía orbitaria. Aproveché la ocasión para proyectar mis trabajos de ilustración anatómica, ya que todas las imágenes de la presentación eran originales (cosa poco frecuente en nuestro mundillo, la verdad).

Intenté orientar la charla como una iniciación a la cirugía orbitaria, haciendo énfasis en aquellas estructuras que debían cuidarse, los nervios y vasos susceptibles de daño durante la manipulación y los territorios seguros para maniobrar. Resulta que la órbita ocular es un sitio bastante incómodo para trabajar, pues es un espacio con un campo operatorio estrecho, cerrado por hueso en todos sus frentes menos por donde está precisamente el ojo, y está ocupado por la maraña de cables de conexión que requiere el globo ocular (arterias, venas, nervios, músculos, ligamentos), que para más inri están en su mayoría sepultados dentro de la abundante grasa que ocupa el espacio orbitario. Y para aumentar el riesgo, la órbita está justo bajo el cerebro y se comunica directamente con la cavidad craneal.

Lo cierto es que la anatomía orbitaria que uno ve durante la cirugía en nada se parece a los dibujos habituales (incluidos los míos) ni a las preparaciones anatómicas en cuerpos fijados en formol. Os muestro unas poquitas ilustraciones de las que hice para mi presentación, tuneadas, eso sí, porque en diapositivas no se puede poner esta cantidad de rótulos, y además algunas eran parte de animaciones por capas.

anatomía orbitaria, vista sagital

Vista lateral de la anatomía orbitaria, excluida la grasa que ocupa la órbita. Se muestran las principales estructuras intraconales. Imagen original de www.ilustracionmedica.es (todos los derechos reservados).

anatomía orbitaria, esquema de los territorios neurvasculares

Relaciones y territorios vasculares y nerviosos orbitarios, diferenciando las partes superior e inferior de la órbita. Imagen original de www.ilustracionmedica.es (todos los derechos reservados).

anatomía orbitaria, vértice de la órbita

Elementos neurovasculares que entran a la órbita a través de las aberturas de su vértice. Imagen original de www.ilustracionmedica.es (todos los derechos reservados).

anatomía orbitaria, vista oblicua

Vista oblicua de la anatomía orbitaria, excluida la grasa. Se muestra la relación del globo con el cono muscular. Imagen original de www.ilustracionmedica.es (todos los derechos reservados).

Una reflexión sobre las ciencias básicas en los congresos médicos

En Medicina solemos referirnos a ciencias básicas (bioquímica, histología, anatomía, fisiología, etc.) para segregarlas de las ciencias clínicas y quirúrgicas, de aplicación directa en el oficio diario. Superados los dos primeros años de carrera, la mayoría de los estudiantes de Medicina pasan página y sepultan las ciencias básicas en el último cajón de la memoria, atraídos por la actividad hospitalaria. Tal tendencia a relegar las básicas persiste ad æternum en la formación continuada. Las conferencias dedicadas a estos asuntos son escasas y con frecuencia un auténtico coñazo.

Mira tú por donde, son estos temas los que a mí más me apetece presentar cuando puedo escoger tema de conferencia. Me pongo calentorro hablando de vías neurológicas, asuntos de biología molecular y, ni se diga, de repasos anatómicos (no, si es que pa bichos raros…). Esta categoría de ‘temas aburridos’ son el mejor reto para hacer presentaciones atractivas.

¿Tienen cabida los repasos básicos en un “curso de actualización”? Habría que diferenciar los cursos de actualización de aquellos titulados “Avances en..” o “Novedades en…” (por cierto, eso de “ultimas novedades en…” es redundantísimo, ¿no?), pues en éstos sí se trata lo más reciente que lo está petando en la especialidad. En un curso de actualización sería un error olvidar la base, pues tanta actualización es para alguien no súper especializado asentar sus conocimientos sobre las fascias tenonianas o la IL-6 y su receptor soluble, como enterarse de la última técnica quirúrgica o el último anticuerpo monoclonal del mercado.

