Protocolo diarreico para redactar noticias científicas

Reconozco que da un gustirriquín del recopetín criticar el trabajo de los periodistas. Quede claro que no es una animadversión a la profesión, tan necesaria y delicada, ni al colectivo que la ejerce; pero cuando se habla o escribe para el público se corre el peligro de meter la pata y en aquellos que viven de la comunicación esto es un verdadero riesgo laboral. Esas faltas ortográficas o gramaticales, esos deslices históricos o esas malas interpretaciones de los hechos tienen repercusión cuando aparecen en medios de gran difusión.

No me empantanaré aquí con los periodistas generales ni con los políticos, con sus inseparables sesgos ideológicos y partidistas, ni con la omnisciencia polifacética del tertuliano al uso, que opina de todo y sentencia sobre todo. Me centraré en esas noticias del ámbito científico redactadas por gente no especializada en periodismo científico y que de vez en cuando aparecen en los medios para llenarnos simultáneamente de risa y espanto.

Las semejanzas entre el periodista y el científico

A pesar de lo alejados que están estos dos mundos, ambas profesiones tienen una acción central común: investigar. Ya sea para investigar el origen de un brote de gripe porcina o dónde han desviado los fondos públicos los cerdos de turno, tanto un investigador científico como un periodista siguen principios similares.

Lo primero es tener suficiente conocimiento del tema investigado y, en caso de carencias en algún aspecto, solicitar colaboración/asesoramiento de alguien entendido. Segundo, recurrir a fuentes serias y contrastadas, tanto bibliográficas como de autoridades en la materia. Tercero, usar una metodología de investigación consistente, con el mínimo de sesgos y la máxima verificabilidad. Cuarto, tener sentido común para interpretar los datos, valorarlos en su contexto y guardando coherencia con el marco de conocimiento; un hallazgo extraordinario requiere pruebas extraordinarias y sólidas, y aquí es donde quizás más divergen las actitudes de científicos y periodistas, pues mientras el común de los primeros actúa con temerosa mesura ante un resultado fuera de lo normal, los segundos buscan el efecto del tubazo periodístico a toda costa.

Seriedad, rigor y neutralidad, virtudes necesarias en ambos oficios.

Estudio de caso: «la fritanga crecepelo»

Aprovecharé una noticia-mojón publicada en La Vanguardia el pasado 7 de febrero de 2018, increíblemente titulada «Las patatas de McDonald’s podrían ser la solución a la calvicie». ¡A chuparse esa mandarina!

Comentemos primero el hecho real según la documentación científica publicada. El trabajo original es del grupo de Fukuda, Kageyama et al., de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Yokohama y se publicó este mismo mes en la revista Biomaterials (Kageyama T, Yoshimura C, Myasnikova D, Kataoka K, Nittami T, Fukuda J: Spontaneous hair follicle germ (HFG) formation in vitro, enabling the large-scale production of HFGs for regenerative medicine. Biomaterials 2018; 154: 291, doi: 10.1016/j.biomaterials.2017.10.056).

El objetivo es buscar técnicas para generar «pelo de cultivo» con el fin de repoblar las brillantes calotas de quienes padecemos alopecia androgénica sin recurrir a extirpación de folículos de las zonas supervivientes nucales ni a indignas cortinillas anasagastioides.

kageyama_biomaterials_2018

Figura del trabajo original de Kageyama et al. reseñado en Science Daily y en La Vanguardia. La novedad de la placa de cultivo es estar hecha de silicona permeable al oxígeno, lo que favorece el crecimiento de las células cultivadas. La imagen microscópica muestra los dobles agregados de células epidérmicas y mesenquimales, respectivamente, que forman los folículos primitivos. Cuando éstos se injertan en la piel del ratón crecen así de majos.

El método descrito por estos japoneses consiste en cultivar un cóctel de células epidérmicas y mesenquimales dentro de micropozos de cultivo moldeados en silicona permeable al oxígeno. Dentro de los pozos las células adoptan una conformación de primordio folicular que, una vez injertados en el lomo de ratones pelados, generó unos buenos pelangarracacos firmemente afincados al tegumento. Como se trata de un grupo de bioingenieros y la revista es de biomateriales, el objetivo del artículo fue describir la utilidad del molde de silicona gas-permeable para generar cultivos masivos de primordios foliculares; no era un estudio clínico dermatológico para curar la calvicie ni nada similar. Y vemos que no hay mención a patatas fritas ni a cadenas de chatarra-food.

