Epónimos: no son personas (2)

La inmensa mayoría de los nombres propios de enfermedades y síndromes corresponden a los apellidos de sus primeros descriptores, pero otras veces la denominación proviene del nombre de un paciente prínceps, de un territorio geográfico o, incluso, de personajes literarios. Ya comenté en un post de 2013 cuatro circunstancias donde los apelativos no eran apellidos de médicos o científicos: Ann Arbor (ciudad de Michigan), Chiba (ciudad de Japón), moyamoya (‘humo’ en japonés) y birdshot (‘perdigón’ o ‘perdigonada’ en inglés).

Hoy añado a la lista otras cuatro patologías con nombres guiris que no son apellidos de personas: la archifamosa enfermedad de Lyme, el también famosillo síndrome de savant y los menos conocidos mittelschmerz twiddler. Como vemos, de estos casos solamente Lyme merece mayúscula inicial.

El dolor entre reglas o mittelschmerz

Si lo leemos con mayúscula, Mittelschmerz suena a nombre alemán; y alemán es, pero no nombre, sino un término compuesto de mittel (medio, centro, mitad) y schmerz (dolor). Se refiere a un dolor pélvico que puede aparecer en mujeres a la mitad del ciclo menstrual y que se relaciona con la rotura del folículo ovárico que libera el óvulo.

Lo común es que el folículo pete silenciosamente hacia el día 14 del ciclo sin dar ningún tipo de aviso o señal de que está ocurriendo. En algunas mujeres, en cambio, la rotura folicular se acompaña de molestias o dolor pélvico debido a irritación peritoneal por sangrado ovárico u otras circunstancias relacionadas con la ovulación. El síntoma suele ser cíclico en las pacientes afectadas. Si tal dolor de mitad del ciclo fuera la norma serviría como indicador de los días fértiles y sería utilísimo para la planificación familiar, pero lo dicho, la mayoría de los ovarios escupen óvulos sin hacer ruido y sin respetar demasiado el cronograma del día 14.

folículo ovárico

Vista laparoscópica de un ovario con un jugoso folículo en el momento de la expulsión del líquido folicular que contiene el óvulo. Imagen publicada por Lousse y Donnez en Fertility and Sterility, 2008:90;833.

Debe diferenciarse el mittelschmerz de otras causas más relevantes de dolor pélvico, como apendicitis, embarazo ectópico, endometriosis o enfermedad inflamatoria pélvica. La ecografía suele ser útil para confirmar la sospecha clínica y evitar laparoscopias.

La primera descripción de este cuadro fue de William Priestley en el BMJ de octubre de 1872, bajo el nombre de «dismenorrea intermenstrual». La apelación de mittelschmerz data de 1881 y se debe al ginecólogo alemán Hermann Fehling (hijo del famoso químico Hermann von Fehling, el del reactivo de Fehling para detección de azúcares reductores).

La ortotipografía alemana suele escribir estos términos conceptuales con mayúscula (usan mayúsculas generosamente los germanos); los anglosajones son bastante laxos en poner mittelschmerz con mayúscula o minúscula y no acostumbran a usar cursiva; en castellano debemos escribirlo en minúsculas y en cursiva, y evitar construcciones como «síndrome de Mittelschmerz» que se confunden con un epónimo inexistente.

Lyme, en el condado de New London, el pueblo de las garrapatas

La enfermedad de Lyme es bastante conocida, más por aparecer en los medios por algún famosillo o famosilla del showbiz que la ha sufrido que por conocimiento real de su naturaleza. No cuesta imaginarse que Lyme sea un apellido, pero el nombre de la enfermedad proviene del pueblo de Lyme, pequeña localidad del estado de Connecticut, a medio camino entre Boston y Nueva York.

Lyme, Connecticut

Ubicación del pueblo de Lyme, condado de Nuevo Londres, estado de Connecticut.

Desde 1972 se estudiaron brotes de artritis febril en dicha localidad y otros pueblos cercanos, que en principio parecían casos de artritis reumatoide juvenil, pero posteriormente se vio su relación con picaduras de garrapata y sus frecuentes manifestaciones cutáneas, cardíacas y neurológicas. En 1982 Willy Burgdorfer aisló una nueva espiroqueta en garrapatas involucradas en la enfermedad; este microbio pasó a llamarse Borrelia burgdorferi en su honor (el género se llamaba así en honor de Amédée Borrel, investigador del Instituto Pasteur) y se confirmó como el agente causal de la enfermedad de Lyme.

Burgdorfer

Willy Burgdorfer (1925-2014), entomólogo médico. Vía irp.nih.gov.

Obviamente, el Lyme no es una enfermedad recientemente «inventada» ni desconocida antes de su caracterización en los años 70 y 80; muchas de sus manifestaciones ya se habían descrito mucho antes pero sin considerarlas una nueva entidad y sin conocer su causa. Además, la espiroquetosis de Lyme, como su prima lejana la sífilis, es parte de las grandes simuladoras, enfermedades con múltiples formas de manifestarse, que se confunden con cualquier cosa y que aparecen en la lista de diagnóstico diferencial de casi cualquier síndrome.

El reservorio de la enfermedad de Lyme está en animales silvestres —pájaros y mamíferos pequeños o grandes— de zonas boscosas del hemisferio norte, especialmente en Norteamérica y centro de Europa. En España la mayor incidencia está en el norte: Navarra, La Rioja, Euskadi, Castilla y León y zonas vecinas de monte y montaña.

El vector son las garrapatas del género Ixodes (aunque hay otras), que chupan las espiroquetas del animal infectado y la transmiten a otro en su siguiente picadura. La infección en humanos ocurre más durante el verano, debido al propio ciclo biológico del Ixodes y la mayor actividad campestre de los domingueros durante los meses de estío.

Ixodes ricinus

Estadios vitales del Ixodes ricinus: larvas de 6 patas (A), ninfas de 8 patas (B), macho adulto (C), hembra adulta (D) y su tamaño duplicado tras ingerir sangre. Tomado de Chrdel et al. Hum Vacc Immunother, agosto 2016.

La enfermedad de Lyme suele aparecer como un cuadro febril inespecífico, con artralgias y/o erupción cutánea. La manifestación más típica en esta fase es el eritema migrans, lesión rojiza en forma de diana que crece progresivamente. En algunos casos la Borrelia produce artritis, carditis y diversas manifestaciones neurológicas. La enfermedad puede cronificarse o dejar un síndrome post-Lyme.

Por lástima, no es fácil hacer un diagnóstico de certeza de la enfermedad de Lyme. Clínicamente se tiende a subdiagnosticar, mientras las pruebas de laboratorio tienen a sobrediagnosticarla por falta de especificidad. El tratamiento se basa en cefalosporinas, tetraciclinas o macrólidos.

The idiot savant, el tonto-listo

Una de las circunstancias más asombrosas de la neurología es la de aquellos individuos claramente discapacitados, dependientes, con bajo CI, dificultades de lenguaje, aprendizaje y socialización, pero que tienen una única capacidad mental extraordinariamente desarrollada, miles de veces superior a una persona normal. Esto es lo que actualmente se llama síndrome del savant, rarísima condición asociada con el espectro autista.

Los talentos prodigiosos de los savants suelen estar relacionados con una memoria hiperdesarrollada, pero se trata de una memoria mecánica, de datos, diríase de disco duro; no de una memoria operativa que ayude a procesar ideas o crear asociaciones. Esta supermemoria sirve de apoyo para expresar la capacidad especial de cada savant: unos son capaces de cálculos aritméticos complicadísimos y veloces, otros calculan o recuerdan fechas, otros identifican números primos enormes, otros son músicos excepcionales, otros recuerdan literalmente numerosos textos como si los hubieran escaneado, y otros pueden dibujar de memoria escenas complejas como si la tuvieran fotografiada en la cabeza.

La mayoría de los casos muestran sus habilidades desde edades muy tempranas y las desarrollan espontáneamente, sin necesidad de estudio ni entrenamiento. Pero fuera de ese talento prodigioso tienen grandes limitaciones para su vida diaria, para aprender otras actividades y para ser autónomos. La proporción varón-mujer es de 6:1. La mitad de los casos se acompañan de alguna forma de autismo y en la otra mitad hay otros tipos de déficits neurológicos. No hay causa conocida, no hay una única estructura cerebral alterada y tales casos siguen siendo un enigma tremendo.

Se han reportado historias de este síndrome desde el s.XVIII, pero la caracterización y el bautismo del cuadro se deben al británico John Langdon Down (1828-1896), quien se dedicó al estudio de los déficits intelectuales y retardos mentales. De hecho, de él recibe su nombre el síndrome de Down.

Dr. Down

John Langdon Down.

En 1887 presentó en una conferencia diez pacientes a los que llamó «idiots savants», es decir, «idiotas sabios». Con el tiempo se le eliminó el idiot y actualmente se suele emplear síndrome del savant o del sabio. En castellano debe escribirse savant en minúscula y cursiva, al ser un extranjerismo crudo, y no «síndrome de Savant», como si fuera un nombre propio.

Sin embargo, el término original del Dr. Down era mucho más descriptivo del cuadro, pues reunía la discapacidad mental del paciente y su habilidad extraordinaria. La aplicación de idiota en estos casos no es peyorativo, pues médicamente a quien padece una idiocia le corresponde la categoría de idiota. Una reconocida publicación de Down es Observations on an ethnic classification of idiots (1866).

