La romántica historia del Schistosoma

 

Schistosoma mansoni

Schistosoma mansoni en microscopía electrónica de barrido, mostrando al macho con sus ventosas oral y ventral, y en la parte inferior vemos a la fina hembra asomando del canal ginecóforo donde vive protegida. Vía phenomena.nationalgeographic.com.

Los textos de parasitología están llenos de personajes cinematográficos. Criaturas extrañas como de un universo de ciencia ficción: nematelmintos, platelmintos, flagelados, amebas, protozoos varios, huevos eclosionando, larvas reptantes, ácaros, insectos vectores, etc. Cada uno con sus armas secretas y sus sofisticados sistemas de contraespionaje frente al sistema inmunitario del hospedador, que les permiten medrar dentro del ser parasitado a cambio de causarle enfermedad, desde persistentes cagarrias hasta condiciones deformantes o mortales.

Pero dentro de este violento panorama también hallamos una historia diferente, un caso de auténtico amor eterno en las parejas de esquistosomas. Estos pequeños gusanos de 1 cm de longitud que habitan dentro de más de 200 millones de personas son una auténtica curiosidad biológica por su ciclo de vida, su morfología y el modo en que interaccionan con el hospedador.

Varias especies son capaces de infectar al ser humano, pero de aquí en adelante me referiré sólo al Schistosoma mansoni, con quien estoy más familiarizado por mi origen caribeño.

La cópula perpetua del Schistosoma

Los esquistosomas son de la clase de los tremátodos (o trematodos, sin acento, como sale en el DRAE), un tipo de gusanos planos. El S. mansoni vive en las venas del sistema porta hepático, desde las vénulas del intestino, pasando por las venas mesentéricas hasta los sinusoides venosos del hígado (aquí un impresionante vídeo de cómo pululan en las venas). Usa sus dos ventosas para adherirse a la pared de los vasos y no ser arrastrado por la corriente circulatoria mientras se alimenta, esencialmente tragando eritrocitos. En estas venas vive y en ellas se echa pareja y comienza a fabricar huevos.

pareja de esquistosoma

Esquistosomas aparejados. El gordo macho recibe en su interior a la fina hembra, insertada a modo de salchicha de hotdog. En esta cópula monógama permanecen la mayor parte de sus vidas. Vía dailyparasite.tumblr.com.

A diferencia de otros tremátodos que son hermafroditas, los esquistosomas tienen sexos separados y, además, un notabilísimo dimorfismo sexual. El macho es grueso y corpulento, mientras la hembra es grácil y estilizada. El cuerpo del macho tiene una hendidura a lo largo del vientre, llamada canal ginecóforo, donde se aloja la hembra. Un macho y una hembra forman una pareja estable y monógama. Permanecen así abrazados, la hembra abrigada por el macho en permanente copulación durante la mayor parte de su vida. Son bichitos bastante longevos que viven un promedio de 10 años, pero pueden alcanzar los 40 años de vida.

Para hacer más bonito el cuento, el macho no solo protege con su robusto cuerpo a su elegante señora, sino que se toma el extenuante trabajo se remontar a contracorriente las venas mesentéricas hasta llegar a los vasos más próximos a la mucosa intestinal, para que su hembra descargue los huevos. Todo un caballero.

Este follador profesional tiene de 4 a 8 testículos, a veces más y falta que le hacen. La hembra tiene un solo ovario y un oviducto, pero es capaz de generar una cantidad ingente de huevos. Otra curiosidad de los esquistosomas es que carecen de ano (cosa muy conveniente cuando se está copulando todo el día), de modo que regurgitan los desechos de su alimentación. La hembra traga 10 veces más sangre que el macho a pesar de que solo pesa un tercio de éste, además de tomar nutrientes directamente del macho. Así, la hembra requiere del macho tanto para complementar su alimentación como para lograr su maduración sexual.

ciclo de vida de Schistosoma mansoni

Así es el ciclo de vida de Schistosoma mansoni en las cálidas aguas de ríos y lagunas del trópico. (Clic para ver en tamaño completo.) Imagen original de Ilustración Médica.

