El Caballero Metabólico

Al oír “Caballero Metabólico” uno se imagina un superhéroe de cómic alternativo o un personaje de campaña sanitaria para buenos hábitos de alimentación, pero no, se trata de un personaje de una novela de caballería del siglo XVI, Don Cirongilio de Tracia. ¿Por qué este curioso nombre? ¿Qué relación hay entre un caballero andante y la bioquímica?

Me enteré de la existencia de este personaje durante el pasado 400 aniversario de Cervantes gracias a la magnífica programación especial de Radio Clásica que aún puede escucharse en podcast, específicamente en el programa “La música en los libros de caballerías”.

Don Cirongilio y el Metabólico cavallero

La novela Los cuatro libros del valeroso caballero Don Cirongilio de Tracia fue escrita por el madrileño Bernardo Pérez de Vargas y publicada en Sevilla en 1545. No hay demasiados datos biográficos del autor, pero se sabe que Pérez de Vargas también se dedicó a la alquimia y a la astrología/astronomía, en el estilo de la ciencia de su época aun velada por el medievalismo. Escribió un tratado de química metalúrgica titulado De re metallica (1569), escrito en castellano a pesar de su título en latín.

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Portada de la edición de Don Cirongilio de 1545, ejemplar de la Biblioteca Nacional.

La historia de Don Cirongilio sigue el patrón estándar tan bien establecido en el Amadís de Gaula y tan mal explotado por la masificada literatura de caballerías: valerosísimo caballero hijo de reyes, nacido bajo signos sobrenatulares, criado clandestinamente para ser protegido de sus enemigos paternos, iniciado en la caballería andante, prendado de una dama ideal con quien sufre amores, desamores y boda secreta, series de aventuras donde aparecen gigantes, monstruos, hechiceras, encantadores, dueñas, doncellas, donceles y múltiples caballeros y nobles quienes participan en lances, torneos y batallas. Finalmente se descubre la verdadera identidad del héroe y todo acaba en fiesta y gloria.

El caballero Metabólico es uno de las decenas de personajes que aparecen en el Don Cirongilio, en unos pocos capítulos del tercer libro. Se trata de un personaje cómico que distrae sus días haciendo jugarretas a otros caballeros que pasaban por sus predios. Para ello se vale del disfraz, se traviste de variadas condiciones para plantear ficticios retos a los andantes y terminar por burlarlos. Así, este antepasado de Mortadelo se hacía pasar por una doncella afligida y en apuros a cuya ayuda venían los héroes de turno a quienes terminaba por robar sus caballos y dejarlos tirados en medio de la nada. El Metabólico termina atrapado por sus víctimas y colgado de un árbol para ser objeto de mofa y humillación.

La telebasura del siglo XVI

Se ve que por las Españas siempre han gustado los mondongos de entretenimiento (por eso medra Telecinco y otras joyas del faranduleo). Fue en estas tierras donde ocurrió el mayor boom de la literatura de caballerías de toda Europa durante el cinquecento

En la Edad Media surgieron cantidad de historias legendarias sobre caballeros, princesas, castillos, magos y dragones; por otra parte estaban los cantares de gesta que glorificaban las hazañas de famosos guerreros. En Francia, durante el medievo tardío, comenzó a tomar forma la novela de caballerías, la cual se popularizó también en Italia y en la península ibérica, donde se convirtió en un fenómeno de ventas durante el Renacimiento.

Los libros de caballerías eran el espectáculo total, tenían de todo: acción, romance, intriga, violencia, fantasía, hechos sobrenaturales… Proporcionaba a sus lectores y oidores (la mayoría eran oidores) el escape a mundos irreales, a soñar con personajes de altísimos ideales de nobleza y valentía. Pero al final el común de estos personajes eran estereotipos planos que se repetían novela tras novela cada vez con menor interés y calidad literaria. A finales del s.XVI ya era un género en declive y recibió su extremaunción gracias a las dos novelas de Don Quijote. Cervantes se burló ácidamente del ámbito caballeresco trasladando sus mundos fantasiosos a la realidad contemporánea y haciendo chocar los elevadísimos ideales de justicia, honradez y fidelidad con la cochina realidad del ser humano. Allí está el gran valor intelectual del Quijote.

