Sobre calcos médicos, again

Existen en Twitter numerosas cuentas sobre idioma y ortografía; recientemente me topé con las de @PatiOrtografico, @ElCorrectorDeTV y la tronchante @Cosmopaletation, ávidos rastreadores de meteduras de pata lingüísticas en las redes sociales, especialmente desde los medios de comunicación. Abruma ver la cantidad de erratas que los profesionales de la información cometen en su oficio y la de burradas que los usuarios comunes perpetran sin pudor. El twitter de Cosmopaleto está especializado en la denuncia de los calcos absurdos y anglicismos sin sentido que contaminan profundamente el idioma de uso diario. Con bastante mala baba, Cosmopaleto imita el estilo tan habitual en revistas como Cosmopolitan, plagadas de patadas al correcto castellano, y utiliza con ironía el término obsoleters para referirse a los que aún hablamos y escribimos a la antigua usanza.

En Medicina abundan los cosmopaletismos, préstamos y calcos innecesarios del inglés, usados irreflexivamente en detrimento de las palabras que ya tenemos en nuestro idioma para decir lo mismo. El origen obvio de esta mala praxis lingüística está en la constante lectura de textos especializados en inglés, cosa necesaria para que los médicos estemos al día en nuestro oficio. Los préstamos entre idiomas están justificados cuando no hay traducción posible o cuando el término extranjero define muchísimo mejor el concepto que cualquier combinación en la propia lengua. Por lo demás son una tontería.

Es un error la pretensión de justificar los anglicismos bajo el argumento de que «así es como aparece en la literatura especializada». Calcos absurdos hay en Medicina para aburrir; en este blog ya lo hemos discutido antes (1, 2, 3, 4) y hoy tocan unos cuantos ejemplos más.

Tidal

En quirófano no es raro escuchar a los anestesistas hablando de ajustar el «volumen tidal», cosa que instintivamente me hace levantar la cara del campo operatorio como si fuera un suricato. En inglés tide es ‘marea’ y tidal es ‘relativo a las mareas’. Este volumen «de marea» o tidal volume no es más que aquello que en nuestros bien traducidos libros de fisiología se denomina «volumen corriente», es decir, ese medio litro de aire que entra y sale de los pulmones con cada inspiración y espiración normal.

pantalla ventilador anestesia

Pantalla de un equipo de anestesia general. El parámetro Vt, aquí ajustado a 600 ml, indica el volumen corriente respiratorio. Vía www.ijaweb.org.

El ajuste del volumen corriente es importantísimo durante la anestesia general, pues el respirador se encarga de insuflar aire en los pulmones en un volumen y a una presión precisos para mantener la correcta oxigenación sanguínea.

Todos los estudiantes de medicina aprenden lo de volumen corriente cuando estudian fisiología respiratoria. Es el término apropiado e inequívoco en español, por ello no hay justificación posible para que anestesistas, neumólogos y espirometristas percudan su elocuencia con lo de tidal. Leñe.

anestesia_tidal

Para demostrar que el calco existe: pantalla de equipo de anestesia en uno de los quirófanos que frecuento, con la interfaz en castellano, se supone.

Tiltar

Bien sabéis, lectores avezados en la lengua inglesa, que tilt significa inclinación o inclinar, según se use como sustantivo o como verbo. Sinceramente, ¿hay alguna razón humana, divina, judicial o filosófica para inventarse el palabro tiltar, cuando existe ‘inclinar’ y toda su sinonimia?

He tenido oportunidad de oír tal aberración, no pocas veces, saliendo de las fauces de oftalmólogos: «La lente intraocular ha quedado tiltada». Y yo aprieto la mano en el bolsillo para que no salga expelida rumbo al bofetón.