Ahora lo que regurgitó La Vanguardia:

La noticia de este periódico aparece sin firma de autor y se basa en otra reseña publicada en el portal de noticias científicas Science Daily. Para este momento el artículo original está en proceso de impresión en Biomaterials y el reportaje recoge la nota de prensa de la Universidad de Yokohama. Puede verse que el post de Science Daily es correcto, fiel a lo presentado y referencia el artículo original del journal. En cambio, la aberrantísima cagarruta de La Vanguardia destaca por una creatividad desbocada y rayana en la paranoia.

cagarro informativo

¡Sorprendente! Sin duda escogieron bien el sobretítulo en La Vanguardia. Captura de pantalla de la noticia de marras, aderezada con un risueño calvorotas feliz por comer patatas con la vana esperanza de poblar la coronilla.

«Científicos japoneses han encontrado una relación directa entre las patatas fritas de la popular cadena de comida rápida McDonald’s y el crecimiento del cabello.»

¡Mentira! ¿De dónde carajo se sacan esa relación directa?

«Un equipo de investigación de la Universidad de Yokohama ha analizado la composición de las patatas y ha encontrado esta sorprendente novedad contra la calvicie.»

¿En qué momento el grupo de Fukuda tocó una patata frita? Ninguna patata sufrió durante este estudio y no se menciona nada relativo a la alimentación.

«El secreto está en el dimetilpolisiloxano que la empresa utiliza en la fritura de sus patatas. Esta sustancia, agregada a otros componentes, serviría para producir en masa “gérmenes de folículo piloso” que se podrían injertar posteriormente en el cuero cabelludo.»

¡Acabáramos! Resulta que el cacao mental del redactor proviene del tipo de silicona empleado en el estudio: la dimeticona o polidimetilsiloxano (PDMS), polímero con innumerables aplicaciones, desde lubricantes industriales, fluidos hidráulicos de coches, adhesivos, sistemas de cromatografía gas-líquido, fabricación de componentes electrónicos, hasta masillas de juguete tipo blandiblú.

El PDMS aparece bajo el alias de E-900 como aditivo alimentario en los aceites de fritura, donde actúa como antiespumante para evitar peligrosos desbordamientos del aceite hirviente durante la cocción y optimizar la utilización del mismo. Entiéndase que los del madonals no fríen en PDMS, sino en grasa con una mínima cantidad de E-900 (aditivo presente en aceites domésticos «especial frituras») del que quedan apenas trazas en el producto servido a los clientes.

En Medicina hace mucho que se usa la dimeticona, por ejemplo como absorbente de gases intestinales en esos preparados para mejorar las digestiones pesadas y las flatulencias. Aparece en cremas lubricantes para la piel, en acondicionadores y champús. También ha concurrido en las prótesis mamarias de silicona.

¿Qué circuito mental lleva al redactor a hilar desde unas placas de cultivo de PDMS al aceite de freír y concluir el nefasto silogismo en que las papafritas del madonals pueden curar la calvicie? No sé si hay algo de publirreportaje encubierto o es solo burralidad del autor. Los investigadores también usaron resina epoxy en la fabricación de los pozos de cultivo, y como el epoxy se usa en recubrimiento de latas para conservas ácidas, el burdégano redactor pudo decir que hay que frotarse tomates enlatados para la calvicie; o, volviendo al PDMS, que chuparse una teta con silicona cura la calvicie. La leche.

Dudo de que la traducción más correcta al español de hair follicle germ sea «gérmenes de folículo piloso»; quizás sea más apropiado ‘folículos pilosos germinales’ o ‘primordios foliculares’. Que me corrijan los amigos dermatólogos. Lo de ‘germen’ en nuestro idioma siempre suena a microorganismo patógeno.

«Las pruebas han dado muy buenos resultados en ratones y todos los estudios apuntan a que será un método exitoso también en humanos. Así que ya sabes, las patatas de McDonald’s ya no sirven solo para disfrutar de ellas un segundo y acumularlas en tus caderas y estomago todo el año, también podrían ser la solución a la calvicie.»

¿«Todos los estudios»? Gañán, pero si estás refiriéndote a una única publicación. Lo más preocupante es que la lectura de este cagarro da a entender que es la propia silicona la que regenera el pelo y que su ingestión a través de patatas fritas podría lograr tal efecto. Una gravísima irresponsabilidad para un medio de comunicación.

¡No se puede jugar así con las esperanzas de los millones de alopécicos que sufrimos nuestras cabezas a la intemperie!