Una biografía compleja

Sí, su ciclo de vida es complicado porque los esquistosomas tienen reproducción mixta sexual y asexual con varios estadios evolutivos y dos hospedadores: un huésped intermediario en los caracoles de agua dulce (específicos para cada especie de esquistosoma) y un huésped definitivo en mamíferos que en el caso de S. mansoni es eminentemente el ser humano. Recordemos que se entiende por huésped definitivo aquel donde los parásitos adultos fornican y se reproducen.

Habíamos dejado a la pareja poniendo sus huevos en la mucosa intestinal, con la intención de que los huevos caigan en la luz del intestino y sean expulsados con las cacas. Con suerte estas cacas alcanzarán un río u otra fuente de agua dulce donde el huevo se abre y deja salir una larva ciliada llamada miracidio que nada hasta encontrar un caracol al que infectar (en el caso del S. mansoni el caracol es del género Biomphalaria). Dentro de este hospedador intermediario el miracidio se convierte en esporoquiste, el cual se multiplica asexualmente de manera numerosa.

Siempre pensamos en la enfermedad humana, pero el pobre caracol también ve carcomida su salud por efecto del esquistosoma. Los esporoquistes abandonan el caracol convertidos en otro tipo de larva, cabezona y con cola bifurcada, llamada cercaria. Es la cercaria quien penetra en el ser humano a través de la piel del incauto bañista que disfruta de la charca, con lo buena que está el agua y el calorcito que hace. Ya dentro del huésped humano la cercaria muta a esquistosómulo y finalmente crece hasta gusano adulto.

Bilharzia

La esquistosomiasis también se conoce como bilharzia o bilharziosis, en honor al alemán Theodor M. Bilharz (1825-1862), pionero de la parasitología quien descubrió estos gusanos cuando trabajaba en Egipto. El nombre de Schistosoma, que significa “cuerpo hendido”, fue introducido por Weinland en 1858 y el apellido es tributo a Patrick Manson (1844-1922), insigne tropicalista escocés.

La enfermedad tiene una forma aguda conocida como fiebre de Katayama, más frecuente cuando la primera infección ocurre en un adulto, pero la forma más frecuente de la esquistosomiasis es una lenta evolución crónica con formación progresiva de granulomas por los huevos y formas inmaduras del parásito.

En el caso de S. mansoni estos granulomas afectan al hígado y al sistema de la porta conduciendo a la potencialmente mortal hipertensión portal. También causa trastornos intestinales, anemia y en ocasiones neumonitis o hipertensión pulmonar.

Bilharz y Manson

Theodor Bilharz (izquierda) y Patrick Manson (derecha), impulsores de la parasitología en el siglo XIX.

Un gusano evasor

Este epíteto es aplicable a cualquier defraudador de Hacienda de los que no dejan de aparecer en las noticias, pero aquí me referiré a las artimañas de las que se vale el esquistosoma para eludir el ataque del sistema inmunológico y vivir tan pancho en el hospedador.

Como dijimos antes, los granulomas se forman alrededor de los huevos y parásitos jóvenes, y es que los gusanos adultos logran vivir en relativa paz con el hospedador, casi en relación de comensalismo. Es como aquellos vecinos decentes que serían entrañables si no fuera porque tienen hijos vándalos y alborotadores que joden el barrio.

Los huevos retenidos en los tejidos, las cercarias y los esquistosómulos carecen de los sofisticados mecanismos para esconderse del sistema inmunitario y por ello generan la reacción que conduce a la enfermedad.

En cambio los Schistosomas adultos se esconden de la vigilancia inmune de una forma ingeniosa: se rebozan con proteínas del propio huésped, de manera que quedan disfrazados de componentes humanos y evitan ataques. También descaman antígenos para que los anticuerpos y los linfocitos vayan a por ellos en vez de atacar al parásito, así los misiles del sistema inmune persiguen las falsas dianas en vez del blanco principal. Por otra parte segregan enzimas que neutralizan los radicales libres generados por leucocitos y proteasas que inactivan a anticuerpos, factores del complemento y otras moléculas que puedan dañar su integridad. Una vez fallecido, el cuerpo inerme del parásito puede generar granulomas.

