Protocolo diarreico para redactar noticias científicas

Reconozco que da un gustirriquín del recopetín criticar el trabajo de los periodistas. Quede claro que no es una animadversión a la profesión, tan necesaria y delicada, ni al colectivo que la ejerce; pero cuando se habla o escribe para el público se corre el peligro de meter la pata y en aquellos que viven de la comunicación esto es un verdadero riesgo laboral. Esas faltas ortográficas o gramaticales, esos deslices históricos o esas malas interpretaciones de los hechos tienen repercusión cuando aparecen en medios de gran difusión.

No me empantanaré aquí con los periodistas generales ni con los políticos, con sus inseparables sesgos ideológicos y partidistas, ni con la omnisciencia polifacética del tertuliano al uso, que opina de todo y sentencia sobre todo. Me centraré en esas noticias del ámbito científico redactadas por gente no especializada en periodismo científico y que de vez en cuando aparecen en los medios para llenarnos simultáneamente de risa y espanto.

Las semejanzas entre el periodista y el científico

A pesar de lo alejados que están estos dos mundos, ambas profesiones tienen una acción central común: investigar. Ya sea para investigar el origen de un brote de gripe porcina o dónde han desviado los fondos públicos los cerdos de turno, tanto un investigador científico como un periodista siguen principios similares.

Lo primero es tener suficiente conocimiento del tema investigado y, en caso de carencias en algún aspecto, solicitar colaboración/asesoramiento de alguien entendido. Segundo, recurrir a fuentes serias y contrastadas, tanto bibliográficas como de autoridades en la materia. Tercero, usar una metodología de investigación consistente, con el mínimo de sesgos y la máxima verificabilidad. Cuarto, tener sentido común para interpretar los datos, valorarlos en su contexto y guardando coherencia con el marco de conocimiento; un hallazgo extraordinario requiere pruebas extraordinarias y sólidas, y aquí es donde quizás más divergen las actitudes de científicos y periodistas, pues mientras el común de los primeros actúa con temerosa mesura ante un resultado fuera de lo normal, los segundos buscan el efecto del tubazo periodístico a toda costa.

Seriedad, rigor y neutralidad, virtudes necesarias en ambos oficios.

Estudio de caso: «la fritanga crecepelo»

Aprovecharé una noticia-mojón publicada en La Vanguardia el pasado 7 de febrero de 2018, increíblemente titulada «Las patatas de McDonald’s podrían ser la solución a la calvicie». ¡A chuparse esa mandarina!

Comentemos primero el hecho real según la documentación científica publicada. El trabajo original es del grupo de Fukuda, Kageyama et al., de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Yokohama y se publicó este mismo mes en la revista Biomaterials (Kageyama T, Yoshimura C, Myasnikova D, Kataoka K, Nittami T, Fukuda J: Spontaneous hair follicle germ (HFG) formation in vitro, enabling the large-scale production of HFGs for regenerative medicine. Biomaterials 2018; 154: 291, doi: 10.1016/j.biomaterials.2017.10.056).

El objetivo es buscar técnicas para generar «pelo de cultivo» con el fin de repoblar las brillantes calotas de quienes padecemos alopecia androgénica sin recurrir a extirpación de folículos de las zonas supervivientes nucales ni a indignas cortinillas anasagastioides.

kageyama_biomaterials_2018

Figura del trabajo original de Kageyama et al. reseñado en Science Daily y en La Vanguardia. La novedad de la placa de cultivo es estar hecha de silicona permeable al oxígeno, lo que favorece el crecimiento de las células cultivadas. La imagen microscópica muestra los dobles agregados de células epidérmicas y mesenquimales, respectivamente, que forman los folículos primitivos. Cuando éstos se injertan en la piel del ratón crecen así de majos.

El método descrito por estos japoneses consiste en cultivar un cóctel de células epidérmicas y mesenquimales dentro de micropozos de cultivo moldeados en silicona permeable al oxígeno. Dentro de los pozos las células adoptan una conformación de primordio folicular que, una vez injertados en el lomo de ratones pelados, generó unos buenos pelangarracacos firmemente afincados al tegumento. Como se trata de un grupo de bioingenieros y la revista es de biomateriales, el objetivo del artículo fue describir la utilidad del molde de silicona gas-permeable para generar cultivos masivos de primordios foliculares; no era un estudio clínico dermatológico para curar la calvicie ni nada similar. Y vemos que no hay mención a patatas fritas ni a cadenas de chatarra-food.

Ahora lo que regurgitó La Vanguardia:

La noticia de este periódico aparece sin firma de autor y se basa en otra reseña publicada en el portal de noticias científicas Science Daily. Para este momento el artículo original está en proceso de impresión en Biomaterials y el reportaje recoge la nota de prensa de la Universidad de Yokohama. Puede verse que el post de Science Daily es correcto, fiel a lo presentado y referencia el artículo original del journal. En cambio, la aberrantísima cagarruta de La Vanguardia destaca por una creatividad desbocada y rayana en la paranoia.

cagarro informativo

¡Sorprendente! Sin duda escogieron bien el sobretítulo en La Vanguardia. Captura de pantalla de la noticia de marras, aderezada con un risueño calvorotas feliz por comer patatas con la vana esperanza de poblar la coronilla.

«Científicos japoneses han encontrado una relación directa entre las patatas fritas de la popular cadena de comida rápida McDonald’s y el crecimiento del cabello.»

