Anuncios pagados por virus

Continuamos comentando la publicidad televisiva típica del invierno. En el post anterior cargamos contra los repetidos episodios psicóticos —disfrazados de anuncios— con los que las marcas de perfumes nos acosan durante todo el mes de diciembre y hasta el día de Reyes; tras el 6 de enero desaparecen por completo esos sainetes perfumísticos y ceden su espacio publicitario a los productos sustitutivos del tabaco (por aquello de los propósitos del nuevo año) y, en especial, a los cócteles farmacológicos de venta libre para el tratamiento de los resfriados y gripes. Éstos se emitirán hasta que sean sustituidos por los anuncios de antihistamínicos con la entrada de la primavera.

Todos nos tomamos nuestro frenadol cuando estamos moqueando y con malestar y, la verdad, se agradece su ayuda para pasar los malos días del catarro. Ahora bien, me parece que la aproximación que hacen las agencias publicitarias roza la irresponsabilidad. Paso a exponerlo.

Si yo fuera virus financiaría esa publicidad

Clásicamente los comerciales de antigripales han vendido el bienestar físico secundario al alivio sintomático: la descongestión, mejoría de la tos, alivio de la cefalea y las mialgias… Pero se ve que eso no es suficiente. Para ganarle a la competencia hay que ofrecer más: una existencia normal y plena a pesar de tener un rinovirus replicándose en la mucosa respiratoria.

Así, gracias al preparado de turno, el enfermo podrá irse de pesca al río, podrá tirar rumbo a la montaña nevada con los esquís en el techo del coche, podrá cumplir con el torneo de paintball, podrá cantar y bailar, correr y jugar; todo ello en compañía de sus hijos, familiares o la patota de amigos.

¿Y qué tiene esto de malo? ¡Parece cojonudo! El problema es que esa normalización de la actividad del enfermo atenta contra dos principios básicos del cuidado del catarro: el oportuno reposo y, muy especialmente, el aislamiento relativo que tan necesario es para que el individuo infecto no esparza sus miasmas víricas sobre sus prójimos.

Por eso, si yo fuera un rinovirus estaría encantado de esa publicidad que invita a contagiar la enfermedad indiscriminadamente bajo la falsa seguridad de sentirse bien y mantener contacto con los demás durante el período contagioso. Es magnífico para el negocio… del virus.

catharrhinol

Tómate un ‘catharrhinol’ y haz tus actividades como si nada, no importa que por tu culpa se contagie un puñado de inocentes.

Durante el catarro sea considerado con los demás

Los virus del resfriado común y de la gripe se transmiten a través de las secreciones nasales y faríngeas, sea por contacto directo, a través de manos impregnadas de mocos, de los objetos que tocan estas manos y, más relevante aún, mediante partículas en aerosol expelidas durante los estornudos, la tos y el resoplón nasal. Esas gotitas aéreas son respiradas por la persona sana, o bien el incauto se lleva sus manos contaminadas a su mucosa óculo-rino-oral y así el virus entra en contacto con el epitelio respiratorio donde anida y se multiplica. Tras un par de días de incubación aparecerán los síntomas.

Por ello, si usted está resfriado, tenga cuidado con la diseminación de sus humores nasales, tápese el hocico para estornudar o toser —no sé a qué edad aprenden los niños este importante gesto—, lávese las manos con frecuencia o use esos geles alcohólicos desinfectantes, evite el contacto innecesario con otras personas que no tienen culpa de sus males. Sana envidia me dan los japoneses, que usan mascarillas cuando están acatarrados por respeto y consideración a los demás, para limitar el contagio en sus atiborrados medios de transporte público.

Cómo actúan los virus respiratorios

Los resfriados comunes están causados principalmente por rinovirus y coronavirus; son las infecciones víricas más frecuentes del humano. La gripe, en cambio, está ocasionada por virus influenza o parainfluenza y ocasiona cuadros más serios. Otros virus que afectan la vía aérea son el sincitial respiratorio, adenovirus y algunos enterovirus como el Coxsackie.

Los rinovirus son una familia grande, con más de cien serotipos y fácil mutabilidad de sus epítopos inmunogénicos, por ello no es factible formular una vacuna adecuada contra los catarros humanos. Algo parecido ocurre con el virus gripal, de modo que las vacunas que se ponen cada año son “aproximadas” en relación con el virus de la temporada.

Los viriones del rinovirus se adhieren a moléculas específicas de la superficie epitelial, por ejemplo ICAM1, y son engullidos por la célula mediante endocitosis. Dentro de la célula epitelial el virus despliega su kit de proteínas para escapar de la vesícula endocítica y replicar su ARN mediante su propia polimerasa. Usa la maquinaria ribosomal del hospedador para generar las proteínas que ensamblarán nuevas copias virales y así puede expandirse la infección a células vecinas.

La diseminación hemática de los viriones —viremia— no es muy relevante en el caso de los rinovirus, aunque se ha relacionado con cuadros de mayor gravedad. En cambio, en la patogenia de la influenza y los adenovirus sí ocurre viremia (dos, de hecho) y ello influye en la intensidad de sus cuadros clínicos.

La respuesta inmunológica armada para eliminar las partículas virales y las células infectadas en la principal responsable de los síntomas. La vasodilatación y la hipersecreción mucosa que obstruyen las fosas y las ponen a gotear, el combinado de citoquinas responsables del malestar general y la fiebre (sobre todo INF, IL-1 y TNF, de hecho los pacientes que reciben INFα para tratar otras enfermedades pueden sufrir un cuadro pseudogripal como efecto secundario).

Tratamiento de elección: «agua y ajo»

No se emplean antivirales para limitar la replicación de rinovirus ni coronavirus, pues no son eficaces y lo limitado de la enfermedad no lo justifica. La enfermedad dura entre 3 y 7 días si no se trata, y entre 3 y 7 días si se prescribe cualquier tratamiento. Por ello toca «agua y ajo», expresión apocopada para indicar que hay resignarse a aguantarse y a joderse durante esa semanita.

