Ciclopia y malformaciones mitológicas

La invención de monstruos imaginarios es inherente a los humanos, empezando desde los niños pequeños que focalizan sus terrores en bichos malos que salen de la oscuridad. Todas las mitologías y religiones antiguas están plagadas de fantasiosos seres monstruosos, igual que los bestiarios medievales, incluso el gran Ambrosio Paré escribió sus Monstres et prodiges donde mezcló observaciones clínicas con cagarrutas legendarias y folclóricas. Hoy siguen existiendo descolocados que creen y buscan al Yeti, a Bigfoot, a Nessy, al Chupacabras o a los marcianos cabezones gelatinosos y grisáceos; la ciencia ficción no sería nada sin el concurso de los extraños bichos imaginados en sus historias.

Los monstruos materializan los terrores de los seres humanos, subliman experiencias traumáticas en un objeto viviente a quien se responsabiliza del daño; por ello es común en civilizaciones antiguas asignar dioses y seres monstruosos a las fuerzas de la Naturaleza, como los gigantes del interior de las montañas responsables de los movimientos telúricos o las bestias marinas responsables de naufragios. Los animales salvajes y peligrosos eran mentalmente recombinados para inventar terroríficos hipogrifos, quimeras o mantícoras.

Otra posible fuente de inspiración para los monstruos mitológicos son las malformaciones congénitas de humanos y animales. No cuesta imaginarse el terror que podía generar en una familia un nacimiento gravemente malforme, un mortinato deformado, con cráneo y cara irreconocibles, con exceso o ausencia de miembros. También el ganado doméstico es susceptible de tales malformaciones y los antiguos veían cómo a veces nacían becerros con dos cabezas o corderos sin ojos. Esas “maldiciones de los dioses” pudieron dar pie a la invención de algunos monstruos mitológicos, representación de miedos atávicos.

La teratología, la hermana fea de la embriología

Los pioneros de la teratología fueron los naturalistas franceses Étienne e Isidore Geoffroy Saint-Hilaire, padre e hijo, en la primera mitad del s.XIX. De hecho, acuñaron el término teratología a partir de τέρατος (tératos), monstruo o fenómeno, exactamente el sentido que en inglés tiene la palabra freak. El estudio de las malformaciones está estrechamente unido al del desarrollo embrionario y la genética.

La ciclopia como paradigma de la malformación mitológica

Se llama ciclopia al defecto del desarrollo embrionario en el que se forma una única cavidad orbitaria central en la cara, con un único ojo o dos ojos fusionados (sinoftalmia). Es una circunstancia infrecuente, 1/100.000 embarazos.

La ciclopia acompaña al grado más grave de holoprosencefalia, una alteración del desarrollo del extremo anterior del tubo neural donde falla la separación simétrica de estructuras de la línea media, por lo que no se desarrollan hemisferios cerebrales separados, ni cuerpo calloso ni septum pellucidum.

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Los defectos de línea media afectan también a la vía respiratoria, pues estos fetos carecen de nariz o la tienen en forma de probóscide, como una trompa en la frente, por encima del ojo ciclópico. Así mismo, tienen hipoplasia o aplasia de la mandíbula y alteraciones orofaríngeas.

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Reconstrucción tomográfica de feto con ciclopia (izquierda), se observa la única órbita con dos hendiduras esfenoideas y un solo agujero óptico (flechas). Corte axial del mismo caso (derecha), donde  se aprecia la fusión de los globos oculares y el doble cristalino (sinoftalmos). Liu D et al. AJNR 1997;18.

La holoprosencefalia se ha asociado a diversas alteraciones cromosómicas, como la trisomía 13. La ciclopamina es un alcaloide vegetal teratogénico que causó una endemia de corderos cíclopes en Idaho en la década de 1950, debido a que las ovejas pastaban Veratrum californicum, planta rica en ciclopamina.

Los fetos con ciclopia/holoprosencefalia no sobreviven, debido a los serios problemas neurológicos y de vía respiratoria alta, y acaban conservados en frascos en la galería de los horrores de los museos anatómicos.

Un gen de videojuego

Sea por teratógenos o defectos cromosómicos, la base última de la ciclopia está en el gen Shh o la vía de señalización que este gen determina. Shh significa gen Sonic hedgehog, que es el nombre del saltarín pilluelo azul de los videojuegos de Sega. ¿Cómo demonios acaba un gen tan importante llevando el nombre de un vil personaje de videojuego?

En ese laboratorio de mutaciones que es la Drosophila melanogaster se identificó un gen cuya ausencia hacía que la larva estuviera cubierta de espículas, como si fuera un erizo (en inglés, hedgehog) y por ello se llamó gen Hh. En vertebrados se han identificado tres genes homólogos al Hh, también con acción morfogénica. A éstos homólogos se los empezó a bautizar con nombres de variedades de erizos: el primero fue el desert hedghoge (Dhh), el segundo fue el indian hedgehoge (Ihh), pero el tercero… como si no hubiese aún un montón de tipos de erizo para escoger, a los investigadores de Harvard que descubrieron el tercer homólogo les dio por ponerle el nombre del erizo Sonic, en claro ejemplo del friquismo con que se estereotipa a los científicos.

La señalización de Shh es esencial para la separación de estructuras simétricas en la línea media del prosencéfalo embrionario, de manera que a finales de la tercera semana de vida se formen dos vesículas ópticas independientes que generen dos ojos bien formados. Un fallo en este momento condiciona la ciclopia y la holoprosencefalia.

Los cíclopes griegos

Quizás sean de los monstruos mitológicos más populares, sobre todo por el cinematográfico Polifemo. Cíclope significa “ojo redondo” (κύκλος, cyclos, círculo o rueda + ὤψ, ops, ojo). Eran seres enormes, forzudos y brutales, con un único ojo en la frente. Había dos familias de cíclopes en la mitología griega, una antigua y otra más moderna.

Los antiguos cíclopes eran hijos de Urano y Gea (del Cielo y la Tierra) y, por tanto, hermanos de los titanes, los gigantes y los hecatónquiros, todos enormes. Eran tres, Brontes, Arges y Estéropes —trueno, relámpago y rayo—. Fueron confinados al Tártaro por Urano, pero liberados por el titán Cronos durante el golpe de estado a su padre, aunque después los volvió a deportar al Tártaro hasta que Zeus los volvió a liberar durante el golpe de estado a su padre Cronos. Estos cíclopes eran hábiles en la herrería y orfebrería, que ejercían en el subsuelo —como los herreros nibelungos germano-nórdicos—, y también hábiles constructores de murallas ciclópeas de grandes bloques de piedra, como las de las ciudades micénicas, cuya construcción se les atribuyó.