Pero la utilización extramédica del término ha hecho que dejemos de usar ‘idiota’ como calificación diagnóstica, lo mismo que ha pasado con ‘mongólico’, ‘imbécil’ o simplemente ‘retrasado mental’, todos antiguamente usados en la práctica clínica, pero que se han vuelto ofensivos por su uso popular como insultos.

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The Pacemaker-Twiddler’s Syndrome…

…A New Complication of Implantable Transvenous Pacemakers. Así tituló su artículo del Canad Med Ass J de agosto de 1968 el entonces residente de cirugía cardiovascular Colin Bayliss (fallecido en 2010). El término inglés twiddle puede traducirse como girar, torcer, retorcer, enroscar o ensortijar. Se entenderá mejor a través de la expresión twiddling thumbs, extraordinariamente demostrada en este imprescindible video, que muestra una hábil maniobra que seguramente nunca hayáis hecho ninguno de vosotros en vuestra vida de mortales.

Pues eso es lo que le pasa al cable del marcapasos, que se retuerce, se enrosca, la punta del electrodo se sale de su sitio y el marcapasos funciona mal, con las posibles e incluso fatales consecuencias. Sea por problemas de fijación del generador o del cable, toqueteo transcutáneo del generador, por movimientos peculiares de los brazos del paciente (se ha descrito incluso tras fisioterapia) o por defectos del propio cacharro, el resultado es que le ocurre como a los cables espirales de los viejos teléfonos, que se enroscaban sobre sí mismos y no había manera de estirarlos. Esta complicación también se ha descrito en otros electroestimuladores, como los de médula espinal.

marcapasos enroscado

Torsión del cable de un marcapasos (pacemaker twiddler’s syndrome). Se muestra la imagen radiológica y el apecto operatorio del cable enroscado. Tomado de Arias et al. Rev Esp Cardiol 2012;65:671.

La cosa es que el pacemaker-twiddler’s syndrome se usa mal traducido en español como «síndrome de Twiddler», de nuevo imitando un epónimo inexistente y haciendo gala de desprecio a las normas del lenguaje. Para complicarlo más, el enroscamiento de los electrodos puede darse en otras configuraciones con su respectivo nombre descriptivo: ratchet (trinquete) o reel (bobina, carrete). En este artículo de Arias et al. en la Rev Esp Cardiol de julio de 2012 se explica la terminología y se propone el término «macrodislocación de electrodos», más global y adecuado.

O simplemente se podría llamar «torsión del cable» (incluso sin síndrome, que se lo tenemos que poner a cualquier cosa). Entre lo mal que hablamos y redactamos los médicos, y la de anglopaletadas que nos tragamos por desidia lingüística vamos a acabar a nivel de los brokers y entrepeneurs del bussines, con sus tradings, start-ups, networkings, coworkings, headhuntings y demás mamarrachadings, madre mía.

«Ceterum censeo Podemus esse delenda»

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Electra y el amor paterno

Hace tres años publiqué un post sobre las implicaciones médicas de la historia de Edipo de Tebas: el archiconocido complejo de Edipo de la mitología freudiana y el menos conocido edipismo o autoenucleación ocular que ocurre en algún psicótico. Ese día amenacé con dedicar una entrada a la contraparte paternofilial del Edipo, conocida como complejo de Electra, y hoy cumplo mi amenaza.

El mito clásico de Electra

El relato de Electra no se relaciona con el de Edipo. Este último pertenece al ciclo tebano mientras el primero es un ramal del enorme ciclo troyano. Alguno hay con poca cultura clásica que piensa que Electra fue la hija que cuidó de Edipo, y de allí el nombre del otro complejo freudiano, pero nada menos cierto. La abnegada hija de Edipo era Antígona, ejemplo del cuidado paterno pero sin oscuridades libidinosas.

Electra (Ἠλέκτρα) fue, ni más ni menos, la hija de Agamenón y Clitemnestra, sobrina por tanto de Menelao y Helena, hermana de Orestes, Ifigenia y Crisótemis. Una familia disfuncional donde las haya –¡ay!, si hubiesen existido las “constelaciones familiares” entonces…

Electra, apegada a su padre, el Rey de Micenas, tuvo que separarse de él cuando éste partió a la cabeza de la coalición aquea contra Troya. Durante ese penoso decenio Electra tuvo que sufrir cómo la pajarraca de Clitemnestra se amancebaba con Egisto, primo de Agamenón y un trepa de cuidado.

En descargo de Clitemnestra hay que considerar que fue desposada forzosamente con Agamenón después de que éste matara a su primer marido, Tántalo, y los hijos habidos con él (no confundir a este Tántalo con el otro más famoso, condenado a eterna sed y rodeado de agua que no podía beber, cosa que en oftalmología da nombre al ojo seco tantálico, es decir, aquel que está seco pero a la vez llora). También Agamenón entregó a Ifigenia, hija de ambos, como víctima propiciatoria antes de la partida a Troya, cosa que no pudo perdonar Clitemnestra.

Agamenón volvió victorioso tras la toma de Troya, pero la alegría de Electra fue breve. La terrible dupla Egisto-Clitemnestra aprovechó mientras el rey se relajaba en un baño para abrirle la cabeza como un coco. Electra logró salvar a su hermano pequeño, Orestes, de las manos de Egisto y expatriarlo a escondidas a un reino vecino donde fue criado por amigos de Agamenón. A partir de entonces el odio de Electra hacia su madre fue irrefrenable. Fue apartada de la corte y relegada a vivir pobremente entre las criadas.

muerte de Agamenón

Asesinato de Agamenón. Cuando el rey salió del baño se puso un albornoz que le acercó Clitemnestra, pero en realidad era una red para atraparlo. En esta crátera ática del 460 a.C. (Museum of Fine Arts, Boston) vemos a Agamenón envuelto en la red y a Egisto dispuesto a matarlo, detrás de Egisto está Clitemnestra con un hacha en la mano derecha y tras el rey su hija Electra espantada. Las otras dos mujeres podrían ser Crisótemis y la cautiva Casandra.

Electra y Orestes

Electra, Orestes y Pílades ante la tumba de Agamenón. Cuando Orestes vuelve de incógnito a Micenas y va a rendir ofrendas a su padre se reencuentra con su hermana a la que no veía desde su huida años atrás. (Cerámica del s.IV a.C., Louvre).

Durante los siguientes siete años Electra conspiró contra los usurpadores del trono hasta lograr el retorno de su hermano Orestes, ya adulto, quien cobró venganza con las vidas de los conjurados, incluyendo a su propia madre.

Tras el matricidio Orestes se volvió loco y huyó perseguido por las Erinias (alegoría del remordimiento), vagando por variados territorios hasta que al final fue sometido a juicio ante un jurado popular y absuelto por mayoría simple.

Electra acompañó y cuidó de su hermano desquiciado y al final se casó con el compañero de crianza y mejor amigo de Orestes, Pílades, con quien tuvo dos hijos y parece que vivió en paz, cosa rara en la mitología griega.

El relato de Orestes y Electra ha inspirado montones de versiones desde la Grecia clásica hasta los tiempos modernos. Obviamente los tres grandes trágicos, Esquilo, Sófocles y Eurípides dedicaron múltiples obras a estos personajes.

También han sido pasto de los libretistas de ópera. Electra es un personaje secundario de la ópera Idomeneo re di Creta, uno de los primeros éxitos teatrales de Mozart; aquí Electra aparece refugiada en la corte de Idomeneno tras huir de Micenas debido al matricidio y sirve de excusa para un triángulo junto a Idamante, hijo del rey, e Ilia, una cautiva troyana. Aun siendo secundaria, el personaje de Electra canta las dos arias más intensas y famosas de esta obra (aquí, 1 y 2).

Pero la mejor adaptación operística, sin lugar a dudas, es la Elektra de Richard Strauss (1909), con un sangrante libreto de von Hofmannsthal basado en la Electra de Sófocles. Una obra oscurísima, mentalmente extenuante por su intensidad, a pesar de no ser muy extensa, y con una música revuelvetripas perfecta para la ocasión.

Händel, Taneyev y Theodorakis también compusieron sobre estos personajes.

Orestes y Clitemnestra

Orestes a punto de asesinar a su madre Clitemnestra, seguido probablemente por Electra y Pílades. Cerámica ática, museo del Louvre.

Electra y la electricidad

Ciertamente el malhumorado, irritable y empecinadamente vengativo personaje de Electra echaba chispas, pero no viene de allí la relación con el mundo eléctrico. En griego, electro/electron (ήλεκτρον) significaba brillante o emisor de chispas, por ello se llamaba así a la lustrosa aleación de oro y plata (como la que cubría el piramidión de las pirámides de Giza) y en especial se refería a la resina del ámbar, la cual al ser frotada con piel se cargaba eléctricamente y emitía algún chispazo, además de atraer vellos y pelusas, como había observado Tales de Mileto.

Así que si Electra hubiese sido un invento del moderno Hollywood se habría llamado Amber, nombre más propio de actriz porno o pilingui de Las Vegas que de la hija del mismísimo rey de reyes argivo.