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Octálogo diarreográfico para noticias científicas

Lo mejor es dejar que los reportajes de ciencias los hagan periodistas especializados en ciencia, con conocimiento de base y comprensión del método científico. Pero si eres un empleado de un portal de noticias de baja estofa, de un medio sensacionalista, o si eres famélico becario de cualquier tipo de mass media y te solicitan redactar una noticia científica de relleno, puedes olvidarte de los principios de rigor y seriedad y aplicar el siguiente protocolo de ocho puntos.

  1. Un redactor de nivel superior te encarga la reseña porque queda espacio en la sección de ciencia y tecnología o en la de salud y sociedad. Seguramente no te oriente sobre el tema sino te deje escoger algo que parezca interesante.
  2. Busca el asunto a reseñar. Lo más sencillo es ir a las secciones respectivas de medios internacionales, preferiblemente anglosajones, o portales de noticias tecnológicas. Únicamente dedica atención a universidades y hospitales nacionales si ellos te hacen llegar una nota de prensa o convocan para un anuncio. Sobre todo no rebusques en las principales revistas científicas de referencia, es fácil perderse en esa jerga.
  3. Las noticias más jugosas suelen relacionarse con problemas de salud comunes, molestos pero poco graves, con temas de nutrición y dietética o tocantes a conspiranoias colectivas (ondas electromagnéticas, quimiofobia, transgénicos, gluten, vacunas, etc.).
  4. Fusila el texto y las figuras de la noticia original. Mejor si traduces chapuceramente algún término técnico, como double blinded trial por ‘proceso doblemente blindado’, o the consumption of carbohydrates is actually the main cause of hypercholesterolemia por ‘la consumición de carbohidratos actualmente es la causa del colesterol’.
  5. No hace falta colocar las referencias de los artículos originales ni vínculos a las páginas fuente.
  6. Si lo anterior te parece demasiado insustancial, está la opción de adaptar creativamente la noticia. Tira de un cabo y busca una conexión peregrina e infundada (como en el caso comentado en este post). Crea una asociación directa y categórica donde los estudios sugieren tímidos y tortuosos vínculos aún por confirmar. Traslada a la salud humana los resultados obtenidos con animalillos o cultivos, como si ya fueran realidades verificadas o tratamientos disponibles.
  7. Todo resalta más con títulos sensacionalistas que lleven al asombrado lector a hacer clic en la noticia. Si pones una foto graciosa en la cebecera mejora aún más y diluye la línea que separa tu medio de El Mundo Today.
  8. Con suerte el cagarro que has redactado superará la supervisión de tus jefes y será publicado. Si llegan al medio quejas de profesionales de salud y ciencias recalcando la inexactitud de la reseña, los errores y erratas evidentes, el deber de la publicación es ignorarlos absolutamente; jamás se ha de corregir la noticia, no se debe anexar fe de erratas y menos aún eliminar un inservible reportaje que desinforma y tergiversa.

Afortunadamente existen muy buenos periodistas científicos en España y los grandes periódicos intentan cuidar sus secciones de ciencia y tecnología. Por eso ni La Vanguardia ni ninguna otra publicación de primera línea debería dejarse colar truñacos de tan colosal talla.

«Ceterum censeo Podemus esse delenda»

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Cibercondría o hipocondría 2.0

Las nuevas tecnologías traen nuevas opciones, nuevas conductas y modas, nuevas palabras y hasta nuevas enfermedades. En un cibermundo donde todos somos cibernautas es obligado que existan ciberpatologías.

Se viene llamando cibercondría a la forma de hipocondría donde el afectado alimenta sus temores sanitarios a través de la información extraída de internet. Como cualquier otro hipocondríaco, el cibercondríaco sufre un estado ansioso derivado de malinterpretar síntomas (reales o no) con la persistente creencia de tener una dolencia grave que acabará consigo, por lo que busca información y consejo en la abundantísima oferta online en temas de salud. ¿Es realmente el cibercondríaco algo diferente a la hipocondría habitual y requiere de un apelativo nuevo?

Hipocondría e hipocondrios

El término ‘hipocondría’ es un vestigio médico arqueológico que proviene de la antigüedad clásica. Deriva de ‘hipocondrio’, literalmente “bajo el cartílago”. De las nueve regiones en que se divide la topografía abdominal, los hipocondrios corresponden a las dos esquinas superiores, derecha e izquierda, ubicadas justo bajo los cartílagos costales, de allí su nombre.

¿Y qué tiene que ver esto con los síntomas de la hipocondriasis? Pues proviene de la antiquísima teoría hipocrática de los cuatro humores (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra), a cada uno de los cuales se les atribuía un tipo de personalidad y estado anímico.

