Anuncios pagados por virus

Continuamos comentando la publicidad televisiva típica del invierno. En el post anterior cargamos contra los repetidos episodios psicóticos —disfrazados de anuncios— con los que las marcas de perfumes nos acosan durante todo el mes de diciembre y hasta el día de Reyes; tras el 6 de enero desaparecen por completo esos sainetes perfumísticos y ceden su espacio publicitario a los productos sustitutivos del tabaco (por aquello de los propósitos del nuevo año) y, en especial, a los cócteles farmacológicos de venta libre para el tratamiento de los resfriados y gripes. Éstos se emitirán hasta que sean sustituidos por los anuncios de antihistamínicos con la entrada de la primavera.

Todos nos tomamos nuestro frenadol cuando estamos moqueando y con malestar y, la verdad, se agradece su ayuda para pasar los malos días del catarro. Ahora bien, me parece que la aproximación que hacen las agencias publicitarias roza la irresponsabilidad. Paso a exponerlo.

Si yo fuera virus financiaría esa publicidad

Clásicamente los comerciales de antigripales han vendido el bienestar físico secundario al alivio sintomático: la descongestión, mejoría de la tos, alivio de la cefalea y las mialgias… Pero se ve que eso no es suficiente. Para ganarle a la competencia hay que ofrecer más: una existencia normal y plena a pesar de tener un rinovirus replicándose en la mucosa respiratoria.

Así, gracias al preparado de turno, el enfermo podrá irse de pesca al río, podrá tirar rumbo a la montaña nevada con los esquís en el techo del coche, podrá cumplir con el torneo de paintball, podrá cantar y bailar, correr y jugar; todo ello en compañía de sus hijos, familiares o la patota de amigos.

¿Y qué tiene esto de malo? ¡Parece cojonudo! El problema es que esa normalización de la actividad del enfermo atenta contra dos principios básicos del cuidado del catarro: el oportuno reposo y, muy especialmente, el aislamiento relativo que tan necesario es para que el individuo infecto no esparza sus miasmas víricas sobre sus prójimos.

Por eso, si yo fuera un rinovirus estaría encantado de esa publicidad que invita a contagiar la enfermedad indiscriminadamente bajo la falsa seguridad de sentirse bien y mantener contacto con los demás durante el período contagioso. Es magnífico para el negocio… del virus.

catharrhinol

Tómate un ‘catharrhinol’ y haz tus actividades como si nada, no importa que por tu culpa se contagie un puñado de inocentes.

Durante el catarro sea considerado con los demás

Los virus del resfriado común y de la gripe se transmiten a través de las secreciones nasales y faríngeas, sea por contacto directo, a través de manos impregnadas de mocos, de los objetos que tocan estas manos y, más relevante aún, mediante partículas en aerosol expelidas durante los estornudos, la tos y el resoplón nasal. Esas gotitas aéreas son respiradas por la persona sana, o bien el incauto se lleva sus manos contaminadas a su mucosa óculo-rino-oral y así el virus entra en contacto con el epitelio respiratorio donde anida y se multiplica. Tras un par de días de incubación aparecerán los síntomas.

Por ello, si usted está resfriado, tenga cuidado con la diseminación de sus humores nasales, tápese el hocico para estornudar o toser —no sé a qué edad aprenden los niños este importante gesto—, lávese las manos con frecuencia o use esos geles alcohólicos desinfectantes, evite el contacto innecesario con otras personas que no tienen culpa de sus males. Sana envidia me dan los japoneses, que usan mascarillas cuando están acatarrados por respeto y consideración a los demás, para limitar el contagio en sus atiborrados medios de transporte público.

Cómo actúan los virus respiratorios

Los resfriados comunes están causados principalmente por rinovirus y coronavirus; son las infecciones víricas más frecuentes del humano. La gripe, en cambio, está ocasionada por virus influenza o parainfluenza y ocasiona cuadros más serios. Otros virus que afectan la vía aérea son el sincitial respiratorio, adenovirus y algunos enterovirus como el Coxsackie.

Los rinovirus son una familia grande, con más de cien serotipos y fácil mutabilidad de sus epítopos inmunogénicos, por ello no es factible formular una vacuna adecuada contra los catarros humanos. Algo parecido ocurre con el virus gripal, de modo que las vacunas que se ponen cada año son “aproximadas” en relación con el virus de la temporada.

Los viriones del rinovirus se adhieren a moléculas específicas de la superficie epitelial, por ejemplo ICAM1, y son engullidos por la célula mediante endocitosis. Dentro de la célula epitelial el virus despliega su kit de proteínas para escapar de la vesícula endocítica y replicar su ARN mediante su propia polimerasa. Usa la maquinaria ribosomal del hospedador para generar las proteínas que ensamblarán nuevas copias virales y así puede expandirse la infección a células vecinas.

La diseminación hemática de los viriones —viremia— no es muy relevante en el caso de los rinovirus, aunque se ha relacionado con cuadros de mayor gravedad. En cambio, en la patogenia de la influenza y los adenovirus sí ocurre viremia (dos, de hecho) y ello influye en la intensidad de sus cuadros clínicos.

La respuesta inmunológica armada para eliminar las partículas virales y las células infectadas en la principal responsable de los síntomas. La vasodilatación y la hipersecreción mucosa que obstruyen las fosas y las ponen a gotear, el combinado de citoquinas responsables del malestar general y la fiebre (sobre todo INF, IL-1 y TNF, de hecho los pacientes que reciben INFα para tratar otras enfermedades pueden sufrir un cuadro pseudogripal como efecto secundario).

Tratamiento de elección: «agua y ajo»

No se emplean antivirales para limitar la replicación de rinovirus ni coronavirus, pues no son eficaces y lo limitado de la enfermedad no lo justifica. La enfermedad dura entre 3 y 7 días si no se trata, y entre 3 y 7 días si se prescribe cualquier tratamiento. Por ello toca «agua y ajo», expresión apocopada para indicar que hay resignarse a aguantarse y a joderse durante esa semanita.

Reposo y mucho líquido, como siempre, y una caja de clínex. Sobre el resto de tratamientos probados, que han sido muchísimos, no hay evidencia que apoye firmemente el uso de casi ninguno. A pesar de lo frecuente de esta enfermedad los ensayos clínicos controlados son complicados, dada la variabilidad de los agentes causales y de la respuesta inmunológica de los pacientes, dados los factores de confusión y sesgos al analizar los datos, y dado que casi todo lo probado puede tener un efecto placebo subyacente. Podéis mirar unas revisiones en CMAJ. 2014;186:190 y en Am Fam Physician 2013;88.

