Mamagüevo

En noviembre de 2017 la cuenta de Twitter de la Real Academia de la lengua (@RAEinforma) recibió la consulta del usuario @fedesiete preguntando por la grafía correcta de la palabra mamagüevo. La RAE respondió con seriedad y concreción, como suele hacerlo, que según el Diccionario de americanismos se acepta tanto mamagüevo como mamahuevo.

Lo peculiar del caso es que el término consultado es una de las palabras más malsonantes de la jerga regional venezolana, insulto hosco y duro donde los haya. Por ello, la serena respuesta de la RAE generó una buena cascada de tuits en las siguientes semanas; muchos compatriotas no se creían que semejante dicterio estuviese registrado por la Academia.

Dado que las academias de la lengua sancionan el uso de los términos y que este término es extraordinariamente usado en el habla cotidiana de mi país, es lógica su inclusión en el nomenclátor. Sin embargo, la definición del Diccionario de americanismos no refleja adecuadamente la dimensión del término:

mamagüevo: sust/adj. RD, Ve. Persona estúpida, idiota. vulg; desp. (mamahuevo).

La RAE certifica su uso en República Dominicana y Venezuela, pero limita su significado a la acepción más blanda. Lo cierto es que mamagüevo es un sinónimo directo en su construcción y significado del españolísimo término chupapollas (el cual, por cierto, no está recogido en el diccionario general de la RAE ni en el panhispánico de dudas, por lo que no sabemos cuáles grafías son más adecuadas: chupa polla, chupa pollas, chupapolla o chupapollas).

De modo que un mamagüevo es una persona que ejerce la felación, que se mama un güevo. Adviértase que güevo es sinónimo de pene en Venezuela y otros países hispanoamericanos, y así lo recoge el mismo Diccionario de americanismos. Pero una acepción más extendida de güevo es como variante de huevo o como sinónimo de testículo, cosa que resulta bastante obvia.

La asimilación del órgano copulativo con güevo demuestra lo viva que está la lengua y las interesantes transformaciones que en ella acontecen. En el caso que nos ocupa ocurre una doble metonimia, ¡casi nada! En la primera metonimia el todo toma el nombre de la parte: los huevos o testículos ceden su nombre al conjunto de los genitales externos masculinos. Una segunda metonimia traslada el nombre del todo, los genitales externos, a una parte, el pene. El tercer elemento es el refuerzo consonántico del diptongo ‘hue’ que pasa a ‘güe’, fenómeno frecuente en habla castellana (güeso, güeco, güele —de oler—) y habitualmente relacionado con lenguaje vulgar o de zonas rurales. Lo bonito es que estas transformaciones las hace la gente con su habla diaria, sin analizar los mecanismos ni categorizarlos.

Tenemos, pues, al güevo venezolano definido como genitales viriles y más concretamente el pene. De este término nacen otras palabras del habla coloquial, como la mencionada mamagüevo y dos expresiones contradictorias entre sí: ‘güevo pelao’ y ‘agüevoneado’. Ser un güevo pelao es ser una persona hábil y con talento, un experto en un arte u oficio; quizás de origen metafórico en relación con el pene erecto despejado de prepucio, presto para actuar. Por el contrario, ser un agüevoneado es ser un gilipollas, un bobo, lerdo, lento de mente o, volviendo a la raíz léxica, un güevón (también aceptado como huevón, güebón o, patognomónico chileno, güeón). La RAE recoge el verbo pronominal ahuevonearse y la lectura de su tabla de conjugación es una delicia literaria.

Volviendo a los mamagüevos, ¿por qué se toma como una grave ofensa decir que una persona es dada a la felación? Aquí se asigna a la persona felante un papel de sujeto pasivo, sometido, arrodillado ante un superior, que ejerce un acto vil reservado a homosexuales, mujeres y gente indigna. Puede parecer un insulto machista heteropatriarcal, pero lo parece porque lo es.

Otra duda lingüística sobre este término es si varía según el género, es decir, si se apostrofa con el mismo a una mujer ¿debe decirse mamagüeva o se mantiene sin modificar, como pasa con ‘idiota’ o ‘imbécil’?

La gravedad de mamagüevo como insulto venezolano radica en que se asigna a una persona despreciable en grado superlativo, sea por sus acciones mezquinas, por arrastrarse por el suelo miserablemente, por actuar a traición o de modo alevoso contra otros; en fin, es un insulto polisémico aplicable a casi cualquier aspecto altamente negativo del insultado. Su acepción como ‘tonto’ es, como comentamos antes, la más blandita de todas y de ella deriva mamagüevada para indicar una acción o idea rebosante de estupidez.

Para familiarizarse con el uso coloquial de mamagüevo basta poner la palabra en el buscador de Twitter y solazarse con la riqueza de sus aplicaciones. Lamentablemente, muchos usuarios no respetan las grafías correctas del término y lo escriben sin diéresis en la ‘u’, lo que altera completamente su pronunciación, o usan ‘b’ en vez de ‘v’. Exhorto a mis compatriotas a guardar la corrección ortográfica de una palabra que es patrimonio nacional.

maduromamaguevo

Grafiti de protesta en calle de Caracas. A pesar del error ortográfico no pierde poder comunicativo. Via Tuiter.

Al conocer los significados de mamagüevo es fácil comprender por qué se está aplicando como insulto de primera línea contra el asno despreciable de Narcolás Maduro y la plana mayor del régimen chavista. Más que insulto resulta un epíteto pertinente, tipificador y enfático, considerando el nivel de miseria y malevolencia alcanzado por estos narcoterroristas, enemigos de todo lo bueno y noble.