Reposo y mucho líquido, como siempre, y una caja de clínex. Sobre el resto de tratamientos probados, que han sido muchísimos, no hay evidencia que apoye firmemente el uso de casi ninguno. A pesar de lo frecuente de esta enfermedad los ensayos clínicos controlados son complicados, dada la variabilidad de los agentes causales y de la respuesta inmunológica de los pacientes, dados los factores de confusión y sesgos al analizar los datos, y dado que casi todo lo probado puede tener un efecto placebo subyacente. Podéis mirar unas revisiones en CMAJ. 2014;186:190 y en Am Fam Physician 2013;88.

Las megadosis de vitamina C no previenen ni curan los catarros. La vitamina D podría reducir el riesgo de pillarlos, pero la evidencia es muy endeble (además, hay que considerar el riesgo de hipervitaminosis). Los suplementos orales de zinc sí podrían reducir el número y duración de los resfríos, al menos en niños, que es donde se ha ensayado.

Ni el ginseng, ni la Echinacea, ni el ajo, ni el vaporub, ni los probióticos actimélicos, ni los hiebajos con cagarros tradicionales chinos, ni ¡claro que no! los azucarillos homeopáticos han demostrado ningún beneficio que justifique su uso.

bobocatarro

Tomar ‘oscillococcinum‘ y esas homeobobadas es tirar el dinero… en el bolsillo del imperio Boiron.

El paracetamol y el ibuprofeno sí funcionan para aminorar los síntomas generales. Los antihistamínicos solos no ofrecen beneficio, pero van mejor en combinación con paracetamol o AINEs. El ipratropio intranasal, un anticolinérgico, mejora la congestión nasal en niños y, quizás, la tos.

En cuanto a los cócteles tipo bisolgripfrenadoldesenfriolcouldinapharmagripfluimucil, éstos incluyen de dos a cinco componentes, para escoger. Los principales ingredientes son:

  • Analgésico-antipirético: normalmente paracetamol o ácido acetilsalicílico. Alivian el dolor corporal, la cefalea, el malestar y la fiebre.
  • Antihistamínico: de los antiguos, tipo clorfeniramina o bromfeniramina. Pueden contribuir a la descongestión nasal y a reducir estornudos. Como suelen dar sueño ayudan a dormir mejor.
  • Vasoconstrictor: como fenilefrina, pseudoefedrina o cafeína. Se supone que reducen la congestión de las mucosas.
  • Antitusígenos: habitualmente dextrometorfano.
  • Mucolíticos: acetilcisteína, ambroxol, bromhexina. Se indican cuando hay congestión mucosa bronquial, aunque su eficacia se discute.
  • Chucherías: algunos de estos brebajes incluyen vitamina C, para que no se diga.

Lo dicho, los antigripales ayudan a pasarlo mejor, nada más.

Moco verde ≠ antibiótico

La peor de las cagadas que se perpetran en el curso de un vil catarro es terminar tomando algún antibiótico. En ese terrible error caemos médicos, farmaceutas y la propia gente. Los virus se pasan los antibióticos por el parrús, de modo que su administración sólo afecta a la microbiota (alias flora) del individuo, en el mejor de los casos, y en el peor ayuda a generar resistencias bacterianas, y de eso ya tenemos un problemón encima.

En la fase de recuperación de un catarro pueda haber una condensación del moco nasal y bronquial, que se torna espeso y verdosín, pero ello no es secreción mucopurulenta ni indicativo de sobreinfección bacteriana. También en el transcurso del resfrío puede aparecer dolor de oído o síntomas de sinusopatía, pero secundarios a alteración de la ventilación de las cavidades paranasales y timpánica por la inflamación de la mucosa rinofaríngea, no por sobreinfección bacteriana. Por lo general esos síntomas se resuelven con paciencia y sin antibióticos.

A un médico con buen juicio clínico no le costará determinar cuándo una faringitis, otitis o sinusitis puede ser realmente de origen bacteriano. Quizás la infección por Mycoplasma pneumoniae sea la que más se acerque a los síntomas respiratorios y generales de una influenza.

Debe desestimarse, pues, la prescripción alegre de antibióticos, incluidos esos modernos macrólidos de dosis cortas. Hay algunos estudios que indican que estos macrólidos pueden reducir la invasión de las células epiteliales respiratorias por rinovirus, pero son ensayos in vitro o en bronconeumópatas crónicos. Actualmente sólo se recomienda considerar la adición de antibiótico al tratamiento de catarros complicados en pacientes con bronconeumopatía crónica, fibrosis quística o exacerbaciones asmáticas serias. Si usted está sano no haga el canelo y evite tomarse un placebo tan caro y serio.

En resumen, no haga caso a la publicidad de combinados antigripales y no se vaya de aventura por el mundo, quédese en su casa y descanse un par de días, si puede, y si tiene que ir al curro e interactuar con terceros, mantenga sus manos limpias, cubra su morro para toser o estornudar y haga lo posible para no obsequiarle el virus a sus amigos.

 

“Ceterum censeo Podemus esse delenda”

 

Anuncios

Demodex: donde hay pelo hay alegría

Demodex folliculorum visto al microscopio. Esta ácaro de estilizada figura habita dentro de los folículos pilosos, en especial en la cara y las pestañas. Vídeo procedente del Youtube de Walter P. Pfliegler.

El pasado 2 de octubre de 2015 fue el día del Simposio de Superficie Ocular y Oculoplastia www.oculosurf.com, novedoso evento que había anunciado en un post anterior. El simposio discurrió muy bien, relativamente ajustado al tiempo y al parecer con buena aceptación por la concurrencia.

Además de colaborar con el diseño gráfico también me tocó ser ponente y moderador. Una de mis conferencias fue sobre demodicosis, la infestación de la piel por ácaros del género Demodex, que con frecuencia afecta a las pestañas y acarrea problemas en la superficie del ojo. Aprovecho lo preparado en dicha charla para comentaros la vida y obra de estos seres que pululan a cientos en la mayoría de las personas.

