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Ciclopia y malformaciones mitológicas

La invención de monstruos imaginarios es inherente a los humanos, empezando desde los niños pequeños que focalizan sus terrores en bichos malos que salen de la oscuridad. Todas las mitologías y religiones antiguas están plagadas de fantasiosos seres monstruosos, igual que los bestiarios medievales, incluso el gran Ambrosio Paré escribió sus Monstres et prodiges donde mezcló observaciones clínicas con cagarrutas legendarias y folclóricas. Hoy siguen existiendo descolocados que creen y buscan al Yeti, a Bigfoot, a Nessy, al Chupacabras o a los marcianos cabezones gelatinosos y grisáceos; la ciencia ficción no sería nada sin el concurso de los extraños bichos imaginados en sus historias.

Los monstruos materializan los terrores de los seres humanos, subliman experiencias traumáticas en un objeto viviente a quien se responsabiliza del daño; por ello es común en civilizaciones antiguas asignar dioses y seres monstruosos a las fuerzas de la Naturaleza, como los gigantes del interior de las montañas responsables de los movimientos telúricos o las bestias marinas responsables de naufragios. Los animales salvajes y peligrosos eran mentalmente recombinados para inventar terroríficos hipogrifos, quimeras o mantícoras.

Otra posible fuente de inspiración para los monstruos mitológicos son las malformaciones congénitas de humanos y animales. No cuesta imaginarse el terror que podía generar en una familia un nacimiento gravemente malforme, un mortinato deformado, con cráneo y cara irreconocibles, con exceso o ausencia de miembros. También el ganado doméstico es susceptible de tales malformaciones y los antiguos veían cómo a veces nacían becerros con dos cabezas o corderos sin ojos. Esas “maldiciones de los dioses” pudieron dar pie a la invención de algunos monstruos mitológicos, representación de miedos atávicos.

La teratología, la hermana fea de la embriología

Los pioneros de la teratología fueron los naturalistas franceses Étienne e Isidore Geoffroy Saint-Hilaire, padre e hijo, en la primera mitad del s.XIX. De hecho, acuñaron el término teratología a partir de τέρατος (tératos), monstruo o fenómeno, exactamente el sentido que en inglés tiene la palabra freak. El estudio de las malformaciones está estrechamente unido al del desarrollo embrionario y la genética.

La ciclopia como paradigma de la malformación mitológica

Se llama ciclopia al defecto del desarrollo embrionario en el que se forma una única cavidad orbitaria central en la cara, con un único ojo o dos ojos fusionados (sinoftalmia). Es una circunstancia infrecuente, 1/100.000 embarazos.

La ciclopia acompaña al grado más grave de holoprosencefalia, una alteración del desarrollo del extremo anterior del tubo neural donde falla la separación simétrica de estructuras de la línea media, por lo que no se desarrollan hemisferios cerebrales separados, ni cuerpo calloso ni septum pellucidum.

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Los defectos de línea media afectan también a la vía respiratoria, pues estos fetos carecen de nariz o la tienen en forma de probóscide, como una trompa en la frente, por encima del ojo ciclópico. Así mismo, tienen hipoplasia o aplasia de la mandíbula y alteraciones orofaríngeas.

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Reconstrucción tomográfica de feto con ciclopia (izquierda), se observa la única órbita con dos hendiduras esfenoideas y un solo agujero óptico (flechas). Corte axial del mismo caso (derecha), donde  se aprecia la fusión de los globos oculares y el doble cristalino (sinoftalmos). Liu D et al. AJNR 1997;18.

La holoprosencefalia se ha asociado a diversas alteraciones cromosómicas, como la trisomía 13. La ciclopamina es un alcaloide vegetal teratogénico que causó una endemia de corderos cíclopes en Idaho en la década de 1950, debido a que las ovejas pastaban Veratrum californicum, planta rica en ciclopamina.

Los fetos con ciclopia/holoprosencefalia no sobreviven, debido a los serios problemas neurológicos y de vía respiratoria alta, y acaban conservados en frascos en la galería de los horrores de los museos anatómicos.

Un gen de videojuego

Sea por teratógenos o defectos cromosómicos, la base última de la ciclopia está en el gen Shh o la vía de señalización que este gen determina. Shh significa gen Sonic hedgehog, que es el nombre del saltarín pilluelo azul de los videojuegos de Sega. ¿Cómo demonios acaba un gen tan importante llevando el nombre de un vil personaje de videojuego?

En ese laboratorio de mutaciones que es la Drosophila melanogaster se identificó un gen cuya ausencia hacía que la larva estuviera cubierta de espículas, como si fuera un erizo (en inglés, hedgehog) y por ello se llamó gen Hh. En vertebrados se han identificado tres genes homólogos al Hh, también con acción morfogénica. A éstos homólogos se los empezó a bautizar con nombres de variedades de erizos: el primero fue el desert hedghoge (Dhh), el segundo fue el indian hedgehoge (Ihh), pero el tercero… como si no hubiese aún un montón de tipos de erizo para escoger, a los investigadores de Harvard que descubrieron el tercer homólogo les dio por ponerle el nombre del erizo Sonic, en claro ejemplo del friquismo con que se estereotipa a los científicos.

La señalización de Shh es esencial para la separación de estructuras simétricas en la línea media del prosencéfalo embrionario, de manera que a finales de la tercera semana de vida se formen dos vesículas ópticas independientes que generen dos ojos bien formados. Un fallo en este momento condiciona la ciclopia y la holoprosencefalia.

Los cíclopes griegos

Quizás sean de los monstruos mitológicos más populares, sobre todo por el cinematográfico Polifemo. Cíclope significa “ojo redondo” (κύκλος, cyclos, círculo o rueda + ὤψ, ops, ojo). Eran seres enormes, forzudos y brutales, con un único ojo en la frente. Había dos familias de cíclopes en la mitología griega, una antigua y otra más moderna.

Los antiguos cíclopes eran hijos de Urano y Gea (del Cielo y la Tierra) y, por tanto, hermanos de los titanes, los gigantes y los hecatónquiros, todos enormes. Eran tres, Brontes, Arges y Estéropes —trueno, relámpago y rayo—. Fueron confinados al Tártaro por Urano, pero liberados por el titán Cronos durante el golpe de estado a su padre, aunque después los volvió a deportar al Tártaro hasta que Zeus los volvió a liberar durante el golpe de estado a su padre Cronos. Estos cíclopes eran hábiles en la herrería y orfebrería, que ejercían en el subsuelo —como los herreros nibelungos germano-nórdicos—, y también hábiles constructores de murallas ciclópeas de grandes bloques de piedra, como las de las ciudades micénicas, cuya construcción se les atribuyó.

Los otros cíclopes eran los monstruos bárbaros que aparecen en la Odisea, hijos de Poseidón y la ninfa Toosa —según otros, hijos de los cíclopes uránidas originales—, dedicados a la ganadería ovocaprina en Sicilia. Odiseo y sus compinches se detuvieron a repostar provisiones en la gruta de Polifemo, pero éste los atrapó y se los fue devorando de dos en dos en cada comida, descabezándolos contra el suelo y zampándoselos como si fueran langostinos. Odiseo le obsequió vino para emborracharlo y, cuando el monstruo hubo caído inconsciente, le vació el ojo con una estaca untada en estiércol y con la punta al rojo vivo. Así pudieron escapar los astutos aqueos de la cueva, camuflados entre los corderos del cíclope cegado. La historia completa está en el canto IX de la Odisea homérica. Otro mito donde aparece Polifemo es en el de Acis y Galatea, pastor él, nereida ella, enamorados los dos y Polifemo enamorado de Galatea; ante el desprecio de la chica, Polifemo apachurró a Acis bajo una roca. Este crimen pasional fue inspiración de poesías, teatro y óperas, como la famosa de Händel (oír aquí), reorquestada después por Mozart (oír acá).

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Ulises y sus compañeros eviscerando el ojo de Polifemo, según se cuenta en la Odisea. Hydra del s.VI a.C., Museo Villa Giulia, Roma (vía arqueologiaenmijardin.blogspot.com.es).

Otros seres de un solo ojo eran los arimaspos, pueblo escita que luchaba contra los grifos para quitarles su oro. Según las representaciones, estos no tenían un ojo central sino que les faltaba uno de los dos ojos, como ocurre con los microftalmos o criptoftalmos unilaterales.

¿De donde proviene la figura de los cíclopes? No puede obviarse su relación con la malformación congénita antes descrita, que tanto horror tenía que causar en quienes presenciaran un nacimiento de ese tipo; aunque asociar directamente el mito con la malformación no es sino una elucubración. El erudito Robert Graves sugiere que su origen terreno está en un grupo de herreros de la Edad del Bronce que, como signo solar de su gremio, se tatuaban unos anillos concéntricos en la frente. El ojo único es un signo frecuente en la cultura griega y ha persistido hasta en los souvenirs para turistos que visitan las islas del Egeo. Las representaciones clásicas de los cíclopes muestran un gran ojo sobre la nariz, a diferencia de la malformación, donde el ojo está por debajo de la probóscide.

Más teratología mitológica

Seguimos con elucubraciones. Cuando estudiaba embriología no dejaba de encontrar paralelismos entre algunas malformaciones y figuras de la mitología clásica. Más allá de los gigantes y enanos presentes en todas las mitologías y con correspondencia clínica en los gigantismos y enanismos hipofisarios, acondroplásicos y similares, hay otros síndromes muy sugestivos.

Ya comentamos en otro post el asunto del mal llamado “síndrome de la sirena” o simelia, y su clara asociación con tritones y nereidas. Otros monstruos mitológicos parecidos a la simelia eran los esciápodos (σκιά, sombra, raíz presente en ‘escotoma’, y ποδός, pie) que Plinio el Viejo ubicaba en la India. Eran seres con un único miembro inferior que terminaba en un pie tan grande que podían usar como sombrilla cuando se echaban en el suelo.

Plinio también escribió sobre los blemias, raza de seres acéfalos con ojos y boca en el pecho, que habitaban más allá de Egipto. Las ilustraciones de blemias recuerdan a varias condiciones clínicas, donde la cabeza es muy pequeña o el cuello está muy acortado; por ejemplo, en fetos con anencefalia la cabeza es pequeña y la grotesca cara parece hundida en el pecho; en el síndrome de Klippel-Feil la fusión de vértebras cervicales también hace que la cabeza parezca unida al tórax, o en el síndrome de Turner, donde el cuello es corto y con aletas (pterygium colli).