La verdad es que la mayoría de los mandatarios de Estado son susceptibles de adjetivarse como mamagüevos, y en general cualquier jefe de lo que sea, pues bien se sabe la antipatía y resquemores que inspiran las figuras de autoridad, aunque en origen sea una invectiva destinada a entes sumisos o inferiores. En lo personal, no sé si hay otra palabra que me cruce la mente con mayor frecuencia, aunque no la pronuncie, desde el conductor de bus o metro que me cierra la puerta en la cara y arranca, la recepcionista malencarada o el funcionario que obliga a llenar planillas indescifrables, hasta el pico paroxístico cuando veo las noticias y el catálogo de mamagüevérrimos insuperables que desfila por allí. Quizás solo cuando hacía guardias de cirugía en Caracas me venía más a la mente la palabra de hoy.

mamaguevotrends

Frecuencia de búsquedas de «mamagüevo» entre 2004 y 2018, según Google Trends. Arriba se observa una estabilidad de uso en territorio venezolano, mientras abajo se aprecia un aumento progresivo en el ámbito mundial. No me atrevo a hacer interpretación de estos datos ni relacionarlo con la creciente diáspora de venezolanos resabiados.

Notas antiguas sobre la felación

Desde Isis hasta la Lewinsky, la felación ha estado en la trastienda de la historia humana. En otro post comentamos el mito de la resurrección de Osiris mediante un certero mamerto ejecutado por Isis. En el sexto folio del precioso papiro de Ani (1300 a.C.) hay una pequeña viñeta donde se aprecia a una plañidera simulando una felación isíaca a un ataúd sujeto por Anubis. No es la única referencia papirográfica: en el segundo folio del papiro de Henuttawy (hacia el 1000 a.C.) aparecen representados Nut y Geb (dioses del cielo y de la tierra, y padres de Isis y Osiris) con la peculiaridad de que Geb está enroscado en un automamerto y, también curioso, la diosa Nut cuenta con un luengo cipote que le llega a la fosa supraesternal. Ya hablaremos otro día de los dioses itifálicos.

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A la izquierda: plañidera felante en el papiro de Ani. Derecha: autofelación de Geb en el papiro de Henuttawy. Ambos papiros están en el Museo Británico.

En la antigua Grecia el arte felatorio se relacionaba con la isla de Lesbos, la cual consideramos origen del lesbianismo por los poemas de Safo (y actualmente es imagen de la tragedia de los refugiados sirios). En aquellos lejanos tiempos las mujeres de Lesbos tenían fama de hábiles felatrices.

El origen de mamagüevo o chupapollas como fuerte insulto proviene, ¡cómo no!, de Roma. La impresión general del mundo romano sobre el sexo oral era de acto denigrante y antihigiénico: os impurum. Allí se distinguía fellator/fellatrix, quien ejecutaba el chupeteo, e irrumator, el agasajado con la succión o bien quien empotraba por la fuerza su ciruelo en ajenas fauces (lo que en inglés se llama facefuck y que no tiene equivalente en castellano, ni falta que hace).

romafellatio

Izquierda: ‘kylix’ ática, Museo de Bellas Artes, Boston. Centro: lámpara de aceite romana, Salzburgo. Derecha: ‘sprintiae’, ficha para pagar los servicios sexuales profesionales.

Una matrona respetable y de su casa jamás accedería al os impurum, cosa relegada a efebos de callejón y lobas togadas. Si la fellatio ya era alta obscenidad, el cunnilingus era la cochinada al cuadrado, ningún hombre honorable se rebajaría a tan humillante acto. El emperador Augusto dictó leyes puritanas de buenas costumbres que castigaban las prácticas sicalípticas (ya se encargarían sus sucesores de abrir la veda a la depravación). De hecho, el poeta Ovidio fue desterrado por Augusto a causa de sus escritos subidos de tono o, más probable, por follisquear con la imperial hija Julia.

Pero como siempre ha ocurrido, ocurre y ocurrirá, en Roma se practicaban guarreridas orales, aunque se negara o se obviara. Y se practicaban mucho, según atestiguan las persistentes referencias en los poemas obscenos de Marcial, Juvenal o Catulo (con su inmortal «Pedicabo ego vos et irrumabo», verso que abre y cierra su carmen 16: «Os encularé y me la mamaréis»).

Así que, romanos todos, utilicemos con holgura y defendamos de la tirana corrección política el libre uso de chupapollas y mamagüevo, herencia latina irrenunciable, pues en el mundo hay más mamagüevos que ventanas y nuestro deber es señalarlos.

Dedico este post al Dr. Manuel Paz, viejo amigo y condiscípulo.

 

«Ceterum censeo Podemus esse delenda»

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Sobre el botox y los consoladores

Desde las tripas

El gran depredador caza su presa y devora la carne de sus músculos. Después los carroñeros dan cuenta de sus tripas. El ser humano, en su avidez por abarcarlo todo, come la carne y come las tripas; y en un culmen de deliciosa perversidad inventó tomar las tripas y rellenarlas con la carne. Tal fue el inicio de la cultura charcutera, una manera tanto de aprovechar toda la proteína disponible del animal sacrificado como de conservarla el mayor tiempo posible.