Los otros cíclopes eran los monstruos bárbaros que aparecen en la Odisea, hijos de Poseidón y la ninfa Toosa —según otros, hijos de los cíclopes uránidas originales—, dedicados a la ganadería ovocaprina en Sicilia. Odiseo y sus compinches se detuvieron a repostar provisiones en la gruta de Polifemo, pero éste los atrapó y se los fue devorando de dos en dos en cada comida, descabezándolos contra el suelo y zampándoselos como si fueran langostinos. Odiseo le obsequió vino para emborracharlo y, cuando el monstruo hubo caído inconsciente, le vació el ojo con una estaca untada en estiércol y con la punta al rojo vivo. Así pudieron escapar los astutos aqueos de la cueva, camuflados entre los corderos del cíclope cegado. La historia completa está en el canto IX de la Odisea homérica. Otro mito donde aparece Polifemo es en el de Acis y Galatea, pastor él, nereida ella, enamorados los dos y Polifemo enamorado de Galatea; ante el desprecio de la chica, Polifemo apachurró a Acis bajo una roca. Este crimen pasional fue inspiración de poesías, teatro y óperas, como la famosa de Händel (oír aquí), reorquestada después por Mozart (oír acá).

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Ulises y sus compañeros eviscerando el ojo de Polifemo, según se cuenta en la Odisea. Hydra del s.VI a.C., Museo Villa Giulia, Roma (vía arqueologiaenmijardin.blogspot.com.es).

Otros seres de un solo ojo eran los arimaspos, pueblo escita que luchaba contra los grifos para quitarles su oro. Según las representaciones, estos no tenían un ojo central sino que les faltaba uno de los dos ojos, como ocurre con los microftalmos o criptoftalmos unilaterales.

¿De donde proviene la figura de los cíclopes? No puede obviarse su relación con la malformación congénita antes descrita, que tanto horror tenía que causar en quienes presenciaran un nacimiento de ese tipo; aunque asociar directamente el mito con la malformación no es sino una elucubración. El erudito Robert Graves sugiere que su origen terreno está en un grupo de herreros de la Edad del Bronce que, como signo solar de su gremio, se tatuaban unos anillos concéntricos en la frente. El ojo único es un signo frecuente en la cultura griega y ha persistido hasta en los souvenirs para turistos que visitan las islas del Egeo. Las representaciones clásicas de los cíclopes muestran un gran ojo sobre la nariz, a diferencia de la malformación, donde el ojo está por debajo de la probóscide.

Más teratología mitológica

Seguimos con elucubraciones. Cuando estudiaba embriología no dejaba de encontrar paralelismos entre algunas malformaciones y figuras de la mitología clásica. Más allá de los gigantes y enanos presentes en todas las mitologías y con correspondencia clínica en los gigantismos y enanismos hipofisarios, acondroplásicos y similares, hay otros síndromes muy sugestivos.

Ya comentamos en otro post el asunto del mal llamado “síndrome de la sirena” o simelia, y su clara asociación con tritones y nereidas. Otros monstruos mitológicos parecidos a la simelia eran los esciápodos (σκιά, sombra, raíz presente en ‘escotoma’, y ποδός, pie) que Plinio el Viejo ubicaba en la India. Eran seres con un único miembro inferior que terminaba en un pie tan grande que podían usar como sombrilla cuando se echaban en el suelo.

Plinio también escribió sobre los blemias, raza de seres acéfalos con ojos y boca en el pecho, que habitaban más allá de Egipto. Las ilustraciones de blemias recuerdan a varias condiciones clínicas, donde la cabeza es muy pequeña o el cuello está muy acortado; por ejemplo, en fetos con anencefalia la cabeza es pequeña y la grotesca cara parece hundida en el pecho; en el síndrome de Klippel-Feil la fusión de vértebras cervicales también hace que la cabeza parezca unida al tórax, o en el síndrome de Turner, donde el cuello es corto y con aletas (pterygium colli).

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Varios seres mitológicos pueden derivarse del gemelismo siamés:

  • Los siameses parápagos dicéfalos, con un único cuerpo y dos cabezas, como Ortro y Cerbero, perros míticos, el primero con dos cabezas y el segundo, su hermano, con tres. El gigante Gerión, contra quien luchó Heracles, tenía tres cabezas.
  • Los siameses cefalópagos diprosopos, con dos caras, una a cada lado de la cabeza, como el bifaz dios romano Jano. Aunque la doble cara de Jano tiene un sentido diferente, pues es el dios de los inicios y los finales, por ello su mes, Januarius, indica el inicio del año.
  • Los isquiópagos con fusión pélvica, donde los siameses están unidos por el culete, con los cuerpos diametralmente opuestos, cuatro brazos y cuatro piernas; como Aracne, la mujer convertida en araña, con sus ocho miembros, o la Anfisbena, dragón o serpiente con una cabeza en cada extremo.
  • Gemelos parásitos, donde partes de un siamés rudimentario sobresalen del cuerpo principal. Hay parásitos pigomélicos, donde se duplican las extremidades inferiores, también similar a Aracne. En los parásitos onfalópagos, el gemelo rudimentario cuelga de la zona abdominal del gemelo desarrollado, como en la Escila, que tenía cabezas de perro emergiendo de su cintura.
  • Los siameses isquiópagos dicéfalos dípodes tetrabraquios, como su nombre indica, tienen dos cabezas, dos piernas y cuatro brazos, es decir, hay una duplicación de la mitad superior del cuerpo. Los hecatónquiros o centímanos, Briareo, Coto y Giges, colosales hermanos de los cíclopes que tenían cincuenta cabezas y cien brazos, parecen una representación hiperbólica de este tipo de siamés.

En muchas otras culturas se pueden identificar criaturas fantásticas con paralelismos embrionarios. Dejo su búsqueda para los lectores inquietos.

“Ceterum censeo Podemus esse delenda”

Electra y el amor paterno

Hace tres años publiqué un post sobre las implicaciones médicas de la historia de Edipo de Tebas: el archiconocido complejo de Edipo de la mitología freudiana y el menos conocido edipismo o autoenucleación ocular que ocurre en algún psicótico. Ese día amenacé con dedicar una entrada a la contraparte paternofilial del Edipo, conocida como complejo de Electra, y hoy cumplo mi amenaza.

El mito clásico de Electra

El relato de Electra no se relaciona con el de Edipo. Este último pertenece al ciclo tebano mientras el primero es un ramal del enorme ciclo troyano. Alguno hay con poca cultura clásica que piensa que Electra fue la hija que cuidó de Edipo, y de allí el nombre del otro complejo freudiano, pero nada menos cierto. La abnegada hija de Edipo era Antígona, ejemplo del cuidado paterno pero sin oscuridades libidinosas.

Electra (Ἠλέκτρα) fue, ni más ni menos, la hija de Agamenón y Clitemnestra, sobrina por tanto de Menelao y Helena, hermana de Orestes, Ifigenia y Crisótemis. Una familia disfuncional donde las haya –¡ay!, si hubiesen existido las “constelaciones familiares” entonces…

Electra, apegada a su padre, el Rey de Micenas, tuvo que separarse de él cuando éste partió a la cabeza de la coalición aquea contra Troya. Durante ese penoso decenio Electra tuvo que sufrir cómo la pajarraca de Clitemnestra se amancebaba con Egisto, primo de Agamenón y un trepa de cuidado.