Demodex

Ácaros acurrucados en la raíz de un pelo, imagen de microscopio electrónico de barrido con falso color. Vía Science Photo Library.

Un ácaro simplificado

Demodex es un género de ácaros, es decir, se trata de arácnidos con su prosoma (con ocho patitas) y su opistosoma, igual que sus primos alacranes y arañas. Los ácaros son arácnidos diminutos, incluso microscópicos, con la excepción de las garrapatas. Ciertamente son de los artrópodos de pintas más alienígenas que hay.

Además son bastante antipáticos pues la mayoría se dedica al parasitismo o al saprofitismo con daño colateral. Desde los ácaros que joden los huertos o dañan quesos y jamones, pasando por los Dermatophagoides o ácaros del polvo, cuyas caquitas generan las rinitis alérgicas más frecuentes, los Sarcoptes que cavan sarnosas galerías en los tegumentos, y llegando a los ixódidos garrapáticos que se llevan la palma como agentes nocivos al ser transmisores de lindezas como tifus, Lyme, ricketsias, babesiosis, tularemia y muchas otras.

En comparación con estos primos el Demodex es bastante pacífico, pues las más de las veces es un comensal que no arma escándalos. Su anatomía está altamente adaptada a su modus vivendi (o bien al revés): tiene un cuerpo largo y fino con unas patitas rudimentarias, cosa que le permite anidar dentro de los folículos pilosos, clavado de cabeza dentro del mismo. Allí vive degustando las escamas de queratina y el sebo piloso, allí copula y pone huevos.

demodex

Especies de Demodex que viven en el ser humano. Su estructura muestra los tagmas propios de los arácnidos: podosoma (cefalotórax o prosoma) y opistosoma (abdomen). D. folliculorum se arracima en los folículos pilosos mientras D. brevis vive en soledad en las glándulas sebáceas/Meibomio. Imagen original de Ilustración Médica.

Inquilino selectivo

Los Demodex son muy selectivos en cuanto a su hospedador, de modo que cada especie tiene su mamífero exclusivo y es raro que, por ejemplo, los Demodex del perro o del gato se transmitan al humano. El ser humano aloja dos especies: D. folliculorum y D. brevis.

D. folliculorum es el más famoso. Mide unos 300 µm de largo y habita en grupos anidados dentro de los folículos. En cambio D. brevis es más rechoncho, prefiere ir en solitario y no en familia, y gusta más de las glándulas sebáceas que de los pelillos.

El ciclo de vida de D. folliculorum es de unos 15-21 días. Del huevo emergen larvas con seis patas que pasan por varios estadios ninfales donde emerge el par de patas adicional. En los Demodex la hembra es más grande y vive más que el macho. Y no solo eso, sino que es la hembra la que monta al macho durante la cópula, pues el pobre bicho tiene el pene en la espalda. Otra curiosidad es que carecen de ano, así que generan pocos residuos mediante regurgitación.

Estos ácaros son huéspedes obligados de los mamíferos y sobreviven poco tiempo fuera del hospedador. Por ello para su transmisión hace falta contacto directo entre individuos. A pesar de sus extremidades subdesarrolladas da gusto ver al Demodex reptando hábilmente por la superficie cutánea, como en éste vídeo. Los huevos sí que aguantan más y pueden vegetar en ropa, almohadas, sábanas, etc. Huyen de la luz y no les gusta nada el calor, fallecen tras pocos minutos a más de 50ºC, pero en cambio soportan la congelación durante varias horas.

¿Qué pupas causa el Demodex?

Ya dijimos que este bicho es mayormente inocuo y hasta hay quien dice que beneficioso al jamarse los detritus epidérmicos. Además su presencia no significa enfermedad, pues se detecta en la mayoría de las personas; su prevalencia va aumentando con la edad, desde ser raro en niños hasta casi el 100% en mayores de 70 años.

Sin embargo la superpoblación sí se considera causa de problemas, igual que la reacción inflamatoria al parásito o a las bacterias que aloja. Se ha asociado este ácaro con casos de foliculitis, pitiriasis folicular, otitis externa, pero sobre todo con rosácea y blefaritis anterior. También se ha vinculado con alopecia androgénica (¡maldito sea este bicho!) y con dermatitis por esteroides. Cualquier estado de inmunosupresión aumenta la posibilidad de infestación por Demodex. La seborrea inducida por andrógenos los hace medrar.

blefatitis demodex

Aspecto característico de las pestañas con demodicosis. En la base de las mismas se acumulan churritos de caspa producto de los detritus acáricos.

La infestación de las pestañas se observa frecuentemente en la práctica oftalmológica. El hallazgo típico es la acumulación de caspilla en las pestañas, que forma un manguito en la base de las mismas. D. brevis pulula en las glándulas de Meibomio y puede causar su obstrucción. La respuesta inflamatoria de la superficie ocular ante estos ácaros se ha relacionado con formas de queratitis o queratoconjuntivitis.

La detección del bicho en las pestañas es bastante fácil, pues basta coger unas pocas pestañas sospechosas y mirarlas al microscopio sin hacer ninguna preparación, aunque añadir un poco de fluoresceína mejora su visualización.

demodex

Así se observa el Demodex en muestras de pestañas. A la izquierda un ácaro adulto. A la derecha un racimo de bichos pegados a la pestaña. Fotos sacadas por mí mismo mediante un viejo microscopio y un smartphone, así de fácil es diagnosticarlo.

Para matar a la alimaña

El control demográfico del bicho está justificado cuando se detecta superpoblación demodéctica o una enfermedad en la que participe. Se han propuesto multitud de tratamientos, a cual más engorroso, desde que el gran Jakob Henle descubrió al ácaro dérmico en 1841. Azufre, mercuriales, arsenicales, potingues de formulación magistral y con escaso respaldo en ensayos controlados, y en cualquier caso de efectividad limitada. Ello hacía que muchos pasásemos de largo ante la presencia del ácaro.