El tilting aparece en la literatura médica en inglés sobre todo para referirse al desequilibrio de uno o más componentes que deben estar alineados, como en los elementos ópticos del ojo, estructuras osteoarticulares o dentales. En neurooftalmología se oye el término en el «tilted optic disc», disco oblicuo o inclinado, que describe la apariencia sesgada de la papila óptica en ojos de altos miopes debido al peculiar ángulo de inserción del nervio en el globo; también está la «ocular tilt reaction» o respuesta de inclinación ocular, mecanismo que conecta la información del oído interno con los músculos oculares para ajustar la posición de los globos ante movimientos de inclinación de la cabeza; este reflejo se asocia con una anomalía también harto conocida por su anglicismo: skew deviation o desviación oblicua.

No hay que ahondar demasiado en que decir tiltar o tiltado es una abominación criminal y un cosmopaletismo de primera categoría.

Flop, flop, floppy

floppy eyelid

Síndrome de laxitud palpebral. Es notoria la elasticidad del párpado, que se evierte fácilmente y muestra una conjuntiva alterada.

Aquí me acuso de haber pecado, pues en mi especialidad, cirugía oculoplástica, existe una entidad relativamente frecuente que en las publicaciones inglesas se llama «floppy eyelid syndrome». Y allí nos vemos los iniciados hablando del floppy y operando casos de floppy. Este «síndrome de laxitud palpebral» o de «párpado laxo» se distingue de la laxitud propia de los párpados seniles porque aparece en personas de menos edad, más en hombres, obesos, roncadores o con apnea obstructiva del sueño. Los afectados tienen párpados como de chicle, que se estiran extraordinariamente y ocasionan alteraciones en la superficie ocular. Una de estas alteraciones es la pérdida de células caliciformes de la conjuntiva.

En inglés las caliciformes se llaman goblet cells, literalmente «células copa». Alguna vez he presenciado con terror a un experto hablando de «células de Goblet», como si aquello fuera un epónimo. Así que ni floppy, ni goblet, ni leches.

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Córneas burbujeantes

Cuesta mucho que las nuevas técnicas adapten los nombres de las publicaciones en inglés a los idiomas locales. En el caso de los trasplantes corneales, actualmente existen diversas técnicas para trasplantar capas concretas de la córnea en vez de la clásica queratoplastia penetrante. Los nombres de estos procedimientos son largos y se conocen más por sus siglas inglesas: DALK, DMEK o DSAEK, por ejemplo. Hay que reconocer que estas siglas en castellano (QLAP, QEMD, QEDMD) resultarían poco reconocibles por los oftalmólogos.

Una maniobra común en estas intervenciones es inyectar aire en la cámara anterior o en el propio estroma corneal; de ahí vienen términos como big bubble, bubbling o rebubbling. Los especialistas de esto incluyen en su jerga cositas como “bublear” y “rebublear”. Ciertamente, la traducción literal sería ‘burbujear’, pero esa palabra tiene la connotación de hacer burbujas múltiples y continuas, diferente de la inyección de una única burbuja de aire. Quizás bastaría con decir inyección y reinyección de aire, en vez de blubblinbluses.

DMEK_ilustracionmedica

Queratoplastia lamelar endotelial tipo DMEK. La inyección de aire ayuda a extender el injerto y, posteriormente, a adherirlo a la superficie posterior de la córnea.

Otra moderna intervención corneal es el cross-linking para el tratamiento de queratocono y otras formas de ectasia. Consiste en crear enlaces laterales entre residuos de lisina del colágeno mediante la aplicación de riboflavina y luz ultravioleta, lo que aumenta la rigidez y la resistencia del estroma corneal. Lo de cross-linking es fácilmente traducible como ‘entrecruzamiento’ o como ‘reticulación’, por lo que no habría necesidad del anglicismo y menos hablar de crosslinkear una córnea.

Vaya injuria

Un calco por demás infame es usar ‘injuria’ como traducción directa de injury, cuando se quiere decir ‘lesión’ o ‘daño’. Así se leen lindezas como «efecto de la injuria hipóxica». El término ‘injuria’ se usa en el sentido de agravio o ultraje, incluso de calumnia, si bien en la tercera acepción del DRAE indica que es «daño o incomodidad que causa algo», aunque eso dista del concepto de lesión orgánica propio de los procesos fisiopatológicos.