El término actual de electricidad fue introducido en 1600 por el médico inglés William Gilbert (1544-1603) en su obra De Magnete. A la medicina no parece que Gilbert contribuyera mucho, pero fue el primer estudioso serio de los fenómenos eléctricos y magnéticos, aunque sin saber que se trataban de la misma fuerza. Gilbert experimentó sobre la electricidad estática, la electrificación por frotamiento e inventó el primer electroscopio. También estudió los imanes, la imantación y se aventuró a proclamar que el planeta tenía un enorme campo magnético. Ya se encargarían después Faraday y Maxwell de dar forma y matemática al electromagnetismo.

El mito psicoanalítico de Electra

Freud planteó su complejo de Edipo en 1910 y posteriormente lo desarrolló en su obra “Tótem y tabú”. En 1912 su colaborador Carl Jung sugirió en su “Ensayo de exposición de la teoría psicoanalítica” llamar complejo de Electra a la contraparte niña-padre del Edipo freudiano.

Se supone que este complejo aparece durante la fase fálica (3 a 5 años, o poco más) junto al “complejo de castración” y la “envidia del falo”. La niña migra su objeto erótico de la madre hacia el padre y desea suplantar a su madre como posesora del amor sexual paterno. Esto es lo que concluyeron las borboteantes mentes freudianas de la típica respuesta “me casaré con mi papá” que da cualquier niña de 4 años.

Mirándolo bien, el nombre del complejo cojea un poco, pues se centra en el deseo de eliminación de la madre, pero Electra ansiaba destruir a la madre por venganza del honor paterno, no por una inclinación incestuosa hacia Agamenón que no figura en ninguna versión del mito. Pasa igual con Edipo, que si bien mató al padre y se empotró a su madre fue sin saberlo y sin quererlo.

Relatos antiguos e incestuosos hay un buen puñado. Sin ir muy lejos el mismo Egisto causante de los males de Electra fue producto de un violento incesto, pues su madre Pelopia era hija de su padre Tiestes, quien la violó para tener un hijo que, según el puto oráculo de turno, se cobraría las cuentas pendientes con su hermano Atreo –padre de Agamenón y Menelao, vaya pastel familiar, ni los Carmona-Heredia-Cortés se lo montan así.

Otro ejemplo, ahora bíblico, la historia de Lot y sus hijas. Lot fue el sobrino de Abraham que se salvó del cataclismo de Sodoma; conocido es que durante su huida Lot perdió a su esposa –la famosa estatua de sal– y se refugió en una cueva a vivir como troglodita con sus dos hijas. Éstas, carentes de varón que las preñase, decidieron inducirle sendos palimpsestos alcohólicos a su anciano padre (a saber de dónde sacaban tanto vino) y aprovechar su embriaguez para embarazarse de él. La mayor lo hizo una noche y la menor a la siguiente.

Ambas parieron, una a Moab y otra a Amón, patronímicos legendarios de los moabitas y amonitas; estos pueblos fueron rivales de los israelitas y ya se sabe que la tradición hebrea gustaba dar orígenes deleznables a sus vecinos, como el bastardo Ismael del que descienden los musulmanes, los edomitas descendientes del que cambió su herencia por un plato de lentejas o los dos pueblos mencionados, de origen incestuoso.

El hecho más pasmante de la historia de Lot es cómo demonios puede un señor anciano y borracho hasta las trancas cumplir como un Ron Jeremy supermachote repetidamente. O el buen hombre era un portento de la virilidad o bien sus chicas conocían el arte del óxido nítrico en los cuerpos cavernosos.

“Ceterum censeo Podemus esse delenda”

¡Basta ya de tonterías! Es la anticivilización (parte II)

Continúo con el desahogo de la bilis que me genera el ascenso de los más mediocres, congregados en Podemos y su agrupaciones lameculísticas. En la primera parte comenté cuatro patrones que se repiten cada vez que triunfa la anticivilización: el demagogo antisocial, la masa obediente, el movimiento populista y los grupos y acciones radicales que violentan el equilibrio social. Todos estos patrones tienen reflejo en la situación actual española.

Yo conozco bien este proceso, como todo venezolano de bien, por haber pasado por tan desagradable trago. No en vano han sido venezolanos emigrados los primeros en manifestarse en contra del esperpento populista podemita cuando aún no apuntaban nada en el panorama electoral.

Venezuela como campo de entrenamiento

Da un inmenso dolor ver cómo tu país se pudre en la barbarie más mezquina, más salvaje, más arbitraria y ciega. Una ruina en todo sentido que es responsabilidad del chavismo; antes de ellos el país ya era un desastre, pero era un país, ahora es un estercolero al borde del estallido y sin sin solución en el horizonte, aun desapareciendo el régimen.

Da un dolor iracundo ver que unos malditos que pusieron sus granitos en la “regolusión bolivaeriana” y sacaron pingüe provecho de ello, se erijan en epítomes de la democracia y la justicia social en España. ¡Malditos mil veces! Es una banda destructora, sin respeto por los demás, sin capacidad para proponer soluciones factibles pero con un poder para derruir y provocar caos, ya que su motor no es el bien común (ni siquiera el propio) sino el odio, el rencor y el revanchismo que han bebido de su catecismo.

Todavía no se sabe del todo la profundidad de la implicación de los malditos de CEPS en el desarrollo de la tiranía chavista ni cuánto ha sido el beneficio que han sacado –o sacan– de la destrucción de Venezuela. Tarde o temprano se aclarará.

Se puede inferir que la pandilla infame creadora de Podemos usó mi país como un campo de entrenamiento, como una prueba piloto de sus armas de destrucción social. No fueron allí a aprender, sino a enseñar: cómo restringir la libertad de medios, cómo manejar a los disidentes, cómo adoctrinar a la turba, cómo usar las fuerzas de represión (¡qué buenas son cuando son ellos quienes las comandan!) para inducir miedo, cómo usar a los propios círculos vecinales para controlar a pie de calle a la población.

Del agusanado régimen castrista también aprendió el chavismo todo esto, y además aprendió la administración del hambre: quien ocupa su tiempo en lograr el mínimo avituallamiento para que subsista su familia no puede perder horas en actividad política ni en maniobrar contra el tirano. Así que el racionamiento, además de consecuencia inevitable de un sistema ineficaz, es un medio de control de masas. Pero hasta eso se les ha ido de las manos a los mandriles chavistas, animales irracionales como son, incapaces de hacer nada con tino.

Y a cambio de contribuir con la eutanasia nacional, los malhechores de Podemos recibieron una millonada del régimen. Dinero de la gente que no tiene alimentos ni medicinas ni seguridad ni futuro. Dinero producto de la mayor corrupción de Latinoamérica, de un narco-Estado que nutre guerrillas fuera de sus fronteras y emboliza su ideario a otros lugares. El émbolo séptico que nos tocó aquí se llama Podemos, Iglesias, Errejón, Verstrynge, Monedero…

Vano es el intento de esta gentuza por desvincularse de su papel en Venezuela y de su afecto por la causa nociva del chavismo. Youtube es un auténtico libro de historia y allí se encuentra valiosa documentación del pasado de la pandilla. Náusea infinita ver al enclenque Iglesias lagrimeando por la memoria del psicópata Hugo, oír al niño maligno Íñigo adoctrinando a la turba roja. Soportar a toda esta hez hablando de mí país como si en algo les importara, aguantar que esa bolsa de mierda ignorante a la que llaman “Kichi” niegue miserablemente el sufrimiento diario que mi familia afronta en Venezuela.

Vano, digo, es que estos malhechores simulen moderación, porque sus palabras y gestos están ahí. También el psicópata Chávez fingió moderación en 1998, cuando aspiraba a la presidencia. Ahí están los videos de la época donde el infame gorila se va por la tangente al ser preguntado sobre Cuba y Castro. Toda esa moderación se fue al carajo cuando los destructores chavistas coparon las instituciones. Cuba se hizo el referente y la miseria el credo.

Ya advertí en otro post del triste paralelismo en la historia reciente de España y Venezuela. Quizás de no haber el gallinero electoral de este añito que llevamos no se oiría tanto de Venezuela en los medios españoles. De no tener en casa la amenaza de los hispanochavistas importarían mucho menos las calamidades que allá acontecen. Pero si ello sirve para frenar el ascenso de la anticivilización pues al menos que valga la moraleja.

El problema de la educación y la universidad

Sumamente inquietante es el origen de este proceso basurístico: la Universidad. Atormenta ver el apoyo de estudiantes a una causa falsaria, cómo acuden henchidos de ilusión a escuchar las bobadas de los líderes morados. La juventud es fogosa, idealista, busca utopías y, como toda masa, es proclive a atender aquello que quiere oír. Todos queremos cambiar el mundo, pero hay que hacerlo para bien y con seso.

Que los núcleos educativos sean nido de movimientos de esta calaña es signo de lo que pasa cuando no se hacen las cosas bien durante mucho tiempo. Un sistema donde se relaja la exigencia académica y cualquier intento por elevarla es visto como un ataque a la libertad educativa; donde no se aprende una perspectiva del mundo y de la historia, sino solo contenidos tabulados en un programa, si acaso.