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Varios seres mitológicos pueden derivarse del gemelismo siamés:

  • Los siameses parápagos dicéfalos, con un único cuerpo y dos cabezas, como Ortro y Cerbero, perros míticos, el primero con dos cabezas y el segundo, su hermano, con tres. El gigante Gerión, contra quien luchó Heracles, tenía tres cabezas.
  • Los siameses cefalópagos diprosopos, con dos caras, una a cada lado de la cabeza, como el bifaz dios romano Jano. Aunque la doble cara de Jano tiene un sentido diferente, pues es el dios de los inicios y los finales, por ello su mes, Januarius, indica el inicio del año.
  • Los isquiópagos con fusión pélvica, donde los siameses están unidos por el culete, con los cuerpos diametralmente opuestos, cuatro brazos y cuatro piernas; como Aracne, la mujer convertida en araña, con sus ocho miembros, o la Anfisbena, dragón o serpiente con una cabeza en cada extremo.
  • Gemelos parásitos, donde partes de un siamés rudimentario sobresalen del cuerpo principal. Hay parásitos pigomélicos, donde se duplican las extremidades inferiores, también similar a Aracne. En los parásitos onfalópagos, el gemelo rudimentario cuelga de la zona abdominal del gemelo desarrollado, como en la Escila, que tenía cabezas de perro emergiendo de su cintura.
  • Los siameses isquiópagos dicéfalos dípodes tetrabraquios, como su nombre indica, tienen dos cabezas, dos piernas y cuatro brazos, es decir, hay una duplicación de la mitad superior del cuerpo. Los hecatónquiros o centímanos, Briareo, Coto y Giges, colosales hermanos de los cíclopes que tenían cincuenta cabezas y cien brazos, parecen una representación hiperbólica de este tipo de siamés.

En muchas otras culturas se pueden identificar criaturas fantásticas con paralelismos embrionarios. Dejo su búsqueda para los lectores inquietos.

“Ceterum censeo Podemus esse delenda”

Electra y el amor paterno

Hace tres años publiqué un post sobre las implicaciones médicas de la historia de Edipo de Tebas: el archiconocido complejo de Edipo de la mitología freudiana y el menos conocido edipismo o autoenucleación ocular que ocurre en algún psicótico. Ese día amenacé con dedicar una entrada a la contraparte paternofilial del Edipo, conocido como complejo de Electra, y hoy cumplo mi amenaza.

El mito clásico de Electra

El relato de Electra no se relaciona con el de Edipo. Este último pertenece al ciclo tebano mientras el primero es un ramal del enorme ciclo troyano. Alguno hay con poca cultura clásica que piensa que Electra fue la hija que cuidó de Edipo, y de allí el nombre del otro complejo freudiano, pero nada menos cierto. La abnegada hija de Edipo era Antígona, ejemplo del cuidado paterno pero sin oscuridades libidinosas.

Electra (Ἠλέκτρα) fue, ni más ni menos, la hija de Agamenón y Clitemnestra, sobrina por tanto de Menelao y Helena, hermana de Orestes, Ifigenia y Crisótemis. Una familia disfuncional donde las haya –¡ay!, si hubiesen existido las “constelaciones familiares” entonces…

Electra, apegada a su padre, el Rey de Micenas, tuvo que separarse de él cuando éste partió a la cabeza de la coalición aquea contra Troya. Durante ese penoso decenio Electra tuvo que sufrir cómo la pajarraca de Clitemnestra se amancebaba con Egisto, primo de Agamenón y un trepa de cuidado.

En descargo de Clitemnestra hay que considerar que fue desposada forzosamente con Agamenón después de que éste matara a su primer marido, Tántalo, y los hijos habidos con él (no confundir a este Tántalo con el otro más famoso, condenado a eterna sed y rodeado de agua que no podía beber, cosa que en oftalmología da nombre al ojo seco tantálico, es decir, aquel que está seco pero a la vez llora). También Agamenón entregó a Ifigenia, hija de ambos, como víctima propiciatoria antes de la partida a Troya, cosa que no pudo perdonar Clitemnestra.

Agamenón volvió victorioso tras la toma de Troya, pero la alegría de Electra fue breve. La terrible dupla Egisto-Clitemnestra aprovechó mientras el rey se relajaba en un baño para abrirle la cabeza como un coco. Electra logró salvar a su hermano pequeño, Orestes, de las manos de Egisto y expatriarlo a escondidas a un reino vecino donde fue criado por amigos de Agamenón. A partir de entonces el odio de Electra hacia su madre fue irrefrenable. Fue apartada de la corte y relegada a vivir pobremente entre las criadas.

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Asesinato de Agamenón. Cuando el rey salió del baño se puso un albornoz que le acercó Clitemnestra, pero en realidad era una red para atraparlo. En esta crátera ática del 460 a.C. (Museum of Fine Arts, Boston) vemos a Agamenón envuelto en la red y a Egisto dispuesto a matarlo, detrás de Egisto está Clitemnestra con un hacha en la mano derecha y tras el rey su hija Electra espantada. Las otras dos mujeres podrían ser Crisótemis y la cautiva Casandra.

Electra y Orestes

Electra, Orestes y Pílades ante la tumba de Agamenón. Cuando Orestes vuelve de incógnito a Micenas y va a rendir ofrendas a su padre se reencuentra con su hermana a la que no veía desde su huida años atrás. (Cerámica del s.IV a.C., Louvre).

Durante los siguientes siete años Electra conspiró contra los usurpadores del trono hasta lograr el retorno de su hermano Orestes, ya adulto, quien cobró venganza con las vidas de los conjurados, incluyendo a su propia madre.

Tras el matricidio Orestes se volvió loco y huyó perseguido por las Erinias (alegoría del remordimiento), vagando por variados territorios hasta que al final fue sometido a juicio ante un jurado popular y absuelto por mayoría simple.

Electra acompañó y cuidó de su hermano desquiciado y al final se casó con el compañero de crianza y mejor amigo de Orestes, Pílades, con quien tuvo dos hijos y parece que vivió en paz, cosa rara en la mitología griega.

El relato de Orestes y Electra ha inspirado montones de versiones desde la Grecia clásica hasta los tiempos modernos. Obviamente los tres grandes trágicos, Esquilo, Sófocles y Eurípides dedicaron múltiples obras a estos personajes.

También han sido pasto de los libretistas de ópera. Electra es un personaje secundario de la ópera Idomeneo re di Creta, uno de los primeros éxitos teatrales de Mozart; aquí Electra aparece refugiada en la corte de Idomeneno tras huir de Micenas debido al matricidio y sirve de excusa para un triángulo junto a Idamante, hijo del rey, e Ilia, una cautiva troyana. Aun siendo secundaria, el personaje de Electra canta las dos arias más intensas y famosas de esta obra (aquí, 1 y 2).

Pero la mejor adaptación operística, sin lugar a dudas, es la Elektra de Richard Strauss (1909), con un sangrante libreto de von Hofmannsthal basado en la Electra de Sófocles. Una obra oscurísima, mentalmente extenuante por su intensidad, a pesar de no ser muy extensa, y con una música revuelvetripas perfecta para la ocasión.

Händel, Taneyev y Theodorakis también compusieron sobre estos personajes.

Orestes y Clitemnestra

Orestes a punto de asesinar a su madre Clitemnestra, seguido probablemente por Electra y Pílades. Cerámica ática, museo del Louvre.

Electra y la electricidad

Ciertamente el malhumorado, irritable y empecinadamente vengativo personaje de Electra echaba chispas, pero no viene de allí la relación con el mundo eléctrico. En griego, electro/electron (ήλεκτρον) significaba brillante o emisor de chispas, por ello se llamaba así a la lustrosa aleación de oro y plata (como la que cubría el piramidión de las pirámides de Giza) y en especial se refería a la resina del ámbar, la cual al ser frotada con piel se cargaba eléctricamente y emitía algún chispazo, además de atraer vellos y pelusas, como había observado Tales de Mileto.

Así que si Electra hubiese sido un invento del moderno Hollywood se habría llamado Amber, nombre más propio de actriz porno o pilingui de Las Vegas que de la hija del mismísimo rey de reyes argivo.

El término actual de electricidad fue introducido en 1600 por el médico inglés William Gilbert (1544-1603) en su obra De Magnete. A la medicina no parece que Gilbert contribuyera mucho, pero fue el primer estudioso serio de los fenómenos eléctricos y magnéticos, aunque sin saber que se trataban de la misma fuerza. Gilbert experimentó sobre la electricidad estática, la electrificación por frotamiento e inventó el primer electroscopio. También estudió los imanes, la imantación y se aventuró a proclamar que el planeta tenía un enorme campo magnético. Ya se encargarían después Faraday y Maxwell de dar forma y matemática al electromagnetismo.

El mito psicoanalítico de Electra

Freud planteó su complejo de Edipo en 1910 y posteriormente lo desarrolló en su obra “Tótem y tabú”. En 1912 su colaborador Carl Jung sugirió en su “Ensayo de exposición de la teoría psicoanalítica” llamar complejo de Electra a la contraparte niña-padre del Edipo freudiano.

Se supone que este complejo aparece durante la fase fálica (3 a 5 años, o poco más) junto al “complejo de castración” y la “envidia del falo”. La niña migra su objeto erótico de la madre hacia el padre y desea suplantar a su madre como posesora del amor sexual paterno. Esto es lo que concluyeron las borboteantes mentes freudianas de la típica respuesta “me casaré con mi papá” que da cualquier niña de 4 años.

Mirándolo bien, el nombre del complejo cojea un poco, pues se centra en el deseo de eliminación de la madre, pero Electra ansiaba destruir a la madre por venganza del honor paterno, no por una inclinación incestuosa hacia Agamenón que no figura en ninguna versión del mito. Pasa igual con Edipo, que si bien mató al padre y se empotró a su madre fue sin saberlo y sin quererlo.

Relatos antiguos e incestuosos hay un buen puñado. Sin ir muy lejos el mismo Egisto causante de los males de Electra fue producto de un violento incesto, pues su madre Pelopia era hija de su padre Tiestes, quien la violó para tener un hijo que, según el puto oráculo de turno, se cobraría las cuentas pendientes con su hermano Atreo –padre de Agamenón y Menelao, vaya pastel familiar, ni los Carmona-Heredia-Cortés se lo montan así.

Otro ejemplo, ahora bíblico, la historia de Lot y sus hijas. Lot fue el sobrino de Abraham que se salvó del cataclismo de Sodoma; conocido es que durante su huida Lot perdió a su esposa –la famosa estatua de sal– y se refugió en una cueva a vivir como troglodita con sus dos hijas. Éstas, carentes de varón que las preñase, decidieron inducirle sendos palimpsestos alcohólicos a su anciano padre (a saber de dónde sacaban tanto vino) y aprovechar su embriaguez para embarazarse de él. La mayor lo hizo una noche y la menor a la siguiente.

Ambas parieron, una a Moab y otra a Amón, patronímicos legendarios de los moabitas y amonitas; estos pueblos fueron rivales de los israelitas y ya se sabe que la tradición hebrea gustaba dar orígenes deleznables a sus vecinos, como el bastardo Ismael del que descienden los musulmanes, los edomitas descendientes del que cambió su herencia por un plato de lentejas o los dos pueblos mencionados, de origen incestuoso.

