Mamagüevo

En noviembre de 2017 la cuenta de Twitter de la Real Academia de la lengua (@RAEinforma) recibió la consulta del usuario @fedesiete preguntando por la grafía correcta de la palabra mamagüevo. La RAE respondió con seriedad y concreción, como suele hacerlo, que según el Diccionario de americanismos se acepta tanto mamagüevo como mamahuevo.

Lo peculiar del caso es que el término consultado es una de las palabras más malsonantes de la jerga regional venezolana, insulto hosco y duro donde los haya. Por ello, la serena respuesta de la RAE generó una buena cascada de tuits en las siguientes semanas; muchos compatriotas no se creían que semejante dicterio estuviese registrado por la Academia.

Dado que las academias de la lengua sancionan el uso de los términos y que este término es extraordinariamente usado en el habla cotidiana de mi país, es lógica su inclusión en el nomenclátor. Sin embargo, la definición del Diccionario de americanismos no refleja adecuadamente la dimensión del término:

mamagüevo: sust/adj. RD, Ve. Persona estúpida, idiota. vulg; desp. (mamahuevo).

La RAE certifica su uso en República Dominicana y Venezuela, pero limita su significado a la acepción más blanda. Lo cierto es que mamagüevo es un sinónimo directo en su construcción y significado del españolísimo término chupapollas (el cual, por cierto, no está recogido en el diccionario general de la RAE ni en el panhispánico de dudas, por lo que no sabemos cuáles grafías son más adecuadas: chupa polla, chupa pollas, chupapolla o chupapollas).

De modo que un mamagüevo es una persona que ejerce la felación, que se mama un güevo. Adviértase que güevo es sinónimo de pene en Venezuela y otros países hispanoamericanos, y así lo recoge el mismo Diccionario de americanismos. Pero una acepción más extendida de güevo es como variante de huevo o como sinónimo de testículo, cosa que resulta bastante obvia.

La asimilación del órgano copulativo con güevo demuestra lo viva que está la lengua y las interesantes transformaciones que en ella acontecen. En el caso que nos ocupa ocurre una doble metonimia, ¡casi nada! En la primera metonimia el todo toma el nombre de la parte: los huevos o testículos ceden su nombre al conjunto de los genitales externos masculinos. Una segunda metonimia traslada el nombre del todo, los genitales externos, a una parte, el pene. El tercer elemento es el refuerzo consonántico del diptongo ‘hue’ que pasa a ‘güe’, fenómeno frecuente en habla castellana (güeso, güeco, güele —de oler—) y habitualmente relacionado con lenguaje vulgar o de zonas rurales. Lo bonito es que estas transformaciones las hace la gente con su habla diaria, sin analizar los mecanismos ni categorizarlos.

Tenemos, pues, al güevo venezolano definido como genitales viriles y más concretamente el pene. De este término nacen otras palabras del habla coloquial, como la mencionada mamagüevo y dos expresiones contradictorias entre sí: ‘güevo pelao’ y ‘agüevoneado’. Ser un güevo pelao es ser una persona hábil y con talento, un experto en un arte u oficio; quizás de origen metafórico en relación con el pene erecto despejado de prepucio, presto para actuar. Por el contrario, ser un agüevoneado es ser un gilipollas, un bobo, lerdo, lento de mente o, volviendo a la raíz léxica, un güevón (también aceptado como huevón, güebón o, patognomónico chileno, güeón). La RAE recoge el verbo pronominal ahuevonearse y la lectura de su tabla de conjugación es una delicia literaria.

Volviendo a los mamagüevos, ¿por qué se toma como una grave ofensa decir que una persona es dada a la felación? Aquí se asigna a la persona felante un papel de sujeto pasivo, sometido, arrodillado ante un superior, que ejerce un acto vil reservado a homosexuales, mujeres y gente indigna. Puede parecer un insulto machista heteropatriarcal, pero lo parece porque lo es.