¡Mentira! ¿De dónde carajo se sacan esa relación directa?

«Un equipo de investigación de la Universidad de Yokohama ha analizado la composición de las patatas y ha encontrado esta sorprendente novedad contra la calvicie.»

¿En qué momento el grupo de Fukuda tocó una patata frita? Ninguna patata sufrió durante este estudio y no se menciona nada relativo a la alimentación.

«El secreto está en el dimetilpolisiloxano que la empresa utiliza en la fritura de sus patatas. Esta sustancia, agregada a otros componentes, serviría para producir en masa “gérmenes de folículo piloso” que se podrían injertar posteriormente en el cuero cabelludo.»

¡Acabáramos! Resulta que el cacao mental del redactor proviene del tipo de silicona empleado en el estudio: la dimeticona o polidimetilsiloxano (PDMS), polímero con innumerables aplicaciones, desde lubricantes industriales, fluidos hidráulicos de coches, adhesivos, sistemas de cromatografía gas-líquido, fabricación de componentes electrónicos, hasta masillas de juguete tipo blandiblú.

El PDMS aparece bajo el alias de E-900 como aditivo alimentario en los aceites de fritura, donde actúa como antiespumante para evitar peligrosos desbordamientos del aceite hirviente durante la cocción y optimizar la utilización del mismo. Entiéndase que los del madonals no fríen en PDMS, sino en grasa con una mínima cantidad de E-900 (aditivo presente en aceites domésticos «especial frituras») del que quedan apenas trazas en el producto servido a los clientes.

En Medicina hace mucho que se usa la dimeticona, por ejemplo como absorbente de gases intestinales en esos preparados para mejorar las digestiones pesadas y las flatulencias. Aparece en cremas lubricantes para la piel, en acondicionadores y champús. También ha concurrido en las prótesis mamarias de silicona.

¿Qué circuito mental lleva al redactor a hilar desde unas placas de cultivo de PDMS al aceite de freír y concluir el nefasto silogismo en que las papafritas del madonals pueden curar la calvicie? No sé si hay algo de publirreportaje encubierto o es solo burralidad del autor. Los investigadores también usaron resina epoxy en la fabricación de los pozos de cultivo, y como el epoxy se usa en recubrimiento de latas para conservas ácidas, el burdégano redactor pudo decir que hay que frotarse tomates enlatados para la calvicie; o, volviendo al PDMS, que chuparse una teta con silicona cura la calvicie. La leche.

Dudo de que la traducción más correcta al español de hair follicle germ sea «gérmenes de folículo piloso»; quizás sea más apropiado ‘folículos pilosos germinales’ o ‘primordios foliculares’. Que me corrijan los amigos dermatólogos. Lo de ‘germen’ en nuestro idioma siempre suena a microorganismo patógeno.

«Las pruebas han dado muy buenos resultados en ratones y todos los estudios apuntan a que será un método exitoso también en humanos. Así que ya sabes, las patatas de McDonald’s ya no sirven solo para disfrutar de ellas un segundo y acumularlas en tus caderas y estomago todo el año, también podrían ser la solución a la calvicie.»

¿«Todos los estudios»? Gañán, pero si estás refiriéndote a una única publicación. Lo más preocupante es que la lectura de este cagarro da a entender que es la propia silicona la que regenera el pelo y que su ingestión a través de patatas fritas podría lograr tal efecto. Una gravísima irresponsabilidad para un medio de comunicación.

¡No se puede jugar así con las esperanzas de los millones de alopécicos que sufrimos nuestras cabezas a la intemperie!

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Octálogo diarreográfico para noticias científicas

Lo mejor es dejar que los reportajes de ciencias los hagan periodistas especializados en ciencia, con conocimiento de base y comprensión del método científico. Pero si eres un empleado de un portal de noticias de baja estofa, de un medio sensacionalista, o si eres famélico becario de cualquier tipo de mass media y te solicitan redactar una noticia científica de relleno, puedes olvidarte de los principios de rigor y seriedad y aplicar el siguiente protocolo de ocho puntos.

  1. Un redactor de nivel superior te encarga la reseña porque queda espacio en la sección de ciencia y tecnología o en la de salud y sociedad. Seguramente no te oriente sobre el tema sino te deje escoger algo que parezca interesante.
  2. Busca el asunto a reseñar. Lo más sencillo es ir a las secciones respectivas de medios internacionales, preferiblemente anglosajones, o portales de noticias tecnológicas. Únicamente dedica atención a universidades y hospitales nacionales si ellos te hacen llegar una nota de prensa o convocan para un anuncio. Sobre todo no rebusques en las principales revistas científicas de referencia, es fácil perderse en esa jerga.
  3. Las noticias más jugosas suelen relacionarse con problemas de salud comunes, molestos pero poco graves, con temas de nutrición y dietética o tocantes a conspiranoias colectivas (ondas electromagnéticas, quimiofobia, transgénicos, gluten, vacunas, etc.).
  4. Fusila el texto y las figuras de la noticia original. Mejor si traduces chapuceramente algún término técnico, como double blinded trial por ‘proceso doblemente blindado’, o the consumption of carbohydrates is actually the main cause of hypercholesterolemia por ‘la consumición de carbohidratos actualmente es la causa del colesterol’.
  5. No hace falta colocar las referencias de los artículos originales ni vínculos a las páginas fuente.
  6. Si lo anterior te parece demasiado insustancial, está la opción de adaptar creativamente la noticia. Tira de un cabo y busca una conexión peregrina e infundada (como en el caso comentado en este post). Crea una asociación directa y categórica donde los estudios sugieren tímidos y tortuosos vínculos aún por confirmar. Traslada a la salud humana los resultados obtenidos con animalillos o cultivos, como si ya fueran realidades verificadas o tratamientos disponibles.
  7. Todo resalta más con títulos sensacionalistas que lleven al asombrado lector a hacer clic en la noticia. Si pones una foto graciosa en la cebecera mejora aún más y diluye la línea que separa tu medio de El Mundo Today.
  8. Con suerte el cagarro que has redactado superará la supervisión de tus jefes y será publicado. Si llegan al medio quejas de profesionales de salud y ciencias recalcando la inexactitud de la reseña, los errores y erratas evidentes, el deber de la publicación es ignorarlos absolutamente; jamás se ha de corregir la noticia, no se debe anexar fe de erratas y menos aún eliminar un inservible reportaje que desinforma y tergiversa.