El hecho más pasmante de la historia de Lot es cómo demonios puede un señor anciano y borracho hasta las trancas cumplir como un Ron Jeremy supermachote repetidamente. O el buen hombre era un portento de la virilidad o bien sus chicas conocían el arte del óxido nítrico en los cuerpos cavernosos.

“Ceterum censeo Podemus esse delenda”

Pólipo del colon. Obsérvese su forma pediculada con un extremo globular que a los antiguos les recordaba la cabeza de un pulpo. (Vía naspghan.org)

Mariscada nosológica: pulpo, cangrejo y moluscos varios

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Extraordinario mosaico romano con vida marina, procedente de la Casa del Fauno, Pompeya (Museo Arqueológico de Nápoles).

He aquí otro tema sobre cosas del cuerpo humano y cosas que se comen (siempre hay graciosos que piensan lo mismo, ¡cochinotes!). Marisco es un término eminentemente culinario, no taxonómico, referido a los bichos marinos comestibles que no son peces. Incluye invertebrados de distintos phyla: moluscos (ostras y demás bivalvos, caracoles, pulpo, calamar, etc.), crustáceos (gambas, langosta, cangrejo y similares), algún equinodermo como el erizo de mar, y algún cnidario como las ortiguillas (anémonas).

Por curiosidades del lenguaje existen diversos nombres de entidades patológicas relacionados con apelativos de mariscos, y no hablo, claro está, de las uñas como mejillones o percebes de algunos guarros, del eritema solar “en gamba” de los guiris, ni de las chirlas o almejas de reminiscencias vulvares.

Moluscos

Molluscum en latín significa blando, y de ahí proceden palabras como mullido, muelle, molicie, emoliente y mojar. El equivalente griego para blando es μαλάκια (malakia) y de allí deriva el término malacia para describir el ablandamiento patológico de una estructura de naturaleza rígida: condromalacia, traqueomalacia, escleromalacia (curioso oxímoron etimológico), osteomalacia, etc.

La primitiva taxonomía aristotélica distinguía los bichos marinos blandos (μαλάκια ζῷα, malakia zoa) como el pulpo, de los bichos marinos duros (ὀστρακόδερμα ζῷα, ostrakóderma zoa) como el cangrejo. En el siglo XVIII Linneo recuperó malakia para nombrar a los animales marinos de cuerpo fofo, pero usó su equivalente latino molluscum y desde entonces así se conoce a esta sabrosa familia.

Otra cosa moluscoide: una frecuentísima afección cutánea es el molusco contagioso, producida por un poxvirus. Se manifiesta como pequeñas pápulas umbilicadas o perladas, en reducidos grupos, a veces aisladas; aparecen en cualquier parte de la superficie cutánea, pero más en cuello, párpados, manos y pies. Se contagia por contacto y es frecuente la autoinoculación en la persona afectada. Se trata de una condición benigna y de fácil tratamiento: la eliminación mediante cirugía menor o curetaje de las lesiones, o la aplicación de crioterapia.

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Molusco contagioso, aspecto típico de las lesiones. (Vía www.dermapics.org)

El nombre quizás proviene del contenido blando y pastoso que se extrae de las lesiones del molusco contagioso. La primera descripción se atribuye al dermatólogo inglés Thomas Bateman (1778-1821), en su atlas “Delineations of cutaneous diseases” de 1817. En la figura adjunta se puede ver la descripción original y la ilustración acompañante que muestra un caso bastante avanzado de molusco, aunque no sé si lo que describió Bateman corresponde a lo que actualmente se llama molusco contagioso.

Texto e ilustración del Atlas de Thomas Bateman de 1817 donde describe el molusco contagioso.

Texto e ilustración del Atlas de Thomas Bateman de 1817 donde describe el molusco contagioso.

Otro conocido molusco es el molusco hemorroidal, esa dilatación pellejosa en la unión mucocutánea anal que queda como testigo de haberse pasado por una almorrana. No es raro que alguien profano en las cosas del cagalar confunda un inocente molusco hemorroidal con un condiloma o verruga de transmisión venérea.

Cangrejo

Sólo con mirar la figura dibujada de un cangrejo en un cartel de hospital ya sabemos que estamos ante el temido cáncer. La asociación del cáncer con el cangrejo procede de la Antigüedad, pues el nombre del cangrejo en griego era καρκίνος (karkinos, origen de la raíz carcino-) y en latín se llamaba directamente cancer (cancris, cancrum, cancrorum). Desde tiempos de Hipócrates se aplicaba el apelativo cangrejil para las enfermedades tumorales progresivas e incurables. Sobre todo se aplicaba el término a los tumores mamarios, ya habituales en tiempos remotos aunque no existieran las botellas de PET, los desodorantes con aluminio, los móviles ni los pollos hormonados.

No se tiene claro el origen de la asociación cangrejo-tumor maligno, pero se suponen varias posibilidades: la dureza al tacto de las neoplasias o la textura rugosa de una úlcera maligna, similares al caparazón del crustáceo; o bien la forma bizarra que adquieren las prolongaciones de los tumores y su vascularización radial, que recordaría al cangrejo con sus patas y pinzas; o bien la firme adherencia del cáncer a los tejidos, como se aferra el cangrejo con sus tenazas; o más peregrinas evocaciones al dolor que ocasionaría el pinzamiento de las tenazas, o al voraz apetito del tumor que devora al enfermo.

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Carcinoma mamario muy avanzado, con extensa ulceración cutánea. Quizás el aspecto rugoso y duro de estas lesiones sugirió su semejanza con el caparazón del cangrejo. (Vía images.wocn.org)

Aclaratoria para legos: el cáncer no es una única enfermedad, sino cientos de enfermedades de orígenes y comportamientos muy diversos, que sólo tienen en común la multiplicación descontrolada de la estirpe celular involucrada. Así que decir que alguien murió de cáncer (cosa muy de periodistas) no dice nada concreto, igual que decir que alguien falleció por paro cardio-respiratorio (también muy periodístico). Otra aclaratoria para legos: no todos los cánceres son carcinomas, pues los carcinomas son los tumores malignos originados estructuras epiteliales (glándulas, mucosas o piel, por ejemplo); otros tipos de cáncer son los sarcomas y las neoplasias sanguíneas.

Una condición totalmente distinta es el chancro, cuyo nombre también proviene del latín cancrum / cancer y nos llegó a través del francés (tanto el nombre como su causa, “el mal francés”). Se trata de una úlcera cutánea o mucosa de origen venéreo, que aparece en genitales, labios, cavidad oral o por donde haya pecado el contrayente. El más común es el chancro duro de la sífilis, pero también existe el chancro blando causado por Haemophilus ducreyi. Otra enfermedad ulcerosa pero no venérea es el cancrum oris o noma, que mencioné en otro post.

Divagatio: en el léxico coloquial venezolano hay dos derivaciones de cangrejo, uno es referirse como “cangrejo” a un asunto de difícil resolución, un problema serio de solución complicada (en este sentido muchos casos de cáncer son auténticos “cangrejos”); el otro es el término “cangrejera”, que no se refiere a aquellas pedestres chancletas, sino a la sublime y repetitiva contracción percoital de los músculos pubocoxígeos femeninos, tan apreciada por las viriles parejas de quienes presentan tal habilidad. Las cangrejeras funcionan de modo similar a los ejercicios de Kegel, y de hecho pueden entrenarse mediante éstos.

Pulpo

El nombre de este cefalópodo proviene del latín polypus, y éste a su vez del griego πολύποδας / πολύπους que significa “de muchos pies”. También proviene de la época clásica el uso de pólipo para referirse a excrecencias pediculadas de tejido mucoso, en especial de la nariz, que semejan a un pulpito colgando de sus patas.

Los pólipos son frecuentes en el área de ORL y del tubo digestivo. En general son benignos, pero no es raro que los pólipos del colon se transformen en un adenocarcinoma, en especial si se trata de una poliposis colónica familiar.

Pólipo del colon. Obsérvese su forma pediculada con un extremo globular que a los antiguos les recordaba la cabeza de un pulpo. (Vía naspghan.org)

Pólipo del colon. Obsérvese su forma pediculada con un extremo globular que a los antiguos les recordaba la cabeza de un pulpo. (Vía naspghan.org)

Para terminar estas tonterías etimológicas, unas palabras sobre el erizo, cuyo nombre proviene de la raíz indoeuropea para tieso o rígido de la cual también deriva erección. No sé si de allí el efecto viagrogénico de este manjar, pues “lo similar causa lo similar” que decía Hahnemann, ¿o no era así?

Esto me recuerda una broma frecuente que hacía mi más querido profesor de cocina, Luis, quien en pleno servicio te decía: “¿Te gusta el mar? —entonces se señalaba el paquete— ¿Esto es sepia o calamar?” Una vulgaridad, pero nos reíamos a gusto.

Como consulta para temas etimológicos, además del célebre diccionario de Corominas, recomiendo el Diccionario médico-biológico, histórico y etimológico de la Universidad de Salamanca (dicciomed.eusal.es), donde se pueden consultar excelentes artículos del profesor Francisco Cortés Gabaudán.

Frutos y semillas en la Anatomía humana

Bodegón de Arcimboldo

Uno de los famosísimos bodegones antropomorfos de Arcimboldo (1527-1593).

Por supuesto que no voy a tratar sobre cocos, melones o peras aplicados a la anatomía femenina, ni de nabos, yucas o bananas en el caso viril, pues ya conocéis mi aversión a tales vulgarismos coloquiales de mal gusto… Existen, sin embargo, algunas estructuras de nuestra anatomía cuyo nombre formal y académico deriva de cosas comestibles. Ya había comentado en un post de metáforas gastronómicas que a partir de la uva provenían los nombres anatómicos de úvula y úvea. Hoy me referiré a unas pocas estructuras relacionadas con frutos secos y legumbres.

Almendra

Tendemos a pensar que todas las palabras castellanas que comienzan por al- son de origen árabe. En el caso de la almendra nos confunde aún más el amplio uso de este fruto seco en la cocina tradicional árabe, pero en realidad almendra proviene del griego αμύγδαλα (amígdala). El vocablo pasó al latín como amygdala, al latín vulgar como amindula y de allí a las lenguas romances: amande (fr), mandorla (it), amêndoa (pt), améndoa (gall), ametlla (cat), migdală (rum). También deriva su nombre en lenguas no romances: almond (in), mandel (alemán, noruego, danés y sueco), migdałowy (pol), möndlu (islandés) y también su traducción en holandés, ruso, checo, estonio, magiar, finés y hasta en japonés y coreano.

Es obvia la relación amygdala-almendra con la anatomía, pero dicha relación no fue lineal ya que el nombre de amígdala para referirse a los órganos linfoides faríngeos no proviene de la tradición grecolatina. En latín las amígdalas de la garganta se llamaban tonsillae, y en griego antiguo paristhmion (“a los lados del istmo” de las fauces). La comparación de las tonsilas con la forma oval almendrada sí que proviene de los árabes, quienes las llamaban literalmente “almendras”: al-lauzatani, o su singular al-lauz (1, 2). Fue probablemente a través de los textos de Avicena cuando se tradujo del árabe al latín adquiriendo la forma amígdala, y así la tenemos desde finales de la Edad Media.