Sinceramente, si existiera la reencarnación no me molestaría volver a la vida en forma de Schistosoma, es un bicho que siempre me ha dado sana envidia. Recorre mundo en su juventud, pululando en el agua y haciendo Erasmus en un molusco, ya maduro vive en un eterno abrazo con su pareja adorada, literalmente nadando en la comida que toman sin esfuerzo, a salvo de los peligros del mundo exterior y de la policía local que no los tocan. Parece una existencia feliz y pacífica; como diría Spock, una larga y próspera vida.

Existen otros bichujos que ejercen la cópula perpetua como modus vivendi, como los nemátodos de la familia Syngamidae que incluye al Syngamus trachea o al Mammomonogamus laryngeus, ambos parásitos de la vía respiratoria de aves y mamíferos. Aquí la hembra es grande y el macho es un pequeño accesorio pegado a ella. El nombre de los singámidos viene de los términos συν (junto) y γάμος (pareja, matrimonio), destacando la unión conyugal de estos seres. Lo del fornicante Syngamus recuerda la acepción caribeña de ‘singar’ con la que se indica la acción coital. ‘Singar’ puede relacionarse con singar/singlar, navegar remando (de etimología noreuropea), o quizás sea derivación de chingar, vocablo de origen caló.

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Rescatemos el verbo peer

Quiero invocar una reivindicación flatológica. Disponemos en nuestro rico idioma de un verbo inmerecidamente olvidado, ignorado por muchos, un verbo víctima del circunloquio, merecedor de un uso digno en virtud de la relevancia del acto que representa. Es el verbo peer, y así lo define el diccionario de la Real Academia

peer: (del lat. pedĕre) intr. Arrojar o expeler la ventosidad del vientre por el ano. U. t. c. prnl.

¿Quién demonios usa este verbo en su vida cotidiana, aunque la acción sea más cotidiana que comer o toser o estornudar? Nadie habla de peerse, sino de tirarse un pedo. ¿Por qué este circunloquio? ¿Tan raro nos resulta utilizarlo en una oración? Y eso que no es difícil de conjugar, se conjuga exactamente como el verbo leer, ahí queda ese dato. Podéis ver la tabla de conjugación aquí. Reconozco la dificultad de comprender expresiones como “él se peyó”, “ellos pean” o “si yo peyese”.

El colmo es que el socorrido traductor de Google no reconoce peer en español, sino que lo toma por su homógrafo inglés peer (par, pareja, igual, colega) por lo que si queremos saber como se pee en otros idiomas hay que recurrir al habitual circunloquio tirarse un pedo: péter (fr), scoreggiare (it), peidar (pt), to fart (in), furzen (al), να κλανιά (gr), 放屁 (fangpí, ch), пердеть (perdet, ru). En japonés también recurren a una expresión compuesta: おならする (onara suru, hacer un pedo). Lo mejor, en hindi se dice गोज़, goza (no cuesta imaginarse a un hindú cascándose un cuesco y otro respondiendo “¡Goza!”). Además este traductor acepta pederse, término erróneo no aceptado por la RAE.

Infografía sobre el origen y la composición del flato, original de Ilustración Médica (pulsar la imagen para verla en tamaño original).

Infografía sobre el origen y la composición del flato, original de Ilustración Médica (pulsar la imagen para verla en tamaño completo).