Las megadosis de vitamina C no previenen ni curan los catarros. La vitamina D podría reducir el riesgo de pillarlos, pero la evidencia es muy endeble (además, hay que considerar el riesgo de hipervitaminosis). Los suplementos orales de zinc sí podrían reducir el número y duración de los resfríos, al menos en niños, que es donde se ha ensayado.

Ni el ginseng, ni la Echinacea, ni el ajo, ni el vaporub, ni los probióticos actimélicos, ni los hiebajos con cagarros tradicionales chinos, ni ¡claro que no! los azucarillos homeopáticos han demostrado ningún beneficio que justifique su uso.

bobocatarro

Tomar ‘oscillococcinum‘ y esas homeobobadas es tirar el dinero… en el bolsillo del imperio Boiron.

El paracetamol y el ibuprofeno sí funcionan para aminorar los síntomas generales. Los antihistamínicos solos no ofrecen beneficio, pero van mejor en combinación con paracetamol o AINEs. El ipratropio intranasal, un anticolinérgico, mejora la congestión nasal en niños y, quizás, la tos.

En cuanto a los cócteles tipo bisolgripfrenadoldesenfriolcouldinapharmagripfluimucil, éstos incluyen de dos a cinco componentes, para escoger. Los principales ingredientes son:

  • Analgésico-antipirético: normalmente paracetamol o ácido acetilsalicílico. Alivian el dolor corporal, la cefalea, el malestar y la fiebre.
  • Antihistamínico: de los antiguos, tipo clorfeniramina o bromfeniramina. Pueden contribuir a la descongestión nasal y a reducir estornudos. Como suelen dar sueño ayudan a dormir mejor.
  • Vasoconstrictor: como fenilefrina, pseudoefedrina o cafeína. Se supone que reducen la congestión de las mucosas.
  • Antitusígenos: habitualmente dextrometorfano.
  • Mucolíticos: acetilcisteína, ambroxol, bromhexina. Se indican cuando hay congestión mucosa bronquial, aunque su eficacia se discute.
  • Chucherías: algunos de estos brebajes incluyen vitamina C, para que no se diga.

Lo dicho, los antigripales ayudan a pasarlo mejor, nada más.

Moco verde ≠ antibiótico

La peor de las cagadas que se perpetran en el curso de un vil catarro es terminar tomando algún antibiótico. En ese terrible error caemos médicos, farmaceutas y la propia gente. Los virus se pasan los antibióticos por el parrús, de modo que su administración sólo afecta a la microbiota (alias flora) del individuo, en el mejor de los casos, y en el peor ayuda a generar resistencias bacterianas, y de eso ya tenemos un problemón encima.

En la fase de recuperación de un catarro pueda haber una condensación del moco nasal y bronquial, que se torna espeso y verdosín, pero ello no es secreción mucopurulenta ni indicativo de sobreinfección bacteriana. También en el transcurso del resfrío puede aparecer dolor de oído o síntomas de sinusopatía, pero secundarios a alteración de la ventilación de las cavidades paranasales y timpánica por la inflamación de la mucosa rinofaríngea, no por sobreinfección bacteriana. Por lo general esos síntomas se resuelven con paciencia y sin antibióticos.

A un médico con buen juicio clínico no le costará determinar cuándo una faringitis, otitis o sinusitis puede ser realmente de origen bacteriano. Quizás la infección por Mycoplasma pneumoniae sea la que más se acerque a los síntomas respiratorios y generales de una influenza.

Debe desestimarse, pues, la prescripción alegre de antibióticos, incluidos esos modernos macrólidos de dosis cortas. Hay algunos estudios que indican que estos macrólidos pueden reducir la invasión de las células epiteliales respiratorias por rinovirus, pero son ensayos in vitro o en bronconeumópatas crónicos. Actualmente sólo se recomienda considerar la adición de antibiótico al tratamiento de catarros complicados en pacientes con bronconeumopatía crónica, fibrosis quística o exacerbaciones asmáticas serias. Si usted está sano no haga el canelo y evite tomarse un placebo tan caro y serio.

En resumen, no haga caso a la publicidad de combinados antigripales y no se vaya de aventura por el mundo, quédese en su casa y descanse un par de días, si puede, y si tiene que ir al curro e interactuar con terceros, mantenga sus manos limpias, cubra su morro para toser o estornudar y haga lo posible para no obsequiarle el virus a sus amigos.

 

“Ceterum censeo Podemus esse delenda”

 

Demodex: donde hay pelo hay alegría

Demodex folliculorum visto al microscopio. Esta ácaro de estilizada figura habita dentro de los folículos pilosos, en especial en la cara y las pestañas. Vídeo procedente del Youtube de Walter P. Pfliegler.

El pasado 2 de octubre de 2015 fue el día del Simposio de Superficie Ocular y Oculoplastia www.oculosurf.com, novedoso evento que había anunciado en un post anterior. El simposio discurrió muy bien, relativamente ajustado al tiempo y al parecer con buena aceptación por la concurrencia.

Además de colaborar con el diseño gráfico también me tocó ser ponente y moderador. Una de mis conferencias fue sobre demodicosis, la infestación de la piel por ácaros del género Demodex, que con frecuencia afecta a las pestañas y acarrea problemas en la superficie del ojo. Aprovecho lo preparado en dicha charla para comentaros la vida y obra de estos seres que pululan a cientos en la mayoría de las personas.

Demodex

Ácaros acurrucados en la raíz de un pelo, imagen de microscopio electrónico de barrido con falso color. Vía Science Photo Library.

Un ácaro simplificado

Demodex es un género de ácaros, es decir, se trata de arácnidos con su prosoma (con ocho patitas) y su opistosoma, igual que sus primos alacranes y arañas. Los ácaros son arácnidos diminutos, incluso microscópicos, con la excepción de las garrapatas. Ciertamente son de los artrópodos de pintas más alienígenas que hay.

Además son bastante antipáticos pues la mayoría se dedica al parasitismo o al saprofitismo con daño colateral. Desde los ácaros que joden los huertos o dañan quesos y jamones, pasando por los Dermatophagoides o ácaros del polvo, cuyas caquitas generan las rinitis alérgicas más frecuentes, los Sarcoptes que cavan sarnosas galerías en los tegumentos, y llegando a los ixódidos garrapáticos que se llevan la palma como agentes nocivos al ser transmisores de lindezas como tifus, Lyme, ricketsias, babesiosis, tularemia y muchas otras.

