Sobre calcos médicos, again

Existen en Twitter numerosas cuentas sobre idioma y ortografía; recientemente me topé con las de @PatiOrtografico, @ElCorrectorDeTV y la tronchante @Cosmopaletation, ávidos rastreadores de meteduras de pata lingüísticas en las redes sociales, especialmente desde los medios de comunicación. Abruma ver la cantidad de erratas que los profesionales de la información cometen en su oficio y la de burradas que los usuarios comunes perpetran sin pudor. El twitter de Cosmopaleto está especializado en la denuncia de los calcos absurdos y anglicismos sin sentido que contaminan profundamente el idioma de uso diario. Con bastante mala baba, Cosmopaleto imita el estilo tan habitual en revistas como Cosmopolitan, plagadas de patadas al correcto castellano, y utiliza con ironía el término obsoleters para referirse a los que aún hablamos y escribimos a la antigua usanza.

En Medicina abundan los cosmopaletismos, préstamos y calcos innecesarios del inglés, usados irreflexivamente en detrimento de las palabras que ya tenemos en nuestro idioma para decir lo mismo. El origen obvio de esta mala praxis lingüística está en la constante lectura de textos especializados en inglés, cosa necesaria para que los médicos estemos al día en nuestro oficio. Los préstamos entre idiomas están justificados cuando no hay traducción posible o cuando el término extranjero define muchísimo mejor el concepto que cualquier combinación en la propia lengua. Por lo demás son una tontería.

Es un error la pretensión de justificar los anglicismos bajo el argumento de que «así es como aparece en la literatura especializada». Calcos absurdos hay en Medicina para aburrir; en este blog ya lo hemos discutido antes (1, 2, 3, 4) y hoy tocan unos cuantos ejemplos más.

Tidal

En quirófano no es raro escuchar a los anestesistas hablando de ajustar el «volumen tidal», cosa que instintivamente me hace levantar la cara del campo operatorio como si fuera un suricato. En inglés tide es ‘marea’ y tidal es ‘relativo a las mareas’. Este volumen «de marea» o tidal volume no es más que aquello que en nuestros bien traducidos libros de fisiología se denomina «volumen corriente», es decir, ese medio litro de aire que entra y sale de los pulmones con cada inspiración y espiración normal.

pantalla ventilador anestesia

Pantalla de un equipo de anestesia general. El parámetro Vt, aquí ajustado a 600 ml, indica el volumen corriente respiratorio. Vía www.ijaweb.org.

El ajuste del volumen corriente es importantísimo durante la anestesia general, pues el respirador se encarga de insuflar aire en los pulmones en un volumen y a una presión precisos para mantener la correcta oxigenación sanguínea.

Todos los estudiantes de medicina aprenden lo de volumen corriente cuando estudian fisiología respiratoria. Es el término apropiado e inequívoco en español, por ello no hay justificación posible para que anestesistas, neumólogos y espirometristas percudan su elocuencia con lo de tidal. Leñe.

anestesia_tidal

Para demostrar que el calco existe: pantalla de equipo de anestesia en uno de los quirófanos que frecuento, con la interfaz en castellano, se supone.

Tiltar

Bien sabéis, lectores avezados en la lengua inglesa, que tilt significa inclinación o inclinar, según se use como sustantivo o como verbo. Sinceramente, ¿hay alguna razón humana, divina, judicial o filosófica para inventarse el palabro tiltar, cuando existe ‘inclinar’ y toda su sinonimia?

He tenido oportunidad de oír tal aberración, no pocas veces, saliendo de las fauces de oftalmólogos: «La lente intraocular ha quedado tiltada». Y yo aprieto la mano en el bolsillo para que no salga expelida rumbo al bofetón.

El tilting aparece en la literatura médica en inglés sobre todo para referirse al desequilibrio de uno o más componentes que deben estar alineados, como en los elementos ópticos del ojo, estructuras osteoarticulares o dentales. En neurooftalmología se oye el término en el «tilted optic disc», disco oblicuo o inclinado, que describe la apariencia sesgada de la papila óptica en ojos de altos miopes debido al peculiar ángulo de inserción del nervio en el globo; también está la «ocular tilt reaction» o respuesta de inclinación ocular, mecanismo que conecta la información del oído interno con los músculos oculares para ajustar la posición de los globos ante movimientos de inclinación de la cabeza; este reflejo se asocia con una anomalía también harto conocida por su anglicismo: skew deviation o desviación oblicua.