El Don Cirongilio de Tracia aparece en el corpus de libros citados dentro del Quijote. En el capítulo XXXII de la primera parte es uno de los libros que saca de un baúl el Ventero para distraer a sus huéspedes. El Cura y el Barbero dicen que tal libro merece ser pasto de las llamas por las morcillas y mojones que incluye, mientras el Ventero lo defiende asegurando que son historias verídicas. También se menciona a Cirongilio al inicio de la segunda parte del Quijote.

El principio inspirador de las novelas caballerescas sigue presente en algunos entretenimientos actuales, por ejemplo en el género cinematográfico de acción, donde forzudos héroes estereotipados (siempre del lado del bien) luchan contra delincuentes y terroristas a punta de hostias, tiros y explosiones. También se huele su huella en los cómics de superhéroes, criaturas con poderes sobrenaturales que luchan contra monstruos y villanos, salvan a la ciudad y a la chica guapa a la que nunca se cepillan. Pero el mayor calco está en ese género fantasioso de literatura-cine-TV ambientado en lejanos tiempos indeterminados (pero que siempre apestan a Edad Media) y en élficas tierras medias e invernalias.

¿Y por qué era Metabólico el caballero?

Aún no hemos aclarado el epíteto de este personaje caballeresco. Alguno podría pensar que hay alguna relación entre el oficio químico del autor y la inclusión del término metabólico dentro de su obra, pero resulta que no fue hasta el s.XIX cuando se aplicó metabolismo dentro de la ciencias biológicas.

La solución está en la etimología de metabólico, término del griego antiguo formado por las raíces μετά (cambio) y βολή (lanzar), es decir, se aplicaba a algo con la propiedad de transformarse. Así, el caballero Metabólico tenía capacidad de transformación gracias al disfraz y a suplantar identidades. Algún comentarista literario sugiere que el autor lo llamó Metabólico por confusión con Metamórfico.

Sobre la introducción de metabólico y metabolismo en el lenguaje científico remito a la correspondiente entrada del Diccionario Médico de la Universidad de Salamanca. Resumiendo, se adjudica la aplicación de estos términos al insigne microscopista alemán Theodor Schwann (1810-1882), sí sí, el mismo de las células de Schwann de la vaina mielínica neural y también impulsor de la teoría celular y descubridor de la pepsina.

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Theodor Schwann (1810-1882) y la portada de su libro “Investigaciones microscópicas” donde introduce el término “metabólico” para describir las transformaciones químicas que ocurren dentro de la célula.

En 1839 publicó su Mikroskopische Untersuchungen ueber die Uebereinstimmung in der Struktur und dem Wachsthum der Thiere und Pflanzen donde introdujo el adjetivo metabólico (metabolische) para describir los procesos de cambios químicos que ocurrían dentro de la célula.

Recuerdo un profesor mío de histología con fama de ser un tanto prusiano por no decir nazi, que al hablar de las células de Schwann en vez de pronunciar “chuán” como todos, decía finamente “ssssshván”. Nos resultaba ridículo, pero el hombre tenía razón en la pronunciación correcta.

“Yo no es que coma mucho, es que tengo el metabolismo lento”

El Diccionario de la Lengua define certeramente el significado de metabolismo: “Conjunto de reacciones químicas que efectúan las células de los seres vivos con el fin de sintetizar o degradar sustancias.”

De este concepto se extrae que hay dos tipos de procesos: el de crear nuevas moléculas a partir de precursores (anabolismo) y el de degradar moléculas en partes menores (catabolismo). La etimología viene de las raíces ἀνά (hacia arriba) y κατά (hacia abajo) más βολή, es decir, anabolismo = lanzar arriba – construir, y catabolismo = lanzar abajo – destruir. Todos estos términos ya eran habituales en la literatura biológica y química a finales del s.XIX.

No sé bien qué imagen tiene la gente profana cuando oye o habla del metabolismo, pero creo que suponen que es como un botón de termostato que se puede ajustar y que determina que uno gane o baje de peso según su nivel. Una imagen supersimplificada a la que han contribuido las huestes de pseudonutricionistas y dieteros creativos que abundan por doquier.