Afortunadamente existen muy buenos periodistas científicos en España y los grandes periódicos intentan cuidar sus secciones de ciencia y tecnología. Por eso ni La Vanguardia ni ninguna otra publicación de primera línea debería dejarse colar truñacos de tan colosal talla.

«Ceterum censeo Podemus esse delenda»

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Demodex: donde hay pelo hay alegría

Demodex folliculorum visto al microscopio. Esta ácaro de estilizada figura habita dentro de los folículos pilosos, en especial en la cara y las pestañas. Vídeo procedente del Youtube de Walter P. Pfliegler.

El pasado 2 de octubre de 2015 fue el día del Simposio de Superficie Ocular y Oculoplastia www.oculosurf.com, novedoso evento que había anunciado en un post anterior. El simposio discurrió muy bien, relativamente ajustado al tiempo y al parecer con buena aceptación por la concurrencia.

Además de colaborar con el diseño gráfico también me tocó ser ponente y moderador. Una de mis conferencias fue sobre demodicosis, la infestación de la piel por ácaros del género Demodex, que con frecuencia afecta a las pestañas y acarrea problemas en la superficie del ojo. Aprovecho lo preparado en dicha charla para comentaros la vida y obra de estos seres que pululan a cientos en la mayoría de las personas.

Demodex

Ácaros acurrucados en la raíz de un pelo, imagen de microscopio electrónico de barrido con falso color. Vía Science Photo Library.

Un ácaro simplificado

Demodex es un género de ácaros, es decir, se trata de arácnidos con su prosoma (con ocho patitas) y su opistosoma, igual que sus primos alacranes y arañas. Los ácaros son arácnidos diminutos, incluso microscópicos, con la excepción de las garrapatas. Ciertamente son de los artrópodos de pintas más alienígenas que hay.

Además son bastante antipáticos pues la mayoría se dedica al parasitismo o al saprofitismo con daño colateral. Desde los ácaros que joden los huertos o dañan quesos y jamones, pasando por los Dermatophagoides o ácaros del polvo, cuyas caquitas generan las rinitis alérgicas más frecuentes, los Sarcoptes que cavan sarnosas galerías en los tegumentos, y llegando a los ixódidos garrapáticos que se llevan la palma como agentes nocivos al ser transmisores de lindezas como tifus, Lyme, ricketsias, babesiosis, tularemia y muchas otras.

En comparación con estos primos el Demodex es bastante pacífico, pues las más de las veces es un comensal que no arma escándalos. Su anatomía está altamente adaptada a su modus vivendi (o bien al revés): tiene un cuerpo largo y fino con unas patitas rudimentarias, cosa que le permite anidar dentro de los folículos pilosos, clavado de cabeza dentro del mismo. Allí vive degustando las escamas de queratina y el sebo piloso, allí copula y pone huevos.

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Especies de Demodex que viven en el ser humano. Su estructura muestra los tagmas propios de los arácnidos: podosoma (cefalotórax o prosoma) y opistosoma (abdomen). D. folliculorum se arracima en los folículos pilosos mientras D. brevis vive en soledad en las glándulas sebáceas/Meibomio. Imagen original de Ilustración Médica.

Inquilino selectivo

Los Demodex son muy selectivos en cuanto a su hospedador, de modo que cada especie tiene su mamífero exclusivo y es raro que, por ejemplo, los Demodex del perro o del gato se transmitan al humano. El ser humano aloja dos especies: D. folliculorum y D. brevis.

D. folliculorum es el más famoso. Mide unos 300 µm de largo y habita en grupos anidados dentro de los folículos. En cambio D. brevis es más rechoncho, prefiere ir en solitario y no en familia, y gusta más de las glándulas sebáceas que de los pelillos.

El ciclo de vida de D. folliculorum es de unos 15-21 días. Del huevo emergen larvas con seis patas que pasan por varios estadios ninfales donde emerge el par de patas adicional. En los Demodex la hembra es más grande y vive más que el macho. Y no solo eso, sino que es la hembra la que monta al macho durante la cópula, pues el pobre bicho tiene el pene en la espalda. Otra curiosidad es que carecen de ano, así que generan pocos residuos mediante regurgitación.