En descargo de Clitemnestra hay que considerar que fue desposada forzosamente con Agamenón después de que éste matara a su primer marido, Tántalo, y los hijos habidos con él (no confundir a este Tántalo con el otro más famoso, condenado a eterna sed y rodeado de agua que no podía beber, cosa que en oftalmología da nombre al ojo seco tantálico, es decir, aquel que está seco pero a la vez llora). También Agamenón entregó a Ifigenia, hija de ambos, como víctima propiciatoria antes de la partida a Troya, cosa que no pudo perdonar Clitemnestra.

Agamenón volvió victorioso tras la toma de Troya, pero la alegría de Electra fue breve. La terrible dupla Egisto-Clitemnestra aprovechó mientras el rey se relajaba en un baño para abrirle la cabeza como un coco. Electra logró salvar a su hermano pequeño, Orestes, de las manos de Egisto y expatriarlo a escondidas a un reino vecino donde fue criado por amigos de Agamenón. A partir de entonces el odio de Electra hacia su madre fue irrefrenable. Fue apartada de la corte y relegada a vivir pobremente entre las criadas.

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Asesinato de Agamenón. Cuando el rey salió del baño se puso un albornoz que le acercó Clitemnestra, pero en realidad era una red para atraparlo. En esta crátera ática del 460 a.C. (Museum of Fine Arts, Boston) vemos a Agamenón envuelto en la red y a Egisto dispuesto a matarlo, detrás de Egisto está Clitemnestra con un hacha en la mano derecha y tras el rey su hija Electra espantada. Las otras dos mujeres podrían ser Crisótemis y la cautiva Casandra.

Electra y Orestes

Electra, Orestes y Pílades ante la tumba de Agamenón. Cuando Orestes vuelve de incógnito a Micenas y va a rendir ofrendas a su padre se reencuentra con su hermana a la que no veía desde su huida años atrás. (Cerámica del s.IV a.C., Louvre).

Durante los siguientes siete años Electra conspiró contra los usurpadores del trono hasta lograr el retorno de su hermano Orestes, ya adulto, quien cobró venganza con las vidas de los conjurados, incluyendo a su propia madre.

Tras el matricidio Orestes se volvió loco y huyó perseguido por las Erinias (alegoría del remordimiento), vagando por variados territorios hasta que al final fue sometido a juicio ante un jurado popular y absuelto por mayoría simple.

Electra acompañó y cuidó de su hermano desquiciado y al final se casó con el compañero de crianza y mejor amigo de Orestes, Pílades, con quien tuvo dos hijos y parece que vivió en paz, cosa rara en la mitología griega.

El relato de Orestes y Electra ha inspirado montones de versiones desde la Grecia clásica hasta los tiempos modernos. Obviamente los tres grandes trágicos, Esquilo, Sófocles y Eurípides dedicaron múltiples obras a estos personajes.

También han sido pasto de los libretistas de ópera. Electra es un personaje secundario de la ópera Idomeneo re di Creta, uno de los primeros éxitos teatrales de Mozart; aquí Electra aparece refugiada en la corte de Idomeneno tras huir de Micenas debido al matricidio y sirve de excusa para un triángulo junto a Idamante, hijo del rey, e Ilia, una cautiva troyana. Aun siendo secundaria, el personaje de Electra canta las dos arias más intensas y famosas de esta obra (aquí, 1 y 2).

Pero la mejor adaptación operística, sin lugar a dudas, es la Elektra de Richard Strauss (1909), con un sangrante libreto de von Hofmannsthal basado en la Electra de Sófocles. Una obra oscurísima, mentalmente extenuante por su intensidad, a pesar de no ser muy extensa, y con una música revuelvetripas perfecta para la ocasión.

Händel, Taneyev y Theodorakis también compusieron sobre estos personajes.

Orestes y Clitemnestra

Orestes a punto de asesinar a su madre Clitemnestra, seguido probablemente por Electra y Pílades. Cerámica ática, museo del Louvre.

Electra y la electricidad

Ciertamente el malhumorado, irritable y empecinadamente vengativo personaje de Electra echaba chispas, pero no viene de allí la relación con el mundo eléctrico. En griego, electro/electron (ήλεκτρον) significaba brillante o emisor de chispas, por ello se llamaba así a la lustrosa aleación de oro y plata (como la que cubría el piramidión de las pirámides de Giza) y en especial se refería a la resina del ámbar, la cual al ser frotada con piel se cargaba eléctricamente y emitía algún chispazo, además de atraer vellos y pelusas, como había observado Tales de Mileto.

Así que si Electra hubiese sido un invento del moderno Hollywood se habría llamado Amber, nombre más propio de actriz porno o pilingui de Las Vegas que de la hija del mismísimo rey de reyes argivo.

El término actual de electricidad fue introducido en 1600 por el médico inglés William Gilbert (1544-1603) en su obra De Magnete. A la medicina no parece que Gilbert contribuyera mucho, pero fue el primer estudioso serio de los fenómenos eléctricos y magnéticos, aunque sin saber que se trataban de la misma fuerza. Gilbert experimentó sobre la electricidad estática, la electrificación por frotamiento e inventó el primer electroscopio. También estudió los imanes, la imantación y se aventuró a proclamar que el planeta tenía un enorme campo magnético. Ya se encargarían después Faraday y Maxwell de dar forma y matemática al electromagnetismo.

El mito psicoanalítico de Electra

Freud planteó su complejo de Edipo en 1910 y posteriormente lo desarrolló en su obra “Tótem y tabú”. En 1912 su colaborador Carl Jung sugirió en su “Ensayo de exposición de la teoría psicoanalítica” llamar complejo de Electra a la contraparte niña-padre del Edipo freudiano.

Se supone que este complejo aparece durante la fase fálica (3 a 5 años, o poco más) junto al “complejo de castración” y la “envidia del falo”. La niña migra su objeto erótico de la madre hacia el padre y desea suplantar a su madre como posesora del amor sexual paterno. Esto es lo que concluyeron las borboteantes mentes freudianas de la típica respuesta “me casaré con mi papá” que da cualquier niña de 4 años.

Mirándolo bien, el nombre del complejo cojea un poco, pues se centra en el deseo de eliminación de la madre, pero Electra ansiaba destruir a la madre por venganza del honor paterno, no por una inclinación incestuosa hacia Agamenón que no figura en ninguna versión del mito. Pasa igual con Edipo, que si bien mató al padre y se empotró a su madre fue sin saberlo y sin quererlo.