La importancia de los expertos

Las figuras de autoridad en los distintos campos científicos no solo tienen el deber de investigar y difundir los avances en sus áreas, sino que tienen la obligación de comunicarlos bien. Ello requiere un uso correcto del lenguaje.

Cuando una de estas figuras habla en un congreso nacional e introduce las últimas novedades del mundillo tiene la opción de ajustar los nuevos conceptos a nuestro idioma (aunque, por supuesto, haga referencia a los términos publicados en inglés) o bien hacer el cosmopaleto y entregarse a spanglishismos poco elegantes.

Recuerdo un caso espantoso en el que un señalado experto conferenciaba sobre la proliferación vitreorretiniana (PVR, en inglés VRP) y, aparte de mezclar diapositivas en español e inglés indiscriminadamente, pronunciaba PVR como «pi-vi-ar». ¿Eso qué cojones es?

Recomendación: Fernando A. Navarro (@navarrotradmed), traductor especializado en lenguaje médico y coordinador del blog Laboratorio del lenguaje en Diario Médico, es autor del Libro rojo: diccionario de dudas y dificultades de traducción del inglés médico, disponible bajo suscripción en la web de cosnautas.com. Es una utilísima fuente referencial para intérpretes y traductores de textos médicos y, también, para médicos que quieran aclarar sus incertidumbres lingüísticas.

“Ceterum censeo Podemus esse delenda”

Ortografía retiniana

“A ti, querido Vulgo, que de todo lo malo te enamoras, va dedicado este librito.”

Este es el íncipit del libro “Cizaña del lenguaje” del escritor granaíno Francisco José Orellana, obra de 1889 donde denuncia “disparates, extranjerismos, barbarismos y demás corruptelas, pedanterías, y desatinos en la lengua castellana”. Se ve que la degradación del idioma no es una preocupación nueva.

El cáncer del maltrato al español por parte de los científicos que escriben en nuestra lengua parece incontenible. El elemento de mayor peso en esta corrupción quizá sea el abuso de anglicismos y calcos lingüísticos tanto ortográficos como gramaticales.

Amigos científicos, médicos y técnicos: si escribimos en castellano hay que cumplir las reglas oficiales de nuestro idioma, si escribimos en inglés se deben respetar sus normas, y así sea cual sea la lengua que empleemos. Los spanglishismos suelen revelar un nivel deplorable en el escritor científico.

Hoy tengo el gusto de cargar tintas contra los colegas especialistas en retinología. En virtud de mi espurio oficio de asesor comunicativo / diseñador gráfico, tengo oportunidad de revisar la redacción de artículos, tesis y presentaciones científicas en los que descubro frecuentes vicios idiomáticos. En el caso de los brothers retinólogos los errores más comunes incluyen precisamente la palabra central de sus vidas: retina. He aquí los problemas que aparecen cuando se le añaden sufijos y prefijos.

Los usos del sufijo “–al” en buen castellano

“Retinal”, “coroidal”, palabros que en boca o pluma de colegas me cuartean las retinas y los tímpanos. Son evidentes calcos ortográficos del inglés, donde se emplea los adjetivos retinal y choroidal (p. ej. retinal detachment, choroidal vessels). ¿Es correcta la terminación –al en estos casos?

Veamos lo que dice la Real Academia en su diccionario:

-al.

(Del lat. -ālis).
1. suf. En adjetivos, indica generalmente relación o pertenencia. Ferrovial, cultural.
2. suf. En sustantivos, indica el lugar en que abunda el primitivo. Arrozal, peñascal.