Más allá de las connotaciones humorísticas de baja estofa asociadas al pedo, hay que reconocer su verdadero significado en la fisiología humana. La presencia de gas en el tracto digestivo es consecuencia del propio mecanismo de la digestión que nos mantiene vivos. El gas intestinal proviene de cuatro fuentes principales (1, 2):

  • Aire deglutido: cada vez que tragamos, así sea saliva, pasa un poco de aire al esófago. Aparte de las bebidas ricas en CO2 muchos vegetales y frutas tienen microbolsas de aire en sus tejidos; por ello una berenjena o una pera flotan en el agua. Al digerirlos liberan el aire en el lumen intestinal. (El aire dentro del tejido vegetal puede sustituirse culinariamente por una líquido saborizado mediante la técnica de impregnación al vacío popularizada por elBulli.)
  • Gas generado durante la digestión: básicamente se trata de CO2 producto de la neutralización del HCl estomacal con radicales bicarbonato, o de la digestión de ácidos grasos provenientes de triglicéridos.
  • Difusión de gas desde la sangre: la presión parcial de O2 y N2 es mayor en la sangre que en el contenido intestinal, por lo que difunden desde la circulación hacia el lumen. Al contrario, la presión de CO2 es mayor dentro de la tripa y desde allí difunde hacia la sangre.
  • Fermentación bacteriana: esta es de las fuentes más importantes de gas intestinal y la más odorífera. Aquellos compuestos de la dieta que no podemos digerir llegan al colon donde la flora bacteriana microbiota sí puede sacarles provecho. Fibra dietética, celulosa, hemicelulosas, inulina, quitina, cualquier polisacárido con enlaces β(1-4) resulta pasto de las bacterias colónicas y como resultado de su metabolismo se libera CO2, H2, CH4 y el pestífero HS (no el champú anticaspa, sino ácido sulfhídrico). Casi toda la carga maloliente proviene de la degradación de moléculas con grupos sulfhidrilo.

En este artículo publicado por el grupo del Dr. Azpiroz de mi querido Hospital Valle de Hebrón, determinaron que la composición de la flora microbiota influye en la producción de flato y específicamente la actividad de Bacteroides fragilis y de la poco estudiada Bilophila wadsworthia se correlacionaba con la cantidad de gas y los síntomas de flatulencia.

La presencia de H2 en el aire espirado en la respiración es proporcional a la cantidad producida en el intestino mediante fermentación (no hay fuentes metabólicas endógenas de H2 en el humano) y ello sirve como prueba clínica, por ejemplo, en la intolerancia a la lactosa: el nivel de H2 respiratorio aumenta significativamente tras la ingestión de lactosa en aquellas personas incapaces de digerirla.

¿Os habéis detenido a pensar en el número de flatulencias peídas a diario y el volumen de gas que atraviesa el ano a lo largo de la jornada? Si la respuesta es negativa es que carecéis de la mínima curiosidad científica. Aunque hay variabilidad entre estudios, para ponerlo en números redondos el volumen de flato diario está entre 500 y 2.500 ml al día (me pasa por la cabeza que de líquido cefalorraquídeo apenas tenemos 100-150 ml) y esto se expele fraccionado entre 10 y 25 pedillos diarios.

Intelectuales interesados por estos temas los ha habido desde antiguo. En pleno Siglo de las Luces tenemos al parisino Pierre-Thomas-Nicolas Hurtaut (1719-1791), profesor de latín, aficionado ensayista e historiador, y parodiante de los tratadistas médicos. Publicó en 1751 su obra más famosa, L’art de péter, breve sátira flatológica escrita con la retórica de los eruditos de su época, citando a Cicerón, Horacio o el emperador Claudio, e intercalando máximas latinas como: “mingere cum bombis res est gratissima lumbis” (“mear con pedos es gratísimo a las nalgas). Después pasa a conceptuar el pedo, su diferencia con el eructo, su composición, su clasificación, etc.

Portada de la edición de “El arte de peer” de 1776, con un precioso y alusivo grabado.

Otro libro de Hurtaut es “Essais de médecine sur le flux menstruel et la curation des maladies de la tête” (“Ensayo médico sobre el flujo menstrual y la curación de las enfermedades de la cabeza”), disponible aquí en facsímil. Mi ignorancia del francés no me permite leerlo, pero me dejó boquiabierto que el libro estuviese dedicado ni más ni menos que al mismísimo Herr Professor Albrecht von Haller, el gigante intelectual de su siglo. Mira si era cachondo este Hurtaut.

Libro de Hurtaut sobre el flujo menstrual: portada y dedicatoria a Haller.

Libro de Hurtaut sobre el flujo menstrual: portada y dedicatoria a Haller.