Seguimos sin poder erradicar al Demodex, pero tampoco hace falta, basta controlar su población. Actualmente se recomiendan dos opciones terapéuticas: aplicación local de aceite de árbol de té y la ivermectina tópica o sistémica.

El árbol de té (Melaleuca alternifolia) es una planta australiana de cuyas hojas se extrae un aceite rico en aromáticos terpenos. Uno de ellos, el tepinen-4-ol, también componente principal del aceite de nuez moscada, resulta terriblemente insoportable para el Demodex. La aplicación del aceite de árbol de té concentrado se debe realizar en consulta y con anestesia tópica pues es irritante para la superficie ocular. En casa se puede emplear un champú que incluya este aceite para la limpieza de pestañas, cejas y cara. Se recomienda que la duración del tratamiento sea de 4 a 6 semanas para cubrir dos ciclos de vida del ácaro.

La ivermectina sistémica se reserva para casos de infestación masiva, con una dosis de 200 µg/kg que se repite a la semana. Este fármaco mata al parásito induciéndole una parálisis muscular.

Acabo con unas palabras sobre la ivermectina, pues el premio Nobel de Medicina de 2015 fue otorgado a sus desarrolladores: William C. Campbell y Satoshi Ōmura. De antiparasitarios fue este año, pues compartieron el premio con Youyou Tu, investigadora de drogas antimaláricas.

La ivermectina es una derivación molecular de la avermectina, principio extraído de esas verdaderas multinacionales farmacológicas que son los hongos del género Streptomyces, en este caso del S. avermitilis. Este potente antiparasitario de emplea en el tratamiento de infestaciones tan dañinas como las diversas filariasis, incluyendo la oncocercosis; también en estrongiloidiasis, nematodos intestinales y ectoparásitos como pediculosis, sarna o nuestro humilde Demodex.

Lecturas recomendadas de acceso libre:

  1. Liu J, et al. Pathogenic role of Demodex mites in blepharitis. Curr Opin Allergy Clin Immunol. 2010;10:505.
  2. Anwar PR, Hassan I. Human Demodex Mite: The Versatile Mite of Dermatological Importance. Indian J Dermatol. 2014; 59:60.
  3. Rusiecka-Ziółkowska J, et al. Demodex – an old pathogen or a new one? Adv Clin Exp Med. 2014;23:295.

Cazadores de Microbios

Recientemente ocurrió el sentido fallecimiento de Oliver Sacks, un enorme divulgador científico y eminente neurólogo. En sus libros se logra entender con claridad, incluso los médicos, esos trastornos neurológicos tan atravesados como agnosias, apraxias o afasias. Todos quienes estamos interesados en divulgar ciencia contamos a Sacks entre las figuras de referencia.

Quiero recordar aquí a otro divulgador médico, Paul de Kruif, un pionero de la divulgación en su moderna concepción. Este verano volví a leer, creo que por tercera vez, su obra más conocida: Cazadores de Microbios.

En este libro De Kruif relata el nacimiento de la microbiología, el descubrimiento de los microorganismos, su implicación en la enfermedad, el contagio y los primeros intentos terapéuticos. Conocí esta obra gracias a uno de mis profesores de microbiología de la Facultad, Oswaldo Carmona, un pedagogo de primer orden que nos recomendaba vivamente su lectura como vía de contagio del gusanillo de la bacteriología.

Sobre el autor

Paul de Kruif

Paul de Kruif (1890-1971), microbiólogo y divulgador científico estadounidense. (Vía fineartamerica.com)

Paul de Kruif nació en 1890 en una familia de origen holandés, como atestigua su apellido. También se aprecian relaciones neerlandesas en sus lugares de nacimiento y muerte, Zealand y Holland respectivamente, ambos en Michigan, y en la Universidad de Michigan obtuvo el doctorado en bacteriología.

Trabajó allí con G. Novy en la descripción de la vía alterna del complemento [1] y posteriormente en el Instituto Rockefeller a las órdenes de Flexner en el estudio de la virulencia de las cepas lisas y rugosas de Streptococcus. Abandonó la investigación en 1922 por desavenencias con sus jefes a raíz de su libro Our Medicine Men, sobre la ética de la investigación y el ejercicio médico. A partir de entonces se dedicó a escribir libros y alguna puntual colaboración con la administración sanitaria.

Después colaboró con el futuro Nobel de literatura Sinclair Lewis en la novela Doctor Arrowsmith, ficción donde un médico lucha por curar la peste contra la oposición del establishment médico y la malvada industria farmacéutica (vemos que no son temas nuevos en estos días). El libro llegó al cine de la mano de John Ford en 1931.[2]

En 1926 publicó su obra más famosa, Microbe Hunters, por la que es más conocido. Otras obras del autor: Hunger Fighters (1928), Men Against Death (1932), Why Keep Them Alive (1937), Seven Iron Men (1937), The Fight for Life (1938), The Male Hormone (1945), Health is Wealth (1940), Life Among the Doctors (1949), Kaiser Wakes the Doctors (1940), A Man Against Insanity (1957) y The Sweeping Wind (1962). Fue articulista habitual del Reader’s Digest y otras revistas generales. Murió en 1971.

Microbe hunters

Como dijimos, este libro fue publicado en 1926 y desde entonces ha tenido numerosísimas ediciones y traducciones. Está escrito en un estilo propio de su tiempo, con una retórica entre heroica e inocentona, con frecuentes expresiones apologéticas dirigidas a los protagonistas de sus relatos. Abunda en un estilo semi-novelesco que tanto se ha usado posteriormente en divulgación y ficción histórica.

En sus doce capítulos abarca desde Leeuwenhoek hasta Paul Ehrlich, pasando por Pasteur, Koch y otros investigadores destacados.

cazadores de microbios

Diferentes portadas de las innumerables ediciones de Cazadores de Microbios.