Una universidad tarada de endogamia, de enchufismo y de politiqueo de comadres, donde se puede medrar sin mostrar méritos, donde incluso se llega a “cátedro” con un bagaje de poca monta y se califica cum laude a casi cualquier tesis –¡hasta la de la monja Forcades, sobre medicina alternativa!

Entiendo la universidad como templo del conocimiento, no del activismo radical, pero parece que esto forme parte del pensum de muchos centros (no solo en España, por supuesto). ¿Es bueno que los campus universitarios estén pintarrajeados y empapelados de consignas políticas extremistas? Incluso una facultad médica como la del Hospital Clínic de Barcelona, enclavada dentro del hospital y ajena al campus suele tener su venerable vestíbulo empapelado con proclamas. Las universidades lo permiten en pro de la tolerancia y la libertad de expresión, pero como siempre, ello es aprovechado por quienes no toleran ni respetan la libertad individual. De allí provienen todos estos lumbreras.

Un líder intelectualmente nulo

Con mucha frecuencia se tilda al narciso antisocial de Iglesias de persona inteligente, preparada, con gran dominio de la elocuencia y del uso de los medios. Incluso sus detractores alaban estas características en él. Yo opino lo contrario: ese señor es un absoluto ignorante, un mediocre sin paliativos, un producto de esa universidad superficial que antes denuncié. Este movimiento asume una pseudointelectualidad mal entendida, una incultura bañada de pose.

Bastaría aquel día que vomitó aquello de que Newton descubrió la Relatividad para haberlo devuelto a primaria. Aquello no fue un lapsus, fue una muestra de prístina ignorancia emitida con el mismo aplomo con el que este demagogo dice todas sus bobadas, como si fueran verdad evangélica; allí mostró que no sabe nada sobre nada, que todo lo quiere llevar a su concepción aberrante de la política. “A los liberales les gusta Newton”, ¡vete a hacer puñetas, imbécil!

Cada vez que este nulo cita a algún autor serio o un hecho histórico mete la pata, todo lo tergiversa, todo lo quiere amoldar a su catecismo. Un catecismo limitado y sectario que bebió desde niño, inculcado por familia materna y paterna. Y este bruto es profesor universitario, cuánto más no ha llegado a candidato presidencial, si para ello hace falta mucho menos currículo.

Este tipo es un saltimbanqui, un payaso, un trilero, sólo maneja la concepción del espectáculo, como lo demostró en las Cortes y cada vez que sale por TV (o sea, constantemente). Explota su personalidad histriónico-narcisista para hacer de vedette.

Y sus correligionarios, más de lo mismo, una sarta de ignorantes, de síndromes de Dunning-Kruger, gente que ha vivido sin verdaderas carencias materiales pero sí intelectuales, desde las contorneadas cejitas del viperino Errejón, la pijotera Bescansa o la absolutamente nula Colau, extremo de la inutilidad y el vacío. Y paro de nombrar porque no tengo ondansetrón a mano.

No es de extrañar que un buen cacho del “mundo de la cultura” apoye con fervor y firmas a estos payasos. Hay una borrosa línea entre la cultura y el espectáculo; en lo personal no creo que una caterva de actorzuelos entretenedores, subvencionistas, saltimbanquis como su líder, deban considerarse representantes de la Cultura, como mucho son espectáculo, y con frecuencia poco edificante.

Agradecimientos a todos los responsables

A este extremo no se llega por mala suerte, sino que es producto de mucho tiempo y mucha gente haciendo las cosas mal. Paso a darles mis más efusivos agradecimientos.

En primer lugar a los partidos que han monopolizado la democracia española desde la Transición. Gracias por haber administrado mal, por haber puesto vuestros chiringos por delante del bien común, por haberos hecho insoportables para le gente decente. Mil gracias por haber engañado, estafado, malversado, robado a dos manos. Un millón de gracias por crear un sistema educativo que premia la mediocridad y un sistema fiscal que penaliza el trabajo, un estado que subvenciona en vez de invertir. Si todo el mal fuera para vosotros ya estaría bien que los ultras populistas os defenestraran, pero las consecuencias de esto son para todos nosotros.

Gracias al sistema universitario por servir de vivero a esta ralea, por no tener toda la seriedad que tan egregia institución requiere, por ser patio de comadres y por vivir encapsulada.

Gracias a las Administraciones del Estado, incluyendo la judicial, por ser tan buenecitas con la gentuza que pervierte el orden. Que okupas, cuperos, antisistemas violentos, anarquistas y demás prosélitos del porro y la litrona campen a placer en nuestras ciudades es por simple dejación en aplicar la ley. La administración está para proteger a quienes trabajamos para pagarnos nuestros gastos.

Gracias a los que se niegan a aceptar que la Guerra Civil Española terminó hace 77 años y la dictadura franquista hace 40. No se puede caminar con la cabeza totalmente vuelta atrás sin tropezar repetidamente. Comprendo a la perfección la abominación que suscita el recuerdo franquista en quienes fueron jodidos por aquello, porque es lo mismo que me pasa a mí con el chavismo. El fantasma de una restauración franquista aquí es insignificante, imposible, pero muchos jóvenes que siquiera vivieron el régimen han comprado el erróneo discurso de una Arcadia republicana donde todos eran libres y felices.

Agradecimiento muy especial a los medios de comunicación por mantener en perpetua antena a estos gañanes, por servirles de megáfono pues, sea para apoyarlos o criticarlos, constantemente se habla de ellos. Algunos medios incluso están formalmente entregados a la paranoia podemita. Muevo la sopa y sale a flote alguien de Podemos, estoy harto. Incluso hasta yo he dejado que se infiltren en este pobre blog, que debería centrarse en cosas de Ciencia y de ilustración.

“Que no, tranquilo, aquí no va a pasar nada”

Frase de muchos amigos optimistas y cándidos. Sinceramente me parece que no valoran la magnitud del problema. Cuando algo parece tan desorbitado e irreal cuesta verlo como una factible amenaza. ¿Es creíble que estos civilizados pueblos europeos de tan larga civilización se enfrasquen en una carnicería de odio ciego? Y sin embargo pasó en la Segunda Guerra, y antes en la Gran Guerra y antes cuando Napoleón y así hasta donde llega la vista. Eso tan descabellado pasó aquí.

En Venezuela muchos decían lo mismo, “no, aquí no puede haber comunismo”, y de inmediato hubo invasión institucional cubana, expropiaciones, censura de medios… Superaron todas las expectativas de desastre.

No os confiéis de esta gentuza. “No, aquí no podrán hacer lo que dicen, estarán controlados”, pues os digo que esta gente es como la maleza que si anida en una grieta, crece y va abriendo la grieta cada vez más. Si alcanzan una masa crítica darán muchos problemas. “No, que la gente no es tonta”, pues parece que uno de cada cuatro votantes apenas tiene luces para votarles a estos.

¿A quién puede votar un simpatizante de izquierdas que no desee a esta banda? Pues entre los partidos que se han entregado al hocico del depredador, como la extinta Izquierda Unida, y los que aceptan a Podemos como un interlocutor válido y hasta cogobiernan en múltiples sitios, son pocas las opciones, si es que hay. Los trileros de Podemos no pueden ser interlocutores en nada, no tienen cabida en la civilización, están en otra liga donde el sentido común y el respeto no existen. Quizás sea por deformación profesional, pero yo no me pongo a dialogar con una infección o un tumor: les doy tratamiento.

Votad a quien os dé la gana, a lo que os salga del terciopelo vulvo-escrotal, aunque sobre la mesa estén los de las tramas de corrupción, los de los sobres, los que llevaron a España al borde del rescate, los niños del IBEX y poco más. Lamentablemente cualquier cosa es preferible a la anticivilización hispanochavista.

En fin, seré yo un mierda triste apátrida y me tocará de nuevo buscar otro sitio, huyendo de quienes no dejan a la gente normal vivir en paz. No quiero ver cómo reducen esto a escombros y comercian con la chatarra.

Adenda 27/6/2016
Suerte hubo de que no se cumpliera el catastrófico escenario predicho por las encuestas, pero la basura sigue allí, con sus mismos escaños, esos 71 bichos que la cánida encargada de Podemos Andalucía tuiteó ufanamente como “escaños del pueblo”; debe ser que quienes no les votamos no pertenecemos al género humano, a lo mejor ni somos seres vivos según su cortedad mental. Curiosas matemáticas las que permiten a los malditos conservar sus diputados a pesar de perder más de 1,2 millones de votos (enhorabuena a los votantes arrepentidos), mientras los otros dos partidos, con menor pérdida de votos, sí dejaron escaños por el camino.

¿Será que los demás partidos tomarán el recado y harán las cosas con un poco más de cordura? ¿Trabajarán más por el bien común? Difícil que ese recreo de parvularios madure, pero a ver…

La amenaza hispanochavista sigue allí y seguirá dando por el ojete sin tregua. Insistiré en usar la machacona frase de Catón el Censor pero cambiando Cartago por Podemos, pidiendo su desaparición absoluta. A Catón le funcionó, así que “ceterum censeo Podemus esse delenda”, cojones.