En el hipocondrio derecho está el hígado, productor de bilis, en griego χολή (choli) raíz que aparece en cólico, colédoco, colestasis o coluria, pero también en cólera y colérico, precisamente el tipo de carácter donde predomina la bilis amarilla según la teoría humoral.

En el hipocondrio izquierdo está el bazo, órgano que según aquella teoría producía la bilis negra, en griego μελαγχολία, literalmente ‘melancolía’, humor relacionado con estados anímicos tristes y depresivos.

Los clásicos se refirieron como hipocondríacos a aquellos pacientes con molestias abdominales que asociaban trastornos del estado de ánimo. A saber si en este grupo caía cualquier enfermedad ulceropéptica, colon irritable, enfermedad inflamatoria intestinal o dispepsias menores. Bien se sabe la relación del estrés con los trastornos gastrointestinales.

Hipocondría: la histeria de los hombres

Tras Galeno el término vuelve a aparecer en escritos de Alejandro de Tralles (s.VI d.C.) y en algún autor medieval. Se consideraba la hipocondría como un trastorno físico y no mental, lo mismo que la histeria, cuyo origen se atribuía al útero (υστεροσ, histeros). De hecho se tomó la hipocondría como la versión masculina de la histeria, y así lo enseñaba el gran Sydenham.

Portada de la traducción de J. Alsinet del libro de Pierre Pommé sobre hipocondría e histeria, publicado en 1794. (ver facsímil en )

Portada de la traducción de J. Alsinet del libro de Pierre Pommé sobre hipocondría e histeria, publicado en 1794 (ver facsímil en babel.hathitrust.org).

Por curiosidad podéis hojear el libro “Nuevo método para curar flatos, hypocondría, vapores y ataques hystéricos” de Pierre Pommé, traducido al español por José Alsinet en 1794, disponible aquí, con pintorescas teorías sobre el origen y cura de estos males.

Por esos mismos tiempos estaba el alemán Hahnemann maquinando su propia teoría salud-enfermedad a la que llamó homeopatía. Las hipótesis de entonces se basaban en el limitado conocimiento de la época y en principios filosóficos más que científicos. Lógicamente, ahora las suposiciones sobre “vapores y flatos” nos mueven a hilaridad por su falta de fundamento. Esa es la diferencia entre la Ciencia y las posturas pseudo-religiosas de los seguidores de Hahnemann.

A principios del s.XX ya tenía la psiquiatría una solidez propia que le permitió incluir la hipocondría como una condición mental de tipo neurótico. Actualmente la hipocondría se clasifica en el epígrafe 300.7 del DSM-IV, dentro de los trastornos somatomorfos, junto con la somatización, la conversión, el pánico y el trastorno corporal dismórfico (que tanto ha lucrado a los plásticos).

¿Es correcto hablar de “cibercondría”?

A diferencia del nefasto y sinsentido término “nomofobia” del que hablamos previamente y cuya incorrección denuncio abiertamente, con “cibercondría” tengo más dudas sobre si es adecuado o no.

Comencemos por la raíz “ciber-“, tan abusada en el ámbito tecnológico. El origen de ‘cibernética’ es el griego κυβερνητική, que significa ‘pilotar una nave’; la raíz kyber- pasó al latín como guber- de donde viene ‘gobierno’ y ‘gobernar’. En los años 50 se aplicó ‘cibernética’ a la naciente rama tecnológica que buscaba aplicar los mecanismos de control y mando propios de los organismos vivos a los sistemas mecánicos o eléctricos, incluyendo así a la robótica y a la inteligencia artificial. Actualmente le añadimos ciber- como prefijo a cualquier situación en la que haya un ordenador por medio, así sea a una cafetería.

Como era de esperar lo de “cibercondría” no es un neologismo proveniente de la ciencia, sino del periodismo. Aparentemente lo acuñó la periodista Ann Carrns en el artículo “On the internet, diseases are rampant, playing to worries of hypochondriacs” de 1999 en el Wall Street Journal.

Si nos ceñimos a la pura etimología, la cibercondría hace pensar en cosas tan bizarras como un cartílago computadorizado o algún tipo de servomecanismo basado en el cartílago… En la web de Fundéu se da por bueno el palabro “cibercondría” y aconsejan escribirlo sin comillas ni cursiva; también sugieren los términos “ciberhipocondría” e “hipocondría digital”. La verdad serían preferibles estas dos últimas opciones, mucho mejor construidas que no la forma más contraída.

La información hace al hipocondríaco

Una discusión aún no cerrada entre psiquiatras es si la ciberhipocondría debe diferenciarse de la hipocondriasis común o es simplemente la forma adaptada a los nuevos tiempos. La principal duda radica en la relación causal internet-trastorno, es decir, ¿es la oferta desmedida de contenidos en la red lo que induce la aprehensión sanitaria, o es la persona aprehensiva la que da cancha a su trastorno a través de internet?