La conservación proteica mediante salado y secado la practicaban los egipcios, no se diga que no aplicaban a la comida lo que hacían con las momias. No he encontrado fuentes de fiar sobre el embutido en el Egipto faraónico, así que pasamos a los antiguos griegos para dar con los primeros datos históricos charcuteriles. En la Odisea se habla constantemente de consumo de carne de distintos animales, mayormente asada; en el Canto XVIII (versos 43-49) se hace referencia a “estómagos (γαστέρες) de cabra rellenos de grasa y sangre y puestos a la lumbre”, clara referencia morcillesca. El nombre griego para las salchichas era allantas (ἀλλᾶντας), y así se lee en la comedia de Aristófanes Los Caballeros, donde uno de los personajes es un vendedor de embutidos (Ἀλλαντοπώλης). De allanto proceden los términos alantoides (membrana embrionaria crucial en la formación de la placenta y de donde se originan la vejiga y la uretra) y alantoína (compuesto nitrogenado muy usado en cosmética y relacionado en su origen con la urea acumulada en la alantoides).

Nuestra cultura del embutido la debemos directamente a los romanos, que producían y jamaban salchichas y morcillas a gran escala. El Libro II de la Re Coquinaria de Apicio está dedicado a albóndigas y salchichas, describiendo múltiples recetas de isicia (albondiguillas), farcimina cocta (salchichas cocidas), lucaniae (las salchichas finas y ahumadas más populares en Roma, de cuyo nombre procede la longaniza) y botellus o botulus, término genérico para las viandas trituradas introducidas en tripa.

El thermopolium de Vetutio Plácido en Pompeya. En los agujeros de la barra se colocaban los dolia, recipientes con viandas. Aquí venderían seguro botulus de diversos tipos. (Foto de la Dra. Sara Martin)

El thermopolium de Vetutio Plácido en Pompeya. En los agujeros de la barra se colocaban los dolia, recipientes con viandas. Aquí venderían seguro botulus de diversos tipos. (Foto de la Dra. Sara Martin)

Así, desde antiguo nuestra gente ha comido salchichas hechas con carne, grasa, sangre y vísceras, ya sean frescas, hervidas, ahumadas o curadas. Los embutidos tienen una distribución casi mundial, con excepciones como Japón o la India donde lo de meter carne en tripas no es autóctono. En China hay datos desde el siglo VI d.C. (1) y toda América adquirió tal cultura tras la colonización europea. Un hito trascendental fue la incorporación del sacrosanto pimentón a partir del siglo XVI, sin el cual la cocina española no sería lo que es ni existirían el chorizo, la sobrasada, el farinato o la morcilla patatera, por mencionar algunos nobles ejemplos.

Embutido enfermo

Los métodos de conservación tradicional en España mediante curado de carnes y embutidos han mostrado una seguridad bacteriológica proverbial. En el pasado no ocurrió así con las conservas en salmuera y ahumados de la Europa central, especialmente a finales del siglo XVIII, época de inestabilidad social, agravada por las siguientes guerras napoleónicas. La pobreza y la escasa higiene trajeron intoxicaciones alimentarias, entre otras cosas.

Justinus Kerner, descriptor de la intoxicación por salchichas. (www.goethezeitportal.de)

En 1817 el médico Justinus Kerner (1786-1862) describió en el suroeste alemán una serie de casos de intoxicación caracterizada por parálisis muscular, oftalmoplejia, ptosis, midriasis, disfagia, disartria, vómitos, estreñimiento, sequedad de piel y mucosas, que llegaba a ser mortal. Atribuyó el cuadro a un envenenamiento por salchichas chungas (Wurstvergiftung) y entre 1820 y 1822 publicó dos series de 76 y 155 casos en su zona (Das Fettgift Oder Die Fettsäure Und Ihre Wirkungen Auf Den Thierischen Organismus, Ein Beytrag Zur Untersuchung Des in Verdorbenen Würsten Giftig Wirkenden Stoffes, ver aquí). Kerner pensó que la causa era un ácido graso tóxico e intentó aislarlo y sintetizarlo sin éxito. Lo que sí demostró fue que el extracto de salchicha pocha aplicado sobre heridas en pequeños animales producía una parálisis muscular localizada. Muy al uso de su época, se colocó unas gotas del extracto en la lengua y padeció un cuadro similar al de sus pacientes.

En 1869 Müller (“Das Wurstgift.” Deutsche Klinik 1869, 40:365) bautizó la enfermedad de Kerner como botulismo, a partir del latín botulus que ya hemos mencionado. Es de agradecer que no quedara como “salchichismo”. Un sinónimo de botulismo es alantiasis, que es lo mismo pero en griego.

Emile van Ermengem, descubridos del C. botulinum y de su toxina.

Emile van Ermengem, descubridos del C. botulinum y de su toxina. (tomado de Truong, Dressler y Hallett: Manual of botulinum toxin therapy)

La causa del botulismo siguió siendo un misterio hasta 1895 cuando a partir de un brote por consumo de jamón en un pueblo de Bélgica se aisló el Clostridium botulinum. El artista descubridor fue Emile Pierre van Ermengem (1851-1932), quien además determinó que no era la bacteria en sí sino una toxina producida por ésta la que causaba el síndrome neuromuscular (“Ueber einen neuen anaëroben Bacillus und seine Beziehungen zum Botulismus.” Med Microbiol Immunol (Berl) 1897:1-56).

Las guerras napoleónicas trajeron otro invento que fomentó el botulismo: la conserva en bote, ideada por Nicolas Appert como modo de aprovisionar las tropas francesas en campaña. Las conservas se relacionaron con casos de botulismo por legumbre y vegetales. Actualmente las estrictas normas sanitarias han reducido enormemente las intoxicaciones alimentarias (y eso que la malvada industria nos “envenena” con conservantes y químicos), y la mayoría de los casos de botulismo son debidos a conservas o embutidos caseros, a la administración de miel en menores de un año o al uso de drogaínas intravenosas.