Comienza relatando el descubrimiento de un mundo invisible gracias a la invención del microscopio por Leeuwenhoek en el s.XVII y el rebatimiento de la generación espontánea por Spallanzani; sigue con las aventuras de Pasteur con las levaduras del vino y la vacuna de la rabia, la osadía de Koch al afirmar que gérmenes específicos causan enfermedades específicas, el nacimiento de la teoría microbiana con el carbunco y la tuberculosis como paradigmas, y el desarrollo de la técnica microbiológica desde los cultivos en humor acuoso bovino y orina (primeros medios líquidos de cultivo) o la loncha de patata cocida (primer medio sólido).

Prosigue con la siguiente generación, Behring y Roux, discípulos de Koch y Pasteur respectivmente, y su lucha contra la difteria. Describe el terrible panorama de muerte infantil en la Europa de finales del s.XIX, con hospitales repletos durante las epidemias y más del 60% de mortalidad. Loeffler, Behring y Roux lograron primero detectar la toxina diftérica y después crear un antisuero para neutralizarla, primer logro terapéutico contra esta enfermedad antes de la obtención de la vacuna antidiftérica, esa que algunos imbéciles modernos desprecian.

Pasa después a relatar el nacimiento de la inmunología con Metchnikov y su descubrimiento de la fagocitosis, y cómo se convirtió en adicto al yogur, entre otras cosas.

Theobald Smith y el descubrimiento de la babesiosis en las vacas tejanas. David Bruce con la fiebre de Malta y la tripanosomiasis africana. Las pugnas entre Grassi y Ross por arrogarse el honor de desentrañar el papel del mosquito vector en la transmisión del paludismo; por cierto este capítulo no fue incluido en la primera edición del libro en Reino Unido por presión del propio Ross, quien recibió algunas dosis de estopa por parte de De Kruif.

La penúltima historia es la de Walter Reed y su grupo de investigación de la fiebre amarilla en Cuba, que una vez comentamos en un post sobre médicos kamikaze. Y termina la obra con Paul Ehrlich y el primer tratamiento antimicrobiano de uso clínico, el Salvarsan para tratar la sífilis.

Cazadores de Microbios es un libro fácil de encontrar, incluso por internet es sencillo obtenerlo en pdf o epub en fuentes abiertas. La traducción al español más viejuna castellaniza los nombre de pila de muchos protagonistas, de modo que Koch se llama Roberto, Roux y Behring se llaman Emilio o Ehrlich es Pablo.

Otro rasgo propio de la época en que fue escrito el libro es la superioridad de la civilización occidental, de la raza blanca europea o americana. En el capítulo de Bruce y la enfermedad del sueño se usan expresiones que hoy serían reprobables sobre los negros y los salvajes africanos, los “caritativos blancos” o los “negros inteligentes” que ayudaron en la investigación.

“Tales fueron las órdenes de Apolo [primer ministro de Uganda], y aunque parezca increíble para nosotros, hombres de raza blanca y observantes de las leyes, todos los negros obedecieron a su amo y señor.”

Otro tanto con los voluntarios de Reed para la fiebre amarilla, pues mientras los soldados americanos eran heroicos y disciplinados, los voluntarios españoles lo hacían solo por el dinero.

Una cosa curiosa es que De Kruif no realizara nuevas versiones de su obra más famosa, considerando que vivió hasta 1971, pues pudo haber incluido actualizaciones interesantes o hitos tan trascendentes como la obtención de la penicilina. También se echa en falta una edición comentada donde se aclaren conceptos relatados por el autor según la visión de la microbiología actual.

En cualquier caso Cazadores de Microbios sigue siendo un volumen imprescindible de la divulgación científica y más aún para quienes trabajamos en ciencias de la salud.

Más frutas escondidas en términos médicos

Hoy es el turno de manzanas, uvas y bellotas. Son varias las entradas de este blog donde se ha comentado el origen alimentario de muchos términos anatómicos y médicos, como frutas (ver post) o marsicos (ver post). Resulta lógico utilizar la analogía para denominar partes de cuerpo o descubrimientos científicos según su semejanza con objetos comunes, en especial comestibles.

Manzana

En latín malum, el fruto del manzano (Malus domestica) da nombre al hueso malar y a la región malar, es decir, la parte alta de la mejilla o pómulo. El nombre viene por la semejanza morfológica del contorno de la manzana, más curvada en su parte superior que en la inferior, con el del tercio medio facial. La analogía es mayor en personas jóvenes y más si las mejillas son sonrosadas. De malum viene ‘mela’, nombre de la manzana en italiano.

El hueso malar también se llama cigomático, palabra proveniente de ζυγός (yugo). Alude al arco cigomático que une a los huesos malar y temporal en forma de puente o yugo. De ζυγός también deriva ‘cigoto’ –el óvulo fecundado– en referencia a la unión de la pareja, como en una yunta.

El contorno del pómulo es similar al de una manzana, en latín 'malum', de allí el nombre de región malar. A la derecha se muestra el hueso malar o cigomático resaltado en amarillo.

El contorno del pómulo es similar al de una manzana, en latín ‘malum’, de allí el nombre de región malar. A la derecha se muestra el hueso malar o cigomático resaltado en amarillo.

Un tercer sinónimo más coloquial para el malar es ‘pómulo’, diminutivo del latín pomus, que significa manzana y, por extensión, fruto carnoso comestible. De aquí viene el término botánico ‘pomo’ que define a este tipo de frutos, el nombre de objetos más o menos esféricos asibles con la mano como el pomo de una puerta y el nombre de manzana en francés (pomme) o catalán (poma), además de formar parte de pomme de terre o pomodoro.

Otro término médico derivado de pomus es ‘pomada’, pasta medicinal de textura similar al puré de manzana.