Todo parece indicar que la hipocondría digital no es más que la adaptación del trastorno a las herramientas del entorno. De la misma manera que antes un enemigo te enviaba una nota anónima amenazante y ahora saca un perfil falso en twitter para ponerte a caer de un burro y lo llaman cyberbullying; o en el pasado se iba a salones de mala nota o se traficaba con postales picantonas, después se pasó a las revistas guarretas y a las tan demodé líneas calientes, para terminar ahora con toda la oferta erótica concentrada en internet, y lo llaman cibersexo.

La persona hipocondríaca siempre ha necesitado preguntar por los síntomas que le preocupan, siempre ha necesitado buscar consuelo en quien la escuche y tranquilice (transitoriamente, eso sí). Y siempre se ha dejado influir por los comentarios e informaciones relacionadas con la salud, sean habladurías de vecinas, admoniciones sacerdotales, reportajes en medios de comunicación, etc. El hipocondríaco consultaba en la biblioteca municipal o en el Manual Merck para el hogar, aunque no se llamaba bibliocondría; o se aficionaba a los programas de la tele sobre salud, en especial a aquellos con testimonios y llamadas de gente preguntando por sus achaques, y no se llamaba telecondría. Por ello dudo que, a pesar de la magnitud del fenómeno digital, deba diferenciarse la cibercondría como una entidad propia.

evolución de la hipocondría

Cómo influye la disponibilidad de información en el desarrollo de la hipocondría. La persona afectada desata sus fantasmas por los datos que recibe, sean comentarios de conocidos, noticias, opiniones de expertos o contenidos web. (Pinchar para ver a tamaño completo.)

El hipocondríaco digital sufre el mismo problema del conspiranoico moderno (una especie de hipocondríaco social), pues no logra diferenciar las fuentes serias y confiables de la morralla sin fundamento que prolifera por la red. Se traga todo, pero después es dificilísimo moverlo de sus opiniones por más sólidos que sean los argumentos expuestos. Es un ejemplo claro de la condición tan humana de la necesidad de creer más que necesidad de saber.

Hay una creciente bibliografía psiquiátrica sobre el tema, incluyendo escalas de gravedad de la cibercondría y todo. El tratamiento de la ciberhipocondría parece similar a la de otras formas de trastorno somatomorfo: ansiolíticos para reducir la angustia generada por la perturbación y mucha psicoterapia.

NOTA MUSICAL: el compositor barroco checo Jan Dismas Zelenka (1679-1745) compuso una obra llamada Hipocondrie à 7 Concertanti, publicada en 1723, con un curioso formato instrumental; desconozco el origen del apelativo que lleva esta obra. Aquí la podéis escuchar con la Freiburger Barockorchester. En 1902 estrenó su Segunda Sinfonía el compositor danés Carl Nielsen (1865-1931, este año se celebra su 150 aniversario de nacimiento). Esta sinfonía lleva por título “Los Cuatro Temperamentos”, pues dedica cada uno de sus cuatro movimientos a los clásicos temperamentos (colérico, flemático, melancólico y sanguíneo) derivados de la teoría de los cuatro humores. Aquí se puede escuchar con Neeme Järvi y la Sinfónica de Gotemburgo.

LECTURA RECOMENDADAS:

Cirugía de alargamiento duodenal en el Hospital Vall d’Hebron

Este lunes 26 de enero apareció en los medios la reseña sobre una nueva técnica de tratamiento quirúrgico para niños con síndrome de intestino corto realizada en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona. El trabajo está publicado en el Journal of Pediatric Surgery por el grupo del doctor Javier Bueno de la Unidad de Cirugía Digestiva y Trasplante de este centro:

Bueno J, Redecillas S, García L, Lara A, Giné C, Molino JA, Broto J, Segarra O. Duodenal lengthening in short bowel with dilated duodenum, J Pediatr Surg (2014), http://dx.doi.org/10.1016/j.jpedsurg.2014.11.047.

cirugia pediatrica vall d'hebron

Equipo de Cirugía Pediátrica y Gastroenterología del Hospital infantil de Vall d’Hebron, Barcelona, autores de la técnica de alargamiento duodenal.

En este artículo se presentan tres casos de niños intervenidos con este procedimiento y sus satisfactorios resultados, que han evitado la necesidad de recurrir al trasplante intestinal para aliviar las consecuencias del intestino corto. Tuve el gusto de hacer las ilustraciones de la técnica quirúrgica que aparecen en el artículo y la que se facilitó a los medios de comunicación.