El uso más frecuente es para indicar una ubicación, un lugar donde abunda el elemento indicado, como en terrenos (lodazal, arenal, robledal) o plantaciones (maizal, patatal, naranjal). También, de modo más figurado, a un sitio o circunstancia donde tercia algo en cantidad (“hay que pagar un dineral”).

En cuanto a su uso en los adjetivos, como bien define el DRAE, es indicativo de pertenencia a una instancia, por ejemplo administrativa (estatal, municipal, catastral), un período de tiempo (semanal, quincenal, anual) o una miscelánea de actividades o circunstancias (nominal, ordinal, fenomenal, sexual, ganancial y muchísimas otras).

Recordemos también que –al es el sufijo usado en química para indicar grupos aldehído, incluido el derivado aldehídico de la vitamina A, el retinal. Este retinal es un sustantivo y puede confundir en búsquedas bibliográficas con el adjetivo homógrafo.

Aplicando los criterios de la RAE sería correcto retinal como adjetivo relacionado con la retina. Pero en castellano tenemos otros sufijos indicativos de pertenencia o relación, como –ano, –eo, -ario o –ico en palabra esdrújula (p. ej. sifilítico), que pueden ajustarse mejor a nuestro usos. Así, resulta mucho más natural y adecuado decir retiniano que no retinal: mejor “isquemia retiniana” que “isquemia retinal”. Igual con la coroides, preferible hablar de coroideo que no coroidal: “metástasis coroideas”, no “metástasis coroidales”.

En general es preferible no usar el sufijo –al mientras haya otro disponible que resulte más natural. Por ejemplo es más adecuado decir vírico que viral, u orbitario que orbital, aunque todas estas acepciones estén reconocidas. Tiroideo y no tiroidal; esteroideo y no esteroidal. Sin embargo, siempre hablaremos de abdominal, cerebral, epitelial o, para seguir en el ojo, escleral o corneal (pues corneano suena a rayos y córneo se emplea en otro sentido en dermatología y anatomía patológica).

Errores lingüísticos retinológicos: usar sufijos en -al y omitir la doble erre intervocálica al añadir prefijos. ¡No cometa estos atropellos!

Errores lingüísticos retinológicos: usar sufijos en -al y omitir la doble erre intervocálica al añadir prefijos. ¡No cometa estos atropellos!

La erre intervocálica se escribe “rr”

Es un principio muy elemental, pero habrá que recordarlo. Una palabra que empiece por “r” debe escribirse con doble “r” cuando se le antepone un prefijo que acabe en vocal, así mantiene su fuerte sonido de “erre” y no se convierte en suave “ere”. Por ejemplo: infrarrojo, prerrománico, prerrenal.

Esto no se hace en lengua inglesa, por lo que pueden escribir intraretinal, preretinal o chorioretinal tranquilamente. En cambio, en español es obligatorio escribir intrarretiniano, prerretiniano, epirretiniano, coriorretiniano o vitreorretiniano. Se excluyen, claro está, subretiniano o panretiniano por tener consonante antes de la “r”. La otra opción es usar guion, vítreo-retiniano, en cuyo caso vítreo conserva su acento.

No es raro ver a insignes eruditos de la retina caer en semejantes errores, impregnados como suelen estar por la literatura anglosajona en la que viven imbuidos. Luego va el senior y describe “múltiples hemorragias preretinales” y después logra dormir en paz. Precisamente lo básico de esta regla ortográfica hace que presenciar tales faltas sea como un pisotón escrotal (¿escrótico, escrotario, escrotiano?).

Sé que estas gambas no se meterán en el venidero simposio de barcelonaretinameeting.com, organizado por mis curruños J.Crespí, J. Díaz y J.I. Vela, del Hospital Sant Pau, pues son ponentes de primera línea y han seleccionado un egregio grupo de especialistas de indudable calidad. El evento será el 6 de noviembre de 2015, recordadlo, aunque si no estáis inscritos aún, me da que lo tendréis complicado por aforo al límite.