Otra duda lingüística sobre este término es si varía según el género, es decir, si se apostrofa con el mismo a una mujer ¿debe decirse mamagüeva o se mantiene sin modificar, como pasa con ‘idiota’ o ‘imbécil’?

La gravedad de mamagüevo como insulto venezolano radica en que se asigna a una persona despreciable en grado superlativo, sea por sus acciones mezquinas, por arrastrarse por el suelo miserablemente, por actuar a traición o de modo alevoso contra otros; en fin, es un insulto polisémico aplicable a casi cualquier aspecto altamente negativo del insultado. Su acepción como ‘tonto’ es, como comentamos antes, la más blandita de todas y de ella deriva mamagüevada para indicar una acción o idea rebosante de estupidez.

Para familiarizarse con el uso coloquial de mamagüevo basta poner la palabra en el buscador de Twitter y solazarse con la riqueza de sus aplicaciones. Lamentablemente, muchos usuarios no respetan las grafías correctas del término y lo escriben sin diéresis en la ‘u’, lo que altera completamente su pronunciación, o usan ‘b’ en vez de ‘v’. Exhorto a mis compatriotas a guardar la corrección ortográfica de una palabra que es patrimonio nacional.

maduromamaguevo

Grafiti de protesta en calle de Caracas. A pesar del error ortográfico no pierde poder comunicativo. Via Tuiter.

Al conocer los significados de mamagüevo es fácil comprender por qué se está aplicando como insulto de primera línea contra el asno despreciable de Narcolás Maduro y la plana mayor del régimen chavista. Más que insulto resulta un epíteto pertinente, tipificador y enfático, considerando el nivel de miseria y malevolencia alcanzado por estos narcoterroristas, enemigos de todo lo bueno y noble.

La verdad es que la mayoría de los mandatarios de Estado son susceptibles de adjetivarse como mamagüevos, y en general cualquier jefe de lo que sea, pues bien se sabe la antipatía y resquemores que inspiran las figuras de autoridad, aunque en origen sea una invectiva destinada a entes sumisos o inferiores. En lo personal, no sé si hay otra palabra que me cruce la mente con mayor frecuencia, aunque no la pronuncie, desde el conductor de bus o metro que me cierra la puerta en la cara y arranca, la recepcionista malencarada o el funcionario que obliga a llenar planillas indescifrables, hasta el pico paroxístico cuando veo las noticias y el catálogo de mamagüevérrimos insuperables que desfila por allí. Quizás solo cuando hacía guardias de cirugía en Caracas me venía más a la mente la palabra de hoy.

mamaguevotrends

Frecuencia de búsquedas de «mamagüevo» entre 2004 y 2018, según Google Trends. Arriba se observa una estabilidad de uso en territorio venezolano, mientras abajo se aprecia un aumento progresivo en el ámbito mundial. No me atrevo a hacer interpretación de estos datos ni relacionarlo con la creciente diáspora de venezolanos resabiados.

Notas antiguas sobre la felación

Desde Isis hasta la Lewinsky, la felación ha estado en la trastienda de la historia humana. En otro post comentamos el mito de la resurrección de Osiris mediante un certero mamerto ejecutado por Isis. En el sexto folio del precioso papiro de Ani (1300 a.C.) hay una pequeña viñeta donde se aprecia a una plañidera simulando una felación isíaca a un ataúd sujeto por Anubis. No es la única referencia papirográfica: en el segundo folio del papiro de Henuttawy (hacia el 1000 a.C.) aparecen representados Nut y Geb (dioses del cielo y de la tierra, y padres de Isis y Osiris) con la peculiaridad de que Geb está enroscado en un automamerto y, también curioso, la diosa Nut cuenta con un luengo cipote que le llega a la fosa supraesternal. Ya hablaremos otro día de los dioses itifálicos.

papirofelatio

A la izquierda: plañidera felante en el papiro de Ani. Derecha: autofelación de Geb en el papiro de Henuttawy. Ambos papiros están en el Museo Británico.