El síndrome de intestino corto ocurre cuando se pierde una parte importante del intestino delgado, por ejemplo después de una enterocolitis necrotizante, vólvulo intestinal, trombosis mesentérica, hernia estrangulada o enfermedad de Crohn, o bien secundario a un problema de formación embrionaria, como atresia intestinal, gastrosquisis, malrotación intestinal, onfalocele y otras.

La principal consecuencia de tener un intestino delgado muy corto es la malabsorción de nutrientes que conduce a retraso del crecimiento y déficit nutricional. También resulta en un tránsito intestinal muy rápido y diarrea persistente. Para mejorar la nutrición de estos pacientes puede ser necesario recurrir a la alimentación parenteral.

elongacion intestinal

Técnicas de elongación intestinal en caso de intestino corto. Izquierda, procedimiento de Bianchi con sección longitudinal. Derecha, procedimiento STEP de cortes transversales. Vía medicalexpress.net.br.

cola aeropuerto

La cirugía STEP para alargamiento intestinal funciona como los postes de separación en las colas, que obligan a seguir un trayecto serpenteante y aumentan la distancia de tránsito.

Existen varios procedimientos quirúrgicos para alargar un intestino corto, siempre buscando aumentar la superficie de absorción, la distancia de recorrido del alimento y el tiempo de tránsito. Por ejemplo está la técnica de Bianchi, donde se hace una división longitudinal del yeyuno y un re-empalme de los segmentos para aumentar la longitud total. O la técnica de enteroplastia transversa consecutiva (serial transverse enteroplasty, STEP) en la que se hacen múltiples cortes transversales de longitud parcial alternando en ambas caras del intestino, con lo que se obtiene un camino más largo, como cuando se colocan postes separadores en una cola de gente para aprovechar mejor el espacio. Aquí podéis leer una revisión sobre el tema del propio Dr. Bueno.

Estas cirugías se realizan sobre el yeyuno, la porción más larga y móvil del intestino delgado, pero hay casos graves donde no hay suficiente yeyuno ni íleon disponibles y sólo se cuenta con un duodeno dilatado. Pero el duodeno tiene dos problemas: primero, no es un segmento móvil sino que está adherido al retroperitoneo, y segundo, el duodeno enmarca la cabeza del páncreas y guarda relación con estructuras tan importantes como la vena porta, los vasos mesentéricos superiores y la vía biliar. Ello hace que aplicar técnicas de alargamiento en este segmento intestinal sea difícil y riesgoso.

elongacion de duodeno

Modificación de la técnica STEP para aplicarla al duodeno, según propone el Dr. Javier Bueno y colaboradores. A: situación preoperatoria, con un duodeno dilatado consecuencia del síndrome de intestino corto. B: el duodeno es separado del retroperitoneo y se realizan cortes consecutivos para aumentar la longitud de tránsito, sin dañar la cabeza pancreática. Ilustración original de www.ilustracionmedica.es.

El procedimiento presentado por el equipo de Vall d’Hebron consiste en liberar el duodeno del retroperitoneo mediante maniobra de Kocher y una vez movilizado se realizan secciones como en la técnica STEP, pero en las caras anterior y posterior del duodeno dilatado para evitar dañar la cabeza del páncreas.

Como comenté al principio, la noticia fue difundida por buena parte de la prensa nacional a través de EFE: El País, La Vanguardia, El Periódico, La Razón, ABC, Diario Médico, y muchos otros (con la notable excepción de El Mundo). Aquí podéis ver el vídeo del telediario de TVE1.

Para mi mayor desconsuelo la figura facilitada a las agencias por la Sala de Prensa de Vall d’Hebron no es la que os muestro más arriba, sino que se limitaron a copiar la previsualización que genera Dropbox, con una calidad bajísima, contornos y texto mal definidos y un desteñido azul-verdoso mortecino. Así que la imagen que está rulando por internet es una chufa de baja resolución que en nada beneficia mi prestigio como ilustrador.

Digo yo, si a los responsable de prensa no les extrañó difundir a las agencias un archivito de apenas 61 kb y medio borroso, imposible de pasar por imprenta, cuando les ofrecí una imagen de alta calidad a 300 dpi (por si algún diario hubiese querido ponerla en su edición impresa). He intentado contactar con los medios que la han colgado para solicitar la sustitución de la figura, pero de momento sólo me ha hecho caso La Vanguardia y actasanitaria.com. Es una lástima que un servicio de prensa de un hospital no cuide estos importantes aspectos que deslucen la comunicación de los logros científicos de nuestros profesionales médicos.