Es algo que veo con los residentes, cuando les haces preguntas del tipo ‘qué nervio inerva este músculo’ o ‘cómo es la histología de la conjuntiva’ o ‘cuál es el neurotransmisor de los fotorreceptores retinianos’. Se producen incómodos silencios. La base es la base, por eso se llama base.

“El struuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuut”
(leer con voz chanante)

Vuelvo a mi recurrente batalla contra los calcos lingüísticos injustificados. No faltaron en este curso los inefables randomizados y customizados, como no faltan en casi ningún evento médico, y cuyo uso insisto en denunciar (ver esta pasada entrada, que por cierto ruló bastante dentro del colectivo de traductores e intérpretes, mil gracias).

riostras

Ejemplo elemental de lo que es un puntal o riostra en arquitectura. Se trata de elementos de refuerzo para resistir peso o compresión de la estructura. Los puntales óseos anatómicos tienen una función similar.

Pero el anglicismo gratuito más popular en cirugía orbitaria es ‘strut’. Basta poner esta palabra en un traductor para saber que su equivalente español es puntal, pilar o riostra. Lo de riostra se usa en arquitectura para referirse a elementos de refuerzo de una estructura, y es en ese sentido en que también se emplea en anatomía para designar zonas más gruesas de un hueso que sirven de refuerzo.

En la órbita existe un relevante puntal o pilar de refuerzo en el hueso maxilar, en el ángulo medial del suelo orbitario, donde se articula el maxilar con el etmoides. Este pilar inferomedial ayuda a soportar el peso del contenido de la órbita sobre el espacio aéreo del seno maxilar. Cuando se hacen osteotomías de paredes medial e inferior, como en las descompresiones orbitarias, se recomienda mantener este pilar inferomedial indemne para evitar un desplazamiento excesivo hacia abajo del ojo y aparición de estrabismo postoperatorio (consultar este artículo de Goldberg).

Es este pilar inferomedial el que se ha venido a llamar coloquialmente “el strut” en el ambiente orbitario hispanohablante (hasta donde he podido comprobar), siguiendo la tendencia de calcos lingüísticos irreflexivos que asola la profesión. No es por ser Petete, pero tal uso es criticable por varios motivos:

Primero, ya comentamos la disponibilidad de varios términos en nuestro idioma para traducir ‘strut’: sea puntal, sea pilar, sea arbotante o sea riostra. Las dos primeras opciones son las más habituales en jerga anatómica. Por tanto se trata de un calco innecesario.

Segundo, el famoso strut de los oculoplásticos, el inferomedial, no es el único pilar de refuerzo en la órbita, pues existen otros dos en el vértice, ubicados en el esfenoides. Está el por todos conocido pilar óptico (optic strut), que es el arco de hueso más o menos vertical que cierra lateralmente el agujero óptico, separándolo de la hendidura orbitaria superior. Y también está el pilar maxilar (maxillary strut, término confuso pues no se relaciona con el hueso maxilar, sino con el nervio maxilar, V2) que es un puente óseo horizontal del ala mayor del esfenoides que separa la hendidura orbitaria superior del agujero redondo, por donde pasa el nervio maxilar. En este pilar maxilar se insertan fibras del músculo orbitario de Müller y duramadre del seno cavernoso. Es un elemento de referencia en abordajes endoscópicos de base de cráneo (ver aquí un artículo interesante).

pilares óseos orbitarios

Pilares óseos orbitarios. A: vista del ápex mostrando el pilar inferomedial (PIM), el pilar óptico (PO) y el pilar maxilar del esfenoides (PM). B: se observan las celdas etmoidales (CE) y el seno maxilar (SM) mediante transiluminación, entre ambos se observa una sombra ósea correspondiente al pilar inferomedial. C: detalle del pilar maxilar del esfenoides, que separa la hendidura orbitaria superior (HOS) del agujero redondo (AR) por donde pasa el nervio maxilar. Imagen original de www.ilustracionmedica.es (todos los derechos reservados).