En la antigua Grecia el arte felatorio se relacionaba con la isla de Lesbos, la cual consideramos origen del lesbianismo por los poemas de Safo (y actualmente es imagen de la tragedia de los refugiados sirios). En aquellos lejanos tiempos las mujeres de Lesbos tenían fama de hábiles felatrices.

El origen de mamagüevo o chupapollas como fuerte insulto proviene, ¡cómo no!, de Roma. La impresión general del mundo romano sobre el sexo oral era de acto denigrante y antihigiénico: os impurum. Allí se distinguía fellator/fellatrix, quien ejecutaba el chupeteo, e irrumator, el agasajado con la succión o bien quien empotraba por la fuerza su ciruelo en ajenas fauces (lo que en inglés se llama facefuck y que no tiene equivalente en castellano, ni falta que hace).

romafellatio

Izquierda: ‘kylix’ ática, Museo de Bellas Artes, Boston. Centro: lámpara de aceite romana, Salzburgo. Derecha: ‘sprintiae’, ficha para pagar los servicios sexuales profesionales.

Una matrona respetable y de su casa jamás accedería al os impurum, cosa relegada a efebos de callejón y lobas togadas. Si la fellatio ya era alta obscenidad, el cunnilingus era la cochinada al cuadrado, ningún hombre honorable se rebajaría a tan humillante acto. El emperador Augusto dictó leyes puritanas de buenas costumbres que castigaban las prácticas sicalípticas (ya se encargarían sus sucesores de abrir la veda a la depravación). De hecho, el poeta Ovidio fue desterrado por Augusto a causa de sus escritos subidos de tono o, más probable, por follisquear con la imperial hija Julia.

Pero como siempre ha ocurrido, ocurre y ocurrirá, en Roma se practicaban guarreridas orales, aunque se negara o se obviara. Y se practicaban mucho, según atestiguan las persistentes referencias en los poemas obscenos de Marcial, Juvenal o Catulo (con su inmortal «Pedicabo ego vos et irrumabo», verso que abre y cierra su carmen 16: «Os encularé y me la mamaréis»).

Así que, romanos todos, utilicemos con holgura y defendamos de la tirana corrección política el libre uso de chupapollas y mamagüevo, herencia latina irrenunciable, pues en el mundo hay más mamagüevos que ventanas y nuestro deber es señalarlos.

Dedico este post al Dr. Manuel Paz, viejo amigo y condiscípulo.

 

«Ceterum censeo Podemus esse delenda»

Anuncios

El Caballero Metabólico

Al oír “Caballero Metabólico” uno se imagina un superhéroe de cómic alternativo o un personaje de campaña sanitaria para buenos hábitos de alimentación, pero no, se trata de un personaje de una novela de caballería del siglo XVI, Don Cirongilio de Tracia. ¿Por qué este curioso nombre? ¿Qué relación hay entre un caballero andante y la bioquímica?

Me enteré de la existencia de este personaje durante el pasado 400 aniversario de Cervantes gracias a la magnífica programación especial de Radio Clásica que aún puede escucharse en podcast, específicamente en el programa “La música en los libros de caballerías”.

Don Cirongilio y el Metabólico cavallero

La novela Los cuatro libros del valeroso caballero Don Cirongilio de Tracia fue escrita por el madrileño Bernardo Pérez de Vargas y publicada en Sevilla en 1545. No hay demasiados datos biográficos del autor, pero se sabe que Pérez de Vargas también se dedicó a la alquimia y a la astrología/astronomía, en el estilo de la ciencia de su época aun velada por el medievalismo. Escribió un tratado de química metalúrgica titulado De re metallica (1569), escrito en castellano a pesar de su título en latín.

Don_Cirongilio

Portada de la edición de Don Cirongilio de 1545, ejemplar de la Biblioteca Nacional.