Relatos antiguos e incestuosos hay un buen puñado. Sin ir muy lejos el mismo Egisto causante de los males de Electra fue producto de un violento incesto, pues su madre Pelopia era hija de su padre Tiestes, quien la violó para tener un hijo que, según el puto oráculo de turno, se cobraría las cuentas pendientes con su hermano Atreo –padre de Agamenón y Menelao, vaya pastel familiar, ni los Carmona-Heredia-Cortés se lo montan así.

Otro ejemplo, ahora bíblico, la historia de Lot y sus hijas. Lot fue el sobrino de Abraham que se salvó del cataclismo de Sodoma; conocido es que durante su huida Lot perdió a su esposa –la famosa estatua de sal– y se refugió en una cueva a vivir como troglodita con sus dos hijas. Éstas, carentes de varón que las preñase, decidieron inducirle sendos palimpsestos alcohólicos a su anciano padre (a saber de dónde sacaban tanto vino) y aprovechar su embriaguez para embarazarse de él. La mayor lo hizo una noche y la menor a la siguiente.

Ambas parieron, una a Moab y otra a Amón, patronímicos legendarios de los moabitas y amonitas; estos pueblos fueron rivales de los israelitas y ya se sabe que la tradición hebrea gustaba dar orígenes deleznables a sus vecinos, como el bastardo Ismael del que descienden los musulmanes, los edomitas descendientes del que cambió su herencia por un plato de lentejas o los dos pueblos mencionados, de origen incestuoso.

El hecho más pasmante de la historia de Lot es cómo demonios puede un señor anciano y borracho hasta las trancas cumplir como un Ron Jeremy supermachote repetidamente. O el buen hombre era un portento de la virilidad o bien sus chicas conocían el arte del óxido nítrico en los cuerpos cavernosos.

“Ceterum censeo Podemus esse delenda”

Nombres incorrectos en Medicina: el Síndrome de la Sirena

Aquí no hay sirenas, sino una nereida sobre un hipocampo y un tritón. Mosaico romano de Éfeso. (tomado del flickr de petrus.agricola)

La sirenomelia o síndrome de la sirena es una rara malformación embrionaria en la que los miembros inferiores aparecen fusionados, recordando a esos seres fantásticos mitad humano mitad pez. Fotos y vídeos hay en internet por decenas.

Está codificada en el CIE-10 en el epígrafe Q87.2 junto a otras malformaciones complejas con predominio en los miembros inferiores, como los síndromes uña rótula, Klippel-Trénaunay o VATER.

Esta forma extrema del síndrome de regresión caudal puede aparecer en diversos grados de gravedad, desde una fusión distal de las partes blandas hasta una fusión completa de los miembros inferiores con ausencia de algunos huesos desde los pies hasta la pelvis. Las malformaciones también afectan al aparato genitourinario: es frecuente la agenesia renal o los riñones pélvicos fusionados, ausencia de vejiga y genitales externos. Así mismo se acompaña alteraciones ano-rectales. Es excepcional que los niños nacidos con tales malformaciones sobrevivan.

La literatura refiere una incidencia de 1 por 60.000 a 100.000 embarazos, es más frecuente en varones y en gemelos monocigóticos (1). Su causa no es conocida, y se ha relacionado con consumo materno de cocaína, diabetes materna o uso de fenitoína. La principal teoría apunta a un origen vascular: en vez de tener dos arterias umbilicales provenientes de las ilíacas internas, en estos fetos se encuentra una arteria umbilical única proveniente de la aorta. El árbol arterial caudal a esta arteria umbilical es hipoplásico y probable causa de la disembriogénesis.

Teoría vascular de la sirenomelia: la presencia de una arteria vitelina persistente causa un arresto vascular que afecta al desarrollo embrionario caudal. (Dibujo original de Ilustración Médica)

Teoría vascular de la sirenomelia: la presencia de una arteria vitelina persistente causa un arresto vascular que afecta al desarrollo embrionario caudal. (Dibujo original de Ilustración Médica)

Actualmente es posible detectar precozmente la sirenomelia, aunque la ecografía puede ser difícil por el oligoamnios que presentan, y plantear la interrupción del embarazo considerando el pobrísimo pronóstico vital de la condición (2, 3).

Lámina del atlas de Geoffroy Saint-Hilaire mostrando simpodios.

Lámina del atlas de Geoffroy Saint-Hilaire mostrando simpodios.

Las primeras descripciones médicas oficiales datan del siglo XVI y fueron hechas por los franceses Nicolaus Rocheus y el gran Paré. Muchos artículos repiten como loros que uno de sus primeros descriptores fue Palfyn en 1553, a veces escrito como Palfun o Polfyr. El único nombre parecido que he encontrado es el del ginecólogo belga Jean Palfyn (1650-1730), por lo habría un error de nombre o de fechas que muchos autores copy and paste.

El término sirenomelia quedó establecido por Isidore Geoffroy Saint-Hilaire en su obra “Histoire générale et particulière des anomalies de l’organisation chez l`homme et les animaux” de 1837 (quien quiera ver su atlas), tratado de teratología donde también utiliza otros nombres como simpodia, simelia o uromelia.

¿Por qué digo que es erróneo el nombre de sirenomelia o síndrome de la sirena? Pues porque las sirenas originales de la mitología griega no tenían nada de pez: eran mujeres-ave. Casi todos los artículos publicados (4, 5, 6, 7, por poner muestras) con sus honrosas excepciones (8, 9), repiten el mantra de que las sirenas grecorromanas eran mujeres con cola de pez. Alarde de ignorancia en materia clásica, copy and paste sin contrastar de un artículo a otro.

Estas son las verdaderas Sirenas griegas. Vaso ático, s. VI A. de C. Colección Callimanopoulos.

Las sirenas eran tres hermanas, hijas del río Aqueloo y una musa (Melpómene o Terpsícore, según versiones) que heredaron de su madre el don del canto y hermosas voces. Eran el séquito de Perséfone, hija de Deméter, y cuando aquélla fue raptada por Hades y llevada al Infierno, la desesperada Deméter transformó a las sirenas en criaturas con cabeza y busto de mujer y el resto del cuerpo de ave, bien como castigo por no defender a Perséfone, bien para hacer que volaran en busca de la hija raptada. Al final las pobres sirenas acabaron morando en un islote donde se entretenían atrayendo con sus dulces cantos a los marineros que por allí pasaban. Embelesados como iban, estrellaban las embarcaciones y perecían entre los escollos. Es más lógico que cante un ave y no un pez, si es que lógica puede haber en la mitología.

¿Y de dónde salen los híbridos mujer-pez? Probablemente surgen de la confusión de otros dos tipos de personajes: las nereidas y los tritones.

Tetis, la madre de Aquiles, era una nereida. Aquí cabalga sobre un delfín portando la coraza construida por Hefesto para Aquiles. Getty Museum, California.

Las nereidas son ninfas de los mares, las 50 hijas del dios marino Nereo que participaban del cortejo de Poseidón y de su esposa Anfítrite, que era una de ellas. Las nereidas aparecen representadas como jóvenes con poca ropa, montadas a lomos de un delfín, un hipocampo (caballo con cola de pez), un ictiocentauro (hombre-caballo-pez) u otro monstruo marino, o bien portando unos peces en las manos. Pero prácticamente siempre con sus piernas humanas.