Estos ácaros son huéspedes obligados de los mamíferos y sobreviven poco tiempo fuera del hospedador. Por ello para su transmisión hace falta contacto directo entre individuos. A pesar de sus extremidades subdesarrolladas da gusto ver al Demodex reptando hábilmente por la superficie cutánea, como en éste vídeo. Los huevos sí que aguantan más y pueden vegetar en ropa, almohadas, sábanas, etc. Huyen de la luz y no les gusta nada el calor, fallecen tras pocos minutos a más de 50ºC, pero en cambio soportan la congelación durante varias horas.

¿Qué pupas causa el Demodex?

Ya dijimos que este bicho es mayormente inocuo y hasta hay quien dice que beneficioso al jamarse los detritus epidérmicos. Además su presencia no significa enfermedad, pues se detecta en la mayoría de las personas; su prevalencia va aumentando con la edad, desde ser raro en niños hasta casi el 100% en mayores de 70 años.

Sin embargo la superpoblación sí se considera causa de problemas, igual que la reacción inflamatoria al parásito o a las bacterias que aloja. Se ha asociado este ácaro con casos de foliculitis, pitiriasis folicular, otitis externa, pero sobre todo con rosácea y blefaritis anterior. También se ha vinculado con alopecia androgénica (¡maldito sea este bicho!) y con dermatitis por esteroides. Cualquier estado de inmunosupresión aumenta la posibilidad de infestación por Demodex. La seborrea inducida por andrógenos los hace medrar.

blefatitis demodex

Aspecto característico de las pestañas con demodicosis. En la base de las mismas se acumulan churritos de caspa producto de los detritus acáricos.

La infestación de las pestañas se observa frecuentemente en la práctica oftalmológica. El hallazgo típico es la acumulación de caspilla en las pestañas, que forma un manguito en la base de las mismas. D. brevis pulula en las glándulas de Meibomio y puede causar su obstrucción. La respuesta inflamatoria de la superficie ocular ante estos ácaros se ha relacionado con formas de queratitis o queratoconjuntivitis.

La detección del bicho en las pestañas es bastante fácil, pues basta coger unas pocas pestañas sospechosas y mirarlas al microscopio sin hacer ninguna preparación, aunque añadir un poco de fluoresceína mejora su visualización.

demodex

Así se observa el Demodex en muestras de pestañas. A la izquierda un ácaro adulto. A la derecha un racimo de bichos pegados a la pestaña. Fotos sacadas por mí mismo mediante un viejo microscopio y un smartphone, así de fácil es diagnosticarlo.

Para matar a la alimaña

El control demográfico del bicho está justificado cuando se detecta superpoblación demodéctica o una enfermedad en la que participe. Se han propuesto multitud de tratamientos, a cual más engorroso, desde que el gran Jakob Henle descubrió al ácaro dérmico en 1841. Azufre, mercuriales, arsenicales, potingues de formulación magistral y con escaso respaldo en ensayos controlados, y en cualquier caso de efectividad limitada. Ello hacía que muchos pasásemos de largo ante la presencia del ácaro.

Seguimos sin poder erradicar al Demodex, pero tampoco hace falta, basta controlar su población. Actualmente se recomiendan dos opciones terapéuticas: aplicación local de aceite de árbol de té y la ivermectina tópica o sistémica.

El árbol de té (Melaleuca alternifolia) es una planta australiana de cuyas hojas se extrae un aceite rico en aromáticos terpenos. Uno de ellos, el tepinen-4-ol, también componente principal del aceite de nuez moscada, resulta terriblemente insoportable para el Demodex. La aplicación del aceite de árbol de té concentrado se debe realizar en consulta y con anestesia tópica pues es irritante para la superficie ocular. En casa se puede emplear un champú que incluya este aceite para la limpieza de pestañas, cejas y cara. Se recomienda que la duración del tratamiento sea de 4 a 6 semanas para cubrir dos ciclos de vida del ácaro.

La ivermectina sistémica se reserva para casos de infestación masiva, con una dosis de 200 µg/kg que se repite a la semana. Este fármaco mata al parásito induciéndole una parálisis muscular.

Acabo con unas palabras sobre la ivermectina, pues el premio Nobel de Medicina de 2015 fue otorgado a sus desarrolladores: William C. Campbell y Satoshi Ōmura. De antiparasitarios fue este año, pues compartieron el premio con Youyou Tu, investigadora de drogas antimaláricas.

La ivermectina es una derivación molecular de la avermectina, principio extraído de esas verdaderas multinacionales farmacológicas que son los hongos del género Streptomyces, en este caso del S. avermitilis. Este potente antiparasitario de emplea en el tratamiento de infestaciones tan dañinas como las diversas filariasis, incluyendo la oncocercosis; también en estrongiloidiasis, nematodos intestinales y ectoparásitos como pediculosis, sarna o nuestro humilde Demodex.

Lecturas recomendadas de acceso libre:

  1. Liu J, et al. Pathogenic role of Demodex mites in blepharitis. Curr Opin Allergy Clin Immunol. 2010;10:505.
  2. Anwar PR, Hassan I. Human Demodex Mite: The Versatile Mite of Dermatological Importance. Indian J Dermatol. 2014; 59:60.
  3. Rusiecka-Ziółkowska J, et al. Demodex – an old pathogen or a new one? Adv Clin Exp Med. 2014;23:295.

Mariscada nosológica: pulpo, cangrejo y moluscos varios

mosaico romano, fauna marina

Extraordinario mosaico romano con vida marina, procedente de la Casa del Fauno, Pompeya (Museo Arqueológico de Nápoles).