 

¡Basta ya de tonterías! Es la anticivilización (parte I)

“No puedo sufrir el dolor de un diente y que la lengua no vaya a él”
Giraut de Bornelh
Trobador occitano, s.XII

Estoy harto y lleno de ira, estoy hasta lo que vienen siendo los mismísimos cojonazos. Tengo la albugínea inflamada, el dartos hecho virutas y el cremáster deshilachado. Me asombra, me indigna, me marea que en estas Españas de tan larga historia tenga semejante auge un movimiento de mediocres como el de Podemos y demás despojos satélites.

Muy mal se han estado haciendo las cosas en estas décadas y muy desorientado debe estar un buen cacho de la sociedad para que ese proceso de limitados intelectuales apunte tan alto. Y no se trata de hacer propaganda de miedo y de que “viene el lobo”, porque el lobo ya es conocido, ha demostrado su poca lucidez al frente de importantes ayuntamientos, ha hecho las performances más infames y payasas en esos 111 días de esperpento de la pasajera legislatura sin gobierno.

Pero no hacía falta que mostraran su peligro y ausencia de inteligencia, pues quien se presente esgrimiendo las ideas rancias, caducas, malolientes y demostradamente deletéreas que defiende esta sarta de limitados ya da suficiente evidencia de la amenaza que representan para la gente normal, que no milita, que quiere trabajar y vivir en paz.

Advertencia: en lo que aquí digo no vale la falacia de que quien abomina algo es porque apoya la opción opuesta (como si por ser anti-Barça uno automáticamente es un merengón impenitente, o viceversa), pues puede no estarse de acuerdo con ninguna de las opciones disponibles. El mundillo político me parece demasiado cochino.

El reconocimiento de patrones

Una de las características neuropsíquicas más destacables del ser humano es su capacidad para reconocer patrones; es una habilidad que ha ayudado a la supervivencia de la especie al facilitar la toma de decisiones basadas en experiencia previa, a adelantarse a una contingencia y evitar males o a seleccionar aliados dentro del grupo. La Historia está llena de patrones que se repiten, procesos que cambian de protagonistas y atuendos pero que en el fondo siguen los mismos pasos y tienen similares consecuencias. Pero la falta de conocimiento y de perspectiva histórica en la gente le restringe para reconocer un patrón conocido que se repite ante sus narices.

En Medicina decimos que no se puede diagnosticar lo que no se conoce. Igualmente, el desconocimiento de la Historia no deja ver que esa banda de facinerosos que venden nueva política y progreso se respalda en un nefasto corpus ideológico centrado en destruir, violentar, execrar y que ha sido responsable de mucha infelicidad y desgracia. La anticivilización.

Populismo, totalitarismo y tiranía

El primer patrón histórico es el de los movimientos populares conducidos por demagogos que invariablemente acaban en desastre y/o tiranía. Veamos a brochazos muy gordos unos pocos ejemplos.

Una primera aproximación la vemos en el fin de la República romana, cuando tras décadas de enfrentamiento, los optimates (representantes de la élite adinerada) son barridos por los populares (adinerados, pero “defensores” del pueblo), los sucesores de César iniciaron las dinastías imperiales absolutistas donde nadie rechistaba y la gente tenía “pan y circo”.

La madre de todas las revoluciones, la Revolución francesa, auténtico movimiento proletario que puso patas arriba el sistema y demostró lo que ocurre cuando el poder político se rige por rencor y revancha: escabechina y régimen del Terror. La revolución se comió a sí misma y acabó en Napoleón, emperador responsable de 13 años de guerra paneuropea.

La Revolución bolchevique de 1917 es la inspiración de todos los movimientos de izquierda hasta la actualidad. La “dictadura del proletariado” inevitablemente pasó a ser dictadura a secas con purgas permanentes contra cualquiera que osara levantar el cogote. También unos cuantos millones de víctimas. Otros tantos movimientos populares acabaron en régimen totalitario en China, Camboya, Corea, Vietnam o en ese forúnculo enquistado en América que es Cuba.

No todos los populismos son de izquierda, pues el más catastrófico surgió del populismo nacional-socialista alemán. Estos perfeccionaron las herramientas de influencia de masas y control de medios que les permitió hacer sus enormes hijoputadas con aplauso colectivo.

populismo-totalitatrismo-tiranía

Proceso inevitable por el que un movimiento populista capitaneado por un demagogo pasa a un totalitarismo que excluye y persigue a los que no pertenecen al grupo, y finalmente se dedica a gobernar sólo para la cúpula de poder.

Los ejemplos más recientes son los populismos de la más baja estofa que han proliferado en América Latina, iniciados por un psicótico Chávez en Venezuela y replicados en otros países de la zona. Han seguido a la perfección el manual:

  • Dentro de una crisis institucional y económica surge un gran demagogo que administra el descontento, pero sobre todo los intensos resentimientos y deseos de revancha de los sectores populares.
  • El demagogo y sus adláteres tienen un pasado turbio. Han participado en situaciones francamente antidemocráticas, sea intentonas golpistas, manifestaciones violentas, etc., que después se venden como parte de la épica revolucionaria. Han hecho alarde de su desprecio por la democracia y el respeto a los demás.
  • El demagogo aglutina una sarta de partiditos minoritarios y movimientos sociales (“mareas y confluencias” se podría decir) que lo ayudan a alcanzar poder político mediante cauces constitucionales. Esa miscelánea de partidos será después devorada por el gran partido del demagogo.
  • Una vez en posición de mando dinamitan las instituciones desde dentro. Niegan cualquier posibilidad de consenso con los representantes del “antiguo Estado”. La democracia es la que ellos dicen y la que les conviene.
  • Los demagogos institucionalizados se apoyan en mamporreros vecinales, sindicales o estudiantiles constituidos en “círculos” para hacer trabajo sucio: reventar plenos, reventar actos de gente que opina diferente, reventar cabezas si hace falta. Posteriormente esos “círculos” resultarán útiles en labores de delación y mando directo a pie de calle. Actualmente existe la versión de hostigamiento por redes sociales.
  • Cualquier revés del “proceso” se justifica por los enemigos internos y externos que en realidad atacan al Pueblo encarnado en el demagogo. Cualquier acción de dudosa corrección o legalidad de un miembro del “proceso” tiene explicación y amparo.
  • Cuando inevitablemente sobreviene la ruina y la protesta general, el “proceso” evade cualquier mecanismo legal que pueda usarse en su contra y actúa con total prevaricación para aferrarse al poder o morir matando. Ya se sabe que ninguno de estos Reichs ha durado mil años.

Podéis marcar en esta lista las cosas que han ido haciendo los pedos con barbita de Podemos; seguro serán muchos los checks.

La psicopatía del líder

En psiquiatría se ha discutido mucho sobre los perfiles de personalidad de los líderes políticos a lo largo de la Historia. Hay de todo, desde arribistas sibilinos hasta esquizofrénicos de camisa de fuerza. Pero un perfil repetido con demasiada frecuencia es el del trastorno antisocial.

Mira por donde el alfeñique cifótico de Iglesias muestra numerosos rasgos de los trastornos de personalidad del Grupo B según el DSM-5, es decir, personalidad antisocial, histriónica y narcisista. Obviamente esto no es un diagnóstico, pues ni soy psiquiatra ni espero jamás tener una entrevista con semejante espécimen. Veamos algunos rasgos escogidos de estos tipos de personalidades según los manuales psiquiátricos:

Rasgos antisociales:

  • Dificultad de adaptarse a las normas establecidas, el antisocial se crea su propio código de valores y ello lo lleva a “cabalgar contradicciones” frecuentemente, bordeando la línea de la legalidad cuando no saltándola abiertamente.
  • Irrespeto por los derechos de los demás y falta de remordimiento ante el daño que pueda hacer a otros, pues ello encuentra justificación en su código personal de conducta y en los beneficios que obtiene.
  • Deshonestidad, mentir repetidamente, esconderse bajo alias, estafar a otros por beneficio o placer.
  • Irritabilidad, agresividad, irresponsabilidad. En el perfil antisocial es frecuente el abuso de sustancias y se encuentra en un elevado porcentaje de población carcelaria.

Rasgos histriónicos:

  • Necesita ser el centro de atención. La relación con otros está marcada por comportamiento seductor o provocador.
  • Expresión emocional superficial y cambiante.
  • Usa su aspecto físico para llamar la atención y desmarcarse del resto.
  • Forma de hablar subjetiva y carente de matices.
  • Autodramatización y teatralidad exagerada.

Rasgos narcisistas:

  • Grandioso sentido de autoimportancia, fantasías de éxito ilimitado.
  • Cree que es especial, exige admiración, es pretencioso y espera cumplimiento rápido de sus expectativas.
  • Interpersonalmente explotador, usa a los demás para su beneficio.
  • Carece de empatía y de identificación sincera hacia los demás.
  • Con frecuencia es envidioso o se cree víctima de envidias.
  • Actitudes arrogantes o soberbias.

Os será fácil reconocer muchos de estos rasgos en gente a la que le gusta mandar, sean líderes históricos o actuales. Sin ir más lejos, Donald Trump o Putin –¿alguien imagina un mundo encabezado por estos dos?–, el dueño de corea del Norte, Berlusconi o Chávez. Pero no solo corresponde a grandes estrategas de la política, sino que tales rasgos están en jefes de empresa, encargados de una sección, dirigentes vecinales y hasta en el mierdecilla de la coleta.