Domesticando el veneno

El mismo Justinus Kerner observó la posibilidad de sacar partido terapéutico al agente del botulismo y propuso su uso para enfermedades por sobreactivación muscular e hiperhidrosis. Esto no fue posible hasta la cristalización y producción estandarizada de la toxina botulínica durante la primera mitad del siglo XX. Ésta es uno de los venenos más poderosos que existen, con una DL50 de 1 ng/kg, superior a la del Polonio-210 (2), pero en la práctica no es un veneno muy efectivo (al menos para uso terrorista) por la relativa labilidad de la toxina: con un poco de agitación de la solución se logra separar sus dos subunidades y la toxina pierde su efecto. El uso clínico es más que seguro, pues harían falta más de 30 frascos para cargarse a alguien.

Tras pasar por pollos y monos, en 1980 llegó el momento de probar la toxina botulínica en humanos: fue el oftalmólogo Alan B. Scott quien publicó dos trabajos ese año (3,4) sobre el uso de la toxina en estrabismo, lo que abrió un nuevo y enorme camino en la terapéutica médica. La primera marca comercializada de toxina botulínica tipo A fue el archifamoso Botox® de Allergan. A partir de los años 90 se han ido concediendo más indicaciones a la toxina botulínica: parálisis oculomotoras, blefarospasmo, espasmo hemifacial, distonía cervical y otros tipos de distonía, espasticidad post-ictal, hiperhidrosis axilar y hasta tratamiento de la migraña.

¿Pero qué carajo es esto? Estaba en la vitrina de una peluquería...

¿Pero qué carajo es esto? Estaba en la vitrina de una peluquería…

Sin embargo el uso más conocido de la toxina botulínica es como plancha para las arrugas de expresión facial. La verdad es que el uso cosmético es, digamos, off label, pues sólo se contempla para aplicación en las arrugas glabelares (5), así que las patitas de gallo y las arrugas de la frente… pues eso. El Botox® se aplica con fines estéticos más que para cualquier otra indicación: aquel veneno mortífero que se cargó gente miserable en la postguerra paneuropea del s.XIX, fue domesticado para que las señoras de la jet rejuvenecieran y los plásticos californianos se forraran. Ahora su frívola aplicación es del dominio público y cualquier vecino solicita su servicio (yo mismo la he infiltrado con tales fines, lo confieso).

Derivaciones insospechadas del botulus romano

Volvamos al botulus para seguir otras pistas lingüísticas. Botulus y botellus se relacionan con el latín buttis, referido a odre, pellejo relleno. De esta raíz provienen nuestras palabras embutir y embutido, incluso especialidades de embutido como la butifarra o el bull catalanes, el contundente botillo de El Bierzo o el boudin de sangre francés e inglés. También derivan nombres de recipientes para contener líquidos: bota (de vino), botella o botija. Curiosamente odre procede del latín uter/utris, de donde viene útero.

Incluso sinónimos de tripa o intestino en otras lenguas también proceden de botulus, como bowel (in), budello (it), budell (cat), boyau (fr) o burtă (rum).

Sexy Art - Making SausageQuizás el término menos conocido que deriva de este origen es botulinonia, referido a la parafilia donde el falo es sustituido por un embutido (6,7). La práctica de la botulinonia debe ser tan antigua como el arte de la salchichería y el uso de sustitutivos fálicos está documentado desde el paleolítico (8,9). La botulinonia se puede clasificar como variante dentro de la sitofilia, parafilia donde la comida es utilizada con fines sexuales, bien sea untada, lamida, usada para penetrar o bien siendo penetrada. Un ejemplo de sitofilia es el nyotaimori japonés.

El empleo como consolador de vegetales fálicos o embutidos está bastante arraigado en el imaginario popular, basta con pensar en la larga sinonimia peniana asociada a objetos comestibles, aunque en la literatura médica no tiene mayor relevancia. La botulinonia es una parafilia menor o atípica no catalogada como tal en el DSM-5. En esta última versión del DSM se considera desorden parafílico cuando la práctica sexual peculiar produce angustia al individuo por conflicto interno o desaprobación social, o bien si causa perjuicio a otra persona.

A pesar de la escasa documentación médica sobre la botulinonia, se me ocurren dos consideraciones sobre esta práctica, una de tipo mecánico y otra microbiológica. Muchos tenemos o conocemos anécdotas de nuestras estancias en las salas de Urgencias sobre objetos perdidos en las regiones pélvicas, como trozos de calabacín o plátano alojados en fórnix vaginal, pues tal suerte pueden correr objetos friables como una bratwurst, incapaces de resistir el trajín. Cuando se trata del recto se corre además el peligro de escape y migración del cuerpo extraño (y no quiero decir con esto que el cordel que tienen los chorizos no sea sólo para colgarlos en el secadero). En el hospital donde estudié una noche extrajeron uno de éstos por vía rectal a un caballerete; el cuerpo extraño fue negligentemente olvidado en la sala de cirugía menor y posteriormente consumido, acompañado con crackers, por el personal de enfermería, ignorante de su procedencia.

En cuanto al aspecto microbiológico, los embutidos curados sufren dos tipos de procesos (10,11): uno es la fermentación del producto cárnico, principalmente por bacterias del ácido láctico como Lactobacillus y Pediococcus (lo que acidifica el producto y mejora su conservación), y el otro es la formación de una capa de moho en la superficie, principalmente por Penicillium sp., pero también Aspergillus, Debaryomyces, Candida, Fusarium, Rhizopus y muchos otros. No he encontrado bibliografía sobre el riesgo microbiológico del contacto de estos bichos con la mucosa vaginal/rectal a partir de artículos de charcutería. Desconozco si el embutido curado podría usarse como método de repoblación lactobacílica en caso de vaginosis, como se hace con el yogur.