Tritón era el hijo y mensajero de Poseidón, representado como varón con cola de pez (como quien dice, un “sireno”) y soplando una caracola a modo de trompeta. Los tritones y las nereidas aparecen juntos frecuentemente en la cerámica griega y los mosaicos y pinturas romanos. Si se miran estas representaciones distraídamente puede parecer que la joven a lomos de la bestia es quien posee la cola de pez y no la bestia marina. Quizás el olvido del tiempo y la contaminación con mitos nórdicos y eslavos hizo que durante la alta Edad Media las nereidas adquirieran la cola y se fusionaran con las sirenas, y es así como a partir del siglo VI aparecen las sirenas-pez como se describen en el “Liber monstruorum diversis generibus” o el Bestiario de Cambridge. Al final se iría imponiendo la sirena-pez a la sirena-ave, y se haría del dominio popular por el cuento “La Sirenita” de Andersen.

El propio Geoffroy Saint-Hilaire confundió las sirenas-pez con las de la Antigüedad clásica, citando erróneamente un famoso verso de la Ars poética de Horacio: “desinit in piscem mulier formosa superne” (“termina en pez una mujer hermosa por arriba”) cuando el sentido de Horacio era indicar algo que comienza prometedor pero acaba mal, aplicado en concreto a las obras de arte carentes de unidad:

“Si un pintor añadiera a una cabeza humana
un pescuezo de caballo y con plumajes variados
la vistiera, mezclando miembros disparatados,
en tanto que vergonzosamente
termina en pez una mujer hermosa por arriba;
mirando esto ¿aguantaríais la risa, amigos?”

Sería más correcto hablar de síndrome del tritón en vez de la sirena (y más considerando que es tres veces más frecuente en varones), y hablar de simpodia o simelia en vez de sirenomelia. O al menos no remitir a la Grecia clásica el origen del apelativo.

Volviendo a las Sirenas auténticas, las mujeres-ave, solo dos veces fallaron seduciendo a los marineros. La primera en la expedición de los Argonautas, el dream team de héroes griegos que surcaron los mares en busca del vellocino de oro; al pasar cerca de la isla de las Sirenas el canto de éstas fue opacado por el hermosísimo canto de Orfeo, uno de los argonautas, y así se salvaron de la tentación de estrellarse en pos de las hechiceras.

Pero el episodio más famoso es el relatado en el Canto XII de la Odisea de Homero: Odiseo es advertido por Circe de los peligros que tendrá que salvar en su travesía, incluyendo las Sirenas. Cuando su embarcación llegó cerca de la isla de las Sirenas, Odiseo ocluyó los oídos de su tripulación con cera para que no escucharan el alienante canto. Sin embargo, él no quiso privarse de oírlo y pidió ser atado al mástil para no arrojarse al mar por el embrujo. Odiseo oyó el canto de las Sirenas y enloquecido de placer gritó que lo soltaran. Pasaron así de largo sanos y salvos. La tradición dice que las vencidas y ofendidas Sirenas se arrojaron entonces al mar, pereciendo.

Sirenas arrojándose al mar ante Odiseo. Celebérrima cerámica ática del s. V A. de C. Museo Británico

En este episodio homérico Odiseo da un claro ejemplo de masoquismo y de la práctica sadomaso más frecuente, el bondage o uso de ataduras con fines eróticos. El BDSM (bondage sado-maso) está mitificado por el cine, las dominatrices especializadas y las tiendas X vendedoras de múltiples productos para su ejercicio, aunque como práctica habitual parece ser bastante minoritario, menos del 2% de la población, pero frecuente como fantasía o práctica esporádica. En general no se trata de una práctica psicopatológica (10, 11), sino una adaptación de los mecanismos de sumisión y dominación que forman parte del comportamiento social y reproductivo de los humanos y muchos otros mamíferos (12).

El self-bondage de Odiseo al atarse al mástil de su nave en realidad no representa el fondo de las prácticas de BDSM, sino se trata de un comportamiento masoquista donde la imposibilidad de alcanzar el objeto deseado multiplica el deseo y la excitación. Odiseo atado, incapaz de correr hacia las ansiadas Sirenas, grita, jadea, intenta zafarse, acrecentando enormemente su anhelo. Aunque al final se despepitaba por unas pajarracas. Cuántas veces es más fuerte y placentero el deseo por algo que la satisfacción al conseguirlo. Como dice Kavafis en su poema:

“Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años…”

Como acostumbro, aquí os dejo un par de recomendaciones operísticas. Basada en la Odisea tenemos “Il ritorno d’Ulisse in patria”, de Claudio Monteverdi (1640), cuyo libreto incluye un coro de nereidas y sirenas que se perdió de la partitura musical. A partir de La Sirenita de Andersen compuso el checo Dvořák su ópera “Rusalka” (1901). La variedad de sirena nórdico-germánica se muestra en las doncellas del Rin de la Tetralogía de Wagner (aquí un fragmento).

La transexualidad mítica de Tiresias

Transexual, ciego y adivino. No se trata de un brujo de la tele de los que atienden llamadas y echan las cartas, sino de Tiresias, uno de los más famosos videntes de la mitología griega. Es un personaje habitual en los relatos del Ciclo Tebano pero aparece en otros episodios mitológicos, incluida la Odisea de Homero.

Zeus y Hera

Zeus y Hera, cuando no están discutiendo…
Grabado de Agostino Carracci (1557-1602)

Bien sabemos que los mitos antiguos usaban con frecuencia la metamorfosis  de algún personaje en otro ser o materia como parte de la acción dramática (herramienta típica de seducción de Zeus transmutado en cisne, toro, lluvia, niebla…),  como castigo divino (Licaón transformado en lobo, Eco transformada en eco), como consuelo o salvación ante una adversidad (Narciso o Jacinto en flor, Dafne en laurel) y como excusa para elevar personajes a constelaciones (Tauro, Piscis, Aries, Osa Mayor…). En Tiresias ocurre una de las más originales transformaciones físicas, mutando de hombre a mujer en distintas fases de su vida.

Tiresias transexual

Paseaba el joven Tiresias por el monte cuando se topó con dos serpientes copulando; arrastrado por el mismo atavismo que lleva hoy a cualquier muchacho a enchufar con la manguera a unos perros que se aparean, Tiresias cogió un palo y le arreó a los reptiles matando a la hembra y, como represalia por su impío proceder, quedó inmediatamente transformado en mujer, quizás por castigo de Hera. Nótese que ser mujer sea considerado un castigo por los griegos.