Este espécimen concreto transmite un claro aplanamiento afectivo y una inquietante ausencia de humor que no invitan a pensar nada bueno. Siempre me ha llamado la atención al ver documentales de la Alemania nazi cómo es casi imposible ver una grabación previa a su acceso a la Cancillería donde se vea a Hitler sonriendo; posteriormente si hay momentos donde mostraba su cretina sonrisa, como cuando acariciaba su pastor alemán. Algo así se aprecia en Pablete, pues desde que en mala hora saltó a los medios nacionales y fundó partido mantuvo el ceño fruncido, el rictus serio, como si cargara el sufrimiento de la Humanidad sobre sus mesiánicas espaldas. Hasta que no pisó la alfombra del Congreso no vimos todo el esplendor de su macabra sonrisa de dentadura yonquioide, y sus “bromas” basadas en lanzar ofensas y perolas de estiércol dialéctico.

La gente escucha lo que quiere oír

Para que se cumpla la ecuación según la cual el personaje con el segundo patrón descrito (el demagogo antisocial y narcisista) establece el evento histórico definido por el primer patrón (el movimiento popular que acaba en tiranía), hace falta un tercer elemento: la masa de población obediente. Este es un patrón persistente, estudiado por la sociología y la psicología de masas.

No hay líder sin un grupo humano que le siga y cumpla sus órdenes. Ningún movimiento histórico, sea nacional, militar, político, religioso, incluso deportivo, puede concebirse sin una masa humana que lo apoye, sin individuos que limiten su pensamiento crítico personal en pro del pensamiento del grupo, el cual está determinado por los cabecillas y, en última instancia, por el líder.

Para que surja el seguimiento popular el demagogo cumple una premisa elemental: decirle a la gente lo que quiere oír. Que en USA hay un buen segmento de la sociedad que no quiere inmigración, no quiere un Estado inmiscuido en asuntos privados y desean tener armas, pues va Trump y les rebuzna lo que quieren. Que en España hay un estrato acostumbrado a un Estado sobreprotector, al subsidio, a mejor todos pobres que no algunos ricos, pues va Iglesias y esgrime sus bobadas a quien pueda interesar. Es la idiosincrasia del país y su historia reciente lo que determina el auge de un populismo derechista (Austria, Francia, Holanda) o de izquierda (España, Italia, Grecia).

Dentro de la masa seguidora hay de todo: los que se acogen por sentir protección, lo que se resignan por miedo a la exclusión, los que apoyan el movimiento más por contrariar al grupo opuesto que no por convicción y, por supuesto, están los ciegos acólitos, fanáticos y activistas, en quienes descansa buena parte del éxito del movimiento. En este último grupo están los ideólogos, los que dan discursos y azuzan a la masa, y también están sus ejecutores, habitualmente impensantes violentos (como claros ejemplos están los sindicaleros Bódalo del SAT o Garganté de la CUP). Habría que destacar las hordas que actúan en las redes sociales, mamporreros digitales de fe ciega en su causa.

Hay aún un cuarto patrón que se repite periódicamente: la escalada de movimientos extremistas de distinto signo que pugnan entre ellos a ver quien la hace más gorda y así hasta que la cosa toma una dimensión colosal y sobreviene un cataclismo que jode a todo el mundo. Pandillas violentas anti-fascistas y neofascistas, movimientos okupas, antisistemas de todo tipo, yihadistas, nacionalistas radicales diversos, hooligans deportivos (¿alguien recuerda una Eurocopa más violenta que ésta de Francia?). La anticivilización vence cuando la sensatez escasea.

En la segunda parte abordaré los dos aspectos que más me revientan del miserable demagogo y su mediocre legión podemita: el uso que hizo y hace de mi finada patria, Venezuela, y el insultante velo de intelectualidad de origen universitario con que se presentan los cabecillas de tal banda de facinerosos.

Cibercondría o hipocondría 2.0

Las nuevas tecnologías traen nuevas opciones, nuevas conductas y modas, nuevas palabras y hasta nuevas enfermedades. En un cibermundo donde todos somos cibernautas es obligado que existan ciberpatologías.

Se viene llamando cibercondría a la forma de hipocondría donde el afectado alimenta sus temores sanitarios a través de la información extraída de internet. Como cualquier otro hipocondríaco, el cibercondríaco sufre un estado ansioso derivado de malinterpretar síntomas (reales o no) con la persistente creencia de tener una dolencia grave que acabará consigo, por lo que busca información y consejo en la abundantísima oferta online en temas de salud. ¿Es realmente el cibercondríaco algo diferente a la hipocondría habitual y requiere de un apelativo nuevo?

Hipocondría e hipocondrios

El término ‘hipocondría’ es un vestigio médico arqueológico que proviene de la antigüedad clásica. Deriva de ‘hipocondrio’, literalmente “bajo el cartílago”. De las nueve regiones en que se divide la topografía abdominal, los hipocondrios corresponden a las dos esquinas superiores, derecha e izquierda, ubicadas justo bajo los cartílagos costales, de allí su nombre.

¿Y qué tiene que ver esto con los síntomas de la hipocondriasis? Pues proviene de la antiquísima teoría hipocrática de los cuatro humores (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra), a cada uno de los cuales se les atribuía un tipo de personalidad y estado anímico.

En el hipocondrio derecho está el hígado, productor de bilis, en griego χολή (choli) raíz que aparece en cólico, colédoco, colestasis o coluria, pero también en cólera y colérico, precisamente el tipo de carácter donde predomina la bilis amarilla según la teoría humoral.

En el hipocondrio izquierdo está el bazo, órgano que según aquella teoría producía la bilis negra, en griego μελαγχολία, literalmente ‘melancolía’, humor relacionado con estados anímicos tristes y depresivos.

Los clásicos se refirieron como hipocondríacos a aquellos pacientes con molestias abdominales que asociaban trastornos del estado de ánimo. A saber si en este grupo caía cualquier enfermedad ulceropéptica, colon irritable, enfermedad inflamatoria intestinal o dispepsias menores. Bien se sabe la relación del estrés con los trastornos gastrointestinales.

Hipocondría: la histeria de los hombres

Tras Galeno el término vuelve a aparecer en escritos de Alejandro de Tralles (s.VI d.C.) y en algún autor medieval. Se consideraba la hipocondría como un trastorno físico y no mental, lo mismo que la histeria, cuyo origen se atribuía al útero (υστεροσ, histeros). De hecho se tomó la hipocondría como la versión masculina de la histeria, y así lo enseñaba el gran Sydenham.

Portada de la traducción de J. Alsinet del libro de Pierre Pommé sobre hipocondría e histeria, publicado en 1794. (ver facsímil en )

Portada de la traducción de J. Alsinet del libro de Pierre Pommé sobre hipocondría e histeria, publicado en 1794 (ver facsímil en babel.hathitrust.org).

Por curiosidad podéis hojear el libro “Nuevo método para curar flatos, hypocondría, vapores y ataques hystéricos” de Pierre Pommé, traducido al español por José Alsinet en 1794, disponible aquí, con pintorescas teorías sobre el origen y cura de estos males.

Por esos mismos tiempos estaba el alemán Hahnemann maquinando su propia teoría salud-enfermedad a la que llamó homeopatía. Las hipótesis de entonces se basaban en el limitado conocimiento de la época y en principios filosóficos más que científicos. Lógicamente, ahora las suposiciones sobre “vapores y flatos” nos mueven a hilaridad por su falta de fundamento. Esa es la diferencia entre la Ciencia y las posturas pseudo-religiosas de los seguidores de Hahnemann.

A principios del s.XX ya tenía la psiquiatría una solidez propia que le permitió incluir la hipocondría como una condición mental de tipo neurótico. Actualmente la hipocondría se clasifica en el epígrafe 300.7 del DSM-IV, dentro de los trastornos somatomorfos, junto con la somatización, la conversión, el pánico y el trastorno corporal dismórfico (que tanto ha lucrado a los plásticos).

¿Es correcto hablar de “cibercondría”?

A diferencia del nefasto y sinsentido término “nomofobia” del que hablamos previamente y cuya incorrección denuncio abiertamente, con “cibercondría” tengo más dudas sobre si es adecuado o no.

Comencemos por la raíz “ciber-“, tan abusada en el ámbito tecnológico. El origen de ‘cibernética’ es el griego κυβερνητική, que significa ‘pilotar una nave’; la raíz kyber- pasó al latín como guber- de donde viene ‘gobierno’ y ‘gobernar’. En los años 50 se aplicó ‘cibernética’ a la naciente rama tecnológica que buscaba aplicar los mecanismos de control y mando propios de los organismos vivos a los sistemas mecánicos o eléctricos, incluyendo así a la robótica y a la inteligencia artificial. Actualmente le añadimos ciber- como prefijo a cualquier situación en la que haya un ordenador por medio, así sea a una cafetería.

Como era de esperar lo de “cibercondría” no es un neologismo proveniente de la ciencia, sino del periodismo. Aparentemente lo acuñó la periodista Ann Carrns en el artículo “On the internet, diseases are rampant, playing to worries of hypochondriacs” de 1999 en el Wall Street Journal.