Las rutas metabólicas son un entramado complejísimo y para comprobarlo basta con mirar un mapa metabólico como el que reproduzco más abajo. Es obvio que tal estopa bioquímica queda fuera del alcance de la famosilla de turno que publica un libro de consejos nutricionales para estar guapa o de iluminados que publicitan dietas extremas y desbalanceadas.

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Por favor, mirad este mapa metabólico en tamaño completo para no perder detalle del laberinto de las vías metabólicas celulares. La verdad es que este mapa aún está bastante simplificado.

El síndrome metabólico

El caballero Metabólico es ficción, pero el síndrome metabólico es una cruda realidad en el mundo occidental hiperalimentado y sedentario. A finales de la década de 1980 se bautizó como “síndrome X” (poca creatividad, sin duda) a la coincidencia de diabetes, obesidad, dislipemia e hipertensión.

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El caballero oscuro enseña buenos hábitos a su pupilo.

Actualmente a esto se le llama síndrome metabólico o síndrome de resistencia a la insulina, ya que es precisamente la falta de efecto de la insulina en sus receptores periféricos el eje de los trastornos metabólicos de estos pacientes. Incluye hiperglicemia e hiperinsulinemia, resistencia a la leptina, aumento de triglicéridos, aumento de grasa abdominal y visceral, aterosclerosis acelerada y, como consecuencia de todo ello, un riesgo abismalmente superior de sufrir infartos cardíacos o cerebrales.

Hay factores genéticos que predisponen inexorablemente a padecer esta condición, pero los hábitos de vida influyen de manera determinante. Ya lo sabemos todos: ejercicio regular, dieta con aporte calórico adecuado y de composición equilibrada, control del estrés emocional, moderación alcohólica y huir del ominoso tabaco que en mala hora cagó Dios en este mundo. Todo ello hay que meterlo en las cabecitas de nuestro jóvenes desde temprana edad.

Los eventos cardiovasculares consecuencia del síndrome metabólico causan una pérdida de horas potenciales de vida de la población (y de horas de vida útil, además), amén de un gasto farmacéutico, sanitario y de dependencia. La imagen actual de un “caballero metabólico” sería la de un orondo cincuentón o sesentón que mete horas viendo el fútbol por TV con varias latas de cerveza vacías y un cenicero en la mesilla de al lado, esperando que su Maruja le sirva los huevos rotos con panceta y patatas, y la natilla con galleta maría de postre.

Ceterum censeo “Podemus” esse delenda

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El maestro de la anatomía Henri Rouvière

En una entrada anterior dedicada al ilustrador Arnould Moreaux ya había amenazado con reseñar el Tratado de anatomía por él ilustrado y a su autor, Henri Rouvière. Algún cariño le tengo pues este tratado fue el primer libro que compré y estudié al entrar en la Facultad de Medicina.

Henri Rouvière (1875-1952). Foto de Studio Harcourt, extraída de Presse Med 1953;61:73

Henri Rouvière (1875-1952). Foto de Studio Harcourt, extraída de Presse Med 1953;61:73.

El profesor Rouvière nació el 23 de diciembre de 1875 en el pueblito montañoso de Le Bleymard, en el departamento de Lozère, al sur de Francia. Su padre, notario de profesión, lo envió a estudiar Medicina a la vecina Montpellier. Tras graduarse con una tesis sobre los ligamentos pericárdicos, el muchacho logró entrar en el departamento anatómico a las órdenes de Paul Gilis como jefe de disecciones y pasó los siguientes 3 años entre Montpellier y Toulouse dedicado a la embriología y anatomía cardíaca. Un momento clave en su vida fue la presentación a las oposiciones estatales para profesor agregado de anatomía en 1910, concurso que se curró para quedar en el primer puesto, por delante de André Latarjet (que sí, el del Testut), lo cual le permitió elegir la plaza de su gusto y así fue como Rouvière recaló en la Facultad de París, ni más ni menos.

La aparición en la prestigiosa Universidad parisina de un recién llegado profesor de provincias provocó revuelo. En su primera clase el auditorio se abarrotó de curiosos deseosos de ver quién era ese joven advenedizo del sur y se armó pitote. Rouvière salió airoso de la prueba y luego comentó, parodiando al rey Enrique IV, que “París bien vale una manifestación”.  Se fue ganando al personal y sus prácticas de disección y clases teóricas (donde dibujaba, como buen profe) obtuvieron fama. Se encargó de cortar el bacalao en las Salas de Disección desde 1912 a 1927.