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Barcelona Retina Meeting, próximo simposio en el Hospital Sant Pau

logo barcelona retina meeting

Captura de la web del Barcelona Retina Meeting 2015. El diseño es original de Ilustración Médica y está inspirado en el estilo art nouveau del Recinto Modernista del Hospital Sant Pau. Los elementos de la “vidriera” son los principales tipos de células retinianas.

La sección de Retina del Hospital Sant Pau de Barcelona organiza un evento de actualización en patología retiniana, programado para el próximo 6 de noviembre de 2015. El Barcelona Retina Meeting 2015 se realizará en el Recinto Modernista del antiguo hospital, joya arquitectónica proyectada por Domènech i Montaner a principios del s.XX y cuya sola visita ya justifica acercarse al Hospital Sant Pau.

El simposio está organizado por una peñita cojonuda integrada por los doctores Jaume Crespí, Jesús Díaz Cascajosa y José Ignacio Vela, retinólogos de dicho centro, y por el jefe de Servicio Dr. José Buil.

La filosofía del evento se basa en enfatizar aspectos realmente prácticos para el oficio diario, las perlas que siempre va bien aprender, la traslación a la práctica diaria de los grandes ensayos multicéntricos. También se hará discusión interactiva de casos con los asistentes. El programa está dividido en cuatro bloques:

  • Retina médica: edema macular diabético, DMAE, oclusión de vena central, coroidopatía serosa central y distrofias relacionadas con el gen ABCA4.
  • Herramientas de diagnóstico: imagen de coroides, imagen de campo amplio, OCT intraoperatoria, y novedades en tumores intraoculares y tracción vitreorretiniana.
  • Cirugía retiniana: cirugía 27G, tinciones intraoperatorias y técnicas para cirugía de retinopatía diabética, foveosquisis, agujero macular y desprendimiento retiniano pediátrico.
  • Debates: en este segmento se enfrentan ponentes por pares para defender su punto de vista respecto al uso o no de cerclaje en el desprendimiento de retina, el pelado de la limitante interna o la indicación de vitrectomía en miodesopsias.

El evento finalizará con una conferencia sobre proliferación vitreorretiniana a cargo del Dr. Borja Corcóstegui. Hay ponentes invitados de Madrid, Zaragoza, Córdoba, Lérida y, por supuesto, de Barcelona. Los detalles sobre el contenido y los conferenciantes se pueden consultar en la web.

La matrícula es gratuita, gracias a la colaboración de las empresas patrocinantes, especialmente Angelini, Alcon y Bayer. Para inscribirse basta llenar un formulario elemental en la web del evento o bien hablarlo con los delegados de los sponsor. La matrícula lleva tiempo abierta y van escaseando las plazas, así que quien esté interesado vaya ahora mismo a apuntarse, que después será tarde.

Conjunto histórico del Hospital Sant Pau. (Foto del flickr de Pep Torres)

vidriera modernista

Vidrieras modernistas del Hospital Sant Pau. (Foto del flickr de Oriol Gascón)

Ilustración Médica colabora con el diseño gráfico y web del evento, al igual que con simposio Oculosurf antes reseñado en este blog, y con el Curso de Cirugía Oculoplástica del Hospital 12 de Octubre.

Para el logo del Barcelona Retina Meeting me basé en las vidrieras estilos art nouveau tan características de este precioso complejo modernista. Los elementos de este vitral retiniano son las células principales de la retina: fotorreceptores, células bipolares y ganglionares. A muchos colegas les ha resultado un diseño novedoso e interesante, cosa que agradezco oir.

Podéis estar al día sobre el meeting a través desus cuenteas de Twitter, Facebook y Linkedin. Y lo dicho, inscribiros de una vez, que siempre dejáis todo para última hora y después solo queda el gemir y el crujir de dientes.