Tercero, no sólo en la órbita hay pilares de refuerzo, sino que abundan en muchos otros huesos, incluso en partes cartilaginosas como la nariz. Así que hay struts para dar y tomar.

Y cuarto, la excusa de que “es como se usa en la literatura” es un argumento demasiado endeble. Es como se usa en la literatura anglosajona. Entonces podríamos decir lung o brain porque así es como aparece en la literatura médica internacional. En un texto o una presentación realizados en castellano lo correcto, sin duda, es hablar de ‘puntal’ o ‘pilar’, y si parece oportuno colocar su equivalente inglés entre paréntesis y en cursiva la primera vez que se nombra, para evitar confusión a despistados.

Invito, pues, a mis queridísimos colegas oculoplásticos, y a otras especialidades donde se roen huesos (neurocirugía, traumatología, ORL, maxilofacial, plástica, etc.) a evitar este calco malsonante e innecesario.

Y de nuevo gracias a la Dra. Fernández por permitirme participar en su sarao.

Lo que los organizadores de simposios y congresos deberían informar a los ponentes

Cuando uno se plantea elaborar una presentación debe tener en cuenta muchos aspectos: centrarse en un tema concreto y en un mensaje concreto, adecuarse al nivel y al interés de la audiencia, ajustarse al tiempo disponible, empollarse muy bien el tema y hacer diapositivas atractivas. Pero hay un aspecto vital para que una presentación salga cojonuda y que no solemos tener en cuenta para nada: el sitio donde se va ha exponer la presentación, es decir, la sala o auditorio en la que nos exhibiremos ante el público.

No es una minucia secundaria tener en consideración las características físicas del aula y los medios técnicos disponibles. No se puede llevar un postre helado a un picnic si no se contará con un sistema de refrigeración que lo mantenga, ni será factible meter un espectáculo con elefantes en una cafetería de barrio. Hay que ceñirse al ambiente y los medios.

Cuando nos toca hablar en una sala conocida no hay problema, sabemos lo que hay. Pero la mayoría de las veces serán espacios nuevos, salones de hoteles, palacios de congresos y salas de reuniones de las que desconocemos sus características físicas y dispositivos.

Los organizadores deberían darnos la mayor información sobre estos aspectos. Y aun teniendo esta información de antemano es necesario llegar a la sala con suficiente antelación para catar el espacio y probar la proyección. Hay ponentes que llegan justos a la hora y con los dídimos de ponerse a descargar la presentación mientras el público espera.

Tamaño y capacidad de la sala

No es una sala grande, pero la pantallita es una birria y su colocación oblicua hace que parte del público la vea mal y distorsionada (www.despertartamaulipas.com)

La orientación de la charla seguramente cambie según tengamos que hablar para un auditorio grande de 1000 butacas o un aula de 20 personas. La sala grande nos obligará a tener más formalidad y lejanía con el público, mientras la pequeña permite más familiaridad e interactividad.

La relación entre el tamaño de la sala y el de la pantalla de proyección es crucial, pues una pantalla relativamente pequeña para un auditorio grande ocasiona dificultad de lectura de las diapos y desde las últimas filas no se verá nada. Saber esto nos permitirá adecuar el tamaño de la tipografía y de las imágenes.

Ni idea de qué va esta charla, imposible leer nada en un auditorio grande con un proyector puesto analmente sobre la mesa del estrado. (treefoundation.org)

Iluminación

Como había comentado hablando del diseño del fondo de diapositivas, el nivel de luz o de penumbra de la sala determinará la visibilidad de la presentación. En una sala con ventanas mal tapadas el exceso de luz ambiental reduce el detalle de las imágenes y obliga a usar un fondo claro y texto contrastado. Es como cuando se quiere mirar la pantalla del smartphone a pleno sol, ni haciendo sombra se puede leer bien a menos que la pantalla esté al máximo de su potencia de luz.