No hay que ahondar demasiado en que decir tiltar o tiltado es una abominación criminal y un cosmopaletismo de primera categoría.

Flop, flop, floppy

floppy eyelid

Síndrome de laxitud palpebral. Es notoria la elasticidad del párpado, que se evierte fácilmente y muestra una conjuntiva alterada.

Aquí me acuso de haber pecado, pues en mi especialidad, cirugía oculoplástica, existe una entidad relativamente frecuente que en las publicaciones inglesas se llama «floppy eyelid syndrome». Y allí nos vemos los iniciados hablando del floppy y operando casos de floppy. Este «síndrome de laxitud palpebral» o de «párpado laxo» se distingue de la laxitud propia de los párpados seniles porque aparece en personas de menos edad, más en hombres, obesos, roncadores o con apnea obstructiva del sueño. Los afectados tienen párpados como de chicle, que se estiran extraordinariamente y ocasionan alteraciones en la superficie ocular. Una de estas alteraciones es la pérdida de células caliciformes de la conjuntiva.

En inglés las caliciformes se llaman goblet cells, literalmente «células copa». Alguna vez he presenciado con terror a un experto hablando de «células de Goblet», como si aquello fuera un epónimo. Así que ni floppy, ni goblet, ni leches.

bannerpresentaciones

Córneas burbujeantes

Cuesta mucho que las nuevas técnicas adapten los nombres de las publicaciones en inglés a los idiomas locales. En el caso de los trasplantes corneales, actualmente existen diversas técnicas para trasplantar capas concretas de la córnea en vez de la clásica queratoplastia penetrante. Los nombres de estos procedimientos son largos y se conocen más por sus siglas inglesas: DALK, DMEK o DSAEK, por ejemplo. Hay que reconocer que estas siglas en castellano (QLAP, QEMD, QEDMD) resultarían poco reconocibles por los oftalmólogos.

Una maniobra común en estas intervenciones es inyectar aire en la cámara anterior o en el propio estroma corneal; de ahí vienen términos como big bubble, bubbling o rebubbling. Los especialistas de esto incluyen en su jerga cositas como “bublear” y “rebublear”. Ciertamente, la traducción literal sería ‘burbujear’, pero esa palabra tiene la connotación de hacer burbujas múltiples y continuas, diferente de la inyección de una única burbuja de aire. Quizás bastaría con decir inyección y reinyección de aire, en vez de blubblinbluses.

DMEK_ilustracionmedica

Queratoplastia lamelar endotelial tipo DMEK. La inyección de aire ayuda a extender el injerto y, posteriormente, a adherirlo a la superficie posterior de la córnea.

Otra moderna intervención corneal es el cross-linking para el tratamiento de queratocono y otras formas de ectasia. Consiste en crear enlaces laterales entre residuos de lisina del colágeno mediante la aplicación de riboflavina y luz ultravioleta, lo que aumenta la rigidez y la resistencia del estroma corneal. Lo de cross-linking es fácilmente traducible como ‘entrecruzamiento’ o como ‘reticulación’, por lo que no habría necesidad del anglicismo y menos hablar de crosslinkear una córnea.

Vaya injuria

Un calco por demás infame es usar ‘injuria’ como traducción directa de injury, cuando se quiere decir ‘lesión’ o ‘daño’. Así se leen lindezas como «efecto de la injuria hipóxica». El término ‘injuria’ se usa en el sentido de agravio o ultraje, incluso de calumnia, si bien en la tercera acepción del DRAE indica que es «daño o incomodidad que causa algo», aunque eso dista del concepto de lesión orgánica propio de los procesos fisiopatológicos.

La importancia de los expertos

Las figuras de autoridad en los distintos campos científicos no solo tienen el deber de investigar y difundir los avances en sus áreas, sino que tienen la obligación de comunicarlos bien. Ello requiere un uso correcto del lenguaje.

Cuando una de estas figuras habla en un congreso nacional e introduce las últimas novedades del mundillo tiene la opción de ajustar los nuevos conceptos a nuestro idioma (aunque, por supuesto, haga referencia a los términos publicados en inglés) o bien hacer el cosmopaleto y entregarse a spanglishismos poco elegantes.

Recuerdo un caso espantoso en el que un señalado experto conferenciaba sobre la proliferación vitreorretiniana (PVR, en inglés VRP) y, aparte de mezclar diapositivas en español e inglés indiscriminadamente, pronunciaba PVR como «pi-vi-ar». ¿Eso qué cojones es?