La historia de Don Cirongilio sigue el patrón estándar tan bien establecido en el Amadís de Gaula y tan mal explotado por la masificada literatura de caballerías: valerosísimo caballero hijo de reyes, nacido bajo signos sobrenatulares, criado clandestinamente para ser protegido de sus enemigos paternos, iniciado en la caballería andante, prendado de una dama ideal con quien sufre amores, desamores y boda secreta, series de aventuras donde aparecen gigantes, monstruos, hechiceras, encantadores, dueñas, doncellas, donceles y múltiples caballeros y nobles quienes participan en lances, torneos y batallas. Finalmente se descubre la verdadera identidad del héroe y todo acaba en fiesta y gloria.

El caballero Metabólico es uno de las decenas de personajes que aparecen en el Don Cirongilio, en unos pocos capítulos del tercer libro. Se trata de un personaje cómico que distrae sus días haciendo jugarretas a otros caballeros que pasaban por sus predios. Para ello se vale del disfraz, se traviste de variadas condiciones para plantear ficticios retos a los andantes y terminar por burlarlos. Así, este antepasado de Mortadelo se hacía pasar por una doncella afligida y en apuros a cuya ayuda venían los héroes de turno a quienes terminaba por robar sus caballos y dejarlos tirados en medio de la nada. El Metabólico termina atrapado por sus víctimas y colgado de un árbol para ser objeto de mofa y humillación.

La telebasura del siglo XVI

Se ve que por las Españas siempre han gustado los mondongos de entretenimiento (por eso medra Telecinco y otras joyas del faranduleo). Fue en estas tierras donde ocurrió el mayor boom de la literatura de caballerías de toda Europa durante el cinquecento

En la Edad Media surgieron cantidad de historias legendarias sobre caballeros, princesas, castillos, magos y dragones; por otra parte estaban los cantares de gesta que glorificaban las hazañas de famosos guerreros. En Francia, durante el medievo tardío, comenzó a tomar forma la novela de caballerías, la cual se popularizó también en Italia y en la península ibérica, donde se convirtió en un fenómeno de ventas durante el Renacimiento.

Los libros de caballerías eran el espectáculo total, tenían de todo: acción, romance, intriga, violencia, fantasía, hechos sobrenaturales… Proporcionaba a sus lectores y oidores (la mayoría eran oidores) el escape a mundos irreales, a soñar con personajes de altísimos ideales de nobleza y valentía. Pero al final el común de estos personajes eran estereotipos planos que se repetían novela tras novela cada vez con menor interés y calidad literaria. A finales del s.XVI ya era un género en declive y recibió su extremaunción gracias a las dos novelas de Don Quijote. Cervantes se burló ácidamente del ámbito caballeresco trasladando sus mundos fantasiosos a la realidad contemporánea y haciendo chocar los elevadísimos ideales de justicia, honradez y fidelidad con la cochina realidad del ser humano. Allí está el gran valor intelectual del Quijote.

El Don Cirongilio de Tracia aparece en el corpus de libros citados dentro del Quijote. En el capítulo XXXII de la primera parte es uno de los libros que saca de un baúl el Ventero para distraer a sus huéspedes. El Cura y el Barbero dicen que tal libro merece ser pasto de las llamas por las morcillas y mojones que incluye, mientras el Ventero lo defiende asegurando que son historias verídicas. También se menciona a Cirongilio al inicio de la segunda parte del Quijote.

El principio inspirador de las novelas caballerescas sigue presente en algunos entretenimientos actuales, por ejemplo en el género cinematográfico de acción, donde forzudos héroes estereotipados (siempre del lado del bien) luchan contra delincuentes y terroristas a punta de hostias, tiros y explosiones. También se huele su huella en los cómics de superhéroes, criaturas con poderes sobrenaturales que luchan contra monstruos y villanos, salvan a la ciudad y a la chica guapa a la que nunca se cepillan. Pero el mayor calco está en ese género fantasioso de literatura-cine-TV ambientado en lejanos tiempos indeterminados (pero que siempre apestan a Edad Media) y en élficas tierras medias e invernalias.

¿Y por qué era Metabólico el caballero?

Aún no hemos aclarado el epíteto de este personaje caballeresco. Alguno podría pensar que hay alguna relación entre el oficio químico del autor y la inclusión del término metabólico dentro de su obra, pero resulta que no fue hasta el s.XIX cuando se aplicó metabolismo dentro de la ciencias biológicas.