Mis felicitaciones al equipo del Dr. Bueno por su aportación quirúrgica y por su publicación en la principal revista de su especialidad. Y gracias por solicitar mis servicios.

Un ejemplo de “periodismo científico” de pacotilla

Una de las cosas de las que nos gusta quejarnos a los interesados en la divulgación científica es la distraída veracidad y consistencia de los reportajes sobre temas científicos en los medios de comunicación. El amigo Yanko del Blog del Búho o el psiquiatra/periodista Ben Goldacre de Bad Science son dos estimables ejemplos de tal preocupación. Es lamentablemente frecuente toparse con noticias en prensa o internet que ponen de manifiesto la ausencia de pensamiento científico, amén de conocimiento científico, de quienes suscriben las reseñas.

Hoy botando por Google tropecé con una reseña sin desperdicio, publicada en un portal de variedades llamado atiende.tv. El titular de la noticia en cuestión es: “HUMO DE TABACO; BUEN REMEDIO PARA LA ALERGIA”, sí, así, sin rubor, con dos (subrayar como queráis denominarlos) cojones, pelotas, testículos, testes, dídimos, oρχις, compañones, criadillas, huevos, huevazos, bolas, aguacates, golondronas, pendientes reales, turmas o algún otro que me deje de la extensa sinonimia gonadal.

Captura de la página de marras. Pinchar para aumentar, o clicar aquí para ir al sitio original.

Captura de la página de marras. Pinchar para aumentar, o clicar aquí para ir al sitio original.

Pasemos por alto el “;” donde debería ir “:” porque a cualquiera se le va una tecla, pero veamos los peros que le pongo a esta noticia.

  1. Ausencia de referencia temporal del artículo: en ningún sitio de la página encuentro la fecha en que se colgó en la web. El primer comentario de un lector (sin desperdicio, también) es de junio de 2010.
  2. Referencia al trabajo de investigación objeto de la reseña: “un estudio realizado por investigadores de la universidad de Utrech en Holanda” es toda la mención que se hace. Sería obligada deferencia mencionar  al menos al autor principal, porque eso de “científicos de tal universidad” da la impresión de que los investigadores son Oompa-Loompas clónicos. Más adelante añade “los científicos de la universidad de Utrech han descubierto que con una…” ¿Todos los científicos de Utrecht (sí, con “t” al final) participaron en el estudio? Tras nombrar al autor o autores el siguiente punto elegante es especificar el departamento de la universidad al que pertenecen. Pero la principal referencia es dónde y cuándo apareció el estudio, es decir, el nombre de la publicación y el mes y año de aparición. Cierto es que el 99,999…% de los lectores no se van a preocupar de contrastar y consultar la fuente inicial, pero a alguno nos complacería pinchar en un hipervínculo insertado en donde pone “un estudio” y saltar al PubMed o al sitio de la publicación, y no cuesta nada poner tal link, incluso sería un deber en una publicación digital. Pero ni siquiera el título del artículo aparece.
  3. Frases tajantes del tipo “se ha probado que el humo de tabaco puede prevenir la alergia”. Nada menos cierto, como discutiré más adelante. La redactora junta aquí un categórico “se ha probado” con un condicional “puede prevenir”. Inconsistencias de redacción aparte, este tipo de titulares y noticias dan la impresión al lector lego de que se trata de un hecho comprobado y de aplicación inmediata en la vida diaria.  A la gente le encanta estas sentencias fáciles de relación causa-efecto sin matices, que no obliguen a pensar, como decir que el fuego se apaga con agua. Ni siquiera en el caso del fuego es así, y si no jueguen a echar agua a un fuego de origen eléctrico como hizo Bono en el Congreso (relevante me parece que casi ningún diario hiciera constar la tamaña barbaridad cometida por el entonces presidente del Congreso, algún medio incluso le da una aureola heroica, y fueron los comentarios de los lectores y blogueros quienes pusieron en evidencia la ignorancia de ese señor… y de los periodistas).
  4. Extrapolar erróneamente conclusiones del trabajo como si fueran hechos constatados en la vida real: impresiona cuando dice “los fumadores, aún a pesar de estar sometidos a la posibilidad de padecer diferentes enfermedades, tienen algo positivo, pueden verse librados de ciertos tipos de alergias”. ¡Qué lío mental tiene la reportera! ¿Cómo se atreve a sacar tan falaz conclusión de los datos aportados por los investigadores?
  5. Tras afirmar que el tabaco es “buen remedio” y que ello “se ha probado”, la redactora matiza que no se deben olvidar los otros perjuicios del fumar y que existen otros métodos para manejar las alergias. Finaliza sugiriendo que este tipo de estudios positivos sobre el tabaco no es adecuado, o eso me parece. Nueva demostración de su carencia en asuntos científicos. El origen de estudios como éste es describir la relación entre un compuesto o grupo de ellos y un efecto biológico, con la finalidad de desentrañar los mecanismos e interacciones moleculares intervinientes que puedan dar pie a nuevos puntos de acción farmacológica. En ninguna parte del texto original hablan de los beneficios del tabaco o de su uso terapéutico en alergología, ni por asomo.