Nuestro castellano ‘manzana’ viene de mala mattiana, una variedad del fruto bautizada por Caius Matius, romano del s.I a.C. partidario de Julio César y posteriormente de Octaviano, quien fue autor de algunos volúmenes sobre agricultura y gastronomía.

Uvas

En otro post mencionamos que de ‘uva’ provienen los términos ‘úvula’ y ‘úvea’, y que el griego βότρυ (racimo de uvas) origina el término ‘botrioide’ para describir cosas arracimadas. La palabra griega para uva es σταφύλι (stafili), la cual participa como raíz en ‘estafilococo’ y ‘estafiloma’.

El primero en describir la configuración de los cocos en racimos y en cadenas fue el cirujano escocés Alexander Ogston (1844-1929) a partir de material extraído de abscesos; lo publicó en el British Medical Journal de marzo de 1881. Posteriormente se acuñó el nombre de Staphylococcus para estas bacterias arracimadas, gracias al alemán Friedrich Julius Rosenbach (1842-1923). En su monografía Mikro-Organismen bei den Wund-infections-krankheiten des Menschen de 1884 reconoce las aportaciones de Ogston y diferencia los estafilococos dorados de los blancos y de los estreptococos.

Ogston y Rosenbach

Alexander Ogston (A) describió los cocos agrupados en racimos como las uvas. Rosenbach (B) los denominó estafilococos. C: dibujo de la publicación original de Ogston de 1881. D: portada del libro de Rosenbach sobre infecciones bacterianas.

El estafiloma es una “dilatación con aspecto de uva” que aparece en la superficie del globo ocular. Se debe al adelgazamiento de la esclerótica que permite tanto la protrusión de tejido como la transparencia del oscuro tejido uveal subyacente. Los estafilomas anteriores son consecuencia de inflamaciones graves del segmento anterior –como escleritis o abscesos–, glaucoma congénito o traumatismos. En cambio, los estafilomas posteriores suelen ser constitucionales y asociados a alta miopía.

estafiloma anterior

Estafiloma anterior por escleromalacia en un caso de glaucoma congénito. Vía webeye.ophth.uiowa.edu.

Bellota

Baste decir que la palabra latina para bellota era glandem. Pues eso, que el fruto de la encina es quien da nombre al extremo distal del órgano copulativo masculino. Resulta obvia la semejanza de forma entre el glande y la bellota; de hecho el diccionario de la RAE da ‘glande’ como segunda acepción de ‘bellota’, y como su tercera acepción “botón o capullo del clavel”, de donde se justifica el uso peyorativo de ‘capullo’.

En Roma también se designaba ‘glande’ a los proyectiles lanzados mediante honda, pues tenían esa aerodinámica forma abellotada o de balón de rugby. Estos glandes se hacían de piedra, arcilla o plomo y solían llevar alguna inscripción injuriosa hacia el enemigo. Los honderos baleares fueron célebres como mercenarios tanto de los ejércitos púnicos como romanos.

Glandes iberos, proyectiles para lanzar con honda. Foto vía amigosmuseovvadecordoba.blogspot.com.es.

De glandem/glans deriva el nombre de la bellota en idiomas vecinos: gland (fr), ghianda (it), ghindă (ru), gla o aglà (cat) y landra (gall). Nuestro español ‘bellota’ y el portugués ‘bolota’ vienen del árabe belluta o balluta, que a su vez deriva del griego βάλανος (balanos, bellota en griego), origen de ‘bálano’ –sinónimo de glande– y del poluto surco balanoprepucial, acumulador de esmegma.

El diminutivo de glans es ‘glándula’, antiguamente aplicado a cualquier bulto abellotado, fuera fisiológico o tumoral, pero que condujo a la denominación de los órganos secretorios del cuerpo.

Sabiendo esto se antoja menos apetecible el jamón de bellota. Me causa unas asociaciones que ciertamente me dificultan pasar un cuchillo por su carne.

Sobre el botox y los consoladores

Desde las tripas

El gran depredador caza su presa y devora la carne de sus músculos. Después los carroñeros dan cuenta de sus tripas. El ser humano, en su avidez por abarcarlo todo, come la carne y come las tripas; y en un culmen de deliciosa perversidad inventó tomar las tripas y rellenarlas con la carne. Tal fue el inicio de la cultura charcutera, una manera tanto de aprovechar toda la proteína disponible del animal sacrificado como de conservarla el mayor tiempo posible.

La conservación proteica mediante salado y secado la practicaban los egipcios, no se diga que no aplicaban a la comida lo que hacían con las momias. No he encontrado fuentes de fiar sobre el embutido en el Egipto faraónico, así que pasamos a los antiguos griegos para dar con los primeros datos históricos charcuteriles. En la Odisea se habla constantemente de consumo de carne de distintos animales, mayormente asada; en el Canto XVIII (versos 43-49) se hace referencia a “estómagos (γαστέρες) de cabra rellenos de grasa y sangre y puestos a la lumbre”, clara referencia morcillesca. El nombre griego para las salchichas era allantas (ἀλλᾶντας), y así se lee en la comedia de Aristófanes Los Caballeros, donde uno de los personajes es un vendedor de embutidos (Ἀλλαντοπώλης). De allanto proceden los términos alantoides (membrana embrionaria crucial en la formación de la placenta y de donde se originan la vejiga y la uretra) y alantoína (compuesto nitrogenado muy usado en cosmética y relacionado en su origen con la urea acumulada en la alantoides).

Nuestra cultura del embutido la debemos directamente a los romanos, que producían y jamaban salchichas y morcillas a gran escala. El Libro II de la Re Coquinaria de Apicio está dedicado a albóndigas y salchichas, describiendo múltiples recetas de isicia (albondiguillas), farcimina cocta (salchichas cocidas), lucaniae (las salchichas finas y ahumadas más populares en Roma, de cuyo nombre procede la longaniza) y botellus o botulus, término genérico para las viandas trituradas introducidas en tripa.