En cambio, si en un auditorio oscuro y con una pantalla enorme se proyecta un fondo muy blanco, el público quedará deslumbrado, en el mal sentido, al borde de la maculopatía lumínica.

Obstáculos para el público

No es raro que la sala tenga peculiaridades estructurales que dificulten la visibilidad o la audibilidad a parte de los asistentes. Un ejemplo frecuentísimo es el de los salones de planta plana, donde todos los asientos están a la misma altura, de modo que las cabezas de las filas anteriores fastidian a los de atrás. Ante esta circunstancia hay que evitar colocar información relevante en la zona inferior de las diapositivas, pues parte del público se verá privado de ella. Lo mismo ocurre en los auditorios que tienen sobre el estrado una larga (e inútil) mesa presidencial, incluso con sillones altos, incluso con capitostes sentados mientras otro expone. Ello es un significativo obstáculo visual para las primeras filas de la platea, cuando no para todo el público.

sala plana

Si sé que tengo que hablar en una sala así, larga, con el público sentado a nivel, molesta mesa presidencial con flores y un área de proyección relativamente pequeña, usaría una tipografía grande y evitaría llenar el tercio inferior de las diapos. (turismomedico.org)

Obstáculos para el ponente

También el ponente puede tener obstáculos físicos que controlar: escaleras o rampas, cables traicioneros, la obligación o no de presentar desde un atril o poder moverse por el escenario, en cuyo caso hay que cuidar de no atravesarse delante de la proyección o estorbar el eje visual de parte del público.

Resolución del proyector

Asunto de primer orden junto con el tamaño de la pantalla de proyección. Son éstos los parámetros determinantes de la calidad de la imagen presentada al público. El estándar más difundido en proyección es la resolución de 1024 x 768 px, que es el formato XGA con una relación 4:3. Los proyectores SVGA de 800 x 600 px ya están obsoletos y dan una calidad de imagen justita.

La tendencia cada vez más afortunadamente extendida es utilizar el formato widescreen 16:9 o 16:10 (como explicamos en este post) correspondiente a resoluciones de 1280 x 720 px, 1360 × 768 px o 1440 x 900 px, por ejemplo. El que quiera ver muchos números que consulte el artículo de Wikipedia sobre resolución de pantalla. La cosa es tener claro si el proyector estará en 4:3 o panorámico, o si es factible hacer el cambio de proporción, ya que a partir de allí seleccionaremos el formato de las diapositivas.

Otras variedades de proyección son las elegantes e infrecuentes pantallas con retroiluminación o las pantallas de televisión LCD, LED o plasma que se pueden usar para presentaciones en pequeños grupos.

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Desde qué ordenador se presenta

Sinceramente, todo ponente desea presentar desde su propio ordenador, donde sabe que todo va bien, que tiene todos los archivos necesarios y donde la peor sorpresa sería una mala conexión con el proyector. El uso del ordenador propio, aunque deseable, no es práctico cuando se trata de conferencias múltiples y cortas, pues enlentecería la dinámica y se multiplicarían los problemas de conexión, reinicios de ordenador y tal.

Al orador le interesará saber si tendrá delante el ordenador desde el que se presenta, o si estará a expensas del técnico audiovisual, rogando que sea competente, no esté de mala leche ni vaya puesto de porros. Lo mejor es tener la pantalla del PC cerca, para no tener que girarse a ver la proyección y para usar la utilísima “vista de presentador” de PowerPoint.