El nombre de amígdala se hizo genérico para los agregados linfoides rino-oro-faríngeos, de modo que además de las amígdalas palatinas están la amígdala faríngea de Luschka, las tubáricas de Gerlach y la lingual, que forman una aduana en la faringe llamada anillo de Waldeyer, descrita por Heinrich Waldeyer-Hartz (1836-1921).

El sistema nervioso central también cuenta con estructuras amigdalares, pero no linfáticas: se trata de las amígdalas del cerebelo y del lóbulo temporal, de nuevo bautizadas así por su forma almendrada.

malformación de Chiari

Amígdala cerebelosa (flecha) desplazada por debajo de la base del cráneo (línea amarilla) en la malformación de Chiari. Modificado de www.radiopaedia.org.

La amígdala cerebelosa es un saliente ovoideo y par ubicado en la parte inferior del cerebelo, justo debajo del lóbulo flóculo-nodular, abrigando desde atrás al tallo cerebral. Su implicación más relevante es su peligro de herniación: ante aumentos bruscos de presión intracraneal las amígdalas cerebelosas pueden desplazarse hacia abajo, a través del foramen magnus, apachurrar el tallo cerebral con sus centros cardiorrespiratorios y acabar en fallecimiento. Otra forma de herniación mucho más frecuente es la debida a la malformación de Arnold-Chiari, donde las amígdalas se encuentran escurridas a través del foramen magnus hacia el canal raquídeo. Con frecuencia es un hallazgo casual, pero otras veces el Arnold-Chiari se relaciona con siringomielia, meningocele, paresias de pares craneales e hipertensión intracraneal.

amígdala del lóbulo temporal

Ubicación de la amígdala cerebral y su relación con el hipocampo (www.jneurosci.org).

La amígdala del lóbulo temporal o núcleo amigdalino es una de las estructuras cerebrales más fascinantes. Filogenéticamente es una estructura muy antigua, por lo que se relaciona con funciones y conductas primitivas como el olfato, el miedo y las emociones irracionales. Los núcleos amigdalinos se ubican en el extremo anterior de los lóbulos temporales; están conectados con otras estructuras del sistema límbico como el trígono, el hipocampo, ciertos núcleos del tálamo y el gyrus cinguli. Este sistema en el que se originan las emociones primitivas, el deseo sexual, la ira o el miedo, está bajo el control más o menos férreo de los lóbulos frontales, de allí que cuando éstos se desconectan (los neuros hablan de frontalización, aunque debería ser desfrontalización) el individuo muestra desinhibición, comportamiento social inadecuado o labilidad emocional.

La lesión de ambos lóbulos temporales que daña las amígdalas se manifiesta por hipersexualidad, hiperoralidad, masturbofilia y algunas agnosias de tipo visual. Tal cuadro se llama síndrome de Klüver-Bucy por los investigadores que lo describieron en monos con lesión experimental de las amígdalas. Como condición clínica en humanos es muy rara, alguna vez por encefalitis herpética. Tuve oportunidad de ver un Klüver-Bucy de verdad en una paciente con neurocisticercosis y ciertamente la señora andaba más salida que el peñón de Gibraltar.

Piña piñonera

Como sabemos, las coníferas son árboles que se reproducen a través de frutos compuestos en forma de cono. En griego se usaba kônos para denominar los cuerpos de extremo puntiagudo, específicamente el fruto de las coníferas, mientras en latín se decía pinea de donde viene nuestra palabra piña. Desde la Antigüedad la glándula pineal recibió su nombre por su forma más o menos cónica similar a la piña piñonera.

Ilustración original de

Ilustración original de “The Anatomy of Humane Bodies Epitomized” de Thomas Gibson, 1703, mostrando la cara dorsal del tallo cerebral, con la pineal (F) sobre la lámina cuadrigémina formada por las “nalgas” (nates, GG) y los “testículos” (testes, HH).

La glándula pineal o epífisis es uno de los órganos más cargados de controversia esotérica a lo largo de los tiempos. Diferentes corrientes filosóficas y religiosas le han atribuido poderes especiales: tercer ojo, chacra, ojo del alma, asiento del espíritu, etc. Las primeras menciones se atribuyen a Herófilo y Erasístrato, pero es de Galeno la descripción más antigua que sobrevive. En aquella época la glándula se llamaba conarium o pinea y se discutía su papel como válvula de los pneumas que fluían por el encéfalo. Tal pastel fue sucesivamente distorsionado hasta el punto que el insigne Descartes atribuyó a tan exiguo fragmento tisular la condición de ser asiento físico de la mismísima alma, vaya por dios (3). Otra imagen curiosa fue dada por el anatomista Thomas Gibson (1647-1722): el muy cochino describió la pineal como un pene pequeñito que pendía sobre el par de cojones de los colículos inferiores. Tendría un problema, pues en esas regiones del cuarto ventrículo también veía “nalgas”, “vulvas” y “anos” (4).

Durante el s.XIX se descartaron las teorías esotéricas y filosóficas carentes de base, y la pineal paso a ser considerada un vil vestigio inútil. Esto cambió tras el descubrimiento de la melatonina por Aaron Lerner en 1958, quien aisló los primeros 100 µg a partir de 100 kg de pineales bovinas (unas 200.000 unidades, poco más, poco menos). Desde entonces la pineal ascendió a órgano neuroendocrino en toda regla (5).

La producción melatonina varía según los períodos de luz y oscuridad debido a la conexión neural entre la vía óptica y la pineal. De esta manera la actividad de la pineal se relaciona con los ritmos de sueño/vigilia y la modulación de ritmos circadianos de otros sistemas como, por ejemplo, algunas vías hormonales hipotálamo-hipofisarias. Sin embargo, no está demostrada la utilidad terapéutica de la melatonina en trastornos del sueño, y su venta farmacéutica como “suplemento” ha impedido que la melatonina y la pineal se terminen de despojar de ese velo misterioso del que ahora se aprovechan terapias pseudocientíficas y charlatanes varios.

Guisantes y lentejas

Esto ya tiene menos miga. Del nombre latino de guisante, pisum, proviene la denominación de uno de los huesos del carpo, el pisiforme. Se trata del más pequeño de los ocho huesos de la muñeca, fácilmente palpable en el extremo medial de la fila superior del carpo. En este hueso se inserta el tendón del músculo flexor carpi ulnaris, antiguamente músculo cubital anterior. De hecho, más que insertarse el pisiforme está rodeado por el tendón de este músculo a modo de hueso sesamoideo. Ésta es otra referencia anatómica seminal (de semilla, quiero decir) que compara los granos de sésamo con los pequeños núcleos de osificación que se forman en el espesor de un tendón. Existen en varios lugares y tienden a ser inconstantes. Según esta definición la mismísima rótula sería un gran hueso sesamoideo alojado en el tendón del cuádriceps.

Otra leguminosa, la lenteja, en latín lens, lentis o lentícula, con su forma de disco biconvexo, cedió su nombre a las lentes ópticas de vidrio y por extensión se describe como lenticular aquello con forma de lente. Obviamente, la lente natural por excelencia es el cristalino ocular, lens crystallina en literatura clásica. Su parecido con una lenteja alcanza el máximo en el estadio de catarata marrón, como se observa tras una extracción extracapsular de catarata.

Otros nombres derivados de este origen son el núcleo lenticular de los ganglios basales del cerebro, el pequeñísimo hueso lenticular del oído medio, entre el yunque y el estribo (cuando está), y el lentigo, término aplicado a lesiones pecosas de la piel.

Higos

Una historia fascinante que va desde la gastronomía a la ciencia es la de cómo el higo dio su nombre a la sacra víscera del hígado. El nombre griego para el hígado era ηπαρ / ηπατος (hépar / hepatos) mientras en Roma se conocía como iecur. ¿Cómo se pudo llegar de iecur a hígado y qué pintan los higos en ello?

La respuesta está en uno de los manjares de lujo más antiguos: el foie gras. Tiempo tuvieron nuestros ancestros para notar que las aves palmípedas cazadas en el momento de su migración tenían unos hígados más grandes, grasos y sabrosos que en otros momentos del año. Se trataba del hígado hipertrófico pre migratorio, fenómeno fisiológico mediante el cual las aves anátidas se ceban solitas y acumulan calorías antes de su larga travesía. Ya domesticados los patos y las ocas, se quiso obtener un resultado similar cebando las aves a conciencia.

La receta sigue vigente hoy: alimentación hipercalórica a base de carbohidratos y limitación de la actividad física del ave. Exactamente lo mismo que debe hacer un humano para ganarse una diabetes y una esteatosis hepática.

alimentación de ocas en egipto

Tareas pecuarias en Egipto. En la esquina inferior izquierda se observa un hombre sentado sobre un ganso, embuchándole alimento (clicar para aumentar). Relieve de una tumba proveniente de Giza, de la Dinastía VI (2323-2150 a.C). Museum of Fine Arts, Boston.

Tenemos evidencias de la crianza de anátidas para obtener foie gras desde Egipto. Algunos relieves procedentes de tumbas del Reino Antiguo muestran las maniobras de embuchado de patos y gansos. En otro post apunté que también son del Reino Antiguo la mayoría de las estatuas de obesos egipcios, ¿será casualidad? El consumo de hígado graso fue común para otros pueblos mediterráneos, incluyendo por supuesto a griegos y romanos.

Para el engorde de las aves se usaban cereales e higos secos. Se decía que la mejor calidad del hígado se obtenía con patos cebados con higos (ficum), y así el iecur ficatum pasó a ser una auténtica especialidad gastronómica. En el Libro VII de la Re Coquinaria de Apicio se da un par de recetas de ficatum, diferenciando este precursor del foie gras de otros hígados no esteatósicos empleados en el recetario, y que son mencionados como iecur o iecinera. También mencionan el rico iecur ficatum Horacio, Plinio el Viejo o Columela, entre otros.

La cosa es que con el paso de los siglos se fue haciendo coloquial el uso del iecur ficatum para referirse a cualquier víscera hepática; posteriormente se perdió el iecur y del ficatum provino el nombre dado al órgano en las lenguas romances: nuestro hígado (transformación de figado, documentado desde el s.XIII), fegato (it), foie (fr), fígado (pt y gall), fetge (cat) y ficat (rum). Este fenómeno también ocurrió en la lengua griega, pues de su antiguo foie gras, ηπαρ συκώτον (hépar sycoton, de syco, higo) proviene el nombre del hígado en griego moderno, συκώτι. Incluso el término en lenguas anglosajonas, como liver o leber, parece provenir de una raíz que significa “grasoso-pegajoso” (6).