La Tiresias hembra llegó a ser una afamada prostituta y hasta parió hijos, por ejemplo la pitonisa Manto (nombre relacionado con el sufijo -mancia para las actividades adivinatorias). Tras siete años femeninos ocurrió que Tiresias se topó con otro acoplamiento de culebras y en esta ocasión se cargó al macho, con lo que recuperó de nuevo su masculinidad. Otra versión dice que en el segundo avistamiento no atacó a las serpientes y en premio volvió a ser hombre.

En una versión menos popular, Tiresias nació hembra y fue cortejada por el salido Apolo sin resultado. En castigo la transformó en hombre para que sintiera lo que era estar permanentemente bajo el dominio del apetito venéreo y no lograr desahogo.

Tiresias ciego

En una de las reiteradas ocasiones en que Hera recriminaba al putero Zeus sus infidelidades, el dios le espetó que no se quejara, que las mujeres disfrutaban más con el sexo que los hombres y que él como varón lo compensaba con mayor número de encuentros. La discusión prosiguió y al final decidieron citar a Tiresias, que había tenido oportunidad de vivir las dos caras de la moneda.

Interpelado sobre quién disfrutaba más del folgar, Tiresias sentenció algo así como “de diez partes en que se divida el placer, nueve son para la mujer y una sola para el hombre”. Hera estalló de furia e indignación por (a) haber perdido la discusión, (b) quedar puesta en evidencia la mal vista lascivia femenina y (c) ver la sonrisita sarcástica de Zeus tras el dictamen de Tiresias. Así la histérica diosa le arrebató la vista al inocente Tiresias.

Como curiosidad, Zeus también amó en forma de mujer, pero a otra mujer, Calisto, dama del cortejo de la diosa Artemisa. Zeus adquirió la forma de la propia Artemisa para beneficiarse a Calisto y de la unión nació Arcas, héroe epónimo de Arcadia.

Otra versión de la ceguera de Tiresias dice que fue un castigo de la casta Atenea al ser sorprendida durante su baño por el voyeur Tiresias.

Tiresias adivino

En todas las versiones del mito el poder profético de Tiresias es compensación de su ceguera. Zeus recompensó a Tiresias por su ayuda en la discusión con Hera otorgándole el don de la videncia, ya que no podía restituirle la vista. O bien la propia Atenea, arrepentida por desprenderle las retinas le agudizó el oído para que entendiera el profético canto de los pájaros. El propio nombre de Tiresias parece significar “el que se deleita con los signos”, en alusión a su capacidad de interpretar señales y predecir el futuro.

El ciego y vidente Tiresias vivió en Tebas una larguísima vida de siete generaciones. Emitió vaticinios relacionados con la muerte de Layo, la esfinge, el incesto de Edipo y el destino de la ciudad en el ataque de los siete contra Tebas. Predijo el mal fario a Penteo y a Narciso, también reveló a Anfitrión la auténtica paternidad de su no-hijo Heracles y desde ultratumba vaticinó a Odiseo las dificultades para volver a Ítaca. Se cuenta que Tiresias murió por beber agua demasiado fría de una fuente.

tiresias

Arriba: Tiresias mutando en mujer mientras agrede a las sierpes. Abajo: el juicio de Tiresias ante Zeus y Hera. Grabados de Johann Ulrich Kraus para la edición de las Metamorfosis de Ovidio: “Die Verwandlungen des Ovidii in Zweyhundert und sechs und zwanzig Kupffern”, Augsburg, 1690-1700. Imágenes extraídas de la web de la Bayerische Staatsbibliothek.

Aunque Tiresias es un transexual su historia no se ajusta a las consideraciones actuales sobre la transexualidad, definida como trastorno de la identidad sexual o disparidad entre el sexo cerebral de la persona y el sexo anatómico y genómico. No se debe confundir con travestismo ni con opciones de orientación sexual, de hecho existen transexuales heterosexuales y homosexuales. El recién actualizado DSM-5 ha retirado el trastorno de la identidad sexual y lo ha sustituido por disforia de género, indicando que la transexualidad en sí no es una enfermedad sino que lo patológico es la alteración psicológica que causa la no correspondencia anatómico-mental. En estos temas los cambios de criterio son frecuentes y pueden estar sesgados por lobbies más allá de la investigación científica independiente.

De lo que sí habla realmente el mito de Tiresias es de las diferencias de conducta sexual entre hombres y mujeres en cuanto a apetencia y placer. Sobre el deseo sexual hay un histórico consenso en que éste es más patente en el varón (“desde que amanece apetece”). Lo expuesto por Zeus y Apolo es reflejo de lo que culturalmente vivimos: en nuestra sociedad es el varón el que lleva la iniciativa, el que alardea de número de parejas, el que no dice que no si se presenta ocasión, el consumidor habitual de pornografía, etc. Mientras la mujer es la abordada, la que no debe hacer alarde para no ser apostrofada con las cuatro letras, la del “hoy me duele la cabeza” y tal.

La ciencia detrás de este comportamiento apunta a la testosterona como responsable del deseo sexual (1). El mecanismo de la libido es complejo, en él participa el sistema límbico, el hipotálamo, la hipófisis y las gónadas, a través de múltiples hormonas y neurotransmisores. El nivel alto y persistente de testosterona del varón mantiene una “alerta sexual” también alta y persistente, mientras el nivel oscilante de andrógenos en la mujer a lo largo del ciclo menstrual determina fluctuaciones en su libido (2). El descenso de andrógenos en la andropausia merma la apetencia sexual del varón, mientras la terapia con andrógenos en mujeres tiende a aumentar la libido (3).

Lo del placer sexual es más difícil de cuantificar. La pregunta hecha a Tiresias de quién disfruta más, el hombre o la mujer, no está formalmente contestada. La influencia de factores individuales, culturales, sociales, morales y religiosos también es significativa. No he encontrado estudios comparativos al respecto, pero sí que hay muchísima más literatura acerca de los mecanismos sexuales femeninos (recomendable la revisión de Meston et al. en Annu Rev Sex Res. 2004;15:173). Intentando defender la tesis de Tiresias se pueden hacer las siguientes observaciones:

  • La hembra humana puede disfrutar de orgasmos tanto clitorídeos como vaginales, incluso por estimulación extragenital. Esto matemáticamente aumenta las posibilidades de disfrute. Amén del placer de poder fingir los orgasmos.
  • La capacidad de orgasmos múltiples y repetidos es más frecuente en la mujer debido a un período refractario postorgásmico más corto. El varón debe tomar un largo reposo antes de volver a la boga.
  • La duración del orgasmo femenino es mayor, aunque existen varios patrones. En general la sensación en la hembra es más prolongada, incluso puede alcanzar el status orgasmus superior al minuto, cochina envidia.
  • El mapa de zonas erógenas femeninas es extenso, con amplia distribución anatómica de áreas estimulables, mientras que en el hombre es francamente falocéntrico.
  • La excitación femenina va acompañada de una serie de cambios notorios: congestión mamaria, erección pezonil (telotismo), eritema pectoral, midriasis, hiperventilación y emisión de ruidillos de variable decibelaje, espasmos carpopedales y miotonía. El varón tiende a ser más discretito, el pobre, más allá de sus cuerpos cavernosos.
  • La inmensa mayoría de los juguetitos y complementos de venta en sex-shops están destinados al público femenino. El tupper-sex también es reino de señoras.