Si nos ceñimos a la pura etimología, la cibercondría hace pensar en cosas tan bizarras como un cartílago computadorizado o algún tipo de servomecanismo basado en el cartílago… En la web de Fundéu se da por bueno el palabro “cibercondría” y aconsejan escribirlo sin comillas ni cursiva; también sugieren los términos “ciberhipocondría” e “hipocondría digital”. La verdad serían preferibles estas dos últimas opciones, mucho mejor construidas que no la forma más contraída.

La información hace al hipocondríaco

Una discusión aún no cerrada entre psiquiatras es si la ciberhipocondría debe diferenciarse de la hipocondriasis común o es simplemente la forma adaptada a los nuevos tiempos. La principal duda radica en la relación causal internet-trastorno, es decir, ¿es la oferta desmedida de contenidos en la red lo que induce la aprehensión sanitaria, o es la persona aprehensiva la que da cancha a su trastorno a través de internet?

Todo parece indicar que la hipocondría digital no es más que la adaptación del trastorno a las herramientas del entorno. De la misma manera que antes un enemigo te enviaba una nota anónima amenazante y ahora saca un perfil falso en twitter para ponerte a caer de un burro y lo llaman cyberbullying; o en el pasado se iba a salones de mala nota o se traficaba con postales picantonas, después se pasó a las revistas guarretas y a las tan demodé líneas calientes, para terminar ahora con toda la oferta erótica concentrada en internet, y lo llaman cibersexo.

La persona hipocondríaca siempre ha necesitado preguntar por los síntomas que le preocupan, siempre ha necesitado buscar consuelo en quien la escuche y tranquilice (transitoriamente, eso sí). Y siempre se ha dejado influir por los comentarios e informaciones relacionadas con la salud, sean habladurías de vecinas, admoniciones sacerdotales, reportajes en medios de comunicación, etc. El hipocondríaco consultaba en la biblioteca municipal o en el Manual Merck para el hogar, aunque no se llamaba bibliocondría; o se aficionaba a los programas de la tele sobre salud, en especial a aquellos con testimonios y llamadas de gente preguntando por sus achaques, y no se llamaba telecondría. Por ello dudo que, a pesar de la magnitud del fenómeno digital, deba diferenciarse la cibercondría como una entidad propia.

evolución de la hipocondría

Cómo influye la disponibilidad de información en el desarrollo de la hipocondría. La persona afectada desata sus fantasmas por los datos que recibe, sean comentarios de conocidos, noticias, opiniones de expertos o contenidos web. (Pinchar para ver a tamaño completo.)

El hipocondríaco digital sufre el mismo problema del conspiranoico moderno (una especie de hipocondríaco social), pues no logra diferenciar las fuentes serias y confiables de la morralla sin fundamento que prolifera por la red. Se traga todo, pero después es dificilísimo moverlo de sus opiniones por más sólidos que sean los argumentos expuestos. Es un ejemplo claro de la condición tan humana de la necesidad de creer más que necesidad de saber.

Hay una creciente bibliografía psiquiátrica sobre el tema, incluyendo escalas de gravedad de la cibercondría y todo. El tratamiento de la ciberhipocondría parece similar a la de otras formas de trastorno somatomorfo: ansiolíticos para reducir la angustia generada por la perturbación y mucha psicoterapia.

NOTA MUSICAL: el compositor barroco checo Jan Dismas Zelenka (1679-1745) compuso una obra llamada Hipocondrie à 7 Concertanti, publicada en 1723, con un curioso formato instrumental; desconozco el origen del apelativo que lleva esta obra. Aquí la podéis escuchar con la Freiburger Barockorchester. En 1902 estrenó su Segunda Sinfonía el compositor danés Carl Nielsen (1865-1931, este año se celebra su 150 aniversario de nacimiento). Esta sinfonía lleva por título “Los Cuatro Temperamentos”, pues dedica cada uno de sus cuatro movimientos a los clásicos temperamentos (colérico, flemático, melancólico y sanguíneo) derivados de la teoría de los cuatro humores. Aquí se puede escuchar con Neeme Järvi y la Sinfónica de Gotemburgo.

LECTURA RECOMENDADAS:

Nomofobia: una cagarruta etimológica

Quienes escriben en medios de comunicación anglosajones suelen ser bastante aficionados a crear neologismos por contracción de palabras, como “phablet”, “brunch”, “Brangelina” y demás ridiculeces. Sin embargo lo de arrejuntar palabras para crear nuevos conceptos puede ser un buen sistema y numerosas palabras que tenemos por cotidianas tuvieron tal origen, por ejemplo informática (origen francés, información + automática) o transistor (origen inglés, transfer + resistor).

Una de estas invenciones es la “nomofobia”, pretendido término para describir una patología psicológica derivada de la mala adaptación mental a las nuevas tecnologías de la comunicación. En la utilísima y recomendable web de Fundéu (Fundación del Español Urgente), dan por bien construido este término, como puede leerse en su entrada al respecto.

Sin aspirar a corregir a los lingüistas de Fundéu, indigno soy de intentarlo, sí quiero revisar la etimología de semejante palabro y opinar sobre lo inconveniente de su uso en Medicina.

adicción a redes sociales

La dependencia o adicción a las tecnologías de comunicación global es una circunstancia psicológica emergente, que requiere una seria investigación psiquiátrica, pero también una terminología adecuada. (Imagen vía bryankaye.files.wordpress.com)

Nomofobia no significa “miedo a estar sin móvil”

Por todo internet se lee que la nomofobia es ese frecuente estado de ansiedad que a muchos nos asalta cuando nos vemos impedidos para usar el teléfono móvil, sea por olvidarlo en casa o quedarnos sin señal, batería o saldo. Es indudable que tal estado de aprehensión existe, lo mismo que la dependencia de los móviles, y quien más quien menos consulta con cierta obsesión su teléfono para ver cuántos wasapes le han entrado o se siente desnudo cuando viaja al exterior y restringe el uso de datos. Ya hemos hablado aquí de cuánto mandan los móviles en la vida real.

Pero ¿por qué se ha llamado nomofobia a esta condición? Resulta que viene del inglés nomophobia, contracción de no mobile phone” + phobia. ¡Chúpate esa mandarina! Pretender construir así el nombre de una supuesta condición clínica es una gilipollez de nivel cósmico.

Al parecer tan malsonante palabro se acuñó en 2008 como resultado de un “estudio” elaborado por la UK Post Office, reseñado en su momento por la prensa mundial (3, 4) pero cuyo original me ha sido imposible encontrar por la red. Se elaboró mediante encuesta online a unos 2100 voluntarios británicos, a quienes se interrogó sobre las situaciones de ansiedad relacionadas con el uso del móvil. El resultado fue que el 53% de los encuestados sentían estrés cuando no podían usar sus teléfonos. De allí aparecieron titulares como “13 millones de británicos sufren nomofobia (5)”, “el mal del siglo XXI” y demás amarillismos.

El portavoz del supuesto estudio era Stewart Fox-Mills, encargado de marketing y media manager de la UK Post Office, un perfil de profesional hábil en inventar este tipo de conceptos pegadizos a la par de incorrectos.

Nomofobia significa miedo a la ley

Si partimos de la buena práctica de bautizar las fobias con su equivalente en griego, resulta que nomo (en griego νόμος) significa literalmente “ley” y por tanto nomofobia sería el temor a la ley. Sin duda debe haber muchos con aversión a las leyes, considerando la cantidad de gente que se pasa las leyes y los reglamentos por el área ano-genital. De modo que usar el término como miedo a la falta de móvil es una auténtica cagarruta etimológica sin paliativos.

nomofobia es una cagarruta

Por su etimología “nomofobia” significa “miedo a la ley”. Aceptar este neologismo como “fobia a estar sin móvil” atenta contra las reglas de nomenclatura científica. Bien podría llamarse “asindesiofobia” o “asindesmofobia”, considerando que la angustia radica en quedasre desconectado. (imagen original de Ilustración Medica)

La raíz nomo la encontramos, por ejemplo, en “nomograma” (gráfico que permite comparar una magnitud con los valores normales o “reglamentarios”), en “astronomía” o en “gastronomía”.

Inciso: a los aficionados al Egipto faraónico les sonará el término Nomo, pues era el nombre de las jurisdicciones o distritos en que se dividía el territorio egipcio. El nombre original era hesp y nomo es su interpretación en griego. Había 20 nomos en el Bajo Egipto y 22 en el Alto Egipto, aunque los números fluctúan según épocas y fuentes. Cada nomo estaba bajo el mando de un nomarca designado por el Faraón a modo de gobernador. Durante los inestables períodos intermedios era frecuente que algunos nomarcas se convirtieran en reyezuelos y lucharan entre ellos.

La angustia de separación del móvil es real

Insisto, no pongo en duda la veracidad del trastorno sino critico el ridículo bautizo que ha sufrido. Se comprende que el apelativo erróneo surgiera del mundo del marketing y los social media, ajenos a las ciencias psiquiátricas, pero no se justifica su difusión y menos su inclusión en la jerga médica.

En el momento que escribo esta entrada solamente hay tres artículos en PubMed que incluyen nomophobia, todos en revistas de psicología. Dos son de un grupo de Río de Janeiro (éste de acceso libre), donde usan como referencias del término fuentes tan “científicas” como la Wikipedia y el tabloide Daily Mail. El tercero es de la Universidad de Génova y su preocupante título es “A proposal for including nomophobia in the new DSM-V” (acceso libre).