Epónimos: Heinrich Müller (el bueno, no el de la Gestapo)

Sirva esta entrada como homenaje al anatomista y fisiólogo Heinrich Müller (1820-1864) en los 150 años de su deceso. Este hombre de ciencia se dedicó a la anatomía comparada y estuvo especializado, casi exclusivamente, en el aparato visual. No hay mucho de donde rascar en su corta biografía; la búsqueda de información resulta interferida por los numerosos Heinrich Müller que han existido, de los cuales el más famoso es el nazi, oficial de las SS y jefe de la Gestapo. Recordemos, pues, al Müller bueno y sus contribuciones a la eponimia oftalmológica.

Heinrich Müller, retrato y fotos de células de Müller

Heinrich Müller y sus células retinianas. Imagen extraída del libro monográfico de A. Reichenbach.

Datos biográficos

Heinrich Müller nació el 17 de diciembre de 1820 en Castell, un pueblo del sur de Baviera. Allí pasó sus primeros 18 años, hasta que se matriculó en la vecina Universidad de Múnich. Durante los siete años siguientes hizo sus buenos erasmus en otras universidades: Heidelberg, Friburgo, Viena y Wurzburgo. Entre sus profesores destacan ni más ni menos que Carl von Rokitansky (el padre de la anatomía patológica, ahí es nada), Jakob Henle (el del asa, ilustrísimo histólogo) y Friedrich Arnold (el del nervio auricular).

En 1847 entró a trabajar en la Universidad de Wurzburgo y allí permaneció hasta su temprana muerte. En 1849 tuvo la intención de ocupar la jefatura de Anatomía Patológica, pero la Facultad optó por darle el puesto a un chaval arribado por motivos políticos desde Berlín: Rudolf Virchow (como para presentarse a un concurso a lado de éste). El puteado Müller se tuvo que dedicar a impartir Anatomía Topográfica y Anatomía Comparada.

A partir de 1851 se centró en estudiar el ojo. Probablemente ya se había interesado por la microanatomía ocular en sus tiempos con Henle, pero a partir de 1854 pasó temporadas en Berlín con von Gräfe y mantuvo contacto con Arlt y Bowman. Estudió ojos humanos y de otros mamíferos, anfibios, reptiles y aves. Realizó numerosas investigaciones sobre la organización de la retina, incluyendo la descripción de las ahora llamadas células de Müller y del pigmento retiniano (“Zur Histologie der Netzhaut”. Zeitschrift für Wissenschaftliche Zoologie, 1851, 3: 234-237). También describió el receso supraquiasmático del tercer ventrículo (trígono de Müller) y los tres músculos oculares que llevan su nombre y que trataremos en breve.

Sus trabajos oftalmológicos fueron recopilados y editados por Otto Becker en 1872, bajo el título de “Heinrich Müller’s Gesammelte und Hinterlassene Schriften zur Anatomie und Physiologie des Auges”, disponible en pdf para los curiosos en este link. El primer capítulo es una biografía de Müller.

En otros campos, estudió la regeneración de la cola de la lagartija, la osteogénesis y su relación con el raquitismo, y quizás su hallazgo más relevante, el descubrimiento de la actividad eléctrica del corazón. Müller y su colega, el suizo Rudolph Albert von Kölliker (1817-1905) publicaron en 1856 un trabajo describiendo cómo con cada latido del corazón de la rana ocurría una oscilación de corriente eléctrica (“Nachweis der negativen Schwankung des Muskelstroms am naturlich sich contrahirenden Muskel”. Verhandlungen der Physikalisch-medizinische Gesellschaft, Würzburg, 1856, 6: 528-533). Téngase en cuenta que a mediados del s.XIX la electricidad era una ciencia emergente, y la bioelectricidad era más curiosidad que ciencia.