Recomendación: Fernando A. Navarro (@navarrotradmed), traductor especializado en lenguaje médico y coordinador del blog Laboratorio del lenguaje en Diario Médico, es autor del Libro rojo: diccionario de dudas y dificultades de traducción del inglés médico, disponible bajo suscripción en la web de cosnautas.com. Es una utilísima fuente referencial para intérpretes y traductores de textos médicos y, también, para médicos que quieran aclarar sus incertidumbres lingüísticas.

“Ceterum censeo Podemus esse delenda”

Ni lo grave es severo ni las suturas se reabsorben

“El que sólo sabe de medicina, ni de medicina sabe”
José de Letamendi (1828-1897)

Ya sé que me repito más que el compango de fabada, pero debo insistir en que el lenguaje es una herramienta central para médicos y científicos, que las habilidades comunicativas deben ejercitarse de la misma manera que se practican las habilidades quirúrgicas o las destrezas matemáticas.

En Ciencias pateamos gustosamente el idioma. En Medicina parece que nos regocijamos en hablar con falta de corrección y en masacrar la elocuencia. Nos queda el consuelo del lenguaje aberrante usado en el área de económicas y empresariales, incomprensible spanglish que limita aún más su comprensión para quienes somos ajenos a las finanzas.

En este artículo voy con materia dura: tres palabras de frecuentísimo uso en Medicina e incorrectamente usadas con demasiada asiduidad. Me refiero a “severo”, “estadio” y “reabsorbible”.

Ochoa sí que era Severo

Quede claro de una vez que en el castellano actual severo no es sinónimo de grave. Sin embargo hemos asimilado el inglés severe como severo cuando queremos decir grave, debido a la influencia de la ingente literatura anglosajona y la perpetuación del propio vicio en el habla médica cotidiana.

Hay que reconocer que el uso de severo en nuestra profesión está hondamente incrustado y muchos lo usamos aun sabiendo su incorrección. Tal falta ha sido manifestada por la RAE, la Real Academia de Medicina y Fundéu. Se puede leer una amplia explicación sobre la confusión entre severo y grave en un artículo de los profesores Murube, Muñoz-Negrete y Arruga en Arch Soc Esp Oftalmol de 2007 y en otro de las doctoras Alonso y Pastor en Medicina Clínica de 2004.

Empecemos por las definiciones actuales de estos vocablos que aparecen en la 23ª edición del DRAE:

severo, ra
Del lat. sevērus.
1. adj. Riguroso, áspero, duro en el trato o el castigo.
2. adj. Exacto y rígido en la observancia de una ley, un precepto o una regla.
3. adj. Dicho de una estación del año: Que tiene temperaturas extremas. El invierno ha sido severo.

grave
Del lat. gravis.
1. adj. Dicho de una cosa: Que pesa. U. t. c. s. m. La caída de los graves.
2. adj. Grande, de mucha entidad o importancia. Negocio, enfermedad grave.
3. adj. Dicho de una persona: Que padece una enfermedad o una lesión graves.
4. adj. Circunspecto, serio, que causa respeto y veneración.
5. adj. Dicho del estilo: Que se distingue por su circunspección, decoro y nobleza.
6. adj. Arduo, difícil.
7. adj. Molesto, enfadoso.
8. adj. Dicho de un sonido: Que tiene una frecuencia baja de vibraciones, por oposición al sonido agudo. U. t. c. s. m. No me gustan los graves de esta grabación.
9. adj. Fon. Dicho de una palabra: llana. U. t. c. s.

Por tanto, severo se refiere a riguroso, estricto, recto o inflexible, mientras grave –dentro de su polisemia– denota importancia, seriedad o extremo de un asunto. Si decimos “cometió una falta grave y se le aplicará un castigo severo” queda muy clara la diferencia entre los dos términos. La etimología del latín severus tiene como raíz verus –verdad, verdadero, recto–. De severo también provienen aseverar y perseverar.

Por su parte gravis significaba en origen algo que tenía peso, en contraposición a levis, escaso de peso. En sentido de pesado se aplicó gravidez para el estado de la hembra preñada o gravedad para la tendencia de los cuerpos a caer por su peso, por contraposición a levedad. En su acepción de asunto de peso, serio e importante se aplica grave/gravedad al grado más avanzado o de riesgo vital de una enfermedad.