La contraparte de esto es que el trastorno por deseo sexual hipoactivo (HSDD) en mujeres es frecuente, hasta del 10% (4), así como la frecuencia de anorgasmia y otras disfunciones sexuales. Es lo que pasa con los aparatos complicados, que tienen más puntos de fallo.

Culturetas: los mitos de Tiresias aparecen en las Metamorfosis de Ovidio y en las Fábulas de Higinio. Tiresias es personaje de las tragedias “Las bacantes” y “Las fenicias” de Eurípides, y de “Edipo Rey” y “Antígona” de Sófocles, así como de la Odisea. Posteriormente apareció junto con Manto en La Divina Comedia de Dante.

Recomiendo la ópera “Las Tetas de Tiresias” (“Les Mamelles de Tirésias”) de Francis Poulenc (1947) basada en la paranoia surrealista escrita por Apollinaire en 1917. Aquí el mito sirve de soporte a un argumento feminista, donde Teresa decide prescindir de sus mamas y por tanto de su femineidad y convertirse en el varón Tiresias, mientras su marido adquiere los atributos femeninos y comienza a parir cientos de hijos. He aquí el fragmento de la renuncia de las tetas (“Non Monsieur mon mari… Envolez-vous oiseaux de ma faiblesse”) con Elena Rossi y otro con María Bayo (en el Liceo), y aquí una versión completa de la ópera en un interesante montaje de la Opera de Lyon, precedida por piezas de Shostakovich y Milhaud (la ópera en sí comienza en el minuto 35). 

Edipo anoftálmico

Algunos mitos griegos son historias sueltas con personajes puntuales, pero muchos otros son historias interconectadas con personajes recurrentes, a modo de ciclos. Como ejemplo está el enorme Ciclo Troyano, o el Ciclo de Hércules, o el Ciclo Tebano al que me referiré hoy. El Ciclo Tebano cuenta historias sobre la desgraciadita estirpe de los reyes de Tebas.

Las desgracias gordas se originan con el rey Layo, quien de visita en la corte del rey Pélope no se le ocurre mejor cosa que raptar al hijo de éste, Crisipo, y reventarle lo que viene siendo el esfínter. Tras semejante afrenta Crisipo se suicidó y su padre lanzó maldiciones sobre el violador.

Layo, Crisipo y Pélope

Layo raptando al joven Crisipo ante su padre Pélope. Crátera, hacia 320 a.C. Getty Museum, California.

Layo consultó al oráculo sobre el efecto de esta maldición y la respuesta fue que sería asesinado por su propio hijo. Como entonces no tenía hijos, Layo se abstuvo de trajinarse a su señora, Yocasta (según las versiones del mito también se llama Epicaste, Eurigania, Eurianasa, Astimedusa o Teutrante…), pero ésta logró con la ayuda del vino rendir a su bisexual esposo y preñarse.

El niño nació y Layo ordenó que le perforasen los tobillos para pasarle un cordel (así no se trata ni al peor jamón) para colgarlo en el monte y ser comido por los bichos. El sirviente encargado de ejecutar la orden no la cumplió, sino que entregó el niño a un pastor corintio. Así el niño terminó en Corinto, a 100 km de Tebas, adoptado por el rey Pólibo como hijo propio y recibiendo el nombre de Edipo por sus pies hinchados tras el maltrato de Layo (el nombre Edipo, Oι̉δίπoυς, incluye la misma raíz que οι̉δημα, edema).

Ya crecidito, Edipo comenzó a tener dudas de sus verdaderos orígenes y decidió consultar al oráculo de Delfos. La respuesta del cenizo oráculo fue que mataría a su padre y se cepillaría a su madre. La cara que habrá puesto el chico.

A la sazón continuaba la mala sombra en Tebas, ahora acosada por una Esfinge que se merendaba a un tebano cada día. El rey Layo también decidió consultar al oráculo y quiso el destino que Edipo y Layo se cruzaran en el camino de Delfos y tuviesen un accidente vial. Intercambio de insultos, Layo que le pasó la rueda del carro por el pie a Edipo, reactivando el trauma infantil, y Edipo que se cargó sin saberlo a su padre y a parte de su comitiva.

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Edipo y la Esfinge. Kylix ático, hacia 480 a.C. Museos Vaticanos

Como no quería volver a su casa tras el vaticinio, Edipo se pasó por Tebas, ignorante de haber matado a su rey, y tras toparse con la esfinge fue capaz de resolver los dos acertijos planteados y librar a Tebas de la bicha. La recompensa no pudo ser otra que nombrar a Edipo rey y desposar a la reina viuda Yocasta. La puta tragedia.

Edipo reinó y tuvo incestuosos hijos con su madre. Un nuevo castigo apareció y Tebas fue asolada por una peste (según este artículo fue brucelosis) y se vaticinó que la epidemia no desaparecería hasta que se castigara al asesino de Layo. Así se hicieron indagaciones, se ataron cabos, y entre la aparición de los antiguos criados y las ajamonadas pantorrillas de Edipo se llegó a la tremenda conclusión del nexo consanguíneo de la pareja real. Resultado: Yocasta se ahorcó y Edipo se vació los ojos. Terror, los vellos como escarpias, oye.

Edipo partió al destierro ciego y acompañado por su fiel hija Antígona, pero antes no dejó de maldecir a sus hijos varones, Eteocles y Polinices, por haberlo insultado. Edipo murió en la ciudad de Colono y Antígona volvió a Tebas a tiempo de ver cómo sus hermanos se masacraban mutuamente por el trono de la ciudad y ella misma terminaba enterrada viva. Allí se acaba el ciclo tebano por falta de personajes.

Del mito de Edipo se originan dos condiciones médicas, ambas psiquiátricas: el conocidísimo complejo de Edipo y el menos popular edipismo.

Freud se basó en la versión del mito presentada en el Edipo Rey de Sófocles para dar nombre a esa conducta observada en niños durante la fase fálica del desarrollo psicosexual (entre los 3 y 5 años). Según el iluminado Freud los niños varones de esta edad desarrollan un apego libidinoso hacia su madre, ven al padre como rival y desean eliminarlo para disfrutar en exclusiva del objeto materno. Como colateral también desarrollan la angustia de castración, al temer que el padre les mutile el falo como castigo.

Las hembras hacen lo propio pero al revés: fijar su pulsión sexual hacia el padre, abominar de la madre y desarrollar la envidia del falo. Hay quien llama a la versión femenina complejo de Electra, en referencia a un mito del ciclo Troyano del que igual trato otro día (os jodéis). Por suerte estas pulsiones primitivas y salvajes se disuelven en la nada cuando el niño pasa a la fase de latencia, pero según Freud la cosa deja más o menos huella. El problema no es sólo del niño, sino que los padres pueden intervenir negativamente. Psicoanalíticamente Yocasta sería la representación del narcisismo materno.