En comparación con estos primos el Demodex es bastante pacífico, pues las más de las veces es un comensal que no arma escándalos. Su anatomía está altamente adaptada a su modus vivendi (o bien al revés): tiene un cuerpo largo y fino con unas patitas rudimentarias, cosa que le permite anidar dentro de los folículos pilosos, clavado de cabeza dentro del mismo. Allí vive degustando las escamas de queratina y el sebo piloso, allí copula y pone huevos.

demodex

Especies de Demodex que viven en el ser humano. Su estructura muestra los tagmas propios de los arácnidos: podosoma (cefalotórax o prosoma) y opistosoma (abdomen). D. folliculorum se arracima en los folículos pilosos mientras D. brevis vive en soledad en las glándulas sebáceas/Meibomio. Imagen original de Ilustración Médica.

Inquilino selectivo

Los Demodex son muy selectivos en cuanto a su hospedador, de modo que cada especie tiene su mamífero exclusivo y es raro que, por ejemplo, los Demodex del perro o del gato se transmitan al humano. El ser humano aloja dos especies: D. folliculorum y D. brevis.

D. folliculorum es el más famoso. Mide unos 300 µm de largo y habita en grupos anidados dentro de los folículos. En cambio D. brevis es más rechoncho, prefiere ir en solitario y no en familia, y gusta más de las glándulas sebáceas que de los pelillos.

El ciclo de vida de D. folliculorum es de unos 15-21 días. Del huevo emergen larvas con seis patas que pasan por varios estadios ninfales donde emerge el par de patas adicional. En los Demodex la hembra es más grande y vive más que el macho. Y no solo eso, sino que es la hembra la que monta al macho durante la cópula, pues el pobre bicho tiene el pene en la espalda. Otra curiosidad es que carecen de ano, así que generan pocos residuos mediante regurgitación.

Estos ácaros son huéspedes obligados de los mamíferos y sobreviven poco tiempo fuera del hospedador. Por ello para su transmisión hace falta contacto directo entre individuos. A pesar de sus extremidades subdesarrolladas da gusto ver al Demodex reptando hábilmente por la superficie cutánea, como en éste vídeo. Los huevos sí que aguantan más y pueden vegetar en ropa, almohadas, sábanas, etc. Huyen de la luz y no les gusta nada el calor, fallecen tras pocos minutos a más de 50ºC, pero en cambio soportan la congelación durante varias horas.

¿Qué pupas causa el Demodex?

Ya dijimos que este bicho es mayormente inocuo y hasta hay quien dice que beneficioso al jamarse los detritus epidérmicos. Además su presencia no significa enfermedad, pues se detecta en la mayoría de las personas; su prevalencia va aumentando con la edad, desde ser raro en niños hasta casi el 100% en mayores de 70 años.

Sin embargo la superpoblación sí se considera causa de problemas, igual que la reacción inflamatoria al parásito o a las bacterias que aloja. Se ha asociado este ácaro con casos de foliculitis, pitiriasis folicular, otitis externa, pero sobre todo con rosácea y blefaritis anterior. También se ha vinculado con alopecia androgénica (¡maldito sea este bicho!) y con dermatitis por esteroides. Cualquier estado de inmunosupresión aumenta la posibilidad de infestación por Demodex. La seborrea inducida por andrógenos los hace medrar.

blefatitis demodex

Aspecto característico de las pestañas con demodicosis. En la base de las mismas se acumulan churritos de caspa producto de los detritus acáricos.

La infestación de las pestañas se observa frecuentemente en la práctica oftalmológica. El hallazgo típico es la acumulación de caspilla en las pestañas, que forma un manguito en la base de las mismas. D. brevis pulula en las glándulas de Meibomio y puede causar su obstrucción. La respuesta inflamatoria de la superficie ocular ante estos ácaros se ha relacionado con formas de queratitis o queratoconjuntivitis.

La detección del bicho en las pestañas es bastante fácil, pues basta coger unas pocas pestañas sospechosas y mirarlas al microscopio sin hacer ninguna preparación, aunque añadir un poco de fluoresceína mejora su visualización.

demodex

Así se observa el Demodex en muestras de pestañas. A la izquierda un ácaro adulto. A la derecha un racimo de bichos pegados a la pestaña. Fotos sacadas por mí mismo mediante un viejo microscopio y un smartphone, así de fácil es diagnosticarlo.

Para matar a la alimaña

El control demográfico del bicho está justificado cuando se detecta superpoblación demodéctica o una enfermedad en la que participe. Se han propuesto multitud de tratamientos, a cual más engorroso, desde que el gran Jakob Henle descubrió al ácaro dérmico en 1841. Azufre, mercuriales, arsenicales, potingues de formulación magistral y con escaso respaldo en ensayos controlados, y en cualquier caso de efectividad limitada. Ello hacía que muchos pasásemos de largo ante la presencia del ácaro.

Seguimos sin poder erradicar al Demodex, pero tampoco hace falta, basta controlar su población. Actualmente se recomiendan dos opciones terapéuticas: aplicación local de aceite de árbol de té y la ivermectina tópica o sistémica.

El árbol de té (Melaleuca alternifolia) es una planta australiana de cuyas hojas se extrae un aceite rico en aromáticos terpenos. Uno de ellos, el tepinen-4-ol, también componente principal del aceite de nuez moscada, resulta terriblemente insoportable para el Demodex. La aplicación del aceite de árbol de té concentrado se debe realizar en consulta y con anestesia tópica pues es irritante para la superficie ocular. En casa se puede emplear un champú que incluya este aceite para la limpieza de pestañas, cejas y cara. Se recomienda que la duración del tratamiento sea de 4 a 6 semanas para cubrir dos ciclos de vida del ácaro.

La ivermectina sistémica se reserva para casos de infestación masiva, con una dosis de 200 µg/kg que se repite a la semana. Este fármaco mata al parásito induciéndole una parálisis muscular.

Acabo con unas palabras sobre la ivermectina, pues el premio Nobel de Medicina de 2015 fue otorgado a sus desarrolladores: William C. Campbell y Satoshi Ōmura. De antiparasitarios fue este año, pues compartieron el premio con Youyou Tu, investigadora de drogas antimaláricas.

La ivermectina es una derivación molecular de la avermectina, principio extraído de esas verdaderas multinacionales farmacológicas que son los hongos del género Streptomyces, en este caso del S. avermitilis. Este potente antiparasitario de emplea en el tratamiento de infestaciones tan dañinas como las diversas filariasis, incluyendo la oncocercosis; también en estrongiloidiasis, nematodos intestinales y ectoparásitos como pediculosis, sarna o nuestro humilde Demodex.