Actualmente la industria foiegrasera es uno de los frentes de lucha para los movimientos pro derechos animales, quienes acusan de maltrato hacia las aves cebadas a la fuerza y enclaustradas. Cierta razón tienen, y está bien que se intente obtener el engorde por métodos menos agresivos para el animal, lo mismo que cualquier “humanidad” en el trato a los animales de cría. Pero de allí a las posturas radicales de algunos de estos colectivos pues ya no. Y menos que intenten sus objetivos mediante legislación arbitraria, proponiendo hasta la prohibición de venta y consumo del foie gras.

Los enemigos del consumo de productos cárnicos animales muestran una evidente cortedad de miras al sentirse mal por matar para comer y asimilar para sí el sufrimiento de nuestros hermanos animales. Se mata también a los vegetales para comerlos, aunque no sea patente ningún sufrimiento. No hay otro modo de nutrirnos que matando y comiendo otras criaturas, al menos hasta que nos metan cloroplastos transgénicos en nuestras células. La biología elemental de una planta tiene suficientes similitudes con la humana como para considerar al vegetal o al hongo tan “hermanos” como a cualquier animal: tenemos la misma base química orgánica, su ADN usa el mismo código que el nuestro, se replica y se transcribe de igual manera, tienen ribosomas, membranas y enzimas como nosotros. Esas levaduras que fermentan el pan hacen la misma ruta de glicólisis que nuestros eritrocitos o nuestras neuronas, y sin embargo se asesina a las levaduras en el horno como agradecimiento de sus servicios.

Así que seguiré consumiendo foie gras tranquila y ocasionalmente.

"Colonia Una ciudad romana inventada:

Mi propia ciudad romana (vaya tontada)

Aficionado como me he hecho a los MOOC (massive open online course), ahora estoy buceando en el curso Roman Architecture de la Universidad de Yale y difundido por la plataforma www.coursera.org. Digo buceando por no decir ahogándome, pues es un curso denso, largo, con la dificultad del idioma y de la poca familiaridad que tengo con el lenguaje arquitectónico. Pero bueno, más puede mi interés por los temas romanos y se aprende, que es lo importante.

Sin embargo dudo que apruebe el curso, al menos con buena nota, pues como en otros tantos MOOC, aquí optan por hacer parte de la evaluación como “tareas revisadas entre pares”, es decir, ejercicios de redacción breve que son calificados por otros estudiantes, a la vez que uno corrige ejercicios de otros. Este sistema me parece abominable, sinceramente. Entiendo que en un curso masivo con 20.000 o 40.000 o más matriculados el profesor no pueda corregir redacciones, pero para eso están los test. Me niego a presentar este tipo de tareas pues dudo de mi criterio para corregir tanto como del criterio de quienes me corregirán. En fin.

Uno de estos peer reviewed assignments del curso tiene su gracia: diseñar una ciudad romana inventada, dibujando el plano de la misma con sus equipamientos y ubicándola en su contexto geográfico e histórico, además de argumentar características arquitectónicas y técnicas constructivas. Interesante y completito. He aprovechado esta tarea para ejercitarme en un campo de la ilustración que no había tocado. Así que aquí está mi ciudad ficticia:

ciudad romana ficticia

“Colonia Augusta Bibulis in tempore Titus Aelius, divus Hadrianus Filius, Antoninus Pius, Imperator Caesar Augustus”. Una ciudad romana inventada, Bíbulis, imaginada en tiempos del emperador Antonino Pío. Mejor ver el plano en tamaño completo.

Colonia Augusta de Bíbulis

Bíbulis (no confundir con Bilbilis, la actual Calatayud) en latín significa Bebedores, y la he imaginado en la provincia romana de la Bética, en un recodo del Guadalquivir (Baetim fluvium) a medio camino entre la capital Corduba y las importantes Hispalis e Italica. Siempre hablando en ficción, Bíbulis es una fundación de época claudia y aquí se muestra en su máximo esplendor a mediados del s.II d.C. en tiempos del emperador Antonino Pío.

Plano general de la ciudad

La planta de Bíbulis se basa en la distribución ortogonal de un castro o campamento militar romano, con calles rectas que delimitan manzanas regulares. Las dos calles principales son el Cardo Máximo, avenida orientada norte-sur, y el Decumano Máximo, orientada este-oeste. En el cruce de estas dos arterias se abre la plaza principal o Foro.

A los extremos de estas calles principales corresponden las entradas a la ciudad abiertas en la muralla. Las puertas recibían nombres genéricos (porta praetoria, porta decumana) o bien nombres relacionados con la dirección a la que se iba desde dicha puerta. Aquí las llamo Porta Patriciense y Porta Hispaliense por abrirse a las calzadas que conducen respectivamente a la Colonia Patricia de Corduba (Córdova) e Hispalis (Sevilla), y Porta Baetica la que da al río Betis y cuya calzada lo cruza a través de un puente rumbo a la importante Emerita Augusta (Mérida).

Un ejemplo de ciudad con trazado de castro es Barcino (pronúnciese “Bárquino”), actual Barcelona, cuyos restos visibles permiten hacerse idea del asentamiento romano.

El Foro

Esta plaza era el centro de la vida social, política, religiosa y comercial de toda ciudad. Aquí se agrupaban los principales edificios públicos y el mercado. En el Foro de Bíbulis se hallan:

foro ciudad romana

Detalle del foro de la ficticia Bíbulis. Se observa la plaza porticada con los edificios principales: templos de Augusto y Mercurio, la Basílica y la Curia, mercados (Macellum y Forum Lanarium). También hay unas termas y un lupanar (L).

El Templo del Culto Imperial, en este caso dedicado a Augusto. Es un típico templo romano derivado del estilo griego: rodeado de columnas por las cuatro caras (períptero) y con cella central, al modo griego, pero con acceso sólo por la escalinata frontal y elevado sobre un alto podio, elementos típicos romanos. Así eran, por ejemplo, el Templo de los Dióscuros en el Foro de Roma o el Templo de Diana en Mérida.

El Templo de Mercurio (Aedes Mercuri), venerado en esta rica ciudad por ser dios del comercio (y los ladrones). Su planta es la típica de los templos tradicionales romanos derivados del estilo etrusco: alto podio, acceso por escalera frontal y columnas libres sólo en el pórtico frontal (próstilo). Como ejemplos de este tipo están el Templo de la Fortuna Viril en Roma o la Maison Carrée en Nimes. Cada templo tenía delante, al aire libre, su respectivo altar para sacrificios.

La Basílica era el principal edificio administrativo, pues en su interior se ejercían las actividades legales: firma de contratos, juicios, etc. La planta de la basílica está partida en tres naves por dos filas de columnas. Esta distribución se mantuvo en las iglesias católicas y por ello no podemos dejar de pensar en basílica como edificio de culto, aunque en origen no era así. En el Foro Romano quedan restos de las Basílicas Emilia, Julia y Ulpia.

En la Curia se reunían las autoridades locales, encabezadas por los Duumviri, pareja de magistrados electos que fungían de gobernantes de la ciudad.

El Macellum era el mercado principal para venta de víveres y otros productos. El de mi falsa ciudad se inspira en el Macellum de Pompeya, amplia plaza con tiendas abierta hacia el foro. Muchas ciudades tenían otros mercados o foros para ventas especializadas; en Bíbulis puse un Forum Lanarum obviamente para comercio de lana, y un Forum Boario para comercio de ganado, ubicado en la periferia de la ciudad.

Las Termas y la distribución del agua

Tras el foro el otro punto principal de relaciones sociales cotidianas eran las termas. El ciudadano romano solía hacer su actividad laboral por la mañana, tomar un almuerzo ligero y después pasar la tarde en las termas, practicando ejercicio, recibiendo masajes y disfrutando de los baños, y luego a casita a cenar (cuánto tenemos que aprender de nuestros ancestros). En mi ciudad ficticia hay tres termas, las principales o termas imperiales de Adriano, unas termas del Foro y otras termas pequeñas extramuros en la Porta Baetica. Estas termas en la entrada de la ciudad acogían a los viajeros, que descansaban y se quitaban la mugre antes de entrar al recinto urbano; ejemplo de termas extramuros tenemos en Pompeya y en Barcino.

termas romanas

Plano de unas termas romanas del s.II d.C. mostrando sus diferentes dependencias.

En el plano de las Termas Imperiales podemos ver la típica disposición de las grandes termas a partir de la dinastía Flavia: salas amplias y simétricas, espacios diáfanos abiertos y abovedados, piscina grande y áreas ajardinadas. Las dependencias estándar eran: apodyterium o vestuario, frigidarium, tepidarium y caldarium, salas para los baños fríos, tibios y calientes, respectivamente, natatio o piscina, laconicum o sauna y palestra o área de ejercicios. Las termas de esta magnitud solían estar rodeadas de tiendas y hasta de bibliotecas públicas. El mejor ejemplo son las Termas de Caracalla en Roma.

En mis termas imperiales me he permitido sumar un templo para Asclepio, dios sanitario, asociándolo con las saludables actividades de higiene y ejercicio practicadas en las termas. Compensa quizás la falta de centros hospitalarios, desconocidos en el mundo antiguo.

Como bien se sabe, el suministro de agua de las urbes romanas se hacía a través de acueductos. Aunque tenemos en mente la imagen de imponentes acueductos con varias filas de arcos, en realidad estos arcos se empleaban para salvar desniveles en algunos segmentos del recorrido, la mayor parte del acueducto era una tubería asentada o enterrada en el terreno. El agua era distribuida hacia las termas, las fuentes públicas y las casas de los ricos y famosos. Otra instalación pública con agua corriente eran las letrinas, cagaderos colectivos donde además de aflojar el morcón se departía socialmente con los parroquianos. Las aguas residuales de termas, letrinas y domicilios se recogían en el sistema de alcantarillado y era drenado a través de una cloaca en el puto río más cercano, a falta de plantas de tratamiento.

Diversión para todos

Una ciudad romana de prestigio debía contar con alguna de las siguientes instalaciones de espectáculos: circo, teatro, anfiteatro y odeón. Estos significativos edificios estaban preparados para acoger multitudes y podían estar dentro del recinto urbano o bien extramuros. Por ejemplo Mérida tiene el teatro y el anfiteatro intramuros y el circo fuera de la ciudad, mientras en Tárraco pasa al contrario.

En el Circo se asistía a carreras de cuadrigas, la fórmula 1 de su tiempo; quizás fuera el espectáculo más popular, más aún que los gladiadores, cuyos espectáculos se celebraban en los Anfiteatros. Menos popular era el Teatro pues el populacho romano era poco aficionado a las obras de los trágicos, algo más a la de los cómicos y mucho más a las pantomimas barriobajeras y obscenas. El Odeón era similar al teatro pero más pequeño y techado, y era una sala de conciertos musicales y recitación.