En castellano tenemos una exquisita edición de “L’art de péter” publicada en 2009 por la editorial Pepitas de Calabaza (la recibí de obsequio de mis queridas amigas, las doctoras Martín). En su cubierta aparece con el título “El arte de tirarse pedos”, otro ejemplo de evitación de nuestro querido verbo, aunque la portada interior se ajusta al título real: “El arte de peer. Ensayo teórico-físico y metódico”. Aparte de la agradable maquetación del texto, la edición está prolíficamente ilustrada con muy buen gusto por el artista gráfico riojano José María Lema. Una joya.

páginas de la edición de "El arte de peer" de editorial Pepitas de Calabaza, 2009.

Páginas de la edición de “El arte de peer” de editorial Pepitas de Calabaza, 2009.

Antes que Hurtaut ya se había preocupado por el tema el irlandés Jonathan Swift, famoso autor de Los viajes de Gulliver. En 1722 publicó “The benefit of Farting”, sátira escatológica disponible en español por la editorial Sextopiso.

Joseph Pujol, “Le Pétomane”

Más recientemente tenemos no a un teórico, sino a un práctico del arte de peer: Joseph Pujol i Mauri  (1857-1945), un marsellés proveniente de Mataró más conocido por su nombre artístico: Le Pétomane (el pedómano). Fue un panadero reconvertido en artista del Molin Rouge de París, donde ganó fama por su número consistente en peerse a voluntad, controlando la magnitud, tonalidad y ritmo de las flatulencias, llegando a entonar canciones y apagar velas a distancia. Su secreto era una habilidad para introducir aire en el recto mediante presión abdominal negativa sumada a un esfínter bastante complaciente. Cuando murió, La Sorbona intentó sin éxito hacerse con su cuerpo para estudiarlo. Su historia ha inspirado varias películas y un musical. Sin duda, un catalán universal.

Os exhorto a llamar a las cosas por su nombre y conjugar sin miedo el verbo peer.

“Et crepitus multos, nequiens erupere perdis,
Et salvat pleno quando dat ore virum:
Ergo si servat fugiens, iugulatque retentus,
Omnibus hunc medicis quis neget esse parem?”

(“Y el pedo a muchos, por no salir les pierde,
mientras los salva cuando se propina:
así, si salva escapando y mata cuando se queda,
¿quién puede negar que se parece a los médicos?”)

Lapidarios versos anónimos de la portada del libro de Hurtaut, derivados del epigrama “Al pedo” de Nicarco (poeta griego, siglo I d.C.), citado por Rodolfo Goclenio (3) en “Physiologia crepitus ventris, et risus” (1607). El original va dirigido a los reyes en vez de a los médicos.

Advertencia: Salvador Dalí finalizó su “Diario de un genio” con un apéndice recopilatorio de textos por él apreciados como el Elogio de la mosca de Luciano de Samosata o Gracias y desgracias del ojo del culo de Quevedo. También incluye un texto que cita como proveniente de un libro francés del siglo XIX sin nombre de autor, titulado “El arte de tirarse pedos o Manual del artillero socarrón, por el conde de la Trompeta…” (ver aquí.) Resulta que este texto no es otro que L’art de péter de Hurtaut, sin referencia a su genuino autor. Muchos de quienes en internet citan fragmentos de este apéndice daliniano lo hacen como si fuera obra original de Dalí. Es de justicia que se difunda su verdadera autoría.

ADENDA

El magnífico profesor de química Yanko en su  “Blog del Búho” habla en su entrada del 18/01/2014, Fosfina y misterios, sobre una teoría de pedos autodeflagrantes y combustión espontánea. En dicho post remite a otro de su autoría de junio de 2007, Un adiós escatológico, donde hace una excelente síntesis de la química del pedo. Yo, indigno, no había leído aquella antigua entrada, pues para 2007 aún no me contaba entre los fans del Búho. Recomiendo la lectura de dicho artículo que forma buena pareja con el que aquí he escrito; incluso tratamos temas comunes, como la historia del Pétomane.