Esa contraposición grave-leve indica que lo correcto al graduar un proceso patológico es decir leve, moderado y grave, en vez de calcar el inglés mild, moderate, severe. Sin embargo, había cierta superposición entre gravis y severus en latín clásico y a veces eran usados como términos sinónimos. En este sentido pasó severe al inglés a través del francés antiguo.

La profunda impregnación del “severo” en la jerga médica hará que la corrección del vicio sea difícil. Coincido con lo planteado en el artículo del Dr. Murube antes citado, de que teniendo en consideración que en el fondo tal acepción de severo significa rescatar uno de sus significados en latín, no se trataría del peor pecado verbal de los médicos. Incluso podría animarse a la RAE a incluirlo como acepción válida, como hizo con la palabra testar (aquí lo comentamos), así no se tendría esa mala sensación visceral al escuchar el palabro.

bannerpresentaciones

Estadio: distancia, recinto y fase

El vocablo estadio nos viene del griego στάδιον a través del latín stadium. En la Antigüedad el estadio era una medida de longitud definida como 125 pasos; como entonces no había una oficina internacional de pesos y medidas, la variabilidad de esos 125 pasos era considerable de un sitio a otro, pero más o menos rondaba los 185 m (entre 178 y 210 m).

La distancia del estadio era utilizada para la carrera de atletas en las olimpiadas, de modo que la propia prueba recibió el nombre de estadio y finalmente el recinto donde se practicaba también acabó por llamarse estadio.

En su sentido de espacio estipulado, estadio adquirió el significado de período o fase definida de un proceso, y en este sentido es como se emplea en Medicina. Usamos estadio para referirnos a las distintas fases por la que pasa una enfermedad, especialmente en oncología, donde las clasificaciones TNM de los tumores definen una progresión por estadios.

Hasta aquí todo bien y correcto. El problema es la tendencia de muchos colegas a tachonarle un acento en la “i” y pronunciar estadío en vez de estadio. No sé si les suena más elegante o moderno (como esos que dicen intérvalo en vez de intervalo, que es para matarlos).

Otros dos términos mal construidos a partir de estadio son estadiar y estadiaje. Cuando se realiza la clasificación por estadios se está haciendo una estadificación, no un estadiaje. Y el verbo correcto es estadificar, nunca estadiar. Basta consultar el Diccionario de la Lengua para comprobarlo.

estadio_ilustracionmedica

Pues eso, no inventéis palabros

Mediante la aplicación ngram viewer de Google se puede comparar la frecuencia de uso de palabras o expresiones en la literatura publicada. Allí se observa que hasta la pasada década el uso de estadificar y estadiar era similar, pero en los últimos años ha aumentado el uso del término correcto. Algo similar ocurre con estadificación y estadiaje. Muy bien.

ngram_estadio

Capturas de los gráficos generados por ngram viewer, donde se compara la frecuencia de uso de expresiones en la literatura publicada. En este caso se aprecia el avance del correcto uso de estadificación y estadificar en vez de sus variantes indebidas.

Reabsorber es absorber dos veces

Como cirujano remendón que soy tengo que escuchar con demasiada frecuencia aquello de “suturas reabsorbibles”. Me jode vivo.

En clínica médica y en fisiología se usa reabsorber para indicar que vuelve a absorberse una sustancia previamente secretada o exudada. Por ejemplo, en los túbulos contorneados de la nefrona se reabsorben solutos (glucosa, aminoácidos, etc.) y agua que se habían filtrado de más en el glomérulo. En el tubo digestivo se absorben los nutrientes externos ingeridos, mientras se reabsorben las sales biliares secretadas en la bilis. Una efusión pleural se reabsorbe, lo mismo que un derrame articular.

Lo que no puede reabsorberse es algo que no está producido dentro del organismo, de manera que es imposible que unos puntos de sutura o un implante biocompatible sean reabsorbidos, simplemente se absorben y ya. Para rematar la cagada se inventan irreabsorbible para los materiales de sutura no absorbibles.

reabsorbible_ilustracionmedica

Las suturas se absorben, no se reabsorben

Por una vez podíamos aplicar un calco del inglés de esos que tanto nos chiflan, y copiar su uso de absorbable and non absorbable sutures. Cierto que también se encuentra resorbable aplicado a materiales quirúrgicos, en especial en implantes de material biológico tipo colágeno o membrana amniótica. Pero insisto, si no está hecho dentro del propio individuo no se reabsorbe, sino que se absorbe.