Por otra parte, los embutidos mal conservados pueden contaminarse con patógenos como S. aureus, Salmonella, Pseudomonas o Clostridium. Sería irónico adquirir el botulismo mediante la práctica de la botulinonia. En cualquier caso parece recomendablemente higiénico que aquellas y aquellos que deseen usar dildos cárnicos o vegetales los recubran con un oportuno preservativo (o por lo menos film de cocina).

Feliz 2014, amigos.

Apunte artístico: en vida el Dr. Justinus Kerner logró más fama como poeta que como médico, publicó cinco volúmenes de poesía y algunas obras en prosa. En 1840 el compositor Robert Schumann publicó sus Kerner Lieder Op. 35, doce canciones basadas en poemas de don Justinus.

BIBLIOGRAFÍA RECOMENDADA

  1. Scott AB. Botulinum toxin injection of eye muscles to correct strabismus.Trans Am Ophthalmol Soc. 1981;79:734. (libre acceso)

  2. Ting PT, Freiman A. The story of Clostridium botulinum: from food poisoning to Botox. Clin Med. 2004;4:258. (libre acceso)

  3. Erbguth FJ. Historical notes on botulism, Clostridium botulinum, botulinum toxin, and the idea of the therapeutic use of the toxin. Mov Disord. 2004;19S8:S2. (PubMed)

  4. Pellett S. Learning from the past: historical aspects of bacterial toxins as pharmaceuticals. Curr Opin Microbiol. 2012;15:292. (PubMed)

  5. Berry MG, Stanek JJ. Botulinum neurotoxin A: a review. J Plast Reconstr Aesthet Surg. 2012;65:1283. (PubMed)

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Nombres incorrectos en Medicina: el Síndrome de la Sirena

Aquí no hay sirenas, sino una nereida sobre un hipocampo y un tritón. Mosaico romano de Éfeso. (tomado del flickr de petrus.agricola)

La sirenomelia o síndrome de la sirena es una rara malformación embrionaria en la que los miembros inferiores aparecen fusionados, recordando a esos seres fantásticos mitad humano mitad pez. Fotos y vídeos hay en internet por decenas.

Está codificada en el CIE-10 en el epígrafe Q87.2 junto a otras malformaciones complejas con predominio en los miembros inferiores, como los síndromes uña rótula, Klippel-Trénaunay o VATER.

Esta forma extrema del síndrome de regresión caudal puede aparecer en diversos grados de gravedad, desde una fusión distal de las partes blandas hasta una fusión completa de los miembros inferiores con ausencia de algunos huesos desde los pies hasta la pelvis. Las malformaciones también afectan al aparato genitourinario: es frecuente la agenesia renal o los riñones pélvicos fusionados, ausencia de vejiga y genitales externos. Así mismo se acompaña alteraciones ano-rectales. Es excepcional que los niños nacidos con tales malformaciones sobrevivan.

La literatura refiere una incidencia de 1 por 60.000 a 100.000 embarazos, es más frecuente en varones y en gemelos monocigóticos (1). Su causa no es conocida, y se ha relacionado con consumo materno de cocaína, diabetes materna o uso de fenitoína. La principal teoría apunta a un origen vascular: en vez de tener dos arterias umbilicales provenientes de las ilíacas internas, en estos fetos se encuentra una arteria umbilical única proveniente de la aorta. El árbol arterial caudal a esta arteria umbilical es hipoplásico y probable causa de la disembriogénesis.

Teoría vascular de la sirenomelia: la presencia de una arteria vitelina persistente causa un arresto vascular que afecta al desarrollo embrionario caudal. (Dibujo original de Ilustración Médica)

Teoría vascular de la sirenomelia: la presencia de una arteria vitelina persistente causa un arresto vascular que afecta al desarrollo embrionario caudal. (Dibujo original de Ilustración Médica)

Actualmente es posible detectar precozmente la sirenomelia, aunque la ecografía puede ser difícil por el oligoamnios que presentan, y plantear la interrupción del embarazo considerando el pobrísimo pronóstico vital de la condición (2, 3).

Lámina del atlas de Geoffroy Saint-Hilaire mostrando simpodios.

Lámina del atlas de Geoffroy Saint-Hilaire mostrando simpodios.

Las primeras descripciones médicas oficiales datan del siglo XVI y fueron hechas por los franceses Nicolaus Rocheus y el gran Paré. Muchos artículos repiten como loros que uno de sus primeros descriptores fue Palfyn en 1553, a veces escrito como Palfun o Polfyr. El único nombre parecido que he encontrado es el del ginecólogo belga Jean Palfyn (1650-1730), por lo habría un error de nombre o de fechas que muchos autores copy and paste.

El término sirenomelia quedó establecido por Isidore Geoffroy Saint-Hilaire en su obra “Histoire générale et particulière des anomalies de l’organisation chez l`homme et les animaux” de 1837 (quien quiera ver su atlas), tratado de teratología donde también utiliza otros nombres como simpodia, simelia o uromelia.

¿Por qué digo que es erróneo el nombre de sirenomelia o síndrome de la sirena? Pues porque las sirenas originales de la mitología griega no tenían nada de pez: eran mujeres-ave. Casi todos los artículos publicados (4, 5, 6, 7, por poner muestras) con sus honrosas excepciones (8, 9), repiten el mantra de que las sirenas grecorromanas eran mujeres con cola de pez. Alarde de ignorancia en materia clásica, copy and paste sin contrastar de un artículo a otro.

Estas son las verdaderas Sirenas griegas. Vaso ático, s. VI A. de C. Colección Callimanopoulos.