Además hay otro trabajo en Review of Progress, revista no indexada, y se le dedica un capítulo entero en la Encyclopedia of Mobile Phone Behavior (Zheng Yan, editor, Universidad de Albany). En ninguno de estos artículos se hace opinión crítica del neologismo.

Sin duda las consecuencias psíquicas de las tecnologías de la comunicación entrarán antes o después en el chuletario DSM, pero espero que bajo una terminología correcta. Otros han propuesto “cellphobia”, con lo que seguimos ante un neologismo de etimología indebida; o bien emplean apelativos como “angustia de separación del móvil”, “dependencia del móvil” o “adicción al móvil”, mucho más apropiados.

Quienes sufren el trastorno no limitan su afición al teléfono celular, sino es extensible al ordenador, la tableta o cualquier modo de acceder a la comunidad global virtual, que al final es lo que engancha: el acceso a las redes sociales, servicios de chat o vil navegación por la web. El miedo más que a no tener móvil es a estar desconectado del mundo virtual. Si quisiéramos crear un neologismo podríamos emplear el griego para ‘conexión’ (σύνδεση) o ‘enlace’ (σύνδεσμος, aunque sindesmo- se asocia con ligamento anatómico) y hablar de asindesiofobia, aposindesiofobia, asindesmofobia o, incluso, asinaptofobia.

En el próximo post abordaremos la cibercondría, otro de estos nuevos trastornos tecno-patológicos con nombres rimbombantes y de equívoca construcción.

Palimpsestos

Palimpsesto es una de esas palabras cuyo significado varía según la profesión del que la emplee, sea filólogo, arquitecto, geólogo o neurólogo.

Su origen está en la escasez y el precio de los soportes de escritura en la Antigüedad, pues a diferencia de ahora, que usamos papel hasta para la higiene anal, el papiro y el pergamino no estaban al alcance de todos. Eso obligaba a reciclar documentos viejos para aprovechar el soporte: el texto se borraba y el pergamino podía reescribirse. A ese documento reciclado se le llamó palimpsesto.

El nombre proviene del griego παλίμψηστος, compuesto por πάλιν (de nuevo, otra vez, prefijo usado también en palíndromo, palilalia, palinopsia, palinodia, palingenesia, etc.) y la declinación del verbo ψάω (frotar, raspar). Esta etimología es indicativa del modus operandi: se tomaba el pergamino usado y se raspaba o lavaba la tinta del texto viejo lo suficiente para poder escribir de nuevo.

El palimpsesto fue una práctica común en Grecia y sobre todo en Roma. Su frecuencia aumentó en el período tardo-romano y durante la Edad Media, hasta que la fabricación masiva de papel y la introducción de la imprenta hizo innecesaria la destrucción de manuscritos antiguos para su reciclaje.

Palimpsesto del Codex Nitriensis, copiado por el monje Simeón en el s.IX. El texto visible en horizontal (‘scriptio superior’) es una copia en siríaco de un tratado de Severo de Antioquía, mientras en vertical y más borroso se ve la ‘scriptio inferior’, que en este volumen corresponde a copias del s.V d.C de la Ilíada, de los Elementos de Euclides y del Evangelio de Lucas. (Vía British Library)

Una cosa interesante de los palimpsestos es que, como el texto borrado dejaba señales, igual que cuando ahora borramos un texto a lápiz, era posible descifrar lo que había escrito antes. Así, podía leerse un libro escondido dentro de otro. El estudio de algunos palimpsestos ha permitido descubrir auténticas joyas, libros desconocidos o que se creían perdidos. Un ejemplo famoso es el Palimpsesto de Arquímedes, que hizo furor entre los paleógrafos durante la pasada década: un manuscrito del s.XII apuntado sobre folios originales del s.X que contienen versiones únicas de obras de Arquímedes, además de Hipérides, Aristóteles y Galeno. En este vínculo podéis ver una breve e interesante conferencia TED sobre este famoso palimpsesto, a cargo de uno de sus restauradores.

El concepto de borrado-olvidado y reescrito-recreado, se aplica en determinados trastornos de la memoria, que es el significado de palimpsesto para psiquiatras y neurólogos. El palimpsesto mental está muy relacionado con el alcoholismo: se refiere a las lagunas mentales (blackout en inglés) sufridas por intoxicación etílica.

Hay quien pilla una cogorza tal que pierde el habla, la taxia y la consciencia, y termina llevado a rastras, meado y vomitado, por sus amigos para que duerma la mona. Pero hay otros que, habiendo bebido, apenas se muestran achispados y pueden mantener una conversación o realizar actividades motrices (caminar, bailar, coitar, conducir y hasta agredir), aunque después son incapaces de recordar lo que pasó durante el período de efecto etílico. Es este tipo de amnesia lacunar sin pérdida de consciencia lo que se denomina palimpsesto. Más de uno de los que leéis esto sabéis por propia experiencia de qué se trata…

Los palimpsestos alcohólicos pueden ser completos, con ausencia total de recuerdos, o parciales, con recuerdos borrosos, extraños o reelaborados (como aquél que cree haber sido el alma de la fiesta cuando en realidad se portó como un patético plasta). Una característica del palimpsesto es que ocurre durante episodios de consumo “moderado” de etanol, pero ingerido rápidamente o con estómago vacío. Cualquiera puede sufrir una laguna por beber, pero los palimpsestos repetidos son una señal del camino rumbo al alcoholismo crónico y sus consecuencias. (Aquí podéis acceder a una revisión de acceso libre de Lee H. et al. en Int J Environ Res Public Health 2009;6:2783.)

El etanol afecta a múltiples áreas cerebrales, y una de la más sensibles es el hipocampo, donde residen los circuitos de la memoria. Primero se afecta la memoria episódica, aquella que registra dónde hemos estado, cuándo y haciendo qué, y que se traduce en lagunas mentales. Si el alcoholismo progresa, el daño mnemónico también se amplía hasta llegar a ese triste estado de amnesia anterógrada típica del síndrome de Korsakov.

Sergei Korsakov (1854-1900), neuropsiquiatra ruso.

Este cuadro fue descrito por Sergei Korsakov (o Korsakoff) en 1889, a quien por trabajar en Moscú no le faltaban pacientes para sus observaciones. A veces se llama psicosis de Korsakov, pero no se trata de un cuadro psicótico. Aparece en fases avanzadas del alcoholismo, donde la excesiva afición al frasco se acompaña de malnutrición y déficit de vitamina B1. El paciente con Korsakov presenta alteraciones de la personalidad, deterioro de la memoria a corto plazo, amnesia anterógrada (es decir, se afecta el recuerdo a partir del momento crítico de daño cerebral), aunque puede haber amnesia retrógrada, y también ocurre el curioso fenómeno de la confabulación.

Las confabulaciones son recuerdos inventados, que el paciente usa para rellenar sus fallos de memoria. Por lo general son inconscientes y la persona está segura de que ese falso recuerdo es real. Esto evoca al palimpsesto original, donde la hoja se borra (amnesia) y se reescribe con otra historia (confabulación).

Suele ocurrir que los síntomas del Korsakov aparecen cuando el paciente se está recuperando de otro desastre neurológico caracterizado por ataxia, nistagmo, oftalmoplejía y obnubilación, conocido como síndrome de Wernicke. La asociación secuencial de ambos cuadros hace que se agrupen como síndrome de Wernicke-Korsakov. El tratamiento pasa por la corrección del alcoholismo y de la mala nutrición, pero suelen persistir los trastornos de memoria y personalidad.

Pasando a otros campos, en geología, arqueología y arquitectura se emplea ‘palimpsesto’ para referirse a la presencia de vestigios de otras épocas en un determinado lugar, sea una formación geológica dentro de otra, o de estratos arqueológicos mezclados que dificultan la datación.

Me pregunto si el concepto de palimpsesto podría aplicarse a la Historia, pues la manipulación de los hechos o su interpretación distorsionada es una forma de borrar el pasado y sustituirlo por otra perspectiva más conveniente para determinados fines actuales. Los ejemplos abundan, algunos muy cercanos, donde se ha creado una versión “oficial” de la Historia destinada a engrandecer un supuesto pasado gloriosísimo, elevar los propios orígenes, fabricar leyendas patrióticas y justificar reivindicaciones, querellas y victimismos.

Freud gustaba de aplicar a las sociedades las categorías psicopatológicas propias del individuo. Así hablaba de inconsciente colectivo, neurosis colectiva, histeria de masas o narcisismo colectivo. Quizás estos palimpsestos históricos en los que siglos enteros son burdamente raspados de la memoria colectiva, la cual es sobreimpresa con una versión absolutamente narcisista y confabulatoria, representen una especie de colosal síndrome de Korsakov colectivo, provocado por una intoxicación crónica conducida por políticos y pseudointelectuales a través del sentimiento de pertenencia al grupo.

Es posible reunir a un considerable número de gente en amor mutuo, siempre que haya otra gente dejada fuera para recibir las manifestaciones de su agresividad.”

Sigmund Freud, “La civilización y sus descontentos”