La solución está en la etimología de metabólico, término del griego antiguo formado por las raíces μετά (cambio) y βολή (lanzar), es decir, se aplicaba a algo con la propiedad de transformarse. Así, el caballero Metabólico tenía capacidad de transformación gracias al disfraz y a suplantar identidades. Algún comentarista literario sugiere que el autor lo llamó Metabólico por confusión con Metamórfico.

Sobre la introducción de metabólico y metabolismo en el lenguaje científico remito a la correspondiente entrada del Diccionario Médico de la Universidad de Salamanca. Resumiendo, se adjudica la aplicación de estos términos al insigne microscopista alemán Theodor Schwann (1810-1882), sí sí, el mismo de las células de Schwann de la vaina mielínica neural y también impulsor de la teoría celular y descubridor de la pepsina.

schwann

Theodor Schwann (1810-1882) y la portada de su libro “Investigaciones microscópicas” donde introduce el término “metabólico” para describir las transformaciones químicas que ocurren dentro de la célula.

En 1839 publicó su Mikroskopische Untersuchungen ueber die Uebereinstimmung in der Struktur und dem Wachsthum der Thiere und Pflanzen donde introdujo el adjetivo metabólico (metabolische) para describir los procesos de cambios químicos que ocurrían dentro de la célula.

Recuerdo un profesor mío de histología con fama de ser un tanto prusiano por no decir nazi, que al hablar de las células de Schwann en vez de pronunciar “chuán” como todos, decía finamente “ssssshván”. Nos resultaba ridículo, pero el hombre tenía razón en la pronunciación correcta.

“Yo no es que coma mucho, es que tengo el metabolismo lento”

El Diccionario de la Lengua define certeramente el significado de metabolismo: “Conjunto de reacciones químicas que efectúan las células de los seres vivos con el fin de sintetizar o degradar sustancias.”

De este concepto se extrae que hay dos tipos de procesos: el de crear nuevas moléculas a partir de precursores (anabolismo) y el de degradar moléculas en partes menores (catabolismo). La etimología viene de las raíces ἀνά (hacia arriba) y κατά (hacia abajo) más βολή, es decir, anabolismo = lanzar arriba – construir, y catabolismo = lanzar abajo – destruir. Todos estos términos ya eran habituales en la literatura biológica y química a finales del s.XIX.

No sé bien qué imagen tiene la gente profana cuando oye o habla del metabolismo, pero creo que suponen que es como un botón de termostato que se puede ajustar y que determina que uno gane o baje de peso según su nivel. Una imagen supersimplificada a la que han contribuido las huestes de pseudonutricionistas y dieteros creativos que abundan por doquier.

Las rutas metabólicas son un entramado complejísimo y para comprobarlo basta con mirar un mapa metabólico como el que reproduzco más abajo. Es obvio que tal estopa bioquímica queda fuera del alcance de la famosilla de turno que publica un libro de consejos nutricionales para estar guapa o de iluminados que publicitan dietas extremas y desbalanceadas.

metabolic_pathways

Por favor, mirad este mapa metabólico en tamaño completo para no perder detalle del laberinto de las vías metabólicas celulares. La verdad es que este mapa aún está bastante simplificado.

El síndrome metabólico

El caballero Metabólico es ficción, pero el síndrome metabólico es una cruda realidad en el mundo occidental hiperalimentado y sedentario. A finales de la década de 1980 se bautizó como “síndrome X” (poca creatividad, sin duda) a la coincidencia de diabetes, obesidad, dislipemia e hipertensión.

bofetada_metabolica

El caballero oscuro enseña buenos hábitos a su pupilo.

Actualmente a esto se le llama síndrome metabólico o síndrome de resistencia a la insulina, ya que es precisamente la falta de efecto de la insulina en sus receptores periféricos el eje de los trastornos metabólicos de estos pacientes. Incluye hiperglicemia e hiperinsulinemia, resistencia a la leptina, aumento de triglicéridos, aumento de grasa abdominal y visceral, aterosclerosis acelerada y, como consecuencia de todo ello, un riesgo abismalmente superior de sufrir infartos cardíacos o cerebrales.