Lecturas recomendadas de acceso libre:

  1. Liu J, et al. Pathogenic role of Demodex mites in blepharitis. Curr Opin Allergy Clin Immunol. 2010;10:505.
  2. Anwar PR, Hassan I. Human Demodex Mite: The Versatile Mite of Dermatological Importance. Indian J Dermatol. 2014; 59:60.
  3. Rusiecka-Ziółkowska J, et al. Demodex – an old pathogen or a new one? Adv Clin Exp Med. 2014;23:295.

Cazadores de Microbios

Recientemente ocurrió el sentido fallecimiento de Oliver Sacks, un enorme divulgador científico y eminente neurólogo. En sus libros se logra entender con claridad, incluso los médicos, esos trastornos neurológicos tan atravesados como agnosias, apraxias o afasias. Todos quienes estamos interesados en divulgar ciencia contamos a Sacks entre las figuras de referencia.

Quiero recordar aquí a otro divulgador médico, Paul de Kruif, un pionero de la divulgación en su moderna concepción. Este verano volví a leer, creo que por tercera vez, su obra más conocida: Cazadores de Microbios.

En este libro De Kruif relata el nacimiento de la microbiología, el descubrimiento de los microorganismos, su implicación en la enfermedad, el contagio y los primeros intentos terapéuticos. Conocí esta obra gracias a uno de mis profesores de microbiología de la Facultad, Oswaldo Carmona, un pedagogo de primer orden que nos recomendaba vivamente su lectura como vía de contagio del gusanillo de la bacteriología.

Sobre el autor

Paul de Kruif

Paul de Kruif (1890-1971), microbiólogo y divulgador científico estadounidense. (Vía fineartamerica.com)

Paul de Kruif nació en 1890 en una familia de origen holandés, como atestigua su apellido. También se aprecian relaciones neerlandesas en sus lugares de nacimiento y muerte, Zealand y Holland respectivamente, ambos en Michigan, y en la Universidad de Michigan obtuvo el doctorado en bacteriología.

Trabajó allí con G. Novy en la descripción de la vía alterna del complemento [1] y posteriormente en el Instituto Rockefeller a las órdenes de Flexner en el estudio de la virulencia de las cepas lisas y rugosas de Streptococcus. Abandonó la investigación en 1922 por desavenencias con sus jefes a raíz de su libro Our Medicine Men, sobre la ética de la investigación y el ejercicio médico. A partir de entonces se dedicó a escribir libros y alguna puntual colaboración con la administración sanitaria.

Después colaboró con el futuro Nobel de literatura Sinclair Lewis en la novela Doctor Arrowsmith, ficción donde un médico lucha por curar la peste contra la oposición del establishment médico y la malvada industria farmacéutica (vemos que no son temas nuevos en estos días). El libro llegó al cine de la mano de John Ford en 1931.[2]

En 1926 publicó su obra más famosa, Microbe Hunters, por la que es más conocido. Otras obras del autor: Hunger Fighters (1928), Men Against Death (1932), Why Keep Them Alive (1937), Seven Iron Men (1937), The Fight for Life (1938), The Male Hormone (1945), Health is Wealth (1940), Life Among the Doctors (1949), Kaiser Wakes the Doctors (1940), A Man Against Insanity (1957) y The Sweeping Wind (1962). Fue articulista habitual del Reader’s Digest y otras revistas generales. Murió en 1971.

Microbe hunters

Como dijimos, este libro fue publicado en 1926 y desde entonces ha tenido numerosísimas ediciones y traducciones. Está escrito en un estilo propio de su tiempo, con una retórica entre heroica e inocentona, con frecuentes expresiones apologéticas dirigidas a los protagonistas de sus relatos. Abunda en un estilo semi-novelesco que tanto se ha usado posteriormente en divulgación y ficción histórica.

En sus doce capítulos abarca desde Leeuwenhoek hasta Paul Ehrlich, pasando por Pasteur, Koch y otros investigadores destacados.

cazadores de microbios

Diferentes portadas de las innumerables ediciones de Cazadores de Microbios.

Comienza relatando el descubrimiento de un mundo invisible gracias a la invención del microscopio por Leeuwenhoek en el s.XVII y el rebatimiento de la generación espontánea por Spallanzani; sigue con las aventuras de Pasteur con las levaduras del vino y la vacuna de la rabia, la osadía de Koch al afirmar que gérmenes específicos causan enfermedades específicas, el nacimiento de la teoría microbiana con el carbunco y la tuberculosis como paradigmas, y el desarrollo de la técnica microbiológica desde los cultivos en humor acuoso bovino y orina (primeros medios líquidos de cultivo) o la loncha de patata cocida (primer medio sólido).

Prosigue con la siguiente generación, Behring y Roux, discípulos de Koch y Pasteur respectivmente, y su lucha contra la difteria. Describe el terrible panorama de muerte infantil en la Europa de finales del s.XIX, con hospitales repletos durante las epidemias y más del 60% de mortalidad. Loeffler, Behring y Roux lograron primero detectar la toxina diftérica y después crear un antisuero para neutralizarla, primer logro terapéutico contra esta enfermedad antes de la obtención de la vacuna antidiftérica, esa que algunos imbéciles modernos desprecian.

Pasa después a relatar el nacimiento de la inmunología con Metchnikov y su descubrimiento de la fagocitosis, y cómo se convirtió en adicto al yogur, entre otras cosas.

Theobald Smith y el descubrimiento de la babesiosis en las vacas tejanas. David Bruce con la fiebre de Malta y la tripanosomiasis africana. Las pugnas entre Grassi y Ross por arrogarse el honor de desentrañar el papel del mosquito vector en la transmisión del paludismo; por cierto este capítulo no fue incluido en la primera edición del libro en Reino Unido por presión del propio Ross, quien recibió algunas dosis de estopa por parte de De Kruif.

La penúltima historia es la de Walter Reed y su grupo de investigación de la fiebre amarilla en Cuba, que una vez comentamos en un post sobre médicos kamikaze. Y termina la obra con Paul Ehrlich y el primer tratamiento antimicrobiano de uso clínico, el Salvarsan para tratar la sífilis.

Cazadores de Microbios es un libro fácil de encontrar, incluso por internet es sencillo obtenerlo en pdf o epub en fuentes abiertas. La traducción al español más viejuna castellaniza los nombre de pila de muchos protagonistas, de modo que Koch se llama Roberto, Roux y Behring se llaman Emilio o Ehrlich es Pablo.