Lamentablemente en este caso el ngram viewer revela un irritante predominio del absurdo e incorrecto uso de “suturas reabsorbibles”. ¡Hacedme el favor, carajo!

ngram_reabsorbible

Gráfico de ngram viewer mostrando el pedorro predominio de la malsonante y errónea expresión “sutura reabsorbible”, vicio quirúrgico que habría que corregir.

Otro término parecido que también se usa en Medicina es resorción, es decir, la acción y el efecto de resorber, y resorber se define como “recibir o recoger dentro de sí un líquido que ha salido de sí mismo”. Es obvio el parecido con reabsorber, ya que solamente hay resorción de algo que ha salido de uno. Como término médico resorción se usa como sinónimo de reabsorción y en especial se aplica a la degradación del tejido óseo.

Advierto a residentes y colegas que estén cerca de mí en quirófano que si escucho lo de puntos irreabsorbibles cuando tengo en las manos un objeto punzo-cortante, puedo causar severas lesiones que dejen un avanzado estadío de incapacidad.

Ceterum censeo “Podemus” esse delenda

Colegas y colegos

Ya está en marcha la campaña electoral de 2015 para las Cortes. Nos vamos a hartar de oír oratoria vacua y tontismos de todo calibre, en especial la recurrente moda de duplicar sustantivos, adjetivos y pronombres en masculino y femenino («trabajadores y trabajadoras», «ciudadanos y ciudadanas»…), para ser políticamente correctísimo y gramaticalmente papanatas. Así es, lectores y lectoras míos y mías, escasos son los políticos y activistas que no se han apuntado a tan malsonante vicio oratorio repetidamente denunciado por lingüistas y profesionales de la escritura, de la RAE para abajo. Exhorto a mis colegas de ciencias y medicina a repudiar semejante pendejada.

Muy recomendable la lectura del amenísimo libro «Las 101 cagadas del español», editado por María Irazusta Lara, donde hay un par de entradas sobre este tema. También se han publicado numerosos artículos en la prensa, como éste de Ricardo de Querol o éste otro de Ignacio Bosque, ambos en El País, o el inmejorable de Javier Marías en Letras Libres. La Real Academia lo ha dejado muy claro en su web y en el Diccionario panhispánico de dudas. Lo mismo Fundéu y el Instituto Cervantes.

Género no es sexo

Mal se comienza en la lucha por la igualdad entre machos y hembras cuando metemos por medio la palabra género, ya que género es un término ampliamente polisémico, con al menos 15 acepciones en el diccionario de la RAE, y en lo tocante a masculino y femenino género es una categoría lingüística y no sexual.

Es decir, las palabras no tienen sexo per se, un camión no tiene testículos aunque es de género masculino ni una ventana tiene clítoris aun siendo de género femenino. El problema viene al hablar de seres animados que sí tienen sexo, y en especial al hablar de personas en plural, pues el plural genérico o neutro coincide en nuestro idioma con el plural masculino.

Al decir «los enfermos» se incluyen a todas las personas enfermas, tanto mujeres como hombres. Es el único modo correcto de decirlo, todas las demás fórmulas no son sino bobadas y subterfugios sin fundamento, ni hablar de «enfermos y enfermas», ni «enfermos/as», ni «enferm@s», ni «enfermxs», ni «los y las pacientes» o descalabros similares.

El plural genérico coincidente con el masculino es algo común en las lenguas romances y no representa en modo alguno un menosprecio hacia la hembra de la especie; si en origen fue un uso machista hace ya muchos siglos que eso ha quedado atrás para permanecer como una forma de economía del idioma y que todos entendemos. En inglés no pasa esto pues sus artículos y adjetivos carecen de género y hasta que no aparece un pronombre por la frase uno puede no saber si se refiere a él, a ella o a algo inanimado. Repito, género no es sexo, para que se entienda:

Género:
  • Género masculino: el, los (y sus concordancias con el sustantivo, pronombre o adjetivo que les sigue).
  • Género femenino: la, las (y sus concordancias con el sustantivo, pronombre o adjetivo que les sigue).
  • Género neutro: lo
Sexo:
  • Sexo masculino: picha
  • Sexo femenino: chichi
  • Otras variantes sexuales: hermafrodita, asexuado

La coincidencia del género neutro con el masculino también ocurre en singular: «lo bueno y lo malo», «el bueno y el malo», «la buena y la mala». Aquí «bueno» y «malo» indican tanto el masculino como el indeterminado, pero estos casos no son los que escaman a los crispados y a las crispadas de la igualdad.