Hay factores genéticos que predisponen inexorablemente a padecer esta condición, pero los hábitos de vida influyen de manera determinante. Ya lo sabemos todos: ejercicio regular, dieta con aporte calórico adecuado y de composición equilibrada, control del estrés emocional, moderación alcohólica y huir del ominoso tabaco que en mala hora cagó Dios en este mundo. Todo ello hay que meterlo en las cabecitas de nuestro jóvenes desde temprana edad.

Los eventos cardiovasculares consecuencia del síndrome metabólico causan una pérdida de horas potenciales de vida de la población (y de horas de vida útil, además), amén de un gasto farmacéutico, sanitario y de dependencia. La imagen actual de un “caballero metabólico” sería la de un orondo cincuentón o sesentón que mete horas viendo el fútbol por TV con varias latas de cerveza vacías y un cenicero en la mesilla de al lado, esperando que su Maruja le sirva los huevos rotos con panceta y patatas, y la natilla con galleta maría de postre.

Ceterum censeo “Podemus” esse delenda

Rescatemos el verbo peer

Quiero invocar una reivindicación flatológica. Disponemos en nuestro rico idioma de un verbo inmerecidamente olvidado, ignorado por muchos, un verbo víctima del circunloquio, merecedor de un uso digno en virtud de la relevancia del acto que representa. Es el verbo peer, y así lo define el diccionario de la Real Academia

peer: (del lat. pedĕre) intr. Arrojar o expeler la ventosidad del vientre por el ano. U. t. c. prnl.

¿Quién demonios usa este verbo en su vida cotidiana, aunque la acción sea más cotidiana que comer o toser o estornudar? Nadie habla de peerse, sino de tirarse un pedo. ¿Por qué este circunloquio? ¿Tan raro nos resulta utilizarlo en una oración? Y eso que no es difícil de conjugar, se conjuga exactamente como el verbo leer, ahí queda ese dato. Podéis ver la tabla de conjugación aquí. Reconozco la dificultad de comprender expresiones como “él se peyó”, “ellos pean” o “si yo peyese”.

El colmo es que el socorrido traductor de Google no reconoce peer en español, sino que lo toma por su homógrafo inglés peer (par, pareja, igual, colega) por lo que si queremos saber como se pee en otros idiomas hay que recurrir al habitual circunloquio tirarse un pedo: péter (fr), scoreggiare (it), peidar (pt), to fart (in), furzen (al), να κλανιά (gr), 放屁 (fangpí, ch), пердеть (perdet, ru). En japonés también recurren a una expresión compuesta: おならする (onara suru, hacer un pedo). Lo mejor, en hindi se dice गोज़, goza (no cuesta imaginarse a un hindú cascándose un cuesco y otro respondiendo “¡Goza!”). Además este traductor acepta pederse, término erróneo no aceptado por la RAE.

Infografía sobre el origen y la composición del flato, original de Ilustración Médica (pulsar la imagen para verla en tamaño original).

Infografía sobre el origen y la composición del flato, original de Ilustración Médica (pulsar la imagen para verla en tamaño completo).

Más allá de las connotaciones humorísticas de baja estofa asociadas al pedo, hay que reconocer su verdadero significado en la fisiología humana. La presencia de gas en el tracto digestivo es consecuencia del propio mecanismo de la digestión que nos mantiene vivos. El gas intestinal proviene de cuatro fuentes principales (1, 2):