Las sirenas eran tres hermanas, hijas del río Aqueloo y una musa (Melpómene o Terpsícore, según versiones) que heredaron de su madre el don del canto y hermosas voces. Eran el séquito de Perséfone, hija de Deméter, y cuando aquélla fue raptada por Hades y llevada al Infierno, la desesperada Deméter transformó a las sirenas en criaturas con cabeza y busto de mujer y el resto del cuerpo de ave, bien como castigo por no defender a Perséfone, bien para hacer que volaran en busca de la hija raptada. Al final las pobres sirenas acabaron morando en un islote donde se entretenían atrayendo con sus dulces cantos a los marineros que por allí pasaban. Embelesados como iban, estrellaban las embarcaciones y perecían entre los escollos. Es más lógico que cante un ave y no un pez, si es que lógica puede haber en la mitología.

¿Y de dónde salen los híbridos mujer-pez? Probablemente surgen de la confusión de otros dos tipos de personajes: las nereidas y los tritones.

Tetis, la madre de Aquiles, era una nereida. Aquí cabalga sobre un delfín portando la coraza construida por Hefesto para Aquiles. Getty Museum, California.

Las nereidas son ninfas de los mares, las 50 hijas del dios marino Nereo que participaban del cortejo de Poseidón y de su esposa Anfítrite, que era una de ellas. Las nereidas aparecen representadas como jóvenes con poca ropa, montadas a lomos de un delfín, un hipocampo (caballo con cola de pez), un ictiocentauro (hombre-caballo-pez) u otro monstruo marino, o bien portando unos peces en las manos. Pero prácticamente siempre con sus piernas humanas.

Tritón era el hijo y mensajero de Poseidón, representado como varón con cola de pez (como quien dice, un “sireno”) y soplando una caracola a modo de trompeta. Los tritones y las nereidas aparecen juntos frecuentemente en la cerámica griega y los mosaicos y pinturas romanos. Si se miran estas representaciones distraídamente puede parecer que la joven a lomos de la bestia es quien posee la cola de pez y no la bestia marina. Quizás el olvido del tiempo y la contaminación con mitos nórdicos y eslavos hizo que durante la alta Edad Media las nereidas adquirieran la cola y se fusionaran con las sirenas, y es así como a partir del siglo VI aparecen las sirenas-pez como se describen en el “Liber monstruorum diversis generibus” o el Bestiario de Cambridge. Al final se iría imponiendo la sirena-pez a la sirena-ave, y se haría del dominio popular por el cuento “La Sirenita” de Andersen.

El propio Geoffroy Saint-Hilaire confundió las sirenas-pez con las de la Antigüedad clásica, citando erróneamente un famoso verso de la Ars poética de Horacio: “desinit in piscem mulier formosa superne” (“termina en pez una mujer hermosa por arriba”) cuando el sentido de Horacio era indicar algo que comienza prometedor pero acaba mal, aplicado en concreto a las obras de arte carentes de unidad:

“Si un pintor añadiera a una cabeza humana
un pescuezo de caballo y con plumajes variados
la vistiera, mezclando miembros disparatados,
en tanto que vergonzosamente
termina en pez una mujer hermosa por arriba;
mirando esto ¿aguantaríais la risa, amigos?”

Sería más correcto hablar de síndrome del tritón en vez de la sirena (y más considerando que es tres veces más frecuente en varones), y hablar de simpodia o simelia en vez de sirenomelia. O al menos no remitir a la Grecia clásica el origen del apelativo.

Volviendo a las Sirenas auténticas, las mujeres-ave, solo dos veces fallaron seduciendo a los marineros. La primera en la expedición de los Argonautas, el dream team de héroes griegos que surcaron los mares en busca del vellocino de oro; al pasar cerca de la isla de las Sirenas el canto de éstas fue opacado por el hermosísimo canto de Orfeo, uno de los argonautas, y así se salvaron de la tentación de estrellarse en pos de las hechiceras.

Pero el episodio más famoso es el relatado en el Canto XII de la Odisea de Homero: Odiseo es advertido por Circe de los peligros que tendrá que salvar en su travesía, incluyendo las Sirenas. Cuando su embarcación llegó cerca de la isla de las Sirenas, Odiseo ocluyó los oídos de su tripulación con cera para que no escucharan el alienante canto. Sin embargo, él no quiso privarse de oírlo y pidió ser atado al mástil para no arrojarse al mar por el embrujo. Odiseo oyó el canto de las Sirenas y enloquecido de placer gritó que lo soltaran. Pasaron así de largo sanos y salvos. La tradición dice que las vencidas y ofendidas Sirenas se arrojaron entonces al mar, pereciendo.

Sirenas arrojándose al mar ante Odiseo. Celebérrima cerámica ática del s. V A. de C. Museo Británico

En este episodio homérico Odiseo da un claro ejemplo de masoquismo y de la práctica sadomaso más frecuente, el bondage o uso de ataduras con fines eróticos. El BDSM (bondage sado-maso) está mitificado por el cine, las dominatrices especializadas y las tiendas X vendedoras de múltiples productos para su ejercicio, aunque como práctica habitual parece ser bastante minoritario, menos del 2% de la población, pero frecuente como fantasía o práctica esporádica. En general no se trata de una práctica psicopatológica (10, 11), sino una adaptación de los mecanismos de sumisión y dominación que forman parte del comportamiento social y reproductivo de los humanos y muchos otros mamíferos (12).