Si se reclama igualdad de géneros, un vendedor de telas podría responder «pero si todos mis géneros son igualmente buenos». La infame violencia entre hombres y mujeres no debería llamarse violencia de género (discusión ésta que se tuvo en su momento), pues no es la violencia de una categoría gramatical contra otra, sino entre personas. Hasta se habla de «transgénero» en vez de transexual, no sea que alguien se imagine a una loca travestida.

Recordemos, por otra parte, que género es una de las principales categorías taxonómicas. ¿Debe considerarse machista que el género de nuestra especie sea Homo –literalmente «hombre»–? Tal vez lo políticamente correcto sea hablar de Homo/Mulier sapiens para no pecar de discriminación contra la mujer. ¡Absurdo!

Palabras tan suculentas para los «buenrollistas» como Humanidad, humano, humanitario, humanizar, etc., provienen todas de ‘hombre’ en última instancia. ¿Habrá que buscar cómo feminizar todos estos términos?

Arroba es la cuarta parte de un quintal

Esta fue en su origen la unidad de medida representada con el símbolo «@». Tanto la arroba como el quintal están en desuso como pesos y el símbolo de la primera se rescató en programación informática.

A algún iluminado, a saber quién, se le ocurrió que «@» tenía un ambiguo perfil entre la a y la o y que, por tanto, sería buena solución para evitar el intolerante plural genérico masculino. Pero escribir cosas como «l@s cirujan@s» es un disparate porque ¿cómo se lee eso? La @ es un glifo sin fonema asociado y por tanto no cabe como letra dentro de una palabra. El lenguaje escrito está supeditado al lenguaje oral: no se debe escribir lo que no se puede pronunciar.

generos

Idiotas e idiotos al poder

El mantra de duplicar los géneros ha arraigado entre políticos, administración pública, oenegés y agentes sociales como las hifas en las uñas de los pies. Diría que la cosa comenzó desde sectores considerados progresistas, sensibilizados con la igualdad y la justicia social, cosa que está muy bien aunque no da salvoconducto para distorsionar el idioma.

Como el peor ejemplo de hasta dónde ha llegado la tontería tenemos a esa bestia inverecunda y maloliente llamada Nicolás Maduro. Este animal ha asumido tanto el protocolo de duplicación de géneros que con frecuencia suelta rebuznos como «millones y millonas», «liceos y liceas», «alertas y alertos», «libros y libras» (y hasta se lo toma a broma, el cretino). Pero qué se puede pedir, partiendo de que la Constitución Nacional chavista está plagada de florilegios como estos:

Artículo 33. Son venezolanos y venezolanas por naturalización:
1. Los extranjeros o extranjeras que obtengan carta de naturaleza…
2. Los extranjeros o extranjeras que contraigan matrimonio con venezolanas o venezolanos desde que declaren su voluntad de serlo…

Artículo 35. Los venezolanos y venezolanas por nacimiento no podrán ser privados o privadas de su nacionalidad…

Artículo 39. Los venezolanos y venezolanas que no estén sujetos o sujetas a inhabilitación política ni a interdicción civil…

Artículo 41. Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad, podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Procurador o Procuradora General de la República, Contralor o Contralora General de la República, Fiscal General de la República, Defensor o Defensora del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la Nación, finanzas, energía y minas, educación; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de los Estados y Municipios fronterizos y aquellos contemplados en la ley orgánica de la Fuerza Armada Nacional.
Para ejercer los cargos de diputados o diputadas a la Asamblea Nacional, Ministros o Ministras, Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de Estados y Municipios no fronterizos, los venezolanos y venezolanas por naturalización deben tener domicilio con residencia…

Habrá a quien esto le parezca lo correcto, pero no lo es en cuanto a gramática ni retórica, y además es signo de inoperancia de pensamiento. Es llenar con palabras y más palabras vacías que no aportan nada al mensaje.

El desdoblamiento de géneros es una de las herramienta para que los discursos políticos puedan contener más palabras sin decir nada adicional, para parecer que se dice más cuando no se dice nada. Recuerda al estilo de los charlatanes que se dirigían rimbombantemente a la gente: «Señoras y señores, damas y caballeros, amigos y amigas…»

Se me tapa una arteriola de la sustancia blanca cada vez que escucho una declaración política aderezada con mamarrachadas de esta guisa.