He aquí otro tema sobre cosas del cuerpo humano y cosas que se comen (siempre hay graciosos que piensan lo mismo, ¡cochinotes!). Marisco es un término eminentemente culinario, no taxonómico, referido a los bichos marinos comestibles que no son peces. Incluye invertebrados de distintos phyla: moluscos (ostras y demás bivalvos, caracoles, pulpo, calamar, etc.), crustáceos (gambas, langosta, cangrejo y similares), algún equinodermo como el erizo de mar, y algún cnidario como las ortiguillas (anémonas).

Por curiosidades del lenguaje existen diversos nombres de entidades patológicas relacionados con apelativos de mariscos, y no hablo, claro está, de las uñas como mejillones o percebes de algunos guarros, del eritema solar “en gamba” de los guiris, ni de las chirlas o almejas de reminiscencias vulvares.

Moluscos

Molluscum en latín significa blando, y de ahí proceden palabras como mullido, muelle, molicie, emoliente y mojar. El equivalente griego para blando es μαλάκια (malakia) y de allí deriva el término malacia para describir el ablandamiento patológico de una estructura de naturaleza rígida: condromalacia, traqueomalacia, escleromalacia (curioso oxímoron etimológico), osteomalacia, etc.

La primitiva taxonomía aristotélica distinguía los bichos marinos blandos (μαλάκια ζῷα, malakia zoa) como el pulpo, de los bichos marinos duros (ὀστρακόδερμα ζῷα, ostrakóderma zoa) como el cangrejo. En el siglo XVIII Linneo recuperó malakia para nombrar a los animales marinos de cuerpo fofo, pero usó su equivalente latino molluscum y desde entonces así se conoce a esta sabrosa familia.

Otra cosa moluscoide: una frecuentísima afección cutánea es el molusco contagioso, producida por un poxvirus. Se manifiesta como pequeñas pápulas umbilicadas o perladas, en reducidos grupos, a veces aisladas; aparecen en cualquier parte de la superficie cutánea, pero más en cuello, párpados, manos y pies. Se contagia por contacto y es frecuente la autoinoculación en la persona afectada. Se trata de una condición benigna y de fácil tratamiento: la eliminación mediante cirugía menor o curetaje de las lesiones, o la aplicación de crioterapia.

molusco contagioso

Molusco contagioso, aspecto típico de las lesiones. (Vía www.dermapics.org)

El nombre quizás proviene del contenido blando y pastoso que se extrae de las lesiones del molusco contagioso. La primera descripción se atribuye al dermatólogo inglés Thomas Bateman (1778-1821), en su atlas “Delineations of cutaneous diseases” de 1817. En la figura adjunta se puede ver la descripción original y la ilustración acompañante que muestra un caso bastante avanzado de molusco, aunque no sé si lo que describió Bateman corresponde a lo que actualmente se llama molusco contagioso.

Texto e ilustración del Atlas de Thomas Bateman de 1817 donde describe el molusco contagioso.

Texto e ilustración del Atlas de Thomas Bateman de 1817 donde describe el molusco contagioso.

Otro conocido molusco es el molusco hemorroidal, esa dilatación pellejosa en la unión mucocutánea anal que queda como testigo de haberse pasado por una almorrana. No es raro que alguien profano en las cosas del cagalar confunda un inocente molusco hemorroidal con un condiloma o verruga de transmisión venérea.

Cangrejo

Sólo con mirar la figura dibujada de un cangrejo en un cartel de hospital ya sabemos que estamos ante el temido cáncer. La asociación del cáncer con el cangrejo procede de la Antigüedad, pues el nombre del cangrejo en griego era καρκίνος (karkinos, origen de la raíz carcino-) y en latín se llamaba directamente cancer (cancris, cancrum, cancrorum). Desde tiempos de Hipócrates se aplicaba el apelativo cangrejil para las enfermedades tumorales progresivas e incurables. Sobre todo se aplicaba el término a los tumores mamarios, ya habituales en tiempos remotos aunque no existieran las botellas de PET, los desodorantes con aluminio, los móviles ni los pollos hormonados.

No se tiene claro el origen de la asociación cangrejo-tumor maligno, pero se suponen varias posibilidades: la dureza al tacto de las neoplasias o la textura rugosa de una úlcera maligna, similares al caparazón del crustáceo; o bien la forma bizarra que adquieren las prolongaciones de los tumores y su vascularización radial, que recordaría al cangrejo con sus patas y pinzas; o bien la firme adherencia del cáncer a los tejidos, como se aferra el cangrejo con sus tenazas; o más peregrinas evocaciones al dolor que ocasionaría el pinzamiento de las tenazas, o al voraz apetito del tumor que devora al enfermo.

cáncer de mama muy avanzado

Carcinoma mamario muy avanzado, con extensa ulceración cutánea. Quizás el aspecto rugoso y duro de estas lesiones sugirió su semejanza con el caparazón del cangrejo. (Vía images.wocn.org)

Aclaratoria para legos: el cáncer no es una única enfermedad, sino cientos de enfermedades de orígenes y comportamientos muy diversos, que sólo tienen en común la multiplicación descontrolada de la estirpe celular involucrada. Así que decir que alguien murió de cáncer (cosa muy de periodistas) no dice nada concreto, igual que decir que alguien falleció por paro cardio-respiratorio (también muy periodístico). Otra aclaratoria para legos: no todos los cánceres son carcinomas, pues los carcinomas son los tumores malignos originados estructuras epiteliales (glándulas, mucosas o piel, por ejemplo); otros tipos de cáncer son los sarcomas y las neoplasias sanguíneas.