La mala resolución de un complejo de Edipo está, según el psicoanálisis, en el meollo de muchas manifestaciones neuróticas. Influiría en la selección de la pareja y la estabilidad de las relaciones o la actitud hacia los propios hijos. Refiere Freud en Tótem y Tabú (1913) que una fijación extrema hacia la madre puede anular al referente paterno y transferir los atributos maternos al niño, lo que sería origen de afeminamiento y homosexualidad en los varones.

En cuanto al edipismo, no se trata de Edipo con priapismo ni tiene nada que ver con el complejo incestuoso, sino con la parte en que Edipo se vacía las órbitas. Cuando se puso el nombre de edipismo, hace décadas, se pensaba que podía haber un trasfondo psicoanalítico en estos casos, pero hoy se sabe que casi siempre es un episodio psicótico lo que lleva a alguien a arrancarse un ojo (1).

Esquizofrenia no controlada, consumo de alucinógenos, cuadros ilusorios paranoides y otros episodios psicóticos, retraso mental profundo y a veces trastornos neurodegenerativos son las causas más relacionadas con el edipismo. La lesión puede consistir en mutilación ocular por heridas penetrantes (que fue lo que hizo Edipo con el pincho del prendedor de su extinta madresposa) o bien en auto-enucleación de uno o ambos globos. Sí, cogerse el ojo con los deditos y tirar de él, o palanquear con una cuchara o similar… ¡La fuerza que hay que ejercer para arrancarlo y lo que debe doler!

autoenucleacion

Auto-enucleación. Más imágenes en Radiopaedia.

No hay que insistir en que estos casos son tanto una emergencia psiquiátrica como oftalmológica, e incluso neuroquirúrgica. Las heridas penetrantes orbitarias pueden alcanzar al encéfalo (2). Cuando se arranca el globo ocular el nervio óptico puede romperse desde su inserción en el globo (avulsión del nervio) o en su unión con el quiasma. Esto último puede causar hemianopsia temporal en el ojo sano (3) o acompañarse de lesión de los vasos del polígono de Willis, con hemorragia subaracnoidea o ictus cerebral (4).

Por ello, ante una auto-enucleación debe solicitarse TC craneal de urgencia. El desastre orbitario requiere reconstrucción quirúrgica, habitualmente con implante protésico. Si el edipismo fue unilateral es conveniente, cuando el paciente esté recuperado del episodio agudo oftalmo-psiquiátrico, tener un campo visual del ojo sano para valorar el compromiso del quiasma.

No sé qué tan frecuente sea el edipismo, pero hay bastantes casos publicados. Supongo que ante lo espectacular de estos pacientes todos quieren publicar sus experiencias al respecto.

Las referencias numeradas son vínculos a PubMed, para los interesados.

Zóster: lencería fina

Pompeii - Casa del Centenario - Cubiculum

discreto fresco de la Casa del Centenario, Pompeya

Todos los que pasamos la varicela llevamos incrustado en nuestro cuerpo el virus Varicela-Zóster (VVZ), que el sistema inmune es incapaz de erradicar una vez que entra y se contenta con mantenerlo a raya en su escondite. El VVZ se acantona en las neuronas de los ganglios sensitivos, y desde allí puede eclosionar eventualmente, cuando la vigilancia del sistema inmune se distrae, ocasionando una erupción herpética en la zona de la piel a la que da sensibilidad el ganglio nervioso afectado (dermatoma): es el herpes zóster.

Los dermatomas más frecuentemente afectados por el zóster son los de los nervios intercostales, dando una erupción en forma de banda que rodea el hemitórax siguiendo la dirección de las costillas. Es lo que la plebe llama “culebrilla”, entre otros apelativos populares. ¿De dónde viene el nombre herpes zóster? Herpes viene del griego έρπης referido a serpiente o animal reptante; se supone que se asimila la erupción progresiva y “reptante” con la figura de la sierpe en movimiento (no está mal, pues, lo de culebrilla).

Lo de zóster tiene más miga: proviene del griego ζωστήρ que genéricamente significa correa (el “caso gürtel” -correa en alemán- se pudo llamar “caso zóster”, que le venía más a tenor de su chunguez), pero específicamente se refería a una prenda femenina usada como ceñidor para resaltar el busto. Vamos, un sujetador, sostén, brassier, push-up. Se trataba de una banda de tela decorada con bordados que se ataba al bajo tórax y empujaba arriba el tetamen. Es fácil la comparación entre tal banda y la forma de un herpes zóster costal.

El zóster no era la única prenda para guarecer las mamas en la antigua Grecia, también estaba el apodesmo o cinta que ceñía el peplo o túnica femenina para resaltar el pecho (puede verse en muchas estatuas antiguas, como en la Victoria de Samotracia), y el mastodeton, que era una franja que cubría y sujetaba las mamas, de la cual se derivó el romano strophium o mamillarecomo el que viste la fulanilla pompeyana que ilustra el post.

Un poquito de literatura. Cuenta Homero en el Canto XIV de su Iliada que Hera, celosa esposa de Zeus, deseando inflamar la pasión del dios supremo, acudió a Afrodita para pedir su consejo. La colaboración de Afrodita consistió en prestarle su propio zóster para que con tan fina lingerie rindiera a sus pies a Zeus. Ceñida con el zóster afrodisíaco se desplazó Hera hasta el monte Ida donde estaba Zeus, quien al verla no pudo resistirse y le pidió yacer con él allí mismo. Cabronazo como era, Zeus intentó elogiarla recitando la lista de sus adúlteras amantes y asegurando a Hera que ninguna de ellas le llegaba a las sandalias. Ante el reparo de Hera de fornicar al aire libre a la vista de los demás dioses que podían pasar por allí, Zeus resolvió cubriendo la cima de la montaña con un denso cúmulo de nubes. Tras el trajín Zeus durmió profundamente. Ahora bien, podría parecer que Hera intentaba reconquistar el amor de su putero esposo, pero no, el verdadero objetivo de Hera fue entretener al dios y dejarlo sedado para suspender su protección sobre los troyanos, de modo que los aqueos, a quienes Hera apoyaba, pudiesen reanudar sus ataques a Troya. Conflicto matrimonial a escala geopolítica.

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Nota para petetes: en el texto griego de esta rapsodia XIV de la Iliada no se usa el término zóster, sino ιμάντα (imanta, sinónimo de cinturón) o ζώνη (zona, otro sinónimo, y también sinónimo de zóster en terminología médica).

La estatuilla de la izquierda curiosamente recoge los dos elementos del herpes zóster: las serpientes del herpes y el zóster del corpiño que le sujeta la pechuga. Es la famosa “diosa de las serpientes” de Creta.