El thermopolium de Vetutio Plácido en Pompeya. En los agujeros de la barra se colocaban los dolia, recipientes con viandas. Aquí venderían seguro botulus de diversos tipos. (Foto de la Dra. Sara Martin)

El thermopolium de Vetutio Plácido en Pompeya. En los agujeros de la barra se colocaban los dolia, recipientes con viandas. Aquí venderían seguro botulus de diversos tipos. (Foto de la Dra. Sara Martin)

Así, desde antiguo nuestra gente ha comido salchichas hechas con carne, grasa, sangre y vísceras, ya sean frescas, hervidas, ahumadas o curadas. Los embutidos tienen una distribución casi mundial, con excepciones como Japón o la India donde lo de meter carne en tripas no es autóctono. En China hay datos desde el siglo VI d.C. (1) y toda América adquirió tal cultura tras la colonización europea. Un hito trascendental fue la incorporación del sacrosanto pimentón a partir del siglo XVI, sin el cual la cocina española no sería lo que es ni existirían el chorizo, la sobrasada, el farinato o la morcilla patatera, por mencionar algunos nobles ejemplos.

Embutido enfermo

Los métodos de conservación tradicional en España mediante curado de carnes y embutidos han mostrado una seguridad bacteriológica proverbial. En el pasado no ocurrió así con las conservas en salmuera y ahumados de la Europa central, especialmente a finales del siglo XVIII, época de inestabilidad social, agravada por las siguientes guerras napoleónicas. La pobreza y la escasa higiene trajeron intoxicaciones alimentarias, entre otras cosas.

Justinus Kerner, descriptor de la intoxicación por salchichas. (www.goethezeitportal.de)

En 1817 el médico Justinus Kerner (1786-1862) describió en el suroeste alemán una serie de casos de intoxicación caracterizada por parálisis muscular, oftalmoplejia, ptosis, midriasis, disfagia, disartria, vómitos, estreñimiento, sequedad de piel y mucosas, que llegaba a ser mortal. Atribuyó el cuadro a un envenenamiento por salchichas chungas (Wurstvergiftung) y entre 1820 y 1822 publicó dos series de 76 y 155 casos en su zona (Das Fettgift Oder Die Fettsäure Und Ihre Wirkungen Auf Den Thierischen Organismus, Ein Beytrag Zur Untersuchung Des in Verdorbenen Würsten Giftig Wirkenden Stoffes, ver aquí). Kerner pensó que la causa era un ácido graso tóxico e intentó aislarlo y sintetizarlo sin éxito. Lo que sí demostró fue que el extracto de salchicha pocha aplicado sobre heridas en pequeños animales producía una parálisis muscular localizada. Muy al uso de su época, se colocó unas gotas del extracto en la lengua y padeció un cuadro similar al de sus pacientes.

En 1869 Müller (“Das Wurstgift.” Deutsche Klinik 1869, 40:365) bautizó la enfermedad de Kerner como botulismo, a partir del latín botulus que ya hemos mencionado. Es de agradecer que no quedara como “salchichismo”. Un sinónimo de botulismo es alantiasis, que es lo mismo pero en griego.

Emile van Ermengem, descubridos del C. botulinum y de su toxina.

Emile van Ermengem, descubridos del C. botulinum y de su toxina. (tomado de Truong, Dressler y Hallett: Manual of botulinum toxin therapy)

La causa del botulismo siguió siendo un misterio hasta 1895 cuando a partir de un brote por consumo de jamón en un pueblo de Bélgica se aisló el Clostridium botulinum. El artista descubridor fue Emile Pierre van Ermengem (1851-1932), quien además determinó que no era la bacteria en sí sino una toxina producida por ésta la que causaba el síndrome neuromuscular (“Ueber einen neuen anaëroben Bacillus und seine Beziehungen zum Botulismus.” Med Microbiol Immunol (Berl) 1897:1-56).

Las guerras napoleónicas trajeron otro invento que fomentó el botulismo: la conserva en bote, ideada por Nicolas Appert como modo de aprovisionar las tropas francesas en campaña. Las conservas se relacionaron con casos de botulismo por legumbre y vegetales. Actualmente las estrictas normas sanitarias han reducido enormemente las intoxicaciones alimentarias (y eso que la malvada industria nos “envenena” con conservantes y químicos), y la mayoría de los casos de botulismo son debidos a conservas o embutidos caseros, a la administración de miel en menores de un año o al uso de drogaínas intravenosas.

Domesticando el veneno

El mismo Justinus Kerner observó la posibilidad de sacar partido terapéutico al agente del botulismo y propuso su uso para enfermedades por sobreactivación muscular e hiperhidrosis. Esto no fue posible hasta la cristalización y producción estandarizada de la toxina botulínica durante la primera mitad del siglo XX. Ésta es uno de los venenos más poderosos que existen, con una DL50 de 1 ng/kg, superior a la del Polonio-210 (2), pero en la práctica no es un veneno muy efectivo (al menos para uso terrorista) por la relativa labilidad de la toxina: con un poco de agitación de la solución se logra separar sus dos subunidades y la toxina pierde su efecto. El uso clínico es más que seguro, pues harían falta más de 30 frascos para cargarse a alguien.

Tras pasar por pollos y monos, en 1980 llegó el momento de probar la toxina botulínica en humanos: fue el oftalmólogo Alan B. Scott quien publicó dos trabajos ese año (3,4) sobre el uso de la toxina en estrabismo, lo que abrió un nuevo y enorme camino en la terapéutica médica. La primera marca comercializada de toxina botulínica tipo A fue el archifamoso Botox® de Allergan. A partir de los años 90 se han ido concediendo más indicaciones a la toxina botulínica: parálisis oculomotoras, blefarospasmo, espasmo hemifacial, distonía cervical y otros tipos de distonía, espasticidad post-ictal, hiperhidrosis axilar y hasta tratamiento de la migraña.