Una condición totalmente distinta es el chancro, cuyo nombre también proviene del latín cancrum / cancer y nos llegó a través del francés (tanto el nombre como su causa, “el mal francés”). Se trata de una úlcera cutánea o mucosa de origen venéreo, que aparece en genitales, labios, cavidad oral o por donde haya pecado el contrayente. El más común es el chancro duro de la sífilis, pero también existe el chancro blando causado por Haemophilus ducreyi. Otra enfermedad ulcerosa pero no venérea es el cancrum oris o noma, que mencioné en otro post.

Divagatio: en el léxico coloquial venezolano hay dos derivaciones de cangrejo, uno es referirse como “cangrejo” a un asunto de difícil resolución, un problema serio de solución complicada (en este sentido muchos casos de cáncer son auténticos “cangrejos”); el otro es el término “cangrejera”, que no se refiere a aquellas pedestres chancletas, sino a la sublime y repetitiva contracción percoital de los músculos pubocoxígeos femeninos, tan apreciada por las viriles parejas de quienes presentan tal habilidad. Las cangrejeras funcionan de modo similar a los ejercicios de Kegel, y de hecho pueden entrenarse mediante éstos.

Pulpo

El nombre de este cefalópodo proviene del latín polypus, y éste a su vez del griego πολύποδας / πολύπους que significa “de muchos pies”. También proviene de la época clásica el uso de pólipo para referirse a excrecencias pediculadas de tejido mucoso, en especial de la nariz, que semejan a un pulpito colgando de sus patas.

Los pólipos son frecuentes en el área de ORL y del tubo digestivo. En general son benignos, pero no es raro que los pólipos del colon se transformen en un adenocarcinoma, en especial si se trata de una poliposis colónica familiar.

Pólipo del colon. Obsérvese su forma pediculada con un extremo globular que a los antiguos les recordaba la cabeza de un pulpo. (Vía naspghan.org)

Pólipo del colon. Obsérvese su forma pediculada con un extremo globular que a los antiguos les recordaba la cabeza de un pulpo. (Vía naspghan.org)

Para terminar estas tonterías etimológicas, unas palabras sobre el erizo, cuyo nombre proviene de la raíz indoeuropea para tieso o rígido de la cual también deriva erección. No sé si de allí el efecto viagrogénico de este manjar, pues “lo similar causa lo similar” que decía Hahnemann, ¿o no era así?

Esto me recuerda una broma frecuente que hacía mi más querido profesor de cocina, Luis, quien en pleno servicio te decía: “¿Te gusta el mar? —entonces se señalaba el paquete— ¿Esto es sepia o calamar?” Una vulgaridad, pero nos reíamos a gusto.

Como consulta para temas etimológicos, además del célebre diccionario de Corominas, recomiendo el Diccionario médico-biológico, histórico y etimológico de la Universidad de Salamanca (dicciomed.eusal.es), donde se pueden consultar excelentes artículos del profesor Francisco Cortés Gabaudán.

¿Ilustración o fotografía? Cuándo escoger cada tipo de imagen

Una duda razonable y frecuente que uno se plantea durante la preparación de un material científico (artículo, libro o conferencia) es cuándo conviene utilizar fotografías o bien esquemas e ilustraciones para complementar el contenido. Esta duda existe también en el mundo de las artes gráficas, pues el diseñador debe decidir si lo más idóneo será utilizar un dibujo o una foto para su cartel publicitario, packaging, o el trabajo gráfico que sea.

Cada tipo de imagen tiene sus propiedades: la fotografía tiene la insuperable virtud de captar la realidad, mientras que una ilustración puede aislar, estilizar o idealizar los aspectos que se deseen del objeto o escena a representar.

Refiriéndonos a Ciencia y Medicina, los libros antiguos no tenían ninguna disyuntiva pues al no existir la fotografía necesariamente había que recurrir a la mano del artista. Así, se aprecian en tratados antiguos de clínica médica numerosas láminas representando lesiones dermatológicas u oftalmológicas, piezas patológicas o imágenes de microscopía. Hoy casi siempre se utilizan fotografías para estos temas.

¿Tiene, pues, alguna ventaja seguir empleando dibujos cuando tenemos tan fácil procurarnos fotografías digitales de alta resolución? Quiero poner varios ejemplos de las ventajas de cada tipo de imagen.

atlas Rohen

Región axilar en una preparación del excelente Atlas fotográfico de Rohen-Yokochi.

Región axilar, plexo braquial

Región axilar, dibujo original de Ilustración Médica (clic para aumentar).

El primer ejemplo será el de la imagen anatómica. Desde el Renacimiento los artistas se han ido superando en representar las estructuras anatómicas cada vez con mayor fidelidad, en ilustrar las disecciones con gran detalle, imitando al máximo la realidad. Sin embargo, ocurre que en estos tiempos de fotografía fácil los textos de anatomía siguen tirando considerablemente de imágenes dibujadas. ¿Cómo es posible? Aquí el dibujo muestra una de sus grandes ventajas: simplificar la visualización y comprensión de lo que puede ser confuso en una foto.