Da la impresión de que en los círculos gerenciales públicos hay que usar más palabras de las necesarias y complicar los nombres de las cosas para que parezcan más de lo que son, para hacer como que se hace más de lo que se hace. Por ejemplo, en el sector hospitalario catalán donde trabajo ya casi no hay hospitales, hospitales a secas, ahora abundan especies como: Ciudad Sanitaria, Consorcio Hospitalario, Corporación Sanitaria, Consorcio Sanitario Integral, Centro de Atención, Parque de Salud… a los que hay que añadir el topónimo, el epónimo y la categoría universitaria, si procede. El resultado es un larguísimo nombre institucional que sólo aparece en impresos y bocas de gerentes, porque el personal y los usuarios siguen llamándolo «el hospital de tal sitio» y ya. Mientras, las listas de espera no bajan a pesar del espectacular artilugio nominativo.

Lenguaje machista

Por supuesto que existe lenguaje sexista, lo mismo que lenguaje racista y expresiones ofensivas de toda índole. Es sin duda necesario cuidarse de proferir frases que sean o puedan interpretarse de modo peyorativo, aunque lo de que «puedan interpretarse» reside en buena medida en quien recibe el mensaje y el problema puede estar allí más que en las palabras. Tal es el caso de plural genérico en nuestra lengua, pues si a alguien le parece excluyente y ofensivo el problema es suyo, no del idioma.

Resulta desazonador ver cómo han aparecido muchas guías para lenguaje no sexista en organismos públicos, sindicatos, institutos y universidades, donde se mezclan recomendaciones razonables con otras sin sentido y opuestas a la economía y elegancia de nuestra lengua.

Lamentablemente usar el desdoblamiento de géneros no sirve para que haya menos maridos zurradores ni para que los sueldos y oportunidades laborales sean equivalentes para mujeres y hombres. Si fuera así de fácil…

Como decía Javier Marías en su artículo antes citado, no hay que fiarse de quienes empleen estas cantinelas en su discurso, porque «son unos cantamañanas y unos farsantes, unos cobistas, unos embaucadores y unos falsos (o, en el mejor de los casos, unos melindrosos y unos acomplejados)», demagogos disfrazados de corrección política.

A quienes os guste la irreverencia de la serie South Park, en esta temporada 19 están explotando al máximo el sinsentido de lo políticamente correcto, reduciendo a situaciones extremas y absurdas la hipersensibilidad, hipertolerancia e hipercorrección que abunda en el mundo occidental.


Colegas y colegos –
CC by-nc-nd 4.0 –
Manuel Romera

Ortografía retiniana

“A ti, querido Vulgo, que de todo lo malo te enamoras, va dedicado este librito.”

Este es el íncipit del libro “Cizaña del lenguaje” del escritor granaíno Francisco José Orellana, obra de 1889 donde denuncia “disparates, extranjerismos, barbarismos y demás corruptelas, pedanterías, y desatinos en la lengua castellana”. Se ve que la degradación del idioma no es una preocupación nueva.

El cáncer del maltrato al español por parte de los científicos que escriben en nuestra lengua parece incontenible. El elemento de mayor peso en esta corrupción quizá sea el abuso de anglicismos y calcos lingüísticos tanto ortográficos como gramaticales.

Amigos científicos, médicos y técnicos: si escribimos en castellano hay que cumplir las reglas oficiales de nuestro idioma, si escribimos en inglés se deben respetar sus normas, y así sea cual sea la lengua que empleemos. Los spanglishismos suelen revelar un nivel deplorable en el escritor científico.

Hoy tengo el gusto de cargar tintas contra los colegas especialistas en retinología. En virtud de mi espurio oficio de asesor comunicativo / diseñador gráfico, tengo oportunidad de revisar la redacción de artículos, tesis y presentaciones científicas en los que descubro frecuentes vicios idiomáticos. En el caso de los brothers retinólogos los errores más comunes incluyen precisamente la palabra central de sus vidas: retina. He aquí los problemas que aparecen cuando se le añaden sufijos y prefijos.

Los usos del sufijo “–al” en buen castellano

“Retinal”, “coroidal”, palabros que en boca o pluma de colegas me cuartean las retinas y los tímpanos. Son evidentes calcos ortográficos del inglés, donde se emplea los adjetivos retinal y choroidal (p. ej. retinal detachment, choroidal vessels). ¿Es correcta la terminación –al en estos casos?