Otro rasgo propio de la época en que fue escrito el libro es la superioridad de la civilización occidental, de la raza blanca europea o americana. En el capítulo de Bruce y la enfermedad del sueño se usan expresiones que hoy serían reprobables sobre los negros y los salvajes africanos, los “caritativos blancos” o los “negros inteligentes” que ayudaron en la investigación.

“Tales fueron las órdenes de Apolo [primer ministro de Uganda], y aunque parezca increíble para nosotros, hombres de raza blanca y observantes de las leyes, todos los negros obedecieron a su amo y señor.”

Otro tanto con los voluntarios de Reed para la fiebre amarilla, pues mientras los soldados americanos eran heroicos y disciplinados, los voluntarios españoles lo hacían solo por el dinero.

Una cosa curiosa es que De Kruif no realizara nuevas versiones de su obra más famosa, considerando que vivió hasta 1971, pues pudo haber incluido actualizaciones interesantes o hitos tan trascendentes como la obtención de la penicilina. También se echa en falta una edición comentada donde se aclaren conceptos relatados por el autor según la visión de la microbiología actual.

En cualquier caso Cazadores de Microbios sigue siendo un volumen imprescindible de la divulgación científica y más aún para quienes trabajamos en ciencias de la salud.

La romántica historia del Schistosoma

Schistosoma mansoni

Schistosoma mansoni en microscopía electrónica de barrido, mostrando al macho con sus ventosas oral y ventral, y en la parte inferior vemos a la fina hembra asomando del canal ginecóforo donde vive protegida. Vía phenomena.nationalgeographic.com.

Los textos de parasitología están llenos de personajes cinematográficos. Criaturas extrañas como de un universo de ciencia ficción: nematelmintos, platelmintos, flagelados, amebas, protozoos varios, huevos eclosionando, larvas reptantes, ácaros, insectos vectores, etc. Cada uno con sus armas secretas y sus sofisticados sistemas de contraespionaje frente al sistema inmunitario del hospedador, que les permiten medrar dentro del ser parasitado a cambio de causarle enfermedad, desde persistentes cagarrias hasta condiciones deformantes o mortales.

Pero dentro de este violento panorama también hallamos una historia diferente, un caso de auténtico amor eterno en las parejas de esquistosomas. Estos pequeños gusanos de 1 cm de longitud que habitan dentro de más de 200 millones de personas son una auténtica curiosidad biológica por su ciclo de vida, su morfología y el modo en que interaccionan con el hospedador.

Varias especies son capaces de infectar al ser humano, pero de aquí en adelante me referiré sólo al Schistosoma mansoni, con quien estoy más familiarizado por mi origen caribeño.

La cópula perpetua del Schistosoma

Los esquistosomas son de la clase de los tremátodos (o trematodos, sin acento, como sale en el DRAE), un tipo de gusanos planos. El S. mansoni vive en las venas del sistema porta hepático, desde las vénulas del intestino, pasando por las venas mesentéricas hasta los sinusoides venosos del hígado (aquí un impresionante vídeo de cómo pululan en las venas). Usa sus dos ventosas para adherirse a la pared de los vasos y no ser arrastrado por la corriente circulatoria mientras se alimenta, esencialmente tragando eritrocitos. En estas venas vive y en ellas se echa pareja y comienza a fabricar huevos.

pareja de esquistosoma

Esquistosomas aparejados. El gordo macho recibe en su interior a la fina hembra, insertada a modo de salchicha de hotdog. En esta cópula monógama permanecen la mayor parte de sus vidas. Vía dailyparasite.tumblr.com.

A diferencia de otros tremátodos que son hermafroditas, los esquistosomas tienen sexos separados y, además, un notabilísimo dimorfismo sexual. El macho es grueso y corpulento, mientras la hembra es grácil y estilizada. El cuerpo del macho tiene una hendidura a lo largo del vientre, llamada canal ginecóforo, donde se aloja la hembra. Un macho y una hembra forman una pareja estable y monógama. Permanecen así abrazados, la hembra abrigada por el macho en permanente copulación durante la mayor parte de su vida. Son bichitos bastante longevos que viven un promedio de 10 años, pero pueden alcanzar los 40 años de vida.

Para hacer más bonito el cuento, el macho no solo protege con su robusto cuerpo a su elegante señora, sino que se toma el extenuante trabajo se remontar a contracorriente las venas mesentéricas hasta llegar a los vasos más próximos a la mucosa intestinal, para que su hembra descargue los huevos. Todo un caballero.

Este follador profesional tiene de 4 a 8 testículos, a veces más y falta que le hacen. La hembra tiene un solo ovario y un oviducto, pero es capaz de generar una cantidad ingente de huevos. Otra curiosidad de los esquistosomas es que carecen de ano (cosa muy conveniente cuando se está copulando todo el día), de modo que regurgitan los desechos de su alimentación. La hembra traga 10 veces más sangre que el macho a pesar de que solo pesa un tercio de éste, además de tomar nutrientes directamente del macho. Así, la hembra requiere del macho tanto para complementar su alimentación como para lograr su maduración sexual.

ciclo de vida de Schistosoma mansoni

Así es el ciclo de vida de Schistosoma mansoni en las cálidas aguas de ríos y lagunas del trópico. (Clic para ver en tamaño completo.) Imagen original de Ilustración Médica.

Una biografía compleja

Sí, su ciclo de vida es complicado porque los esquistosomas tienen reproducción mixta sexual y asexual con varios estadios evolutivos y dos hospedadores: un huésped intermediario en los caracoles de agua dulce (específicos para cada especie de esquistosoma) y un huésped definitivo en mamíferos que en el caso de S. mansoni es eminentemente el ser humano. Recordemos que se entiende por huésped definitivo aquel donde los parásitos adultos fornican y se reproducen.

Habíamos dejado a la pareja poniendo sus huevos en la mucosa intestinal, con la intención de que los huevos caigan en la luz del intestino y sean expulsados con las cacas. Con suerte estas cacas alcanzarán un río u otra fuente de agua dulce donde el huevo se abre y deja salir una larva ciliada llamada miracidio que nada hasta encontrar un caracol al que infectar (en el caso del S. mansoni el caracol es del género Biomphalaria). Dentro de este hospedador intermediario el miracidio se convierte en esporoquiste, el cual se multiplica asexualmente de manera numerosa.

Siempre pensamos en la enfermedad humana, pero el pobre caracol también ve carcomida su salud por efecto del esquistosoma. Los esporoquistes abandonan el caracol convertidos en otro tipo de larva, cabezona y con cola bifurcada, llamada cercaria. Es la cercaria quien penetra en el ser humano a través de la piel del incauto bañista que disfruta de la charca, con lo buena que está el agua y el calorcito que hace. Ya dentro del huésped humano la cercaria muta a esquistosómulo y finalmente crece hasta gusano adulto.