Otros equipamientos urbanos

La mayor parte de la planta de mi ciudad ficticia está destinada a las domus o casas familiares. También hay algunas manzanas para las insulae o edificios de apartamentos de varias plantas para las clases populares. En la parte delantera de las domus se ubicaban las tiendas o tabernae, los talleres y los thermopolia o bares-restaurante. No las he señalado en el mapa. Sí he señalado otros equipamientos importantes para la ciudad: las panaderías, lavanderías y prostíbulos.

En la panadería o pistrinum no solo se vendía el pan, sino que contaba con molinos para el trigo y hornos. La fullonica o lavandería-tintorería se encargaba de la limpieza de la ropa (que no se hacía tan frecuentemente). Mientras la gente soltaba sus cagarros en las letrinas, destinaba sus meados a las fullónicas, pues la orina era la fuente para el amoníaco usado en el lavado. La ropa también se aromatizaba con perfumes y se teñía, o bien se blanqueaba con vapores de azufre.

Los lupanares o casas de putas eran frecuentes en las ciudades romanas, que contaban con buena proporción de putetxes per cápita. Había lupanares de diferente categoría y precio, algunos exquisitamente decorados con imaginería pornográfica (de hecho la raíz porno proviene del griego πόρνη, pornei, que significa prostituta precisamente). Las lupas que trabajaban en este oficio tenían el derecho a vestirse de rojo, usar toga (una toga pequeñita y sexy, supongo) y llevar el cabello suelto, cosas que una digna mujer romana de buena familia no haría ni loca.

Pues nada, hasta aquí el repaso de una ciudad romana de época antonina, en el máximo esplendor del Imperio Romano. Los rótulos en latín macarrónico son inventados, pero a que dan el pego. Me da igual la nota que saque en este curso, me la trae muy floja y con riesgo de desprendimiento.

Hablando de dibujar arquitecturas ficticias, un maestro al respecto fue Giovanni Battista Piranesi (1720-1778), quien no solo ilustró detalladamente los edificios grecorromanos de Italia sino que creó grabados de arquitecturas monumentales inventadas inspiradas en el estilo clásico. Una famosa obra de Piranesi son sus “Cárceles imaginarias”, que dan un poco de acojone. Sólo los frontispicios de sus libros ya merecen una reverencia.

Sobre la vida cotidiana en Roma vale la pena leer el ameno libro de Juan Eslava Galán “La Roma de los Césares“, donde uno logra ponerse en la situación de un habitante de la gran Urbe.

Sátira política de actualidad… escrita hace 2400 años

“Para gobernar al pueblo no hacen falta hombres provistos de buena cultura y de buena educación. Se necesitan ignorantes que, además, sean unos granujas”

Aristófanes, siglo V a.C.

Solemos creer que la Civilización ha avanzado mucho a lo largo de los siglos. Sí, ha habido avances considerables, pero mayormente en la Tecnología, mucho más que en cuanto a Civilización. Y en cuanto al ser humano el progreso es más bien escasito. Biológicamente somos los mismos desde que apareció nuestra especie hace cosa de 200.000 años. Socialmente mantenemos las bases de conducta de los primates que somos, complicadas y disfrazadas por lo que hemos llamado cultura, y a las adaptaciones de los sistemas jerárquicos tribales a niveles supratribales lo terminamos llamando política.

Una cosa que me apasiona de la lectura de las obras literarias de la Antigüedad es que se pueden encontrar básicamente las mismas pulsiones, los mismos conflictos y las mismas ambiciones que sentimos actualmente. No hemos cambiado casi nada. Es cierto que el empaque resulta difícil, el lenguaje extraño y la distancia con el contexto hace que el lector se extravíe cuando intenta abordar la lectura de un clásico griego.

Aristófanes, santo patrón de los humoristas

El ejemplo de hoy se refiere a la sátira política a través del humorista más antiguo del que se conservan obras enteras, el célebre Aristófanes. El ser humano trae de serie un humor básico para reírse de tontadas como resbalones o contusiones testiculares, y otro nivel de humor más elevado para hacer y disfrutar la sátira social y la burla de personajes señalados. La Comedia ateniense sumaba ambos niveles, pues contenía situaciones y expresiones francamente barriobajeras y procaces, chistes de cacapedoculopís y obscenos pollones de trapo, junto a una trama que satirizaba la sociedad de Atenas y, frecuentemente, a sus ilustres dirigentes.

El gran Aristófanes nació en Atenas hacia el 444? a.C. y allí falleció en 385? a.C. Pocos datos hay de su biografía. Se inició pronto en la dramaturgia, pues sus dos o tres primeras obras las presentó antes de los 20 años y bajo la ficticia autoría de un amigo de mayor edad. Se sabe que escribió algo más de 40 comedias pero hoy solamente podemos disfrutar de 11 de ellas.

Gran parte de su vida coincidió con la devastadora Guerra del Peloponeso (431-404 a.C.) que enfrentó a multitud de ciudades griegas entre sí agrupadas en el bando de Atenas o en el de Esparta. Tan largo y costoso conflicto tuvo una honda influencia en Aristófanes, ferviente pacifista, pues en muchas de sus obras aboga por el “no a la guerra” y ridiculiza a los políticos demagogos y belicistas.

El demagogo Cleón y el satírico Aristófanes

Portada de Los Caballeros, edición de obras de Aristófanes por Philipp Nicodemus Frischlin, 1586. Fondos digitales de la Universidad de Sevilla

Portada de Los Caballeros, edición de obras de Aristófanes por Philipp Nicodemus Frischlin, 1586. Fondos digitales de la Universidad de Sevilla

El político que llevó los mandobles más directos en la comedia aristofánica fue Cleón, el hombre fuerte de Atenas entre 429 y 422 a.C. El demagogo Cleón fue un personaje que fácilmente podría colocarse en el Congreso de los Diputados de hoy, bajo el color que se quiera: orador exaltado, insultador de sus contrarios, chanchullero, populista, manipulaba la Justicia para deshacerse de sus enemigos, inventaba impuestos arbitrarios, atacaba a la aristocracia ateniense y prometía un futuro mejor para el pueblo. Estuvo metido en más de un oscuro asunto con el dinero público. Partidario acérrimo de la guerra contra Esparta y de la política imperialista y opresora de Atenas hacia otras ciudades griegas. A lo mejor no era tan malo el hombre, pero como lo conocemos por Aristófanes y por el historiador Tucídides, que tampoco apreciaba a Cleón, pues esa imagen es la que tenemos.

El primer roce entre Cleón y el dramaturgo ocurrió a raíz de la obra Los Babilonios (hoy perdida), donde Aristófanes criticaba la opresión de Atenas sobre sus socios griegos, cosa que le sentó como el culo a Cleón, en especial porque había representantes de estos aliados sentados a su lado en el teatro. El resultado fue una denuncia de Cleón hacia el autor que acabó desestimada por el jurado. Téngase en cuenta que era una denuncia del Jefe del Gobierno contra un chaval de quizás 18 años.

Al año siguiente, en 425 a.C., Aristófanes prosiguió su crítica antibelicista en Los Acarnienses, pero se guardó lo mejor para la siguiente temporada cuando estrenó Los Caballeros, obra para el mayor escarnio de Cleón y de la que hablaré a continuación. En 422 presentó Las Avispas, también centrada en el demagogo; ese fue el año de la muerte de Cleón, tras lo cual Aristófanes dedicó sus diatribas a otros famosos paisanos suyos, como Sócrates o Eurípides.

“Los Caballeros”, la viva imagen del político

Esta obra se estrenó en 424 a.C., muy joven era aún su autor, con una excelente acogida por el público. Con frecuencia el nombre de las obras provenía del tipo de personajes que encarnaba el coro: avispas, ranas, aves, mujeres, ciudadanos de un determinado lugar, etc. Los Caballeros (Ἱππεῖς, Hippeis) recibe su nombre del coro formado por caballeros de la nobleza ateniense que conspiran para expulsar al demagogo de la ciudad (obvia referencia a Cleón).

Se trata de una alegoría donde un señor llamado Demos adquiere un criado trepa, llamado el Paflagonio, que se hace con el control de los asuntos de la casa y humilla a los demás siervos. Dos de estos siervos se confabulan con los caballeros de Atenas (también víctimas de la iniquidad del trepa) para lograr que el amo sustituya al detestado Paflagonio poniendo en su lugar a un personaje de la más vil extracción social: un vendedor ambulante de salchichas (un Ἀλλαντοπώλης, como comenté en el post del botulismo), truhan e ignorante.

A excepción de este Morcillero los demás personajes tienen correlato político: los dos siervos son Nicias y Demóstenes, generales atenienses contemporáneos, el Paflagonio no es otro que el mismísimo Cleón, y el amo Demos, como su nombre indica, es la personificación del Pueblo soberano y democrático.

El objetivo de la obra es poner a Cleón a la altura de la hez, señalando sus vicios y su corrupción, hasta el punto de que vale más ser gobernados por un inculto salchichero. Aristófanes critica el propio sistema político que permite que semejantes personajes lleguen a ostentar el gobierno.

A continuación quiero mostrar algunas citas extraídas de Los Caballeros para evidenciar cuán actuales resultan en estos tiempos de enorme desafección política, de hastío hacia la clase dirigente y de críticas al propio sistema. Expresiones parecidas a las de esta obra pueden escucharse cotidianamente por la calle. Los fragmentos están extraídos de varias traducciones diferentes.

Aristófanes reparte estopa para todos, comenzando por el propio Pueblo encarnado en el personaje Demos, de quien dice ser “un amo selvático, devorador de habas, irascible, pesado y algo sordo”. Más adelante el propio Demos dice:

“Dm: …me hago el loco porque me conviene. A mí me gusta estar bebiendo todo el día, alimentar a un granuja que me gobierne y cuando ya está bien repleto, le reviento. (…) Yo los observo cuando roban, y finjo no ver nada; después les obligo a vomitar todo cuanto me han robado, echando por su garganta, a guisa de anzuelo, una acusación pública.”

Incluso llega a referirse a Atenas como “la ciudad de los papanatas” (o bien “bobalicones”, “boquiabiertos” o “soplapollas”, según se traduzca Κεχηναίων). Vamos, responsabiliza al pueblo de ser inconstante, tontuno y de dejarse cortejar e incluso sodomizar por el politicastro de turno. Nada más cierto.

Los vicios de Cleón son reflejados en los del Morcillero, quien le gana en todos: ladrón, parásito, pervertido sexual, mentiroso. El Coro arremete contra Cleón:

“Coro: ¡lnfame, bribón, charlatán; todo el país está lleno de tu audacia, lo mismo que toda la asamblea, las oficinas de recaudación, los procesos, los tribunales! ¡Removedor de fango, tú has enturbiado la limpieza de toda la ciudad y ensordecido a Atenas con tus estentóreos clamores: tú desde lo alto del poder acechas las rentas públicas, como desde un peñasco acecha el pescador los atunes!(…) Pero ha aparecido, ¡cuánto me alegro!, otro hombre más bribón que tú, que te arrojará del puesto, y, a lo que parece, te vencerá en audacia, intrigas y maquinaciones. (Al Morcillero) Tú que te has criado aquí, de donde salen los hombres que valen algo, demuéstranos cuán inútil es una educación honrada”

El curriculum del Morcillero es así:

“Siervo 1: …¿Pertenecerás acaso a una clase honrada?