Conoció allí a su esposa, Blanche, que fue su discípula y que publicó una tesis sobre las celdas mastoideas. Durante la Primera Guerra Mundial suspendió su actividad docente y trabajó en hospitales militares. En 1928 Rouvière ganó la Cátedra de Anatomía de París, sustituyendo al profesor Adolphe Nicolas, que la llevaba desde 1907. El trabajo de Rouvière en esta Cátedra atrajo a multitud de anatomistas y cirujanos de todo el mundo en busca de pasantías. Uno de ellos fue profesor mío, don Francisco Montbrun, a quien ya mencioné en este blog.

Su primera obra popular fue el Compendio de Anatomía y Disección, que data de 1911. En 1921 apareció su primera versión del Tratado de Anatomía, que sigue teniendo nuevas ediciones actualmente. Su libro más loado en vida (aquí la reseña en la revista JAMA) quizás fue su Anatomie des lymphatiques de l’homme de 1932, también ilustrado por Moreaux, donde el autor expone una detallada descripción del sistema linfático humano, incluyendo sus propios descubrimientos en el área. De hecho el epónimo que tenemos de este gran anatomista es el ganglio de Rouviére, referido al nódulo linfático superior del grupo retrofaríngeo lateral, ubicado entre la faringe y los músculos prevertebrales justo bajo la base craneana.

Otra publicación anatómica fue su Atlas aide-mémoire d’anatomie, creo que publicado en la década de 1940 e ilustrado por G. Reignardie. En su último tramo se dedicó a escritos más teóricos y filosóficos, centrados en la anatomía evolutiva: L’anatomie générale: origine des formes et des structures anatomiques (1939), L’anatomie philosophique: la finalité dans l’évolution (1941), Vie et finalité (1944), De l’animal à l’homme (1949), L’ènegie vitale (1952).

Monumento a Rouvière en su pueblo natal, Le Bleymard. Cutrecillo, no se diga.

El profesor pasó su retiro en el campo de la Dordogne; sintiéndose enfermo retornó a París y allí falleció en 1952, el domingo 26 de octubre a las 11.30h, para más señas. Su deceso fue seguido de honores y muestras de admiración, como corresponde. De hecho los datos biográficos que uso están sacados de los obituarios publicados en revistas científicas de la época, y obviamente están repletos de grandilocuentes elogios a su actividad investigativa y docente y a su calidad humana.

Actualmente en su pueblo natal de Le Bleymard hay, además de una estación de esquí, un pequeño monumento conmemorativo en honor a Rouvière (bastante feúcho, hay que decirlo, tipo escultura de rotonda) y el colegio local lleva su nombre. También incluye su nombre el Museo Anatómico de la Universidad René Descartes de París, el Museo Delmas-Orfila-Rouvière. La colección fue iniciada en 1794 por Fragonard y continuada durante el s.XIX por Mathieu Orfila. En 1947 André Delmas (el co-autor del Rouvière) reorganizó el museo y añadió sus preparaciones y las del maestro Rouvière, y así se constituyó la actual colección. Tiene casi 6000 piezas, algunas tan interesantes como cerebros preparados por Paul Broca, otras tan freaks como una mujer barbuda o el enano del Rey de Polonia. He visto por la red que no está abierto al público, una caca.

PRIMA DIVAGATIO

El enano del Rey de Polonia se llamaba Nicolas Ferry, un bufón francés nacido en 1747 y que con el mote de Bébé habitó en la corte de Stanisław Leszczyński, depuesto rey polaco. No se trataba del típico acondroplásico sino de un enanismo armónico, probablemente hipofisario. Bébé creció solo hasta los 89 cm, como un niño de 3 a 4 años. Parece que no tenía déficit intelectual, aunque era un poco zoquete. En la corte envidió con inquina a otro enano hipofisario, Józef Boruwłaski, de origen polaco, emparentado con la nobleza, inteligente, educado, políglota y además un poquito más enano que él. Boruwłaski, alias Joujou (en serio, qué siglo más gay), se hizo empresario del espectáculo tras la caída del antiguo régimen, publicó sus memorias y vivió hasta los 97 años. En cambio, el pobre Bébé falleció a los 22 años; se discute si además del déficit de somatotropina padecía progeria o el síndrome de enanismo primordial con microdontia, dientes opalescentes y molares sin raíz (¿a que no lo conocíais?, una referencia). Su esqueleto se expone en el Musée de l’Homme de París, lo que hay en Museo Delmas-Orfila-Rouvière es una estatua de cera a escala real.