Una disección anatómica fotografiada puede mostrar poco contraste entre las estructuras, vamos, que todo se ve en tonos rojizos-rosados-pardos, algunos elementos quedan camuflados entre fascias y pellejos de diverso orden, y los vasos y nervios son poco resaltantes. El dibujo anatómico sublima estas dificultades y resalta las estructuras malas de ver en la realidad —por ejemplo el drenaje linfático—, también idealiza las proporciones, pues se estila representar cuerpos musculosos y con la grasa justa, aunque después en la sala de disección o en quirófano uno se encuentre con cuerpos de todas las variedades. Existen recomendables atlas fotográficos de anatomía, mi preferido es el Rohen-Yokochi, que tiene extraordinarias preparaciones bien fotografiadas y rotuladas.

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Descemet membrane endothelial keratoplasty (DMEK). A: rulo endotelial en cámara anterior. B: figura esquemática mostrando la sección del rulo endotelial. C: desplegado del injerto endotelial mediante aire. D: esquema seccional del desplegado por burbuja. Las fotos quirúrgicas se comprenden mejor junto a los diagramas ilustrativos. Capturas de vídeo quirúrgico de la Dra. S. Martín. Ilustraciones originales de Ilustración Médica.

Algo parecido puede ocurrir con las imágenes quirúrgicas, ya que sigue siendo habitual representar los pasos de una técnica quirúrgica mediante esquemas dibujados más que con fotografías. La razón es similar: en la foto del campo quirúrgico puede aparecer todo manchado de sangre, con poco contraste entre estructuras y es difícil plasmar el gesto del cirujano. La ilustración permite entender mejor los pasos, dónde se corta, dónde se anastomosa, etc. Pero la mejor manera de aprender una técnica quirúrgica es, sin parangón, un buen vídeo, bien filmado, editado y explicado. Las fotos y los esquemas se pueden utilizar de modo complementario en la demostración de una cirugía.

Donde las fotos ganan por incontestable goleada es en las imágenes clínicas: sea una facies característica, alteraciones de piel y mucosas, signos semiológicos externos y todo tipo de scopias (oftalmoscopia, rinoscopia, otoscopia, endoscopias digestivas o urológicas, colposcopia, etc.). Aquí poco sentido tiene que el ilustrador intente imitar la realidad cuando una foto tendrá un resultado perfecto, incluso espectacular, como podemos ver en la clásica sección semanal Image Challenge del New England Journal of Medicine, que es de acceso libre y que recomiendo como ejercicio casi obligado a todo médico, cualquiera sea su especialidad.

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A la izquierda: lámina del Atlas-manuel des maladies de la bouche, du pharynx et des fosses nasales de L. Grunewald, 1903, mostrando una leucoplasia lingual y una lengua geográfica. Arriba a la derecha un caso de leucoplasia oral (Hardin Library, Iowa University) y abajo una foto de lengua geográfica (Wikipedia). Aunque la ilustración a pincel está lograda no se acerca a la calidad de las fotografías.

Puede ocurrir, sin embargo, que no sea plausible incluir todos los aspectos clínicos de una enfermedad en una misma foto de un solo caso, ya que no siempre están presentes todos los signos clínicos a la vez ni todos los pacientes los expresan; o que no logremos hacer posar a todos los animales típicos de un ecosistema para salir en la foto. En tales casos puede recurrirse a una ilustración idealizada que reúna toda la información.

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A la izquierda retinografía de una ruptura coroidea traumática. A la derecha dibujo de una rotura coroidea extraído del Atlas d’ophtalmoscopie de guerre de F. Lagrange, 1918.

Otro éxito fotográfico ocurre con los resultados de diagnóstico por la imagen o con las imágenes microscópicas. Tales pruebas ya rinden figuras listas para usar en artículos y conferencias. A partir de tomografías, resonancias o micrografías se pueden elaborar reconstrucciones 3D y con color falso que, además de espectaculares, rozan el éxtasis artístico. Se puede disfrutar de ejemplos de esto en la página de Wellcome Images Awards, que anualmente premia las mejores imágenes científicas tuneadas.

Volvamos a otros dos campos donde gana la ilustración: las infografías y la representación de lo no fotografiable. No se puede fotografiar una molécula o una reacción enzimática, ni tener buena visión de la topoisomerasa desdoblando el ADN. Tampoco las partículas subatómicas o las cuatro fuerzas fundamentales de la Física; la verdad es que muchos conceptos de física cuántica, las supercuerdas, las 11 dimensiones o los multiversos escapan de cualquier tipo de representación gráfica que los haga mínimamente comprensible a los mortales.

En cuanto a las imágenes infográficas, asunto ya tratado en otro post (y más que vendrán), hay que recordar que este tipo de figura implica un aspecto dinámico, la explicación de un proceso o de conexiones entre procesos. Aunque se puede incluir fotos se requiere un trabajo gráfico para lograr un buen diseño.

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Resumiendo, si lo que se desea es mostrar un objeto o situación tal como es en la realidad se debe recurrir a la fotografía, también para la documentación de casos clínicos o de fenómenos naturales. Si se desea idealizar un objeto o situación, simplificar o seleccionar parcialmente alguno de sus aspectos, o por el contrario, reunir más elementos de los que suelen coincidir en la realidad, entonces habrá que tirar de la ilustración, igual que si se trata de explicar procesos, eventos dinámicos, rutas o conexiones entre fenómenos.