Bilharzia

La esquistosomiasis también se conoce como bilharzia o bilharziosis, en honor al alemán Theodor M. Bilharz (1825-1862), pionero de la parasitología quien descubrió estos gusanos cuando trabajaba en Egipto. El nombre de Schistosoma, que significa “cuerpo hendido”, fue introducido por Weinland en 1858 y el apellido es tributo a Patrick Manson (1844-1922), insigne tropicalista escocés.

La enfermedad tiene una forma aguda conocida como fiebre de Katayama, más frecuente cuando la primera infección ocurre en un adulto, pero la forma más frecuente de la esquistosomiasis es una lenta evolución crónica con formación progresiva de granulomas por los huevos y formas inmaduras del parásito.

En el caso de S. mansoni estos granulomas afectan al hígado y al sistema de la porta conduciendo a la potencialmente mortal hipertensión portal. También causa trastornos intestinales, anemia y en ocasiones neumonitis o hipertensión pulmonar.

Bilharz y Manson

Theodor Bilharz (izquierda) y Patrick Manson (derecha), impulsores de la parasitología en el siglo XIX.

Un gusano evasor

Este epíteto es aplicable a cualquier defraudador de Hacienda de los que no dejan de aparecer en las noticias, pero aquí me referiré a las artimañas de las que se vale el esquistosoma para eludir el ataque del sistema inmunológico y vivir tan pancho en el hospedador.

Como dijimos antes, los granulomas se forman alrededor de los huevos y parásitos jóvenes, y es que los gusanos adultos logran vivir en relativa paz con el hospedador, casi en relación de comensalismo. Es como aquellos vecinos decentes que serían entrañables si no fuera porque tienen hijos vándalos y alborotadores que joden el barrio.

Los huevos retenidos en los tejidos, las cercarias y los esquistosómulos carecen de los sofisticados mecanismos para esconderse del sistema inmunitario y por ello generan la reacción que conduce a la enfermedad.

En cambio los Schistosomas adultos se esconden de la vigilancia inmune de una forma ingeniosa: se rebozan con proteínas del propio huésped, de manera que quedan disfrazados de componentes humanos y evitan ataques. También descaman antígenos para que los anticuerpos y los linfocitos vayan a por ellos en vez de atacar al parásito, así los misiles del sistema inmune persiguen las falsas dianas en vez del blanco principal. Por otra parte segregan enzimas que neutralizan los radicales libres generados por leucocitos y proteasas que inactivan a anticuerpos, factores del complemento y otras moléculas que puedan dañar su integridad. Una vez fallecido, el cuerpo inerme del parásito puede generar granulomas.

Sinceramente, si existiera la reencarnación no me molestaría volver a la vida en forma de Schistosoma, es un bicho que siempre me ha dado sana envidia. Recorre mundo en su juventud, pululando en el agua y haciendo Erasmus en un molusco, ya maduro vive en un eterno abrazo con su pareja adorada, literalmente nadando en la comida que toman sin esfuerzo, a salvo de los peligros del mundo exterior y de la policía local que no los tocan. Parece una existencia feliz y pacífica; como diría Spock, una larga y próspera vida.

Existen otros bichujos que ejercen la cópula perpetua como modus vivendi, como los nemátodos de la familia Syngamidae que incluye al Syngamus trachea o al Mammomonogamus laryngeus, ambos parásitos de la vía respiratoria de aves y mamíferos. Aquí la hembra es grande y el macho es un pequeño accesorio pegado a ella. El nombre de los singámidos viene de los términos συν (junto) y γάμος (pareja, matrimonio), destacando la unión conyugal de estos seres. Lo del fornicante Syngamus recuerda la acepción caribeña de ‘singar’ con la que se indica la acción coital. ‘Singar’ puede relacionarse con singar/singlar, navegar remando (de etimología noreuropea), o quizás sea derivación de chingar, vocablo de origen caló.

Médicos kamikaze (I): bebedores de veneno

En estos días de Navidad la gente se vuelve más generosa que durante el resto del año (yo no, yo soy un cabronazo estable en la línea de tiempo) y además de dar regalos se preocupan por la suerte de sus congéneres menos favorecidos, como si el resto del año no pasaran necesidades.

La Medicina tiene un importante aspecto filantrópico y humanitario inherente a su naturaleza de asistencia al enfermo y al débil, cosa que actualmente vemos magnificada en el personal sanitario que actúa en zonas de peligrosas epidemias, como la de Ebola, o en zonas de conflicto armado. Sabemos que no son pocos los profesionales que sufren y hasta perecen víctimas de contagio, secuestros, accidentes o actos violentos.

Existe otra forma de poner en peligro la propia vida en aras de la Ciencia: la auto-experimentación, probar en uno mismo el efecto de una sustancia, someterse a procedimientos novedosos o emplearse como cobaya para probar una hipótesis.

¿Se dejaría usted inyectar un virus mortal sin cura conocida? ¿Se tomaría muestras de venenos para determinar la dosis tóxica? Los ejemplos de auto-experimentación en la historia de las ciencias son numerosos; vamos a recordar cuatro ejemplos de gente que arriesgó su pellejo por la Medicina.

A ver qué me pasa si…

En un post anterior dedicado al botulismo comenté que el primero en estudiar esta enfermedad, el alemán Justinus Kerner (1786-1862), también fue el primero en obtener un extracto venenoso a partir de los alimentos contaminados con la toxina y en probarlo consigo mismo. Aún sabiendo la potencial mortalidad del botulismo y el carácter paralizante de la toxina observado en enfermos y en pequeños animales sometidos a ésta, el doctor Kerner se aplicó en el hocico un gotero del extracto tóxico. Tuvo suerte de padecer una forma leve de botulismo, pero pudo llevarse un disgusto.

Purkinje

El gran Purkinje, fisiólogo y anatomista bohemio.

Esto es nada comparado con el auténtico yonki experimental que fue Jan Evangelista Purkyně (1787-1869), más conocido en su grafía Purkinje –se ve que el apellido se pronuncia ‘purkiñe’ o algo así–. Este fisiólogo checo, famoso por sus epónimas células del cerebelo y fibras cardíacas, desde jovenzuelo gustaba de meterse en el body cuanto potingue farmacológico pillaba.