  • Aire deglutido: cada vez que tragamos, así sea saliva, pasa un poco de aire al esófago. Aparte de las bebidas ricas en CO2 muchos vegetales y frutas tienen microbolsas de aire en sus tejidos; por ello una berenjena o una pera flotan en el agua. Al digerirlos liberan el aire en el lumen intestinal. (El aire dentro del tejido vegetal puede sustituirse culinariamente por una líquido saborizado mediante la técnica de impregnación al vacío popularizada por elBulli.)
  • Gas generado durante la digestión: básicamente se trata de CO2 producto de la neutralización del HCl estomacal con radicales bicarbonato, o de la digestión de ácidos grasos provenientes de triglicéridos.
  • Difusión de gas desde la sangre: la presión parcial de O2 y N2 es mayor en la sangre que en el contenido intestinal, por lo que difunden desde la circulación hacia el lumen. Al contrario, la presión de CO2 es mayor dentro de la tripa y desde allí difunde hacia la sangre.
  • Fermentación bacteriana: esta es de las fuentes más importantes de gas intestinal y la más odorífera. Aquellos compuestos de la dieta que no podemos digerir llegan al colon donde la flora bacteriana microbiota sí puede sacarles provecho. Fibra dietética, celulosa, hemicelulosas, inulina, quitina, cualquier polisacárido con enlaces β(1-4) resulta pasto de las bacterias colónicas y como resultado de su metabolismo se libera CO2, H2, CH4 y el pestífero HS (no el champú anticaspa, sino ácido sulfhídrico). Casi toda la carga maloliente proviene de la degradación de moléculas con grupos sulfhidrilo.

En este artículo publicado por el grupo del Dr. Azpiroz de mi querido Hospital Valle de Hebrón, determinaron que la composición de la flora microbiota influye en la producción de flato y específicamente la actividad de Bacteroides fragilis y de la poco estudiada Bilophila wadsworthia se correlacionaba con la cantidad de gas y los síntomas de flatulencia.

La presencia de H2 en el aire espirado en la respiración es proporcional a la cantidad producida en el intestino mediante fermentación (no hay fuentes metabólicas endógenas de H2 en el humano) y ello sirve como prueba clínica, por ejemplo, en la intolerancia a la lactosa: el nivel de H2 respiratorio aumenta significativamente tras la ingestión de lactosa en aquellas personas incapaces de digerirla.

¿Os habéis detenido a pensar en el número de flatulencias peídas a diario y el volumen de gas que atraviesa el ano a lo largo de la jornada? Si la respuesta es negativa es que carecéis de la mínima curiosidad científica. Aunque hay variabilidad entre estudios, para ponerlo en números redondos el volumen de flato diario está entre 500 y 2.500 ml al día (me pasa por la cabeza que de líquido cefalorraquídeo apenas tenemos 100-150 ml) y esto se expele fraccionado entre 10 y 25 pedillos diarios.

Intelectuales interesados por estos temas los ha habido desde antiguo. En pleno Siglo de las Luces tenemos al parisino Pierre-Thomas-Nicolas Hurtaut (1719-1791), profesor de latín, aficionado ensayista e historiador, y parodiante de los tratadistas médicos. Publicó en 1751 su obra más famosa, L’art de péter, breve sátira flatológica escrita con la retórica de los eruditos de su época, citando a Cicerón, Horacio o el emperador Claudio, e intercalando máximas latinas como: “mingere cum bombis res est gratissima lumbis” (“mear con pedos es gratísimo a las nalgas). Después pasa a conceptuar el pedo, su diferencia con el eructo, su composición, su clasificación, etc.

Portada de la edición de “El arte de peer” de 1776, con un precioso y alusivo grabado.

Otro libro de Hurtaut es “Essais de médecine sur le flux menstruel et la curation des maladies de la tête” (“Ensayo médico sobre el flujo menstrual y la curación de las enfermedades de la cabeza”), disponible aquí en facsímil. Mi ignorancia del francés no me permite leerlo, pero me dejó boquiabierto que el libro estuviese dedicado ni más ni menos que al mismísimo Herr Professor Albrecht von Haller, el gigante intelectual de su siglo. Mira si era cachondo este Hurtaut.

Libro de Hurtaut sobre el flujo menstrual: portada y dedicatoria a Haller.

Libro de Hurtaut sobre el flujo menstrual: portada y dedicatoria a Haller.