Hace tiempo comenté algunos criterios para seleccionar imágenes para presentaciones: primero intentar usar nuestras propias fotos o ilustraciones, si no solicitar imágenes a colegas que las posean (y citarlos), o bien utilizar figuras de literatura científica (y citarla) o, en última instancia, fotos sacadas de bancos de imágenes online o sitios web siempre que tengan una resolución adecuada y licencia de uso. Siempre cuidar que la calidad y resolución de la imagen sea buena, pues poco hay más cutre que una foto pixelada, mal contrastada o con mal encuadre; bueno, sí hay algo más cutre, las imágenes prediseñadas o clipart, de las que hay que huir como de la suegra. No es pecado el retoque fotográfico, siempre que sea en aras de mejorar la visualización, el contraste, la saturación del color o corregir artefactos y encuadre; sí es pecado el fotomontaje que falsea la información.

Y si necesitáis una ilustración o infografía a medida para un proyecto, tened presente que existimos artistos dedicados al dibujo científico, a ver si va a ser que a los autores anglosajones les germinan las ilustraciones en sus textos espontáneamente. Unas ilustraciones preparadas expresamente para un autor elevan, y mucho, el nivel de su trabajo. Acostumbraros a estos lujos.

Metáforas gastronómicas en Medicina IV: grasitas

Hoy incluyo símiles clínicos basado en comida grasosa. Aquí habría podido insertar los ya comentados infiltrados en grasa de carnero y la pericarditis en pan y mantequilla expuestos anteriormente en esta serie tan poco suculenta.

Grasa de pollo

Es famoso el coágulo en grasa de pollo entre los estudiantes de anatomía patológica.  Este coágulo en grasa de pollo tiene un aspecto gelatinoso y amarillento realmente muy parecido a los lobulillos de grasa del pollo crudo, o a la capa de grasa que se solidifica en la superficie de un caldo de pollo refrigerado. Se produce por la coagulación intravascular o intracardíaca en ausencia de movimiento circulatorio, es decir, es una forma de coagulación postmortem. El aspecto amarillo se debe a que los eritrocitos sedimentan en la sangre estancada y el sobrenadante seroso coagulado permanece en la parte alta del coágulo. Así al abrir durante una autopsia un ventrículo o un gran vaso se observa esa masa amarillenta fácilmente extraíble del lecho vascular y que por su otra cara es de aspecto rojo oscuro por la acumulación de glóbulos rojos. Estas características diferencian al coágulo postmortem del trombo patológico, pues este último está más adherido a la pared vascular y su color es uniforme.

Aceite

Tenemos la curiosa catarata en gota de aceite que aparece en niños con galactosemia. En esta enfermedad hereditaria recesiva existe un defecto enzimático que impide convertir la galactosa láctea en glucosa, de modo que la galactosa se acumula en los tejidos y causa problemas.  El exceso de galactosa se metaboliza a galactitol (o dulcitol) que ejerce una acción osmótica en los tejidos y es la responsable del cambio de refracción en el núcleo del cristalino, que se observa como una gota de aceite en la exploración con retroiluminación en la lámpara de hendidura. Otros síntomas que desarrolla el niño galactosémico son: hepatomegalia, hipertensión endocraneana, fallo renal, retraso del crecimiento y retraso psicomotor. La intensidad de estos síntomas es variable de acuerdo a la enzima deficitaria. No se debe confundir la galactosemia con la intolerancia a la lactosa o la alergia a la proteína láctea. En la siguiente infografía se resume lo principal de la enfermedad.

galactosemia

Metabolismo de la galactosa y manifestaciones de la galactosemia. Pinchar para aumentar.

Salmón

Este graso bicho acuático sirve para describir lesiones cutáneas o mucosas de color rosa-naranja, similares al tono de la carne del salmón. La lesión más frecuente es la mancha salmón del recién nacido (nevus flameus neonatorum, nevus de Unna o “picotazo de cigüeña” para los más vulgares). Es una formación angiomatosa venular que aparece en más de la mitad de los neonatos, especialmente en la nuca, la glabela y los párpados. Son lesiones irregulares de tono rojizo-asalmonado, que blanquean con la presión y casi siempre desaparecen en los primeros meses o años de vida, por lo que no hay que plantear tratamiento. Parece tener más incidencia en madres mayores de 30 años, bebés a término o postérmino, alto peso al nacer y raza caucásica (Actas Dermosifiliogr 2011;102:24).

La otra lesión asalmonada, menos frecuente pero mucho más seria, es el linfoma conjuntival; se manifiesta como una masa rosa-naranja en la conjuntiva del fondo de saco. Los linfomas de los anexos oculares representan entre el 5 y el 15% de los linfomas extraganglionares (Acta Oncol 2001;40:485) y es la neoplasia maligna más frecuente de la órbita. Se origina en los linfocitos del tejido linfoide asociado a mucosas (MALT) y en el área ocular puede radicar en la conjuntiva, la glándula lacrimal y la grasa orbitaria. Se discute si existe una asociación real con cuadros inflamatorios previos como los causados por Chlamydia como posible origen de este tipo de neoplasia (Ann Oncol 2008;19:835). El pronóstico suele ser bueno, con supervivencia superior al 90% a los 5 años.

Me quedan tres cositas más para hacer un último post sobre analogías culinario-patológicas.