Veamos lo que dice la Real Academia en su diccionario:

-al.

(Del lat. -ālis).
1. suf. En adjetivos, indica generalmente relación o pertenencia. Ferrovial, cultural.
2. suf. En sustantivos, indica el lugar en que abunda el primitivo. Arrozal, peñascal.

El uso más frecuente es para indicar una ubicación, un lugar donde abunda el elemento indicado, como en terrenos (lodazal, arenal, robledal) o plantaciones (maizal, patatal, naranjal). También, de modo más figurado, a un sitio o circunstancia donde tercia algo en cantidad (“hay que pagar un dineral”).

En cuanto a su uso en los adjetivos, como bien define el DRAE, es indicativo de pertenencia a una instancia, por ejemplo administrativa (estatal, municipal, catastral), un período de tiempo (semanal, quincenal, anual) o una miscelánea de actividades o circunstancias (nominal, ordinal, fenomenal, sexual, ganancial y muchísimas otras).

Recordemos también que –al es el sufijo usado en química para indicar grupos aldehído, incluido el derivado aldehídico de la vitamina A, el retinal. Este retinal es un sustantivo y puede confundir en búsquedas bibliográficas con el adjetivo homógrafo.

Aplicando los criterios de la RAE sería correcto retinal como adjetivo relacionado con la retina. Pero en castellano tenemos otros sufijos indicativos de pertenencia o relación, como –ano, –eo, -ario o –ico en palabra esdrújula (p. ej. sifilítico), que pueden ajustarse mejor a nuestro usos. Así, resulta mucho más natural y adecuado decir retiniano que no retinal: mejor “isquemia retiniana” que “isquemia retinal”. Igual con la coroides, preferible hablar de coroideo que no coroidal: “metástasis coroideas”, no “metástasis coroidales”.

En general es preferible no usar el sufijo –al mientras haya otro disponible que resulte más natural. Por ejemplo es más adecuado decir vírico que viral, u orbitario que orbital, aunque todas estas acepciones estén reconocidas. Tiroideo y no tiroidal; esteroideo y no esteroidal. Sin embargo, siempre hablaremos de abdominal, cerebral, epitelial o, para seguir en el ojo, escleral o corneal (pues corneano suena a rayos y córneo se emplea en otro sentido en dermatología y anatomía patológica).

Errores lingüísticos retinológicos: usar sufijos en -al y omitir la doble erre intervocálica al añadir prefijos. ¡No cometa estos atropellos!

Errores lingüísticos retinológicos: usar sufijos en -al y omitir la doble erre intervocálica al añadir prefijos. ¡No cometa estos atropellos!

La erre intervocálica se escribe “rr”

Es un principio muy elemental, pero habrá que recordarlo. Una palabra que empiece por “r” debe escribirse con doble “r” cuando se le antepone un prefijo que acabe en vocal, así mantiene su fuerte sonido de “erre” y no se convierte en suave “ere”. Por ejemplo: infrarrojo, prerrománico, prerrenal.

Esto no se hace en lengua inglesa, por lo que pueden escribir intraretinal, preretinal o chorioretinal tranquilamente. En cambio, en español es obligatorio escribir intrarretiniano, prerretiniano, epirretiniano, coriorretiniano o vitreorretiniano. Se excluyen, claro está, subretiniano o panretiniano por tener consonante antes de la “r”. La otra opción es usar guion, vítreo-retiniano, en cuyo caso vítreo conserva su acento.

No es raro ver a insignes eruditos de la retina caer en semejantes errores, impregnados como suelen estar por la literatura anglosajona en la que viven imbuidos. Luego va el senior y describe “múltiples hemorragias preretinales” y después logra dormir en paz. Precisamente lo básico de esta regla ortográfica hace que presenciar tales faltas sea como un pisotón escrotal (¿escrótico, escrotario, escrotiano?).

Sé que estas gambas no se meterán en el venidero simposio de barcelonaretinameeting.com, organizado por mis curruños J.Crespí, J. Díaz y J.I. Vela, del Hospital Sant Pau, pues son ponentes de primera línea y han seleccionado un egregio grupo de especialistas de indudable calidad. El evento será el 6 de noviembre de 2015, recordadlo, aunque si no estáis inscritos aún, me da que lo tendréis complicado por aforo al límite.

bannerpresentaciones