El rey Stanisław Leszczyński entre el enano Bébé, a la izquierda, y Joujou a la derecha.

El rey Stanisław Leszczyński entre el enano Bébé, a la izquierda, y Joujou a la derecha.

SECONDA DIVAGATIO

Stanisław Leszczyński (1677-1766) no es famoso por Bébé, sino por Babá (pero qué tiempo tan gay, insisto). Stanisław fue dos veces rey de Polonia y dos veces depuesto del trono. Se refugió en casa de su yerno Luis XV de Francia, quien le cedió el Ducado de Lorena y un palacio en Lunéville, cerca de Nancy.

Era famoso por su glotonería, en especial en lo que a pastelería se refiere. Se quejaba de que el kouglof (tradicional pastel centroeuropeo) le hacía bola por lo seco que era, de modo instruyó a sus reposteros para hacer un híbrido con el pastel eslavo llamado babka o babushka y que fuese impregnado con jarabe y el exquisito ron de las Antillas francesas. Así nació el babá, bollo preparado con masa fermentada y mucha mantequilla, en forma de corona o de tapón y emborrachado en licor, típico de la cocina francesa y de Nápoles. El nombre proviene del polaco babka (abuela) y no de Alí Babá, como dice la tradición romántica. Debo reconocer que es uno de mis dulces predilectos, culpable de mi tocino ventral.

Los enredos del rey Stanisław para recuperar el trono sirven de fondo a la ópera Un giorno de regno, ossia il finto Stanislao, de Giuseppe Verdi, estrenada en la Scala de Milán en 1840. Fue su segunda ópera, su primera de tipo cómico y un rotundo fracaso en su estreno. Aún hoy es poco prodigada. Aquí el vídeo de una producción del Teatro de Parma de 2010.

Volvamos al tratado de Rouvière; su título completo es Anatomía humana descriptiva, topográfica y funcional, se editó originalmente en dos tomos, posteriormente pasó a tres y las ediciones actuales son de cuatro volúmenes: I. Cabeza y cuello, II. Tronco, III. Miembros, y IV. Sistema nervioso central. Al igual que otros libros de Rouvière, éste se publicó a través de la Editorial Masson. Actualmente van por la 15ª edición francesa y la 12ª española (el asesor de la traducción fue el Dr. Víctor Götzens García, profesor de la Universidad de Barcelona). Como otros clásicos médicos se han ido añadiendo autores a lo largo del tiempo, así entró su colaborador André Delmas (que expandió su neuroanatomía) y actualmente Vincent Delmas.

Una ventaja de este tratado es que suma la anatomía descriptiva y la topográfica, de modo que en vez de describir por separado la totalidad de cada sistema (osteología, miología, angiología, etc.) se limita a describirlos por regiones topográficas, lo que ahorra repeticiones y resulta cómodo para el estudiante portar un solo libro para estudiar una región. El texto es conciso y no abunda en epónimos, a diferencia del Testut y otros clásicos. Cada volumen incluye una copia de la Nómina Anatómica Internacional, en un intento por aunar la nomenclatura clásica con la actual.

Esquemas didácticos del espacio laterofaríngeo inferior y superior. Anatomía de Rouvière, 11ª edic, Masson. (perdón por la calidad)

Esquemas didácticos del espacio laterofaríngeo inferior y superior. Anatomía de Rouvière, 11ª edic, Masson. (perdón por la calidad)

Sobre las ilustraciones ya comenté en el post sobre Moreaux, pero resalto los esquemas seccionales muy simplificados pero exactos, especialmente útiles para explicar aquellos rincones enrevesados, por ejemplo la fosa esfenomaxilar o los espacios cervicales. Estos esquemas permiten ver la disposición de las fascias y cómo discurren los estructuras neurovasculares entre los músculos.