El self-bondage de Odiseo al atarse al mástil de su nave en realidad no representa el fondo de las prácticas de BDSM, sino se trata de un comportamiento masoquista donde la imposibilidad de alcanzar el objeto deseado multiplica el deseo y la excitación. Odiseo atado, incapaz de correr hacia las ansiadas Sirenas, grita, jadea, intenta zafarse, acrecentando enormemente su anhelo. Aunque al final se despepitaba por unas pajarracas. Cuántas veces es más fuerte y placentero el deseo por algo que la satisfacción al conseguirlo. Como dice Kavafis en su poema:

“Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años…”

Como acostumbro, aquí os dejo un par de recomendaciones operísticas. Basada en la Odisea tenemos “Il ritorno d’Ulisse in patria”, de Claudio Monteverdi (1640), cuyo libreto incluye un coro de nereidas y sirenas que se perdió de la partitura musical. A partir de La Sirenita de Andersen compuso el checo Dvořák su ópera “Rusalka” (1901). La variedad de sirena nórdico-germánica se muestra en las doncellas del Rin de la Tetralogía de Wagner (aquí un fragmento).

La transexualidad mítica de Tiresias

Transexual, ciego y adivino. No se trata de un brujo de la tele de los que atienden llamadas y echan las cartas, sino de Tiresias, uno de los más famosos videntes de la mitología griega. Es un personaje habitual en los relatos del Ciclo Tebano pero aparece en otros episodios mitológicos, incluida la Odisea de Homero.

Zeus y Hera

Zeus y Hera, cuando no están discutiendo…
Grabado de Agostino Carracci (1557-1602)

Bien sabemos que los mitos antiguos usaban con frecuencia la metamorfosis  de algún personaje en otro ser o materia como parte de la acción dramática (herramienta típica de seducción de Zeus transmutado en cisne, toro, lluvia, niebla…),  como castigo divino (Licaón transformado en lobo, Eco transformada en eco), como consuelo o salvación ante una adversidad (Narciso o Jacinto en flor, Dafne en laurel) y como excusa para elevar personajes a constelaciones (Tauro, Piscis, Aries, Osa Mayor…). En Tiresias ocurre una de las más originales transformaciones físicas, mutando de hombre a mujer en distintas fases de su vida.

Tiresias transexual

Paseaba el joven Tiresias por el monte cuando se topó con dos serpientes copulando; arrastrado por el mismo atavismo que lleva hoy a cualquier muchacho a enchufar con la manguera a unos perros que se aparean, Tiresias cogió un palo y le arreó a los reptiles matando a la hembra y, como represalia por su impío proceder, quedó inmediatamente transformado en mujer, quizás por castigo de Hera. Nótese que ser mujer sea considerado un castigo por los griegos.

La Tiresias hembra llegó a ser una afamada prostituta y hasta parió hijos, por ejemplo la pitonisa Manto (nombre relacionado con el sufijo -mancia para las actividades adivinatorias). Tras siete años femeninos ocurrió que Tiresias se topó con otro acoplamiento de culebras y en esta ocasión se cargó al macho, con lo que recuperó de nuevo su masculinidad. Otra versión dice que en el segundo avistamiento no atacó a las serpientes y en premio volvió a ser hombre.

En una versión menos popular, Tiresias nació hembra y fue cortejada por el salido Apolo sin resultado. En castigo la transformó en hombre para que sintiera lo que era estar permanentemente bajo el dominio del apetito venéreo y no lograr desahogo.

Tiresias ciego

En una de las reiteradas ocasiones en que Hera recriminaba al putero Zeus sus infidelidades, el dios le espetó que no se quejara, que las mujeres disfrutaban más con el sexo que los hombres y que él como varón lo compensaba con mayor número de encuentros. La discusión prosiguió y al final decidieron citar a Tiresias, que había tenido oportunidad de vivir las dos caras de la moneda.

Interpelado sobre quién disfrutaba más del folgar, Tiresias sentenció algo así como “de diez partes en que se divida el placer, nueve son para la mujer y una sola para el hombre”. Hera estalló de furia e indignación por (a) haber perdido la discusión, (b) quedar puesta en evidencia la mal vista lascivia femenina y (c) ver la sonrisita sarcástica de Zeus tras el dictamen de Tiresias. Así la histérica diosa le arrebató la vista al inocente Tiresias.

Como curiosidad, Zeus también amó en forma de mujer, pero a otra mujer, Calisto, dama del cortejo de la diosa Artemisa. Zeus adquirió la forma de la propia Artemisa para beneficiarse a Calisto y de la unión nació Arcas, héroe epónimo de Arcadia.

Otra versión de la ceguera de Tiresias dice que fue un castigo de la casta Atenea al ser sorprendida durante su baño por el voyeur Tiresias.

Tiresias adivino

En todas las versiones del mito el poder profético de Tiresias es compensación de su ceguera. Zeus recompensó a Tiresias por su ayuda en la discusión con Hera otorgándole el don de la videncia, ya que no podía restituirle la vista. O bien la propia Atenea, arrepentida por desprenderle las retinas le agudizó el oído para que entendiera el profético canto de los pájaros. El propio nombre de Tiresias parece significar “el que se deleita con los signos”, en alusión a su capacidad de interpretar señales y predecir el futuro.

El ciego y vidente Tiresias vivió en Tebas una larguísima vida de siete generaciones. Emitió vaticinios relacionados con la muerte de Layo, la esfinge, el incesto de Edipo y el destino de la ciudad en el ataque de los siete contra Tebas. Predijo el mal fario a Penteo y a Narciso, también reveló a Anfitrión la auténtica paternidad de su no-hijo Heracles y desde ultratumba vaticinó a Odiseo las dificultades para volver a Ítaca. Se cuenta que Tiresias murió por beber agua demasiado fría de una fuente.

tiresias

Arriba: Tiresias mutando en mujer mientras agrede a las sierpes. Abajo: el juicio de Tiresias ante Zeus y Hera. Grabados de Johann Ulrich Kraus para la edición de las Metamorfosis de Ovidio: “Die Verwandlungen des Ovidii in Zweyhundert und sechs und zwanzig Kupffern”, Augsburg, 1690-1700. Imágenes extraídas de la web de la Bayerische Staatsbibliothek.