En un miserable pitorreo del destino, Müller sufrió a sus 43 años un zóster oftálmico, que terminó en coma y fallecimiento el 10 de mayo de 1864.

ilustración de la retina, original de H. Müller

Ilustración de las capas de la retina de ave y algunos de sus tipos celulares, en el volumen recopilatorio de los trabajos oftalmológicos de Müller de 1872 (ver el libro)

La retina de Müller

Gran parte de su obra está dedicada a la organización de la retina de los vertebrados y en sus ilustraciones aparece con detalle la estructura por capas de la retina, la arquitectura foveal y la descripción de múltiples variedades celulares. La retina es una porción del cerebro que se asoma directamente al exterior y, como parte del sistema nervioso central, está formada por un buen número de tipos diferentes de neuronas y por células gliales.

La glía o neuroglía se refiere a las células del sistema nervioso que no son neuronas y, por tanto, no tienen capacidad de transmisión sináptica. El término fue acuñado por Virchow, el rival de Müller, a partir de γλία (pegamento), raíz griega emparentada con el latín gluten/glutinis y origen de palabras como ‘aglutinar’, ‘glutinoso’, ‘gluten’ o el inglés ‘glue’. Es decir, las células de la glía sujetan la estructura del tejido nervioso.

células de Müller de la retina, inmunofluorescencia

Tinción por inmunofluorescencia de la retina, mostrando las células de Müller en rojo. En la parte inferior destacan en verde los segmentos externos de los bastones. Foto original, como no, de Reichenbach, vía neurophilosophy.wordpress.com

Müller describió un tipo de célula retiniana no neuronal de aspecto llamativo: eran células en forma de columna, cuya altura ocupaba casi todo el espesor de la retina, desde la membrana limitante interna hasta la limitante externa. Estas células de Müller son la glía por excelencia de la retina.

Tienen múltiples funciones: sostén estructural de las demás células retinianas (vertebrando auténticas unidades junto con sus células “protegidas”), soporte metabólico a las neuronas, procesamiento de retinoides, eliminación de desechos, barrido de exceso de neurotransmisores, neuroprotección y, la función más curiosa que se les adjudica, actúan como “fibras ópticas” colimando los haces luminosos y transmitiéndolos hasta la capa de los fotorreceptores (ver un artículo).

La retina cuenta con otros dos tipos de glía: los astrocitos (ubicados en la capa de los axones de las células ganglionares) y la microglía (son macrófagos residentes en el sistema nervioso).

Para saber más, pero que mucho más, sobre estas células recomiendo consultar las numerosas publicaciones de Andreas Reichenbach, un obsesivo de las células de Müller, en especial su libro monográfico Müller Cells in the Healthy and Diseased Retina.

El otro gran descubrimiento retiniano de Müller fue el pigmento de los fotorreceptores. En 1851 apuntó que en la capa de bastones de la rana se percibía un color rojizo. No se supo más del tema hasta que Franz Christian Boller observó en 1876 que ese pigmento cambiaba de rojo a amarillo según su exposición a la luz. Ésta era la “púrpura visual”, la importante rodopsina.

El músculo ciliar de Müller

Apuntamos antes que este autor describió tres estructuras musculares en el territorio ocular: los músculos ciliar, tarsal y orbitario, todos formados por células musculares lisas con inervación autonómica.

ángulo iridocorneal, músculo ciliar de Müller

Área del ángulo iridocorneal del ojo. Se muestra la sección de las fibras circulares y radiales del músculo ciliar. Imagen original de www.ilustracionmedica.es.

El músculo ciliar está incluido dentro del cuerpo ciliar y es el responsable principal del mecanismo de acomodación para el enfoque de imágenes a diferentes distancias. Para enfocar de cerca el músculo ciliar se contrae y la zónula del cristalino (fibras que mantienen esta lente centrada en su posición) se relaja, esto aumenta la curvatura del cristalino y lo adapta a un punto focal próximo. La pérdida de poder acomodativo es la inevitable presbicia que a todos nos toca a partir de los 40.

El músculo ciliar tiene dos tipos de fibras, unas radiales que se insertan en el espolón escleral, y otras circunferenciales más próximas a la zónula del cristalino. Éstas últimas son las conocidas como músculo de Müller o de Müller-Rouget (por Charles Marie Rouget, 1824-1904).