Hace poco sufrí un episodio convulsivo cuando un residente reconoció que jamás había escuchado sobre este tratado y, peor aún, sobre el Testut-Latarjet. ¿Con qué libros están aprendiendo estos chavales? Aunque usen para la batalla sobottas, netters o prometheus, me parece infame que no tomen contacto con la escuela clásica anatómica. Serán tontadas mías.

  1. Cordier G. Henri Rouvière, 1875-1952.Presse Med 1953;61:73.
  2. Belou P. Profesor Dr. Henri Rouvière. Sem Med 1952;101:866.
  3. Menegaux G. Henri Rouvière; 1875-1952. Mem Acad Chir (Paris) 1954;80:117.

Ilustraciones médicas: Arnould Moreaux, el ilustrador del «Rouvière»

Pero qué difícil es encontrar información sobre los responsables del trabajo gráfico de los libros científicos, más aún cuando se trata de tratados antiguos. Me gustaría dedicar algunos posts a los buenos ilustradores de los grandes libros médicos clásicos y modernos, pero me va a costar las dos albugíneas, por lo que veo.

Comenzaré por el que para muchos fue (y es aún) el primer libro abierto en la carrera: el Tratado de Anatomía Humana de Henri Rouvière, editado por vez primera en París en 1921. Ya comentaremos otro día la figura y obra de Rouvière, hoy toca su dibujante.

Sobre el artista Arnould Moreaux no tengo ni una foto, ni datos de nacimiento o muerte, ni nada de su biografía [véase adenda, más abajo]. Comenzamos bien. Sabemos que era profesor de Bellas Artes en París y estuvo activo a finales del s.XIX y la primera mitad del s.XX. Se entera uno de su existencia al leer el prefacio escrito por el propio Rouvière donde dice:

«Todas las figuras han sido dibujadas por M. Moreaux con un esmero y un espíritu concienzudo que son sólo comparables con su gran talento. Aprovecho para expresarle aquí mi más sincero agradecimiento.»

Por cierto, la “M.” antes del apellido es de Monsieur y no sé por qué el traductor lo dejó equívocamente como si fuera una inicial.

Adenda (junio 2019): ¡ahora tengo más información!, gracias a Roger Bour, entusiasta de la genealogía quien me escribió desde Francia para facilitarme los datos del registro civil de Moreaux, incluyendo copia de la documentación. ArnoulLouis Moreaux (aparece registrado con ´t´al final del nombre, aunque él mismo lo escribía con ‘d’) nació en París (XI) el 7 de febrero de 1875, hijo del topógrafo Pierre Arnould Moreaux (1842-1910), natural de Saint-Quentin (Ardennes) y de Catherine Camille Bazire (1851-1882), natural de Montmédy (Meuse). Se casó con Alice Marie Boivin el 16 de agosto de 1919 en Auxerre (Yonne) y murió en París (XV) el 21 de octubre de 1960. De nuevo gracias a M. Bour por el extraordinario material.

partida nacimiento Moreaux

Página del Registro Civil de París con los datos de Arnould Moreaux.

La búsqueda en internet sobre Moreaux remite constantemente a un libro llamado Anatomía artística del hombre (ver en Google Books), bastante exitoso entre los estudiantes de Bellas Artes. Casualmente tenía ese libro hace tiempo y jamás había caído en cuenta de que se tratase del mismo ilustrador del Rouvière, ¡una sorpresa! La firma de los dibujos en ambos libros confirma que son del mismo artista.

Portada de "Anatomía artística del hombre" de A. Moreaux. Desde la izquierda: edición grancesa de 1967, edición francesa de 1997 y edición en español de 198

Portada de «Anatomía artística del hombre» de A. Moreaux. Desde la izquierda: edición francesa de 1964, edición francesa de 1997 y edición en español de 2005.