En castellano tenemos una exquisita edición de “L’art de péter” publicada en 2009 por la editorial Pepitas de Calabaza (la recibí de obsequio de mis queridas amigas, las doctoras Martín). En su cubierta aparece con el título “El arte de tirarse pedos”, otro ejemplo de evitación de nuestro querido verbo, aunque la portada interior se ajusta al título real: “El arte de peer. Ensayo teórico-físico y metódico”. Aparte de la agradable maquetación del texto, la edición está prolíficamente ilustrada con muy buen gusto por el artista gráfico riojano José María Lema. Una joya.

páginas de la edición de "El arte de peer" de editorial Pepitas de Calabaza, 2009.

Páginas de la edición de “El arte de peer” de editorial Pepitas de Calabaza, 2009.

Antes que Hurtaut ya se había preocupado por el tema el irlandés Jonathan Swift, famoso autor de Los viajes de Gulliver. En 1722 publicó “The benefit of Farting”, sátira escatológica disponible en español por la editorial Sextopiso.

Joseph Pujol, “Le Pétomane”

Más recientemente tenemos no a un teórico, sino a un práctico del arte de peer: Joseph Pujol i Mauri  (1857-1945), un marsellés proveniente de Mataró más conocido por su nombre artístico: Le Pétomane (el pedómano). Fue un panadero reconvertido en artista del Molin Rouge de París, donde ganó fama por su número consistente en peerse a voluntad, controlando la magnitud, tonalidad y ritmo de las flatulencias, llegando a entonar canciones y apagar velas a distancia. Su secreto era una habilidad para introducir aire en el recto mediante presión abdominal negativa sumada a un esfínter bastante complaciente. Cuando murió, La Sorbona intentó sin éxito hacerse con su cuerpo para estudiarlo. Su historia ha inspirado varias películas y un musical. Sin duda, un catalán universal.

Os exhorto a llamar a las cosas por su nombre y conjugar sin miedo el verbo peer.

“Et crepitus multos, nequiens erupere perdis,
Et salvat pleno quando dat ore virum:
Ergo si servat fugiens, iugulatque retentus,
Omnibus hunc medicis quis neget esse parem?”

(“Y el pedo a muchos, por no salir les pierde,
mientras los salva cuando se propina:
así, si salva escapando y mata cuando se queda,
¿quién puede negar que se parece a los médicos?”)

Lapidarios versos anónimos de la portada del libro de Hurtaut, derivados del epigrama “Al pedo” de Nicarco (poeta griego, siglo I d.C.), citado por Rodolfo Goclenio (3) en “Physiologia crepitus ventris, et risus” (1607). El original va dirigido a los reyes en vez de a los médicos.

Advertencia: Salvador Dalí finalizó su “Diario de un genio” con un apéndice recopilatorio de textos por él apreciados como el Elogio de la mosca de Luciano de Samosata o Gracias y desgracias del ojo del culo de Quevedo. También incluye un texto que cita como proveniente de un libro francés del siglo XIX sin nombre de autor, titulado “El arte de tirarse pedos o Manual del artillero socarrón, por el conde de la Trompeta…” (ver aquí.) Resulta que este texto no es otro que L’art de péter de Hurtaut, sin referencia a su genuino autor. Muchos de quienes en internet citan fragmentos de este apéndice daliniano lo hacen como si fuera obra original de Dalí. Es de justicia que se difunda su verdadera autoría.

ADENDA

El magnífico profesor de química Yanko en su  “Blog del Búho” habla en su entrada del 18/01/2014, Fosfina y misterios, sobre una teoría de pedos autodeflagrantes y combustión espontánea. En dicho post remite a otro de su autoría de junio de 2007, Un adiós escatológico, donde hace una excelente síntesis de la química del pedo. Yo, indigno, no había leído aquella antigua entrada, pues para 2007 aún no me contaba entre los fans del Búho. Recomiendo la lectura de dicho artículo que forma buena pareja con el que aquí he escrito; incluso tratamos temas comunes, como la historia del Pétomane.