Dejemos ya tan inconsistente esquela y expongamos lo que hay: en algunos estudios epidemiológicos se ha visto asociación estadística entre exposición al humo de tabaco en niños y menor sensibilización alérgica (ojo, no de alergia al tabaco, sino de sensibilización a otros alérgenos ambientales) o menor frecuencia de episodios atópicos. Nada de esto es evidencia concluyente, pues hay aún más artículos que exponen lo opuesto. Aquí juegan múltiples factores, como si los padres padecían o no atopia, la metodología de inclusión y estadística empleadas, el área geográfica, etc. Por ejemplo un estudio en Suecia apoya el efecto protector del humo de tabaco, mientras otro coreano indica su efecto pernicioso al respecto.

Uno de los focos de atención ante estos datos han sido los mastocitos, células que liberan la histamina responsable del grueso de las manifestaciones alérgicas. Además, los mastocitos también están implicados en la patogenia del enfisema pulmonar y el asma, a través de otros mediadores que liberan, como enzimas proteolíticas y leucotrienos.

El estudio tan nefastamente reseñado por la periodista es “Cigarette smoke suppresses in vitro allergic activation of mouse mast cells” de E. Mortaz et al., del Instituto de Ciencias Farmacéuticas de la Universidad de Utrecht, publicado en Clinical & Experimental Allergy, 2009;39:679-687. Se estudió el efecto sobre cultivos de mastocitos múridos del humo total de tabaco en cuanto a degranulación mastocitaria inducida por IgE o por lipopolisacárido bacteriano (LPS) y la liberación de leucotrieno. El resultado fue que las células ahumadas degranularon menos en respuesta a IgE (que sería el mecanismo alérgico) que las células no ahumadas. Sin embargo ambos grupos degranularon igual ante LPS y no hubo diferencia en la producción de leucotrieno. En conclusión, el humo del tabaco reduciría la activación mastocitaria por vía alérgica. Esto es muuuuuuuuuuuy distinto a decir que el tabaco cura la alergia. Joder.

Este mismo grupo holandés había publicado previamente otro trabajo con un modelo similar en donde evidenciaban que el humo del tabaco aumenta la producción mastocitaria de las quimiocinas proinflamatorias MIP-1α y MIP-2, asociadas a la aparición del enfisema pulmonar. Diversos estudios de otros centros han relacionado la triptasa mastocítica con la génesis de la enfermedad obstructiva crónica.

Para terminar, jamás es directamente extrapolable un estudio in vitro y en modelo animal a la realidad humana, el humo del tabaco contiene cientos de compuestos (casi todos tóxicos) y cuando se determina el efecto de un cóctel químico el siguiente paso sería ver cuál o cuáles son las sustancias responsables del efecto observado (de entrada lo de la degranulación no parece que sea por la nicotina). Es lo que pasa con esas noticias que de tanto en tanto aparecen, como que “las nueces son buenas para el cerebro”; ¿qué componente de la nuez es beneficioso?, ¿qué parte o función del cerebro se beneficia? Nada, el reportero calla y hala y que la gente compre nueces de California a cascoporro, o si no bayas goji (¿alguien toma de eso todavía?) o la paparrucha de moda.

Se ve que no es nuevo esto de tratar el asma con cigarrillos, ya había iluminados en 1882.

Si existen compuestos con propiedades farmacológicas en la hoja del tabaco que puedan ser útiles en el tratamiento de condiciones como atopia, Sjögren, Parkinson o Alzheimer, eso no da carta de inocuidad a tan perniciosa adicción, ni convierte al cigarrillo en un aliado terapéutico. Como pasa con el THC del Cannabis, con utilidad en dolor crónico e hipertensión ocular, pero que puede administrarse por otras vías que no sean la trans-porro y no hacen de la marihuana una sana afición.

Hasta ahora la fehaciente evidencia científica apunta que la única circunstancia que combate el tabaquismo crónico se llama vida.