Este libro, Anatomie artistique de l’homme: précis d’anatomie osseuse et musculaire, fue publicado por la editorial médica Maloine en París en 1947, y ha tenido múltiples reediciones. En castellano lo editó Norma-Capitel en los años 80, conservando una portada feúcha de las ediciones francesas de los 60. Moreaux expone en sus 400 páginas una anatomía práctica para el artista, con énfasis en tres apartados: osteología, artrología y miología. Resalta la forma que en superficie transmiten estas estructuras, el rango de movimiento de las articulaciones, las acciones de los músculos y la expresión facial. Intercala citas gráficas de escultura grecorromana y de Miguelángel, Leonardo o Durero, entre otros.

"Anatomía artística del hombre" de A. Moreaux. Página de ejemplo. Editorial Norma.

«Anatomía artística del hombre» de A. Moreaux. Página de ejemplo. Editorial Norma, Madrid.

Otros dos capítulos menos extensos se dedican a los vasos sanguíneos y a la distribución del tejido adiposo. No hay, como es lógico, ningún interés por la anatomía visceral o del sistema nervioso. Hacia el final del libro hay un capítulo sobre las proporciones del cuerpo humano, escrito por el Dr. Francis Heckel, un forofo de la vida sana, el ejercicio y la nutrición de principios del s.XX. Termina con unas tablas-patrón para dibujo del cuerpo humano y, una cosa alucinante, un capítulo titulado «Historiadores, médicos y juristas podrán en lo sucesivo describir cómo fue realmente el suplicio y muerte de Jesús», basado en un artículo aparecido en el periódico L’Yonne Republicaine acerca de la crucifixión de Cristo. Curioso.

Y curioso también que no haga mención en este popular libro sobre su participación en tamaña obra como el Rouvière. Yo es que me lo pondría hasta en el epitafio.

Qué decir de las ilustraciones anatómicas del Rouvière. Sin duda son de excelente calidad, concisas y didácticas. Sin embargo no puedo ponerlas, como casi ningún otro dibujo anatómico, a la altura de los grabados del Testut-Latarjet, mi gold standard particular. Moreaux ilustra mediante pintura, especialmente acuarela. A diferencia del Testut, donde los dibujos se han convertido en grabados para pasarlos a imprenta, en el Rouvière las pinturas están reproducidas tal cual. Entre la suavidad de la acuarela y las limitaciones de la técnica reprográfica de la época, las ilustraciones del Rouvière adolecen de cierta falta de nitidez, cierta debilidad del trazo. Suele dejar en grisalla las estructuras no resaltadas; por ejemplo en los capítulos de miología los músculos aparecen coloreados en rojo-naranja, pero cuando habla de los vasos de esa misma región, los músculos aparecen en gris y los vasos en color.

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Dos ejemplos de ilustraciones de Moreaux para el tratado de Rouvière. “Anatomía Humana”, Rouvière-Delmas, 11ª edic., Masson, 2005. (Pulsar para agrandar)

Esta tendencia a focalizar la información también se aprecia en la rotulación de las ilustraciones, que destacan sólo aquello de lo que se trata el dibujo, a diferencia de los extensos pies de imagen del Testut, numerando todas las estructuras visibles. En el Rouvière hay otras ilustraciones, de tipo lineal o esquemático y aspecto más moderno, que supongo añadidas por dibujantes diferentes en ediciones posteriores de la obra.

Algunos libros ilustrados por A. Moreaux

Moreaux ilustró otras obras anatómicas (“32 planches de morphologie des dents”, “Planches anatomiques de l’homme”, “Treize coupes horizontales du thorax” de Hovelacque y Monod, “Cours élémentaire de dessin d’anatomie du squelette”) y diversos libros de literatura general como las obras teatrales “Le Dédale” y “L’énigme” de Paul Hervieu (1857-1915) o “Paris!” de Schirmacher.

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Ilustraciones para “La journée d’un Parisien au XXIéme siècle”, de Octave Béliard, 1910 (www.bdfi.net).

También colaboró en un relato futurístico de Octave Béliard, «La journée d’un Parisien au XXI éme siécle» de 1910. Ambientada en 2010, imagina un futuro con viajes cotidianos a una Luna domesticada con atmósfera y vegetación, transporte aéreo urbano, proyecciones de entretenimiento en el cielo… Lo mejor es que según este relato, los avances tecnológicos nos permitirían tener las tardes libres en nuestra época. ¡Eso sí es ciencia ficción!