¿Pero qué carajo es esto? Estaba en la vitrina de una peluquería...

¿Pero qué carajo es esto? Estaba en la vitrina de una peluquería…

Sin embargo el uso más conocido de la toxina botulínica es como plancha para las arrugas de expresión facial. La verdad es que el uso cosmético es, digamos, off label, pues sólo se contempla para aplicación en las arrugas glabelares (5), así que las patitas de gallo y las arrugas de la frente… pues eso. El Botox® se aplica con fines estéticos más que para cualquier otra indicación: aquel veneno mortífero que se cargó gente miserable en la postguerra paneuropea del s.XIX, fue domesticado para que las señoras de la jet rejuvenecieran y los plásticos californianos se forraran. Ahora su frívola aplicación es del dominio público y cualquier vecino solicita su servicio (yo mismo la he infiltrado con tales fines, lo confieso).

Derivaciones insospechadas del botulus romano

Volvamos al botulus para seguir otras pistas lingüísticas. Botulus y botellus se relacionan con el latín buttis, referido a odre, pellejo relleno. De esta raíz provienen nuestras palabras embutir y embutido, incluso especialidades de embutido como la butifarra o el bull catalanes, el contundente botillo de El Bierzo o el boudin de sangre francés e inglés. También derivan nombres de recipientes para contener líquidos: bota (de vino), botella o botija. Curiosamente odre procede del latín uter/utris, de donde viene útero.

Incluso sinónimos de tripa o intestino en otras lenguas también proceden de botulus, como bowel (in), budello (it), budell (cat), boyau (fr) o burtă (rum).

Sexy Art - Making SausageQuizás el término menos conocido que deriva de este origen es botulinonia, referido a la parafilia donde el falo es sustituido por un embutido (6,7). La práctica de la botulinonia debe ser tan antigua como el arte de la salchichería y el uso de sustitutivos fálicos está documentado desde el paleolítico (8,9). La botulinonia se puede clasificar como variante dentro de la sitofilia, parafilia donde la comida es utilizada con fines sexuales, bien sea untada, lamida, usada para penetrar o bien siendo penetrada. Un ejemplo de sitofilia es el nyotaimori japonés.

El empleo como consolador de vegetales fálicos o embutidos está bastante arraigado en el imaginario popular, basta con pensar en la larga sinonimia peniana asociada a objetos comestibles, aunque en la literatura médica no tiene mayor relevancia. La botulinonia es una parafilia menor o atípica no catalogada como tal en el DSM-5. En esta última versión del DSM se considera desorden parafílico cuando la práctica sexual peculiar produce angustia al individuo por conflicto interno o desaprobación social, o bien si causa perjuicio a otra persona.

A pesar de la escasa documentación médica sobre la botulinonia, se me ocurren dos consideraciones sobre esta práctica, una de tipo mecánico y otra microbiológica. Muchos tenemos o conocemos anécdotas de nuestras estancias en las salas de Urgencias sobre objetos perdidos en las regiones pélvicas, como trozos de calabacín o plátano alojados en fórnix vaginal, pues tal suerte pueden correr objetos friables como una bratwurst, incapaces de resistir el trajín. Cuando se trata del recto se corre además el peligro de escape y migración del cuerpo extraño (y no quiero decir con esto que el cordel que tienen los chorizos no sea sólo para colgarlos en el secadero). En el hospital donde estudié una noche extrajeron uno de éstos por vía rectal a un caballerete; el cuerpo extraño fue negligentemente olvidado en la sala de cirugía menor y posteriormente consumido, acompañado con crackers, por el personal de enfermería, ignorante de su procedencia.

En cuanto al aspecto microbiológico, los embutidos curados sufren dos tipos de procesos (10,11): uno es la fermentación del producto cárnico, principalmente por bacterias del ácido láctico como Lactobacillus y Pediococcus (lo que acidifica el producto y mejora su conservación), y el otro es la formación de una capa de moho en la superficie, principalmente por Penicillium sp., pero también Aspergillus, Debaryomyces, Candida, Fusarium, Rhizopus y muchos otros. No he encontrado bibliografía sobre el riesgo microbiológico del contacto de estos bichos con la mucosa vaginal/rectal a partir de artículos de charcutería. Desconozco si el embutido curado podría usarse como método de repoblación lactobacílica en caso de vaginosis, como se hace con el yogur.

Por otra parte, los embutidos mal conservados pueden contaminarse con patógenos como S. aureus, Salmonella, Pseudomonas o Clostridium. Sería irónico adquirir el botulismo mediante la práctica de la botulinonia. En cualquier caso parece recomendablemente higiénico que aquellas y aquellos que deseen usar dildos cárnicos o vegetales los recubran con un oportuno preservativo (o por lo menos film de cocina).

Feliz 2014, amigos.

Apunte artístico: en vida el Dr. Justinus Kerner logró más fama como poeta que como médico, publicó cinco volúmenes de poesía y algunas obras en prosa. En 1840 el compositor Robert Schumann publicó sus Kerner Lieder Op. 35, doce canciones basadas en poemas de don Justinus.

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

  1. Scott AB. Botulinum toxin injection of eye muscles to correct strabismus.Trans Am Ophthalmol Soc. 1981;79:734. (libre acceso)

  2. Ting PT, Freiman A. The story of Clostridium botulinum: from food poisoning to Botox. Clin Med. 2004;4:258. (libre acceso)

  3. Erbguth FJ. Historical notes on botulism, Clostridium botulinum, botulinum toxin, and the idea of the therapeutic use of the toxin. Mov Disord. 2004;19S8:S2. (PubMed)

  4. Pellett S. Learning from the past: historical aspects of bacterial toxins as pharmaceuticals. Curr Opin Microbiol. 2012;15:292. (PubMed)

  5. Berry MG, Stanek JJ. Botulinum neurotoxin A: a review. J Plast Reconstr Aesthet Surg. 2012;65:1283. (PubMed)

Safe Creative #1511250208027