La experiencia probablemente más peligrosa la tuvo Purkyně en los años 20, cuando tragó una cantidad de Digitalis purpurea varias veces superior a la dosis letal para un gato con el fin de explorar sus efectos tóxicos. Bien sabemos que la intoxicación digitálica es potencialmente mortal, pero por suerte Purkyně era joven y de corazón sano. Sufrió, eso sí, una buena bradicardia y todos los síntomas visuales propios de la intoxicación por digoxina. De hecho fue el aspecto visual el que lo condujo a intoxicarse y no el cardíaco –describiría una década después las fibras de Purkinje del sistema de conducción ventricular.

Además se intoxicó voluntariamente con trementina, alcanfor, opio y belladona, entre otras lindezas (ver un artículo). Vivió hasta los 81 años, tras una muy fructífera carrera.

Como quien se bebe un actimel

Los químicos y boticarios siempre habían tenido inclinación a probar el sabor de sus compuestos, mientras que los antiguos médicos solían catar olfativa y gustativamente deyecciones, exudados y fluidos varios de sus pacientes. Pero a partir de mediados del s.XIX también tuvieron la oportunidad de beberse cultivos microbiológicos.

Eso fue lo que hizo el bávaro Max von Pettenkofer (1818–1901) en plenos tiempos de lucha entre partidarios y opositores de la teoría microbiana de Pasteur y Koch. El cólera causaba importantes brotes epidémicos en gran parte del mundo, pero se desconocía su causa. Snow en 1848 detectó el papel del agua contaminada como fuente de contagio y en los años siguientes Budd y Pacini describieron “bichitos móviles” en el agua y las cacas contaminadas.

Uno que sí se dejó el pellejo investigando el cólera fue el francés Louis Thuillier, quien contrajo la fatal diarrea durante un brote en Egipto en 1883. Fue Robert Koch quien demostró que el vibrión colérico aislado en Egipto era igual al que él mismo cultivó en la India y que era el agente causal del cólera.

Pettenkofer

Max von Pettenkofer, higienista y preventivista alemán.

El veterano Pettenkoffer, pionero de la medicina preventiva alemana, no era amigo de la teoría microbiana sino de la clásica teoría de las miasmas. Decía que para que ese supuesto Vibrio causara el cólera hacía falta un factor ambiental que lo trasmutase. Y para darle en toda la jeta a Koch decidió demostrarlo bebiéndose él mismo, a sus 74 años, junto con algunos colaboradores, un cultivo repleto de Vibrio cholerae. Y no tuvo cólera.

No tuvo cólera según dijo él mismo, pero se ve que padeció alguna cagalendra y que alguno de sus discípulos pasó un par de días sin levantarse de la taza. A Pettenkofer no lo mató la toxina colérica sino el plomo, el plomo de la bala que se metió en la cabeza a sus 83 años debido a una depresión.

Noventa años después hubo otro paladín que se bebió un cultivo, en este caso para demostrar que el germen sí era causa de una enfermedad. En 1981 el residente de gastroenterología Barry Marshall comenzó a colaborar con el patólogo Robin Warren, en el Royal Perth Hospital de Australia. Warren andaba tras la pista de una bacteria identificada en biopsias de pacientes con enfermedad ulceropéptica. Hasta entonces esta enfermedad se consideraba únicamente un problema de la secreción ácida estomacal y allí se centraban los esfuerzos terapéuticos.

Marshall y Warren

Barry Marshall (izquierda) y Robin Warren (derecha), los descubridores del Helicobacter pylori y su implicación en la enfermedad ulceropéptica.

Warren y Marshall detectaron la presencia de bacterias en la muestras de la mayoría de los 100 pacientes con gastritis o úlcera gastroduodenal estudiados. También lograron cultivar la bacteria tras bastantes esfuerzos: se trataba del hoy famoso Helicobacter pylori. Así lo comunicaron en Lancet en 1984.

Aunque la evidencia estadística apoyaba el papel del H. pylori en la úlcera gastroduodenal, aún faltaba demostrar que la inoculación del bicho conducía a la enfermedad. Debido a lo complicado de su cultivo y a la imposibilidad de reproducir la enfermedad gástrica en animales de laboratorio, Marshall tomó la decisión de tragarse un cultivo de H. pylori y a los pocos días ya tenía una gastritis de tomo y lomo que mejoró tras el tratamiento antibiótico apropiado. Ahora la terapia contra el Helicobacter es una pauta estándar en los pacientes con úlcera péptica. Y Barry Marshall recibió el Nobel de Medicina en 2005, junto con Warren.

En el próximo post veremos otro ejemplo de auto-experimentación llevada a extremos más sorprendentes aún.

Feliz 2015, gente.

Metáforas gastronómicas en Medicina III: de la dieta mediterránea

Tomates, queso, pizza, miel, anchoas. Estos alimentos típicos de la santa dieta mediterránea son los que aparecerán hoy en esta nueva entrega de cosas asquerosas que se parecen a comida según los médicos.

Pizza

A los adolescentes de rostro acribillado por el acné juvenil (yo lo fui) hay desaprensivos que los apostrofan como “cara de pizza” (a mí me apostrofaron), pero eso no tiene cabida en la literatura médica. Lo que sí tiene un aspecto muy similar a este manjar italiano es la retinitis por citomegalovirus (CMV) que aparece en pacientes severamente inmunosuprimidos, en especial por SIDA. La infección retiniana por CMV produce unas placas necróticas blanquecinas con abundantes hemorragias que recuerdan al queso y el tomate de una pizza, más aún cuando la lesión toma una forma triangular con el vértice dirigido hacia el disco óptico. También se ha llamado lesión en “kétchup con mayonesa”.

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Trozo de pizza margherita en retina nasal superior producido por citomegalovirus. También hay una retinopatía diabética de base en este paciente.

La aparición de retinitis por CMV es sinónimo de que apenas quedan linfocitos CD4 patrullando. El tratamiento es arduo, y devastador el daño ocasionado a la retina. La moderna terapia anti-retroviral ha reducido la frecuencia de retinitis de manera importante, por fortuna.

Miel

Se da el adjetivo de melicéricas a aquellas lesiones que tienen semejanza con la miel. El ejemplo clásico es la costra melicérica tan habitual en el impétigo. Esta cotidiana infección cutánea por estafilococos se ve sobre todo en niños mugrositos (en inglés se le llama “school sores”, llagas de colegio) donde los estafilos anidan en excoriaciones superficiales de la piel debidas a rascado, raspones, etc. El resultado son lesiones polimorfas, pustulosas, ampollares y costrosas. El exudado reseco que cubre las lesiones tiene un aspecto dorado que recuerda a un churretón de miel. Impétigo viene del latín impetere, que significa acusar o atacar. Para el impétigo suele bastar bastante jabón y crema de mupirocina, pero a veces hay que recurrir al antibiótico sistémico.