Morc: No, por los dioses; pertenezco a la canalla.

Siervo 1: Entonces, oh mortal afortunado, estás ricamente dotado para la política.

Morc: Pero, buen amigo, yo no he recibido la menor instrucción; sólo sé leer, y eso mal.

Siervo 1: Precisamente lo único que te perjudica es saber leer, aunque sea mal. Para gobernar al pueblo no hacen falta hombres provistos de buena cultura y de buena educación. Se necesitan ignorantes que, además, sean unos granujas.

(…)

Morc: …lo que no veo es cómo podré yo ser capaz de gobernar al pueblo.

Siervo 1: Muy fácilmente. Haz lo mismo que ahora: embrolla y revuelve los negocios como acostumbras con las tripas, hazte agradable al pueblo. (…) Tus cualidades son las únicas para ser un demagogo a pedir de boca: voz terrible, naturaleza perversa, impudencia de plazuela; en fin, cuanto se necesita para actuar en política.”

Más adelante:

“Morc: También yo cometía mis fraudes cuando chico. Engañaba a los cocineros (…) y mientras tanto yo les atrapaba las mejores tajadas. (…) La mayor parte de las veces no me veían; pero si alguno lo notaba, escondía la carne entre las nalgas y juraba por todos los dioses que nada tenía. Por lo cual un orador que me vio no pudo impedirse de exclamar, riendo: “Apostaría cualquier cosa a que ese muchacho nos llegará a gobernar”.

Siervo 1: Y acertó en su pronóstico. Se fundaba en que mientras escondías el hurto entre las nalgas lo agravabas con un perjurio.”

Y más adelante aún, en la última disputa con Cleón:

“Cl: …¿a qué escuela acudiste de niño?

Mor: Me educaron a palos en las cocinas.

Cl: … ¿Qué aprendiste del maestro?

Morc: A robar, y a negar el robo mirando a los ojos.

Cl: (…) Y de adulto, ¿a qué te has dedicado?

Morc: Vendo embutidos, y a veces me dejo follar.”

Tal es la catadura de un candidato según Aristófanes. Durante la obra Cleón y el Morcillero mantienen varias parodias de debate electoral, cuyo nivel es éste:

“Morc: Chillaré tres veces más que tú.

Cl: Mis alaridos ahogarán los tuyos.

Morc: Y los míos a los tuyos.”

Nada que envidiar a sus Señorías. Otro fragmento del debate:

“Cl: ¡Miserable! A ti el Pueblo no te cree, y yo me burlo de él cuando quiero.

Morc: ¡Qué seguro estás de dominar al Pueblo!

Cl: Es que sé con qué cebo se le coge.

Morc: Y obras con él como las nodrizas, pues a pretexto de masticar antes la comida, te tragas tres veces más de lo que le das.

Cl: ¡Por Zeus; con mi destreza, al pueblo lo puedo dilatar o estrechar a mi gusto!

Morc: Pues vaya cosa, eso mi ano también sabe hacerlo

(…)

Morc: Haces lo que los pescadores de anguilas: si el lago está tranquilo, no cogen nada, pero cuando revuelven el cieno de arriba abajo hallan buena pesca. Tú también pescas cuando revuelves la ciudad.

Son discusiones que echan por las noticias cada día. En un surrealista momento de la disputa ambos contendientes se van al Congreso a arengar a sus Señorías. El Morcillero vuelve victorioso y cuenta cómo, cuando Cleón estaba pronunciando su discurso, él comenzó a comentar lo baratos que estaban los boquerones en el mercado y al punto los diputados abandonaron corriendo la sesión para ir a comprar boquerones de oferta; el Morcillero les obsequió cilantro y puerros para adobar los boquerones y se jacta de que “así, con dos duros de cilantro tengo comprados a todos los diputados”. Inigualable acidez la de Aristófanes.

Cuando aparece Demos en escena los contendientes se alternan ofreciendo obsequios y promesas cada vez más desvariadas. Al final Demos opta por el Morcillero y destituye a Cleón. La obra podría acabar aquí, pero el autor la prolonga con un acto de rejuvenecimiento de Demos a través de una cataplasma hecha por el Morcillero, quien abandona su postura tunante y vira a la de salvador de la democracia. Así el Morcillero dicta a su rejuvenecido amo una serie de directrices políticas sobre buenas prácticas administrativas, educativas, pacifistas (solicitando la tregua con Esparta) y lo hace jurar no volver a creer en promesas de demagogos.

La obra finaliza con el castigo impuesto a Cleón por sus fechorías, cosa que muchos firmaríamos para aplicarle a más de uno:

“Dm: ¿Qué castigo vas a imponer a ese Paflagonio por su mala conducta?

Morc: Uno pequeño. No le impondré más que el de que ejerza mi antiguo oficio: vender chorizos en las puertas y picar carnes de perros y burros. Cuando se embriague, que riña con las prostitutas; y no beba más agua que la de las bañeras.

Dm: Muy bien pensado; solo merece eso, pasarse el tiempo peleándose con las putas y los mozos de los baños. En recompensa te convido a venir al Gobierno para que ocupes el puesto de ese bribón. (…) Que se lo lleven a donde ha de ejercer su oficio, para que sirva de espectáculo a los extranjeros a quienes tanto maltrataba.”

¿Aristófanes progre y hippie?

Considerando los mensajes de sus obras uno estaría tentado a equiparar a Aristófanes con la actual progresía de las artes escénicas: el “no a la guerra” presente en multitud de sus obras, los derechos de los extranjeros (aunque en la época se consideraba extranjero al griego que vivía en la ciudad de al lado), el “haz el amor y no la guerra” y el derecho a huelga (ambos temas tratados en la obra Lisístrata, donde las esposas de los soldados hacen huelga de piernas cerradas hasta que sus hombres abandonen la guerra), o la permanente crítica al sistema político.

letrero dentro de un taxi en Barcelona

letrero que encontré dentro de un taxi en Barcelona

Sin embargo, resulta que Aristófanes era un auténtico reaccionario, conservador y religioso. Su crítica al sistema democrático y a los políticos demagogos provenía de su adhesión a la oligarquía nobiliaria. Incluso decía preferir un sistema monárquico a una democracia fallida que permitía a políticos sin escrúpulos saquear el dinero público y demás guarrigoñadas. Más que una desafección política global, Aristófanes miraba con nostalgia la entereza de los gobernantes de las generaciones precedentes, de ese glorioso pueblo que se enfrentó y derrotó al Imperio Persa asegurando su libertad.

Tendemos a clasificar las posturas ideológicas en compartimientos cerrados, en packs estándar: la derecha y la izquierda; la derecha tiene que ser plutócrata, católica y centralista; la izquierda pacifista, proabortista, anticlerical; un buen catalán tiene que ser del barça, nacionalista y ver TV3; un ecologista tiene que ser quimiofóbico, vegano y usar alpargatas. Podemos juzgar la ideología de alguien simplemente viendo qué periódico está leyendo.

Las cosas no son así, aunque siempre haya estereotipos, los compartimientos no son cerrados y nadie está obligado a comprar el pack completo aunque así quieran venderlo. Inclinarse sobre un tema basándose sólo en ser de izquierdas o de derechas sin un análisis intrínseco del problema simplemente refleja sectarismo y ausencia de inteligencia.

Estudiar un poco la Historia deja claro cómo siempre se han ido mezclando las posturas ideológicas, como este comediógrafo reaccionario que parece un hippie, y que las etiquetas de este tipo son totalmente absurdas.

Notas:

En este link se puede leer un pdf con el texto completo de Los Caballeros, aunque no está muy cuidado el escaneado y la traducción de algunas expresiones está suavizada. En este vídeo hay un fragmentito de la obra en una puesta en escena en el teatro griego de Epidauro, para quien tenga curiosidad de cómo suena en versión original. Hay otros fragmentos de la misma función en youtube, en algunos hay música, canto y coreografía, recuperando el espíritu original de la escena griega, más cercano al musical que al simple teatro recitado.

Bibliografía:

Sobre el botox y los consoladores

Desde las tripas

El gran depredador caza su presa y devora la carne de sus músculos. Después los carroñeros dan cuenta de sus tripas. El ser humano, en su avidez por abarcarlo todo, come la carne y come las tripas; y en un culmen de deliciosa perversidad inventó tomar las tripas y rellenarlas con la carne. Tal fue el inicio de la cultura charcutera, una manera tanto de aprovechar toda la proteína disponible del animal sacrificado como de conservarla el mayor tiempo posible.

La conservación proteica mediante salado y secado la practicaban los egipcios, no se diga que no aplicaban a la comida lo que hacían con las momias. No he encontrado fuentes de fiar sobre el embutido en el Egipto faraónico, así que pasamos a los antiguos griegos para dar con los primeros datos históricos charcuteriles. En la Odisea se habla constantemente de consumo de carne de distintos animales, mayormente asada; en el Canto XVIII (versos 43-49) se hace referencia a “estómagos (γαστέρες) de cabra rellenos de grasa y sangre y puestos a la lumbre”, clara referencia morcillesca. El nombre griego para las salchichas era allantas (ἀλλᾶντας), y así se lee en la comedia de Aristófanes Los Caballeros, donde uno de los personajes es un vendedor de embutidos (Ἀλλαντοπώλης). De allanto proceden los términos alantoides (membrana embrionaria crucial en la formación de la placenta y de donde se originan la vejiga y la uretra) y alantoína (compuesto nitrogenado muy usado en cosmética y relacionado en su origen con la urea acumulada en la alantoides).

Nuestra cultura del embutido la debemos directamente a los romanos, que producían y jamaban salchichas y morcillas a gran escala. El Libro II de la Re Coquinaria de Apicio está dedicado a albóndigas y salchichas, describiendo múltiples recetas de isicia (albondiguillas), farcimina cocta (salchichas cocidas), lucaniae (las salchichas finas y ahumadas más populares en Roma, de cuyo nombre procede la longaniza) y botellus o botulus, término genérico para las viandas trituradas introducidas en tripa.

El thermopolium de Vetutio Plácido en Pompeya. En los agujeros de la barra se colocaban los dolia, recipientes con viandas. Aquí venderían seguro botulus de diversos tipos. (Foto de la Dra. Sara Martin)

El thermopolium de Vetutio Plácido en Pompeya. En los agujeros de la barra se colocaban los dolia, recipientes con viandas. Aquí venderían seguro botulus de diversos tipos. (Foto de la Dra. Sara Martin)

Así, desde antiguo nuestra gente ha comido salchichas hechas con carne, grasa, sangre y vísceras, ya sean frescas, hervidas, ahumadas o curadas. Los embutidos tienen una distribución casi mundial, con excepciones como Japón o la India donde lo de meter carne en tripas no es autóctono. En China hay datos desde el siglo VI d.C. (1) y toda América adquirió tal cultura tras la colonización europea. Un hito trascendental fue la incorporación del sacrosanto pimentón a partir del siglo XVI, sin el cual la cocina española no sería lo que es ni existirían el chorizo, la sobrasada, el farinato o la morcilla patatera, por mencionar algunos nobles ejemplos.