Aunque Tiresias es un transexual su historia no se ajusta a las consideraciones actuales sobre la transexualidad, definida como trastorno de la identidad sexual o disparidad entre el sexo cerebral de la persona y el sexo anatómico y genómico. No se debe confundir con travestismo ni con opciones de orientación sexual, de hecho existen transexuales heterosexuales y homosexuales. El recién actualizado DSM-5 ha retirado el trastorno de la identidad sexual y lo ha sustituido por disforia de género, indicando que la transexualidad en sí no es una enfermedad sino que lo patológico es la alteración psicológica que causa la no correspondencia anatómico-mental. En estos temas los cambios de criterio son frecuentes y pueden estar sesgados por lobbies más allá de la investigación científica independiente.

De lo que sí habla realmente el mito de Tiresias es de las diferencias de conducta sexual entre hombres y mujeres en cuanto a apetencia y placer. Sobre el deseo sexual hay un histórico consenso en que éste es más patente en el varón (“desde que amanece apetece”). Lo expuesto por Zeus y Apolo es reflejo de lo que culturalmente vivimos: en nuestra sociedad es el varón el que lleva la iniciativa, el que alardea de número de parejas, el que no dice que no si se presenta ocasión, el consumidor habitual de pornografía, etc. Mientras la mujer es la abordada, la que no debe hacer alarde para no ser apostrofada con las cuatro letras, la del “hoy me duele la cabeza” y tal.

La ciencia detrás de este comportamiento apunta a la testosterona como responsable del deseo sexual (1). El mecanismo de la libido es complejo, en él participa el sistema límbico, el hipotálamo, la hipófisis y las gónadas, a través de múltiples hormonas y neurotransmisores. El nivel alto y persistente de testosterona del varón mantiene una “alerta sexual” también alta y persistente, mientras el nivel oscilante de andrógenos en la mujer a lo largo del ciclo menstrual determina fluctuaciones en su libido (2). El descenso de andrógenos en la andropausia merma la apetencia sexual del varón, mientras la terapia con andrógenos en mujeres tiende a aumentar la libido (3).

Lo del placer sexual es más difícil de cuantificar. La pregunta hecha a Tiresias de quién disfruta más, el hombre o la mujer, no está formalmente contestada. La influencia de factores individuales, culturales, sociales, morales y religiosos también es significativa. No he encontrado estudios comparativos al respecto, pero sí que hay muchísima más literatura acerca de los mecanismos sexuales femeninos (recomendable la revisión de Meston et al. en Annu Rev Sex Res. 2004;15:173). Intentando defender la tesis de Tiresias se pueden hacer las siguientes observaciones:

  • La hembra humana puede disfrutar de orgasmos tanto clitorídeos como vaginales, incluso por estimulación extragenital. Esto matemáticamente aumenta las posibilidades de disfrute. Amén del placer de poder fingir los orgasmos.
  • La capacidad de orgasmos múltiples y repetidos es más frecuente en la mujer debido a un período refractario postorgásmico más corto. El varón debe tomar un largo reposo antes de volver a la boga.
  • La duración del orgasmo femenino es mayor, aunque existen varios patrones. En general la sensación en la hembra es más prolongada, incluso puede alcanzar el status orgasmus superior al minuto, cochina envidia.
  • El mapa de zonas erógenas femeninas es extenso, con amplia distribución anatómica de áreas estimulables, mientras que en el hombre es francamente falocéntrico.
  • La excitación femenina va acompañada de una serie de cambios notorios: congestión mamaria, erección pezonil (telotismo), eritema pectoral, midriasis, hiperventilación y emisión de ruidillos de variable decibelaje, espasmos carpopedales y miotonía. El varón tiende a ser más discretito, el pobre, más allá de sus cuerpos cavernosos.
  • La inmensa mayoría de los juguetitos y complementos de venta en sex-shops están destinados al público femenino. El tupper-sex también es reino de señoras.

La contraparte de esto es que el trastorno por deseo sexual hipoactivo (HSDD) en mujeres es frecuente, hasta del 10% (4), así como la frecuencia de anorgasmia y otras disfunciones sexuales. Es lo que pasa con los aparatos complicados, que tienen más puntos de fallo.

Culturetas: los mitos de Tiresias aparecen en las Metamorfosis de Ovidio y en las Fábulas de Higinio. Tiresias es personaje de las tragedias “Las bacantes” y “Las fenicias” de Eurípides, y de “Edipo Rey” y “Antígona” de Sófocles, así como de la Odisea. Posteriormente apareció junto con Manto en La Divina Comedia de Dante.

Recomiendo la ópera “Las Tetas de Tiresias” (“Les Mamelles de Tirésias”) de Francis Poulenc (1947) basada en la paranoia surrealista escrita por Apollinaire en 1917. Aquí el mito sirve de soporte a un argumento feminista, donde Teresa decide prescindir de sus mamas y por tanto de su femineidad y convertirse en el varón Tiresias, mientras su marido adquiere los atributos femeninos y comienza a parir cientos de hijos. He aquí el fragmento de la renuncia de las tetas (“Non Monsieur mon mari… Envolez-vous oiseaux de ma faiblesse”) con Elena Rossi y otro con María Bayo (en el Liceo), y aquí una versión completa de la ópera en un interesante montaje de la Opera de Lyon, precedida por piezas de Shostakovich y Milhaud (la ópera en sí comienza en el minuto 35).