Queso

No entra aquí la vulgar comparación de productos lácteos con determinadas secreciones y excreciones tegumentarias y mucosas del tracto genital masculino, utilizadas por gente de poca cultura y nulo buen gusto. El queso, a través de su original latino caseum, se emplea en patología para describir el aspecto blanco pastoso de ciertas lesiones, en especial relacionadas con la tuberculosis. Así, la presencia de granulomas caseificantes o necrosis caseosa en un tejido es sinónimo de enfermedad por Mycobacterium.

De caseum también viene el nombre de la vernix caseosa, capa de secreción sebácea que cubre el cuerpo del bebé al nacer y da la impresión de haber sido untado con manteca de cerdo ibérico o queso Philadelphia. Ocasionalmente se llama caseum amigdalar a los prohalitósicos tonsilolitos.

Por otra parte, el flujo vaginal en casos de vaginitis por Candida es formalmente comparado con requesón, leche cortada o yogur. Curiosamente se ha utilizado el yogur tópico vaginal para tratar casos de candidiasis vulvovaginal, aunque eso no responde al dogma homeopático de tratar el mal con su similar. Incluso se ha publicado el uso de una deliciosa mezcla de yogur y miel en aplicación vaginal para tratar la candidiasis en embarazadas.

Pasta de anchoa

Tal es el aspecto que presenta el contenido del absceso hepático amebiano. Alguna vez la Entamoeba histolytica se escapa de los confines del colon y torrente arriba por la porta llega al hígado para hacer una comuna. Estos abscesos suelen ser uniloculares y del lóbulo derecho. Al drenarlos se extrae un pegoste marrón claro similar en aspecto a la mencionada pasta de anchoas.

El absceso hepático amebiano es más frecuente en zonas tropicales, donde este protozoo campa a sus anchas en tripas, aguas, suelos y manos de manipuladores de hotdogs callejeros. Se presenta como una enfermedad febril subaguda, con dolor en hipocondrio derecho irradiado a zona escapular y hepatomegalia. Perla semiológica: cuando hay un absceso hepático en el lóbulo derecho éste puede hacer de transmisor acústico a los ruidos cardíacos, que se auscultan en hipocondrio y base de tórax derecho casi tan nítidos como en el precordio; este es el signo de Acosta Ortiz, cirujano del Hospital Vargas de Caracas de finales del siglo XIX, principios del XX.

Pero en fin, que el personal está cada vez menos para filigranas de clínica semiológica y más para marcar casillitas en formularios…

Zóster: lencería fina

Pompeii - Casa del Centenario - Cubiculum

discreto fresco de la Casa del Centenario, Pompeya

Todos los que pasamos la varicela llevamos incrustado en nuestro cuerpo el virus Varicela-Zóster (VVZ), que el sistema inmune es incapaz de erradicar una vez que entra y se contenta con mantenerlo a raya en su escondite. El VVZ se acantona en las neuronas de los ganglios sensitivos, y desde allí puede eclosionar eventualmente, cuando la vigilancia del sistema inmune se distrae, ocasionando una erupción herpética en la zona de la piel a la que da sensibilidad el ganglio nervioso afectado (dermatoma): es el herpes zóster.

Los dermatomas más frecuentemente afectados por el zóster son los de los nervios intercostales, dando una erupción en forma de banda que rodea el hemitórax siguiendo la dirección de las costillas. Es lo que la plebe llama “culebrilla”, entre otros apelativos populares. ¿De dónde viene el nombre herpes zóster? Herpes viene del griego έρπης referido a serpiente o animal reptante; se supone que se asimila la erupción progresiva y “reptante” con la figura de la sierpe en movimiento (no está mal, pues, lo de culebrilla).

Lo de zóster tiene más miga: proviene del griego ζωστήρ que genéricamente significa correa (el “caso gürtel” -correa en alemán- se pudo llamar “caso zóster”, que le venía más a tenor de su chunguez), pero específicamente se refería a una prenda femenina usada como ceñidor para resaltar el busto. Vamos, un sujetador, sostén, brassier, push-up. Se trataba de una banda de tela decorada con bordados que se ataba al bajo tórax y empujaba arriba el tetamen. Es fácil la comparación entre tal banda y la forma de un herpes zóster costal.

El zóster no era la única prenda para guarecer las mamas en la antigua Grecia, también estaba el apodesmo o cinta que ceñía el peplo o túnica femenina para resaltar el pecho (puede verse en muchas estatuas antiguas, como en la Victoria de Samotracia), y el mastodeton, que era una franja que cubría y sujetaba las mamas, de la cual se derivó el romano strophium o mamillarecomo el que viste la fulanilla pompeyana que ilustra el post.

Un poquito de literatura. Cuenta Homero en el Canto XIV de su Iliada que Hera, celosa esposa de Zeus, deseando inflamar la pasión del dios supremo, acudió a Afrodita para pedir su consejo. La colaboración de Afrodita consistió en prestarle su propio zóster para que con tan fina lingerie rindiera a sus pies a Zeus. Ceñida con el zóster afrodisíaco se desplazó Hera hasta el monte Ida donde estaba Zeus, quien al verla no pudo resistirse y le pidió yacer con él allí mismo. Cabronazo como era, Zeus intentó elogiarla recitando la lista de sus adúlteras amantes y asegurando a Hera que ninguna de ellas le llegaba a las sandalias. Ante el reparo de Hera de fornicar al aire libre a la vista de los demás dioses que podían pasar por allí, Zeus resolvió cubriendo la cima de la montaña con un denso cúmulo de nubes. Tras el trajín Zeus durmió profundamente. Ahora bien, podría parecer que Hera intentaba reconquistar el amor de su putero esposo, pero no, el verdadero objetivo de Hera fue entretener al dios y dejarlo sedado para suspender su protección sobre los troyanos, de modo que los aqueos, a quienes Hera apoyaba, pudiesen reanudar sus ataques a Troya. Conflicto matrimonial a escala geopolítica.

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Nota para petetes: en el texto griego de esta rapsodia XIV de la Iliada no se usa el término zóster, sino ιμάντα (imanta, sinónimo de cinturón) o ζώνη (zona, otro sinónimo, y también sinónimo de zóster en terminología médica).

La estatuilla de la izquierda curiosamente recoge los dos elementos del herpes zóster: las serpientes del herpes y el zóster del corpiño que le sujeta la pechuga. Es la famosa “diosa de las serpientes” de Creta.