Ante la perspectiva de usar un ordenador ajeno, el presentador debe cuidarse de llevar su archivo de PowerPoint acompañado de los vídeos (aunque ahora el programa los incrusta), los archivos de tipografía (si son fuentes no predeterminadas) y cualquier otro archivo adicional empleado. Si se ha usado la última versión de PowerPoint no está de más prever una copia en la versión anterior por si es la disponible en el sitio de exposición. La organización del evento debería especificar los sistemas operativos que se emplearán, la posibilidad de usar Mac o PC y las versiones de PowerPoint, Keynote, Acrobat Reader o el programa que sea.

Punteros y paso de diapositivas

Olvidando el puntero tipo antena extensible, un palo largo o el dedo del presentador, básicamente se utiliza un puntero láser o un ratón para señalar sobre la proyección. La organización debería ofrecer ambas posibilidades a los ponentes, o bien disponer de un mando a distancia profesional para presentaciones.

El puntero láser obliga a girar la cara en contra del público y si hay micrófono fijo puede perderse audibilidad; si el fondo es muy claro la gente perderá de vista el puntito rojo y no es raro que se acabe la pila a mitad de sesión.

Yo prefiero el ratón, que me proporciona un manejo preciso del puntero, disimulando el pulso tembloroso por los nervios, da fluidez para pasar las diapositivas y tiene la opción de cambiar el tamaño y color del puntero. El inconveniente es que con frecuencia el atril es tan pequeño que apenas cabe el PC y no hay espacio para maniobrar con ratón. También están los ratones wi-fi que se quedan sin batería en pleno trajín…

En esta sala muy ancha se ha optado correctamente por poner dos pantallas de proyección. Esto funciona mientras el ponente no pretenda usar un puntero láser. (www.waorthodontics.com)

No cuesta nada que el ponente lleve su propio puntero láser o su propio ratón de bolsillo. Pero la mejor recomendación sería, sin dudas, diseñar la presentación para no tener que usar ningún tipo de puntero: presentar la información fluidamente y en pocas dosis, y usar efectos de animación para resaltar texto o para poner flechas que señalen lo que de otra manera se indicaría con un puntero

¿Qué instrucciones deseo recibir de la organización del evento?

Pues quiero saber con suficiente detalle los apartados antes descritos: saber cómo será el espacio físico, su capacidad, distribución de asientos, sitio del orador, si hay mesa presidencial atravesada, tamaño de pantalla, resolución del proyector y proporción de la proyección, sistema informático disponible…

Si hay varias salas para el evento quiero saber en cuál me toca hablar, quiero que la web del congreso muestre fotos de las instalaciones o remita a la web del lugar para conocer más detalles. Y quiero que no me vean como un TOC por pedir esta información, ya que la misma hay que tenerla antes de empezar a plantear la presentación y no encontrársela el día de autos, sin margen para responder. Quiero algo así:

III Simposio Mediterráneo sobre Disposición de Excretas

Barcelona, 12 de enero de 2014.

Instrucciones para los ponentes

El simposio se llevará a cabo en el Auditorio Axa de Barcelona. Las conferencias principales y las sesiones de trabajos libres se realizarán en auditorio principal con aforo para 621 personas (ver el tour virtual), y los talleres demostrativos en la sala Nº1 con capacidad para 160 asistentes (tour virtual). Ambos espacios cuentan con proyector LCD de 5100 lumens, resolución de 1280 x 720 widescreen, HDMI.

Los trabajos libres serán de 10 minutos de duración y las conferencias de 20 minutos. El tiempo será estrictamente controlado, agradecemos ajustarse al mismo.

Las presentaciones se realizarán desde sistema operativo Windows 8. Se admiten archivos PowerPoint 2010 o superior y su versión compatible en Mac. Las diapositivas deberán realizarse en formato panorámico 16:9 o 16:10 para ajustarse a la resolución de pantalla. Téngalo en cuenta también para la resolución de sus vídeos.

Si requiere algún equipamiento especial o desea aclarar dudas técnicas puede ponerse en contacto con nosotros.

Hombre, ¡que no cuesta nada!