El músculo tarsal de Müller

músculo taras de Müller

Disección de músculo tarsal superior de Müller. Extraído del artículo de Esperidião et al. Anat Sci Int (2010) 85:1–7

De los músculos de Müller éste es el de más relevancia en la práctica clínica, en especial en cirugía oculoplástica. De hecho, quienes nos dedicamos a ello simplemente hablamos “del Müller”, a secas.

Se trata de una lámina de fibras musculares lisas ubicadas por detrás del músculo elevador del párpado superior y que contribuye de forma tónica a un par de milímetros de la apertura palpebral. Su sobreactivación por el sistema simpático induce la retracción de los párpados típica de la cara de susto. Hay un músculo similar en el párpado inferior, pero mucho menos desarrollado. Müller describió tanto el superior como el inferior, aunque el epónimo se lo lleve el de arriba.

En casos de retracción constante del párpado superior, como en personas con hipertiroidismo, se puede practicar una müllerectomía, es decir, resecar este músculo para corregir el problema. Por el contrario, en algunos casos de ptosis (párpado descendido) se realiza una conjuntivomüllerectomía o técnica de Putterman, para elevar el párpado superior (ver artículo).

El músculo orbitario de Müller

Es el más desconocido de los tres, y de significado funcional más que dudoso. Se trata de un filete muscular que cierra la hendidura orbitaria inferior, separando la órbita de la fosa infratemporal. Guarda estrecha relación con los nervios infraorbitario y cigomático. Se considera un vestigio “arqueológico” en el humano, pero está muy desarrollado en otros mamíferos (perros y gatos, por ejemplo), donde este músculo cierra las paredes orbitarias inferior y lateral. En otros vertebrados se trata de un músculo estriado bien desarrollado.

músculo orbitario de Müller, nervio infraorbitario

Músculo orbitario de Müller, tapizando la hendidura esfenomaxilar que separa la órbita de la fosa pterigopalatina. Se observa su inserción en el extremo del seno cavernoso y la relación de este músculo con el nervio infraorbitario, que pasa por su cara inferior, y con el nervio cigomático que lo atraviesa.Imagen original de www.ilustracionmedica.es.

En cirugía orbitaria oftalmológica el músculo orbitario de Müller no tiene demasiada relevancia práctica, pero sí resulta una referencia muy útil cuando se aborda la base del cráneo por vía endoscópica a través del seno maxilar (ver artículo).

Éste es, pues, el legado de Heinrich Müller. Habitualmente los retinólogos y los oculoplásticos estamos en los extremos opuestos del espectro oftalmológico y con frecuencia vemos a los del otro bando como “gente peculiar”. La verdad es que muchos oftalmólogos no caemos en la cuenta de que las células retinianas y el socorrido músculo palpebral se relacionan con el mismo Müller.

En cuanto al nazi Heinrich Müller (1900-1945?), conocido coloquialmente como Gestapo Müller, sí que hay abundantísima información disponible en la red. Entró en las SS en 1934 y se encargó de la Gestapo desde 1939. Allí participó en la persecución de judíos y comunistas, de hecho se considera parte activa en la “solución final”. Su último acto de servicio documentado fue a finales de abril de 1945 y consistió en cepillarse, tras juicio sumario, al desertor cuñado de Eva Braun, H. Fegelein. Allí se perdió su pista y se supone que murió de forma violenta en mayo del 45. Sin embargo siguió y ha seguido siendo buscado por el Mossad y la CIA, para placer de los aficionados a las conspiraciones históricas, pues abundan las teorías sobre su paradero. La última de éstas data de 2013 y cuenta que el cuerpo de Gestapo Müller fue depositado provisionalmente en el cementerio judío de Berlín (el mismo que las SS habían destruido en 1943), pero allí se quedó hasta hoy.