Embutido enfermo

Los métodos de conservación tradicional en España mediante curado de carnes y embutidos han mostrado una seguridad bacteriológica proverbial. En el pasado no ocurrió así con las conservas en salmuera y ahumados de la Europa central, especialmente a finales del siglo XVIII, época de inestabilidad social, agravada por las siguientes guerras napoleónicas. La pobreza y la escasa higiene trajeron intoxicaciones alimentarias, entre otras cosas.

Justinus Kerner, descriptor de la intoxicación por salchichas. (www.goethezeitportal.de)

En 1817 el médico Justinus Kerner (1786-1862) describió en el suroeste alemán una serie de casos de intoxicación caracterizada por parálisis muscular, oftalmoplejia, ptosis, midriasis, disfagia, disartria, vómitos, estreñimiento, sequedad de piel y mucosas, que llegaba a ser mortal. Atribuyó el cuadro a un envenenamiento por salchichas chungas (Wurstvergiftung) y entre 1820 y 1822 publicó dos series de 76 y 155 casos en su zona (Das Fettgift Oder Die Fettsäure Und Ihre Wirkungen Auf Den Thierischen Organismus, Ein Beytrag Zur Untersuchung Des in Verdorbenen Würsten Giftig Wirkenden Stoffes, ver aquí). Kerner pensó que la causa era un ácido graso tóxico e intentó aislarlo y sintetizarlo sin éxito. Lo que sí demostró fue que el extracto de salchicha pocha aplicado sobre heridas en pequeños animales producía una parálisis muscular localizada. Muy al uso de su época, se colocó unas gotas del extracto en la lengua y padeció un cuadro similar al de sus pacientes.

En 1869 Müller (“Das Wurstgift.” Deutsche Klinik 1869, 40:365) bautizó la enfermedad de Kerner como botulismo, a partir del latín botulus que ya hemos mencionado. Es de agradecer que no quedara como “salchichismo”. Un sinónimo de botulismo es alantiasis, que es lo mismo pero en griego.

Emile van Ermengem, descubridos del C. botulinum y de su toxina.

Emile van Ermengem, descubridos del C. botulinum y de su toxina. (tomado de Truong, Dressler y Hallett: Manual of botulinum toxin therapy)

La causa del botulismo siguió siendo un misterio hasta 1895 cuando a partir de un brote por consumo de jamón en un pueblo de Bélgica se aisló el Clostridium botulinum. El artista descubridor fue Emile Pierre van Ermengem (1851-1932), quien además determinó que no era la bacteria en sí sino una toxina producida por ésta la que causaba el síndrome neuromuscular (“Ueber einen neuen anaëroben Bacillus und seine Beziehungen zum Botulismus.” Med Microbiol Immunol (Berl) 1897:1-56).

Las guerras napoleónicas trajeron otro invento que fomentó el botulismo: la conserva en bote, ideada por Nicolas Appert como modo de aprovisionar las tropas francesas en campaña. Las conservas se relacionaron con casos de botulismo por legumbre y vegetales. Actualmente las estrictas normas sanitarias han reducido enormemente las intoxicaciones alimentarias (y eso que la malvada industria nos “envenena” con conservantes y químicos), y la mayoría de los casos de botulismo son debidos a conservas o embutidos caseros, a la administración de miel en menores de un año o al uso de drogaínas intravenosas.

Domesticando el veneno

El mismo Justinus Kerner observó la posibilidad de sacar partido terapéutico al agente del botulismo y propuso su uso para enfermedades por sobreactivación muscular e hiperhidrosis. Esto no fue posible hasta la cristalización y producción estandarizada de la toxina botulínica durante la primera mitad del siglo XX. Ésta es uno de los venenos más poderosos que existen, con una DL50 de 1 ng/kg, superior a la del Polonio-210 (2), pero en la práctica no es un veneno muy efectivo (al menos para uso terrorista) por la relativa labilidad de la toxina: con un poco de agitación de la solución se logra separar sus dos subunidades y la toxina pierde su efecto. El uso clínico es más que seguro, pues harían falta más de 30 frascos para cargarse a alguien.

Tras pasar por pollos y monos, en 1980 llegó el momento de probar la toxina botulínica en humanos: fue el oftalmólogo Alan B. Scott quien publicó dos trabajos ese año (3,4) sobre el uso de la toxina en estrabismo, lo que abrió un nuevo y enorme camino en la terapéutica médica. La primera marca comercializada de toxina botulínica tipo A fue el archifamoso Botox® de Allergan. A partir de los años 90 se han ido concediendo más indicaciones a la toxina botulínica: parálisis oculomotoras, blefarospasmo, espasmo hemifacial, distonía cervical y otros tipos de distonía, espasticidad post-ictal, hiperhidrosis axilar y hasta tratamiento de la migraña.

¿Pero qué carajo es esto? Estaba en la vitrina de una peluquería...

¿Pero qué carajo es esto? Estaba en la vitrina de una peluquería…

Sin embargo el uso más conocido de la toxina botulínica es como plancha para las arrugas de expresión facial. La verdad es que el uso cosmético es, digamos, off label, pues sólo se contempla para aplicación en las arrugas glabelares (5), así que las patitas de gallo y las arrugas de la frente… pues eso. El Botox® se aplica con fines estéticos más que para cualquier otra indicación: aquel veneno mortífero que se cargó gente miserable en la postguerra paneuropea del s.XIX, fue domesticado para que las señoras de la jet rejuvenecieran y los plásticos californianos se forraran. Ahora su frívola aplicación es del dominio público y cualquier vecino solicita su servicio (yo mismo la he infiltrado con tales fines, lo confieso).

Derivaciones insospechadas del botulus romano

Volvamos al botulus para seguir otras pistas lingüísticas. Botulus y botellus se relacionan con el latín buttis, referido a odre, pellejo relleno. De esta raíz provienen nuestras palabras embutir y embutido, incluso especialidades de embutido como la butifarra o el bull catalanes, el contundente botillo de El Bierzo o el boudin de sangre francés e inglés. También derivan nombres de recipientes para contener líquidos: bota (de vino), botella o botija. Curiosamente odre procede del latín uter/utris, de donde viene útero.

Incluso sinónimos de tripa o intestino en otras lenguas también proceden de botulus, como bowel (in), budello (it), budell (cat), boyau (fr) o burtă (rum).

Sexy Art - Making SausageQuizás el término menos conocido que deriva de este origen es botulinonia, referido a la parafilia donde el falo es sustituido por un embutido (6,7). La práctica de la botulinonia debe ser tan antigua como el arte de la salchichería y el uso de sustitutivos fálicos está documentado desde el paleolítico (8,9). La botulinonia se puede clasificar como variante dentro de la sitofilia, parafilia donde la comida es utilizada con fines sexuales, bien sea untada, lamida, usada para penetrar o bien siendo penetrada. Un ejemplo de sitofilia es el nyotaimori japonés.

El empleo como consolador de vegetales fálicos o embutidos está bastante arraigado en el imaginario popular, basta con pensar en la larga sinonimia peniana asociada a objetos comestibles, aunque en la literatura médica no tiene mayor relevancia. La botulinonia es una parafilia menor o atípica no catalogada como tal en el DSM-5. En esta última versión del DSM se considera desorden parafílico cuando la práctica sexual peculiar produce angustia al individuo por conflicto interno o desaprobación social, o bien si causa perjuicio a otra persona.

A pesar de la escasa documentación médica sobre la botulinonia, se me ocurren dos consideraciones sobre esta práctica, una de tipo mecánico y otra microbiológica. Muchos tenemos o conocemos anécdotas de nuestras estancias en las salas de Urgencias sobre objetos perdidos en las regiones pélvicas, como trozos de calabacín o plátano alojados en fórnix vaginal, pues tal suerte pueden correr objetos friables como una bratwurst, incapaces de resistir el trajín. Cuando se trata del recto se corre además el peligro de escape y migración del cuerpo extraño (y no quiero decir con esto que el cordel que tienen los chorizos no sea sólo para colgarlos en el secadero). En el hospital donde estudié una noche extrajeron uno de éstos por vía rectal a un caballerete; el cuerpo extraño fue negligentemente olvidado en la sala de cirugía menor y posteriormente consumido, acompañado con crackers, por el personal de enfermería, ignorante de su procedencia.

En cuanto al aspecto microbiológico, los embutidos curados sufren dos tipos de procesos (10,11): uno es la fermentación del producto cárnico, principalmente por bacterias del ácido láctico como Lactobacillus y Pediococcus (lo que acidifica el producto y mejora su conservación), y el otro es la formación de una capa de moho en la superficie, principalmente por Penicillium sp., pero también Aspergillus, Debaryomyces, Candida, Fusarium, Rhizopus y muchos otros. No he encontrado bibliografía sobre el riesgo microbiológico del contacto de estos bichos con la mucosa vaginal/rectal a partir de artículos de charcutería. Desconozco si el embutido curado podría usarse como método de repoblación lactobacílica en caso de vaginosis, como se hace con el yogur.

Por otra parte, los embutidos mal conservados pueden contaminarse con patógenos como S. aureus, Salmonella, Pseudomonas o Clostridium. Sería irónico adquirir el botulismo mediante la práctica de la botulinonia. En cualquier caso parece recomendablemente higiénico que aquellas y aquellos que deseen usar dildos cárnicos o vegetales los recubran con un oportuno preservativo (o por lo menos film de cocina).

Feliz 2014, amigos.

Apunte artístico: en vida el Dr. Justinus Kerner logró más fama como poeta que como médico, publicó cinco volúmenes de poesía y algunas obras en prosa. En 1840 el compositor Robert Schumann publicó sus Kerner Lieder Op. 35, doce canciones basadas en poemas de don Justinus.

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

  1. Scott AB. Botulinum toxin injection of eye muscles to correct strabismus.Trans Am Ophthalmol Soc. 1981;79:734. (libre acceso)

  2. Ting PT, Freiman A. The story of Clostridium botulinum: from food poisoning to Botox. Clin Med. 2004;4:258. (libre acceso)

  3. Erbguth FJ. Historical notes on botulism, Clostridium botulinum, botulinum toxin, and the idea of the therapeutic use of the toxin. Mov Disord. 2004;19S8:S2. (PubMed)

  4. Pellett S. Learning from the past: historical aspects of bacterial toxins as pharmaceuticals. Curr Opin Microbiol. 2012;15:292. (PubMed)

  5. Berry MG, Stanek JJ. Botulinum neurotoxin A: a review. J Plast Reconstr Aesthet Surg. 2012;65:1283. (PubMed)

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